Disclaimer: Digimon no me pertenece.


A veces no logramos entender la actitud de los demás.

No podemos saber lo que están pensando

y tratamos de sacar nuestras propias conclusiones.

Es aún más difícil cuando esa persona está decidida a ocultar la verdad,

por eso nuestro mundo es tan pequeño, sólo existe la parte que podemos ver.


Dream High

Malos Entendidos


Mimi Tachikawa se encontraba sentada en la sala de espera de la enfermería de la academia, tenía la cabeza gacha y parecía pensativa. Habían pasado apenas unos cuantos minutos desde lo ocurrido y aún no terminaba de organizar sus ideas, todo había sucedido demasiado rápido y no entendía cómo era posible que las cosas hubieran terminado así.

Una apresurada Hikari Yagami llegó corriendo al lugar y se detuvo frente a la castaña, quien no percibió su presencia.

– ¡Mimi! – la llamó. – ¿Qué sucedió? ¿Cómo está mi hermano? –

La chica levantó la cabeza débilmente y posó sus orbes color chocolate sobre la menor. ¿Qué se supone que debía decirle? ¿Que su hermano estaba inconsciente por su culpa? Después de todo sí era su culpa que Taichi ahora estuviera en la enfermería siendo revisado por el médico.

– Es que él… bueno… –

– ¡Hikari! – la llamó el profesor Kido, quien acababa de salir del cuarto donde estaba Taichi. – Que bueno que llegaste, creo que deberíamos avisar a tus padres de lo ocurrido. ¿Podrías llamarles? –

– Claro, pero... – replicó la chica acercándose al profesor. – ¿Mi hermano está bien? –

– En un momento lo sabremos, tal vez haya que trasladarlo a un hospital. – dijo el peliazul. – Pero por ahora acompáñame a las oficinas para que hagas la llamada. –

¿Hospital?

Tanto Hikari como Mimi se sobresaltaron al escuchar esa palabra.

– Está bien. – exclamó la menor con un semblante triste. – Mimi, no te vayas a mover de aquí por si algo sucede. –

– Aquí estaré. – respondió la castaña desde su lugar.

Joe y Hikari comenzaron a caminar a paso rápido hacia la salida de la enfermería y en unos segundos se perdieron de la vista de Mimi, quien desvió su mirada hacia la puerta cerrada donde revisaban al castaño. ¿Por qué rayos tardaban tanto?

Y es que ya no aguantaba la desesperación, necesitaba saber cómo estaba el chico. ¿Y si el golpe que se había dado realmente le había hecho daño? No, ella no quería siquiera pensar en esa posibilidad, pero es que el doctor ya llevaba rato ahí metido y las enfermeras entraban y salían todo el tiempo sin decir palabra alguna. Eso sólo podía significar que Taichi estaba grave. ¿O no?

Se maldijo a ella misma varias veces, todo era su culpa. Si algo le pasaba al castaño nunca se lo iba a perdonar.

Nunca.

Todo el lugar permanecía en silencio, ella incluso habría jurado que estaba sola de no ser porqué de pronto sintió sobre su hombro esa cálida mano que ya la había tranquilizado momentos antes, justo cuando el accidente ocurrió. Levantó un poco el rostro y se topó con las lagunas azules de Yamato, quien se encontraba hincado frente a ella, observándola fijamente.

– ¿Te encuentras mejor? – preguntó el rubio.

– Él… – dijo la chica ignorando las palabras de Yamato. – Él va a estar bien… ¿verdad? –

El rubio esbozó una leve sonrisa.

– Claro, estará bien. – le respondió. – Yagami parece un chico fuerte. –

Mimi bajó la cabeza y guardó silencio por unos segundos.

– Pero es que… todo es mi culpa. – dijo casi en un susurro. – Si tan sólo hubiera sido más cuidadosa, si no hubiera perdido el equilibrio... –

Yamato pudo notar cómo una lágrima se deslizaba por la mejilla de la castaña mientras hablaba, la chica ya se había aguantado mucho las ganas de llorar.

– Debí haber sido yo la que recibiera el golpe en la cabeza, también debería ser yo la que en estos momentos está siendo revisada por el médico. Si yo hubiera… –

– Hey. – la interrumpió el rubio con seriedad. – Deja de decir estupideces. –

La castaña levantó la cabeza para mirar la expresión de Yamato. La observaba con dureza, parecía enojado, como si en verdad le hubiera molestado lo que acababa de decir.

El chico rápidamente suavizo la mirada para no preocupar más a Mimi y se levantó de su sitio para sentarse en el sillón, al lado de ella.

– Todos esos hubieras no van a ocurrir, las cosas no se pueden cambiar. – exclamó Yamato. – Recuerda que todo pasa por alguna razón, fue un accidente y definitivamente no fue tu culpa, así que borra esas ideas de tu cabeza. –

– ¡Es que no fue un accidente! – dijo Mimi alzando la voz. – Alguien quería que yo me hiciera daño, por eso me empujó de las escaleras a mí, no a Taichi. Él no debería estar pasando por esta situación, yo debería de estar en su lugar y… –

– Espera. – exclamó interrumpiéndola. – ¿Dices que te empujaron? ¿No fuiste tú quien perdió el equilibrio? –

– Sí perdí el equilibrio, pero fue porque alguien me empujó. –

Yamato achicó la mirada. Entonces lo que había visto en el casillero no era una simple broma, realmente era una amenaza y alguien había intentado hacerle daño a Mimi. Eso era preocupante, necesitaba averiguar quién estaba detrás de todo el asunto.

– ¡Mimi, Yamato! –

Era Hikari, quien venía corriendo con el profesor Kido detrás de ella.

– ¿Han sabido algo de mi hermano? –

– No, aún nada. – replicó el rubio.

– Ah, creo que lo mejor hubiera sido esperar los resultados antes de llamar a mi madre. Viene en camino y está muy preocupada… –

– De todos modos teníamos que avisarle. – dijo Joe. – Ahora sólo queda esperar y… –

Justo en esos momentos el doctor salió de la enfermería y caminó hacia donde se encontraban sentados todos los presentes, quienes lo miraban expectantes.

– ¿Cómo está mi hermano? – exclamó Hikari por milésima vez.

– Tengo buenas noticias. – dijo el doctor con una sonrisa. – Él está bien, es sólo que el golpe que se dio en la cabeza fue muy fuerte y por eso perdió la conciencia. Pero créanme, no fue nada grave. –

Mimi suspiró aliviada, en verdad eran buenas noticias. ¡Más que buenas!

– Le hicimos unos análisis en toda el área de la cabeza y a simple vista parece que no tiene nada, pero para asegurarme, ahora mismo voy a mandarlos a un hospital privado. – continuó el hombre.

