¡Qué tal, Meine Leser! Semana con capítulo nuevo y con Eren devuelta a la narrativa finalmente... Llevaba desde el capítulo dos sin hacerlo, so, ya era tiempo y bastante justo... Y para variar, es quien iniciará éste capítulo. Será algo un tanto inusual, pero divertido y distinto a lo que estoy acostumbrada, si es que mi criterio no está mal.

Hice muchas referencias, por lo que al final les dejaré un pequeño glosario en caso de que sea necesario.

[180719] Me retracto de lo que dije del récord en el capítulo pasado en las notas actualizadas. Pues éste capítulo me llevó nueve horas, y terminó siendo mucho más extsenso —demasiado, se añadieron exactamente 3,098 palabras. Además de ser modificado 'drásticamente' en cuanto a las situaciones en la parte que narra Annie—.

Como no sé qué más agregar, sólo les daré una regla de vida random: no spoileen a sus amigos. Espero disfruten el capítulo, pueden continuar, JAJAJAJ.


PLAYLIST: Gingerbread Man, There's Nothing Holdin' Me Back


CAPÍTULO IX: Montaña Parte I.


Eren

Absorto en mis pensamientos, sin estar del todo consiente de ello, mantenía mi vista perdida en algún punto entre la reja decorada de plantas artificiales y el espejo lateral del auto a mi lado, entrecerrando mis ojos y admirándome juguetear con mi pulgar y mi labio interior, ido.

Y no fue hasta que oí y sentí el golpe de la puerta a mi lado que pude volver en mí mismo.

Advirtiéndole haber subido al auto sin previo aviso, preparándose en el asiento del copiloto como si yo no estuviese aquí con ella. Lo cual sólo admiré, en silencio. Aún con mi pulgar en mi barbilla y con mi otra mano sosteniendo el volante.

Rápidamente acomodó su cabello y cambió sus botines de tacón por unos normales color negro, escondiendo los primeros bajo el asiento. Acto secundo, pasándose a abrochar su cinturón.

—Ya, vamos— soltó Annie, tenaz y un tanto despabilada —. ¿Qué miras? Muévete.

—Nada — gruñí, molesto ante su actitud.

Empero, fui yo quien se metió en esta situación. ¿Por qué? Ni siquiera yo lo recuerdo. Quizá sólo fue un impulso de idiotez por parte mía.

Me preparé para conducir, y posicioné el retrovisor y la cámara de reversa para asegurarme de poder salir bien.

—Reiner y Bertholdt vienen para acá —avisé, deteniéndome. Y Annie tornó sus ojos, con desagrado.

Braun se colocó a la puerta, apoyándose sobre la base libre del cristal. Examinando la escena con desconcierto.

Annie seguía viéndole, instando con la mirada y alzando una de sus cejas hacia ambos de ellos, buscando respuesta y partida pronta.

—Olvídalo — dijo Reiner, mirándome. Después, tornando de vuelta hacia Annie —. ¿A qué hora volverás? — indagó.

—No sé — respondió Annie, hastiada y cortante. Braun resopló.

— Sólo que sea temprano — dictó Reiner, preponderante —. Nos vemos en casa — finalizó, despidiéndose y marchándose hacia su auto.

Ciertamente me recuerda a Mikasa en ese aspecto. Ambos haciendo el papel de hermano mayor… Y me parece un fastidio, el que traten de controlar tu vida y lo que haces en todo momento. Simplemente, es sofocante.

— Dime algo que te guste y algo que no — solicité, una vez habiendo salido a la carretera. Echando un vistazo hacia ambos lados de la carretera para poder avanzar y siendo admirado con extrañeza por la rubia.

Aunque pensó la cuestión, captando quizá mi intención.

—Lo dulce y las multitudes — soltó Annie, con desinterés. A lo que respingué, sorprendido.

—Dije algo que te gustara y algo que no. No cosas que te disgustaran — ironicé, queriendo ver su reacción. Sin embargo, mantuvo la misma lúgubre expresión que mantiene siempre en su estoico rostro —. Bien… ¿te parece si vamos por un helado? — consulté, incómodo. Dando marcha.

—Sí… como quieras — alegó, indiferente. Estirando su brazo fuera del auto y examinando el entorno detallada y ensimismadamente, lo cual le fue posible debido al convertible del Mustang. Su manera de admirar todo, siéndome bastante curioso.

Arribamos en el «Parque Yarckel» casi media hora después de viaje desde Fritz, y allí, como había propuesto con anticipación, compramos un par de helados en uno de los locales a las cercanías y fuimos ingiriendo éstos unánime dábamos un par de vueltas e intentábamos conocernos mejor.

A ambos nos gustan las hamburguesas con queso y lo dulce, nos gusta el rock, tocamos guitarra y cumplimos años en marzo —y en fechas cercanas —. No obstante, ella es un año mayor que yo. Estudia Derecho con Armin y Mikasa y nació en Liberio, una ciudad con playa.

Mientras que Armin y yo queremos conocer el mar, Annie ha dicho preferir las montañas —a pesar de no haber estado en una antes —.

Habiendo avanzado ya un largo rato, nos detuvimos sobre el puente en el estanque, y miramos hacia el interior de éste.

— ¿Y qué te ha parecido Paradise? — inquirí, poco a poco deshaciendo la galleta restante del cono entre mis manos y lanzando ésta hacia el estanque, donde varios de los patos peleaban por la comida y alzaban su cabeza hacia nosotros esperando por más. Pero se acabó.

—En verdad… no he tenido oportunidad de conocer —confiesa Annie, encogiéndose de hombros y retirándose del barandal del puente, caminando con sosiego hacia la superficie de concreto a los pies de éste.

—Ya veo… — murmuré, siguiéndole.

Y mientras ella avanzaba tan sólo a unos cuantos pasos de mí, tras observarla en ese pequeño tramo, pude percatarme de algo.

A lo largo del sendero pateó varias piedras, éstas, logrando rebotar por varios meros antes de hundirse en el lago artificial a nuestro costado. Algo que me hizo lograr recordar el día de la parrillada con Reiner en su casa.

—Annie — le llamé, obteniendo su atención. Giró sobre sus talones, y yo me adelanté hacia donde ella —, ¿cómo tiraste a Reiner aquel día? ¡Fue increíble! — alagué, divisando el cómo sus ojos se abrían de golpe ante mi declaración y admiraban los míos, cavilando en mis palabras.

Bajó la mirada momentos después, desviándola de la mía. No obstante, creo haber logrado ver la comisura de sus labios curvarse ligeramente.

De alguna manera, provocando un extraño cosquilleo en mí.

—Si quieres, podría enseñarte… — farfulló, alzando su rostro nuevamente hacia mí. Con cierto aire agradable.

—Podría intentarlo — repliqué yo, ladeando mi cabeza y sonriéndole a medias, no logrando realizarlo por completo, inseguro. Sintiéndome extraño de alguna forma, frunciendo mi entrecejo sutilmente.

Ha sido una reacción rara.

Avanzamos, y más adelante nos dispusimos de tomar asiento y descansar debajo de uno de los árboles en una de las áreas verdes, esperando refrescarnos un poco antes de seguir. No obstante, no tuvimos demasiado éxito tratando de calmar el calor.

