Hola, bienvenidos de vuelta, siento no haber publicado ayer pero como saben era el día del padre y Salí con el mío a celebrar. Como lo prometí este capítulo tiene aún más picante que el anterior, ya saben las peticiones usuales, diviértanse, lean y comenten, aunque sea un pequeño comentario, nos vemos el próximo domingo o lunes a más tardar. Bye, bye.
Choque
En cuanto la presentación se terminó la joven corrió a todo lo que daba hasta su camerino, las monedas de su cinturón tintineaban ruidosamente con cada paso, pero gracias a la cantidad de ruido que provocaban los aplausos estas no se podían notar. Paso junto a los dos guardias que custodiaban los camerinos e ingreso en el suyo propio, se recargo en la puerta un segundo, solo para tomar un respiro en lo que su corazón dejaba de martillar en su pecho.
Una vez se calmó un poco se dejó caer en la silla frente al espejo principal, a pesar de que el martilleo de su pecho había disminuido noto gracias al reflejo que sus mejillas estaban sonrojadas, y su respiración era irregular y jadeante. El sonido de la puerta la hizo tensar la espalda un segundo, pero de inmediato el sonido de los zapatos de charol que usaba Koga seguido de sus típicos aplausos lentos pero halagadores la relajó, pero no aminoraron su sonrojo.
- otra actuación perfecta tesoro – sonrió el hombre peli negro sin dejar de aplaudir, ella frunció el ceño sin dejar de jadear suavemente.
- cuantas veces… tengo que… - gruño molesta, pero parecía que el oxígeno no deseaba permanecer más de medio segundo en sus pulmones así que el lugar de discutir intento respirar más lentamente.
- ya se, ya se "no soy tu tesoro" – la remedo Koga, la azabache le arrojo el cepillo a la cabeza, lamentablemente fallo por 6 cm.
- oye, oye, calma – sonrió mostrándole las palmas de las manos como si quisiera demostrarle que era inofensivo.
- no estoy de humor para tus bromas – gruño ella, mientras se secaba el sudor con una toalla especial, no quería que el maquillaje de los ojos le manchara el velo.
- ¡anda ya! si sabes que no hay nadie más divertido que yo – sonrió mas Koga, Kagome se tragó una palabrota.
- vamos no seas así, acabas de dar una de las mejores presentaciones de tu vida, no hay motivos que estés de mal humor – intento animarla pero ella volvió a verlo con mala cara, estaba molesta, pero no con él.
Koga no le había hecho nada para provocar su mal humor, esta vez, pero si supiera la causa del mismo no sabía de lo que sería capaz, ella tampoco estaba segura de nada. Suspiro y comenzó a quitarse los pasadores y las joyas adheribles del cabello, quería soltarse el velo cuanto antes pues comenzaba a empapar su rostro y a picarle.
- vamos, no entiendo porque estas así de enfadada - probo nuevamente, ella no le respondió, solo continuo quitándose los pasadores.
- ¿te has equivocado con los pasos? Porque te juro que nadie lo ha notado, jamás vacilaste – esa última frase la descompuso, pero claro que no había vacilado, ese era exactamente lo que la tenía tan molesta.
Flash back
Todo había comenzado como una noche de trabajo normal, iba a dar un espectáculo para el restaurante que manejaba su padrino, quizá una rutina en conjunto con su grupo y otro par más después de la cena, después iría casa a dormir a pierna suelta. Pero todo se había ido al traste por una sola cosa que podía definir en tres simples palabras. "ÉL estaba ahí" ¿Cómo demonios había acabado justo ese ahí? El restaurante de Ginosuke no era de esos carísimos y súper refinados que el frecuentaba, y además jamás le había hablado de su trabajo, no porque no lo intentara si no porque él nunca le puso atención.
Su primer instinto fue acabar el baile lo antes posible y desaparecer, pero otro vistazo después de un giro casi la hizo palidecer, Ginosuke siempre ponía flores en las mesas, pero cuando deseaba alguna atención especial colocaba una pequeña flor dorada en alguna parte del arreglo, demasiado pequeña para que los otros clientes la notara, y esa flor, esa florecilla traicionera estaba colocada en la mesa donde estaba él.
Bueno tampoco es como si tuviese nada que hacer, ella era mujer de palabra, comenzó a acercarse con pasos imperceptible, la audiencia no debía adivinar sus movimientos, era parte del encanto de su danza, ser poderosa e impredecible como el fuego pero a la vez delicada como un petalo de rosa acunado por la briza del verano. Solo un acercamiento sutil, un vistazo de cerca y se marcharía.
