Los personajes son propiedad de Tite Kubo.
Advertencias: Puede contener OoC. AU.
La historia es una adaptación del Dorama Bad Couple.
Muchas gracias por comentar: HOTARU SATURN BLACK, FrikiHimechan, Mari. , Rukia inlove, Estephanie Za, Minako-sama13, Maxuel95.
BECAUSE OF YOU
Capítulo 9.- Ilusión.
Ichigo cayó agotado al lado de Rukia, inundado de emociones y sensaciones nuevas, estaba abrumado. Cerró los ojos y se quedó dormido, igual que ella.
Cuando Rukia abrió los ojos ya había pasado una hora. Con cuidado se levantó de la cama y se enredó en una sábana. Volteó a ver a Ichigo quien seguía durmiendo boca arriba, luego recogió su ropa y fue al baño.
Se miró frente al espejo y se acomodó un poco el alborotado cabello. En realidad no podía decir que Ichigo era alguien muy bueno en la cama, no tenía la pasión de Grimmjow o Shuhei, pero al menos estaba segura de que quedaría embarazada.
Sonrió ante el pensamiento y se llevó la mano al vientre.
—Pronto tendré una hermosa niña. —se dijo esperanzada.
Luego comenzó a vestirse.
Ichigo empezó a moverse en la cama, despertando lentamente, pero cuando se acordó en donde estaba se levantó de golpe.
¡Qué había hecho!, se había dejado llevar por el momento y no pensó en las consecuencias de sus actos, ni en Rukia.
—¡Ichigo por favor no, no!
Recordó las palabras de ella. La culpa y la vergüenza lo inundaron. Se había aprovechado del mal estado en el que se encontraba Rukia.
Se llevó las manos a la cara.
En una noche había arruinado toda una vida llena de rectitud. Él siempre se condujo por los principios y buenas costumbres inculcadas por sus padres y abuelo, y ahora los había deshonrado. Pero sobre todo había traicionado la confianza y la amistad de esa chica, se aprovechó de ella.
Se levantó de la cama y comenzó a vestirse con pesadez.
¿Qué haría ahora?, no tenía cara para enfrentarse a Rukia.
Cuando terminó de vestirse Rukia salió del baño y se toparon de frente.
Rukia se mantuvo seria y desvió la mirada fingiendo estar avergonzada.
—Rukia. —susurró Ichigo afligido.
—Es tarde y es mejor regresar de una vez. —comentó ella sin verlo a los ojos. Enseguida se encaminó a la puerta.
Ichigo comprendió que era un momento incómodo para ambos y se limitó a seguirla en silencio.
La luna ya alumbraba en el firmamento, Ichigo volteó a verla, estaba en cuarto menguante. No había estrellas pero el cielo estaba despejado.
La brisa nocturna llevaba a sus fosas nasales un delicado olor a gardenias.
Rukia también miró la luna y sonrió, según las creencias esa fase era perfecta para concebir una niña.
Ichigo se colocó junto a ella, pero no le pudo decir una sola palabra, se limitó a abrirle la puerta del carro. Y así, en medio de un silencio incómodo y tensión en el ambiente, subieron al vehículo.
Rukia se recargó en el respaldo y evitó ver a Ichigo mirando por la ventana. Ichigo quiso hablar con ella, pero no sabía que decir, así que puso a andar el carro.
Rukia hacía mucho esfuerzo para parecer seria, pues sólo de pensar que esa noche había dado frutos quería dar saltos de alegría.
Ichigo la fue a dejar a la puerta de la privada en donde vivía.
—Rukia sobre lo que pasó esta noche…
—No quiero hablar de ello. —respondió Rukia abriendo la puerta del carro.
—Pero es que…
—Es mejor olvidarlo. —lo interrumpió ella. Él se veía muy afligido, y ella se sintió culpable.
Los ojos miel realmente reflejaban preocupación y pesar.
—Lo siento. —dijo Ichigo. —no debí aprovecharme de tu estado.
Y Rukia sintió que el corazón se le acongojó. Ella le acarició la mejilla.
—No fue sólo tu culpa, si no hubiera bebido tanto no hubiera pasado nada. —le respondió ella y lo dejó de acariciar. Se sentía mal por él, pero tampoco le podía decir que ella había tenido mucho que ver en lo que había pasado.
Luego salió del carro y entró a la privada.
Ichigo se quedó varios minutos frente a la privada y luego se fue a su casa.
