8. Shall we skate?

Sabía que era tarde, sabía que por la mañana estaría cansado y que quizá su carrera matutina con Yuri le costaría un poco más de esfuerzo, pero aun así, no podía dejar de leer una y otra vez todas las cartas que Yuri le había escrito desde que el pelinegro tenía no más que doce años.

Victor había pasado la madrugada entera leyendo y releyendo cada una de las palabras que Yuri le había escrito a aquella persona inalcanzable que sin embargo, era ahora la persona que estaba ahí, al lado de la habitación del joven Katsuki, pensando en cómo era posible haber vivido casi veintiocho años sin saber que alguien como aquel japonés existía y que parecía adorarlo sin siquiera haberlo visto de frente una sola vez.

Las cartas que el joven le había escrito eran sin duda alguna numerosas y aunque al principio no eran más que solo pequeñas notas de felicitación, poco a poco fueron transmutando en mensajes más largos que hablaban de la vida normal de Yuri en Hasetsu. Victor no había podido hacer más que sonreír al leer aquellos primeros relatos en los que un tímido niño de doce años le había escrito cosas en un extraño tono formal. Victor se preguntaba por qué Yuri le hablaba como un "usted" cuando la verdad era que en aquellos días el ruso no tenía más que 16 años. Sin embargo, su corazón se llenaba de ternura con cada palabra que leía y había soltado una carcajada incontenible cuando Yuri mencionó a Vicchan por primera vez:

Querido señor Victor Nikiforov:

¿Es correcto que lo llame así? Mamá me regañó al saber que en mis otras cartas lo he llamado por su nombre, ella siempre ha dicho que debo ser respetuoso con mis superiores y así lo haré ahora. Por si no lo recuerda, me llamo Yuri Katsuki y hace una semana la Federación Japonesa de Patinaje Artístico me certificó como competidor junior. Mi primer campeonato nacional será en dos días y quise escribirle para preguntar: ¿Qué consejo puede darme?

La verdad es que tengo miedo, he estado muriéndome de miedo desde que me anunciaron la fecha del campeonato ¿Ha sentido miedo alguna vez? Supongo que no, no alguien como tú. Cuando estás en el hielo, siento que eres tú quien decide lo que sucederá, siento que el hielo jamás te hará caer porque una superficie así es tu lugar desde siempre… ¿Cómo puedes hacer eso Victor? ¿Cómo puedo hacer yo para sentir que el hielo es mi hogar también? ¡Oh! Lo siento ¡Lo hice de nuevo, lo llamé por su nombre! Lo siento señor Nikiforov. Aunque mi hermana dice que no eres tan mayor para llamarte señor pero… mmm, bueno, mamá siempre tiene la razón en todo así que le haré caso. Gracias por leer esta carta.

Enviando saludos cordiales, Yuri Katsuki, sincero admirador.

P.D. Papá me regaló un cachorro y me pregunto si haberlo llamado "Victor" te molesta. Lo llamé así porque juro que es un cachorro hermoso como tú, así que… ok, bueno ¿Por qué estoy escribiendo esto?

-Hermoso como yo ¿eh?- dijo Victor leyendo por milésima vez aquella línea-. Yuri, creo que tu yo de doce años sabía coquetear mejor que tu yo de veintitrés.

El ruso rio una vez más y tomó la carta entre sus dedos acariciando el nombre de Yuri en la carta. Aquel recorrido por la infancia de su pupilo era como un viaje a la tierra prometida, era como conocer el corazón de Yuri paso a paso. A pesar de que el joven Katsuki jamás ahondaba en detalles, era evidente que Victor siempre había sido parte de su vida.

Y saber aquello hacía que el ruso se sintiera un poco más importante y que su corazón latiera lleno de esperanza. Porque sentía que Yuri y él habían estado conectados por un lazo que por fin se había acortado lo suficiente como para que los dos estuvieran juntos por fin. Si aquello no era obra del destino ¿Entonces qué era? Sí, era verdad que los ojos de Victor habían tenido que esperar más del tiempo necesario antes de toparse con Yuri, con aquel Yuri que al cumplir diecisiete años solo había tenido un deseo en su corazón: que Victor lo mirara.

Y al leer aquella carta otra vez, una sonrisa mitad amargura, mitad dicha pura iluminó la cara del ruso porque aunque Yuri crecía, aunque el adolescente adorable que adjuntaba dibujos de su casa y fotos de él y de Vicchan a los sobres, había dado un salto a convertirse en un joven patinador que ya no temía escribirle cartas usando solo su nombre, la admiración de Yuri, el sueño de patinar con él no se había desgastado con el paso del tiempo:

Querido Victor:

Han pasado algunos años desde la última carta que escribí. Ahora vivo en Detroit y todo aquí es diferente. Al principio pensé que iba a enloquecer pero ahora hay un chico que me apoya en todo y eso se siente bien ¿sabes? Creo que él, Phichit Chulanont es el primer amigo de verdad que he tenido y siento que es algo maravilloso. Pero no hablaré más de mí, ese no es el motivo de esta carta.

La razón de estas palabras es que hace dos días, acabas de ganar tu primer campeonato mundial y estoy sumamente feliz de que lo lograras. No sé si sea correcto decirlo, pero jamás me has parecido más hermoso que cuando lograste ese cuádruple Flip por primera vez. Era como si pudieras volar, como si el hielo ahora te diera la oportunidad de despegarte de él sin temor a caerte. Mi entrenador, Celestino, dice que no eres humano, que a tu edad es sobrenatural lograr lo que has logrado y ¿sabes qué? Creo que estoy de acuerdo con él.

A veces yo también creo que no eres un ser de este mundo ¿Cómo podrías serlo? Eres más parecido a un ángel, no a un humano mortal y es por eso que a veces siento que jamás podré alcanzarte aunque el año que viene podré participar por primera vez en el Grand Prix. Ya sé que no es tan importante como lo que tú has logrado, pero todos dicen que este año seré reconocido como el mejor patinador de Japón, ni siquiera yo puedo creerlo pero Celestino y mi maestra de ballet dicen que es cierto.

Solo espero que el miedo no me haga perder una vez más. Durante mis días en Estados Unidos el miedo no ha hecho más que empeorar. A veces todavía me ataca mientras duermo o mientras entreno y hay días en los que ni siquiera puedo salir de la cama. Creo que Celestino se ha dado cuenta porque ha decidido llevarme al médico mañana y eso también me causa ansiedad. Seguramente mamá le contó acerca de… acerca del terror que sufrí siendo niño y sé que todo mundo está preocupado por mí, pero no deberían porque no quiero volver al infierno, de verdad no quiero.

No quiero volver ahí, Victor, pero sobre todas las cosas, en realidad no puedo volver sin fallarles a todos. Mamá y Papá han gastado tanto en mí por ayudarme a hacer mi sueño realidad y mi hermana decidió dejar de estudiar para que yo pudiera lograr hacer historia. Es por eso que no puedo defraudarlos, ni a ellos ni a todo Japón porque es verdad que todos en mi país parecen apoyarme.

Ayer por la tarde, Celestino me entregó varios paquetes de cartas y regalos de la gente que me apoya en Japón, son cientos de ellas. Para mi es extraño ¿sabes? Saber que le importo a gente que no me conoce… ¿Tú te sientes igual? Sé que jamás te he enviado ninguna de estas cartas, pero quizá mande esta ahora, antes de que pierda el valor. No sé si vas a leerla ¿Por qué la leerías entre las otras miles que seguramente acabas de recibir en este preciso instante?

