¿Pero qué esperabais? ¡Es Draco! Y tal y como le he descrito, está acostumbrado a llevarse a la cama todo lo que se le antoja! Aun no se ha dado cuenta de lo que representan para él los sentimientos de Sylvain, pero siente una curiosidad muy intensa, además de atracción... hace años que no tiene que luchar por obtener a nadie y el reto es excitante para él. Todavía tiene que perder la actitud que su etapa de jugador famoso le ha procurado ( bastante en la linea Draco en la escuela, pero aumentada y potenciada)
Emerald en ingles es neutro, y podria usarse para chico también. Claro que Draco asume que es suyo... después de todo, le ha descubierto él, no? Draco ama los dragones, le fascinan, y ver uno tan de cerca, y además, tan sociable...le hace sentirse dueño de él. Draco es un tanto pretencioso... pero Emerald le ha demostrado que no es una vulgar lagartija crecidita,verdad?
PREPARANDO LAS CLASES…NOS BATIMOS EN DUELO
Sylvain no consiguió descansar, agitado por interminables pesadillas pero finalmente, la imagen de Draco murmurando su nombre se impuso, y se tranquilizó bajo las sabanas, aunque solo lo justo para descansar algo, en un sueño ligero y alterado.
Volver a encontrarle al mediodía siguiente, fue muy duro para el, y aunque Draco se mantuvo comedido y profesional aparentemente, Sylvain estaba tenso y nervioso. Podía oler la leve excitación, apenas un residuo, salpicando el aroma del otro. Sus labores les obligarían a estar mucho tiempo juntos y el moreno le mostró sus detalladas fichas para las clases de defensa y le enseñó la clase de duelo recién acondicionada.
Sorprendido gratamente - el moreno no era solo un cuerpo deseable y un rostro atractivo, tenía también una mente bien dispuesta - el joven alabó su esfuerzo y el trabajo realizado. Otra ventaja de un compañero competente. Y los elogios venían bien en esta fase, confiando al cauto Sylvain, cuyos nervios parecían estar a flor de piel, pese a los esfuerzos por disimularlo. A otro cualquiera, podría haberle engañado…a su privilegiado olfato no. Pese a todo, Draco estaba realmente interesado en las clases, la educación de las nuevas generaciones le parecía indispensable, el único modo de mantener la integridad de la sociedad mágica y se ofreció a completar las fichas para cultura comparada, y a repasar con él el temario de ambas asignaturas. Sylvain se relajó un tanto, tal vez creyendo haber desalentado a Draco con su actitud comedida y fría. Pero nada más lejos de la verdad. Draco había analizado cada gesto y detalle, cada cambio de aroma, cada respuesta a su voz, a los más ligeros y aparentemente casuales roces, a sus miradas. Y también estaba en posesión de unos cuantos cabellos, recolectados cuidadosamente, listos para ser analizados. Oh si, Draco tan solo estaba atando mejor los nudos de su red, cauto y precavido.
Al cabo de varios días de intenso trabajo conjunto, Draco propuso una pequeña prueba de duelo:
-¿Conoces las reglas del duelo formal, supongo?
Asintiendo levemente, el moreno agitó su cabello y los reflejos metálicos de sus mechones verdes centellearon a la luz que entraba por los ventanales. Con un gesto cortés, el rubio platino inclinó la cabeza y susurró:
-Batámonos pues, Sylvain.
El moreno le estudió en silencio por unos instantes, antes de asentir, cuadrando los imponentes hombros. Se separaron y sacaron las varitas, y se estudiaron por unos minutos, cada uno buscando posible fallos en la guardia del otro. Draco atacó primero, con una maldición punzante bastante potente, que Sylvain desvió con un escudo Protego estandar. Otras maldiciones fueron desviadas o esquivadas, el moreno era rápido y ágil, y no dudo en rodar por el suelo para ello, levantándose sorprendentemente resuelto, pero no acometió al rubio, limitándose a protegerse, para desconcierto de Draco, que arremetió una y otra vez contra él, sin lograr romper sus defensas.