Rukia estuvo espiando escondida detrás de unas plantas hasta que Ichigo se fue, enseguida salió y fue a la farmacia a comprar una prueba de embarazo, la cual realizó apenas y regresó a la casa.
Espero un tiempo razonable y miró la prueba que tan fervientemente apretaba entre sus manos.
—Qué sea positivo. —deseo una vez más antes de mirar.
Vio dos rayas…
Enseguida dejó la prueba sobre el lavabo y salió del baño emocionada.
—¡Estoy embarazada! ¡Estoy embarazada! —gritó emocionada dando vueltas y brincando. Lugo se acordó de su estado y se quedó quieta pero con una gran alegría instalada en el corazón.
Su más grande deseo se había cumplido, de nuevo se llevó las manos al vientre mientras las lágrimas de felicidad humedecían su rostro.
Ya no estaría sola, pronto tendría a alguien a quien querer y quien la quisiera…
Mientras tanto sobre el lavabo del baño reposaba una prueba de embarazo que mostraba una raya...
Esa noche Rukia durmió muy feliz abrazada del Embajador Alga de su sobrina, pensando que muy pronto tendría una linda niña entre sus brazos.
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A la mañana siguiente Rukia se despertó de buen humor, se metió al baño y tiró a la basura el test de embarazo, sin verlo, luego se metió a bañar.
Esa mañana decidió ya no usar tacones altos, pues no quería correr riesgos con su bebé.
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Ichigo caminaba por los pasillos de la facultad, no tenía buen semblante pues no había podido dormir, los recuerdos de la noche pasada lo atormentaban. Por un lado no dejaba de pensar en lo bien que se había sentido al estar entre los brazos de ella, al probar sus labios, el acariciar su blanca y suave piel, pero por otro lado el recordar la cara de aflicción y vergüenza de Rukia lo llenaba de culpa y abatimiento.
Y aunque ella le había dicho que lo olvidara, él no podría hacerlo, tenía que reparar su falta.
Sin darse cuenta llegó hasta el aula destinada para él.
—Ichigo. —escuchó una voz a sus espaldas, justo cuando él estaba por abrir la puerta. Se giró lentamente para encontrarse con Byakuya. —Necesito hablar contigo. —su voz sonaba fría como siempre.
Ichigo no podía sostenerle la mirada, ¿Ya se habría enterado de lo que le hizo a su hermana?¿Iba a cobrarle su falta?, fueron algunas de las preguntas que él se hizo.
Byakuya se quedó en silencio, esperando la respuesta del chico. Lo notaba extraño y le intrigaba el por qué se reusaba a verlo a la cara.
Ichigo sintió que Byakuya lo veía acusadoramente, ya no aguantaba más la culpa.
—Está bien, pégame, me lo merezco. —dijo al fin viéndolo a los ojos por un momento antes de cerrarlos.
—¿Y por qué tendría que pegarte? —preguntó Byakuya intrigado. Ichigo abrió los ojos, no estaba enterado de nada después de todo, pero eso no lo hizo sentirse mejor. —Sólo vine a decirte que ya han llegado las muestras de semillas que pediste, están en el invernadero.
—¡Ah!, gracias.
Luego se dio la media vuelta y entró a su aula.
—No sé porque siento que eres la culpable de esto Rukia. —susurró Byakuya. Después regresó a su oficina.
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Mientras tanto Yoruichi estaba con Momo, quería ver como seguía. Le preocupó verla con los ojos irritados.
—¿Has seguido llorando? —le preguntó ella mientras dejaba la taza de café sobre el comedor, en el que se encontraban sentadas.
—Es que me duele mucho el que Sosuke se haya ido. —comentó Momo con las manos entrelazadas sobre sus piernas y la mirada agachada. —No sé porque me hizo esto, si lo quiero tanto, si siempre lo he procurado. —su voz se empezaba a quebrar.
—Ese no se merece que le llores. —contestó Yoruichi enojada, cruzándose de brazos. —Aunque tú tienes un poco de culpa de lo que te hizo por tratarlo como un Dios.
—¿Cómo me puedes decir eso? —preguntó Momo viéndola a la cara y con reproche. —Tú también haces lo mismo con tu esposo.
—Pero no es lo mismo. —respondió Yoruichi. —Byakuya también se preocupa por mí, me cuida y me ayuda con las tareas de la casa y los cuidados de Sayumi. ¿Sosuke hacía lo mismo?
Momo no respondió, sólo se limitó a verla con tristeza y dolor.