Pero aun así, solo quería felicitarte y pedirte que me desees suerte en el Nacional del mes próximo. Si todo sale bien, ese será el primer paso que me llevará a encontrarme contigo en el Grand Prix del año que viene y cuando me veas por primera vez Victor, quisiera que tus ojos no se despegaran de mí y que puedas ver que por fin he logrado ser un competidor digno de patinar en el mismo hielo que tú. Por favor, Victor, cuando esté frente a ti, mírame. Quizá suene a una locura sentimental, pero cada paso que he dado en el hielo, lo he hecho por estar frente a ti.

Quizá mi petición anterior sea atrevida, sé que debo moderarme porque tú eres el príncipe ruso del hielo y yo solo soy… no sé quién soy. A veces creo que sigo buscándome, me busco en el hielo y en la música de mis programas pero no sé quién soy. Quizá cuando esté frente a ti pueda descubrirlo. Quizá cuando logre mi sueño, sepa por fin quién soy yo y de qué estoy hecho. Hasta entonces Victor, muchas felicidades por seguir haciendo historia y por inspirarme a escribir la mía. Y es que cuando todo está oscuro, me basta con verte patinar para saber que todos los sueños son posibles.

Con sincera admiración y felicidad, Yuri Katsuki.

P.D. Phichit, mi amigo, leyó esta carta porque le pedí que revisara mi escritura para evitar errores, mi inglés ha mejorado bastante desde que vine a América, pero aun así no confío del todo en mí. Como sea, Phichit dice que esto suena como una carta de amor pero no quiero incomodarte con algo así. Quizá haya amor, claro, pero no ese amor que Phichit insinúa ¿Hay muchos tipos de amor? En realidad no lo sé. Como sea, no debes sentirte incomodo por esto, te admiro demasiado, es eso, es solo eso.

¿Y era solo eso ahora? Los ojos azules de Victor se quedaron fijos en la palabra "amor" escrita por Yuri en aquella carta. Sí, sin duda alguna había admiración en los ojos del japonés cuando se encontraban con los suyos, pero ahora no era solo eso ¿o sí? Quizá Victor estaba buscando señales donde no las había, quizá neciamente quería ver sentimientos ahí donde solo había respeto y admiración profesional por parte de su pupilo.

Pero, si hasta incluso el tailandés- al que había decidido no odiar más después del sermón que le había dado en el jardín horas atrás- se había dado cuenta de que Yuri hacía más que solamente admirarlo ¿Aquello tampoco era una señal? Victor suspiró sintiéndose un poco triste. La verdad es que después de leer aquella carta se sentía culpable y horrible por no haber mirado a Yuri más que algunos minutos durante su programa corto. Y es que el ruso había estado ocupado afinando los últimos detalles de su presentación con Yakov y por eso mismo, no le había prestado la atención suficiente a los demás competidores.

Bien es cierto que aquella era una excusa patética, pero Victor sentía que ahora mismo estaba ya sufriendo el castigo que merecía por no haber hecho la única cosa que Yuri le había pedido en aquella carta, es decir, mirarlo.

El corazón del ruso se había partido por la mitad al encontrarse con la última de las cartas que Yuri le había escrito y él sabía que aquel dolor que sentía al leer las palabras de su pupilo no se comparaba en nada al dolor que seguramente Yuri había sentido al escribirlas. Victor tomó pues aquel trozo de papel que era como un fragmento del corazón roto de su ahora pupilo. El ruso sabía que Yuri había escrito eso en un momento de fragilidad extrema, que quizá el chico de los ojos marrones ni siquiera recordaba haber escrito aquella carta.

Aquel escrito estaba lleno de heridas y de lágrimas que nadie había sanado, aquel era un dolor que todo mundo había ignorado de la misma forma en la que él había ignorado a Yuri durante el Grand Prix Final en el que lo dos habían competido. Y Victor sabía que ni naciendo mil veces podría redimirse por aquel pecado, que nada podía llegar a absolverlo de la falta tan grande que había sido hacer que Yuri sufriera, que Yuri se perdiera en la negrura sin que pudiera aferrarse ni siquiera al consuelo de haber llegado a él.

-¿Por qué no lo miraste Victor?- dijo el príncipe del hielo tomando aquella última carta con cuidado, como si de verdad fuera un trozo del alma rota de Yuri-. Si tan solo lo hubieras mirado, si tan solo le hubieras dicho algo él no habría sufrido así.

Victor suspiró y sus ojos azules se quedaron fijos en las letras de Yuri que estaban hechas un desastre en medio de aquel papel: las mayúsculas y minúsculas se mezclaban sin ton ni son, las palabras eran demasiado grandes o exageradamente pequeñas en algunos párrafos. Había palabras un tanto borrosas y Victor supo que aquello sin duda alguna era obra de las lágrimas. Yuri había llorado, Yuri había sufrido y Victor sabía que él no había estado ahí para sostenerlo, así que sabiendo que debía sentir el dolor de la culpa una vez más, el entrenador ruso leyó de nuevo:

Querido Victor:

Tus ojos jamás me miraron y no te culpo por ello porque sé que arruiné los programas que Celestino hizo para mí. Aunque los periodistas en mi país dijeron que mi participación había sido memorable considerando mi edad y la experiencia de los demás patinadores, sé que solo fui una gran falla en el Grand Prix Final de este año, sé que los decepcioné a todos en casa pero ya no puedo hacer nada para cambiarlo.

Arruiné mi última oportunidad de hacer historia aunque pueda decir en mi defensa que en ese entonces no sabía que sería mi última oportunidad.

Desde que llegué a Japón de nuevo, mi corazón no ha hecho más que doler y ahora ni siquiera sé por qué estoy escribiéndote, ni siquiera sé por qué estoy reclamándote que no me hayas mirado ni una sola vez cuando tengo otras cosas más urgentes de las cuales preocuparme. Pero es que la negrura está llegando otra vez y he tratado de aferrarme a los recuerdos de ti patinando justo en frente de mí pero eso no es bastante, pensar en ti ya no es bastante. Porque todo duele, Victor, todo duele de una forma terrible y no sé qué hacer con eso.

Sé que algo malo va a suceder, sé que algo viene en camino a destruirme y esta vez no seré capaz de levantarme y luchar, sencillamente no podré. Mi sueño se ha perdido y sé que es injusto pero siento que soy nada sin mi sueño. Si después de este fracaso aun tuviera la oportunidad de volver a estar frente a ti algún día, quizá todo sería diferente pero sé que no lo será. Tus ojos no me miraron ni una sola vez durante la competencia y ahora sé que jamás van a mirarme y por eso tengo que preguntarte: ¿Por qué no quisiste verme, Victor? Sé que soy insignificante al lado de los otros patinadores que parecían ser amigos tuyos de toda la vida pero… ¿Ni una sola vez?

De todas las cosas horribles a las que me he enfrentado en las últimas horas, es eso lo que más me duele y no sé por qué. Quizá porque llevo deseando casi seis años que tus ojos pudieran verme y ni siquiera pude lograr eso y todo es tan estúpido ¡Yo soy tan estúpido! Nada tiene sentido ahora, de verdad nada lo tiene. Todo duele, la tristeza está hundiéndome y sé que me perderé en la negrura una vez más, sé que ya estoy perdido y que nada va a poder salvarme.

Ya no tengo fuerzas, Victor. Ya no tengo un sueño al que aferrarme.

¿Qué hace una persona cuando está rota más allá de toda posibilidad de repararse? Nada podrá repararme, estoy roto. Estoy roto y a nadie le importa. La negrura viene, todo es oscuridad y quizá sea mejor perderme en ella.

