Los personajes de Hotel Transylvania no me pertenecen, sólo mis ocs


Agradecimientos:

Byakko Yugure: gracias por tu review. Pues sí, eres un vidente :'v Jajajajaja nah, tampoco así; es cuestión de ponerlo en perspectiva, si conces a alguien y lo quieres con todo el alma y la conoces cada centímetro de esa persona, ¿hace falta decoro? xD Bueno, en eso tienes razón, a partir de aquí lle bajaré un poco a la sujestividad xD. Hum... con respecto a lo de los Zing interrraciales, dioses, no puedo comentar nada porque ya verás, ya veras... xD Oh, jejeje, en eso no te pongo dudas, cuando Sombralogre liberarse un poco, será trascendental xD. Gracias por leer.


VII

Multiguerra


Escribo esto con miedo, que la Madre Noche me proteja.

Un licántropo solitario me atacó, me di por muerto, pero Alba me salvó. Y entonces… Algo pasó, porque el cadáver del lobo pasó a estar vivo y Alba a estar muerta. No tenía sentido. Había magia de por medio, lo supe. Pude reducirlo a duras penas, porque hacer lo que sea que hizo lo dejó agotado, lo até y torturé para que me diera información. Aguantó, pero habló.

Lo que me dijo me aterró, pero antes de matarlo, seguí el relato que me dijo paso a paso.

El poder que obtuve me ha maravillado y dejado algo en claro: esa magia era destructiva.


Winnie comía a sus anchas en una de las mesas de madera pulidas del buffet, en la zona más alejada de los ojos curiosos que pudiera encontrar, pero con tantos monstruos que se hospedaban en el hotel, obtener privacidad era imposible. En la mesa habían platos varios: pasta con queso a grito, pan de agonía con carne de distintos animales para rellenar y un bote entero de helado de eructo de huevo. Comían como si no hubieran probado bocado en meses, lo que no tenía explicación para Winnie, porque ella reconocía que comía bastante, sin embargo, el atracón que se estaban dando no era normal.

«Tal vez, tener parte de la esencia de Dennis consuma más energía de lo normal.» Aquello se oía razonable.

El bullicio del buffet era una cacofonía de conversaciones, murmullos, sonidos de platos y cubiertos, que parecía un pequeño mercado al aire libre. A Winnie siempre le habían gustado los lugares así, le recordaban a su casa cuando era pequeña y el bullicio de sus hermanos era su día a día. Aún sufría el bullicio de sus hermanos de tanto en tanto, pero como eran adultos, sus arrebatos de locura eran menos frecuentes, casi podía decir que eran civilizados.

Menos de media hora más tarde, Dennis estaba comiendo su primera copa de helado, mientras que Winnie se acababa una tercera. Suspiró, colocando la cucharita dentro de la copa, ocasionando un tintineo.

—Estoy llena —dijo.

—¿Al fin? —dijo Dennis, arqueando una ceja, apoyándose contra el espaldar de la silla y balanceándola en las patas traseras. A Winnie siempre le entraba vértigo y terminaba cayéndose, pero Dennis demostraba un equilibrio antinatural. Vampiro a fin de cuentas.

—Creo. —Se miró el estómago, estaba llena por completo—. ¡Santa rabia, creo que daré a luz!

Aquel comentario en broma hizo que media docena de cabezas voltearan en su dirección, mirándola con interés y sorpresa, incluida la de uno de sus hermanos, que estaba con cara de shock. Winnie se ruborizó, no tenía intención de decirlo tan fuerte, pero estar con Dennis siempre sacaba su lado más extrovertido.

—Oh, dioses —murmuró, encogiéndose en su silla, no obstante, Dennis para evitar los malentendidos soltó una carcajada. Ella lo miró con una sonrisa culpable y notó que el chico tenía las mejillas salpicadas de rosa, apenado también.

—No te preocupes, mi Zing —la calmó Dennis, comiendo una cucharada de helado—. Aunque debo reconocer que eso me tomó desprevenido.

