Capítulo 9: "Llegaste Tú"

El sol se asomó en lo alto y ella caminó fuera de la cabaña. Miró a su alrededor y sonrió aliviada. Tomó aire y luego de eso estiró sus brazos. Que bien se sentía. Alzó su rostro al cielo dejando que el sol le diera de lleno en la cara. Estaba contenta, muy feliz. Rió como una niña pequeña giró sobre sí misma disfrutando del aire que llegaba a sus pulmones.
Hacía mucho que no sentía esa sensación en su pecho, de libertad, de tranquilidad, de felicidad. Estaba segura que todos aquellos sentimientos eran capaces de curar hasta el más profundo dolor, hasta la más angustiosa soledad.

Era increíble que se hubiera acostumbrado a esa vida que antes quería evitar, era imposible de creer que ahora quisiera pasar cada segundo de su vida en aquel mundo que antes prefería no existiera. Todo había cambiado tanto, ella había cambiado tanto. Cada cosa en su vida cobró color y sentido. Estaba segura que eso es para lo que ella estaba destinada desde el principio y por eso se sentía en su hogar cada vez que estaba en ese mundo. Irónico pensar que era capaz de dejar todo por permanecer ahí. Sonrió alegremente y volvió a tomar aire profundamente. Hinchó su pecho del olor de las flores y dejó que el viento cálido jugara con sus cabellos.

- Extrañaba esto, ¿sabes?- Dijo casi en un susurro que estaba segura él escucharía.

- ¿Cómo sabías que estaba aquí?- Preguntó él mientras que se acercaba a ella.

Kagome lo miró y simplemente le sonrió con dulzura. Siempre sabía cuando él estaba cerca, podía sentir cada fibra de sus ser enloquecer y hasta podía sentir el perfume del hanyou muy cerca. Ya se había acostumbrado a eso.

- Es bueno sentir el aire, el viento, el sol... me da mucha paz- Comentó ella en cambio.

Inuyasha la observó adolorido. ¿Cuánto habría sufrido en ese horrible mundo sola?. Se acercó a ella. Iba a abrazarla pero luego se detuvo. No supo porque, pero lo hizo. Solo se quedó de pie, mirándola, perdiéndose en lo que para él era una ilusión perfecta.

- Kagome... tú... -

- Todo estaba muy oscuro, ¿sabes?. Mi vida siempre era igual y... había... un vacío tan grande, tan... horrible. Era como estar en una pesadilla de la que quieres despertarte, pero no puedes, porque tu propia oscuridad te lleva aun más adentro- Contó.

- Yo... ojalá pudiera haber hecho algo para evitarte eso- Musitó él con dolor.

- En ese mundo en el que no estabas... no había motivaciones... no tenía sentido. Nada tiene sentido sin ti Inuyasha- Dijo ella.

Él solo se limitó a observarla. La chica le sonrió con alegría y luego de eso comenzó a caminar. El joven la siguió. Tenía un nudo en la garganta, un dolor intenso que no podía dejar salir. Ella... simplemente siempre le demostraba lo mucho que lo quería. ¿Y él?. Él era un cobarde que no podía mostrarle lo mucho que la amaba. Finalmente había comprendido que ella era mucho más importante que cualquier cosa en ese mundo. La observó caminar como si disfrutara de ese silencio que había entre ellos. Ella siempre atesorando cada segundo a su lado, fuera bueno o malo.

Eres todo lo que pedía,

Lo que mi alma vacía,

Quería sentir.

Eres lo que tanto esperaba,

Lo que en sueños buscaba,

Y que en ti descubrí.

Cerró sus ojos llevado por el impulso de tomarla por los hombros y besarla. Apretó los dientes con fuerza. No podía, simplemente no podía. Aquel dolor que sentía se vio reflejado en sus ojos dorados. No quería ocasionarle más sufrimiento, no podía hacerlo. Él la amaba y lo que menos quería en ese mundo era verla sufrir. Y estaba seguro que si no se controlaba, lograría destruir el corazón de su amada sacerdotisa, tarde o temprano.