Perdóname por escribir esto, no sabía qué más hacer. Pero ahora ya no importa, tú seguirás brillando y yo me perderé en la nada. Así debe ser. La noche y el día no pueden existir al menos que la otra desaparezca, y sé que yo desapareceré.

-Perdóname a mí por tardar tanto tiempo en llegar a ti- dijo Victor pegando aquel trozo de papel a su pecho, sintiendo cómo su corazón se revelaba ante el dolor de Yuri-. Perdóname por no haberte mirado, por no poder salvarte, perdóname por no quedarme a tu lado…

Victor cerró los ojos sintiendo que una herida se abría en su interior. Él estaba seguro que el dolor que Yuri había sentido era demasiado pero si bien ya no podía cambiar el pasado, tenía frente a él un presente entero para reparar aquel daño. No, no había mirado a Yuri antes pero ahora no quería dejar de mirarlo, no quería ver a nada ni a nadie que no fuera aquel joven japonés que había bailado con él bajo las estrellas y entre los pétalos de las flores de cerezo.

Victor estaba seguro de que aunque el universo fuera enorme, desde el día en el que había visto patinar a Yuri, él ya no sería capaz de mirar a nadie más. Yuri lo había guiado hacia él con la música de su cuerpo y le había regalado la posibilidad de un futuro con su sola existencia.

-Me has dado tanto sin saberlo, Yuri- dijo Victor guardando las cartas de nuevo, acariciando los dibujos de Yuri, dispuesto a guardar aquellos regalos como su posesión más valiosa- ¿Qué puedo darte yo ahora? ¿Cómo puedo hacer que tu corazón no vuelva a llorar nunca más?

El hombre del cabello color plata se levantó de la cama y se acercó a la ventana fijando sus hermosos ojos azules en la luna que brillaba encima de su cabeza y en el cielo cuya oscuridad iba rompiéndose poco a poco más allá del horizonte.

Hacía apenas unas horas había aceptado que estaba enamorado de Yuri Katsuki pero ¿Cómo iba a lograr que eso hiciera feliz a su pupilo? ¿Yuri se sentiría feliz ahora al saber todo lo que le había tomado tan poco tiempo descubrir a él?

Victor suspiró al tiempo que Maccachin despertaba y se acercaba a él para hacerle compañía a su pensativo dueño, mientras la mañana llegaba al mundo, mientras la noche le daba paso al día una vez más y Victor se quedó quieto, acariciando la cabeza del caniche, esperando que la última luz de todas las estrellas del universo le dieran una idea acerca de lo que podría hacer para entregarle a Yuri algo igual de hermoso e invaluable que él mismo…


Phichit había desafiado la voluntad de su entrenador por primera vez en su vida quedándose en Japón más tiempo del necesario, pero la verdad era que el joven Chulanont se encontraba indispuesto para dejar a su mejor amigo al completo cuidado de aquel entrenador despistado quien, durante aquellos días, parecía estar más distraído que de costumbre cuando lo veía pasear a solas por los jardines de Yutopia o cuando tenía la mala suerte de encontrarse con él en las aguas termales.

Parecía ser que Victor Nikiforov estaba pasando por un mal momento aunque aquello solo parecía suceder de aquella manera cuando Yuri no estaba cerca de él. Phichit sabía que algo estaba pasando dentro de la cabeza del astro ruso, uno casi podía escuchar los pensamientos que había en su mente y que a juzgar por la mirada de infelicidad de sus ojos azules, no debía ser nada agradable. Phichit lo había visto así por varios días antes de finalmente descubrir qué era lo que estaba rondando la mente del ruso.

Todo había sucedido aquella mañana, la última mañana que el tailandés pasaría en Japón. Phichit había decidido tomar un último baño en las aguas termales pues además de Yuri, también iba a extrañar la sensación del agua cálida que rodeaba su cuerpo y le ayudaba a relajarse. Victor estaba saliendo apenas de las aguas y el joven no pudo hacer más que maravillarse del cuerpo de aquella súper estrella que sin duda era un regalo para la vista de los mortales.

Bien es cierto que entre los dos no había habido ni oportunidad ni voluntad de empezar a construir una amistad porque al final de cuentas los dos pertenecían a la vida de Yuri de un modo u otro, pero aquello no era una razón de peso para odiarse toda la vida. De alguna manera los dos habían aprendido a sonreírse cordialmente, incluso el odio había sido sustituido por una extraña mirada culpable en los ojos de Victor y aquello a Phichit lo desconcertaba pero no al grado en el que lo desconcertó el regalo que el ruso había tenido para él aquella mañana:

-Es el teléfono de uno de mis amigos americanos, es experto en montar shows de patinaje en todo el mundo- le había dicho Victor-. Yuri me contó que quieres hacer algo así en Tailandia, espero que puedas lograrlo, llama este hombre y estoy seguro de que él va a ayudarte en todo. Si todo sale bien, espero que nos invites a Yuri y a mí a participar en el show, sería un honor para los dos…

-¿Por qué haces esto, Victor?- había dicho el joven tailandés con algo de desconfianza mientras miraba la tarjeta en los dedos del entrenador de Yuri-. Si es para asegurarte de que no me meteré entre Yuri y tú, no tienes nada que temer, te he dicho ya que voy a hacerme a un lado…

-No es eso…- dijo Victor bajando la mirada al suelo, algo que no era nada propio de él-. Es solo que no sé qué más hacer…

-¿Respecto a qué?- dijo Phichit realmente sorprendido porque los ojos azules del hombre estaban llenos de culpa y de vergüenza una vez más.

-Es solo que…-dijo Victor respirando profundamente, mirando al joven delante de él a los ojos-. No sé cómo agradecerte, la verdad es que jamás había tenido nada que agradecerle a alguien.

-¿Agradecerme? ¿A mí? ¿Por qué tendrías que agradecerme algo?- preguntó Phichit completamente sorprendido

-Por cuidar de Yuri- dijo el ruso con sinceridad-. Por estar con él cuando yo no pude o no quise. Phichit, sé que sin ti mi Yuri no… ni siquiera puedo pensar que habría pasado si…

-¿Tu Yuri?- dijo Phichit bastante desconcertado.

-Lo siento, no quise decirlo así, es que…

-¡Ese ego tuyo es enorme, Nikiforov!- dijo el tailandés con una sonrisa-. Espero por el bien de Yuri que tu ego no sea lo único enorme e inflado en ti, si entiendes lo que quiero decir…

-¿Jamás te guardas nada de lo que pasa por tu mente?- dijo Victor un poco divertido por las palabras del joven.

-Es un mal hábito de familia- dijo Phichit con calma-. Mi abuela decía que callarse algo hacia que tu corazón se pudriera, pero volviendo al tema… ¿Estás bien? No eres el mismo de siempre desde la fiesta de las flores, sé que Yuri no lo ha notado porque cuando estás con él parecer ser tú mismo, pero Victor ¿Qué te pasa?

-Le hice daño…- dijo el ruso más avergonzado aun.

-¿Qué demonios le hiciste?- dijo Phichit con ganas de asesinar al hombre de los ojos azules aunque la verdad aquella declaración no tenía sentido, no cuando Yuri no había estado más que sonriendo todos aquellos días.

-En este instante, nada- dijo el príncipe del hielo haciendo que Phichit se calmara un poco-. Pero yo…

Sin darse cuenta el ruso había empezado a contarle a Phichit acerca de las cartas que había leído y el joven tailandés no había podido hacer otra cosa más que escucharlo. En otras circunstancias, seguramente habría querido continuar con el plan original que consistía en matar a aquel ruso asquerosamente guapo e imbécil por haber hecho mal a Yuri, pero por aquella ocasión, Phichit había decidido darle la oportunidad de redimirse. Después de todo, por más oscuro que haya sido el pasado, un pasado en el que Victor no había estado, a veces no queda más opción que recordar que algunas veces es la oscuridad la que dota de sentido a la luz.

