disclaimer. Naruto © Masashi Kishimoto.


Hinata llegó a su casa un poco tarde, pero aún en el rango de lo permitido cuando de una señorita como ella se trataba. Después de pasar el día con TenTen hablando sobre las nuevas ideas que ella tenía pensaba llegar a su casa, darse un baño de agua tibia para relajar los músculos y después irse a la cama a descansar, mañana prometía ser un día de lo más largo, aunque procuraría que TenTen no se sobre exigiera, las indicaciones eran que guardara reposo pero sabía que difícilmente TenTen podría quedarse el día entero en casa si tenía tantas ideas por cumplir.

Con lo que no contaba era con que una vez cruzada la puerta de la mansión, Ko la recibiría.

—Hiashi–sama quiere verla lo más pronto posible, Hinata–sama.

—Gracias, Ko–san.

Hinata se dirigió rápido a dónde su padre, se preguntaba para qué la quería, todo lo que le pudo decir en la última semana fue suficiente en la pequeña reunión que tuvieron unos días atrás.

Y al momento de tocar la puerta lo recordó.

—Adelante.

Hinata pasó e hizo una leve reverencia.

—Hinata, mañana una hora antes del amanecer partiremos. Duerme temprano y encuéntrame junto a Ko, Fae y Reku a las puertas de la aldea.

Perfectamente inoportuno tenía que situarse el viaje a La Niebla, más inoportuno imposible.

—Puedes retirarte.

Así lo hizo Hinata. Miró el reloj, ya era una hora inadecuada para salir a ver a TenTen y mañana partiría demasiado temprano como para poder pasar por su casa y avisarle.

Pensó un poco qué hacer mientras caminaba a su habitación y al llegar se golpeó suavemente la frente por no darse cuenta de lo obvio: su mejor opción. Era lógico que no dejaría a TenTen sin mensaje alguno y nada más desaparecería, eso sería muy mal educado, y más ahora que ella tan tiernamente le había dicho que la consideraba una de sus mejores amigas.

Se sentó en su escritorio y sacó un pergamino y una pluma, y comenzó a escribir.

"Buenos días, TenTen."…

...

TenTen se levantó cuando la luz del sol tocó su rostro. Pestañeó con pereza un par de veces y dio un largo bostezo a lo que intentaba sentarse. Su abdomen le recordó que estaba herida y un dolor punzante se apoderó de ella cuando hizo el movimiento brusco que hacía todas las mañana, se golpeó la cabeza por su descuido.

Segundos después recordó lo que se suponía que haría hoy, ¡Hinata debía venir pronto para empezar a dar marcha a sus planes! Bien, esperaría.

Se volvió a acostar en la cama y fijo su vista en el techo con una sonrisa de oreja a oreja.

Todo estaba apuntado de forma ordenada en la lista de la misión. Cada rubro tenía una leve descripción de cómo se iban a hacer las cosas, el día anterior habían quedado de acuerdo en casi todo lo que harían hoy y hasta que pasaran las dos semanas que faltaban.

Todo saldría perfecto, ella y Naruto formarían la pareja más tierna y perfecta de la aldea y todo comenzaría gracias a ella, todo saldría bien con su ayuda. Ah, TenTen se sentía feliz e importante porque ella sabía que ahora era alguien más que un conocido en la vida de Hinata. Ella solo quería verla feliz, feliz como una lombriz.

¿Pero por qué Hinata no llegaba? ¡Es que acaso no estaba tan emocionada como ella!

Los pensamientos de TenTen cambiaron en cuestión de segundos, no era una persona muy paciente en cuestiones como esas, que le emocionaban mucho. Como cuando le pedían que esperara para ver un cargamento nuevo de armas, o un modelo que ella debía aprobar, ese tipo de cosas ella las quería hacer de forma inmediata.

Y Hinata no estaba cooperando. El sol ya había salido por completo y ninguna noticia de la Hyūga.

Jugó con sus dedos un par de veces pensando qué hacer, ¿ir a la residencia Hyūga en esas condiciones estaría tan mal? No, seguro que no. Si su cuerpo resistía no había problemas, y ella era TenTen, una kunoichi fuerte y de resistencia necesaria para algo así, después de todo se había entrenado con Gai y Lee los últimos años.