Winnie asintió y le apretó la mano. Al principio eso era incómodo, no poder moverse con libertad, pero con el pasar de los días y la ayuda de Dennis en algunos aspectos que necesitaba los dos brazos y un amplio margen de movimiento, Winnie se acostumbró a estar de la mano o muy cerca de él. Era extraño, porque parecía que su cuerpo reaccionaba por instinto. ¿Sería realmente instinto o la esencia dentro de su cuerpo que amoldaba sus necesidades a las de Dennis?

Sacudió la cabeza, no podía ponerse a pensar mucho en eso porque terminaría loca, teniendo ya varias cosas qué pensar, como obtener información sobre los libros en el estudio de Drácula o, el más acuciante, la indirecta de los miembros del hotel. Bufó, en el trayecto que habían hecho desde la suite de ambos hasta el comedor, se toparon con Mavis, Drácula, sus padres y Frank, quienes por una gran casualidad de la vida, estaban por el camino.

Los detuvieron para saludarlos y comentar que se alegraban sobre que por fin decidieran estar juntos, ya que su Zing era tan obvio que rozaba el descaro, Mavis abrazó a Dennis y luego a Winnie, con unos ojos lagrimosos y felices, mientras que Jonathan les comentó que no se limitaran y fueran parte del todo que son juntos. No obstante, cuando sus padres los saludaron, Wayne comentó como quien no quiere la cosa, sobre que estaría feliz y triste cuando se casaran, porque aún no procesaba el hecho de que su hija fuera una mujer.

Siendo sincera, a Winnie le aterraba casarse con Dennis bajo aquella presión. Sus hermanos ya lo habían hecho, y los admiraba por eso, pero todos se casaron en la línea de quince días luego de conocer a sus respectivas parejas. A Dennis lo conocía desde que había nacido, lo que era decir mucho, recordaba con claridad cómo le pareció adorable aquella mota de cabello rojo y rozado en el suelo, la forma en que lo protegió de sus primos abusones y la explosión de cariño que sintió por él cuando le dio sus buenos puñetazos a Bela por ella.

¡Era el vampiro perfecto, vamos! Razón por la cual le daba miedo casarse con él, no por el hecho de la ceremonia en sí, porque al imaginarse caminando por el salón, sobre la alfombra roja hacia Dennis, le hacía aletear el pecho de alegría. Lo que le daba pavor era que podía estropearlo y terminar peleados, separándose. ¿Qué le daba la garantía de que sería una buena esposa? Se estremeció, pensaría en eso otra noche.

Cuando Dennis terminó de comer, llamaron a uno de los camareros que había por ahí y los platos fueron recogidos. Winnie captó la pequeña expresión de molesta del muchacho, a Dennis le molestaba no poder hacer las cosas por sí mismo y se sentía mal por los que trabajaban en el servicio del hotel. «Ya trabajan para tantos huéspedes como para que yo los moleste más», le había dicho hace años. Él tenía razón, por lo que ella lo empezó a imitar.

—Vaya, vaya —dijo una voz ronca, como un cerdo que sufriera un susto—, miren a quienes me vengo a encontrar.

Winnie se tensó en el sitio y estuvo por dar un brinco y propinar un zarpazo por reflejo, no le gustaban las sorpresas. Con el olfato tan agudo que tenía, olía a los monstruos que iban hacia ella antes de poder verlos, y ya acostumbrada a ello, cuando la sorprendían sin haber percibido algún aroma, tendía a atacar. Una vampiresa de cabello azul, liso y corto hasta los hombros, parecía haberse materializado de la misma oscuridad, sus ojos azules los veían con diversión e interés a partes iguales. Su rostro era pálido, más que Dennis, en forma de corazón y con pómulos como navajas. Comparada con Scarlett, esa vampiresa era una tabla de surf, pero debía reconocer que al menos algo tenía.

La vampiresa hizo flotar una silla de la mesa contigua con su magia y se sentó en la mesa de ambos, a horcajadas sobre la silla y apoyando los brazos sobre el respaldar. Sonrió, dejando ver los colmillos.

—Hola, mestizo, loba —dijo, haciendo una ligera inclinación de la cabeza —, yo soy Aleskaia Ohmad, tercera heredera de la familia Ohmad. —Winnie le dio una mirada confundida a Dennis, quien se encogió de hombros, igual de confundido. ¿Qué probabilidad existía de que él amenazara a uno de los hermanos de la vampiresa y ella viniera a socializar? A Winnie se le hacía muy extraño—. Colegas, ¿es que ustedes no saludan?