Estando allí, buscando un tema de conversación del cuál tratar dejando de lado asuntos de la universidad, no pensé en nada más que en el asunto de los hermanos mayores del cual estaba pensando hacia un rato.

— ¿Reiner siempre ha sido así? — curioseé, esporádico.

— ¿Cómo? ¿Protector o preponderante?— cuestionó, captando mi idea. Y moví mi cabeza hacia los lados, indicando que ambos —. No… — refutó a ello —, él siempre fue el enclenque del grupo. Al que protegían — relató, desconcertándome.

Se estiró un poco sobre la superficie, y continuó.

—Pero eso cambió — se detuvo, suspirando, cabizbaja. Puedo imaginar la razón de ello, puedo verlo en Annie.

— ¿Ya estás cansada? — evadí, intentando evitar mortificarle más.

Negó con la cabeza, sutil.

—Vamos — solté, ante entrever la oportunidad. Me coloqué de pie y me sacudí la ropa, siendo observado por Annie con peculiaridad. Acto secundo, girándome y aproximándome hacia ella, ofreciéndole mi mano.

— ¿Huh? — musitó, extendiendo su mano hacia la mía con vacilación —, ¿a dón-? — quiso preguntar, viéndose cortada en el momento en que le jalé conmigo.

—Tú sólo sígueme — indiqué, dándome media vuelta y caminando de espaldas, tomándole por ambas de sus muñecas con cuidado. Notándole algo incómoda—. No traes tu celular contigo, ¿cierto? — escudriñé, y cabeceó, en señal de negación.

— ¿Por qué? ¿Me vas a secuestrar acaso? — insinuó, seria, unánime alzaba una de sus cejas.

No lo hizo en tono de burla, pero pude distinguir la intención de ello.

—No… — bufé, irónico. Logrando causarle mayor desconcierto y recelo —. Ya estamos por llegar — comento, mirando de reojo hacia atrás, cuidando de no tropezar en la subida del pequeño relieve que llevaba a otra de las zonas del parque.

Llegamos a donde quería traerla.

—Aquí estamos, ¿lo ves? — dije, sin soltarle aún. Permaneciendo en la zona pastosa de «no pisar».

—No hay nada — especuló, removiéndose con disimulo.

En realidad, no hay nadie si es a lo que se refiere. Empero, sí que hay una fuente en la zona del centro del área, y es rodeada de distintas cosas a su periferia.

Le miré, capcioso. De reojo, confirmando la hora en el reloj de mi celular e iniciando una cuenta atrás.

Los aspersores iniciaban a brotar de donde se encontraban escondidos, y se encendieron, de forma que comenzaron a disparar a todos lados. Y Annie pegó un grito —bastante agudo —, cuando uno de los regadores nos golpeó a nosotros.

Trató de cubrirse, no obstante, me aseguré de que no pudiera hacerlo. Pues al mantener sus ojos cubiertos, no se daba cuenta de que le llevaba por cada uno de los rociadores.

Y en cada oportunidad en la cual intentaba ver, no le fue posible. El agua le rociaba directamente por alguna razón u otra, obligándole a evitar ésta y cubrirse de vuelta.

— ¡Eren! — exclamaba, molesta al haberme descubierto.

¿Cuándo fue la última vez que intenté esto? Sí, aún estaba en la preparatoria. La diferencia es que venía con amigos, tarde, cuando ya no había nadie e intentábamos tirarnos y "derrotarnos" los unos a los otros.

Era un juego estúpido, pero lo pasábamos bien.

No duró demasiado, y una vez apagados los aspersores le guie conmigo hasta la fuente, donde ambos tomamos asiento. Annie asistiendo aún de mi ayuda.

— ¿Ya acabó? — preguntó Leonhardt, cubriéndose aún con ambos de sus brazos.

—Ya — aseguré, soltándole.

Annie bajó sus brazos, indecisa y precavida en primera estancia. Y habiéndose asegurado, se volvió inmediatamente a mí, golpeando mi pecho con el dorso de su mano.

— Idiota — masculló ella, deslizando sus dedos sobre los pómulos de su rostro, deshaciéndose del agua y el maquillaje corrido en éstos.

Resoplé y rodé los ojos, divertido de la situación.

Y aprovechando que estaba distraída, giré mi torso hacia la fuente sobre la cual nos encontrábamos e introduje mi mano a ésta, jugando un poco con el agua entre mi mano. Viendo con astucia a mis lados y confirmando la ausencia de personas alrededor.

Me dejé caer hacia atrás, jalando a Annie conmigo hacia el interior de la fuente.

Agitó sus brazos con pánico, a pesar de no ser profundo. Y tomó asiento, saliendo de inmediato a tomar aire.

— ¡¿Qué carajos pasa contigo?! — bramó, enojada.

Me senté, tratando de limpiar mi rostro y paseando mis dedos entre mis rebeldes cabellos castaños-azabaches, queriendo acomodar éste. Burlándome por lo bajo de su reacción, con disimulo, cubriendo medio de mi rostro con una de mis manos.

Admirándole intentar con algo de dificultad salir de la fuente.

— ¡Hey! — vociferó un hombre, al cual pude divisar a unos cuantos metros de nosotros y se acerca con rapidez hacia acá —. ¡Salgan de ahí! — amenazó.

Un oficial.

—Corre — advertí, parándome y saliendo de un salto de la fuente al instante, girándome hacia donde Annie.

— ¿Qué? — me observó, aturdida. Apoyándose sobre la orilla del concreto todavía, removiéndose.

— Vamos, ¡corre! ¡Corre! — apresuré, inclinándome a sacarle con premura. Jalándole conmigo devuelta hacia mi auto por el mismo camino por el cual llegamos.

En el trayecto, teniendo que deslizarme sobre la pequeña llanura y esperarle debajo para tomarle y seguir avanzando hacia donde había quedado estacionado mi Mustang.

De momento, recibiendo las quejas de Annie conforme avanzábamos y nos alejábamos del policía.

Nos escondimos a un costado del carro, y me tiré al suelo, apoyándome contra la roja coraza al alcanzar éste.

— ¡Eso fue muy estúpido! — espetó Annie, jadeando y tendiéndose a mi lado, irritada.

— Agradece que no nos arrestó — digo, asomándome.

— Jódete — blasfemó, magullando contra el suelo con fuerza y colocándose de pie para apartarse de mí.

Dejando pasar un rato, me dirigí a la parte trasera del auto, y abrí el maletero para tomar un par de las toallas limpias que cargo para mis duchas después de los entrenamientos.

Titubeante, pero también firme, acercándome a donde se había aislado Annie. Extendiendo la toalla hacia ella, cauteloso, intentando llamar su atención al aproximar el paño al alcance de su vista. Viéndole comprensivo, encontrándome con su aún entrecejo fruncido de reojo hacia mí.

— ¿Ya quieres que te lleve a tu casa? — consulté, entregándole la toalla en mano. Terminando de secar mi cabeza y rostro con la tela alrededor de mi cuello.

No contestó, pero subió al auto. Lo que tomé como un sí.

Al pasar de un par de calles, todo seguía en silencio.

— ¿Sigues molesta? — insté, oteándole. Fastidiado al encontrar que seguía ignorándome desde hace rato.

Estornudó, reforzando el cobijo a su cuerpo, cubriéndose casi en su totalidad. Al entreverlo, presioné un par de botones, los cuales provocaron y se encargaron de que el techo convertible y las ventanas se cerraran.

