Capítulo 9
Se despertó de madrugada, de golpe, con la respiración entrecortada y todo su cuerpo bañado en sudor.
Solo la Luna y su séquito de estrellas junto con algunas farolas iluminaban aquella noche fría.
Se llevó una de sus manos hacia la frente y se la limpió con el dorso, intentando disimular los pequeños pinchazos que le causaba todo su cuerpo dolorido, a la vez que achicaba sus ojos para acostumbrarse a la oscuridad de la habitación.
Por un momento le pareció vivir un sueño y temió despertar y que toda la realidad le golpeara de golpe, pero se fijó en unas de las esquinas del cuarto y su corazón dio un vuelco.
No había sido ningún sueño, había sido madre. Al fin.
Se apoyó en el filo de la cama e hizo amago de levantarse, pero algo tiró de su mano haciéndole daño cuando se irguió. Miró hacia esa mano y vio que estaba conectada a una vía.
Alternó su vista de la pequeña aguja que perforaba la piel de su mano hacia la esquina donde se encontraba la cuna en la que descansaba su bebé. Pensó varios segundos si el hecho de quitarse lo que fuera que le estaban suministrando al final la perjudicaría, pero al instante desechó la idea, y llevó su mano libre hacia la otra para poder desconectarse.
-Yo que tú no haría eso.
Se quedó estática, sintiendo su presencia condenadamente pegada a su espalda, su aliento helado congelando su cuello.
Pero maldijo todo lo maldecible al reconocer su voz.
Y su mano tembló a apenas unos milímetros por encima de la otra.
-¿Có-como?
El hecho de que tuviera al escritor tan pegada a su cuerpo le dificultaba el poder girarse y encararle, lo único que pudo llegar a ver fue la sombra oscura de él por el rabillo del ojo.
-Es mejor que no alces la voz, no querrás despertar al pequeño, ¿verdad?
Su tono sonó frío y amenazante. Y tragó saliva, con dificultad, queriendo que las palabras salieran y que el miedo no la invadiera en ese preciso momento. Se sintió mal por sentir miedo de él, pero no podía evitarlo, estaba cansada, su cuerpo no le daba tregua y para completar la situación estaba sola, con él, con la puerta lo suficientemente lejos como para intentar algo.
-¿Qué-que haces aquí?, ¿Cómo te has escapado?- logró articular, pero su voz sonó alterada- ¿por qué?- se dijo así misma que suavizara su tono y aquella última pregunta la formuló casi en un susurro. Apenada. Dolida.
Richard suspiró.
Se levantó de la cama, el colchón subió unos centímetro más cuando lo hizo. Vio una silla al lado de la cama y se sentó en ella. Cruzó sus piernas y ambas manos, posicionando estas últimas debajo de la barbilla, sujetándola.
Kate escuchó sus pasos, y dejó de hacerlo cuando se sentó. Se dio la vuelta cuando el espacio vacío que dejó a su espalda desapareció.
-No podía soportarlo. No más.
Se levantó incómodo cuando sintió la mirada de ella sobre la de él.
Kate desvió su miranda de él para, instintivamente, fijarla en la cuna de la esquina, donde el escritor empezó a observar a su hijo, acariciándolo suavemente.
Otro suspiró por parte del escritor.
-Es precioso, ¿verdad?
Kate asintió, pero volvió a mirarlo, escrutándolo.
-No deberías estar aquí.
-¿No te alegras?
- ¿Por qué te escapaste?
Pero Richard fingió no oirla, o simplemente la ignoró y siguió acariciando a su bebé.
- No puedo dejar de mirarlo, tan pequeño, tan hermoso, tan... Indefenso.
Siguió con la mirada perdida en los ojos azules del bebé. Pero la detective no pudo quitarse de la cabeza las últimas palabras de Castle y el tono con que lo hizo.
- Rick...
Pero la ignoró de nuevo.
- He pensado que cuando salgas de aquí y estés completamente recuperada podríamos dar una vueltecita por el parque...
- Sería demasiado pronto para la niña, ¿No crees?- prefirió seguirle el rollo, no presionarlo, pero estuvo alerta también de todos sus movimientos.
- Niña...
Esta vez el escritor se giró y miró directamente a la detective, ésta le sostuvo la mirada y luego asintió.
- Johanna...
- Johanna - repitió la detective.
Silencio.