– ¿Entonces ya puede irse de aquí? – preguntó Joe, refiriéndose a la enfermería.

– No, creo que lo más conveniente sería que pase esta noche al cuidado de una enfermera, sólo para cerciorarnos de que todo está normal. – respondió el médico. – Lo daré de alta mañana en la tarde, después de clases. –

– ¿Podemos verlo? – preguntó Hikari.

– Pues aún no despierta, pero claro que pueden pasar. – hizo una pausa. – Yo me retiro, llevaré personalmente los análisis al hospital para que los revisen detalladamente. – dijo a la vez que hacia una pequeña reverencia y posteriormente salía del edificio.

– ¡Hija! – exclamó una hermosa y preocupada mujer castaña que veía llegando al lugar. – ¿Dónde está Tai? –

– ¡Mamá! – replicó Hikari acercándose a la mujer. – Nos acaban de decir que está bien, ahora mismo iba a entrar a verlo. ¡Vamos! –

La chica tomó la mano de su madre y ambas corrieron sin demora hacia la puerta de la enfermería y se metieron en la habitación cerrando la puerta detrás de ellas.

– Me alegra que sólo haya sido un susto… – dijo Joe.

– Sí… – replicó Mimi con esbozando una pequeña sonrisa.

– Debes ser más cuidadosa. – dijo el peliazul. – No queremos más accidentes. –

– Profesor, no fue un accidente, a Mimi la empujaron. – dijo Yamato con un semblante serio.

– ¿Qué dices? – preguntó Joe abriendo los ojos de par en par. – ¿Eso es cierto, Mimi? –

La chica asintió sin decir nada.

– ¡No es posible! – exclamó el peliazul. – Ahora mismo iré a hablar con el director, necesitamos encontrar al culpable. –

– ¿Usted cree que ese señor vaya a hacer algo al respecto? – exclamó el rubio. – Siempre ha buscado perjudicarnos, no creo que le importe mucho. Si queremos encontrar al responsable, habrá hacerlo nosotros mismos. –

– Pero no tenemos idea alguna de quién haya sido. – dijo Joe. – ¿Tú sospechas de alguien, Mimi? –

La chica desvió la mirada a la vez que se ponía a pensar. Sabía que en esa escuela no le agradaba a mucha gente, pero hasta ella dudaba que alguien fuera capaz de haber intentado lastimarla de esa manera. Aunque bueno, tal vez sí podría haber alguien...

– Creo que no. – dijo negando con la cabeza. – No sé quién podrá haber sido… –

– Iré a hablar con el director, muchachos. Esto no se puede quedar así. –

El profesor inmediatamente comenzó a caminar hacia la salida del edificio, sí era verdad lo que los chicos decían, Mimi podría seguir corriendo peligro.

– Mimi. – dijo Yamato. – Tengo algo importante que hacer. ¿Tú vas a quedarte aquí? –

– Sí, esperaré a que Taichí despierte. –

– Entiendo. – replicó. – Si algo sucede no dudes en llamarme, te veo al rato. –

– Está bien. –

– Cuídate mucho. –

Dicho esto, el rubio se dio vuelta y se dirigió hacia la gran puerta del edificio para salir de ahí. Estaba decidido, tenía que encontrar a la persona que había empujado a Mimi, sabía que ese director no iba a hacer nada y las cosas no se podían quedar así.

Ni el mismo entendía por completo las razones de sus actos. ¿Por qué se preocupaba tanto por la chica? O bueno, ni siquiera sabía si era preocupación lo que estaba sintiendo, pero la idea de que alguien podría volver a intentar hacerle daño a Mimi lo inquietaba de sobremanera.

No sabía realmente lo que significaba esa castaña para él, pero lo que sí sabía era que siempre le había parecido una persona muy única e intrigante. Desde el momento en que la conoció, cuando le gritó en su cara todas esas verdades que él mismo intentaba negar, cuando la escuchó cantar por primera vez…

De no haber sido por ella, él nunca habría perseguido su verdadero sueño. Era Mimi Tachikawa la razón por la cuál él estaba allí. Fue esa chica la que le abrió los ojos, la que le dio ese impulso que necesitaba, la que con esa hermosa voz que desde un inicio lo dejó fascinado quién lo trajo a Tokyo a cumplir su más grande sueño, la música.

Y aún así, no lograba entender por completo sus actos. No tenía idea de por qué sentía la urgencia de consolarla cuando la veía mal, tampoco comprendía por qué su cambiante personalidad lo atraía de alguna manera, ni mucho menos entendía la razón por la que hizo ese mural, claro, en el momento le había parecido que debía hacerlo, pero ahora simplemente no encontraba la respuesta. Y así era siempre que comenzaba a divagar sobre esa castaña, su mente se volvía todo un mar de incógnitas, cosa que también lo tenía algo confundido.

De pronto un impacto lo sacó bruscamente de sus pensamientos, se había estrellado con una pelirroja que venía corriendo cabizbaja y ahora yacía en sentada en el suelo. Era esa chica del amuleto, la tal Sora Takenouchi.

– Ah, lo siento, no estaba prestando atención al camino. – se disculpó Yamato. – ¿Estás bien? –

– Eh, sí, no te preocupes, yo tampoco me estaba fijando. – respondió la pelirroja mirando al chico.

– Vamos, levántate. – dijo ofreciéndole la mano para ayudarla a ponerse de pie.

Sora le dedicó una sonrisa y levantó su brazo derecho para tomar la mano del rubio, pero rápidamente se arrepintió y alejó su mano de él.

– ¡N-no! Está bien, yo puedo sola. – dijo levantándose a la vez que cubría su muñeca derecha con su otra mano.

Yamato observó la acción de la chica y la miró extrañado.

– ¿Te pasó algo en el brazo? –

– ¿Ah? ¡No! No es nada. – exclamó Sora con nerviosismo bajando sus brazos, aún cubriéndose la muñeca derecha. – Y oye… –

– ¿Sí? –

– Escuché que Mimi cayó por las escaleras, y como tú eres su compañero pensé que tal vez me podrías decir cómo está… –

– ¿Escuchaste? –

– Sí, toda la academia está hablando al respecto. – exclamó Sora. – Y aunque ella siempre me trate mal, yo estoy muy preocupada. – dijo eso último en tono de víctima.

– Hmm… – susurró pensativo el rubio. – Pues no tienes por qué preocuparte por ella, está bien. Quién recibió todo el impacto de la caída fue Yagami. –

– ¿Taichi? – preguntó la pelirroja abriendo los ojos de par en par. – ¿Porqué él? ¿Está bien? –

– No sé si esté bien, esperemos que sí. –

– Ah, yo… – comenzó a balbucear. – Creo que debo irme. –

La chica hizo una pequeña reverencia y salió corriendo del pasillo aún cubriendo su muñeca derecha.