Pero cuando giro nuevamente y lo vio ahí, observándola con toda su atención su sangre hirvió en deleite, no la había reconocido, estaba segura, pero esa mirada, tan fogosa, asombrada, la admiraba como si fuese una obra de arte. En ese momento algo en ella se encendió, una chispa, una chispa de travesura, un poco de humor negro; agradecida por llevar puesto su velo comenzó a moverse con presunción, su instructora siempre le había dicho que para ser una verdadera bailarina debía sentirse bella y deseada, obsequian su pasión al público para calentarles el corazón, pero con esa mirada, el contacto de sus ojos castaños con la miel ardiente de él multiplico su orgullo femenino y su auto estima se disparó.
Comenzó a moverse con aun más encanto, más sexy, más incluso de lo que la danza era en sí; quería sentirse bella y verse fuerte para él, para ella, que ambos fueran envueltos por un velo de pasión secreta que fuera solo ella pudiese manejar, conforme se acercaba pudo ver su reacción, no paraba de mirarla, ni siquiera parpadeaba, todos sus sentidos estaban concentrados en ella, eso la complació, poder tener alguna especie de control sobre ese hombre indomable la complació toda vía más, se acercó más descaradamente, se sentía traviesa, quería jugar un poco con ese pequeño ratón que ahora estaba atrapado entre sus garras, esa noche ella era el gato e Inuyasha Taisho sería su ratoncito de juguete. Saco del bolsillo oculto de su cadera el velo de tonos de mar y comenzó a envolverlo alrededor de su cuerpo y a jugar con él, volviéndose más tentadora.
Se aproximó aún más siendo fiel al ritmo de la música, estaba casi al borde del escenario cuando lo escucho jadear, su mirada dorada la recorrió de punta a punta, ella sonrió bajo el velo, una sonrisa llena de arrogancia que gracias a los dioses el no percibió. Estiro su mano con lentitud, en una silenciosa invitación, iba a divertirse con esto. Los ojos de él no dejaban de recorrerla como si intentara cincelar cada curva de su cuerpo en su mente, bien él no era el único que podía con ese juego. Le recorrió con la mirada una y otra y otra vez, centímetro a centímetro, en ese instante ella era superior, ella era quien tenía todo el control y la suya sería la última palabra.
Se acercó un poco más y movió su mano más cerca del pero antes de llegar a tocarlo se alejó, repitió la acción una vez más con divorcio, retándolo a que intentara tocarla, que se atreviera a pescar su mano y rozar su piel con la suya. Su baile no se había detenido en ningún segundo, por lo que el resto del público fácilmente podría confundirlo con una simple pantomima, pero no Inuyasha, él jamás podría confundirlo, esto era algo personal entre los dos y ambos lo sabían perfectamente.
Cuando el intento alcanzarla lo esquivo ágilmente y lo empujo con un gesto burlón. Que ni creyera que la tocaría, no sin su autorización; él quiso protestar, claro que quería protestar, lo conocía bien, más que él a ella si éramos justos, y si algo tenia presente era que Inuyasha Taisho gustaba y se jactaba de siempre tener el control, pero no esta vez, ella mandaba y se aseguraría de que de una forma u otra el recordada como acabo en una situación como esa, vulnerable ante una mujer, búrlenle y desarmado sin poder volver a obtener el control.
Se inclinó todavía más sobre él, su travesura comenzaba a subir de tono, ya no era un simple juego, era algo más profundo y poderoso que eso; lo sabía, era consciente de ello pero no quiso detenerse, "esta es mi venganza" sentencio, siempre había sido ella la que deseaba algo y luego le era negado antes de poder disfrutarlo siquiera. Ahora era ella la que sería deseada y no sería obtenida, no volvería ceder ante nadie, esto no tenía solo que ver con Inuyasha Taisho, si no que con todos aquellos que la habían traicionado.
El aroma de la colonia masculina inundo sus fosas nasales, estaban tan cerca, podía sentir claramente su calor mezclándose con el de ella en una danza invisible y silenciosa, con su mano lo mantuvo quieto, cuando se aseguró que estaba más concentrado en ella y no en ararla a su regazo como antes había intentado. Entonces traslado su sinestro a su hombro mientras que su diestra le concedió un ligero premio, solo un toque de libélula sobre su mejilla, aunque quizá también fue un pequeño capricho para ella, no podía negarlo, aun sentía algo por ese hombre, pero no dejaría que eso aflorara, no valía la pena, ni el sentimiento, ni él como receptor del mismo.
