Hola, queridos lectores. Muchas gracias por mantener este pequeño proyecto vivo, ya falta menos para que se concluya. ¡Agradecimientos a todos ustedes!
The days before the war
IX
Cada vez que el Teniente Hyuga cerraba los ojos, la misma escena aparecía en su cabeza. Todo su clan muerto, envenenado, y frente a él, su querido hermano mayor, ordenándole morir.
Entonces reaccionaba, con el pulso acelerado, la frente con sudor y el estómago revuelto. ¿Por qué su hermano…? Aunque un ápice de duda aparecía en su corazón, en el fondo, Akito sabía que ambos morirían cuando se enfrentaran.
Y por esa razón, prefería encerrarse en sí mismo, no crear lazos con nadie, porque no podría sostenerlos.
Frente a él, un poco a la distancia, vislumbró la cabellera dorada de su Comandante. Leila daba un paseo en el jardín, probablemente para despejar un poco su cabeza. Nadie lo decía abiertamente, pero todos sabían que la operación que planeaba, sería la última para la unidad Wyvern.
El Teniente entreabrió los labios al verla y otra imagen llegó a su mente. Había una pintura en la residencia del clan, una mujer rubia de expresión maternal, que siempre que la contemplaba, su corazón se tranquilizaba. No pudo evitar recordarla de pronto.
Leila lo observó descansando debajo de un árbol y una sonrisa amable se formó en su rostro. Akito sintió un vuelco en el pecho, una extraña calidez que lo invadía y a la vez, lo mareaba.
La Comandante tenía un rostro inocente.
—Como un ángel —murmuró.