Yamato se encogió de hombros y decidió seguir con lo que inicialmente iba a hacer, encontrar a la persona que empujó a Mimi. ¿Pero cómo? No tenía ninguna pista o algún sospechoso principal, pues él bien sabía que la castaña no le agradaba a bastantes personas en la escuela.

– Lo mejor será ir al lugar del accidente. – susurró para sus adentros.

Por algún sitio debía comenzar, así que emprendió marcha hacia el segundo piso de la academia, justo a las escaleras donde la habían empujado.

Llegó al lugar y subió lentamente, no había alma alguna, las escaleras estaban desoladas. Caminó hacia el punto exacto donde había ocurrido el accidente y algo le llamó la atención. En el suelo estaba tirado un botón dorado.

– ¿Y esto? –

Se agachó y tomó el pequeño objeto con su mano para examinarlo. Lo observó por unos segundos y rápidamente lo identificó, era uno de los botones de las mangas del saco del uniforme. Cada manga llevaba dos de ellos en el área de la muñeca.

Miró su propio brazo para compararlos y corroboró que lo que pensaba era cierto. El botón estaba tirado en el lugar exacto donde habían empujado a Mimi, seguramente al culpable se le había caído…

– Bien, es un comienzo… –

Lo observó por unos segundos más y luego suspiró. ¿Qué se supone que debía hacer ahora? ¿Revisar los brazos de cada estudiante para ver si a su saco le faltaba algún botón en las mangas?

De pronto un recuerdo llegó a su mente y abrió los ojos de par en par.

¡Esa chica!

Hace unos momentos había chocado con Sora Takenouchi y claramente vio como la pelirroja se cubrió el brazo justo en el área de la manga, donde iban los botones. Él incluso llegó a pensar que la pelirroja se había lastimado la muñeca, pero no era eso, ella estaba ocultando que a su saco le faltaba un botón.

– No puede ser… –

Apretó el pequeño objeto dorado con su puño y se quedó pensativo en su sitio. Primero iría a preguntarle a Mimi si había alguna posibilidad de que esa pelirroja la hubiera empujado y si así era, él mismo iría a enfrentarla. Aunque esa tal Sora le parecía una buena chica, Mimi estaba primero.

::

– Llámame cuando tu hermano despierte. – exclamó Susumu Yagami. – Me habría gustado quedarme, pero tu padre ya me espera en casa. –

– ¿Por qué no vino papá? – preguntó Hikari. – Desde que mi hermano se salió de la casa pareciera que se olvidó de él. –

– No es eso, Kari. – respondió su madre. – Ya sabes que está muy ocupado con su campaña política, no tiene tiempo para nada. –

– Ah… es una lástima, yo les tenía buenas noticias. –

– ¿Enserio? – replicó su madre. – ¿De qué se trata? –

– Mi hermano y yo obtuvimos puntuaciones muy altas en la prueba del mes y nos ganamos el derecho de participar en el concierto de la academia. – dijo la menor con una sonrisa. – ¿Puedes creerlo mamá? ¡Podré subir a un escenario! –

– ¡Eso es maravilloso, hija! – exclamó su mamá también sonriendo. – Estoy muy orgullosa de ti. Haz sido muy valiente y desafiaste a tu padre para venir aquí… –

– Espero que él también se pueda sentir orgulloso. – replicó Hikari. – Le prometí que iba a sobresalir en esta academia y me alegra poder demostrárselo. –

– ¡Ya verás que lo estará, de ambos! –

– ¿Vendrán a vernos? – preguntó la menor con ilusión. – Ambos padres tienen un boleto asignado. –

– Nada me haría más feliz, hija. Claro que vendré, siempre he soñado con verte brillar en un escenario… desde pequeña supe que esto era lo tuyo. – dijo su madre con ternura. – Aunque de Taichí sigo sorprendida, nunca imaginé que tuviera dotes artísticos… –

– ¡Yo tampoco! Pero es bueno, lo he visto en las prácticas. –

– Entonces esperaré ansiosa el día del concierto. Felicidades, mi niña. – exclamó Susumu abrazando a su hija.

Hikari le devolvió el abrazo a su madre aún con la sonrisa plasmada en su rostro. Le daba mucho gusto poder demostrarles a sus padres de lo que era capaz, el día del concierto definitivamente sería el mejor de su vida, además de que Takeru también había sido seleccionado y eso la ponía aún más feliz.

– Por ahora debo irme. – dijo la mayor. – Créeme que con la noticia de que tu hermano está bien y con la que me acabas de dar, me voy tranquila y hasta feliz. –

– Sí mamá, tú tranquila. – exclamó Hikari. – Mándale saludos a mi papá, dile que lo extraño. –

– Claro. – replicó su madre.

Susumu se acercó a la cama donde Taichi aún yacía dormido y se inclinó para depositarle un suave beso en la frente.

– Cuídate mucho, Tai. – susurró la mayor en el oído de su hijo.

La mujer se encaminó hacia la puerta de la enfermería y llamó con la mano a Hikari para que la siguiera, cosa que la menor hizo inmediatamente. Cuando ambas estuvieron fuera de la habitación, Susumu puso su mano sobre el hombro de la chica.

– Deberías ir a cenar. – dijo con preocupación en la mirada. – No puedes pasarte todo el día aquí. –

– Pero no quiero dejar solo a mi hermano. – replicó la menor.

– No se quedará solo. – dijo Susumu. – Mira, esta linda jovencita lleva rato esperando, seguramente puede cuidarlo mientras tú no estás. ¿No es así? – exclamó dirigiendo su mirada a Mimi.

– ¿Eh? – susurró la castaña, quien aún se encontraba sentada en la sala de espera. – Claro, yo puedo hacerlo. –

– ¿Segura Mimi? – preguntó la menor.

– Sí, no se preocupen. –

– Gracias, linda. – replicó Susumu con una sonrisa.

– Sí, muchas gracias. – dijo Hikari. – No causará problemas, aún no despierta. Y yo no tardaré. –

Mimi asintió débilmente mientras las dos mujeres salían de la enfermería a paso lento, parecía que ambas se llevaban muy bien, cosa que la hizo sentir algo de melancolía. Ella daría mucho por tener a su mamá con vida, pero lamentablemente eso era imposible.

Dio un largo suspiro y se levantó del sillón para al fin dirigirse a la puerta a la cual llevaba rato queriendo entrar. Se plantó frente a esta y dudó unos segundos antes de tomar la perilla y girarla lentamente.