Encendí la calefacción, y continué con lo mío.

Más tarde, entre calles, cayendo en cuenta de que ya estábamos cerca del destino. Lo cual me presionó a hablar estando a tan sólo unos metros de arribar.

—Dices que… no has ido a las montañas, ¿cierto? — inquirí, pausando. Ella siguió en silencio —, ¿quieres ir? — invité, estacionándome frente a la casa y esperando a su respuesta —. Otro día, claro — agrego.

Entre ello, vislumbrando a Reiner bajar por el pórtico.

— Por supuesto… será mucho mejor que lo hoy — añadí, persuasivo. En el momento en que Annie entreabría la puerta y sacaba ya uno de sus pies hacia la superficie de concreto. Pero antes de bajar, se detuvo.

Asintió levemente con su cabeza, complaciéndome ante su respuesta. Y tras fluctuar un poco, volvió a estornudar; intentó devolverme la toalla, pero dejé que la conservara.

Bajó, y se dirigió a la entrada, pasando por un lado de Reiner, sin dejar de resollar.

— ¿Qué demonios hicieron? — se acercó Braun al auto, apoyándose sobre el margen de la ventana.

—Digamos que… tomamos un baño en el parque — respondí, encogiéndome de hombros. El rubio sonrió de lado y cabeceó, burlón.

—Por cierto, ¿tienes el dinero?— preguntó, fuera del contexto.

— Estoy pensando en pedir un poco prestado. Pero mañana te doy una parte, ¿está bien? — consulté. Reiner suspiró.

—Sólo no tardes — consintió Braun —. Tienes que prepararte, este domingo será el próximo juego... ¡Y tenemos que ganarlo! — exclamó, decidido y sonriendo, también despidiéndose de mí, contagioso de energía.

Volví a casa, dirigiéndome directamente hacia mi habitación una vez haber llegado. Pero mientras lo hacía, fui interceptado por mi madre.

— Eren— nombró, propiciándome a detenerme—. ¿Qué sucedió, por qué vienes así? ¿Por qué tardaste?— cuestionó, desahogando su angustia.

Me volví hacia ella, y caminé en su dirección, extendiendo mis brazos y acercándome poco a poco, a lo que me miró, desconcertada hasta momentos después.

—Vete a dar un baño — repelió, cubriendo su nariz y espantándome con su mano. Reí ante su reacción, y retorné a mi objetivo principal —. Te ves contento hoy, ¿qué ocurrió? — inquirió, con un aire contento.

—Fue un día… divertido — respondí, vacilante —, es todo. Supongo.

—Me alegro por ti, Eren — expresó, afable, dedicándome una dulce sonrisa y volviendo a sus deberes.


La semana transcurrió de manera lenta, más de lo normal o a lo que estoy acostumbrado. Y a pesar de que los entrenamientos no me dan mucho tiempo, de vez en cuando invité a Annie a salir entre clases y mis horas libres, o dar una vuelta por ahí.

O de repente, simplemente a tomar un café en alguna de las cafeterías o restaurantes del campus, dependiendo de dónde nos encontráramos o nos quedara más cerca a ambos.

A veces tenía incluso que cruzar medio campus hasta la Facultad de Derecho sólo para poder verla y juntarnos en la cafetería de la misma. Pero después de ponernos de acuerdo en una de nuestras charlas, quedamos en que iría por ella temprano el fin de semana para ir a Nine Falls.

Y de alguna manera, a mí también me ha estado ayudando salir más seguido. Creo que ha sido una buena idea el intentar arreglar las cosas con Annie.


Mikasa

Ha sido molesto, demasiado. Pero Armin es mi mejor amigo, y no pienso darle la espalda después de todo lo que ha hecho por mí y después de tantas veces que me ha apoyado, inclusive si mis decisiones no han sido del todo buenas.

Es desagradable, la presencia de Annie.

Lo único que me hace mantenerme cuerda, es que Jean y Armin están aquí, ambos controlando la situación. Si no fuera por ello, tal vez en lugar de esto ser una sesión de estudio, sería un verdadero ring de peleas.

Hemos estado ya un largo rato en la Cafetería de la Facultad, practicando y repasando para la Simulación de Juicio Oral próxima a presentar —debido a que las salas de estudio regulares dentro del edificio están casi atiborradas por la misma razón—. Siendo Jean el reo de este caso, yo como parte defensora de Kirschtein, y Annie de la parte acusadora.

No obstante, esa enana sólo me ha hecho perder la paciencia durante todo el día.

Y debido a ello, yo terminé gritando en varias de las ocasiones, encarando a la rubia frente mío, furiosa. Ambos chicos encargándose de mi sosiego.

—Creo que deberíamos descansar un poco— sugirió Armin, percibiendo la creciente hostilidad del ambiente, terminando los apuntes en su ordenador, guardándolos y cerrando la tapa de éste momentos después.

Le miré, instando en que hablase respecto a ello.

— Sus argumentos son válidos— dijo, encogiéndose de hombros, apenado. Evadiendo lo que yo buscaba escuchar—. De hecho, hay suficientes pruebas contra Jean— mencionó el rubio, ya fuera de su papel. Leonhardt suspiró, satisfecha y altanera, volviendo a tomar su lugar.

Es increíble.

Resoplé, apartando mi vista de Armin y buscando controlar mi contrariedad. Evitando doblar mi quijada y sobretodo, caer ante Annie demostrándole mi sumisión.

No obstante, podía sentir mis puños ya agarrotarse y tensarse con la presente amenaza de golpear a alguien, con mi mirada fija hacia Annie.

Empero, fui descolocada, sintiendo un extraño escalofrío recorrerme bajo la mesa. La mano de Jean había acariciado y tomado la mía, buscando tranquilizarme.

Y lo logró.

Respiré profundo, e intente relajar mi cuerpo y aclarar mis ideas durante el pequeño receso que tomamos. Lo poco de paz que quedaba en el ambiente, viéndose afectada por la súbita interrupción de una quinta persona en la mesa. Mina Carolina.

— ¡Annie! — llegó, gritando y desconcentrándome. Propiciándome a admirarles con mis ojos entrecerrados—. ¿Es verdad? ¡¿Están saliendo?! — preguntaba, emocionada.

Annie miró a Carolina con desconcierto, pero pareció haber hecho alguna seña con su cabeza. Probablemente en alusión de que evitara hablar de ello.

No es tan difícil leerle.

En cambio, las mejillas del Arlert a mi lado tornaron en un lindo rojo carmesí el cual se extendía tenuemente por su rostro. Sin embargo, a mí perspectiva, no parece estar hablando de algo entre Annie y Armin.

— ¡Disculpen! No debí interrumpirlos— se excusó Mina, y se despidió de nosotros, nerviosa.

Y momentos más tarde, tras mirar a la pantalla de su celular, Annie tomó sus cosas y también marchó.

— Pero aún no acabamos…— menciona Armin, entre parándose. Pero la rubia pasó de él, y Armin sólo le admiró alejarse.

Rabiosa, me puse de pie y me deslicé entre la silla y la mesa, decidida a ir por ella. Pero ambos chicos me detuvieron.

—Está bien, Mikasa… — musitó, desanimado. Propiciándome a volver a sentarme junto con él. Alzando su rostro y tratando de esbozar una sonrisa.