-¿Qué puedes darle?- dijo Phichit con una sonrisa enternecida por el genuino dolor que había en las palabras de Victor al preguntarle aquello-. Quedarte con él ahora ¿qué más? Él quería que lo miraras, pero no solo eso, quería que lo miraras para no dejar de verlo jamás. Yuri jamás lo dijo en voz alta, pero sé que es así. No pierdas el tiempo mirando el ayer, construye en el presente Nikiforov. Eres siete años mayor que yo ¿No te da vergüenza pedirle consejos románticos a un pobre veinteañero?

-Tú lo conoces mejor…- dijo Victor suspirando profundamente.

-Quizá, pero sé que Yuri es verdaderamente él mismo cuando está contigo- dijo Phichit con paciencia-. Mira, te diré un secreto, te lo debo porque espero que este número sea verdadero, estoy dispuesto a aprovecharme de tus contactos para hacer de "Phichit on ice" una realidad…

-No esperaba otra cosa- dijo Victor con una sonrisa amistosa que alivió los últimos resquemores que Phichit tenía acerca de las intenciones del ruso con su mejor amigo.

-Tú…- dijo el joven con calma-. Tú eres todo lo que Yuri quiere, así que si me estás preguntando qué puedes darle, esa es la respuesta: tú. Sé que esto es nuevo para ti, pero debes entregarte a él. Hazle saber que no solo quieres ser su entrenador, díselo, tienes que ser directo porque él no va a entenderlo de otro modo.

-¿Y cómo hago eso?- dijo Victor dispuesto a pagar él mismo el espectáculo de Phichit a cambio de toda aquella valiosa información.

-No sé, sorpréndelo…- dijo Phichit guiñándole un ojo- ¿Si te doy un plan de acción completo, me darás también el número de Chris? Estoy pensando seriamente en invitarlo a mi show…

-¿Chris no te ha dado su número?- dijo Victor realmente sorprendido- ¡Pero si él y tú han estado saliendo prácticamente a diario mientras Yuri y yo entrenamos!

-Sí, bueno, es que no he creído necesario pedírselo, ya sabes, prácticamente puedo hablar con él cuando quiera estando aquí, pero ahora que yo volveré a Tailandia y él a Suiza…

-¿Te gusta Chris?- dijo Victor reprimiendo una sonrisa.

-¡Qué entrometido eres, Nikiforov!- dijo Phichit con una sonrisa traviesa-. Ahora que vas a robarme al amor de mi vida debo revisar mis opciones ¿No crees? Aunque dudo que alguna vez pueda encontrar a alguien que pueda ser como Yuri, Yuri es…

-Hermoso…- dijo Victor sin poder evitarlo-. Tú de verdad lo amas…

-Y espero que por tu propio bien tú también aprendas a amarlo- dijo Phichit con seriedad-. Mira Victor, Yuri ya esperó suficiente por ti y tú también, apuesto a que llevas esperando algo así toda tu vida y ahora que está a tu alcance, no lo dejes ir.

Victor había sonreído y por primera vez en tres semanas, que era el tiempo que Phichit se había quedado en Japón, el joven Chulanont se sintió tranquilo con la idea de dejar a Yuri al lado de aquel hombre que parecía sinceramente enamorado de su mejor amigo, quien, si Phichit era sincero, estaba sintiendo exactamente lo mismo que el ruso aquel aunque Yuri siempre había sido un poco más contenido con sus emociones.

Pero es que bastaba ver la sonrisa luminosa de los labios de Yuri que ahora parecía una parte de él desde la mañana, hasta la noche. Ni siquiera las largas horas de entrenamiento en el Ice Castle parecían poder quitarle aquella alegría, ésta solo parecía aumentar cada día y Phichit sabía que aquella felicidad nacía del hecho de que su mejor amigo había pasado un día entero de su vida con Victor Nikiforov una vez más.

Phichit los había visto entrenar varias veces y debía admitir que Victor tenía un poco de talento como entrenador. El ruso era capaz de perfeccionar fallas que parecían nimias en la técnica de Yuri quien, después de aquellas semanas con su nuevo entrenador, había corregido mil errores que ni siquiera Celestino le había dicho que tenía. Además, era más que obvio que Victor estaba preparando una coreografía soberbia para el programa corto de Yuri, bastaba ver el programa que el ruso había hecho y grabado ya para Yuri Plisetsky. La coreografía para el ex compañero de Victor era preciosa, y Phichit estaba seguro que lo que Victor tenía en mente para Yuri sobre pasaría cualquier expectativa.

Así que mientras Victor preparaba la que sin duda era la coreografía de la década, Yuri y su entrenador habían estado practicando todos los saltos que el ruso sabía hacer. Y aunque al japonés seguía costándole un mundo entero poder aterrizar algunos de ellos, era más que evidente que todas las preocupaciones acerca de que Yuri no podría adaptarse al ritmo de la competencia, carecían de fundamento: el joven Katsuki definitivamente estaba listo para volver con toda su fuerza al mundo del patinaje artístico.

Por eso, después de considerar todo eso, Phichit había llegado a la conclusión de que era hora de volver a Tailandia, él también necesitaba estar listo para las competencias a las que sería asignado en el Grand Prix y Celestino le había jurado que estaba dispuesto a ir a Japón para traerlo a rastras al entrenamiento, así que, sabiendo que ya había abusado demasiado de su buena suerte, Phichit había decidido volver a su país aquella misma tarde.

Era por eso que Phichit había decido disfrutar de su último día en Japón sin que nada, ni siquiera el recuerdo de su última platica con el príncipe del hielo le quitara las ganas de sentirse feliz. Después de todo, aquellos días vividos al lado de Yuri habían sido felices y él no se arrepentía de nada.

Porque en aquel momento, los dos estaban sentados en la entrada de Yutopia mientas una cálida lluvia de mayo caía sobre todo el pueblo. Phichit sonreía porque aquel era uno de los pocos momentos en los que su mejor amigo no estaba al lado del príncipe del hielo quien, había recibido una llamada importante de la agencia de envíos del aeropuerto y él y su amigo el suizo habían ido a recoger un paquete enviado de urgencia desde Rusia.

El joven Tailandés podía imaginar el contenido de aquel paquete pero se guardó de decirlo en voz alta, no quería arruinar la sorpresa para Yuri quien, sin notarlo, miraba la lluvia con aire melancólico seguramente extrañando a su entrenador del que no se había separado todos aquellos días.

-Victor me pidió que yo produjera mi programa libre- dijo el joven Katsuki de repente, sacando a Phichit de sus cavilaciones.

-Me parece una idea excelente - dijo Phichit con calma- es una nueva experiencia para ti ya que siempre dejaste que Celestino eligiera la música de tu programa.

- ¿Crees que de verdad pueda hacerlo? - dijo Yuri con aquel usual tono de duda en su voz-. Ni siquiera he visto la coreografía que Victor tiene pensada para el programa corto.

-Claro que puedes hacerlo, Yuri - dijo Phichit con paciencia - si Victor no creyera en ti, creo que no te habría pedido que intervinieras en tus rutinas. Además, ahora tienes años de experiencia creando programas para tus pequeños estudiantes ¿No es eso una ventaja? Sé que harás algo digno de ti…

-Tengo miedo, pero esta vez no es por mí solamente. Creo que lo que pasa es que no quiero decepcionar a Victor si lo hago mal - dijo Yuri con voz queda, sus ojos marrones perdidos en la lluvia una vez más-. Él siempre hace tanto por mí. No quiero hacer una mala elección, no quiero que…

-¿Qué cosa Yuri?

