Capítulo 9. Subo esto porque acabo de ver a un Lavi real y de carne y hueso medio desnudo y, no sé, como que me han entrado ganas de seguir, XDD
Para mí, Tiky no siente nada más allá que su propia satisfacción y cariño por sus familiares. Punto. Lo que siente por Allen es una mezcla de irritación, atracción y cariño fraternal de Noah.
Estoy pensando en probar alguna pareja nueva en alguna otra historia, quizá Yullen o Lavanda. ¿Qué pensáis?
Sobre la personalidad de Allen… sí, sé que, para lo normal que estoy leyendo por estos lares, mi Allen es un poco Ooc. Pero también hay que ponerse en su lugar. Ha pasado dos años fuera, ha visto cómo se iba convirtiendo en Noah y cómo toda su vida, desde su físico hasta la forma de moverse y hablar cambiaban hasta modelarse en la del Decimocuarto. Igual que está pasando en el manga, Allen está cambiando. No es un niño inocente, tiene sus dieciocho, cachis. Os pido que le dejéis un poco de tiempo. Además, me cuesta mucho escribir como si fuese él, lo considero mi álter-ego versión inocente, XD
Capítulo 9: Hit.
Flash-back
Aspiré el olor de su pelo suelto. El lento vaivén de su cuerpo contra el mío me hacía cerrar los ojos y abandonarme a mí suerte, una suerte siempre resplandeciente si era la que compartía con él. Sujetaba fuertemente su bandana en mi mano, un tacto de terciopelo que me ataba al mundo.
Algo mordió mi corazón, y me sobresalté. Abrí la boca para gritar, para decir algo, pero mi cuerpo seguía reaccionando por sí solo ante Lavi, mientras aquellos dientes mentales iban desgarrando mi alma. Apreté mis dedos en su pelo. Otro desgarre, y olvidé mi nombre. Otro más, y olvidé el reflejo de mi propia imagen. Otro: no reconocía a la persona que tenía delante. Descuartizando recuerdos, alma y vida. Descuartizándome.
Ya es hora de dejarme pasear un rato, Allen.
Sí que reconocí esa voz. Esa voz grave pero que, indiscutiblemente, tenía toda mi tonalidad y mi cadencia. Mi voz. La voz del Decimocuarto, despertando.
Lavi me miró a los ojos, y todo se volvió negro para mí, para Allen, y el Noah besaba al Bookman, echándome a latigazos de mi propio cuerpo.
/Flash-back
Aquella fue la primera vez que dejé de ser Allen, el Exorcista, para pasar a ser el Decimocuarto Noah. No era capaz de recordar nada de lo que había hecho en aquel lapso de tiempo pero, cuando volví a nacer en mi cuerpo, Lavi estaba tirado en el suelo, mirándome con terror, y se cubría la parte derecha de su rostro con una mano. Y su parche estaba en mis manos.
Fruncí el ceño. Kanda y yo andábamos por los pasillos oscuros y amplios de la Orden, en silencio. Nos dirigíamos al despacho de Komui, quien me había citado personalmente. Me había citado a mí solo, pero Kanda parecía haberse convertido en una extensión de mi cuerpo.
-Kanda… ¿no deberías dejarme ir ya?
No me miró.
-¿Para que piensen que te escapaste de tu habitación y te dispones a matarlos a todos? Mejor prevenir que curar, moy… Allen, ¿nunca te lo dijo tu madre?
Eso me dolió, aunque no supe exactamente por qué. Me mordí el labio inferior, perdido:
-Mi madre nunca me dirigió la palabra. Pero Maná me decía eso constantemente.
-Y nunca lo aprendiste –adivinó Kanda.
Atravesamos el vestíbulo, y me eché la capucha del uniforme de exorcista que me habían prestado. Me sentía extrañamente a gusto con aquello puesto, aunque se alejaba bastante de la comodidad que ofrecía uno de esos uniformes hechos a medida. Era bonito, el nuevo diseño. Una mezcla bien equilibrada entre el segundo que había probado y aquel tercero tan extraño.
Sentía la mirada de algunos Buscadores fijas en mí. Muchos eran nuevos, pero los antiguos entreveían mi indiscreto pelo blanco. Y pronto los siseos teñidos de curiosidad llenaron el vestíbulo y los corredores.