—No es tan malo… — añadió Jean, irónicamente con empatía, encogiéndose. Lo cual, de manera indirecta pude captar, y me hizo sentir mal al respecto. Pues tiempo atrás trataba a Jean con indiferencia, de la misma manera en que Annie hizo con Armin, o inclusive peor.

—Los dejo — anunció Armin, recogiendo sus materiales y retirándose.

—Perdóname, Jean — farfullé, agachando mi cabeza con cansancio. Recostando ésta sobre mis brazos contra la mesa —. Te hice perder el entrenamiento de hoy y pronto tendrán otro juego… — me dirigí a él —, y todo por algo estúpido como esto — agregué.

—No… No es estúpido, esto es importante para ti — comenzó él, dulce y solemne, apartando el cabello de mi rostro y acariciando mi mejilla —. En cuanto al entrenamiento no hay problema, ya hablaré con el coach — eximió, con una tenue sonrisa. Oteando su teléfono —. Puede que aún alcance a lo último, ¿me acompañas?

Asentí, y ambos nos preparamos y salimos a caminar hacia el campo de football. Realmente Jean no logró llegar a tiempo, quedando castigado en banca. Pero igual habló con el instructor.

Por otro lado, durante la espera, a varios lugares de mí pude encontrar a Annie, aburrida junto a un grupo de chicas. Puedo entrever, las porristas.

Pasó un tiempo, sentada e inmóvil, hasta que se desintegraron y cada quien se fue por su lado. Permaneció un poco más, y luego se reiteró junto a Reiner y Bertholdt.

No le tomé mucha importancia esta vez, y volví a centrarme sobre la yarda, sintiendo un escalofrío.

Y por reflejo me giré, abriendo mis ojos de golpe y escudriñando la causa. A lo que creo hace unos instantes observaba en mi dirección, estando en la zona de anotación, sentado y solitario, Levi.

Su casco no me deja contemplarle debidamente, pero sé que es él…

Ackerman.

« — Él siempre ha sido así… frío, distante — decía, cavilando—, normalmente, cuando actúa de esa manera es cuando se encuentra estresado y busca desahogarse. No lo dice, pero es así. Y lo sé, lo conozco».

No todo me quedaba claro.

«Pues… no digas que te conté pero, Levi ha estado pasando problemas familiares últimamente: el estado de salud de su madre y… ».

— ¿Mikasa? — me sentí sacudir, con cuidado. La insistencia, finalmente sobresaltándome. Jean me admiró con pesadumbre —. ¿Estás bien? — inquirió, preocupado. Afirmé con mi cabeza, un poco perpleja, y tomó asiento a mi lado, rodeándome con uno de sus brazos por sobre mis hombros.

—Ah… — carraspeó Jean, vacilante. Mirando hacia sus lados con nerviosismo —, mañana… Mañana habrá una fiesta, y había pensado si… querías ir conmigo — propuso, sorprendiéndome ante la invitación.

— No creo… — medité antes, murmurando —, prefiero quedarme a estudiar — añadí, en parte cierto, en parte no. Nunca he sido de quienes se la pasan estudiando todo el tiempo en verdad, sino lo hago de último momento.

Pero justo ahora estoy por presentar, lo cual no lo hace mentira.

—Anda, vamos — insistió Jean, suplicante —. Has estado estudiando bastante, necesitas un descanso — mencionó, tratando de convencerme.

—Jean, yo… No me gustan mucho las fiestas— suspiré, franqueada. Aprovechando de que ya no había nadie a los alrededores, decidí decir lo demás—, siempre termino embriagada, y no me agrada— comenté, mirándole de frente—. Nunca recuerdo lo que hice, y me inquieta — fruncí el entrecejo.

— ¿Lo dices por aquella vez? — insinuó, afligido.

Sí.


Annie

Dando los últimos arreglos a mi cabello y a mi ropa, me detuve frente al espejo, comprobando que todo se encontrara en orden.

Portando una sudadera negra con mangas y gorras grises —aún sigue haciendo calor, pero Jaeger igual recomendó que llevara sudadera—, un jooger-capri negro y unas Timberland clásicas en un amarillo ámbar-mostaza.

Mi cabello, siendo sostenido en una pequeña y firme bailarina con cortos cabellos sobresaliendo de la misma y dejando algunos de los mechones descender a los costados de mi rostro, como acostumbro llevarlo.

Estando lista, tomé mi mochila de la cama y bajé, dirigiéndome a la cocina. Buscando de qué comer en la nevera antes de partir, pero no encontré demasiado.

Cerré la puerta, y giré sobre mí misma, saltando.

—Vaya que es raro verte despierta temprano— soltó Reiner, tomándome por sorpresa. Apoyado en la isla de la cocina—. ¿A dónde vas? — inquirió, tomando una manzana del cesto de frutas.

—A las montañas— respondí, evadiéndole y metiendo lo último a la mochila, colgándome ésta sobre los hombros y avanzando hacia el recibidor principal, bajando por el comedor y siendo seguida por Braun hasta llegar al primero.

—Con Eren, he de adivinar— receló, bloqueándome la puerta.

— ¿Algún problema con eso? — repliqué, frunciendo el ceño y tomando la perilla de la puerta por el costado de su torso. Aún sin ser consentida—. Sé cómo cuidarme— insté. Reiner dio un pesado suspiro, y se apartó para darme paso.

Quiso decirme algo más, pero no le escuché. Bajé los escalones y me dirigí a la acera, donde el chico de cabellos castaños ya me esperaba.

—Buenos días— saludó Eren, cortés, abriendo la puerta de su auto.

Su vestimenta es similar a la mía. Lleva una camiseta, y una varsity de cuero con el logo de los Paradise Demons, éstas en verde y negro correspondientemente; unos Shorts cargo y unos Slip-On Sneakers, también negros.

Pareciese que vamos a un funeral, uno no tan formal.

—Qué caballeroso— comenté, sarcástica. Subiendo al vehículo.

—He aprendido— alegó, con cierto aire fanfarrón, sellando la puerta.

El Jaeger rodeó el frente del auto, con cierta gracia en su manera de trotar. Subió y preparó todo para salir.

— ¿Descansaste bien? — preguntó Eren, dando de reversa unánime me miraba de reojo—, será un día ajetreado— agregó. Sus grandes y brillantes orbes verde-grisáceos llevándose mi atención inconscientemente, dejándome absorta—. ¿Annie?

—Sí… —disimulé, agitando ligeramente mi cabeza y volviéndome hacia el tablero, sobando mi abdomen cuando los rugidos se hicieron provenir de éste. Los cuales traté de ignorar, pero se volvieron aún más insistentes durante el camino.

Minutos después, nos detuvimos. Y el olor a bencina invadió mis sentidos en poco muy tiempo.

—Vamos — indicó Eren, y bajó a caminar solo. Casi estando en la entrada del establecimiento, y al ver que no le seguía, volvió hacia el auto, inclinándose del lado de mi ventana y colocándose a mi altura, a través de la primera —. ¿Qué? ¿Tenía que abrirte la puerta? — soltó, imprudente.

Y salí, empujándole con la superficie de metal.

—Sólo estaba un poco mareada — mentí —o no del todo —, tratando de ocultar mi despiste. Eren resopló, e instó para que ingresáramos al Seven Eleven al cual habíamos llegado.