Cuando la abrió pudo divisar frente a ella la cama donde Taichi yacía dormido, porque eso parecía, que dormía pacíficamente. El castaño se encontraba recostado con una venda rodeándole toda la cabeza. La imagen no se comparaba a la que ella había visto hace rato a mitad de las escaleras, donde parecía que algo realmente malo le había ocurrido.

La chica se adentró a la habitación cerrando la puerta tras de sí y caminó hacia el ventanal para mirar al exterior. El sol ya se estaba metiendo, parecía que pronto iba a oscurecer. Giró un poco su cabeza para mirar a Taichi y sonrió para sus adentros. En verdad le alegraba que el chico estuviera bien.

Devolvió su mirada hacia la ventana y se quedó inmersa observando el bello atardecer, sin duda ese día había sido largo y toda una montaña rusa de emociones, le alegraba un poco que pronto llegaría la hora de dormir y de comenzar un nuevo día.

En ese momento Taichi comenzó a revolverse un poco entre las sábanas y abrió lentamente los ojos. Todo le parecía borroso y tardó un poco en lograr divisar que se encontraba en una habitación completamente blanca. Intentó levantarse un poco, pero un fuerte dolor en su cabeza se lo impidió, haciendo que colocara su mano sobre esta.

Abrió sus ojos confundido cuando sintió una venda rodeando toda su cabeza. ¿Qué estaba ocurriendo? Colocó ambas manos sobre su frente tratando de organizar sus ideas y ahí recordó todo. ¡Claro! Él estaba buscando a Mimi porqué ella se encontraba en peligro, y ahora también se acordaba de cómo corrió a sostenerla cuando la escuchó gritar y la vio cayendo de las escaleras, sólo que después de eso, todo parecía difuso...

Una gran angustia lo invadió por dentro. ¿Dónde estaba Mimi? Rápidamente comenzó a mirar hacia todos lados y cuando pasó sus ojos por la ventana, ahí la divisó, tan bella y perfecta, como siempre, además parecía que estaba bien. Un suspiro salió de su pecho y una sonrisa se formó en sus labios.

– Qué alivio, todo está bien… – susurró para sus adentros.

Mimi se sobresaltó al escuchar la voz del chico y rápidamente volteo hacia la cama. Clara fue la sorpresa en sus ojos cuando lo encontró despierto e incluso un poco incorporado en el respaldo del mueble.

– ¡Taichi! – exclamó con alegría y de un salto llegó hacia donde estaba el chico. – Despertaste… –

– Sí, y me alegra que estés… –

– ¿Estás bien? Mírame. – exclamó interrumpiéndolo a la vez que levantaba su mano y le mostraba cuatro de sus dedos. – ¿Cuántos dedos ves? –

– Ehm… cuatro. – respondió confundido.

– ¿Y ahora? – dijo mostrando dos dedos.

– Dos… –

– ¿Cómo me llamo? –

– Te llamas Mimi Tachikawa. –

– Ah… – dio un suspiro y llevó una de sus manos a su pecho. – ¡Estás bien! – dijo con una sonrisa.

Taichi no pudo evitar sonreír al entender que la castaña estaba tan feliz por qué él se encontraba bien. La idea de que ella se había preocupado por él lo llenaba de una alegría inmensa.

– Claro que estoy bien, sólo me golpee la cabeza y… –

– ¡Eres un tonto! –

La chica lo interrumpió y de un impulso se lanzó a abrazar al castaño con fuerza. Ella no solía hacer esas cosas, incluso no entendía la razón por la cual lo estaba abrazando con fuerza, pero no le importaba, estaba realmente aliviada de que Taichi estuviera bien.

El chico aún no reaccionaba ante la sorpresa de lo que Mimi estaba haciendo, de hecho ahora pensaba en la posibilidad de que todo era un sueño. Pasaron unos segundos hasta que al fin volvió a la realidad y le correspondió el abrazo con una sonrisa.

Sin duda Mimi Tachikawa lo hacía sentir como nunca nadie lo había hecho. Adoraba a esa castaña y no sabía con exactitud desde cuando, pero de lo que estaba seguro era de que no quería que ese abrazo terminara nunca.

Ellos no se habían dado cuenta, pero un alto rubio ojiazul observaba con un semblante serio la escena desde el marco de la puerta. Apretó los puños sin entender porqué se sentía tan incómodo de presenciar eso y sin más, se dio media vuelta y cerró suavemente la puerta tras de sí.

::

Yamato Ishida ahora se encontraba caminando a paso rápido por los pasillos de la escuela, estaba algo molesto y fastidiado, sin duda había sido un día cansado. Estaba dispuesto a dirigirse a su dormitorio, pero al pasar por los casilleros se detuvo en seco.

Era Sora Takenouchi, se encontraba frente al casillero de Mimi con una cubeta en el suelo. Al parecer estaba tallando con una esponja la puerta de este, borrando la amenaza que había sido escrita ese mismo día.

– Hey. – exclamó el rubio llamando la atención de la pelirroja.

– ¡Ah! ¡Me asustaste! – replicó nerviosa.

– ¿Qué estás haciendo? – preguntó mirándola extrañado.

– N-nada, es que me pareció horrible lo que le hicieron al casillero de Mimi y lo estaba limpiando. Me pregunto quién habrá sido… –

– Hmm… – susurró Yamato metiendo sus manos a los bolsillos de su saco, iría directo al grano. – ¿Esto es tuyo? – dijo mostrándole el botón dorado que había encontrado.

Sora divisó el pequeño objeto e instantáneamente dejó de tallar para acercarse al rubio con notoria molestia reflejada en su mirada.

– ¿Qué es eso? –

– Un botón como los que tenemos en las mangas de nuestro saco. – replicó el rubio. – Lo encontré en el lugar del accidente. –

La pelirroja guardó silencio unos momentos y le dedicó una mirada de pocos amigos.

– ¿Estás insinuando que yo tuve algo que ver? –

– A Mimi la empujaron y yo sólo quiero saber quién fue. – dijo Yamato. – Y no sé, pensé que podría ser tuyo, ya que hace rato te faltaba un botón en la manga de tu saco. –

– ¿Tú como sabes? – replicó molesta. – Ni siquiera viste mi manga. –

– Así es, porqué tú no me lo permitiste. – dijo acercándose más a ella. – Muéstrame tu brazo. –

Sora retrocedió unos cuantos pasos y pasó ambos brazos por atrás de su espalda.

– ¡Yo no fui! – exclamó con rudeza.

Yamató la miró con decisión y tomó los brazos de la chica con fuerza para poder mirar las mangas de su saco. Clara fue su sorpresa al notar que a la pelirroja no le faltaba ningún sólo botón en su uniforme.