-No quiero que se vaya Phichit - dijo el pelinegro con verdadera tristeza- sé que es estúpido sentir algo así, pero no quiero que se vaya, no tan pronto.

Phichit sonrió con algo de tristeza pero no dijo nada. Él sabía que el miedo de perder a Victor era algo que siempre estaría presente en su mejor amigo. Sin duda alguna, Yuri todavía necesitaba que Victor le demostrará que no iba a irse y el tailandés sabía que eso haría el hombre de los ojos azules. Yuri no tenía nada que temer.

-Phichit… ayer pasó algo extraño…- dijo Yuri con las mejillas sonrojadas y el joven Chulanont supo que aquel tema del programa libre de su amigo había sido solo una forma de traer a colación el verdadero tema del que quería hablar.

-¿Qué cosa?

Yuri suspiró antes de contestar. Lo que había pasado el día anterior con su entrenador seguía dando vueltas en su cabeza de modo insistente y él no sabía cómo sentirse al respecto. Era cierto que su preocupación estribaba en el hecho de que en realidad no se sentía capaz de producir el programa libre, pero había algo más. Algo que él había prometido evitar pero que a final de cuentas simplemente había sucedido y seguiría sucediendo si él no hacía algo para ponerle un alto a todos aquellos sentimientos inútiles que bullían en su interior.

-Ayer logré hacer un triple Axel perfecto - dijo el joven Katsuki no sin cierto orgullo en su voz.

-Bueno, eso no es tan grave, todos saben que es tu salto favorito…- dijo Phichit con alegría.

-Lo sé… - dijo el japonés con las mejillas sonrojadas - creo que por eso me emocioné tanto y Victor también estaba feliz, muy feliz…

-Entiendo… ¿qué pasó entonces?- dijo el muchacho sabiendo que Yuri estaba tratando de llegar al punto del asunto a propósito.

-Lo abrace sin poder evitarlo… - dijo Yuri sin mirarlo a los ojos.

-Eso tampoco es raro, tú y tu entrenador son un caso perdido, los dos aman los abrazos.

-Es que no fue un abrazo común, no fue como los demás - dijo Yuri con la mirada perdida en un recuerdo - es que… cuando los dos dejamos de reír, cuando volví a mirar a Victor a los ojos él me pareció, él se veía tan… hermoso.

-Yuri, eso te ha parecido Victor tu vida entera- dijo Phichit tratando de mantener su expresión paciente.

-No, no entiendes… - dijo Yuri tratando de encontrar las palabras para describir lo que había sucedido con Victor pero es que sencillamente no las había, era como si el lenguaje estuviera burlándose de él.

Porque había algo en aquel momento que definitivamente no se parecía a nada de lo que Yuri hubiera experimentado antes. Porque al estar en los brazos de su entrenador, al estar ahí, cerca de él, su corazón parecía haberse detenido del todo y entonces Victor había sonreído y Yuri había sentido la imperiosa necesidad de tocar aquella sonrisa, de saber que aquellos labios que podían sonreír de aquel modo eran una realidad y no sólo parte de sus sueños.

-¿Has visto alguna vez algo tan completamente hermoso que tu única reacción es tocarlo para saber que es real? Como cuando alguien te enseña una fotografía de una flor muy rara y tú quieres tocar los pétalos aunque bien sabes que es solo papel… - dijo Yuri tratando de explicarse del mejor modo posible.

-Sí, creo que he sentido algo similar…-dijo Phichit mirando los ojos marrones de su mejor amigo.

-Ayer hice eso con los labios de Victor…- dijo el japonés muriéndose de vergüenza.

-¿Lo besaste?- dijo el tailandés realmente sorprendido. - ¡Yuri!

-No lo besé - dijo el joven Katsuki con aire avergonzado -. No hubiera sido capaz de hacer algo así pero Phichit, tenía que tocar sus labios, saber que eran reales, saber que sonreían por mí de verdad…

-Ok, te entiendo… - dijo Phichit con ganas de ponerse a brincar de la emoción. - ¿Qué hizo Victor?

-No dejó de sonreír - dijo el joven pelinegro -. Creo que él estaba contento de que yo lo tocara. Cuando hice eso, él solo me acerco más a él y entonces… creo, creo que él quería besarme también…

-¿También? - dijo Phichit con el alma en un hilo-. Déjame ver si lo entiendo… ¿Tú también querías besarlo?

-Phichit… desde el día en que bailamos juntos yo…- dijo Yuri tratando de decirle aquello a su mejor amigo porque de verdad necesitaba sacar aquella sensación de anhelo de su pecho-. He estado imaginando cómo sería eso, he soñado con besarlo y he tratado de evitarlo con todas mis fuerzas pero no puedo porque él está tan cerca de mí y es tan hermoso ¿Cómo puedo evitar desear hacer estas cosas? Él es mi entrenador, no es necesario que sea nada más porque él me mira ahora, me mira como si fuera valioso y no quiero perder eso simplemente porque no sé controlar lo que siento…

-¿Qué sientes, Yuri? - dijo Phichit asombrado por la cantidad de información que Yuri le estaba dando.

-Phichit… creo que de verdad tengo un crush con el entrenador- dijo Yuri sintiendo que aquellas palabras le costaban toda su energía-. Phichit… no sé qué hacer, Victor querrá irse si llega a saberlo ¿verdad? Te juro que trate de evitar esto a toda costa, pensé que podría hacerlo porque vamos, yo sentía mil cosas idiotas por él sin siquiera conocerlo pero aquello simplemente me pareció una locura y sin embargo ahora que lo conozco…

-Ahora él y todo lo que te hace sentir es demasiado real y demasiado posible también- dijo Phichit sabiamente.

-Sí… pero esto no tiene sentido- dijo Yuri con sincera desesperación en su voz-. Victor, él… no quiero que mis sentimientos me separen de él, no quiero perder mi sueño ahora que es real de nuevo pero Phichit si él sigue sonriendo así, creo que terminaré haciendo una locura.

-Hazla… - dijo Phichit con una sonrisa llena de ternura.

-¿Qué? - dijo Yuri abriendo los ojos por la sorpresa, ese sin duda no era el consejo que él había esperado recibir de su mejor amigo.

-Yuri, llega un momento en la vida de toda persona en la que uno debe volverse loco, loco de amor y de valor, absolutamente loco…

-Phichit…

-Yuri, solo voy a decirte un par de cosas ¿vale? - dijo el tailandés -. Número uno, no te preocupes por la música del programa libre, quería dártelo mañana pero compuse algo para ti mientras estaba solo en Detroit. Quiero que uses esa música, Yuri, esa música habla de ti y creo que tú y Victor van a producir algo hermoso con esa canción…

-¿Una canción para mí? - dijo el japonés conmovido hasta la raíz por el regalo de su amigo.

-Ya te lo he dicho antes Yuri, eres una inspiración para mí dentro y fuera del hielo. Te quiero con todo mi corazón ¿entiendes? Solo a ti podría regalarte mi música- dijo Phichit poniendo todo el cariño que sentía por Yuri en sus palabras.

Sin poder contenerse Yuri abrazó a su mejor amigo y Phichit dejó que aquel calor lo envolviera. En aquel instante la despedida se sentía más real que antes porque Yuri no sabía que con aquel abrazo, el joven Chulanont también estaba despidiéndose de él en otro nivel: en aquel preciso instante, Phichit estaba despidiéndose de la posibilidad de amar a Yuri toda la vida, de escribir una historia a su lado. Aquel era un adiós duro pero también necesario porque por encima de todo, Yuri era su mejor amigo y él quería que fuera feliz.