El aire se mantiene aséptico aquí dentro, y el entorno es acompañado de una leve y apenas perceptible música de fondo. El lugar, algo vacío debido a la temprana hora.

— ¿Para qué nos detuvimos aquí? — consulté, pasando por el lado de una de las estanterías y dando un vistazo entre las revistas, paseando mi mano entre éstas y revisando los titulares por apenas unos momentos. Viéndole encaminarse hacia la máquina de hot dogs y observar la vitrina.

— No he desayunado— comentó Eren, sin apartar su vista de aquel mostrador—. Toma lo que quieras— añadió de reojo, abriendo el compartimiento de metal en el que se encontraban los panes.

Suspiré, y comencé a vagar por los pasillos, buscando qué llevar durante un par de minutos. Sin nada en manos aún, terminé por acercarme los refrigeradores, hallando con ello algo que llamó mi atención.

Traté de estirarme repetidas veces para alcanzar la botella, pero mi estatura me lo impidió.

— ¿Annie, ya? — le escuché, a mis espaldas.

Pero le ignoré, y subí a la eminencia que dejó el hueco de la puerta de cristal, logrando rozar el envase de aluminio, pero no alcanzando el mismo. Quise intentarlo de nuevo, pero el brazo de Jeager me estorbó y caí hacia atrás, golpeando con mi espalda contra su pecho accidentalmente.

Hey...— soltó Eren de sorpresa, deteniéndome.

Me aparté de inmediato, y caminé al frente de la tienda, no teniendo éxito en tomar la bebida de aquel peldaño y evitando la posible vergüenza. Eren se me unió después.

— ¿No llevarás nada? — inquirió, depositando una larga lata junto a una botella y una pequeña caja de cartón — en la que guarda el hot dog — sobre el recibidor —. Hay bastante de dónde elegir — comentó, señalando frente a él, el exhibidor tipo Torrey de al lado.

Me arrimé, y a primera estancia pude divisar una gran variedad de comida de paso. Fruta picada y empaquetada, gelatinas, yogurts, pay, entre otros. A ello, no me fue muy difícil seleccionar, y entre todo tomé una caja dual de sándwiches y un vaso pequeño de fruta.

Y a mis espaldas, en otra sección en una de las islas, pude entrever las donas en una ardiente y llamativa vitrina. Había pensado en donas desde hace rato, pero lo descarté ante mi necesidad de alimentarme con algo que pudiese llenarme.

Eren pagó como cortesía, y volvimos al auto.

Derrochamos lo comprado durante lo que restó del viaje, y pusimos algo de música mientras llegábamos. Mientras que al arribar a la zona, dimos vueltas sin saber por dónde íbamos, discutiendo el uno con el otro mientras tratábamos de encontrar el camino correcto, hasta que nos ayudaron con las indicaciones.

Parecer ser una zona residencial, pues hay casas grandes y lindas, además de extravagantes. Algunas de ellas con enormes y extrañas decoraciones en sus exteriores. Y aquí mismo, hay un zoológico y una escuela religiosa a los alrededores.

Llegamos al área indicada, y nos estacionamos, tomando las cosas que llevábamos con nosotros y justo frente al parqueadero, tras preguntar en una de las taquillas sobre la entrada, esperamos a que pasara uno de los transportes internos a recogernos.

Seguía llegando bastante gente, y la fila cada vez se hacía más larga mientras pasaba cada uno de los camiones.

Llegado en el que se supondría iríamos nosotros, a pesar del tiempo que ya llevábamos esperando, dejamos pasar a gente completa — grupos, o familias — detrás de nosotros. Pues ése ya estaba por llenarse, y nos hubiera tocado por separado.

Y cuando finalmente llegó nuestro momento, subimos y tomamos los asientos del fondo. Ya lleno el transporte, el viejo conductor dio unas instrucciones antes de marcharnos y hecho ello, recorrimos exactamente la misma ruta que habíamos tomado para llegar al punto de partida. Con la diferencia de que habíamos llegado por otro lado.

No obstante, pudimos apreciar mejor el paisaje, a su vez escuchando y disfrutando de varias pistas de Queen.

Los pasajeros comenzaron a bajar, y lo mismo hicimos cuando se encontraba menos gente que pudiese obstruirnos. Eren agradeció, y bajó detrás de mí.

Al partir el Micro Bird en el que habíamos llegado, al girarme, permitiéndome evaluar la enorme entrada: grandes rejas negras como el ébano y amplios cimientos color ladrillo. Y en unas colosales letras doradas estilo vaquero en la parte superior «Nine Falls», maravillada.

El castaño acarició mi hombro, avisando que siguiésemos. La puerta para peatones se encontraba detrás de una verja de árboles, en verdad, a un lado, en un estrecho sendero.

—Antes el transporte subía hasta allá, o podías ir por tu cuenta en tu auto— comentaba Eren, unánime entrabamos—, pero privaron la entrada. Y ahora tienes que ir en el transporte de aquí mismo, o si lo deseas y puedes, caminando— agregó.

Cruzamos por un pequeño puente de madera que estaba apenas a unos metros de la entrada, sobre un escaso rio que corría por él y llegamos a una estructura, en la cual Eren se acercó a pagar.

Avanzamos, y apenas acercarnos a la zona de espera un miembro del staff se acercó a nosotros y pidió el recibo, para después entregarnos dos pulseras Tybek con el nombre del lugar en ellas. Nos detuvimos en momento y Jaeger me ayudó a colocar la mía, mientras que él ya se había puesto la suya.

— ¿Segura que quieres caminar? El camino hacia la zona principal es… largo — mencionó Eren, vacilante, terminando de acomodar la pulsera y mirando hacia el camino que tomaríamos —, podemos esperar por uno de los carros eléctricos — sugería.

—Así está bien, caminaremos — respondí, posicionando mi mochila devuelta y tornando sobre mis talones.

Y continuamos hacia arriba, caminando.

El trayecto me fue agradable, y bastante refrescante. A ambos de nuestros lados se encontraban grandes muros de piedra, parte de la montaña y abundante vegetación en todo el sendero. Mientras que a nuestra izquierda, se encontraba un rio que seguía hasta la salida, con la diferencia de que éste sí se encontraba abastecido.

Y sobre el mismo, cada un par de cuantos metros, se hallaban varias paradas a lo largo de la carretera. En algunas de ellas, plantillas gigantes sin cara disponibles para tomar fotos o juegos para los niños pequeños.

Cada cierto lapso de tiempo, pasaban los trenes—carros de golf bastante largos y para mucha gente, en realidad — a nuestro lado, pero no eran para nada molestos. Y la gente que iba en éstos saludaba emocionada, aunque era algo a lo que prescindimos.

Estando a la mitad de la caminata, antes de seguir, me vi obligada a deshacerme de mi sudadera y amarrarla a mi cintura, pues el calor comenzaba a intensificarse. Y me quedé con la blusa de tirante blanca que llevaba por debajo.

Entonces llegamos al punto de reunión.

En el centro, encontrando la rotonda, donde valga la redundancia, retornan los carros eléctricos que vienen a dejar a los grupos de personas. En ésta, una gran piedra y a su alrededor, estando atiborrada de plantas.

Frente a nosotros, el Restaurante 845, con una fachada especialmente vintage y un pasillo algo húmedo a su lado, el cual lleva a la otra zona.