Tú has llegado a encender,

Cada parte de mi alma,

Cada espacio de mi ser.

Ya no tengo corazón,

Ni ojos para nadie,

Solo para ti.

Sintió la opresión en su pecho. Estuvo dispuesto a dejarse vencer por ese sentimiento que lo llevaba a correr hasta ella. Pero luego, se recordó mentalmente una y otra vez, que los sentimientos de Kagome estaban primero. No podía ser egoísta. No podía. Tenía que resistir, luchar contra ese amor desmedido que ahora se abría paso en su ser como una espada traspasando su pecho.

Eres el amor de mi vida,

El destino lo sabia,

Y hoy te puso ante mí.

Y cada vez que miro al pasado,

Es que entiendo que a tu lado,

Siempre pertenecí.

De pronto ella se detuvo y él la miró sin comprender. Luego tragó saliva al ver en donde se encontraban. Observó el árbol frondoso que tapaba algunos, pero pocos, rayos de sol. El viento sopló levemente e Inuyasha pudo recibir el leve olor a madera que provenía del Gonshinboku. La joven lo sonrió y luego de eso se acercó a él abrazándolo por el cuello. El hanyou se quedó inmóvil, sin ser capaz de pensar claramente.

Tú has llegado a encender,

Cada parte de mi alma,

Cada espacio de mi ser.

Ya no tengo corazón,

Ni ojos para nadie,

Solo para ti.

Kagome se paró de puntas de pie y apoyó su frente en la de Inuyasha. Solo quería sentirlo cerca, quería sentir que él estaba ahí, que todo era real, que no estaba viviendo una ilusión. Que estaba en un mundo verdadero y que su amado hanyou estaba a su lado, que la estaba cuidando, como siempre lo había hecho. Suspiró y luego de eso acomodó un mechón del flequillo del chico que la observaba fijamente.

- Inuyasha... yo no puedo... vivir en un mundo sin ti- Musitó ella.

Él se dejó vencer y finalmente la rodeó por la cintura, atrayéndola más a su cuerpo, cubriéndola con su calor e intentando demostrarle que ella significaba todo en su vida, que era más que una simple compañía, que era todo en su vida. Valía más que su propia alma.

Solo para ti.

Solo para ti.

Solo para ti.

- ¿Tú crees que yo podría existir sin que tú estuvieras a mi lado?- Preguntó él con voz suave, dulce, cerrando sus ojos.

Kagome sonrió y lo abrazó con fuerza. No podía evitar aquel amor que sentía por Inuyasha, sabía que tal vez, todo esto era algo que simplemente luego se esfumaría. Pero iba a disfrutarlo mientras durara, no dejaría que aquellos sentimientos de inseguridad le impidieran amarlo, corresponderle con todo su ser. Por lo menos no ahora. Escondió su cabeza en el pecho del chico que la aferró con más fuerza.

- Te quiero... – Murmuró Kagome.

Esto es en verdad,

Lo puedo sentir.

Se que mi lugar,

Es junto a ti.

Él sonrió complacido ante esa declaración. Era la muestra más sincera de afecto que había recibido nunca. Jamás nadie le había dicho que lo quería. Es cierto, nadie se lo había dicho antes. Era irónico que la persona a la que siempre le causó dolor fuera la primera en decirle esa frase tan sencilla, pero tan compleja.

- Yo te amo- Respondió él con la voz muy suave.

Eres todo lo que pedía,

Lo que no conocía,

Y que en ti descubrí.


Regresaron juntos a la aldea, riendo. Había tanta paz. Había tantas cosas que podían decirse sin siquiera hablar. Eso era lo maravilloso de ellos. Aún a pesar de no decir nada, sabían lo que el otro pensaba, podían actuar de forma coordinada sin hablarlo antes. Estaba unidos, definitivamente había algo en ellos que los ayudaba a estar siempre a la misma altura, al mismo pensamiento, al mismo sentimiento.

