Pues bienvenidos a la segunda entrega del día de hoy. Que la disfruten.


Capítulo VIII.

Aeris y Tifa se han acoplado la una a la otra. Viven en esa mansión y parece que nunca falta nada, ya sean víveres, velas o cualquier otra cosa. Eso se debe a las ocasionales salidas nocturnas de la pelinegra. Aeris lentamente aprende a crear arte en vez de tocar sólo música. Se concentra cerrando los ojos para después sentir como cada nota resuena en su interior y no es como al cantar, cuando se siente la vibración de las notas en el paladar y a veces en el estómago, sino que puede sentirla fluyendo a través de sus venas hasta que llega a sus manos.

Ese sentimiento es mágico pues algunas veces se siente dentro de un círculo, se sienta al piano para formar música y al final la música termina siendo parte de sí. Tifa ha notado esos cambios a lo largo del mes que llevan juntas. Los errores han ido desapareciendo sin la presión de Elmyra aunque ocasionalmente aparecen sutiles equivocaciones ante las que la ojiverde sonríe a modo de disculpa. Aeris ya no sólo toca esa primera melodía sino que ha perfeccionado cerca de cinco canciones. Quizá no son demasiadas pero para la ojirubí son un gran avance en tan poco tiempo.

Por las noches ambas se dedican a hablar, ya sea de música o de sus vidas aunque esto último se centra únicamente en la joven de ojos verdes. A veces ríen y a veces el silencio confortable se establece entre ellas. Pero aún así Tifa sabe que la castaña extraña el aire fresco. Por supuesto que puede abrir los ventanales para dejar entrar la brisa marina pero no es lo mismo que caminar por la playa. Le llevó varias noches decidirse pero esta noche saldrán a dar un paseo.

Por primera vez en muchos años la morena se atreverá a salir y mostrar su rostro. Tal vez no haya nadie que pueda observar su rostro cubierto por la máscara y si lo hay quizá no le importe. Será la primera vez porque incluso cuando va por provisiones no sale del teatro. No es necesario puesto que el dueño siempre tiene lo que ella necesita y claro también lo que a veces desea. Tifa está sumamente nerviosa, como si fuera a hacer su aparición en una plaza pública.

Aeris se encuentra observando el atardecer desde ese maravilloso punto. Es más privilegiado de lo que parecía en un instante. Se puede observar un mundo pacífico desde ahí sin ser visto por nadie. Al tener uno de los grandes ventanales abierto se le ocurre una idea, relacionada con una de las primeras preguntas que se atrevió a formular.

-¡Lo tengo! – Aeris corre hasta donde se encuentra la pelinegra. - ¡Ya sé cómo metiste el piano a este lugar! – Tifa levanta una ceja intentando descifrar las palabras de la ojiverde. – Metiste el piano por una ventana. – La joven Gainsborough sonríe triunfante hasta que la morena comienza a reír incontrolablemente. Olvida por un segundo la preocupación de salir de su refugio. - ¿Qué sucede? – La castaña hace un pequeño puchero.

-Es sólo que yo no he metido el piano a ningún lugar. – Aeris recuerda entonces la respuesta que la morena le ofreció en el debido momento. – Creí habértelo dicho unas cinco veces anteriormente. – Vuelve a reír un poco ante el desconcierto de la castaña. – Parece que no me creerás hasta que me veas construir un piano frente a ti.

-Es que no puedo creerlo. Tú eres tan joven y creas música. Me resulta difícil creer que tus manos puedan trabajar la madera hasta crear algo como esto. – Eso último lo dice señalando el piano de cola tras de ella.

-Eso lo discutiremos después. – La pelinegra deja escapar una nueva risita antes de levantarse de la cama y tomar la mano de Aeris. – Vamos hay algo que quiero mostrarte. – Ambas caminan hasta llegar a la puerta que conduce a las escaleras y con ellas al intrincado laberinto que estas suponen para cualquiera a excepción de Tifa.

-¿A dónde vamos? – La ojirubí no contesta hasta que se han internado completamente en la oscuridad.

-Es una sorpresa. – Nuevamente la castaña no puede memorizar el camino y de no ser porque ese fantasma sujeta su mano con firmeza, se hubiese perdido a mitad del camino porque aún no puede acostumbrarse a la oscuridad.