Cuando Draco embistió con un Serpensortia doble, uno de sus favoritos, que hizo aparecer dos enormes serpientes de fauces amenazantes, el joven les echó un vistazo, impasible, e ignorándolas avanzó decidido hacia el rubio. Su propio ataque, una rara variación de una cuerda mágica, se deslizó entre las serpientes y aunque Draco uso un Diffindo e incluso un Reducto, la cuerda no se detuvo, cercando al rubio y acosándole. Para su sorpresa, sus serpientes se limitaron a sisear furiosas al moreno, pero no le agredieron, de modo que no crearon la distracción que el rubio buscaba para romper su guardia. Ahora era él el que tenía que ocuparse de la persistente cuerda mágica, repartiendo su atención y decidió lanzar un último ataque.
La maldición brotó de su varita sin una palabra y atravesó limpiamente el escudo de Sylvain, alcanzándole en el pecho. Y el moreno se tambaleó bajó su impacto, apretando los dientes, y una de sus rodillas se venció. Pero el joven aferró su varita y aun cuando su cara estaba contraída de dolor, lanzo su propia ofensiva desde el suelo. Un simple Desmaius sorprendió a Draco, obligándole a repeler el inesperado embate, perdida la concentración, y entonces la cuerda mágica le envolvió de pies a cabeza, colándose en el hueco de sus defensas.
El joven moreno se alzó, y se aproximó al rubio, que estaba indemne, pero atado como un ternero, los tobillos y las muñecas ligadas detrás de la espalda, obligándole a arquearse dolorosamente en una incomoda posición, mientras la cuerda restante rodeaba su garganta y le cubría la boca. Su varita había sido arrancada de sus dedos, y yacía en el suelo, y Sylvain la apartó con un diestro puntapié.
-¿Estás cómodo?
Los ojos estaba oscurecidos y la voz era algo irónica, así que Draco le fulminó con la mirada, ofendido, irritado y enojado pero incapaz de hablar. Un cojín apareció debajo de su cabeza y el moreno murmuró secamente, el rostro casi impasible, aunque tenso:
-Supongo que sí. Nos vemos luego, Malfoy.
Sylvain abandonó el salón de Duelos sin volver la vista atrás, y al poco rato, la cuerda desapareció, liberando a un mas que furioso Slytherin, que recobró iracundo su varita, indemne, pero profundamente dolido en su amor propio y en su orgullo. Se encaminó a sus habitaciones, después de deshacerse de las dos inútiles serpientes. Paseó arriba y abajo, rabioso y humillado, pateando los muebles de la estancia. Le habían vencido usando algo extremadamente simple, una cuerda mágica, pero que había resistido sus intentos de destrucción tenazmente.
Desde luego, el duelo no había salido como él esperaba. Suponía que podría derrotar al joven con mayor o menor facilidad, era un excelente duelista, pero su estilo y sus inesperados contra ataques le habían sorprendido. Incluso había tenido que recurrir a... Sylvain había soportado una Cruciatus sin exhalar una queja. Detuvo sus pasos súbitamente cuando fue consciente finalmente de lo que había hecho. Había usado una imperdonable, solo por su maldito orgullo. Acababa de darle la ventaja al otro, estúpida e inconscientemente, sin obtener nada a cambio. Se llevó las manos a la cara, gruñendo, irritado consigo mismo. Un día de estos, esos impulsos le iban a costar caros, muy caros… No solo acababa seguramente de arruinar cualquier posibilidad con el joven, es que dudaba que este quisiera siquiera trabajar con él. Si Sylvain lo deseaba, podía incluso denunciarle. Tenía que encontrar la manera de volver a ganar la delantera, de sacar partido de la situación…
Se sentó en su sillón favorito y meditó pausadamente, dejando a un lado sus emociones, analizando fríamente la situación. ¿Podía salvar aquello? Era posible. Si el otro le amaba, vacilaría a la hora de denunciarle y estaría más predispuesto a perdonarle…tal vez era el momento de jugar otras cartas…
Se duchó y se cambió de ropas, meditando aun, y lentamente, recorrió el castillo hasta llegar frente a la puerta de la clase de Defensa. Entró y se dirigió al despacho de Sylvain, esperando encontrarle, y cuando tocó su puerta, al cabo de un rato, el joven le abrió. Tenía el pelo húmedo, recién lavado, y pareció sorprenderse de verle, pero se hizo a un lado y le invitó a entrar con un gesto. Al menos no le había cerrado la puerta en las narices… Draco se sentó frente al escritorio y esperó a que el joven hiciera lo propio.