—Hola —repuso Dennis, como si tuviera arena en la boca—, yo soy Dennis Drácula-Loughran, nieto de Drácula e hijo de Mavis, esto... único heredero, creo.

—Winnie —dijo Winnie, reacia a perder tiempo con la vampiresa—. Ahora, ¿qué quieres?

—Hablar —contestó Aleskaia, parpadeando como si hubieran preguntado algo que era obvio—, quiero saber cosas de ustedes. ¿Es verdad que eres mestizo o es sólo rumor de noche? —le preguntó a Dennis, luego se volvió hacia Winnie—. ¿Y cómo es posible que ustedes hicieran Zing, cuando nuestras razas se odian desde la Multiguerra? Es curioso que Drácula lo permitiera. Pero bueno —agregó, encogiéndose de hombros—, he visto varios licántropos aquí. Me parece que aquí están más civilizados.

Winnie parpadeó confundida.

—¿Multiguerra?

—Ajá.

—¿Qué es la Multiguerra? —inquirió Dennis.

—Que tonto eres, Dennis —rió Aleskaia—. Pero bueno, no me sorprende que no sepan, en este país no se les enseña. Oh, Walpurgis, no puedo creer que pregunten qué es la Multiguerra.

Un apretón en su pata le indicó que Dennis empezaba a sentirse incómodo en la mesa, sin embargo, cuando Winnie iba a despedirse de Aleskaia, Scarlett apareció como un demonio de la noche, con el cabello rubio ondeando tras ella por haberse movido a toda velocidad y los ojos llameando de rabia. Se acercó a ambos.

—¿Los estaba molestando, chicos?

—Claro que no —intervino Aleskaia, haciendo un gesto con la mano para restarle importancia—, sólo les hablaba de historia. Parecen interesados.

Un gruñido subió por la garganta de Winnie, aunque no llegó a salir, aquella vampiresa era precisa como un arquero. A todas luces Aleskaia sabía que los incomodaba con su presencia, y también sabía que los dos estaban interesados en saber sobre esa Multiguerra por el hecho de que por ésta, su relación era muy delicada fuera del bosque de árboles muertos que rodeaba el hotel.

Scarlett hizo venir una silla con su magia y se sentó al lado de Dennis, mirando como un depredador a la presa que saborea entre dientes, pero que aún no se anima a cazar.

—Y bien —dijo Winnie, hablando por todos y rompiendo la tensión—, ¿qué es la Multiguerra? Lógicamente es una guerra, pero qué bandos la libraron.

Aleskaia sonrió.

—Todos. —Sus ojos azules comenzaron a oscurecer, mientras las escleróticas se tornaron rojas—. Fue la única guerra que los monstruos han librado para determinar quienes dominarían a los humanos, e incluyó a todas las razas de monstruos existentes. Fue hace dos milenios, y causó la mayor cantidad de muertes de monstruos de la historia, incluso mayor que la purga de banshees, fantasmas y monstruos pequeños en Eslovaquia, que la caza de brujas en Europa y la muertes de vampiros por parte de la estirpe VanHellsing. Más muertos que todas esas juntas.

—¿Y en qué nos afecta eso a nosotros?

—En que, pequeña Winnie, los bandos más fuertes eran los licántropos y los vampiros, porque eran casi indestructibles; a diferencia de una bruja, un esqueleto, un yeti o un cíclope, las heridas infringidas a un hombre lobo o a un vampiro sanan con ridícula rapidez. Sin embargo, la ironía de eso era que las heridas infringidas entre ellos mismos no sanaban de la misma forma; un vampiro mordido por un licántropo podía morir por la infección, mientras que un hombre lobo herido por un vampiro podía morir desangrado. Interesante, ¿no?

—Mucho. —Winnie rodó los ojos, fingiendo fastidio, aunque la verdad era que estaba intrigada—. Al punto.