-Hey, no llores, Victor va a matarme si sabe que te hice llorar…- dijo Phichit al sentir humedad en su pecho.

-Phichit, no puedo aceptarlo, es demasiado, una de tus canciones… - dijo el japonés sintiéndose abrumado por el cariño y el agradecimiento que sentía en ese preciso instante por su mejor amigo.

-No es mía, tonto - dijo el chico acariciando la espalda de Yuri-. A partir de hoy es tuya ¿vale? Y claro que vas a aceptarlo, voy a obligarte, es más, le entregaré el disco donde la grabe a Victor, seguro que a él sí le haces caso, lo que me lleva al punto número dos… - agregó el joven sin soltar a su mejor amigo -. Yuri, mi muchacho, si algo raro vuelve a pasar entre tu entrenador y tú, no tengas miedo, no pienses, simplemente deja que las cosas pasen ¿OK?

-Pero Victor…

-Victor va a reaccionar, claro, pero debes descubrir cuál será esa reacción. Sé que te aterra decepcionarlo, pero sé que no lo harás, es más, apuesto dos a uno que seguramente te pedirá matrimonio…

-¿Y si quiere volver a Rusia?- dijo Yuri sin poder imaginar el dolor que aquello le causaría.

- Va a llevarte con él, supongo - dijo Phichit con , tú eres especial para Victor Nikiforov, eres el único que no se da cuenta de lo mucho que él quiere estar a tu lado…

-Como mi entrenador…

-No, es más que eso pero eso es algo que debes descubrir tú ¿OK? – dijo Phichit con una sonrisa luminosa que animó a Yuri-. Amigo mío, prométeme algo antes de que me vaya, ¿quieres?

-Lo que sea…

-Prométeme que vas a dejarte llevar y que cuando descubras que tengo razón, iras a Tailandia a visitarme y me contarás todo con detalles sucios incluidos..

-¿Detalles sucios?

-Yuri, solo haz esa promesa ¿Quieres? Promete eso y que patearas mi trasero y el trasero de todo mundo en el Grand Prix final.

-Lo prometo - dijo Yuri aunque lo de los detalles sucios seguía desconcertándolo-. Aunque tú también tienes permitido patear mi trasero sobre el hielo, ahora tú eres mi superior ¿No crees?

-¡Sobre mi cadáver! - dijo una voz conocida que hizo que la piel de Yuri se encendiera y que Phichit sonriera con ternura al ver la mirada alegre de Yuri al saber que su entrenador estaba ahí con él, de nuevo-. Para que puedas ganarle a mi Yuri, vas a tener que matarme ¡Y eso te incluye a ti también, Christophe!

Phichit y Chris pusieron los ojos en blanco al escuchar las palabras del príncipe del hielo, antes de compartir una sonrisa cómplice al observar a sus dos amigos quienes en aquel momento estaban mirándose de ese modo que parecía crear un mundo nuevo en el que nadie más parecía tener lugar.

-Phichit ¿Me acompañas a las aguas termales?- dijo Chris parándose al lado del joven Chulanont con el que había entablado una relación amistosa aquellas semanas-. Creo que no estoy de humor para soportar tanta azúcar y además… no puedo desperdiciar mis últimas horas contigo viendo a Vitya haciendo el ridículo.

Phichit río de las palabras del suizo que en aquellas semanas había pasado tanto tiempo con él y decidió seguirlo sin que Yuri y Victor se dieran cuenta totalmente de que sus dos amigos se alejaban de ellos porque, como cada vez que estaban juntos, nada que no fuera perderse en los ojos del otro, importaba de verdad…


Yuri miraba el cuerpo de su entrenador moviéndose sobre el hielo con la boca abierta.

Victor se movía sobre la blanca superficie helada con un dejo de sensualidad y coquetería que no debía ser legal. Las cuchillas doradas de los patines de su entrenador rasgaban la pista con una confianza que Yuri jamás había sentido. Los movimientos de aquella coreografía, su coreografía del programa corto para la temporada, eran sensualidad pura, eran atractivo sexual en su más pletórica expresión y el joven Katsuki no entendía cómo demonios Victor esperaba que él presentara una rutina como aquella.

La secuencia de pasos que su entrenador seguía llevando a cabo para él era sumamente complicada, aunque Yuri se sintió capaz de hacerlo, después de todo se había ganado un lugar en el Grand Prix Final debido a la limpieza y dificultad de sus componentes técnicos. Pero es que Yuri jamás había presentado algo así, aquella rutina a la que Victor había llamado "Eros" por obvias razones era totalmente opuesto a lo que Yuri había presentado, una mezcla legendaria de saltos complicados y secuencias de pasos que eran capaces de robarle el aliento a cualquiera.

Sí, sin duda alguna aquel era el tipo de programa sexy que alguien como Victor – quien era totalmente capaz de embarazar a un hombre con solo mirarlo a juicio de Yuri en aquel preciso instante- o Chris volverían inmortal porque los dos eran bombas de atractivo sexual masivo pero ¿Él? ¿El tímido e inexperto Yuri Katsuki atreviéndose a presentar algo así? El chico casi podía escuchar las risas de todo mundo a su alrededor.

Y sin embargo, los movimientos del cuerpo de Victor le traían a Yuri el recuerdo de sus propios movimientos en la sala de banquetes de Yutopia. Había algo en los saltos de Victor, algo en las piruetas bajas que su entrenador había puesto en el programa que le recordaba la cadencia de su cuerpo deslizándose por el tubo o la gracia de su andar al sentirse el ser más hermoso del universo bajo la atenta mirada de todos los clientes del club desnudista.

Oh demonios… ¿Era eso lo que Victor quería que el presentara? ¿Victor se había inspirado en aquel baile para crear aquella coreografía? Si era así ¿Qué significaba eso? ¿Que Victor pensaba que la única posibilidad que Yuri tenía para ganar en las competencias era volviendo a comportarse como aquel inalcanzable stripper que avivaba las fantasías de todo el mundo con su sensualidad?

Aquel pensamiento dolió un poco en el corazón del chico, porque aun después de aquellos dos meses sin bailar delante de nadie, aquella parte de su vida seguía causándole un poco de vergüenza porque él no se sentía de ningún modo como el galán de la historia que Victor le había contado para explicarle aquella coreografía, él no sentía que en su vida hubiera sido capaz de seducir a nadie, quizá jamás sería capaz de hacer algo así.

Él no era guapo como Victor, él no se sentía seguro de sí mismo como aquel ruso hermoso y lleno de talento que en aquel justo instante se había detenido en medio del hielo al mismo tiempo que la música embriagante y alegre que era parte de aquella coreografía. Yuri no pudo hacer otra cosa más que soltar el aire que había estado conteniendo durante toda aquella presentación que le había causado un calor inhumano aunque el clima de la pista de hielo era más bien frio.

Pero es que ahí estaba la sonrisa de Victor otra vez, aquella sonrisa que parecía anular todo el poder racional de su mente, esa sonrisa que le hacía desear poder ser otra cosa, poder ser por ejemplo, el galán que Victor quería que fuera y robar el corazón de un hombre como su entrenador, de ese hombre que deslizándose por el hielo se paró delante de él sin dejar que aquella maravillosa sonrisa se borrara de sus labios.

-Y bien Yuri ¿Qué opinas?- dijo el hombre de los ojos azules muriéndose de ganas por ver a Yuri preparando aquella rutina en la que se había concentrado de forma especial para sacarle provecho a las habilidades de su pupilo.