A nuestras espaldas, una estatua de un nativo, una tienda de recuerdos — o también, Centro de Visitantes de Nine Falls— y unas cajas tipo camerino en las que están los baños y un par de botes de basura fuera de los mismos.

Y a la derecha, la subida al mirador «Nido del Águila» tanto en escaleras como en elevador, y un área en la cual tomamos asiento, teniendo a nuestras espaldas un barandal café, el cual nos separa de la corriente y la pequeña cascada de la cual proviene, con algunas flores rojas a un flanco y varios peces nadando.

— ¿Vamos al mirador? — consultó Jaeger, respirando profundamente y relajando su cuerpo. Y yo accedí —. Por el elevador — indicó, adelantándose a colocarse de pie y asegurarse de que tomáramos esa vía.

Cruzamos otro corto puente de madera, el cual era sostenido por placas metálicas y era decorado con arreglos florales a sus costados. La entrada, optando una apariencia similar a la del frente de una mina, con pilares verde con rojo a sus lados, un letrero de madera encima con «Mountain Elevator» en mayúsculas y una pequeña teja por encima.

El túnel, oscuro y húmedo. El suelo es cubierto por una ligera capa de agua, que escurre de las paredes de la cueva.

A los lados, hay varias vitrinas, en las que se expone interesante información de la historia de Nine Falls; objetos, fotos, animales y minerales, viejos periódicos enmarcados y presentados junto a notas y animales a base de taxidermia.

Llegamos al fondo, y entramos en el ascensor. Arriba, al salir del mismo, sobre nuestras cabezas pudimos admirar las paredes en un color azul, con diferentes tipos de pájaros pintados en ellas, decorando el aposento.

A nuestra derecha, Rockhounds, una galería con minerales y fósiles de todo el mundo, incluidos los del Estado y del oeste de país; una fascinante colección de especímenes, joyas, arte mineral y juegos de mesa creados por los mismo dueños, como pudimos saber tras haber entrado por un poco tiempo sólo a observar.

Caminamos hacia la barandilla, y nos dedicamos a apreciar el entorno. Desde aquí se puede ver casi todo. El lugar donde estábamos anteriormente, el restaurante y la otra área en la cual se encontraban las escaleras acompañando las nueve cascadas protagonistas del parque y el cañón.

Y me giré, hallándome con un prismático fijo. Busqué en mis bolsillos, encontrando sólo un par de dólares en uno de ellos.

— ¿Tienes cambio? — solicité, alzando los billetes. Y él bajó su celular, volteando hacia mí —aparentemente tomaba algunas fotos—, y rebuscó. Terminando por entregarme dos pares de veinticinco centavos.

Una vez lista, tomé la caja de binoculares y apunté hacia diferentes direcciones, sin duda, obteniendo una vista magnifica del panorama.

— ¿Se ve bien? — preguntó Eren, acercándose momentos después. Y me retiré un poco, para que pudiese observar. Centró su atención, pero instantes después, dio un pequeño salto y resopló—. Se bloqueó— explicó y se encogió de hombros.

Regresamos abajo, recorrimos por el pasillo, pasamos otro puente y cruzamos a la siguiente zona.

Andando por un costado del área de suspensión, en el cual hay una cubierta de madera con banderas de diferentes países adjuntas y varias sillas y mesillas bajo de la misma.

A los pies de la escalera, un letrero con una advertencia como leyenda en ella: «224 escalones para la cima de las cascadas: tome su tiempo y use los pasamanos».

En ciertos puntos, admirando las diferentes formaciones de las cascadas y los letreros en donde principiaban y con sus respectivos nombres y notas en cada una de ellas.

Sí, la subida era pesada, y las sensaciones de vértigo no faltaron; mis piernas ya temblaban ante la pesadez, causando que sosegara mis movimientos y que terminara por detenerme en pleno pasaje, obstruyendo momentáneamente la subida a las demás personas.

Y me aferré al barandal, con ambas de mis manos y un leve titubeo.

— ¿Qué ocurre? — inquiere Jaeger, apenas por debajo de mí un par de escalones.

—S-sólo… Estoy bien— solté, irresoluta y pusilánime, bufando y presionando mis parpados con fuerza. Pretendiendo esperar a estar en condición para seguir, durante un tiempo indefinido.

Mis músculos se tensaron, al sentir mi cuerpo estremecer ante una ligera vibración junto a mí, propiciándome a reforzar mi agarre.

—Tranquila…— confía Eren, susurrando cerca de mi oído y rodeándome con su cuerpo sin hacer contacto, simplemente envolviéndome en el aire entre sus brazos, tomando el pasamanos con cierta diferencia de distancia a mis manos—. No te va a pasar nada, estoy yo aquí— agregó, predisponiéndome a avanzar consigo.

—Abre los ojos— sugirió, avanzando con sosiego. Lo hice, y la sensación de vahído volvió a mí.

Sentí un desequilibrio, e involuntariamente me planté sobre el peldaño, volviendo a cubrir mis ojos.

—Sólo avanza un poco más— instó, obligándome a continuar—, pisa aquí— indicó Eren, entonces guiándome de manera recta sobre una superficie ya diferente. Apretando mi hombro con cuidado, en un intento de transmitir calma. Hasta que pude sentirme tomar asiento, en la banca de una de las dos plataformas de subida.

Inhalé y exhalé, disfrutando del ahora paisaje presentado a mis ojos.

— ¿Te estás sintiendo mal? — cuestionó, y bajé la mirada, encontrándole arrodillado frente a mí. Pues había pasado de él cuando recuperé mi tranquilidad y mi atención se concentró en nuestro alrededor.

Disentí, meneando mi cabeza.

Eren escudriñó en el bolso principal de su mochila, y de ella sacó una diminuta botella de apenas unos trecientos mililitros — normalmente de las que suelen comprarles en paquetes a los niños como para cargar con sus almuerzos—.

— ¿Segura? Desde hace rato-

—Sí — insistí, taciturna, tomando la botella que me era ofrecida por el castaño. Él asintió, se colocó a un lado mío y ambos esperamos a estar en condición para seguir subiendo. Por inercia, disponiéndome de descansar contra su espalda efímeramente, como si se tratase de un respaldo.

Seguimos viendo entre carteles, pasamos otro punto de vista y avanzamos por las escaleras de piedra natural logrando llegar a la cima, donde las cascadas principian.

Poco más adelante, comenzando a aparecer las advertencias de animales, entre ellas, advirtiendo que éste es territorio de osos y alentando a la conservación de ambas naturalezas, un mapa marcando tres rutas de expedición, dos de ellas unidas en sus extremos.

A un lado, «Leyenda» como indicio, y por debajo de la misma como simbología, diferentes figuras representando la ruta, punto de interés, área de descanso, puente y tumba.

En un punto rojo a los pies del mapa un «Usted Está Aquí», un arroyo que parte en dos y una de las rutas de una milla hacia el Punto de Inspiración y con la lápida de por medio, por la cual optamos.

—Tenemos que seguir el camino. Y recorrer todo el tramo podría tomarnos poco más de una hora— comenta Eren, pasándose por el puente de encima del arroyo—, veinticinco minutos de ida, otros de venida y lo que hayamos de distraernos.

Me giré hacia atrás, y comprobé la distancia desde el punto en el que encontrábamos, sumándole la subida, el regreso a la entrada y la vuelta en el transporte al estacionamiento.