El nivel de confianza que se tenían era inexplicable. Sabían que podían contar con el otro, que podían hablar de lo que fuera. Porque simplemente se entenderían. Tal vez es por eso que se sentía solo cuando ella no estaba. Kagome era su confidente, era la guardiana de sus secretos.
Kagome lo miró y se detuvo frente a él sonriéndole, como siempre. Inuyasha la observó sin comprender y luego de eso pestañeó esperando lo que ella iba a decirle. La joven miko se acercó a su oreja con cuidado.

- TÚ eres mi protector, mi amigo, mi compañero. Mi razón de vida y de alegría. TÚ eres todo aquello que siempre soñé y también todo aquello que jamás imaginé- Le susurró.

Dicho esto se dio la media vuelta y siguió caminando rápidamente, escondiendo una risita al notar el sonrojo del hanyou que había dejado atrás. Le encantaba verlo sonrojarse, lo hacía verse tan inocente, tan vulnerable a sus sentimientos, tan adorable.

- ¡Kagome-chan!-

- Sango-chan- Saludó ella acercándose a su amiga que la esperaba.

- Al principio me preocupé al no verte, pero después me di cuenta que Inuyasha tampoco estaba, así que supuse que estarías con él- Comentó guiñándole un ojo.

- Ay amiga, creo que Miroku-sama te está haciendo mal- Rió la joven.

- ¿Acaso hablan de mí hermosas jovencitas?- Preguntó el monje acercándose a amabas jóvenes.

- ¡Houshi-sama! ¡¡Quite su mano de ahí!!-

Kagome movió la cabeza a ambos lados al ver el cachetazo que el monje había recibido por parte de la exterminadora. Vaya que esos dos nunca iban a cambiar, más bien... Miroku jamás cambiaría.

- Ya dejen de pelear... es hora de irnos-

- ¿Irnos?... ¿a dónde Inuyasha?- Dijo Kagome sin comprender.

- Pues... debemos continuar nuestra búsqueda, ¿o piensas quedarte aquí para siempre?-

- ¿A qué viene ese tono irónico?- Contrarrestó molesta la chica.

- ¡Keh! ¡Deja de quejarte y apúrate! Ya hemos perdido mucho tiempo... -

- ¡Lamento haber retrasado tu misión!- Contestó la chica enojada.

- ¡Yo no quise decir eso! ¿Por qué siempre malinterpretas lo que digo?-

- ¿Por qué simplemente no aprendes a hablar bien?-

- ¿Y tú por qué no dejas de ser siempre tan gritona y apresurada?-

- ¿Gritona y apresurada?... ¿y tú? ¡Eres un grosero, impulsivo y boca floja!-

- ¿Cómo me llamaste?-

- ¡Cómo escuchaste!-

- Eres una... -

- ¡Osuwari!-

Sango y Miroku se tomaron la cabeza. Era obvio que esos dos se traían algo. A ninguno le cabía duda de que ellos estaban más unidos después de lo que sucedió, pero aún así, aquellas peleas jamás se terminarían. Era irremediable. Sango se acercó a su amiga y la tomó por el hombro.

- Kagome-chan... será mejor que te prepares-

- Tienes razón- Respondió ella sonriéndole.

- ¡Ah! ¡A ella si la escuchas y le sonríes! ¡Eres una traidora!- Se quejó el chico en el suelo.

- Osuwari... -

Kagome se adentró en la cabaña seguida de Sango. Miroku se quedó mirando a Inuyasha, mientras que Shippou lo tocaba con un palito. El pelirrojo alzó la mirada hacia el monje que lo miró sorprendido.

- Yo creo que ya se murió- Dijo.

- No, yo creo que hasta que eso pase... habrá muchos otros osuwaris- Respondió riendo.

- Maldita Kagome- Gruñó el hanyou levantando apenas el rostro del suelo.


Se detuvo dudosa. Tenía miedo. Sí, debía admitir que tenía miedo. Pero... debía hacerlo. Después de todo, ya hacía muchos días que no sabían nada. Suspiró y apoyó una mano en el borde de madera. Estuvo a punto de saltar, pero de pronto negó con la cabeza. No quería, estaba aterrada y no sabía el motivo, pero estaba segura que no era nada bueno.