- Castle...
- Te echaba de menos- dijo, dándole la espalda.
Silencio de nuevo.
- ¿Por...por eso te fuiste de allí?- dijo trantando de medir sus palabras.
No le contestó, siguió hablando.
- No había noche en la que no te añorase, en la que no pensase qué estabas haciendo, si podías dormir por las noches sin mi, si el bebé te daba pataditas porque echaba de menos a su papi...
La niña empezó a moverse nerviosa en su cunita, Richard la cogió con delicadeza bajo la atenta mirada de la detective.
- Miles de preguntas sin respuestas. Hasta que él me propuso salir de allí y descubrirlo todo por mi mismo. Y acepté, por ti, por vosotras- dijo, volviendo con la niña que ahora lo miraba embelesada.
- Richard - lo llamó, el la miró, esperando- ¿Quién?, ¿Quien te ayudó a salir?.
Durante varios segundos él no contesto, su mente voló lejos...
"¿Se lo vas a decir?"
- ¿Por qué no?
"No te creerá y lo sabes"
- ¿Richard?
La miró.
Ella lo miraba confusa, con un atisbo de terror en sus avellanos ojos. Él susrraba como si hablara con alguien que no estaba allí.
Sintió un escalofrío por su espalda, y su cuerpo empezó a temblar, imaginando que la pesadilla en la que vivía volvía a empezar.
- Mi compañero de habitación...
Y su corazón se paralizó, solo unos segundos, pero suficiente para que todo se volviera negro a su alrededor.
Él seguía acariciando la carita del bebé, ajeno a la detective.
Le costó tranquilizarse, recuperar la respiración, tener las ideas claras y mediar lo mejor posible sus palabras.
Se sentía indefensa y en peligro y no le gustaba sentirse así, no con él y aquello hizo que la opresión en su pecho se agrandara...
Respiró hondo de nuevo.
- Rick...- esperó a que éste fejara de fijar la vista en su hija para hacerlo en ella- No...no tenías ningún compañero de habitación...
La miró durante unos segundos...
Y entonces ocurrió, su pesadilla hecha realidad.
Los ojos del escritor pasaron de azul a un negro oscuro, y su rostro se ensombreció.
"Venga díselo"
Sostuvo su mirada unos segundos más.
- Ya lo sé- dijo, con una sonrisa gélida.
Kate empezó a temblar, las lágrimas nublando su vista, fijamente clavada en su hija.
- ¿Por qué nunca viniste a verme?- dijo él una vez dejado al bebé de vuelta en la cuna y sentándose después.
Silencio. Tensión que se podía palpar con las manos.
- Lo intenté- dijo ella en un susurro, una lágrima deslizándose en la mejilla.
Se rió, se rió fuerte pero no demasiado alto, y aquello la asustó aún más.
- Lo intentaste... Lo intentaste...- su mirada fija en un punto inderteminado de la sala, casi ido.
Pero aquel estado solo duro pocos segundos.
Se levantó de golpe, furioso.
- ¡NO ME HAGAS REIR! ¡¿QUE LO INTENTASTE!? ¡Y UNA MIERDA!
Golpeó con ira la silla en la que estaba sentado, pero esperó varios minutos para poder de nuevo.
No lo habían oído.
- Rick...- Kate temblaba, su voz temblaba, las lágrimas ya caían libres por su cara- lo intenté...- dijo.
Él negó.
Ella respiró hondo, un gemido de dolor.
Él sonrió con algo de amargura.
- Te eché tanto de menos, esperándote, y nunca viniste. Me dejaste de querer.
Afirmación, no pregunta.
Recogió la silla y se sentó de nuevo en ella.
Fue ella la que negó esa vez.
- Eso no es cierto- reiteró- te quiero.
Y volvió a reirse fríamente.
- No quiero mentiras. Ya he tenido suficiente. Me has hecho micho daño Kate, y aún soy un ingenuo que sigue pensando que le quieres.
- Y es verdad...
- Basta - la interrumpió.
- TODOS ESTOS AÑOS CREYENDO MENTIRAS. CREYENDO QUE ME AMABAS. ESTANDO CON OTROS A MIS ESPALDAS. ¿CUÁNTOS FUERON KATE? ¿CUÁNTOS EN LOS ÚLTIMOS AÑOS?
Empezó a alzar la voz, el bebé empezó a llorar, fuerte.