Vio como la conciencia de su juguete se perdía entre la fantasía del momento, justo como ella quería, pero de pronto se volvió insuficiente, quería algo más. Sin vacilar doblo aún más su cuerpo sobre el del hombre joven lo suficiente como para que sus cuerpos estuvieran a punto de fundirse juntos, con su velo de ceda sujeto suavemente la nuca masculina y lo uso como palanca, no solo para acercarlo más, si no que para reafirmar su dominio sobre él. Vio como cerro los ojos, sabía lo que quería, y ella también lo deseaba, pero…
Antes de que sus labios se juntaran deshizo el nudo del velo, lo empujo y se alejó, siempre bailando, siempre encantando a su público, porque ese era su arte, ocultar sus sentimientos en un baile de disfrute ajeno, mientras sus sentimientos permanecían expuestos pero ocultos. Con ayuda de su velo hizo un gesto imperceptible a su sequito de bailarinas, las cuales se apilaron en dos filas y la recibieron en brazos cuando se dejó caer luego de una pirueta final, y que gracias a la pantomima de sus velos de colores logro escabullirse del escenario como por arte de magia y alejarse hacia la seguridad de su camerino privado. Con su respiración, corazón y mente perturbados, pero siempre consciente de que no había vacilado…
Fin del flash back
Termino de quitarse el último pasador y comenzó a sacarse la corona que sostenía el velo sobre su rostro. Aun no podía creer lo atrabancada que había sido, jamás, ni es sus años de instituto se le había pasado por la cabeza hacer algo así. Aunque en un rincón oscuro, muy oscuro de su mente estaba eufórica por su hazaña, no era algo que planeara repetir en un futuro cercano.
- ha sido una presentación excelente, muy fogosa – la voz de Koga la saco de su cavilación.
- ¿fogosa? – pregunto ella terminando de desatar uno de los broches que sujetaban la tiara a su cabello.
- sí, te he visto bastante más fuerte, muy apasionada bailando esta noche – sonrio casi con burla, Kagome frunció el ceño ligeramente mientras desataba el segundo broche.
- disfruto lo que hago, es todo – corto Kagome retirando la corona de su cabeza y el velo con ella.
- eso nadie lo pone en duda, eres la mejor en tu campo y profesión. – a halago pasándole el cepillo que segundos antes había lanzado con la intención de azotarle la cabeza.
- tienes lengua de miel cuando lo deseas – se burló ella aceptando el cepillo para pasarlo suavemente sobre las hebras negras de su cabello.
- ¡ja! ¿Cuándo quiero? No sabes lo bien que se me dan las palabras desde pequeño – sonrió Koga también, Kagome se rio con ganas mientras tomaba el desmaquillaste y una bolita de algodón mientras murmuraba un "si tú lo dices" aun con las carcajadas adornando su voz.
Fuera del camerino
Inuyasha se aproximó a la puerta llamado por la dulce melodía que significaba esa risa cantarina, jamás había escuchado una voz tan bella, estaba solo a un paso cuando la escucho responder un "si tú lo dices". Aquello lo detuvo un segundo, ¿acaso su bailarina no estaba sola?, el solo pensar en eso permitió que su parte racional volvería a salir, ¿Qué estaba pensando al seguir a aquella chica? Cierto que era la mujer más hermosa, más perfecta que hubiese visto hasta ahora, pero no poseía ningún derecho sobre ella. "parezco un acosador" se auto recrimino, lo mejor era alejarse de ahí y volver con los señores de la Mancha y de la Rosa, que estaba casi seguro que ahora mismo se estarían riendo a sus costillas en este segundo.
- aun no puedo creer la suerte que tuve al conocerte, eres toda una gema – escucho decir a una voz masculina dentro del camerino, cosa que confirmo sus sospechas, pero claro, era completamente imposible que una mujer tan bellas no tuviese pareja, de hecho le sorprendía en sobre manera que no hubiese una legión de portadores de testosterona rodeando esa puerta en ese segundo, el mismo era un claro ejemplo de ello.
- hablador, solo se me da bien, no es nada del otro mundo – escucho un ruido que indicaba poca credibilidad de parte de la voz masculina, el mismo hizo el mismo gesto, esa mujer era demasiado modesta, tenía un gran talento…
- las cosas que podría hacer contigo si me dejaras… - escucho decir en un suspiro al hombre dentro del camerino ¡OK! esa parte era privada, lo mejor era que se alejara de ahí, no quería pasar de ser un acosador a ser un voyerista.
- si me dejaras conseguirte contratos con una gran agencia serias famosa, podría potenciar tu carrera hasta más allá de las estrellas – uff, pudo sentir claramente como el aire escapaba de sus pulmones, era eso, aquello mejoro su humor, al parecer ese hombre que la acompañaba era su agente, no su pareja, quizá aún podía tener una palabra o dos con esa maravilla de mujer…
- no Koga, no importa cuánto insistas mi respuesta es, fue, y seguirá siendo no – casi se atraganto al escuchar eso, ¿Qué esa mujer estaba loca? ¡Tenía un talento enorme! Estaba seguro que podía ser una de las personas más famosas del planeta sin nada de esfuerzo.
- pero Kagome, si tu podrías… - dejo de escuchar lo que decía ese personaje después de escuchar el nombre de la chica.