—Vale, vale —dijo Aleskaia—, por Walpurgis, eres una loba directa, ¿no? Bien. La guerra llegó a su ciclo de lucha interminable, hasta que los hombres lobo descubrieron algo que podía destruir a los vampiros de forma eficaz por más que se curaran, o puede que la fabricaran, nadie lo sabe. El punto es que los licántropos estaban a tiro de piedra de ganar la Multiguerra con lo que ellos llamaban Lágrimas de Luna, pero los vampiros hicieron algo cuando llegó la Luna Sangrienta y ganaron. Se dice que hay palabras de por medio, no sé si fue un tratado o una traición de algún lado, pero en varios relatos hacen alusión a unas palabras. Hasta el día de hoy nadie sabe qué eran las Lágrimas de Luna, ni qué son las palabras, ni cómo ganaron los vampiros, pero los lobos saben que perdieron, y aunque con los pasos de los siglos los conocimientos de los hechos de la Multiguerra se han perdido, aún persiste ese odio entre ambas razas.

Cuando Aleskaia hizo silencio, Winnie tuvo que llevarse la pata libre al estómago, la comida empezaba a caerle mal y le daban ganas de vomitar por el golpe de información, y su consecutiva comprensión. Dennis le apretó la pata y posó su mano libre sobre su hombro, asiéndolo para darle fuerza, aunque su mirada era vaga, ida.

—Mi familia lleva todo este tiempo —continuó diciendo Aleskaia— intentando encontrar qué fue lo que hizo ganar a los vampiros, sin éxito. —Bufó—. Mis hermanos y hermana están en la misma empresa, pero yo, meh, tengo mejores cosas en que gastar mi vida inmortal que en una búsqueda imposible.

—¿Y esa es? —preguntó Scarlett, quien disimulaba a la perfección el impacto de la información, no obstante, Winnie se percataba de las sutiles señales de que, en efecto, Scarlett estaba aturdida: hombros y brazos tensos, labios fruncidos y un mínimo tic en el ojo. Los vampiros eran muy buenos ocultando sus gestos; sin embargo, Winnie era la mejor notándolos.

—Investigar todo sobre el Zing. —A Aleskaia le brillaron los ojos de emoción—. ¿Qué es? ¿Por qué pasa? ¿Qué requisitos deben cumplirse? ¿Por qué se da en parejas de razas iguales como en interraciales? ¿Cuándo se da una segunda vez, por qué debe morir alguien del primer Zing, es una reencarnación de la esencia? Es fascinante. Y eso me trajo hasta aquí, con ustedes. Me interesan, ambos.

»¿Desde cuándo están juntos como amigos y cuándo hicieron Zing? ¿Cómo? Pero por encima de todo, ¿por qué su Zing parece más fuerte que los mil que he documentado? ¿Qué hay en ustedes que los resalta de los demás?

—Un momento —intervino Dennis—, ¿resaltar?

Aleskaia asintió, sacando un pequeño bloc de notas y un lapicero, que levitaron en el aire en una neblina azul, cerca de ella.

—Sí, ustedes dos tiene algo que los diferencia de los demás. Mi ojo experto lo nota. Las parejas de Zings tienen una regla natural que siguen, la cual es casarse el quinceavo día, y después se compenetran como uno solo. Ustedes, sin embargo, tienen una compenetración natural, como si sus esencias se conectaran y supieran lo que el otro necesita. Parece... —Entornó los ojos— replicación o amplificación.

«Conexión de Investiduras», pensó Winnie, recordando lo que Vlad les había hablado.

Aleskaia continuó hablando con un parloteo cada vez más excitado, emoción pura por sus descubrimientos e investigaciones, demostrando que era una erudito en todo el sentido de la palabra, sólo que Winnie no terminaba de creer su historia. ¿Viajar tanto sólo para investigarlos? ¿Los cinco? No, ella no era imbécil, ni había nacido ayer. Si ella quería investigarlos, bien pudo haber venido sola, no escoltada. Claro que no la engañaba; intencional o no, Aleskaia dijo que su familia llevaba buscando desde siempre lo que hizo ganar a los vampiros...

«¡Santa rabia!, ¿creen que eso está aquí?»