– Me estás lastimando. – dijo Sora con seriedad, sin soltarse del agarre. – Ya te dije que yo no fui. –

El rubio soltó los brazos de la chica sin quitarle la vista de encima.

– ¿Dónde estabas a la hora del accidente? –

– ¿Qué no me vas a creer? – exclamó la pelirroja. – No tienes derecho a interrogarme como si fuera un criminal, yo me voy. –

Dicho esto, Sora se dio media vuelta y salió casi corriendo del lugar, dejando a un confundido Yamato tras de sí. Era extraño, el habría jurado que la pelirroja había sido la culpable, después de todo, su actitud parecía sospechosa y además de eso, algo le decía que no estaba equivocado.

Sin ánimos de seguir pensando, el rubio se dispuso a dirigirse a su dormitorio a descansar, el día ya había sido lo suficientemente largo. Cruzó el pasillo a paso lento sin darse cuenta de que varias chicas curiosas habían observado la escena.

.

.

Y así, un nuevo día al fin llegó a la cuidad de Tokyo, el clima estaba fresco y muy agradable, propio de esa estación del año. En la Academia YG los estudiantes se encontraban alborotados, pues se había corrido como pólvora el chisme de que alguien había empujado a Mimi por las escaleras y que Taichi se había golpeado la cabeza tratando de salvarla. Al parecer sería la noticia de la semana.

Un despreocupado Takeru Takaishi caminaba por los pasillos de la academia a la vez que comía una paleta de chocolate en forma de corazón, desde hace días habían comenzado a aparecer en su casillero y la verdad es que le encantaban.

Siguió andando a paso lento cuando divisó frente a una ventana a Hikari, quien se encontraba hablando por teléfono celular haciendo movimientos graciosos con las manos. Esa chica siempre le había parecido peculiar y muy simpática; así que sin pensarlo mucho se acercó para saludarla y de paso preguntarle por su hermano.

– ¡Sí mamá! Desde ayer está despierto, perdóname por llamarte hasta ahora. – dijo la chica con una sonrisa. – Claro, todo muy bien. –

La pequeña aguardó unos segundos y asintió.

– Está bien, hablamos luego, yo le digo que te llame. – se despidió. – ¡Adiós! –

La chica guardó su teléfono en el bolsillo de su saco y justo cuando se volteo para comenzar a caminar, se topó con la cara de Takeru a escasos centímetros de la suya, cosa que la hizo lanzarse para atrás instantáneamente, cayendo de sentón en el suelo.

– ¡Ouch! – exclamó desde el piso.

– Hey, be careful. –

El rubio sonrió y le ofreció la mano para ayudarla a ponerse de pie, cosa que hizo que el corazón de Hikari comenzara a latir desbocado. La chica dudó unos segundos y levantó su mano con lentitud para sujetar la de Takeru.

– G-gracias. – dijo cuando al fin la tomó.

El chico agarró fuerzas y de un impulso la alzó para que se pusiera de pie. Hikari simplemente lo miraba aún aturdida, esos cinco segundos habían sido los más bellos de toda su existencia.

– ¿Cómo está tu hermano? – preguntó el chico sacándola de sus pensamientos.

– Ah, Taichi está bien. – replicó sin poder mirarlo a los ojos. – El golpe en la cabeza sólo lo dejó inconsciente por unas horas, pero ya despertó. –

– Son buenas noticias. – dijo con una sonrisa. – Ya debo irme, sólo quería saludar. Te veo después. –

Ella simplemente asintió aún apenada y Takeru comenzó a caminar en dirección a los salones de canto. La chica no había podido quitarle los ojos de encima, cada día que lo veía parecía que se volvía más y más apuesto, definitivamente era el chico de sus sueños…

¡Y se habían tomado de la mano!

– ¡Sí! – susurró Hikari dando pequeños saltitos desde su lugar.

La sonrisa no se había borrado de su rostro y justo cuando pensó que nada podría opacar su felicidad, presenció cómo Catalina se acercaba Takeru y lo tomaba del brazo para caminar junto a él, acción que el chico permitió. Iban alejándose, así que sólo pudo escuchar un fragmento de la conversación.

– Que mala suerte que tendrás que compartir el escenario con los de la clase especial. – dijo la francesa mientras caminaba al lado del chico. – Aunque bueno, no tienes otra opción. ¿Con quién de ellos quisieras cantar? –

– Hmm… still undecided. – replicó Takeru girando un poco la cabeza para mirar de reojo a Hikari mientras una sonrisa se formaba en sus labios.

La chica aún observaba como ambos rubios se marchaban como si fueran pareja y sus ánimos se fueron directo a la basura. ¿Cómo ella sería competencia para esa hermosa francesa? Era la mujer perfecta: alta, bonita, con clase y delgada, cualidades que ella nunca podría llegar a tener, en especial la última.

Un gran suspiro salió de su boca y agachó la cabeza. Tal vez Takeru no era para ella.

::

En esos momentos los profesores de la academia se encontraban en la sala de juntas, ya que el director los había citado para hablar de algunos asuntos importantes.

– Como ustedes ya se habrán enterado, ayer ocurrió un pequeño accidente. – dijo el señor Yano, hablando desde su asiento. – Por suerte el alumno Taichi Yagami está bien y no tenemos porque preocuparnos. –

Los maestros miraban al director en silencio mientras este seguía hablando.

– Espero que estos accidentes no vuelvan a ocurrir, los alumnos deben ser más cuidadosos. – dijo con seriedad. – Y como el asunto ya está cerrado, prosigamos a tratar temas más importantes, como lo es el concierto del mes. –

– ¿Asunto cerrado? – exclamó Joe Kido poniéndose de pie. – No es necesario que yo se lo diga, toda la escuela lo sabe, a Mimi la empujaron. ¡Debemos encontrar al culpable! –

– Hey, tranquilo. – susurró Izzy, quien se encontraba a su lado.

– ¿Encontrar al culpable? – replicó el director. – A mi no me consta que la chica haya sido empujada, esos son rumores que los alumnos están esparciendo. –

– No son rumores, la misma Mimi Tachikawa me lo confirmó ayer. – dijo Joe.

– ¿Y que sugiere que hagamos? ¿Acaso quiere que la reputación de la academia quede dañada? – dijo con seriedad. – Los padres de familia harían un alboroto si se enteran de que hay algún criminal por aquí. Profesor Kido, ¿está usted dispuesto a tomar ese riesgo? –

– ¡Director, es que no podemos dejarlo así! – replicó alzando la voz.