Tembló y se alejó unos pasos sin dejar de mirar el pozo. Que patética era. Tragó con dolor y algo asustada, sintiendo que todo a su alrededor le daba vueltas de puro nervios. Tomó aire para intentar darse fuerzas, pero sabía que no le daría resultado.

- ¿No vas a volver?-

La voz masculina la hizo salir de sus pensamientos. Ladeó el rostro y luego volvió a fijar sus ojos castaños el en pozo que tenía a tan solo unos pasos. El joven se acercó a ella y se paró a su lado. La miró de reojo y pudo percibir aquel sentimiento de miedo que ella tenía. Estaba asustada aunque no comprendía el motivo.

- Es que... debemos continuar nuestra búsqueda, tú lo dijiste-

- Sí, pero es lógico que quieras volver... esperar unos días más no nos hará daño- Comentó el hanyou mientras que desviaba la vista.

Kagome se detuvo ante esas palabras. Ahora no tenía excusas para no irse. Llevó una mano a su rostro, ¿cómo podía ser posible que estuviera sintiendo eso?. ¿Cómo era posible que no quisiera regresar a su hogar, con su familia, sus amigos?.

- Es que yo... -

- Kagome, ¿qué sucede?- Preguntó confundido ante la inseguridad de la chica.

- Algo... algo me dice que no debo regresar- Musitó.

- ¿Algo?, ¿de qué estás hablando?-

- No... No lo sé. Es solo que... siento algo en mi pecho, que... no me deja ir. Como si estuviera haciendo algo incorrecto-

Inuyasha torció la boca y luego de eso comprendió. Todo lo que le había sucedido bajo el efecto de ese hechizo, fue en su mundo, con su familia, con sus amigos, sus cosas, su vida de chica normal. Tal vez, le asustaba encontrarse nuevamente en un mundo así. La miró con ternura y luego de eso tomó el rostro de la chica entre sus manos, haciendo que ella levantara su cara y quedara con la vista clavada en sus ojos dorados.

- Oye, nada malo sucederá... además... ya nada puede lastimarte, estoy contigo, ¿recuerdas?. Yo siempre te voy a proteger, cueste lo que cueste- Dijo con la voz suave y dulce.

Kagome se perdió en sus ojos similares a dos llamas de fuego. Estaba hablando con la verdad, aquel color simple, puro, transparente, le demostraba que él no estaba mintiéndole. Sonrió un poco y luego de eso cerró sus ojos y asintió suavemente sin liberarse de las manos de Inuyasha que seguían sosteniendo su rostro.

- Lo sé, si tú estás a mi lado, no hay nada a lo que deba temer- Aseguró.

- ¿Quieres que vaya contigo?-

- Eso sería... un alivio para mí- Contestó ella casi en un susurro.

Inuyasha sonrió y besó la frente de la chica. La acompañaría, claro que lo haría. No iba a dejarla sola ni un solo instante. Lo había jurado y estaba dispuesto a cumplirlo, porque además, la amaba. Kagome lo miró y tomó su mano, sonriéndole. El hanyou le devolvió una sonrisa un tanto más tosca, ya que no era costumbre en él sonreír demasiado. Su alma ahora estaba tranquila, en paz. Si él estaba a su lado, nada podría salir mal, porque Inuyasha siempre se encargaba de cuidarla, se aseguraba de que todo lo que la rodeaba fuera perfecto. Ese era su Inuyasha, su protector, su amigo, su único y verdadero amor.