Se levantó de nuevo con cuidado intentando conseguir el mínimo dolor posible y se puso en pie, caminó hacia el mueble que tenía su ropa y antes de abrir la gaveta de las blusas vio un pergamino que no era de ella, frente al espejo.

Lo abrió para encontrar una pulcra caligrafía en él y se leía:

"Buenos días, TenTen. Lamento mucho tener que decirte esto de esta forma pero es que no tenía otra opción y me di cuenta muy entrada la noche que los dos días que debía pasar en Kirigakure comenzarían hoy. Partiré muy temprano, antes del amanecer pero antes de reunirme con mi padre dejaré este pergamino en tu cuarto. Espero que lo puedas ver a tiempo y no me esperes mucho. Lo siento muchísimo, lamento no poder cambiar el rumbo de las cosas, volveré el sábado, temprano, y entonces podremos poner en marcha los planes que tenemos pendientes. Realmente lo siento, estoy muy apenada. Afectos, Hinata".

TenTen caminó hacia atrás hasta que chocó con el borde de la cama y se dejó caer mirando el techo con la boca un poco abierta y los ojos desorbitados.

Hinata no estaba, sábado, plan pospuesto, Hinata no estaba.

—¿Por qué? —se quejó en voz alta a lo que cubría su rostro con el pergamino y soltaba un grito de frustración.

...

—¡Ino–san, buenos días! —saludó un emocionado Lee que entraba a la florería Yamanaka.

—Hola, Lee, ¿qué te trae por aquí? —preguntó Ino recargada en el mostrador con una sonrisa.

—Quiero un ramo de claveles blancos.

—¡Oh! —exclamó con una sonrisa a lo que pegaba un salto y con gracia bailaba hasta la zona de los claveles, con cuidado corto los más grandes y sanos y los acomodó todos unidos a papel verde —que Lee escogió— y un listón de un tono más oscuro.

—¿Puedo preguntar para quién son? —Cuestionó pícaramente mientras escribía el recibo.

—Para TenTen —soltó natural.

A Ino le fallaron las piernas y sin querer pasó una gran línea en el recibo que estaba escribiendo, con el cabello un poco desarreglado y los ojos muy abiertos lo volvió a ver y preguntó asustada: —¿Para tu compañera, mi amiga, TenTen?

—Sí, para que se llene de salud y tranquilidad ahora que más lo necesita.

—¿Algo le pasó a TenTen? —preguntó irguiéndose preocupada, borrando los pensamientos amorosos que se le habían cruzado por la cabeza.

—¿No supo, Ino–san? TenTen fue herida en batalla, ahora está en su casa recuperándose, debe guardar reposo un par de días.

—¡A mí nunca me cuentan nada, es indignante! ¡Ve tú a ver cómo me tengo que enterar de las cosas! ¿Si no hubiese estado atendiendo la florería hoy, quién me cuenta, ah? —Comenzó a reclamar mientras guardaba todo debajo del mostrador— ¡Es indignante, indignante te digo Lee! —Lee la miraba sin decir palabra como se movía de un lugar a otro guardando cosas o cambiándolas de lugar, cuando salió de la tienda él salió detrás de ella a lo que colocaba el letrero de cerrado—. ¡Y tú qué haces tanto viéndome! ¡Muévete!

—¡Sí! —respondió siguiendo el ritmo de los pasos de Ino que se abrían camino entre la multitud de la calle central para pasar al distrito de la casa de TenTen.

...

Hinata llegó junto a su padre a Kirigakure en el tiempo estimado. Ambos fueron recibidos con diplomacia y pronto estuvieron instalados en la casa que sería su hogar por dos días.

—Hinata, quiero que pongas atención a la negociación. Nuestra posición es la solicitante, espero que aportes al menos una razón a favor a la discusión de la que serás testigo, como co-representante no te puedes quedar en completo silencio durante la reunión pero evita hablar demasiado, no quiero que muestres flaqueza o debilidad con tus problemas de habla.

—Sí, padre.

—Date una ducha y alístate, todo comenzará en una hora.