– Profesor. – interrumpió Ari Suou. – Este no es momento para discutir ese asunto. –

– Así es. – la secundó la profesora Fujioka. – Además Yagami ya se encuentra bien, eso es lo importante. –

El peliazul observó a su alrededor y se dio cuenta de que todos los maestros lo miraban con algo de pena en sus ojos. Dio un suspiro y sin más, se sentó de nuevo. Definitivamente no podía discutir en un lugar donde todos estaban en su contra.

::

Taichi Yagami se encontraba sentado en la cama de la enfermería terminando de comer su desayuno. Estaba algo aburrido y desesperado, le urgía que el doctor lo diera de alta, aunque eso sería hasta dentro de unas horas. Lo único bueno de estar ahí era que Mimi se había quedado hasta el anochecer con él y también había venido a visitarlo esa mañana antes de ir a clases.

Iba a darle otro bocado a su comida justo cuando se escucharon unos golpes en la puerta, alguien estaba tocando.

– Adelante. – exclamó el castaño algo extrañado, no se imaginaba quien podría ser, ya que era horario de clases.

– Hola Taichi. ¿Cómo estás? –

El chico abrió los ojos de la sorpresa al divisar en el marco de la puerta a Sora Takenouchi, quien lo miraba desde ahí con una leve sonrisa en sus labios.

– Hey, hola. – replicó devolviéndole la sonrisa. – Me sorprende que estés aquí, ¿qué no deberías estar en clases? –

– Sí, sólo que me salté la primera hora para venir a visitarte. – replicó acercándose. – ¿Puedo? – dijo tomando asiento en la silla que estaba al lado de la cama.

Taichi asintió.

– Oye, pero no debiste, tal vez les enseñen algo importante hoy. –

– Es que… estaba preocupada por ti. – dijo ladeando un poco la cabeza para ocultar su sonrojo.

– Yo estoy bien, sólo fue un pequeño golpe en la cabeza. –

– ¡Pero tú no deberías de estar aquí! ¡Todo es culpa de Mimi! – exclamó en un impulso que ni ella supo de donde salió.

– No es su culpa, no quiero que pienses esas cosas sobre ella. – respondió con seriedad. – Te diré algo, la verdad es que Mimi no me ha dicho nada para no preocuparme, pero yo vi claramente cómo alguien escapaba cuando corrí a tratar de salvarla. –

Sora lo miró abriendo los ojos de par en par.

– ¿Ah sí? – preguntó un poco nerviosa. – ¿A qué te refieres con eso? –

– Mimi no resbaló, a ella la empujaron. – replicó mirando a Sora a los ojos. – Yo estoy seguro de lo que vi. –

– Pero… no viste quién fue. ¿O sí? – exclamó sin poder retener sus ojos sobre los de Taichi.

– No. – dijo apretando los puños. – Y estoy preocupado por Mimi, si esa persona intenta hacerle algo de nuevo yo… –

– Taichi… –

Sora se acercó un poco más a la cama para alcanzar la mano del chico y tomarla entre las suyas.

– Hay algunas personas que piensan que yo tuve algo que ver. Y quiero pedirte que… aunque todos piensen que yo fui… – comenzó a hablar con los ojos cristalinos. – ¿Podrías creer en mí? –

– O-oye… – replicó Tai algo nervioso. – ¿Estás llorando? –

La pelirroja apretó con delicadeza la mano de Taichi.

– Es que estoy segura de que todos me van a culpar, incluso ella. – dijo remarcando esa última palabra. – Así que por favor, cuando la misma Mimi sospeche de mí, ¿podrías estar de mi lado? –

Taichi la miró algo confundido. Una lágrima bajó por la mejilla de la pelirroja.

– Por favor… te pido que me creas. Sólo necesito que tú me creas… –

– Yo no creo que hayas sido tú, no llores… –

La chica soltó la mano del castaño y se limpió la lágrima con su brazo, asintiendo.

– Gracias, en verdad. – replicó con una sonrisa. – Sólo espero que el culpable aparezca… –

– No te preocupes, ya que aunque nunca sepamos quien lo hizo, esa persona recibirá su castigo. –

Sora lo miró desconcertada.

– ¿Su castigo? –

– Sí, es el karma, algún día se le va a regresar. – dijo el castaño con una sonrisa. – Además, cuando una persona hace algo así, significa que su corazón está completamente vacío. –

En esos momentos Sora bajó la cabeza.

– ¿En verdad eso crees? – preguntó casi en un susurro.

– Estoy seguro. – respondió.

– Bueno… yo… – dijo a la vez que se levantaba de la silla. – Debo irme ya, la segunda clase está por comenzar. –

– Oh, está bien. – dijo el castaño.

La chica asintió y rápidamente se dirigió a la puerta de la enfermería dispuesta a salir, y justo antes de hacerlo, la voz de Taichi la llamó.

– ¡Sora! – exclamó aún sonriente. – Muchas gracias por venir a visitarme. –

La pelirroja lo miró por unos segundos y una gran sonrisa se formó en sus labios.

– No me lo agradezcas, fue un gusto. –

Dicho esto, Sora salió del lugar cerrando la puerta tras de sí. Por un momento se había arrepentido de la visita, pero esas últimas palabras por parte del castaño hicieron que valiera la pena. No había duda, se sentía muy atraída por Taichi Yagami, y eso lo sabía desde el día en que hablaron por primera vez.

::

Las horas pasaron y así las clases llegaron a su final por ese día. Los alumnos ahora se encontraban dispersos por toda la academia y Taichi estaba vistiéndose y alistándose para salir de la enfermería, pues ya lo habían dado de alta. Una vez que terminó, caminó apresuradamente a la puerta y en cuanto la abrió, sus ojos se iluminaron al ver que Mimi estaba allí, frente a él.

– ¡Mimi! – exclamó efusivamente.

– ¿Cómo te sientes? – preguntó mirándolo seriamente.

– Ya te lo repetí mil veces, estoy bien. – respondió el castaño.

– Pero no te duele nada, ¿verdad? –

– ¿Tan preocupada estás por mí? ¿Por eso estabas esperándome? – preguntó con una sonrisa.

– No es eso. – replicó Mimi dándose la vuelta. – Es sólo que el doctor dijo que debías guardar reposo, así que me quería asegurar de que fueras directo al dormitorio. –

– Oh, claro. – dijo el castaño girando los ojos. – Pero oye, en estos momentos me estoy muriendo de hambre y no me apetece nada de la cafetería, ¿no se te antoja ir al café que está a unas cuadras? –

– No, no se me antoja. – replicó secamente.

– Qué lástima, entonces creo que iré yo solo. – dijo caminando hacia la salida de la enfermería. – Espero que los dolores de cabeza no vuelvan mientras esté allá, completamente solo, sin nadie que me supervise... – exclamó en voz alta con tono lastimero.

Mimi le lanzó una mirada asesina.