-¡No, Tooya! –oí una voz delante de mí, candente, suave, ligera, alegre-. ¡Tendré cuidado!
Evidentemente, Lenalee no era despistada, pero si tenía una categoría y un rango suficiente como para considerarse superior a otros Exorcistas, y tener la altanería de ignorarlos. Aunque, cuando chocó contra mí y la sostuve para evitar que cayese, dejamos de ser Exorcistas. Dejamos de ser lo que éramos en aquel momento.
Ella retrocedió un par de pasos, con la mirada de sus ojos violetas en los míos. De nuevo el reflejo del oro en sus pupilas. Se quedó pálida, y echó un rápido vistazo a Kanda, quien no le devolvió la mirada.
Lentamente, alargó la mano y apartó la capucha de mi cabeza. El murmullo casi ensordecedor que se formó en aquel momento era palpable. Todos habían oído hablar del Noah Exorcista. El Servidor de Dios en el Arca. El Destructor del Tiempo. Allen, el poseedor del Clowned Crown. Allen, el Decimocuarto. Todos esos nombres eran yo, y yo era parte de todos ellos. Era una Leyenda por allí, un mal sueño para los nuevos Exorcistas.
Adiviné lo que iba a pasar sólo una décima de segundo antes de que su bofetada resonase como miles de ellas en el recibidor. No me moví, sin dejar de mirar su rostro de rabia, frustración y pena. Lágrimas brillaban en sus ojos.
Otro impacto amenazó con dejarme aturdido. Ella levantó la mano una tercera vez, convulsionándose en sus sollozos internos; pero Kanda detuvo su mano.
-Lenalee… –susurré, desviando la vista. Sabía que la mejilla izquierda se estaba tornando roja, y escocía de sobremanera.
Lo siguiente que sentí fueron sus delgados brazos rodeando mi cuello, y su cara hundida en mi hombro. Sollozaba, apretándose fuertemente contra mí. Correspondí su abrazo como tantas otras veces en el pasado, acariciando con timidez su renovado cabello.
Se separó de mí, con los ojos hinchados y rojizos. Sorbió por la nariz y se irguió, fingiendo no haberse derrumbado ante mí. Sus manos aún seguían apoyadas en mi pecho. Me miró a los ojos.
-Allen –dijo.
-Allen –afirmé.
Ella echó un vistazo a su alrededor, a los Buscadores que nos espiaban descaradamente.
-¿Qué estáis mirando? –les gritó-. ¡Moveos!
Obedecieron al instante, asustados. Ella continuaba pálida. Retornó sus pupilas a mí:
-¿Qué te han hecho?
-Nada, tranquila.
Agarró mi ropa fuertemente entre sus frágiles dedos:
-Creemos en ti porque nuestros golems grabaron lo ocurrido. Todos vimos como intentaste impedir que se lo llevara.
Entonces, algo dorado llamó mi atención. Revoloteaba sobre la cabeza de la Exorcista, inquieto, esperando a que me fijase en él.
Lenalee siguió el rastro de mi mirada:
-¡Oh! –sonrió amargamente-. Siempre andaba con Lavi, pero en los últimos días se vino conmigo.
Timcanpy voló directo a mí, y lo acuné en el hueco de mis manos. Enroscó su cola y plegó sus alas allí, dispuesto a quedarse un largo tiempo en esa posición. Lo atraje hacia mi rostro, tan cerca, que mi respiración empañaba su superficie bruñida.
Bufé.
-Hay que encontrarlo –susurré, y Lenalee asintió.
Alguien nos interrumpió:
-Vaya… así que eras tú quien ha revolucionado todo esto, ¿eh?
La Exorcista se volvió, alarmada, y yo miré por encima de ella. Hace dos años, lo había considerado un aliado, incluso un amigo leve. Pero ahora había crecido y parecía haberse centrado aún más en su deber. Su pelo rubio ahora era corto, aunque los dos círculos rojos de su frente seguían allí, intactos.
-Link.
-Noah.
Fruncí el ceño:
-¿Le importaría acompañarme, señor Decimocuarto?
Apreté los dientes con rabia.