Era cierto lo que decía Yoruichi, Sosuke y Byakuya eran muy diferentes.
Mientras Byakuya ayudaba a Yoruichi a alimentar a Sayumi por las noches para que ella descansara, Sosuke sólo lo hizo la primera semana con Daisuke, después de eso alegó que él se tenía que levantar temprano para ir a trabajar. El castaño tampoco movía un dedo en los quehaceres domésticos.
Sin embargo ella lo amaba así, ella era feliz atendiéndolo, cocinándole su comida favorita, arreglándole su ropa, viviendo por y para él.
—Pero yo lo quiero así. —mencionó ella entre sollozos. —no lo quiero perder, ayúdame Yoruichi por favor. —le pidió. —ayúdame a recuperarlo. —Yoruichi se conmovió por el gran dolor que su amiga reflejaba en su rostro.
—Está bien. —le dijo. No le agradaba la idea, ella pensaba que era mejor que se olvidara de su Sosuke, pero era su amiga y no la abandonaría. —¿Qué quieres hacer?
—Hablar con esa mujer. —respondió Momo. —quizá la pueda hacer recapacitar y se aleje de mi esposo.
—Pues si eso es lo que quieres, te acompañaré. —respondió Yoruichi. —Aunque no puedes ir vestida así. —le dijo viendo su atuendo, una falda café larga y una blusa blanca de mangas largas.
Minutos después estaban entrando a la casa de Rukia. Yoruichi tenía las llaves para cualquier emergencia. Ya antes le habían hablado a Matsumoto y ella aceptó verlas.
—¿Pero qué hacemos aquí? —preguntó Momo mientras subían las escaleras.
—Tomando prestada la ropa de Rukia. —dijo Yoruichi abriendo la puerta del cuarto de su cuñada.
—¿Eh?
—No puedes ir vestida así, y mi ropa no creo que te quede. —comentó Yoruichi entrando al cuarto seguida de su amiga.
—Pero se puede enojar Rukia. —dijo Momo.
—Claro que no. —respondió Yoruichi abriendo el armario. —Será mejor que uses algo rojo. —le dijo enseñándole un vestido rojo sin mangas y corto.
—Pero ese no. —respondió Momo.
Al final Momo eligió un discreto vestido rojo con blanco, que le llegaba a las rodillas y que no tenía el escote tan pronunciado.
Yoruichi llevó a Momo al restaurante donde se había quedado de ver con Rangiku, pues ella no sabía manejar ni tenía coche.
Minutos después de la hora fijada, Rangiku entró al lugar. Llevaba puesto un vestido rojo por arriba de las rodillas, con un pronunciado escote en uve.
Yoruichi la miró de arriba abajo. Tenía que admitir que si era bonita, pero aun así no podía compararse con su amiga, pues ella aparte de ser bonita tenía un buen corazón.
Momo la vio y se sintió insignificante, esa mujer era alta, de cabello rubio y sedoso, que se movía al compás de sus pasos, y tenía buen cuerpo. Tenía un rostro bello y más cuidado que el de ella.
Se preguntó si acaso podría competir contra ella.
—Hola. —saludó tímidamente Momo cuando Matsumoto se paró frente a la mesa que ocupaba.
—Deberías sentarte. —dijo Yoruichi con molestia.
Rangiku se sentó en el lugar frente a ellas.
—No deberías de haberme llamado. —comentó Rangiku. —Creo que es molesto para ambas el tener que encontrarnos.
—Sí, pero necesitaba hablar contigo. —dijo Momo, quien se frotaba las manos de forma nerviosa, por debajo de la mesa. —Sosuke y yo tenemos muchos años de relación, no es justo que quieras destruirla.
—Siempre me pregunté por qué las personas tenían romances estando casadas o con personas casadas. —dijo Rangiku. —No lo podía comprender, hasta ahora que conocí a Sosuke. Simplemente no pudimos evitar enamorarnos. —Yoruichi la escuchaba con rabia y Momo con dolor. —Los dos nos sentíamos solos y por eso comenzó todo. Me enamoré de él, y aunque en un principio quería alejarlo, no pude.
—¿Por qué Sosuke se sentiría solo? —preguntó Yoruichi. —él tenía a su esposa que lo amaba con todo el alma y a su hijo.
—Eso deberían de preguntárselo a él. —respondió la rubia mirando a Momo, que desvió la mirada.
—¿Y no sientes remordimiento por romper una familia? —preguntó Yoruichi.