El silencio era tenso, al parecer ninguno de los dos deseaba ser el primero en hablar. Sylvain mantenía una expresión impasible, y sus ojos eran lo único que mostraban alguna clase de emoción, brillando intensamente, pero el Slytherin no fue capaz de dilucidar si era enfado, desilusión o cualquier otra cosa lo que destilaban. Los aromas del joven estaban demasiado mezclados. Finalmente, bajó un instante la mirada al suelo y musitó con aire avergonzado.
-Lo siento Sylvain. Lo siento de veras.
El moreno alzó una ceja claramente sorprendido y sus labios se relajaron un tanto. Draco parecía sincero, pero esto no era lo que él había esperado. Recordaba demasiado bien el orgullo del rubio, su altanería, y suponía que derrotarle le humillaría y que el joven perdería interés en él, o que tal vez se enfadaría, pero no había imaginado esto. No, Draco disculpándose no había entrado de ninguna manera en sus ecuaciones de posibilidades. Los Malfoy no piden perdón. Esa era una verdad inmutable, verdad?. La sorpresa de Sylvain era evidente, y el desconcierto también. Había vuelto a relajar la guardia, aunque tan solo fuese un poco. Eso era bueno, si su presa no estaba segura del terreno que pisaba…podía volver a equivocarse. Su silencio obligó al rubio a insistir, presionando un poco más en la dirección adecuada.
-No pretendía lastimarte. Pero no estoy acostumbrado…a perder. Y me dejé llevar...
-Usaste una maldición imperdonable Malfoy.
Musitó el moreno con tono neutro, sin ira, tan solo constatando un hecho. El rubio asintió en silencio, aferrando la varita hasta que sus nudillos se pusieron blancos. Y sus ojos grises relucieron al contemplar los profundos ojos verdes del joven, levemente teñidos de azul. Tal vez había malinterpretado la situación y su presa estaba deshaciéndose de su red…tal vez después de todo, si estaba dispuesto a denunciarle…
-¿Volverías a hacerlo otra vez?
Draco denegó suavemente, observando la curiosa expresión de Sylvain, que se distendió en una leve sonrisa, dejando ver apenas sus colmillos. El moreno le estudió y vio sus ojos grises y su rostro impasible, privado de expresión. Olía a nerviosismo, a preocupación…
-¿Y que quieres hacer ahora Draco? Dímelo por favor.
Su voz era apenas un susurró, un murmullo contenido, lleno de incertidumbre. Draco supo que de nuevo tenía el control, de nuevo otorgado por el moreno, y sintió acelerarse su corazón, ante la nueva victoria, por pequeña y sutil que esta fuese.
-Sigo queriendo lo mismo que antes. A ti, Sylvain.
El rubio habló en voz baja y suave, casi rogando, había decidido que era lo que mejor funcionaba, y el moreno volvió a sonreír y murmuró con ligero pesar:
-Te repito que no sabes lo que quieres, Draco. No sabes nada de mí.
El Slytherin se aproximó un poco más, inclinándose sobre el escritorio y exclamó con cierto ímpetu en la voz, los ojos brillantes, el rostro lleno de tensión.
-Entonces, ¡Déjame acercarme a ti Sylvain! Se que no estas listo para contarme mas, pero, ¿tal vez puedas salir conmigo este fin de semana?
El moreno le escrutó intensamente, estupefacto, y vio sinceridad en el rubio, que aguardaba su respuesta, ansioso.
-¿Cómo…amigos?
Preguntó el moreno con interés y ciertas dudas en los ojos.
- Está bien, como amigos Sylvain; de momento solo como amigos.
Concedió Draco fácilmente, sus ojos azul plateados llenos de promesas de futuro. Mantenía su posición, y había ganado una cita. Estaba satisfecho de momento. Aunque la terquedad del otro auguraba una caza larga y laboriosa. Una como hacia muchos años que no había ocupado su mente. Sylvain asintió, haciendo brotar una amplia sonrisa en el rostro del rubio, y el moreno la respondió igualmente, haciendo destacar sus blancos colmillos.