No podía ser, ¡esa bailarina tan bella no podía llamarse así! ¡NO PODIA TRATARSE DE LA MISMA KAGOME! "mi Kagome…" medito inconscientemente. Olvidándose de todo y todos camino directo hacia la puerta, no podía quedarse con la duda, debía comprobar si aquella Kagome era efectivamente la misma mujer que no había dejado de rondar sus pensamientos como un fantasma.
Dentro del camerino
- ¿te encuentras bien chica? – pregunto de pronto Koga frunciendo el ceño.
- ¿eh? – pregunto ella mirándolo con curiosidad mientras se envolvía en su bata para no enfriarse después del ejercicio.
- no has dejado de frotarte el hombro – señalo, era verdad sentía una molestia en el hombro y no había dejado de auto masajear el área para calmar el dolor.
- debo haberme torcido durante la presentación – se justificó ella, sin dejar de frotarse el área mientras maniobraba para terminar de arroparse en la bata blanca.
- debes ser más cuidadosa – la regaño, pero antes de que Kagome pudiese contestar sintió una mano grande y tibia que comenzaba a trazar círculos sobre su área dolorida.
- ¿Koga que…? – murmuro nerviosa pero el solo la mando a callar con un gesto.
- no puedo dejar que mi mejor estrella se lastime, además no es que estemos haciendo nada malo – le explico dando más movimientos lentos, pero jamás pasando del área lastimada.
- si cuando Ayame se entere de que haces esto con tus clientas, te golpea no te quejes – se burló ella, lo cierto es que el calor de las anos de Koga estaban haciendo maravillas por su musculo herido, además ambos eran amigos y los dos sabían que jamás pasarían de eso, sobretodo porque Koga estaba loco por Ayame y nunca haría algo para lastimarla.
Lo que ambos ignoraban es que fuera del camerino un joven de cabellos platinados estaba apretando los dientes y salía humo de sus orejas, cuando abrió esa puerta esperaba que todo fuese un mal entendido que aquella chica fuese distinta a su esposa desaparecida, pero para su mala suerte no se había equivocado. Claro que lo si pensaba bien la idea no era tan descabellada, después de todo, esa chica tenía el cabello color azabache y los ojos achocolatados, pero aun así no pudo evitar sorprenderse, no recordaba que fuese tan hermosa.
Ahora, lo que jamás espero fue que encontrarla siendo mimada por otro hombre, y peor de todo por su propio agente. ¿Qué se creía esa mujer para ponerle los cuernos con un agente de cuarta? Y aun peor dejando que la tocara así, solo él tenía derecho a tocar esa pie, solo él podía darle consuelo, de hecho, debería ser él quien estuviese alagándola y llenándola de atenciones por su preciosa actuación. Es más ¡ella debería balear únicamente para él! Nadie más tenía derecho a mirarla tan siquiera.
- ¡oh! Eso se siente tan bien – ronroneo Kagome deleitada por el masaje.
Aquello fue el detonante de su ira, les enseñaría a ambos que nadie lo humillaba sin pagar un precio. Con cuidado se irguió en toda su estatura y se acomodó el traje antes de abrir la puerta del camerino, ambos pelinegros saltaron debido al estruendo y claro la furiosa mirada dorada que se sirio sobre ellos tampoco era muy tranquilizadora que digamos.
- vaya, bien dicen que las mujeres que mueven así las caderas no pueden dedicarse a cosas inocentes – se escuchó una burla sádica, Koga frunció el ceño ofendido mientras que Kagome lentamente cambiaba su expresión de sorpresa por una máscara neutral de porcelana. Quizás el velo no era tan infalible como había pensado.
- ¿pero quién demonios se cree us…? – gruño Koga molesto, ero antes de que pudiera continuar Kagome alzo la mano para detenerlo.
- ¿Qué haces aquí Inuyasha? – pregunto ella con tono de voz neutral, de ninguna manera iba alterarse en su presencia.
- lo mismo que tu querida mía, divertirme – sonrió con arrogancia, esperando amedrentarla con su presencia, pero para su mala suerte el único alterado era su rival.
- temo que estas equivocado, yo vengo a trabajar – negó Kagome poniéndose de pie para dirigirse al cambiador.
- vaya trabajo, estar coqueteándole a viejos rabo verdes para luego venir a acostarte con un lobo pulgoso – Kagome frunció levemente el ceño por el insulto pero ni necesidad tuvo de enfurecerse ya que Koga exploto por ella.
- ¡óigame! ¿Quién se cree usted para venir a ofender a esta dignísima señorita? – gruño molesto, lo que le insultaran a el pase, pero nadie iba a insultar a una señorita en su presencia y aún menos si se trataba de Kagome que no solo era su clienta más valiosa sino que además era de sus mejores amigas.