Sí, podría tomarnos al menos pasando hasta medio día.

— ¿No hay otras actividades además? — cuestioné.

—Las hay… Pero es otro tipo de… ¿viaje? Supongo yo — respondió Jaeger, difuso —, como Soaring Adventures o algo por el estilo. Tienen tirolesas, puentes de cuerda y… otras cosas — farfulló, incierto —. En verdad no lo recuerdo, mi familia y yo venimos hace años con mi hermano — mencionó, desconcertándome.

—Y las sendas…— comienzo, volviéndome y cruzándome hacia donde él. Siguiendo con la mirada por el sendero que nos hallábamos cruzando—, ¿están abiertas? — inquirí.

—Sí— confirma Eren, inclinándose sobre una de las piedras al arroyo y tentando el agua de éste—, pero sólo a ciertas horas y meses; también depende de las condiciones del terreno o el clima. Estamos en tiempo— comunicó, finalizando con ello—. Está fría— agregó, estremeciéndose tenuemente.

Tomamos la ruta por la cual habíamos elegido, y seguimos sobre la misma. De camino, encontrando más letreros.

«TOMA sólo fotos DEJA sólo huellas» — Nine Falls. Dando alusión a la conservación de la naturaleza ya mencionada con anterioridad.

—Sería genial quedarse por lo menos una noche a acampar aquí—comenta Eren, caminando apenas por delante de mí. Maravillado—. ¿Alguna vez has acampado?

—Sí. Durante una excursión en la secundaria, y otra en la preparatoria, al bosque.

«SIGA LA RUTA Las vías llevan a ambos Midnight Falls y el Punto de Inspiración, lugar original de la lápida de Karls Fritz. Fue en el Punto de Inspiración, que Fritz escribió parte de su libro, A ti 2000 años después, así como el poema de la Montaña de Utgard y muchos otros de sus trabajos.

Es aproximadamente una milla a la lápida y la vuelta completa requiere mínimo una hora. El recorrido a Midnight Falls es más corto, requiriendo cerca de media hora. Son necesarios zapatos seguros en los senderos naturales. Siga bajo su propio riesgo, por favor permanezca en las rutas marcadas y disfrute su paseo».

Me parece irónico, que la historia de Paradise esté en su mayor parte constituida por miembros de la familia Fritz, cuando junto a los Tybur, también lo fueron en Marley.

— Dicen que, hace casi cien años, Midnight Falls era uno de los lugares favoritos, y más elegido por los estudiantes universitarios de Paradise para venir tarde por la noche — menciona Eren, sobresaltándome y sacándome de mi ensimismamiento.

—Y sabemos que no era por la naturaleza… — musité entre dientes, sugerente. Advirtiendo momentos después que en realidad había dicho mis pensamientos cuando Jaeger captó y secundó mi idea.

— O por lo menos no ésta — insinuó, especificando a su alrededor.

Sí, lo hizo.

Metros después me coloqué contra uno de los árboles, cansada y jadeando. Di un largo trago de agua, el último que me quedaba en aquella diminuta botella, e insatisfecha, me dejé caer contra la corteza, quedando de cuclillas y recuperando mi aliento.

El más alto se acercó, y también se colocó de cuclillas frente a mí. Su rostro, completamente empapado.

—Deberías quitarte esa chaqueta… mírate — señalo, inhalando profundo. Se quitó la prenda y la colocó sobre una de sus piernas flexionadas.

—Tampoco te quedas atrás — comentó Eren, deslizando el dorso de sus dedos y mano sobre mi frente y barbilla de manera inesperada, llevándose parte de la humedad. Provocándome desviar la mirada.

Me puse de pie de inmediato, propiciando a que Jaeger me imitara.

—Quédate detrás de mí — soltó, exclamando y empujándome con su brazo hacia sus espaldas. A pesar de que su piel le hace camuflarse entre la hierba, es posible de verla.

La serpiente se arrastra hacia nosotros, mientras retrocedemos lentamente. Siseó en nuestra contra y se elevó su fálico cuerpo. Traté de no entrar en pánico, pero cada vez se acercaba más. Salí de la protección de Eren, y pisé la cabeza del animal.

— ¡Espera, Annie! — gritó el castaño. Pero ya había logrado tomar el resto del cuerpo y amarrarlo en mi mano, jalando de éste con toda mi fuerza conforme pisaba el cráneo de la serpiente con el talón de mi bota. Meneándose con desesperación.

Hasta que finalmente reventó.

Eren me abrazó y atrajo hacia atrás, haciéndome soltar el escamoso cuerpo el cual seguía retorciéndose sobre la planicie. Y exhalé, aliviada, apoyándome contra el rígido cuerpo de Jaeger mientras este aún me tomaba y me aferraba a su hombro con una de mis manos, evitando caer.

— Acabas de decapitarla — menciona, pasmado—, pero sigue moviéndose…

—Son los nervios lo que hace que se siga removiendo — jadeé, apartándome de él e irguiéndome ligeramente, admirando al escurridizo reptil rendirse en agonía y perecer —. Lo mismo puede pasar con las personas, con los movimientos sommer — agregué, pasando en seco.

—Deberíamos se-

—No pienso encontrarme otra de esas cosas —solté, tornándome y avanzando un poco, para después apoyarme sobre mis ya debilitadas rodillas, divisando mis botas haber quedado manchadas con la sangre de aquella serpiente.

Tras aquella escena, a pesar de no haber llegado al Punto de Inspiración y los demás puntos de interés, regresamos hacia la atracción principal, ya agotados. Con ello, la idea de recorrer todo se esfumó, nos parecía imposible sin agua y comida y estando ya cansados desde la subida.

O por lo menos no lo fue posible esta vez, no estábamos bien preparados en esta ocasión.

Antes de darnos cuenta, por fin habíamos tocado el suelo de la zona de descanso y reposamos un rato sobre las sillas bajo la construcción de madera.

Pero antes de irnos, entramos a comprar un par de cosas en la tienda de regalos, suministrándonos de agua y algo de aperitivos. Desafortunadamente quedé con poco dinero, y no alcancé para más.

—Annie — nombró Jaeger, sacándome de mis pensamientos —, ¿pasa algo?

—No es nada — respondí, evasiva. Volteándome hacia él —. ¿Ya nos vamos? — consulté, y salí de la cabaña tras que lo confirmara. A mi lado, descubriendo una máquina en el acto. Dos quarters y un penny.

Saqué lo que me quedó en centavos, pero no era suficiente.

— ¿Tienes un centavo? — solicité, justo cuando Eren salía y guardaba algo en sus bolsillos.

— Aquí está — me concedió uno, acercándose a ver la máquina —. ¿Qué es?

—Figuras con centavos. Llevaré algunos — comenté, colocando las monedas en las fisuras y seleccionando la primera de ellas, tomando el pedal y tratando de darle vuelta. Pero ya me encontraba algo débil, y la palanca parecía estar dura.

—Te ayudo — ofreció Jaeger, dejando las bolsas de lado. Tomó de la polea y giraba ésta, y mientras él lo hacía, yo me iba encargando del colocar el dinero y presionar la caja para ingresar las mismas.

Eren también sacó algunas, y una vez acabamos, nos marchamos. Esta vez tomando ambos de los transportes para regresar.