Estaban equivocados, sin duda. Ella y Dennis habían hecho un reconocimiento en todos los cuartos, pasadizos, túneles y recovecos del castillo, y jamás encontraron nada que pareciera un arma más allá de simples espadas, hachas o ballestas, y lo que decía Aleskaia tenía pinta de ser llamativo.

Winnie se puso de pie y Dennis la imitó, se despidió de Aleskaia con un asentimiento seco y de Scarlett con una sonrisa, estaba empezando a caerle realmente bien la vampiresa amiga de Dennis. Tomaron unos postres para llevar a su suite y se retiraron del lugar.

Winnie percibió los olores dulzones de la muerte que emitían los vampiros: los estaban siguiendo. Y por la forma en que los olores eran tan débiles, más de lo normal, eran expertos en seguir rastros.

Se obligó a no voltear, mas no bajó la guardia, con varias preguntas en la mente sobre lo que había dicho Aleskaia, como por qué todos los Zing tenían la media fija de quince días para casarse, qué eran las Lágrimas de la Luna y qué era lo que esos vampiros estaban buscando.


Aleskaia había visto con ojo avizor cómo sus hermanos que habían estado ocultos en las sombras, seguían al chico y la loba. De que debían encontrar lo que sea que usaron los vampiros para ganar la Multiguerra, lo encontraban. Toda la familia Ohmad había recorrido el mundo en su búsqueda, peinaron las zonas de lucha, los escondites de sus hermanos de la noche y los centros de guerra, sin encontrar nada fructífero.

Sólo quedaba un punto por registrar: este hotel, pero en el tiempo que ya tenían aquí, no habían encontrado nada esclarecedor.

Ponerle seguimiento al nieto de Drácula era una buena idea, pero algo pasaba entre él y la licántropo que nunca se separaban y siempre estaban juntos en su suite. Ella sabía que las mujeres lobos tenían una libido enorme, pero dudaba que de verdad se la pasaran todo el tiempo haciendo temblar las paredes.

Estaba también el problema de la vampiresa amiga del nieto de Drácula, que la miraba con cara de pocos amigos, sus ojos dejaban ver una astucia antinatural, pero ya Aleskaia encontraría una forma de quitársela de encima y poder investigar a gusto.

«Una cosa a la vez; primero lo que hay que encontrar.»

La vampiresa se puso de pie y se fue, dejando sola a Aleskaia.


Varias horas después de la charla que había tenido Winnie y Aleskaia, junto con Scarlett, Dennis estaba en la cama con ella, envuelto en mantas, abrazando a la chica lobo por la espalda mientras veían la película de turno en la pantalla de plasma. Faltaba unas horas para que amaneciera, lo que ya de por sí era demasiado tarde y gran parte de los monstruos del hotel estarían en sus suites durmiendo. No obstante, Dennis no conciliaba el sueño tan fácil, su mundo estaba dando un vuelco.

Durante toda su vida Dennis había pensado que la sociedad de monstruos era mejor que la humana, sin tanto caos, odio y discriminación, pero ahora se daba cuenta de que ambos, monstruos y humanos, eran bestias del mismo pozo. ¿Una guerra masiva de más de cien años? Y él creía que las guerras humanas eran desastrosas. Parte de sí había hecho la vista gorda o ignorado algunos episodios de racismo entre los mismos monstruos ya adolescentes, atribuyéndolos a los grupos de las secundarias, pero que entre los adultos pasara eso era… deprimente. ¿No podían superar el pasado y hacer una sociedad mejor?

«En el hotel no pasa eso», pensó. Y era verdad, en el hotel de su abuelo no ocurrían episodios de ese estilo, era una estancia idílica. «Y es por eso que no conozco casi el mundo real.» Su vida se reducía al hotel y sus alrededores, por lo que Dennis pensaba que todos los monstruos eran como los que se hospedaban allí. La perspectiva lo hacía sentir como un animalillo encerrado, sin saber que más allá de su jaula hay un mundo que podía despedazarlo en cuestión de segundos.