-Eso fue… mmm…- dijo Yuri tratando de ser sincero pero sin dañar a Victor, no después de todo el esfuerzo que aquella coreografía le había costado sin duda alguna-. Eso fue muy Eros…

-¿Qué significa eso, Yuri?- dijo el ruso sintiéndose un poco decepcionado por la reacción apagada de su pupilo.

-Victor…- dijo Yuri mirando el hielo-. Creo que… creo que esta no es una coreografía para mí ¿No lo ves? Solo alguien como tú podría hacerla. Esta es la historia de un hombre hermoso, de un hombre que sabe lo que quiere, que no teme ir por ello y yo no me siento así, yo… Victor…

El ruso tomó el rostro de Yuri por la barbilla, obligando al japonés a mirarlo a los ojos. Victor ya había temido una reacción así, pero el entrenador estaba totalmente seguro de que aquella coreografía haría que nadie en el púbico, ni siquiera los jueces de las competencias pudieran apartar los ojos de Yuri. Porque aquello era lo que Victor quería lograr, quería que todo el mundo mirara a su patinador, quería que todos se dieran cuenta de la maravilla que era poder ver a Yuri Katsuki en frente de ellos.

Sí, quizá el ruso estaba siendo un tanto imparcial, pero estaba seguro de que Yuri podría mostrarles a todos aquel atractivo inocente y endemoniadamente seductor que Victor había visto aquella noche, la noche en la que por fin sus ojos azules se habían posado en Yuri.

-Yuri Katsuki…- dijo Victor con calma, sin dejar de mirar a los ojos a su patinador-. Precisamente porque esta es la coreografía que solo un hombre hermoso y seguro de sí mismo haría, es que preparé esto para ti, porque eso es lo que eres tú ¿No lo ves? Mi premisa en toda mi carrera ha sido siempre sorprender a todo mundo y eso es lo que tú harás ahora. Nadie espera que brilles, si te soy sincero, creo que todo mundo está esperando que los dos fallemos pero no vamos a permitírselos ¿Verdad? Yuri, quiero que sorprendas a todo mundo, pero principalmente quiero que te sorprendas a ti mismo…

-¿Cómo?- dijo Yuri sintiendo aquella cercanía de Victor como una llama que se saldría de control de un momento a otro.

-Acepta el reto conmigo- dijo Victor sin dejar de sonreír-. Atrévete a patinar esta rutina, sal de tus límites. Esto no es algo que debas hacer solo, este es nuestro reto, de los dos. No estarás solo en el hielo Yuri, yo estaré contigo… ¿Qué dices? ¿Podemos hacer esto juntos? ¿Patinaremos Eros los dos?

Yuri intentó asentir pero no pudo. Él sabía que todo lo que había dicho Victor habría tenido que ayudarlo un poco a sentirse digno de una rutina así pero la verdad es que él no podía sacarse de la mente la idea de que Victor simplemente quería volver a ver al bailarín desnudista que era él mismo y que sin embargo Yuri odiaba, una vez más. Porque esa era la verdad, Yuri odiaba aquella parte de sí mismo, la odiaba y la envidiaba porque sin duda alguna quizá aquel bailarín era alguien de quien Victor jamás querría apartar la mirada.

-Si estás pensando que hago esto porque quiero que recuerdes al chico que bailó ante mí en Yutopia, estás totalmente equivocado- dijo Victor como si hubiera leído la mente del joven Katsuki-. Sé que eso no te hacía feliz y de ningún modo quiero que lo repitas si es algo que te causa dolor. Lo que sí quiero, Yuri, es que empieces a sentirte cómodo con tu cuerpo, con tu encanto, con el poder de seducir a las personas que tienes sin darte cuenta; tú posees todo eso y eso es lo que me inspiró a crear esta coreografía…

-Seducir…- susurró Yuri sintiendo que eso era precisamente lo que Victor estaba haciendo con él en aquel preciso momento.

-Ya lo hiciste conmigo, Yuri…- dijo Victor guiñándole un ojo y haciendo que sus mejillas se sonrojaran violentamente- ¿Por qué no seducir también al mundo entero? Pero si aún no te sientes seguro con todo lo que he dicho, espera, tengo algo para ti…

Victor rompió la cercanía con su pupilo de prisa y Yuri se quedó quieto, mirando la espalda de su entrenador mientras Victor salía de la pista de hielo y le indicaba a Yuri que lo siguiera. El muchacho lo siguió despacio, pensando todavía en las palabras de su entrenador. Seducción, seducir… ¿De verdad Yuri Katsuki había seducido a Victor Nikiforov?

Yuri sintió el inevitable sonrojo al pensar aquello, pero una sonrisa un tanto confiada apareció en sus labios: quizá él no era el galán de la historia de la coreografía, quizá él era la más bella criatura del pueblo al que el galán había llegado y quizá esta vez, el galán caería en su propio juego, quizá Yuri podría patinar aquello. Además, Victor había dicho que no lo dejaría solo, Victor estaría ahí para enseñarle todo lo que él no supiera y aquello estaba bien. Si Victor no se iba de su lado, quizá de verdad podría llevar a cabo aquella coreografía sin ponerse en ridículo delante de medio mundo.

El joven Katsuki salió del hielo para encontrarse con su entrenador en el vestidor del Ice Castle. El príncipe del hielo estaba de pie en medio de la habitación sosteniendo un paquete rectangular entre sus manos y la misma sonrisa que tenía Yuri al borde del infarto todos los días, brillando en sus labios.

-Esto acaba de llegar de Rusia hace una semana, quiero que lo tengas ahora, Yuri…- dijo Victor extendiendo el paquete hacia su pupilo quien no estaba acostumbrado a recibir regalos.

Yuri tomó el paquete de las manos de su entrenador y decidió sentarse en una de las bancas de la habitación, mientras Victor lo seguía y se sentaba a su lado. El joven Katsuki abrió el regalo con ademán sigiloso, nunca había sido muy afecto a las sorpresas pero aquello sin duda era algo que Victor quería que él tuviera así que no podía ser nada malo.

El corazón del pelinegro latía con fuerza dentro de su pecho mientras los ojos de su entrenador se prendaban de él, tratando de no perderse ni un solo instante de su reacción. Finalmente, el pequeño paquete se abrió y las manos de Yuri se hundieron en lo que sin duda era la suave tela flexible de un traje de patinador y Yuri sintió que su corazón se detenía por completo cuando el chico sacó la prenda oscura de la caja y se dio cuenta de que entre sus manos estaba ni más ni menos, que uno de los trajes que Victor había usado durante el campeonato mundial junior, el traje con el que Yuri lo había visto patinar por primera vez.

-Mi cabello era largo en aquel entonces ¿Lo recuerdas?- dijo Victor a media voz, la voz con la que alguien dice un secreto muy importante-. Yo quería resultar atractivo para las mujeres y los hombres por igual, por eso usé un traje tan sugerente y ahora, Yuri, creo que estás listo para usarlo y escribir una nueva historia con él ¿No crees?

Yuri se quedó en silencio observando el traje de Victor, aquel traje negro con apliques brillantes de pedrería que sin duda alguna estaba diseñado para causar impacto.

Después de contemplar el traje por un largo rato, los ojos marrones de Yuri se dirigieron también a Victor quien no parecía ser consciente de todo lo que aquel regalo significaba de verdad. Porque aquella era la forma en la que su entrenador estaría con él en el hielo, había una parte de la vida y del alma misma de Victor en sus manos, aquello no era solamente un traje. Y el joven Katsuki no sabía si podría portarlo con orgullo y sin embargo, el espíritu competitivo que todavía ardía en su pecho lo instaba a aceptar el reto que Victor estaba proponiéndole.