Lo que padre e hija hacían en La Niebla era con el fin de cerrar un negocio de exportación de materiales para utilizarlos de materia prima en la elaboración de armas. Pese a que la forma de ataque legendaria del clan Hyūga era el ataque directo a los flujos de chakra, las propiedades de los materiales que estaban negociando eran conductoras a los flujos del portador, a los Hyūga específicamente los brindaba de ventajas pues podían atacar con la armadura sin disminuir en casi nada el control y potencia del ataque en cuestión.

Para el clan Hyūga la adquisición de ese material sería muy ventajosa, y tanto Hiashi como Hinata estaban ahí para cerrar un trato que debería no presentar problemas.

...

Cuando la puerta de su casa se abrió sin previo aviso y escuchó unas pisadas subiendo con prisa las escaleras TenTen sintió un poco de miedo, porque en el estado que se encontraba no podría defenderse de ser algún enemigo medianamente poderoso. Las únicas personas que podrían abrir su casa de pronto eran Neji, Lee o Gai sensei, porque solo ellos tenían su llave, pero no había escuchado el grito de nadie por lo que los dos últimos quedaban descartados y Neji jamás correría escaleras arriba a su casa, por ninguna razón, primero aparecería en una nube de humo o algo así.

Todo pasó tan rápido que lo único que sintió de pronto fueron dos brazos a su alrededor y un cabello rubio que le hacía cosquillas en la nariz.

—¿Ino?

—¡TenTen! ¡Qué pésima amiga eres! ¿Por qué no me dijiste que ya habías vuelto? ¡Lo mínimo era avisarme que estabas herida!

—¡TenTen, TenTen, TenTen! —se escuchó su nombre varias veces mas pasos subiendo las escaleras, era definitivamente Lee. Cuando llegó al cuarto de la chica se detuvo para recuperar un poco el aire.

—Toma, Lee —dijo Ino sin cuidado al tirarle las llaves que le había quitado minutos atrás, antes de tomar mucha delantera a Lee corriendo como nunca lo había hecho. Él las atrapó y guardó en algún lugar de su expandex verde.

La conversación siguió. TenTen le contó a Ino lo que había sucedido y después la conversación se derivo a temas que los tres manejaban, unos cuantos chismes de la aldea que Ino conocía de primer plano, Lee contaba sobre los exámenes Chunnin que ya se acercaban y que él sería supervisor de la tercera ronda lo cual lo tenía muy emocionado.

Al rato que se terminó la mañana Ino tuvo que irse porque había dejado por mucho tiempo la florería cerrada y tenía muchas cosas que hacer, pero prometió pasar al día siguiente al menos un rato.

Lee le preparó el almuerzo a TenTen y después de que ambos comieran en la recamara de ella y Lee limpiara la suciedad que quedara, la dejó también sola porque debía ver a la Hokage.

TenTen se lamentó profundamente el estar herida por tener que pasar cosas así, no tenía contacto con nadie sino la venían a visitar, y no podía entretenerse con nada ya que tenía que estar en cama. Si Hinata estuviese en la aldea todo sería diferente.

...

El viernes el día no pintaba ser muy prometedor para TenTen, igual de aburrido que el anterior. Se levantó con poca gana, sintiéndose mejor, sí, pero aún herida, y ya que no podía entrenar decidió al menos ejercitar un poco las piernas con ejercicios en los que pudiera permanecer en posición horizontal en el suelo y sin forzar demasiado la parte del abdomen.

TenTen, no es de las personas que pueden mantenerse inactiva por tanto tiempo y ya se había resignado a que no podría ver a Hinata ese día tampoco. El plan que tenía era quedarse en cama esperando la visita de Gai, Lee, Neji, Ino y talvez Sakura, aunque no todos juntos.

Por otra parte, en otra aldea, Hinata estaba despertando a lo que prometía ser un día largo y cansado. El día anterior el negocio se complicó un poco y el trato no se cerró como se quería, por eso habría otra reunión esa mañana.

Ya listo el comité Hyūga, llegaron a reunirse con los representantes de Kirigakure y en una sala amplia y con mesa ovalada en el centro cada quién tomó su lugar. Hiashi con Hinata a su izquierda y Ko a la izquierda de ella. Frente a los tres se encontraba el jefe de materiales y el sobrino del mismo junto a otras personas.