Suspiró contra el cuello de Winnie, haciéndola reír quedito. Un vampiro mestizo y una mujer lobo. Enemigos ancestrales que hoy en día eran amantes. Se le podían ocurrir mil formas de explotar ese dilema, pero lo más importante era el hecho de que si seguían en esa relación, ambos corrían un gran peligro en las afueras del hotel. «¿Pero qué me importa a mí el peligro? ¡Yo la amo!» Frunció el ceño, si tenía que pelear con medio mundo de monstruos porque creían que su unión era un error, prepararía las armas sagradas y mataría al mejor estilo VanHellsing.

Parpadeó, sorprendido y divertido en partes iguales. Tenía una beta rebelde dentro de sí de parte de su madre y una suicida de parte de su padre. Simplemente Dennis no podía quedarse sentado viendo y escuchando a los monstruos exteriores pregonar sobre lo equivocado que era amar a Winnie, ser su Zing. ¿Quiénes eran ellos para opinar sobre a quién amaba? Su amor no era un error, era lo mejor que le pudo haber pasado, sea con el monstruo que sea.

Tomó una decisión.

—¿Winnie? —la llamó, apretando su abrazo un poquito.

—Dime, Zing-Zing —dijo ella, sin voltearse.

—Cásate conmigo —propuso, y una vez las palabras dejaron sus labios causó un silencio glacial, como si la vida misma se hubiera detenido esperando por la respuesta de Winnie.

Ella se dio media vuelta, se salió de su agarre y se arrodilló en la cama, parecía que le hubieran dado un puñetazo en el estómago.

—¿Qué? —Sus ojos amenazaban con salírsele.

—Eso. —Se arrodilló también en la cama, con el corazón latiéndole como un loco. ¿Qué estaba haciendo? La proposición había brotado de sus labios en un arrebato de rebeldía, ya no había vuelta atrás. Para su extrañeza, eso lo divirtió—. Cásate conmigo —repitió, apoyando sus manos en los muslos de Winnie—. Me importa tres pimientos que esté mal visto, que a medio mundo no le guste o que nuestros familias nos estén induciendo a ello, ¡pero qué narices, cásate conmigo!

—Yo… —Winnie parpadeó con confusión, atemorizada—. ¿Estás seguro?

Vale, eso descolocó a Dennis.

—Te propongo que seas mi esposa y… ¿me preguntas si estoy seguro? —Ladeó la cabeza—. Eso no lo vi venir, la verdad.

—Es que... no sé qué se supone hace una esposa, Zing-Zing. —Ahora sí parecía aterrada—. Yo veo a tía Mavis muy feliz, y a mamá, incluso a Erika, ¿qué hacen pasa serlo? Es como si estuvieran en un mundo al que no creo poder llegar. ¿Y si hago algo mal, y si…? —Para acallar sus dudas, Dennis se inclinó y la besó.

Winnie le echó las patas a la espalda y lo pegó más hacia ella, para besarlo con más ganas; las garras de ella le hacían presión por sobre la camiseta. En el momento de quedarse sin aire, Dennis intentó separarse, pero sólo pudo hacerlo unos cortos segundos porque Winnie volvió a buscar sus labios y besarlo con tantas ganas que le sacaba una sonrisa. Se relajó y continuó, recorriendo sus labios y sintiendo la lengua de ella bailar con la suya; entonces Winnie se separó, le besó el cuello y le dejó una marca roja.

Le dio un empujón, haciéndolo caer de espaldas en el mullido colchón.

—¿Esto es un sí? —jadeó Dennis, le costaba pensar.

—¿Tú qué crees? —dijo Winnie, sentándose a horcajadas sobre él, con una voz grave y un brillo deseoso en los ojos.

Oh, por la Noche de Walpurgis, ¡sí!

Ella sonrió y alzó un dedo, la garra brillando, y le rasgó la camiseta de abajo hacia arriba, separó los trozos a ambos lados y comenzó a darle besos por el cuello y bajando poco a poco. Dennis tampoco se quedó atrás, porque apenas Winnie se hubo agachado para darle el beso, bajó las manos hasta su cintura y de un tirón le sacó la camiseta que hacía de pijama.

Sonrió, sintiendo los labios de Winnie en su piel.

Un simple «sí» hubiera sido muy… simple, pero su Zing era Winnie, ella nunca ponía las cosas simples.