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Eran muy raras las ocasiones en las que lo hacían, pero a veces luego de lavar los platos juntos se echaban unos tragos en algún lugar del barco sin que nadie los viera. A veces incluso hablaban toda la noche, reían y reñían por estupideces. Les gustaba hacer aquello de vez en cuando. Y a veces también Sanji se recostaba en el hombro de Zoro y se ponía afectuoso. Después de la media noche y con unas copas de más le era fácil deshacerse del estricto código moral que le impedía expresar afecto a sus amigos hombres.