- ¿dignísima señorita? – se rio Inuyasha despectivamente.
- para empezar ni es señorita ya que está casada conmigo, y lo de digna, basta ver como baila y como se viste para juzgar su dignidad. – Koga se quedó con la boca abierta, no solo por el insulto hacia Kagome si no por la mención de la palabra "casada".
- Kagome ¿no me digas que es enserio lo que dice este sujeto? – pregunto Koga a Kagome que estaba terminando de abotonarse la camisa. Inuyasha por su parte arqueo una ceja, no le gustaba que lo trataran como si no existiera.
- fue un matrimonio falso con actores contratados para la ceremonia, todo diseñado para poner celosa a su ex novia – explico Kagome, Inuyasha se sorprendió por el tono tan frio y despectivo que ella empleo, además de que supiera esa parte, de hecho parecía que últimamente lo había subestimado.
- ¡menos mal! Estaba seguro que no podrías emparejarte con semejante chusma – suspiro Koga, pero Inuyasha frunció el ceño aún más molesto.
- y yo que pensé que tenías mejor gusto cariño, sinceramente no comprendo porque me dejaste para estar con este lobo lleno de sarna – gruño Inuyasha sin perder su sonrisa de patán, Kagome aspiro profundo y luego soltó el aire lentamente, tenía demasiadas escenitas como esa a cuestas como para saber de sobra que la única manera de quitarse de encima a ese hombre era ignorarlo pero lamentablemente Koga no compartía dicho conocimiento.
- ¿Cómo dijo? – gruño mostrándole los dientes, Kagome negó con la cabeza, y decidió tomarse unos 40 segundos de más para ponerse las medias y la falda, aquello iba para largo.
- sip digo, ¿Qué clase de mujer decente desperdiciaría a alguien como yo con semejante…? (lo miro de arriba debajo de manera despectiva) lobo pulgoso – Koga ahogo un gemido de indignación.
- pues mejor ser un lobo con pulgas a un perro de aguas lleno de rabia – le devolvió, ambos se gruñeron como canes rabiosos, cuando Kagome se asomó incluso se estaban enseñando mutuamente los dientes, "hombres" pensó rodando los ojos.
- ya basta los dos, parecen niños chicos – salió murmurando Kagome, solo le faltaba guardar su vestuario y coger as cosas de su bolso para marcharse.
- salió hablar la acomedida, ¿sabes? Creía que al menos tendrías la decencia de ser una mujer fiel, pero veo que no eres más que una buscona igual a las otras que han pasado por mis brazos – insulto Inuyasha, Kagome no le respondió, solo siguió acomodando sus cosas, pero claro que esos insultos le dolían.
- ¿Qué te pasa no hablas pequeña traidora? – volvió a golpear al ver que ella lo ignoraba.
- ¿o es que ese lobo de cuarta es tan mal amante que te deja sin ganas de mover tu lengüita? – Kagome tenso los hombros pero no dejo de moverse para acomodar todo, lo que si es que murmuro un "¿es que no se supone que en tu agencia hay guardias?" al oído de Koga.
- ¡óigame! Ya estuvo suave de sus insultos – se interpuso el pelinegro entre ambos, no iba a tolerar más injusticias contra su amiga.
- ¡ah! Y todavía me grita – se rio Inuyasha por la valentía de Koga.
- ¡claro que sí!, no se le puede hablar de otra manera a semejante majadero - le clavo su dedo inquisidor en el pecho al joven empresario.
- ¿es que sabe usted con estas hablando? Soy Inuyasha Taisho uno de los hombres más importantes de Japón – se idolatro Inuyasha, pero Koga no se inmuto.
- mire usted como se llame, mejor cállese la boca, no hace más que ponerse en ridículo ¡cursi! – lo regaño Koga profundamente molesto.
- ¡argh… qu….! ¡¿Me dijo cursi?! – gruño Inuyasha molesto después de boquear un par de segundos mudo por la sorpresa.
- ¡sí señor! y solo para que conste, yo lo único que hacía era darle un masaje a la señorita para evitar que su torcedura de hombro se volviera una lesión grave – le explico señalando a Kagome, la cual solo termino de arreglar sus cosas, no quería meterse en esos embrollos, y si era justa realmente no tenía nada que ver.
- ¡feh! si claro, de hinojos declarándole su amor ¿no? – mascullo Inuyasha molesto, y herido en su orgullo masculino.
- ¡¿amor?! - grito Koga furioso también.
- ¡escuche usted muy bien!, yo soy un hombre honorable, ¡SOY UN HOMBRE FELIZMENTE CASADO QUE ADORA A SU ESPOSA Y A SU HIJO! – estepo Koga, Inuyasha se sintió palidecer por un segundo, e incluso Kagome arqueo una ceja.