—Hablaremos claros, clan Hyūga. Nosotros consideramos que ustedes están ganando demasiado poder con nuestros materiales, y la balanza de virtudes queda a nuestro desfavor. No consideramos que las ganancias a nuestra parte sean justas.

—¿El dinero es insuficiente? —preguntó Hiashi con tono frío.

—Aunque el dinero mueve al mundo, Hyūga, es algo agotable, nuestros materiales permanecerán mucho tiempo dándole ventajas a ustedes.

—¿Y qué es lo que quieren? —preguntó directo y con un tono tan frío que Hinata no recordaba haberlo escuchado antes

—Un juramento de sangre que respecte a ti, Hiashi. Algún shinobi de la Niebla muere a manos de un Hyūga y el trato se desvanece. Algo sencillo, un tratado de paz y seguridad. Confiamos en que ustedes no atacarán.

Hubo unos segundos de silencio.

—No.

Por supuesto, padre no es tonto.

—¿No? —preguntó el líder—. ¿Es que acaso no le interesan los materiales?

—Puedo asegurar que yo no atacaré a ninguno de sus shinobi pero no me haré de un trato que involucre hasta al más débil del clan. Mi posición con ese aspecto es menos ventajosa que la suya con nuestro dinero.

—Estoy dispuesto a no venderles el material —comentó molesto por la negativa. Con su petición disfrazada en palabras bonitas esperaba un afirmativo. Había escuchado que el clan Hyūga era condescendiente en tratos de exportaciones como esas.

—Estoy segura que no —habló por primera vez Hinata en dos días, fuerte, sin titubear, pero no amenazadora, su voz era muy dulce.

—¿Disculpa? —preguntó indignado el hombre de cara poco agradable. Cabello café corto, arrugas en la cara pero mirada fría —no tanto como su padre, pero sí, fría— porte fuerte, elegante e intimidante.

Pero Hinata no titubeó por eso, vivía con Hiashi Hyūga, se intimidaba con otras cosas.

—La familia Hyūga es el único clan que podría comprar sus materiales al precio que merecen, porque son los únicos que podrían aprovecharlos como se debe, con el control de chakra.

—¿Y por qué piensa usted que no hay familias que puedan controlar el chakra y aprovecharse de ello aquí en Kirigakure? —se metió a discusión el sobrino de este. Con porte también elegante y mirada desafiante, una versión más joven que su tío, quizá unos dos años mayor que Hinata, apuesto, sí, pero no demasiado.

—¿Y por qué no se las vendieron antes de aceptar una propuesta de nosotros? ¿O es acaso que lo que ustedes buscan en particular del clan Hyūga no es un trato meramente económico? —Esta vez respondió con un tono más firme.

Ko terminó sorprendido de las palabras de Hinata, todos lo estaban pensando en ese momento: Kirigakure quería la cabeza de Hiashi Hyūga de forma indirecta, que no arriesgara a guerra entre países, y por eso alargaron la negociación, si el líder decía que sí pronto un ninja de la niebla aparecería muerto y culparían al clan Hyūga. Era claro que esa petición estaba determinada como una trampa.

Y Hinata encontró las palabras adecuadas; educadas y sutiles, para dejar en claro que su plan no funcionaría de esa forma. Y Hiashi no se veía disconforme con su participación.

Los representantes se quedaron callados y Hiashi habló: —Si no tienen una propuesta más accesible, nos retiraremos.

—Su hija, Hiashi–sama, es una dama bella y con mucho coraje.

Hiashi frunció levemente el ceño ante el comentario del hombre mayor.

—Como mi hija, así debe ser.

—¿Está su mano en sociedad? —preguntó, su sobrino, con una sonrisa que para nada era intimidante, o maliciosa, solo curiosa. Contrario a lo que la voz del joven creaba en el ambiente, Hinata se sintió muy tensa y asustada.

—No.

—¿Porque es muy joven o porque ya ha sido dada su mano?

—Porque ella ya está comprometida, con el caballero que está a su lado.

Todas las miradas, incluso la de Hinata, recayeron en Hyūga Ko. Él mismo se sorprendió, pero aparentó normalidad e inclinó la cabeza para recalcar que se trataba de él.

—Consideré que solo era una escolta —contestó a la ligera el sobrino del mercante.