Pero ella se dijo a sí misma que mantuviera la calma.
- Castle... No deberías habertr esca...
- ¡CONTÉSTAME!
- NINGUNO - chilló ella también, frustrada, asustada- ninguno...- susurró.
-NO ME MIENTAS MÁS- gritó a la vez que se acercaba a ella y le daba una bofetada.
- NO TE MIENTO- lloró, tembló.
- TE QUISE, TE QUISE CON TODO MI CORAZÓN, PERO NO TE IMPORTÓ.
Una bofetada más en la otra mejilla y luego la cogió del pescuezo.
La niña gritaba por todo el alboroto de la habitación.
Él apretaba más y más, sin escuchar, sin mirar, llenó de furia.
Jim aceleraba lo más rápido que podía, sin importarle las señales, sin importarle nada.
Martha llamaba al hospital, entre lágrimas y lágrimas.
La enfermera de al otro lado de la línea intentaba tranquilizarla.
- Señora tranquilícese y cuénteme qué le ocurre.
El doctor de guarda de aquella planta se acercó a ella, peguntándole.
- Ha llamado una mujer, llorando, perono se le entiende, estoy tratando de tranquilizarla- dijola rubia recepcionista.
El doctor cogió el teléfono.
- Soy el doctor...
Pero fue interrumpido, las puertas se abrieron, una pareja de adultos, agitados, corriendo hacia ellos.
- Por favor necesitamos su ayuda, mi hijo...
- ¿Es usted la que llamó?- le interrumpió la rubia.
- Si si pero...
- ¡Eh! ¡Oiga!
No tenía tiempo de explicarles nada, corrió camino a la habitación de su hija. Necesitaba saber que estaba bien.
Cinco minutos...
Cinco minutos en que sus manos no apretaba las suyas.
Cinco minutos en los que no sentía su aliento.
Cinco muinutos en los que no se movía, en los que dejó de forcejear por aire, para que le dejara vivir.
Cinco minutos en los que sus lágrimas ya no se derramaban por sus ojos.
Cinco minutos en los que esos ojos habían perdido brillo, vida.
La niña seguía llorando a pulmón vivo, al igual que él seguía apretando más y más y más el cuello de ella, llorando.
Sabía que ya no estaba, que no valía la pena seguir apretando porque ya no estaba, ya estaba muerta. Pero no pudo.
Empezaron a golpear la puerta.
La niña lloró aún más.
Aquello hizo que mirara hacia la puerta. Soltó el cuello de ella.
La miró, lloró.
Se dejó caer unos segundos al suelo, llorando como un niño, cogiendo la mano de ella, besándola, acariciándose el mismo con ella, pidiendo perdón.
Se levantó y la miró de nuevo, con los ojos llenos de lágrimas.
Ella, tumbada, sus ojos abiertos, sin vida, fijos en los de él.
No pudo soportarlo, se los cerró.
- ¡KATE!- escuchó.
"¿Qué vas a hacer ahira? ¡Mira lo que has hecho! Estan apunto de entrar... Haz algo. ¡Ya!"
Pero no le escuchaba, ya no.
La había matada, la había matado y no habia vuelta atrás.
Se acercó a la niña y la miró una ultima vez, llorando.
- Lo siento- dijo, susurrando, le besó la frente.
Se dirigió y abrió la ventana. El aire fresco de la noche le golpeó de lleno.
La puerta se abrió, por fin, con un gran estruendo.
Alguien gritó de horror.
Miró atrás.
Vio a su madre, horrorizada, con la vista fija en él, la apartó de ella.
Y vio a Jim, arrodillado al otro lado de la cama, cogiendo la mano de su hija, llamándola, aun sabiendo que ella ya no la escuchaba, no más.
Y todo pasó en un segundo.
- Lo siento- dijo el escritor.
Y se precipitó al vacío.
Martha gritó.
Jim lloraba.
La niña lloraba.
La enfermera salió corriendo a llamar a la policía.
El doctor agarró a la actriz cuando ésta se acercó demasiado a la ventana, viendo con horror cómo había acabado su hijo. Dejándose caer al suelo, superada.
Todo había acabado.
Ultimo capítulo, sintonla demora y las faltas, y subiré el epílogo lo antes posible.
GRACIAS POR LEER. ESPERO QUE OS HAYA GUSTADO