- ¿Qué respondes tu a eso pequeña timadora? – con eso Kagome alcanzo a su límite de paciencia, afianzo su bolso y se giró para mirarlo con ojos fieros. Koga aprovecho para llamar a Ginta y a Hakaku desde su mano libre para que se presentaran en el camerino y echaran a tan maleducado e indeseado intruso.
- de verdad Inuyasha ¿esto es necesario? Te lo dije hace semanas, la farsa que deseabas acabó, obtuviste lo que querías, "incluso más" cumplí mi parte; ahora no sé qué piensas que pasa en este local, pero es un lugar decente y yo solo hago mi trabajo, ¿pero eso no lo sabias cierto? Claro, desde que empezaste a salir conmigo solo te importo que era la prima de Kikyo, pero tú no me conoces más allá de eso, nosotros no somos nada y no tienes ningún tipo de derecho sobre mí y lo que yo haga tampoco es asunto tuyo – lo encaro, aunque realmente lo que seseaba era golpearlo, ella no era fanática de la violencia, pero no se cortaría la lengua, era hora de que alguien le cantara las cuarenta.
Inuyasha la miro sorprendido, esperaba que a esas alturas ella se hubiese puesto a llorar, que intentara excusarse o incluso que le gritaría mil insultos, pero jamás pensó que le plantaría cara de ese modo. Ahora, también estaba el hecho de que le echara en cara que no solo sabía todo lo que él había pretendido cuando la conoció, y además que no la conocía ni el no más mínimo aparte de que era un familiar de su ex novia infiel. Y también el hecho de que resaltara que ambos no poseían ningún tipo de relación, ni siquiera de conocidos, aquello ultimo le dolió, no sabía porque, el que esa chica lo considerara menos que un extraño le provocaba un doloroso nudo en el estómago y el pecho. Pero antes de que pudiesen decir nada dos hombres uniformados entraron en el lugar y le indicaron que debía marcharse enseguida o no tendrían más opción que demandarlo, sin más que agregar se marchó, pero aún tenía un par de palabras que cruzar con su mujer.
Cuando Ginta y Hakaku escoltaron a Inuyasha lejos Kagome pudo volver a respirar, odiaba tener que hacerse la fuerte, y aún más odiaba tener que soportar esa clase de escenas con los hombres con los que salía, era tan frustrante, lo que no soportaba sobre toda las cosas era que pasara siempre lo mismo, cada vez que conocía a un muchacho… agito la cabeza para despejarse, Koga puso una mano en su hombro y le pregunto si estaba bien. Ella asintió para no preocuparlo, él era un gran amigo, de hecho los únicos hombres no idiotas que se había cruzado en su camino de vida eran sus amigos, y todos ellos ya sea casados o con novia, era el colmo.
- ¿segura que estas bien Kag? – pregunto mientras le pasaba su abrigo.
- estoy bien, pero tu… - murmuro viéndolo con el ceño ligeramente fruncido.
- ¿yo…? – pregunto el sin comprender.
- ¿Cuándo pensabas decirme que Ayame y tú están esperando un bebé? – le reclamo, Koga sintió el sudor bajar por su nuca, pero estaba aliviado por la pregunta.
Fuera del local, junto a la puerta de empleados
Llevaba cerca de 20 minutos esperando, y su humor no era el mejor en esos momentos, ni hablar de su escasa paciencia, pero aun así no pensaba moverse del lugar, no hasta que ella saliera. Esta vez no iba a escaparse de él, una sonrisa tiro de sus labios, esa chica se enteraría que no podía burlarse de un Taisho. Como si hubiesen leído sus pensamientos en ese momento la puerta del personal se abrió y de ahí surgieron Kagome acompañada de ese lobo. Rápidamente se ocultó tras la esquina del callejón que estaba tras el local, necesitaba pillarla sola, pero de esa noche no pasa, ella caería de vuelta en sus garras.
- ¿segura que no quieres que te lleve a casa, tesoro? – escucho preguntar al lobo, apretó los dientes con frustración, ¿con que derecho le decía tesoro a su esposa?
- estoy bien Koga, tu ve a casa y dale un abrazo a Ayame y a tu bebé, solo no olvides invitarme al bautizo – le sonrio ella, lo que aumento su frustración, a él no le había sonreído así.
- ¿crees que mi mujer me perdonaría que olvide invitar a la madrina de nuestro hijo? No quiero morir tan joven – sonrió el otro, Inuyasha estaba furioso, ¿Cómo podía esa mujer tener esas confianzas con los hombres? ¡Era una mujer casada por dios!
- ella tiene sus razones, ¿sabes? ojala tengas una niña, así aprenderías a no ser tan despistado – lo molesto ella, Koga murió un "ya quisieras" y se marchó.