«A través de estos portales pasan — los amantes de la naturaleza del mundo»

Relataba sobre dos largos carteles, en el arco en la salida. Por supuesto que sí.

Y ya estando en el auto, el cansancio ganó sobre mí, propiciándome a dormir mientras el castaño conducía.

No obstante, al sentir el auto detenido definitivamente, abrí mis ojos de golpe y escudriñé en mis alrededores, descubriendo que aún no llegábamos. Cosa que me extrañó.

— ¿Jaeger? — inquirí, mas no recibí respuesta.


¡Hasta aquí el capítulo! Ahora, las aclaraciones y comentarios.

Nine Falls es un juego de palabras entre Seven Falls —Siete cascadas, ubicado en las montañas de Colorado Springs. Es un lugar hermoso, se los aseguro— y nueve por los nueve poderes titán. Ciertamente no tuve oportunidad de ver mucho más que lo principal y un pequeño trozo —más o menos hasta donde estaban las advertencias de animales—, pero no lo cambia mucho. Aunque mucho sigue siendo parte de lo que me imagino que es en base a las fotos.

En verdad no recuerdo si pagabas sólo por entrar, y el transporte era una tarifa extra o si es que cubrías ambos, la entrada y el transporte con el pago, así que no lo especifiqué.

Lo del conductor con música de Queen me ocurrió, y fue genial... No entendí nada de las instrucciones que dio —hablaba en inglés. Entiendo el idioma, pero hablaba muy rápido y áspero—, pero me emocioné demasiado cuando puso algunas de las canciones. Ese viejito tiene buenos gustos, JAJAJA.

Hice varias referencias acerca de tipos de ropa —y otras cosas— esta vez, ni yo sabía que se llamaban así, puesto que las conocía de otra forma. Tal vez ustedes también, así que creo que ayuda en cualquier caso.

—La bailarina es el tipo de peinado que lleva Annie usualmente, o el que suelen usar las bailarinas de ballet —por eso su nombre—. Yo sólo lo conocía como chongo o chonguito, JAJAJJA... Pero la forma en que se escuchaba la palabra era rara, y decidí buscar otros nombres. A parte de enterarme que en otros países le dan otro significado. So, menos problemas con el cambio.

—Jogger-capri: prenda deportiva. Es algo así como, pants (?). Solo que ésta es como una mezcla de dos prendas, llega a las rodillas y es medio-suelto.

—Timberland: son las botas de trabajo rudo —como las CAT. De las grandes amarillas (?)—.

—Varsity o varsity jacket: chaqueta o chamarra deportiva que utilizan mucho los jugadores de football en high school-college. ¿Ya saben de cuál hablo?

—Slip-On Sneakers: tipo tenis, pero más casuales. De estos que usan a veces hasta sin calcetines :v. Vans probablemente (?).

—Exhibidor Torrey: son las vitrinas-refrigeradores que suelen utilizar en las carnicerías o en las pastelerías y diferentes exhibidores.

—Pulseras Tyvek: son las que normalmente entregan en eventos. Son de papel, del que se batalla en romper (?).

Micro Bird: un camión para pasajeros, pero pequeño.

Taxidermia: arte de disecar animales para conservarlos con apariencia de vivos y facilitar así su exposición, estudio y conservación —esto lo tengo muy grabado por el capítulo de 1000 Maneras de Morir, por el señor que le da rabia con la carne de ardilla xD—.

Lo de los movimientos sommer están explicados ahí mismo —movimientos involuntarios post mortem debido a los nervios y/o gases aún almacenados en el cuerpo, también lo de los quarters y pennies —centavos.

Del otro lado, hago hincapié en que, no sé cómo está lo de la carrera de derecho, aunque sí que he tratado de investigar. El problema es que en internet no hay "mucha información" al respecto .

Esto fue todo, me disculpo si llegué a cansarles con tanto texto, pero ¿qué hacer?

Solo les digo como último... ¡Prepárense! Que el próximo capítulo se va a poner fuerte y revelador —démosle un poco de hipérbole, así es—.

Hasta la próxima semana, Meine Leser.


Karlin-Zeldi: Yo también xD. De hecho, creo que eso también influyó en que me la imaginara así. Demasiadas monas chinas por ahora xdd. Me encanta cómo se ve el corte. Me gustaría tenerlo así, pero conociendo mis fracasos anteriores con cortes de cabello... Me quedaría horrible y me arrepentiría al instante :'c. Todos pensamos mal ( ͡° ͜ʖ ͡°). Me hiciste buscar la canción en cuanto leí el nombre, era como: me suena... la he escuchado antes. ¡Evanescence! Casi lloro al escucharla ;-;.

Es de naturaleza Jaeger ser cariñoso y protector. Eren tal vez no lo sea, pero es que le falta un poco de amor y comprensión...(?) xd. ¿Cómo no emocionarse con tremenda motocicleta? Es que es... es... asdfgh. Y sí, en verdad es frustrarte tratar de acercarte a alguien, y más cuando no eres alguien muy sociable. Casos de la vida real ;v;. Buena observación... Es claro que lo hace, pues ese enano la... Nada :v.

Suripanto JAJAJAJAJ xD. Llegó a tiempo para salvarla, con sus referencias de comida.

¡Otro buen punto...! No c, wueno cy c pro no te wua dezir xdd —me dio algo escribiendo esto. Hace tiempo que no lo usaba xD—. Más presión sobre Annie, se ha dicho. Lol xD.

¡Efecto Ackerman! No hay que encariñarse... Fue algo que aprendí de Isayama; que de un momento a otro mata las ships... :'v. Madre mía Willy xd. Apenas apareció el mes pasado, por lo que no creo que lo vaya incluir o que tenga algún papel, pero ya veré. Siempre termino acomodando todo de alguna manera :v. Me hiciste reír bastante con tu review, enserio :'D. Momentos bonitos que recordaré «3.

¡Nos seguimos leyendo!

Gaia Neferet: Por un instante me hiciste imaginar a Tori con el render de Mikasa tirando el celular, con la cara de Jean. Sería un buen meme xD. Este... Mhm... Bueno... :v. Jajaj, por eso dicen que puedo ser mala influencia (?). No hay que limitarse xd.

Eso... entra al lado oscuro, Gaia, hazlo 7u7.

Ohh, no lo había visto de esa manera xD... Aunque igual ya se sabe que está atraído hacia Historia. Pero sí que sería un buen hermano mayor o actor en cuanto a ese asunto —de por sí, ya lo es :v. JAJA. Sobre Mikasa y Jean... Bastante ( ͡° ͜ʖ ͡°). ¿Inocencia? ¿Qué es eso? xDD. Yo estoy corrompida... Hello darkness my old friend xd. Como siempre, feliz de darles un buen rato que pasar. ¡Nos leemos! :D.

Love Stories On My Mind: ¡Brujería! Ok no. Creo que, al fin hago algo bueno.

Mikasa es presa difícil pero mansa xdd. En la noche... ni se diga ( ͡° ͜ʖ ͡°). Mikasita debería hacer el Too Much Information *cof cof*. Siendo multishipper, ¿qué esperar de mí? Mucho drama y dolor quizá. Y es que la escena en sí sugería que le haría algo. Pero no, tengo que controlarme. O sino esto terminaría en poligamia extrema. Zeke, yo creo que quizá, aparecerá un poco más adelante. No diré más c: ¡Nos seguimos leyendo!