-Hay más…- dijo el entrenador ruso sin poder contener más la emoción, una emoción que había tenido que esconder una semana entera después de que el paquete había llegado y de que Phichit y Chris se fueran de Japón.

-¿Qué es?- dijo Yuri, bajando la vista hasta el paquete del que Victor acababa de sacar un nuevo y reluciente par de patines oscuros hechos con la misma navaja dorada que su entrenador solía usar, aunque esta vez, era la bandera de Japón y no la de Rusia la que engalanaba aquel otro regalo que hizo que los ojos de Yuri se llenaran de mil emociones distintas.

-Yuko me dijo que desde el Grand Prix Final en el que patinamos juntos, no has cambiado tus patines- dijo Victor con una sonrisa tranquila-. Por eso decidí que era tiempo de hacerlo, quiero que todo mundo sepa desde el momento en el que pises el hielo por primera vez, que tú y yo somos un equipo y que no vamos a conformarnos con menos que el oro. Hagamos esto juntos, Yuri, créeme yo confío en ti y no estaría dispuesto a vivir esto con nadie más, no con alguien que no seas tú…

"Juntos…" Yuri sabía que Victor estaba hablando de patinaje solamente y sin embargo, aquellas palabras que su entrenador había pronunciado, parecían decir algo más también o quizá era solamente que la mente de Yuri estaba esperando oír aquello como una excusa para que su locura, la locura que latía en su corazón, la locura que ardía en su alma con vehemencia en aquel preciso instante, saliera por fin de su pecho a causar un incendio.

Porque Victor no sabía todo lo que aquel regalo había desatado en su interior, porque Victor seguramente no se daba cuenta de que nadie había hecho algo así por Yuri y que por eso mismo, el pelinegro estaba tratando de encontrar las palabras precisas, las frases adecuadas para decirle a Victor que después de aquello, Yuri estaba dispuesto a tomar cualquier reto, que se sentía invencible, que sentía que nadie podría detenerlo jamás porque Victor estaba ahí, con él, mirándolo por fin, mirando al patinador sí, pero también viendo el fondo de su alma.

Y Victor sonreía, sonreía de ese modo que nublaba el miedo de Yuri, sonreía de esa forma irreal que invitaba a Yuri a olvidarse del mundo, a enloquecer, a perder en aquella sonrisa las dudas, los miedos, el eterno sentimiento de no sentirse suficiente.

Pero para Victor todo lo que él era, era más que suficiente ¿no era así? ¿Cómo poder responder a sus palabras? ¿Dónde estaban las palabras que él necesitaba en ese justo instante, existían de verdad? Y sin embargo Yuri sabía que en un momento como aquel no había lugar para las palabras, que saber dos idiomas no servía de nada en ese instante porque la respuesta que estaba buscando no estaba en el lenguaje, estaba en sus labios y sería imposible ponerla en voz alta.

Pero si la respuesta estaba en su boca…

Sin detenerse a pensarlo, sin dudarlo, dejando que su alma dirigiera su cuerpo por primera vez en su vida, Yuri dejó que el precioso traje de Victor cayera sobre sus piernas, mientras su boca se posaba de forma suave sobre los labios del príncipe del hielo quien siempre recordaría aquel instante como si se tratara de un temblor que lo había impactado al sentir la boca suave y cálida de Yuri sobre la suya.

Ninguno de los dos sabía qué estaba sucediendo, ni que aquel momento marcaría sus vidas para siempre, pero los dos sabían que era un error pensar algo, que lo que tenían que hacer era dejarse llevar. Así que Victor tomó el rostro de Yuri entre sus manos y empezó a mover sus labios, animando a Yuri a tomar aquel ritmo. El pelinegro no tenía ni la más remota idea de lo que estaba haciendo, sentía que su boca carecía de toda experiencia en el asunto de los besos, pero a Victor aquello no parecía importarle.

Yuri sentía que los dedos de su entrenador acariciaban sus mejillas, y aquellos labios expertos estaban guiándolo, enseñándole sin palabras todo lo que hasta ese momento no sabía todavía como que un beso podía decir todo sin necesidad de palabras, por ejemplo. Porque estaba besando a Victor Nikiforov, porque Victor Nikiforov estaba besándolo también.

Los ojos de Yuri que habían permanecido cerrados desde el primer momento en el que sus labios tocaran los de Victor, se abrieron lentamente y se quedaron quietos en la expresión de completa felicidad que invadía el rostro sonrojado de su entrenador. Victor estaba feliz, el pelinegro podía sentirlo y Yuri se permitió sentirse feliz también unos minutos más, solo unos minutos más hasta que la cordura llegara y él pudiera volver a la realidad que no incluía a los labios de Victor bailando la misma canción que los dos habían bailado aquella noche de abril sobre los suyos.

El beso se prolongó hasta que los dos sintieron la necesidad de volver a respirar una vez más. Victor sintió que la vida se le iba al separarse de la boca del japonés quien lo miraba ahora con vergüenza y los labios rojos que hicieron que Victor deseara poder besarlo de nuevo. Pero en aquellos ojos marrones había miedo también y Victor sintió que Yuri empezaba a separarse de él, como si quisiera huir de aquel instante que para el ruso, era simplemente el principio de un sueño del que no quería despertarse jamás.

-Hey, no te vayas…- susurró Victor sobre los labios de su patinador.

-Victor, lo siento yo…- dijo Yuri sintiendo que la cordura llegaba a él en el peor momento.

-Shhh, no lo sientas Yuri, mi Yuri…- dijo Victor mirándolo a los ojos con los suyos llenos de una felicidad radiante que el joven Katsuki no había visto jamás-. Si esto es algo que no querías hacer, entonces lo entiendo, pero quiero que sepas que he soñado con este momento por mucho tiempo y no me siento capaz de dejarte ir ahora, no podré Yuri…

-¿En serio?- dijo el joven Katsuki sin gana alguna de irse de ahí después de escuchar aquello.

-No sabes lo hermoso que eres ¿verdad?- dijo Victor tomando la mano de Yuri entre la suya antes de volver a acariciar el rostro del japonés-. No lo sabes y creo que esa es la razón por la que me enamoré de ti…

-Victor…- dijo Yuri sintiendo que su corazón explotaba dentro de su pecho.

-Dime que sientes lo mismo ¿sí?- dijo Victor con un susurro anhelante que elevó el pulso de Yuri a mil por hora-. Dime que me besaste porque sientes lo mismo que yo…

-Te besé porque no se me ocurrió algo más para sorprenderte del mismo modo en el que tú lo hiciste, del mismo modo en el que me has sorprendido toda la vida- dijo Yuri con sinceridad-. Y quizá también te haya besado porque eso he soñado hacer desde que tenía doce años…

-Entonces sigue sorprendiéndome- dijo Victor con una sonrisa que derritió a Yuri desde el corazón hasta la punta de sus dedos-. Yo quiero besarte desde hace menos tiempo pero, te prometo que me encargaré de compensar todos esos besos que no te he dado en los últimos once años de tu vida…

-Quédate conmigo y no te vayas…- dijo Yuri sin saber por qué.

-Yuri…

Victor susurró el nombre del pelinegro sobre los labios de éste antes de volver a besarlo y perderse en él, antes de volver a unir sus labios con los suyos en esa dulce canción que simplemente era el prefacio de una historia que aquel día había nacido para no conocer un final…


NDA: Capítulo inmensamente largo porque la ocasión lo ameritaba. Queridos todos, no diré más, ojalá lo hayan disfrutado. Ahora me iré a morir de amor, con permiso, no olviden morir de amor conmigo y decirme qué les pareció. Saludos y abrazos de Yuri y Victor para todos :D