Kagome se despidió de Koga con un gesto de la mano y comenzó a buscar las llaves de su coche, pero antes de que sus dedos pudiesen rozar el metal de las llaves, una fuerte mano aferro su muñeca y torció su brazo tras la espalda, asustada intento gritar pero otra mano cubrió sus labios y la jalo a las sombras.
Inuyasha la jalo, con cuidado de no lastimarla, a lo profundo del callejón del local, podía sentirla temblar y revolverse, seguro que pensaba que era un asaltante y estaba asustada, sintió un poco de vergüenza por tratarla de ese modo, pero no se le ocurrió otro método para hablar con ella, decidió que era momento de tranquilizarla cuando Kagome comenzó a patalear y a retorcerse.
- calma querida, no hace falta que esto se vuelva un escándalo – le susurro coquetamente al oído, Kagome se quedó quieta en ese instante.
- buena chica – sonrió depositando un beso en la punta de su oreja, ella gruño e hizo un movimiento brusco, exigiéndole en silencio que la soltara.
- muy bien cariño, ahora voy a retirar mi mano, ¿podrías no gritar? No quiero que esto se vuelva multitud – sonrió dejando que su barbilla descansara sobre el cabello color azabache, Kagome no se movió, pero aunque no podía verle el rostro estaba seguro que fruncía el ceño fuertemente.
- muy bien, listo ¿vez que no es tan malo si eres dócil, pequeña fiera? – Kagome estaba a un segundo de morderlo cuando él la libero, pero el escuchar su tono arrogante la hizo enfurecer.
- ¿se puede saber que estás haciendo? Suéltame ahora mismo – le exigió, intentando empujarlo pero Inuyasha solo aumento su agarre sobre su brazo, no le hacía daño pero tampoco pensaba dejarla ir.
- yo creo que no, tú y yo tenemos que hablar – sonrió el usando su mano libre para aferrar su cintura y pegarla a su pecho.
- no tengo nada que hablar contigo, quitame las manos de encima de una buena vez o voy a gritar – amenazo Kagome haciendo un nuevo intento de zafarse, pero Inuyasha solo se limitó a reír.
- creeme que no te conviene hacer eso preciosa, aunque si vamos a mi departamento podría hacerte gritar todo lo que quieras – sonrió mientras acariciaba el estómago de Kagome.
- contigo ni a la esquina, ¡deja me ir ahora Taisho! – grito ella intentando patearlo, pero aun así el agarre del peli plateado permaneció duro como el acero.
- ya, ya, tranquila, no es que si fuera a hacerte algún daño – intento calmarla, pero si ere sincero realmente no le molestaba que estuviese retorciéndose entre sus brazos y contra su pecho.
- "te invito cenar dijo el gato al canario" ¡suéltame ya! – gruño ella intentando zafarse.
- ¿oh? Entonces siguiendo esa logia, seria yo el gato y el canario ¿no? Tienes unas ideas muy picantes querida, y siendo sinceros la idea de cenarte no es tan mala – Kagome estaba al tope de su paciencia, si no fuera porque la tenía sujeta por el brazo ya le habría dado una santa patada en aquello que lo definía como varón en la biología humana.
- ¡eres un…! ¡Dejame en paz condenado pervertido! – grito indignada luchando con aun más fuerza por soltarse.
- Vamos Kagome, no es manera de refiere a tu esposo - intento calmarla, aunque en el fondo todo aquello lo divertía de lo lindo.
- ¡¿Qué esposo ni que ocho cuartos?! ¡Tú y yo no somos nada! – le grito furiosa mientras giraba su rostro para encararlo. Inuyasha ante eso frunció el ceño, lo cierto es que escucharla rechazarlo tan desesperadamente comenzaba a dolerle y mucho.
- siento romper tu burbuja, querida, porque aunque la ceremonia era falsa y los invitados actores los papeles eran verídicos, así que de acuerdo a la ley tú y yo estamos casados y tenemos un contrato prenupcial que debes cumplir – le recordó mientras rozaba las yemas de sus dedos sobre su clavícula.
Kagome iba a rebatir pero entonces las manos de su captor se movieron de otra manera, como si buscara algo en su chaqueta, decidió no moverse, pero entonces el agarre sobre su brazo se aflojo; sin perder un momento torció su brazo y logro soltarse del agarre, Inuyasha sorprendido trato de agarrarla nuevamente pero antes de poder lograrlo ella viro sobre sí misma, le atesto un pisotón en el empeine y lo encaro furiosa.
- ¡wow! Eres toda una caja de sorpresas linda – intento alagarla mientras contenía una mueca de dolor, visiblemente sorprendido por su maniobra.
- y también se usar los pies para algo que no solo es para bailar, así que más te vale que me dejes en paz – lo amenazo mientras se acomodaba el bolso sobre el hombro.