—Estoy dispuesta a aceptar mi castigo. —respondió Rangiku. —pero no quiero pensar sobre eso ahora.
—Entonces ¿no piensas dejarlo? —volvió a hablar la morena. Momo sólo veía en silencio, le dolió tener a esa mujer frente a ella.
—Te hablaré con la verdad. —le dijo viéndola a los ojos. —No quiero alejarme de Sosuke, pero si él quiere volver con su esposa no voy a detenerlo. —dijo poniéndose de pie. — Ahora creo que es mejor que me vaya, Sosuke puede molestarse se entera que nos reunimos.
Rangiku dio la media vuelta y se dirigió a la salida.
—¡Quiero golpear a esa tipa! —dijo Yoruichi enojada, levantándose del asiento.
—No hagas nada. —pidió Momo tomándola del brazo. —No quiero que él se enoje conmigo.
Yoruichi suspiró molesta y volvió a sentarse. No entendía porque su amiga era tan sumisa.
—Tengo miedo. —susurró Momo.
—¿De esa tipa? —preguntó Yoruichi. Momo negó con la cabeza.
—De divorciarme. —respondió. —me da miedo enfrentarme a un trabajo, no me creo capaz.
—Momo, tu eres muy lista. —dijo la morena colocando su mano sobre las manos de ella. —Saldrás adelante, tienes que hacerlo por Daisuke.
—Sí. —respondió Momo. Pero en realidad sabía que no podía hacerlo, que no superaría su miedo, que tenía que recuperar a su esposo.
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Cuando Byakuya regresó a casa, a las cuatro de la tarde, Yoruichi aprovechó para dejarle a Sayumi e ir a comprar algunas cosas que le encargaron en la escuela.
Sayumi veía muy entretenida la televisión, así que Byakuya decidió meterse a bañar. Después salió del baño con un pantalón de algodón gris, sin camisa, y con una toalla azul marino rodeándole el cuello.
Antes de ir a su cuarto a terminar de vestirse, decidió ver lo que hacía su hija.
Se asustó al verla brincar de un sillón a otro, pues podía caerse y hacerse daño, así que se apresuró a llegar a ella.
—¡Atrápame papá! —gritó divertida y se arrojó a los brazos de su sorprendido padre, que sólo atinó a estirar los brazos y cuando la sintió en su pecho la abrazó con fuerza.
La niña río divertida al ver la cara de susto de su padre.
—Sayumi…—susurró Byakuya viéndola con enojo.
—No soy Sayumi papi, soy Cheetara. —le interrumpió la niña.
—Pues Sayu…. Cheetara. —se corrigió al ver la cara de reproche de su hija. —no vuelvas a hacer eso, es peligroso y te puedes lastimar. —le dijo serio. —si lo haces de nuevo te castigaré. —le advirtió.
—Está bien. —dijo con un puchero.
En ese momento sonó el timbre. Byakuya bajó a su hija y le indicó que fuera a jugar a su cuarto, pero a ella le pareció más divertido ir a jugar al cuarto de sus papás.
Al abrir la puerta Byakuya se encontró con una mujer pálida de largo cabello purpura.
—Kirio. —dijo en un susurro.
—Hola. —saludó apenada y con un leve sonrojo por verlo sin camisa y con el cabello húmedo. Aunque no le cayera bien, tenía que admitir que era guapo. —¿Está Yoruichi? —le preguntó.
—No, pero si quieres puedas esperarla en la sala. —respondió el chico haciéndose a un lado.
Ella entró pues necesitaba hablar con su amiga.
Para Byakuya no pasó desapercibida la mirada escrutiñadora de ella sobre toda la casa, mostró mayor interés en la foto de bodas que se encontraba colgada en una pared de la sala.
—Siéntate. —le indicó él. Ella sintió que era más una orden que una invitación, pero no se sorprendió. —¿Quieres tomar algo? —le preguntó mientras ella se sentaba. Ella negó con la cabeza.
Un largo silencio se formó entre ellos, en el cual ella no dejó de observar la casa.
—Así que ya tienen varios años de casados ¿verdad?
—¿Por qué lo dices en ese tono? —le preguntó él, pues le pareció que mostraba sorpresa y un poco de desagrado.
Ella se acomodó el cabello detrás de la oreja y se cruzó de piernas.