—Ya aclaré que Hyūga Ko no es solo eso. ¿Alguna otra petición para cerrar el trato?

...

TenTen fue llevada por Neji y Lee al hospital el sábado por la mañana, le quitaron las vendas y le dijeron que ya podía caminar con tranquilidad pero que no entrenara en al menos una semana, para no forzar la herida y que se volviera a abrir.

Acatando todas las órdenes de la doctora, corrió en dirección a la entrada de la aldea.

—¡Kotetsu, Izumo! ¿Hinata ya volvió?

—¡Oh, TenTen–san! ¿Ya está mejor? Qué alegría —dijo Izumo reconociéndola.

—No, Hinata y el resto de los Hyūga no han llegado todavía, pero la llegada está para hoy.

—Está bien, esperaré.

Izumo y Kotetsu le ofrecieron una silla y ella se sentó al lado de ellos, detrás del mostrador, esperando.

Pasaron dos horas y no había rastros de los Hyūga. TenTen estaba desesperándose pero para distraerse hablaba con los dos guardianes que parecían felices de tener compañía. Ella había visto ir y venir a muchos ninja de misiones, a varios los conocía, como Kiba y Shino que procuraron pasar lejos de ella, o a Neji que antes de irse le dijo en privado que cuidara de Hinata, que le habían asignado una misión de último momento y que no iba a estar para su llegada pero que intentara comportarse ese día, que ya mañana volvería.

Un poco después, se vio cómo el escuadrón Hyūga caminaba rumbo a las puertas principales. TenTen esperó con una sonrisa, se limitó a no gritar el nombre de Hinata porque ella no venía sola.

Hiashi pasó directo y uno de los ninja abogó por la entrada de todos con Kotetsu. Hinata al ver a TenTen corrió a saludarla.

—¡TenTen–san, ya se ve mucho mejor!

TenTen arrugó el ceño.

Hinata se disculpó, era la costumbre: —TenTen, ya te ves mucho mejor, ¡qué alegría!

—¡Sí! Ya me quitaron las vendas, lo único es que no podré entrenar por un tiempo pero al menos ya puedo caminar. ¿Y cómo te fue?

Hinata miró al piso un tanto indecisa en qué decir pero TenTen volvió a hablar: —¡Antes que lo olvide, feliz aniversario!

—¿A–Aniversario?

—¡De una semana!

Hinata se sorprendió mucho, ¿ya había pasado una semana desde que comenzaron con la misión? ¿Cómo pasó el tiempo tan rápido? Una sonrisa surcó sus labios pensando en todo lo que había avanzado, a ciencia cierta no lo sabía pero sospechaba que la forma en la que habló sin titubear frente a los representantes de Kiri tenía en parte causa por el "entrenamiento" de TenTen.

Pero de pronto un poco de miedo y ansiedad se apoderó de ella —Ya falta menos para el lanzamiento del nuevo platillo…

—¡Sí! ¡Y eso solo significa trabajar, trabajar, trabajar!

Hinata asintió con la cabeza con una sonrisa, TenTen la tomó del brazo y la jaló hacia la zona de entrenamiento más cercana que estuviese semi vacía, invocó su pizarra y comenzó a hablar:

—¡Te fuiste y me abandonaste! —La apuntó con el dedo. Hinata bajo la cabeza apenada— Pero sé que no lo podías evitar y nadie murió en el camino así que retomaremos lo que habíamos dejado anotado el otro día —sonrió.

Señaló con el dedo el primer punto: Contar chistes.

Hinata se rió de la idea así como lo había hecho el día que TenTen le había contado que eso fue en lo primero que pensó.

TenTen, yo no sé contar chistes, ni siquiera me sé algún chiste, ¿y a quién le voy a contar los chistes?

No va a ser tan difícil, podemos intentar con Ino, vamos a la florería, hablamos un rato y sacas un par de chistes a flote. Contar chistes es algo en extremo difícil, tienes que crear la situación con cuidado y contarlo con voz segura y tranquila, algo espontáneo, si tartamudeas; no dará risa. Si te ríes antes de terminar; no dará risa, si olvidas una parte; no dará risa. Hay que tener completo control del habla para poder contar un buen chiste.