Inuyasha arqueo las cejas sorprendido por la amenaza, pero solo se limitó a sonreír y luego subió las manos en señal de rendición sin dejar de sonreír, Kagome le dedico un último ceño fruncido y se dio media vuelta para irse. Pero antes de poder das más de dos pasos aquella mano masculina la tomo por el hombro y la jalo; lo siguiente que Kagome supo era que estaba envuelta entre dos brazos protectores y sus labios bailaban una danza prohibida con los de Inuyasha.
- sabes aún mejor de lo que recordaba – le sonrio Inuyasha cuando ambos tuvieron que separarse para tomar aire.
- eres un idiota – negó ella empujándolo lejos.
- quizá, pero tú y yo no hemos terminado de hablar, te veré mañana en mi departamento – ella arqueo una ceja.
- ¿Qué te hace creer que iría a tu departamento bajo cualquier circunstancia? – lo reto, ella ni loca iría a la casa de ese hombre.
- pues a menos que desees que nuestro siguiente encuentro sea en un tribunal, te sugiero que reconsideres mi invitación – volvió a abrazarla y deslizo su tarjeta en su bolso antes de aspirar el aroma de su cabello.
- creo que podríamos hacer cosas más interesantes que solo hablar – Kagome se preparó para golpearlo y entonces él se alejó.
- adiós cariño, espero verte mañana a las medio día – dicho esto Inuyasha desapareció dejándola ahí, sola y furiosa.
A la mañana siguiente
- ¡¿ESE IDIOTA QUE?! – grito Sango al teléfono, por lo que Kagome tuvo que alejar su oído para no quedarse sorda.
- calma Sango – intento tranquilizarla, pero sabía que su amiga estaba furiosa. Claro no era para menos, después de todo lo que le acababa de contar.
- no puedo creer que haya hecho eso, ahora estoy segura que los hombres tienen más hormona que cerebro – eso la hizo reír, por eso mismo había llamado a Sango, necesitaba alguien que relajara sus nervios.
- ¿no lo dices más por Miroku? – pregunto mientras se secaba una lagrimita.
- algo tenían que tener en común para ser amigos ¿no? – continuaron bromeando un rato hasta que Sango volvió a su pose seria.
- ¿y qué piensas hacer? – pregunto a Kagome la cual solo se dejó caer en el sofá.
- acabar con esto de supongo – suspiro cansada la azabache.
- no estarás considerando ir ¿cierto? – pregunto seria, Kagome se cubrió los ojos con una mano.
- sinceramente no lo sé – confeso, estaba cansada, no había dormido en toda la noche a causa de su encuentro con Inuyasha.
- ¿la dirección es de un pent house en el centro? – pregunto de pronto la castaña después de un prolongado silencio.
- si pero… Sango ¿no estarás planeando…? – pregunto temerosa, sabía que Sango era atrabancada, pero temía que fuera a hacer una tontería.
- tranquila, no es lo que piensas – casi pudo escucharla sonreír.
- dime que no vas a matarlo, porque si es así ni siquiera mi primo – intento persuadirla mientras se incorporaba.
- oye, él no se merece que lo mate, además no creo que a Miroku se le haga muy romántico el tener que pagar mi fianza – Kagome se calmó un poco, pero aun así no quería confiarse.
- calma chica, solo hablar con él y calaremos las cosas – Kagome arqueo una ceja, pero decidió darle un voto de confianza a Sango, no por nada era su mejor amiga.
Sango llego al edificio de Inuyasha vestida de manera causal con el cabello recogido en una cola alta y un bolso deportivo en el hombro. El portero el anciano Totosai estaba reposando sus ojos, había sido una noche agitada con el personal de mantenimiento y ahora mismo necesitaba una buena siesta.
- buenos días, vengo a ver a Inuyasha Taisho – sonrió al anciano, el cual casi cayo de la silla sorprendido pro la voz de la joven.
- ¡ah! Si, el joven Taisho le dijo que la esperaba, sube directamente – le indico Totosai a Sango, quien solo sonrió y le dio un deslumbrante gracias.
Sonriendo subió al elevador y saco a su pequeña invitada del bolso deportivo. Una vez llego al piso de Inuyasha camino a la puerta y toco el timbre, sus manos hormigueantes en expectativa la hicieron girar el mango de su arma entre sus dedos, no podía esperar.
- pasa linda – escucho a Inuyasha contestarle desde afuera, sus sonrisa se ensancho.
- ah… masoquista y yo sádica – sonrió aún más abriendo la puerta, camino por la sala hasta el salón donde el peli plateado reposaba con pose coqueta en el sofá, vestido con una camisa blanca sencilla y un pantalón de mezclilla.
-te estaba esperando muñe… ¡MAMÁ! – sonrió Inuyasha mientras volteaba, pero grito palido al ver a una Sango enfierada blandiendo un sartén que iba claramente a su cabeza…
Continuara…