—Porque no pensé que Yoruichi soportara una clase de vida a la que no estaba acostumbrada. —Byakuya se molestó por el comentario. —Mira, sé que ganas bien, pero no se compara a lo que ella ganaba, era una modelo de talla internacional. —comentó ella. —Su departamento era mucho más grande que esta casa, tenía a su disposición los coches y joyas que quisiera, podía viajar a cualquier parte que deseara. Tú no le puedes dar esos lujos ¿o sí?
Byakuya apretó los puños.
Era cierto, ganaba bien y podían vivir cómodamente, pero no podía darle a su esposa el mismo estilo de vida que llevaba antes.
—No, pero eso no le importa a ella. —respondió Byakuya.
—Eso crees tú. —dijo Kirio, ya molesta. —¿Pero realmente crees que sea feliz?¿Crees que no extraña su trabajo?
A ella no le gustaba Byakuya, pues nunca consintió la idea de Yoruichi de dejar el modelaje por formar una familia.
Byakuya se quedó pensativo.
—Será mejor que me vaya, vendré otro día a verla. —dijo ella poniéndose de pie, él no le objeto la decisión.
Byakuya decidió no prestarle importancia a los comentarios de Kirio, y mejor optó por buscar a su hija.
La encontró sentada en el piso de su cuarto, con varios labiales de Yoruichi destapados a su lado. Ella tenía un labial en la mano y en su hombro se podían ver varias manchas de labial rojo, simulando pecas.
—¿Qué estas haciendo? —preguntó Byakuya parado en el marco de la puerta.
—Soy Cheetara, necesito pecas. —respondió ella viéndolo a los ojos.
—Sabes que no debes agarrar las cosas de tu mamá. —le dijo él. —Estarás castigada sin ver la televisión hoy y mañana.
Los ojos de ella comenzaron a llenarse de lágrimas e hizo un puchero.
—Ya no lo volveré a hacer. —dijo ella afligida.
—De todas formas estas castigada. —Byakuya se resistió para no dejarse convencer por las lágrimas de su hija, aunque eso le costaba trabajo.
Sayumi entonces comenzó a llorar, pues le gustaba mucho ver la televisión. Se llevó las manos a los ojos para tallárselos.
—No llores y ponte a limpiar lo que tiraste. —le ordenó Byakuya.
Sayumi se puso de pie y luego hizo lo que su papá le ordenó, aunque no dejó de llorar. Byakuya vio que los cajones del tocador estaban abiertos así que fue a cerrarlos, al ver el interior de uno notó unas hojas de revista.
Con curiosidad las agarró para verlas.
Ya eran de fechas antiguas, y en ellas se observaban imágenes de Yoruichi modelando, en otras ella posaba a la cámara con una gran sonrisa y brillo en los ojos.
Y Byakuya por primera vez en mucho tiempo se preguntó si su esposa era feliz a su lado.
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Por la noche Rukia fue a visitar a su hermano y cuñada.
Estaban sentados en el comedor, pues apenas iban a cenar. Sayumi ya estaba dormida.
Yoruichi les platicó a su esposo y cuñada lo que había pasado con Momo.
—No debiste dejar que fuera. —le dijo Rukia a Yoruichi. —Ahora quedará más triste de lo que estaba.
—Lo sé, pero no pude negarme. —respondió la morena. —Ella me dijo que no quiere perderlo, que tiene miedo de estar sola y tener que trabajar.
Rukia hizo una mueca de disgusto.
—Por eso no confío en los hombres. —declaró. —primero te dicen que te aman y luego te apuñalan por la espalda y te hacen sufrir. Por eso no me caso. —comentó viendo a Yoruichi.
—¿Tú también me apuñalaras por la espalda? —preguntó Yoruichi volteando a ver a su esposo, quien tomaba café.
—Claro que no. —respondió dejando la taza en la mesa y viéndola a los ojos. —Jamás te haría daño.
—Sí, mi hermano es la única excepción. —comentó Rukia. —por favor Nii-sama, jamás cambies. —le pidió a su hermano.
Él sólo asintió con la cabeza. De verdad esperaba nunca lastimar a su familia, porque era lo más importante que tenía.
—Pero ya hay que comer o la sopa se va a enfriar. —dijo Yoruichi destapando la cacerola que reposaba sobre una tabla de madera en el centro de la mesa.
Rukia se acercó para ver la comida y enseguida se llevó una mano a la boca, el olor le había causado nauseas. Se paró en seguida para ir al baño y vomitar.
Cuando abrió la puerta se encontró con Yoruichi.