– ¡Eres un aprovechado! – dijo a la vez que lo alcanzaba y le daba un codazo en el brazo.

– ¿Eso significa que vas a venir conmigo? –

– ¿Qué no me ves? – exclamó la chica. – Estoy caminando contigo. –

Taichi esbozó una sonrisa triunfal.

– Bien, ¿qué quieres comer? –

– Nada. – replicó Mimi. – Que conste que sólo te acompaño por órdenes médicas. –

– Por supuesto, eso ya lo sé. – dijo Taichi asintiendo.

Sin duda adoraba cada faceta de Mimi, pero adoraba aún más que cada día la sentía mucho más cercana que antes. Eso era una buena señal. O por lo menos eso le gustaba pensar a él.

Los dos chicos salieron de la academia y caminaron a paso tranquilo mientras platicaban amenamente hasta el café que se encontraba tan sólo a unas calles del lugar, ese local era muy popular entre los estudiantes de YG puesto a su cercanía, además de que era moderno y siempre tenía buen ambiente.

Cuando al fin llegaron, tomaron una mesa frente a la ventana y el chico pidió un enorme sándwich de tres pisos y un refresco, mientras que Mimi simplemente pidió un chocolate caliente. Ambos estuvieron platicando cerca de una hora, hasta que el sol comenzó a meterse, la verdad es que la habían pasado muy bien, para sorpresa de la chica.

– ¡Camarera! – exclamó Taichi. – ¿Podría traerme la cuenta? –

Una amable joven de cabello negro asintió y se dirigió a preparar la cuenta de los chicos.

– No te preocupes Mimi, como caballero que soy, yo pagaré lo tuyo también. –

– ¿Caballero tú? – replicó la castaña incrédula. – Jaja, yo no usaría esa palabra para describirte. –

– ¿A no? – dijo el chico. – ¿Entonces cuál? –

– Pues… –

Mimi comenzó a pensar en una buena palabra para describir a Taichi, pero realmente no encontraba ninguna. Estaba segura de que tiempo atrás habría dicho que era fastidioso, pero no entendía por qué ahora esa palabra no parecía la adecuada para el chico.

Taichi notó como la castaña parecía incómoda con la pregunta y decidió cambiar de tema.

– ¡Hey, Mimi! – exclamó en voz alta. – ¿Ya viste ese anuncio? –

El chico apuntó un gran cartel que se encontraba pegado en la pared donde venía un pajarito redondo color naranja con un alborotado cabello pelirrojo.

– ¿Qué tiene? – preguntó la castaña mirando el anuncio.

– ¿No te parece familiar? Mira ese cabello rojo. –

– ¡Ah! – replicó con una sonrisa. – ¡El profesor Izumi! –

– Hey guys, I'm your english teacher, you must obey me! – exclamó Taichi tratando de imitar la voz de Izzy.

– ¡Jajajaja! – la chica estalló en carcajadas. – ¡El profesor no habla así! –

– ¡Jajaja, al menos hice el intento! –

Ahora ambos chicos se encontraban riendo de nuevo. Ese día Taichi se había dedicado a hacer sonreír a Mimi, pero nunca se esperó que la chica en verdad la estuviera pasando tan bien. Amaba verla reír de esa manera y el hecho de ser él quien le estuviera sacando esas sonrisas.

Justo en ese momento, por afuera del lugar se encontraba caminando Matsui Arukawa seguido por sus dos inseparables guaruras. El mayor no notó a los chicos dentro del café, pero Shiro, uno de sus hombres, se detuvo al ver a Mimi sentada justo frente a la ventana.

– Señor. – exclamó. – Mire adentro. –

– Oh, vaya sorpresa. – replicó Arukawa al divisar a la chica. – Entremos a saludar. –

El hombre rápidamente abrió la puerta del lugar y se dirigió campante hacia la mesa donde se encontraban los chicos, seguido por sus guaruras.

– ¡Mucho tiempo sin vernos Mimi! – dijo con una hipócrita sonrisa.

La chica levantó la mirada y casi se queda helada al ver a ese hombre. ¿Qué se supone que hacía ahí? Ya hasta se había olvidado de él. Bueno, casi.

Taichi al reconocerlo se sobresaltó e inmediatamente se levantó de su silla para quedar frente al mayor.

– ¿Qué hace usted aquí? – dijo el chico en tono amenazante.

– Veo que tienes buena compañía, Tachikawa. – exclamó con sarcasmo. – Pero no te preocupes, sólo vine a felicitarte. – dijo mirando a Mimi.

– ¿Felicitarme por qué? –

– Escuché que obtuviste la puntuación más alta en la prueba de canto. –

– Ah, sí. –

– Bien hecho, así debe ser. – replicó sonriente. – Si sigues así pronto podrás saldar la deuda de tu padre. –

En eso Arukawa levantó la mano para darle unas cuantas palmadas de ánimo a Mimi en el hombro, pero inmediatamente su brazo fue detenido por el fuerte agarre de Taichi, quien impidió que la tocara.

– No se atreva a ponerle un dedo encima. – dijo el castaño observándolo desafiante.

– ¡Hey! – exclamo el mayor. – ¡Dile a tu amigo que se tranquilice! –

Mimi inmediatamente se levantó de su lugar.

– ¡Taichi! ¿Qué rayos te sucede? – dijo a la vez que retiraba el brazo del chico de Arukawa.

– ¡Es qué! –

– Disculpen. – interrumpió la camarera. – Aquí está la cuenta. –

– Bien, ya nos vamos. – dijo Mimi molesta.

Taichi guardó silencio y sacó el dinero para dejarlo en la mesa. Acto seguido, Mimi caminó a paso rápido hacia la puerta y salió del lugar, a lo que el castaño la siguió no sin antes dedicarle una mirada asesina a Matsui Arukawa, quien observaba la escena entre divertido y extrañado.

– ¡Mimi! ¡Espera! – gritó Taichi tratando de alcanzarla.

– Me voy a la academia. – exclamó la castaña.

– ¡Pero detente un momento! – dijo tomándola del brazo y haciendo que le diera la cara. – ¿Estás molesta? –

Mimi lo miró por unos segundos y respondió.

– Escucha bien lo que te voy a decir, Taichi. – dijo con seriedad. – No te metas nunca más en mis asuntos. –

– ¿Qué dices? – preguntó confundido.

– Si alguien me quiere tocar el hombro, deja que lo haga y no te metas. – exclamó alzando la voz. – Incluso si me ves cayendo de las escaleras, ¡deja que suceda y no te metas! –

– Pero Mimi… –

– Déjame hablar. – lo cortó en seco. – Te lo estoy diciendo enserio, no importa lo que pase o en qué clase de problemas me encuentre. Yo me las arreglaré sola, así que no interfieras ni trates de ayudar. –

Taichi sintió esas palabras como un balde de agua fría. ¿Por qué de pronto la castaña le decía todas esas cosas?