-No sé como sentirme respecto a eso. – Lo dice en broma puesto que en ese instante no hay nadie en el universo en quién confíe más. Hace la broma para volver a escuchar la suave risa de la pelinegra y lo consigue.

Las escaleras pronto llegan a su fin convirtiéndose en un estrecho pasillo. Cruzan una puerta y Aeris se sorprende de no estar dentro del teatro sino en lo que parece ser una calle de los suburbios. Caminan en silencio por unos minutos hasta llegar a lo que parece ser un enorme parque. Es verano por lo que reluce en todo su esplendor.

-¿Dónde estamos? – La voz de Aeris se llena de sorpresa ante el maravilloso paisaje. Tifa sigue caminando para introducirla entre los grandes árboles cuyas copas parecen lejanas.

-Es un parque que descubrí algunos años atrás. El parque en sí no es demasiado grande, lo que vale la pena en ver lo que se esconde tras él. – La ojirubí sonríe de forma enigmática y sin decir ninguna palabra más sigue con la caminata. Ya que es verano el clima es agradable por lo que no es necesario llevar ningún tipo de ropa abrigadora.

-¿Cuántos son algunos años exactamente? – Tifa parece estar haciendo cuentas mientras su mirada se ensombrece.

-Aproximadamente…diez. – Esa última palabra es apenas un susurro pero Aeris ya se acostumbró a ellos por lo que no le cuesta demasiado escuchar. El parque termina abruptamente pero se encuentran ante un nuevo y aún más maravilloso paisaje. Algo parecido a un jardín botánico donde abundan las más bellas flores.

Mientras la joven Gainsborough explora y ríe entre los diversos jardines la pelinegra se queda en el centro de ellos. Fija la vista en una dirección, observa detenidamente un diminuto edificio consumido por el paso del tiempo cuyas ruinas apenas conseguían mantenerse en pie. Tifa tiembla ligeramente aunque no hay viento que pueda causar el temblor. La joven pianista no se percata de ese hecho así como tampoco se da cuenta de la sombra en la mirada rubí. Por un mínimo instante sus ojos se llenan de dolor, de tristeza y de un profundo miedo.

Después de ese instante de debilidad, Tifa se obliga a reaccionar. Por primera vez en la compañía de Aeris, finge una sonrisa y no es porque no disfrute de la compañía de la castaña sino que ese edificio parcialmente consumido por el fuego representa una gran parte de su pasado por lo que resulta difícil sobreponerse al dolor.

Respira profundamente intentando recuperar el control de su cuerpo y con él la calma que tenía en un principio. Centra toda su atención en la chica de ojos verdes que sigue inspeccionando las flores. Aeris le sonríe pero ella aún no puede corresponder el gesto aunque esta vez no tenga que ver con su pasado sino con el presente y el futuro.

Sabe lo que está sucediendo dentro de su cuerpo. Aeris se está convirtiendo en su propia música. Lentamente deja de flotar a su alrededor para empezar a introducirse en su alma. Grave error porque el resultado del sentimiento que empieza a nacer será catastrófico. Cuando ve los verdes orbes comprende que esa sensación sólo está naciendo de un lado. El lado equivocado porque ella jamás podrá ser amada. Aparta la mirada con dolor dejando que la joven pianista siga jugando con las flores por largo tiempo. Ya no le importa si las ven porque después de todo mañana serán fantasmas. Mañana nadie podrá encontrarlas, ni aunque muevan cielo mar y tierra para hallarlas.

Tifa tenía la solución a su problema. Así como podía poner una máscara sobre su rostro para cubrir el horrible secreto que en él se escondía, podía poner una máscara sobre su alma y corazón para evitar que ese sentimiento saliera a la luz. No podría evitar que creciera, porque lo hacía un poco a cada segundo, pero podía evitar que Aeris se diera cuenta. Si en algún momento su plan fallaba las consecuencias no sólo la afectarían a ella sino también a su bello ángel.

Aeris Gainsborough huiría de ella impidiendo que su aprendizaje terminara, tendría que volver a la casa de su madre donde sería recibida con brutales golpizas que quizá terminarían con su vida. Por encima de eso estaba la ruptura de una promesa, Tifa le había prometido que le ayudaría a cumplir su sueño y esa ilusión era convertirse en la estrella principal del séptimo cielo. Tifa Lockhart jamás había roto una promesa y no iba a empezar ahora.


Espero les haya gustado y que los capítulos valgan la pena para compensar un poco la espera.