—¿Qué tienes? —preguntó preocupada.
—Es que me cayó mal algo que comí en la tarde. —respondió Rukia. Yoruichi alzó una ceja y la vio de forma sospechosa.
—A mí no me engañas. —le dijo ella viéndola de arriba a abajo. —¿Estas embarazada? —le preguntó.
Rukia no quería decir nada hasta no tener más tiempo de embarazo, pero no podía ocultar su felicidad.
—Sí. —dijo con una sonrisa. Yoruichi también sonrió y la abrazó efusivamente.
—¡Felicidades! —le dijo. —me alegro por ti.
—Pero no le digas nada a mi hermano. —le pidió cuando se separaron.
—¿Qué es lo que no me tiene que decir? —preguntó él atrás de Yoruichi, quien se colocó junto a Rukia para verlo de frente.
Se había preocupado al ver que tardaban en regresar así que quiso cerciorarse de que todo estaba bien. Yoruichi miró a Rukia animándola a decirle a su hermano.
—Estoy embarazada. —le dijo ella. Byakuya recordó la cara de Ichigo así que relacionó enseguida que él era el padre.
—Rukia. —dijo serio. —¿Violaste a Ichigo?
—No. —respondió ella ofendida, pero ante la insistente mirada de su hermano miró hacia otro lado y se rasco la nuca. —Sólo lo ayudé un poquito. —susurró.
—No sé lo que pasó, pero él está muy preocupado, creo que piensa que se aprovechó de ti.
Yoruichi entonces estalló en carcajadas.
—Como si eso fuera posible. —murmuró entre risas. Rukia la miró feo, pero Yoruichi la ignoró y siguió riendo.
—¿No dirás nada? —le preguntó a su hermano. Él la abrazó.
—Me alegro por ti, pero ahora debes de pensar en que harás con Ichigo. Piénsalo bien y no lo dañes. —le dijo separándose de ella.
Ella asintió. Ella ya sabía qué hacer, alejaría a Ichigo de su vida, pues su hija sólo era de ella.
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Mientras tanto Momo estaba en su casa terminando de limpiar la cocina, Daisuke ya había cenado y se estaba bañando.
Escuchó la puerta abrirse, así que se asomó a la sala. Era Sosuke llevando unos papeles en la mano.
—Sosuke, cariño, has regresado. —dijo sonriente. —Debes de tener mucha hambre, te prepararé algo. —le dijo y dio media vuelta.
—Momo no he venido a quedarme. —Informó Sosuke caminando hacia ella, que seguía de espaldas pero ya inmóvil. —Te traje los papeles para solicitar el divorcio.
Momo volteó a verlo con los ojos llorosos, tomó el papel que él le extendió.
—¡No quiero el divorcio! —le gritó rompiendo los papeles. —No quiero vivir sola con Daisuke. —le arrojó los papeles rotos al pecho.
—No voy a regresar, ya he tomado una decisión. —le dijo él serio. —piénsalo bien.
Sosuke se dio la media vuelta y caminó a la puerta.
—No te vayas. — gritó Momo caminando tras él. —no me dejes. —le suplicó abrazándolo por atrás.
Pero él retiró las manos de ella y salió por la puerta.
Ella se sentó en el suelo y lloró desconsoladamente. Tenía un fuerte dolor en el pecho y sentía un vacío en su alma.
—Cariño. —murmuraba entre sollozos.
Daisuke salió de bañarse y vio a su mamá llorando frente a la puerta de la casa, enseguida corrió junto a ella.
—Mami ¿Qué tienes? —preguntó arrodillándose frente a ella.
—Nada. —respondió Momo, pero no podía dejar de llorar.
Daisuke abrazó a su mamá, estaba angustiado, no le gustaba ver a su mamá llorando. Y pronto también comenzó a llorar.
—Mami no llores, no llores. —suplicaba el niño. —No me gusta verte llorar, dime ¿Qué tengo que hacer para que estés contenta?
Momo abrazó a su hijo e intentó tranquilizarse.
—No te preocupes, todo está bien ahora. —dijo separándose de él.
Después le limpió las lágrimas y luego la de ella.
—Sólo es que me acordé de tu papá. —le dijo sonriendo.
—Yo también lo extraño. —dijo Daisuke. —ya quiero que regrese.
—Ya sé. —dijo ella. —tú me vas a ayudar para que regrese más pronto ¿verdad? —le preguntó a su hijo.
—Sí. —respondió el niño entre hipidos.
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