TenTen, yo nunca he tratado de contar un chiste, no me sé chistes.

¿¡Y para qué crees que estoy yo aquí! Te enseñaré varios.

Y de pronto Hinata estaba repitiendo chistes que TenTen le decía, la castaña la corrigió en un par de ocasiones y le dio unos cuantos trucos. Que no se aprendiera el chiste al pie de la letra, que entendiera la gracia y entonces si se le olvida algo utilizara sinónimos.

Y así Hinata lo hizo.

De un pronto a otro tanto TenTen como Hinata estaban en la florería Yamanaka. Un par de personas estaban ahí viendo flores e Ino estaba en el mostrador en tanto su mamá aconsejaba a los posibles compradores, cuando las dos amigas entraron Ino corrió a saludarlas.

—¡TenTen, que feliz soy de que ya estés mejor! ¡Y Hinata, tiempo sin verte!

Se llevó a cabo una conversación amena hasta que TenTen sacó a flote la introducción para Hinata. —Oye, Ino, ahora Hinata me estaba contando unos chistes muy divertidos.

—¿Hinata? ¿En serio? —preguntó sorprendida— Nunca te había visto con pinta de cuenta chistes, pero espero que no me dejes con la curiosidad, ¡cuéntame alguno!

Hinata sonrió tímidamente y le preguntó: —¿Qué le dice un papel bomba a un kunai?

Ino se quedó pensando unos segundos: —Me doy, no sé, ¿qué le dice?

—¡Boom! —dijo sacándole un poco la lengua y entrecerrando los ojos de manera graciosa como le había dicho TenTen. Ino se rió.

—¿Y qué le responde el kunai? —preguntó cuando Ino aún se reía un poco.

—No sé, no sé, ¿qué le responde? —preguntó mirándola con una sonrisa.

—Nada —dijo Hinata mirando al suelo distraídamente—. Ya no existe papel bomba.

Ino y TenTen rieron, la castaña más que todo orgullosa. No importaba sin un chiste era bueno o malo, si el que lo contaba lo contaba correctamente causaría algunas risas y Hinata estaba manejando bien el lenguaje corporal, aunque cuando practico solo con ella le había costado bastante.

—¿Qué hace un ANBU detrás de una barra de restaurante? —preguntó de nuevo.

—¿Vigilando? —Intentó Ino.

—No, esperando órdenes —respondió Hinata.

Después de pasar un poco más en la florería las tres se despidieron dejando de interrumpir a Ino en su trabajo y TenTen se encargó de elogiar a Hinata lo más que pudo para darle ánimos, aunque no parecía que la Hyūga los necesitara, TenTen había visto que Hinata disfrutó esa parte de la misión. La iba a llevar a un callejón para invocar la pizarra y comenzar con el siguiente punto cuando Hinata le preguntó si conocía más chistes.

—Un par más, Hinata, ¿es acaso que quieres contarle a alguien más?

—A Kurenai sensei le gusta mucho reír, Kiba–kun siempre le saca sonrisas con algunas cosas que dice, me gustaría ir a verla. ¿Podemos?

Le había preguntado tan emocionada que TenTen no se pudo negar y terminaron en el apartamento de la mujer de cabello negro y ojos rojos. Por suerte ella estaba ahí y no en el hospital o en algún otro lugar, hablaron un poco conociendo algunos detalles de su embarazo y pasaron una agradable tarde juntas. Se dieron cuenta que Kurenai se sabía unos cuantos chistes más y pasaron un buen rato, además, TenTen contó algunos que recordó en el momento. Kurenai les invitó luego a pasar el té de media tarde y ahí se quedaron hasta que se hizo tarde, todas habían perdido la noción del tiempo porque no era precisamente que alguna estuviese muy ocupada o tuviese que hacer otra cosa.

...

Por otra parte, en otra casa del otro lado de la aldea estaba Hiashi Hyūga reunido con un ninja de su clan.

—Ya veo, así que Hinata ha estado frecuentando a esa kunoichi.

—Así es, señor.

Hiashi recibió el informe escrito del espía y le dejó partir. Abrió el pergamino inmediatamente y lo comenzó a leer con detalle.