– Oye… no tiene nada de malo que quiera ayudarte o que me preocupe por ti. –

– ¿Que no te das cuenta de que ya te debo mucho? – replicó casi en un grito. – ¡No tengo idea de cómo voy a pagarte! –

– ¿Pero qué cosas dices? – replicó algo ofendido. – ¡No me debes nada, no soy esa clase de persona! –

– No es eso. – dijo con los ojos cristalinos. – Es por mí, me sentiré como una molestia o una carga hasta que pague mis deudas contigo. –

– ¿Piensas que eres una molestia para mí? –

– Prometo que te voy a pagar de alguna manera. – exclamó ignorando la pregunta del castaño. – Pero te pido de favor que a la próxima no intentes ayudarme. –

Mimi desvió la mirada y rápidamente se dio la vuelta para continuar con su camino dejando a un desconcertado Taichi atrás. En verdad que el castaño no entendía la actitud de la chica, no entendía cómo es que podía ser tan cambiante, tampoco entendía por qué reaccionaba de esa manera cuando él solo intentaba protegerla, y mucho menos entendía cómo es que hace unos momentos la había sentido tan cercana y ahora nuevamente la veía tan lejos, tan distante.

::

La fría y oscura noche había llegado y en su dormitorio se encontraba una aturdida pelirroja encerrada en el baño. Se veía algo tensa y nerviosa, parecía que había estado llorando y se estaba sujetando su cabeza con ambas manos, apretándola con fuerza.

– ¡Calma Sora! – se dijo a sí misma. – No sucederá nada…–

La chica se cubrió los ojos con sus manos y suspiró pesadamente. Acto seguido caminó hacia el peinador y se contempló en el espejo. Un desastre, se veía como un desastre total. ¿Por qué de pronto todo le estaba saliendo mal? ¡Ella tenía el amuleto de la suerte! Se supone que todo debería salirle bien.

Ella no debió perder en la prueba de canto.

Ella no debió verse inferior a Mimi frente a todos.

Y más importante, la que debió haber caído por las escaleras era Mimi, no Taichi.

¡Ella no la habría empujado si hubiera sabido que el perjudicado sería él!

La pelirroja apretó los puños y con fuerza lanzó su brazo contra el peinador, tirando una caja que dejó salir material de costura, entre ellos varios hilos, agujas y botones dorados.

– ¡Ah! –

Sora rápidamente se abalanzó al suelo comenzando a recoger el contenido de la caja con nerviosismo y después se levantó para depositar todo en su cajón, recordando cómo había estado a punto de ser descubierta por Yamato.

Era extraño. Ella nunca se imaginó que sería capaz de llegar a hacerle daño a alguien, no entendía por qué lo había hecho. Claro, en el momento había sentido adrenalina, se había sentido viva, pero ahora solamente sentía un gran vacío en su interior y cómo la culpa comenzaba a consumirla.

– Pero todo es su culpa… –

La pelirroja se miró al espejo y lágrimas de coraje comenzaron a caer por sus mejillas.

– Te odio, Mimi Tachikawa. –


.

Notas de la autora:

¡Ya estoy de vuelta!

OMG, se sintió raro no publicar un viernes, como siempre. Pero bueno, yo les había avisado :D! La verdad pensé que no les podría traer un capítulo esta semana, pero ya ven ~ Me puse las pilas y milagrosamente terminé de escribirlo! Aissh ~ Y cómo suele suceder últimamente, no tuve tiempo de revisarlo como habría querido ):! Pero bueno, creo que quedó decente!

En fin, puntos importantes: ERR. Pues ya está más que claro quién fue la persona que empujó a Mimi de las escaleras, muchos de ustedes ya lo sabían, otros simplemente lo sospechaban, pero sí, obviamente fue Sora, quién, como ya vieron, le tiene un fuerte odio a la castaña. ¿Qué más? Ah, la pelirroja fue astuta al remendar el botón de su uniforme rápidamente :P ~ si no, Matt la hubiera cachado! Shurun~ A ver, a ver. Oh, ya notaron también que Hikari está sumamente emocionada por el concierto~ ¿creen que el director le arruine su ilusión? !OW, también hubo una pequeñita escena Takari!

Y AH! Lo sé, lo sé, hubo más Michi que Mimato otra vez D:! No se si se han dado cuenta, pero últimamente se han estado rotando (?) ~ El capi seis fue Michi (con Mimato oculto), el siete fue Mimato, en el ocho fue Mimato de nuevo, y este es el nueve, tocaba Michi! Hahaha, no, juro que no lo hago apropósito XD! Pero es que necesito acercar mucho a Mimi y a Taichi para un suceso que tengo planeado (y se aproxima). Ya verán que luego todo girará en torno al Mimato! I promise! De todos modos me agrada mucho escribir las escenas de Mimi y Tai :D! Adoro a ese castaño ~ !Pero ya verán, ya verán!

Y espero hayan entendido un poco el sentir de Mimi casi al final, cuando le dijo a Taichi que no se metiera en sus asuntos. Por las cosas que ella ha vivido, siente que como Tai ya la ha salvado en varias ocasiones, ahora le debe mucho. Tal y como le debe a Arukawa el dinero de su papá. Obviamente las cosas no son así, pero ella lo ve de ese modo.

Y sobre Yamato aportó su granito de arena a este capítulo :D! Dejé ver un poco sus sentimientos ~ Además de que sintió indicios de celos cuando vio a Mimi y a Taichi abrazados. Oh, y él fue el único que se movió para buscar al culpable! Lo malo es que no lo encontró, ya que Sora se movió rápido, está empeñada en no ser descubierta ~

Pero bueno, espero les haya gustado el capítulo. No me voy sin antes agradecerles a todos su apoyo y sus lindos reviews que me alegran el día! MUCHAS GRACIAS! Siempre apreciaré que se tomen el tiempo de escribirme, enserio! Los quiero mucho :'D! También a ti, lector invisible, espero un día puedas escribirme, me gustaría saber tu opinión :D!

Lalala, y creo que me excedí con mi nota de nuevo XD! Les digo, cada vez son más largas! Hahaha, lo siento! No puedo evitarlo ~
Por ahora me despido, les mando un abrazo! No se olviden de dejar RR :D! Así tal vez me anime y alcance a publicar este viernes! (haha, sonó a soborno xD) Pero no, enserio trataré de publicar el viernes ~ Es sólo que me atrasé un poquito.

Atto. Rolling Girl
aka: Gravi ~