Las estrellas brillaban en lo alto del cielo acompañados de una noche sin luna. Se tiró en su cama y soltó un largo suspiro, aliviada. Luego fijó su vista en el techo, perdiéndose en sus pensamientos. En un mar de sensaciones que ya eran costumbre en su ser. De pronto la leve respiración del chico la hizo voltearse a verlo. Sonrió un poco cuando lo vio dormido. Era increíble la paz que él podía transmitirse con el solo sonido de su respiración. Se acercó a lentamente y peinó su flequillo. Sus cabellos negros como la noche caían desordenados y sus ojos, ahora oscuros, estaban cerrados. Llevó una mano al rostro del chico y lo acarició suavemente, sonrojándose por lo que estaba haciendo. Al instante retiró la mano avergonzada. ¿Desde cuando tenía esa confianza con él?. ¿Desde cuándo le daba esas muestras de afecto tan propias de una... pareja?. Se turbó ante esa palabra. Una pareja. Ellos... no eran exactamente eso, pero... se habían besado, ¿no?. Eso tenía que significar algo. Lo miró dormir embelesada por la belleza del chico. Nuevamente aquel sonrojo cubrió sus mejillas, esta vez de forma más intensa.

Ya era muy tarde. Finalmente se había decido a ir a su época junto con Inuyasha y pasar ahí, unos días solamente. Él había dicho que necesitaba relajarse un poco, que quería que lo hiciera. Y eso es lo que había hecho. No le contó nada a su familia acerca de lo que había sucedido, solo les dijo que estuvo un poco enferma, pero que no fue nada grave. Después de una buena cena y un largo baño, finalmente decidió ir a dormir, pero ahora, ese plan se veía frustrado ante la presencia del hanyou en su alcoba. Su corazón latía con violencia desmedida y casi podría decir que se saldría de su pecho en cualquier momento. Bajó la mirada y llevó una mano a su pecho intentando calmarlo, pero no daba resultado.

- ¿No vas a dormir?-

Su voz la sobresaltó. No lo esperaba. Lo miró confundida y él la observó fijamente, intentando parecer calmado, aunque precisamente, eso era lo que menos sentía en esos momentos. La calma era algo que se había perdido hace mucho, desde que la conoció a ella. Cada segundo a su lado, era un reto.

- No estoy... cansada. ¿Por qué no duermes tú?- Preguntó ella mostrándole su cama dispuesta a cedérsela.

- ¿Bromeas?... si te quedas despierta... también yo lo haré- Sentenció.

- Pero... no es justo que no descanses por mi culpa- Se quejó ella.

- ¿Hasta cuándo seguirás reprochando... todo lo que hago?- La voz de Inuyasha se fue apagando hasta quedar casi en un susurro inaudible.

- ¿Inuyasha?-

La chica se acercó y de pronto sintió la mano del chico que tomaba su muñeca con fuerza y la atraía hacia él. La rodeó con sus brazos, aferrándola a su pecho. Apoyó su cabeza en el hombro de la chica y luego de eso suspiró muy cerca de su oído. El cuerpo de la joven se estremeció al sentir el contacto del aliento cálido de él con su piel.

- No sabes... cuanto te necesito a mi lado-

- Acaso... ¿estás delirando?-

- ¿Delirando?... eso es poco decir-

Kagome se separó apenas para quedar frente a frente con el chico y poder mirarlo a los ojos. Él la miró esbozando una pequeña sonrisa a la cual ella solo respondió con una mirada casi ausente, triste. Sentía que todo lo que sucedía era un simple producto de su loco corazón enamorado y sino, quería aclarar las cosas, saber que sucedía entre ellos.

- Inuyasha yo... -

- ¿Qué?- Preguntó.

- No comprendo... nada de lo que sucede entre nosotros- Confesó.

Él la miró sin saber que responder. Lo más irónico de todo, es que ni él mismo sabía que sucedía entre ellos. Dio un suspiro y luego de eso afirmó su frente a la de ella que siguió observándolo, expectante.

- ¿No te conforma con vivir el momento?- Inquirió un poco perturbado.

- No. Yo... necesito saber-

- Kagome es que... yo... -

- ¿Tú...?-

- Hay algo en mí... yo siento que... yo te amo. Eso no puedo negarlo- Dijo mirándola fijamente- pero... necesito aclarar mi mente, terminar con todos esos asuntos pendientes que tengo... tú sabes... de que hablo-

- ¿Naraku?-

- Y Kikyo-

- ¿Kikyo?- Repitió la joven sin comprender.