La actitud que Hinata había tomado en la reunión lo había dejado desconcertado, si bien no había sido incorrecto, sí había sido inusual viniendo de ella. Como líder y como padre creía conocerla a fondo lo suficiente como para adivinar sus movimientos en una reunión como esa, lo normal, aunque él le hubiese dicho que quería que se expresara un poco, era que se quedara callada.

Pero aún así ella habló, acusó discretamente y respondió sin titubear. ¿Qué le estaba pasando a su hija mayor?

Esa actitud tan adecuada incluso había llamado la atención de los clientes, a los que tuvo que mentir para que no la pidieran a cambio de cerrar el trato. Si la pedían a ella no habría podido cerrar el trato. A fin de cuentas se conformaron con un aumento en el dinero pedido.

Frunció el ceño y algo en absoluto no le gustó de lo que leyó.

—¿Qué es esto de misión: Hinata Uzumaki? —habló consigo mismo en un tono ácido y molesto. Al parecer habían leído ese título en una pizarra, en el campo de entrenamiento más cercano a la entrada esa mañana que volvieron.

Él no había pedido informe alguno porque esperaba que si Hinata hacía algo inapropiado o se comportaba de forma extraordinaria se lo avisaran a él y a los ancianos, esa era la orden que había dado, entregar un informe final si no había cambios extraños.

Pero su comportamiento en el viaje le hizo querer averiguar algo por sí mismo, y si alguien podía informarle de cambios —aunque fuesen mínimos— sobre su hija, era el capitán que tenía a su mando la misión de vigilarla.

Él, como medida de seguridad, le había encargado a Neji que le informara de alguna actitud extraña que pudiese perjudicar a su hija a largo plazo, ¿dónde se había metido Neji la última semana y por qué no se le había informado de ello?

¿Hinata hablando con aldeanos y gente común sin alguna razón coherente? ¿Estuvo contando chistes? ¡Esa no es la imagen de un Hyūga que se respete! Ella es la hija mayor de la rama principal.

Pero eso no le había molestado tanto como ver su nombre al lado del apellido de ese insolente niño que poco sabía sobre la decencia y los modales. Las faltas que había cometido antes no eran tan graves —por eso no le habían avisado— porque la nota decía que siempre había mantenido recato y educación con esos a los que les habló, y parecía ser que la gente que la escuchó —arrugó más el ceño al siquiera imaginarlo— contar un chiste corriente eran kunoichi poco importantes en la jerarquía de la aldea, y la maestra a la que él le había confiado su educación. Hiashi se frotó la frente con los dedos de la mano derecha, ligeramente alterado, y mandó a llamar a Neji.

Cuando le dijeron que estaba de misión dio la orden directa de traerlo apenas cruzara las puertas de la aldea.


¡Perdón!

No volveré a decir nada respecto a cumplir con las fechas debidas, me castigaron la lengua por estar alardeando. Cuando mis padres se dieron cuenta que no tenía un Word utilizable decidieron que lo mejor era llevarla a arreglar aprovechando que había estado dando problemas con unas aplicaciones y que parecía estar llena de virus (ya estaba un poco descuidada y querían que comenzara el año lectivo con la compu bien). La dejaron como nueva, creo que la formatearon, —no perdí ningún archivo porque le hicieron respaldos antes de tocarla—, y bueno, hasta hace poco la recuperé, por eso no actualicé. Espero que no vuelva a pasar.

¡Muchas gracias por los consejos que me dieron todos! Como ven parece que todo está arreglado, pero sé que podría contar con ustedes para un futuro, que seguro saben más de computadoras que yo! Y de nuevo muchas gracias por leer y comentar, en el último capítulo me di cuenta de que más gente seguía la historia y me sentí pésimo cuando después de eso falté con la actualización :/

¡Gracias, Namikaze Rock, aniota21, Alexa Hiwatari, Rage. Armstrong-Uzumaki94, Hinata-Tsuki, dark dragon Hades, Yk Namikaze, Mr Reuste (¡bienvenido!), Eithilen (¡bienvenida!), HinataWeasley789 (¡bienvenida!), Alabdiel, karenpage (¡bienvenida!), July-duendecillo y kronnozz (¡bienvenido!)!

¡Nos estamos leyendo!

~brokenNanami.12