- Kagome yo... quiero estar contigo, pero... debes comprender que ella... significó, aún significa algo... en mi vida... -

- Entiendo- Musitó ella sin poder evitar que aquel dejo de tristeza se oyera en su voz.

- Pero... ¡no debes ponerte triste!... yo te elegí a ti... -

- Inuyasha no... No se trata de elegir... es... – Se detuvo sin saber que decirle. ¿Qué era una tonta por haber creído que todo eso era verdad?. ¿Qué en esos momentos tenía deseos de llorar y gritarle que lo odiaba?.

- Dime-

- Yo no quiero que elijas, yo quiero que tú seas feliz... que encuentres tu destino, que tu corazón finalmente descanse... no quiero que... estés conmigo porque... ves imposible estar con Kikyo- Dijo adolorida.

Inuyasha bajó la vista. Eso jamás lo había pensado. ¿Estar con ella porque era imposible estar con Kikyo?. Claro, estar con ella significaría tener que seguirla al otro mundo. La observó con dolor sintiendo que nuevamente la estaba lastimando. La dejó y se levantó furioso consigo mismo.

- ¡¿Lo ves?! ¡No puedo hacerlo! ¡Es por eso que no puedo estar a tu lado!- Gritó con dolor- ¡siempre termino lastimándote, hiriendo tus sentimientos. De alguna forma u otro siempre sales herida por mi culpa!-

- Inuyasha... -

- ¡No merezco estar a tu lado! ¡No puedo mantenerte a salvo de nada! ¡Ni de mí mismo! ¡¡Maldición!!- Bramó frustrado dejando caer su cabeza contra la pared del cuarto.

- No tú no... – Kagome se acercó y lo abrazó por la espalda intentando tranquilizarlo, mitigar su sufrimiento. Enterró su cabeza en la amplia espalda del chico que respiraba agitado- tú eres el único capaz de curarme Inuyasha, eres el único capaz de hacerme sentir completa, feliz... Tú eres el único, solo tú... no hay nadie más-

- Perdóname, lo siento tanto-

Inuyasha se volteó para abrazarla con fuerza. La sostuvo así por unos minutos intentando encontrar la cura a su alma atormentada por aquella idea. No podía controlarse, no podía evitarlo. Se sentía tan vulnerable, tan tonto, tan inútil. Era simplemente algo que lo volvía loco. La amaba y no quería verla sufrir. Él jamás la había buscado, jamás había esperado encontrarla. Pero aún así el destino se empeñó en unirlos.

Yo solía pensar que sabía quien eras tú,

No sabía que dentro de ti yo iba encontrar la luz.

No sabia que existía un mundo así,

No sabía que podía ser tan feliz.

Y la vida pasaba de largo vacía sin emoción,

No había nada flotando en el aire abrazándome el corazón.

Y llegaste tú y el mundo me abrazo,

Y llegaste tú y el mundo se paró.

Tomó su rostro con ambas manos y se acercó a ella, uniendo sus labios con los de la chica que lo recibió sin resistencia. Soltó su cara para llevar ambas manos a su cuello para acercarla y ahondar el beso. Simplemente la amaba, no había otra explicación, no había otra forma de describir lo que sentía. Ahora comprendía lo que era amar. Ahora sabía que diferencia había entre su vida anterior y la de ahora.

Y llegaste tú y me sorprendió,

El poder que había en este amor.

Y llegaste tú una bendición,

Aún recuerdo el momento en que todo cambió.

Y llegaste tú y me sorprendió,

El poder que hay en este amor.

Y llegaste tú, una bendición,

Aún recuerdo cuando llegaste tú.

Kagome sentía la loca carrera que llevaba su corazón. Ahora estaba segura de los sentimientos de Inuyasha. Lo comprendía, entendía. La alegró saber que él quería estar con ella, que la amaba y que estaba dispuesto a compartir el resto de su vida a su lado. No podía creerlo, aún le resultaba imposible pensar que lo que siempre había soñado era una realidad. Era tan perfecto, que tan solo las muestras de amor que le daba Inuyasha le demostraban que no era un sueño o un simple invento de su corazón.

Hoy que estoy en tus brazos recuerdo mi soledad,

Y me río pensando en las veces que yo te dejé pasar.

Y llegaste tú y el mundo me abrazó,

Y llegaste tú y el mundo se paró.

Finalmente se separó de ella para afirmar su frente a la de la chica y suspirar enamorado. Era demasiado para su corazón, esos sentimientos eran tan intensos que a veces dudaba si podría resistirlos. La miró con ternura y luego sonrió ampliamente a lo que ella el respondió de la misma forma.

- No sabes... no te imaginas, cuanto significas en mi vida- Musitó él.

- Y tú no puedes ni imaginarte lo agradecida que estoy de que me lo digas- Contestó ella.

Y llegaste tú y me sorprendió,

El poder que había en este amor.

Y llegaste tú una bendición,

Aún recuerdo el momento en que todo cambió.

Y llegaste tú y me sorprendió,

El poder que hay en este amor.

Y llegaste tú, una bendición,

Aún recuerdo cuando llegaste tú.

Él sonrió nuevamente dejándose llevar por los sentimientos que su hermosa sacerdotisa le hacía sentir. La abrazó nuevamente. Era una necesidad casi interminable que tenía de mantenerla cerca, a su lado, entre sus brazos, para cuidarla. Era imposible de evitar, no podía. Kagome suspiró e Inuyasha se estremeció al sentirla.

Y llegaste tú y me sorprendió,

El poder que había en este amor.

Y llegaste tú una bendición,

Aún recuerdo el momento en que todo cambió.

Y llegaste tú y me sorprendió,

El poder que hay en este amor.

Y llegaste tú, una bendición.

- Te amo, jamás voy a dejarte- Dijo él.

- Tampoco yo- Afirmó ella.

- Desde que tú llegaste, no hay más que felicidad en mi vida- Confesó.

Kagome sonrió nuevamente y escondió el rostro en el pecho del chico que la abrazó con fuerza. Al cabo de unos minutos sintió la respiración acompasada de la chica, lo que indicaba que se había dormido. Sonrió y peinó sus cabellos con cuidado. Estaba tan agradecido, tan feliz, simplemente no había sentimiento que pudiera describir como se sentía. Era tan intenso, tan grande, tan fuerte, tan enloquecedor, que no había forma de explicarlo. Alzó sus ojos oscuros y miró por la ventana. Afuera, las estrellas seguían brillando.

Aún recuerdo cuando llegaste tú.

Continuará…


N/A: Actualizando nuevamente n.n espero que les haya gustado este capítulo :) Bueno, quiero comentarles que las dos canciones que puse se llaman: "Solo Para Ti" de Camila y "Llegaste Tú" de Sin Bandera. Me gustaron mucho y van de acuerdo a la ocasión creo yo :) juzguen ustedes jeje. Quiero desearles un hermoso FIN DE AÑO!!! :) y les cuento que este será el último capítulo que subiré. Ya que dentro de dos días me voy de vacaciones!! Así que estaré desconectada de todo lo que sea Internet! Pero prometo traer ideas frescas para la historia ;) También desearle un muy feliz cumpleaños a Virginia260, que los cumplió el 26 de Diciembre :) ojalá la hayas pasado genial!

En fin hermosas, me voy despidiendo de ustedes!! :( nos veremos a mi regreso! Estaré regresando el 16 de Enero más o menos, así que supongo que para el 20 ya habrá capítulo nuevo :) Bueno, les deseo lo mejor! FELIZ AÑO!!! y gracias! Por compartir un hermoso año conmigo, en verdad les estoy muy agradecida! No hubiera sido lo mismo sin ustedes!!! Un saludo enorme! LAS AMO!.

Mata ne n0n !

Kagome.