Nota de la Traductora: Mil disculpas por la larga ausencia, he tenido muchos problemas últimamente y he estado con un poco de depresión por todo lo que esta ocurriendo y debido a esto deje los capítulos de todos los fics a medio terminar, solo recientemente he encontrado un poco de motivación para seguir con esto. Aun así, quiero que sepan que no tengo planeado abandonar ningún proyecto, solo les pido un poco de paciencia.


Tainting the Roses Red

Por Child of the Ashes

Ichigo caminó solo a casa, sintiendo una extraña combinación del último día de relajación y estar inexplicablemente molesto.

No era que había comenzado a disfrutar llevar a casa a Inoue todos los días. Simplemente no le gustaba que su rutina fuera cambiada. Había caído en un patrón bastante cómodo en los últimos tiempos, y no tenía absolutamente nada que ver con pasar más tiempo con una compañera de clase atractiva y que ofrecía su apoyo incondicionalmente. Metió sus puños en sus bolsillos con un ceño fruncido.

Nada en absoluto.

De hecho, él estaba feliz por el tiempo libre extra.

Pateó una roca que simplemente pasaba a tener la mala suerte de estar en su camino. Se deslizó por el suelo antes de que silbara y desapareciera en una alcantarilla.

No había habido ningún nuevo ataque en los últimos días, lo que prácticamente era un milagro. E incluso su hollow había decidido estar en silencio. Así que, por todas las cuentas, de verdad fue un buen día, excepto...

Maldita sea. Él frunció el ceño, buscando algo o alguien más para patear.

Él estaba acostumbrado a hacer las cosas solo; le gustaba hacer las cosas solo. Y estaba muy seguro que no estaba preocupado por ella. Ella había logrado caminar a casa muy bien todos los días antes de que él hubiera llegado. Ella era mucho más fuerte de lo que parecía.

Pero... su mente añadió, ella también tenía una habilidad especial para meterse en problemas.

Supuso que siempre podría llamarla—

Él suspiró, cortando el pensamiento. ¿Cuándo se había vuelto tan patético?

No era como si estuvieran saliendo o nada, además era bueno para ella estar haciendo nuevos amigos, incluso si era ese pequeño monstruo de cabello rubio. Ella necesitaba a alguien para ser capaz de hablar y el simplemente no era bueno en esas cosas. A él le gustaban los problemas que podían ser resueltos con un puño; del tipo que podían ser resueltos utilizando el extremo agudo de Zangetsu.

Además, incluso cuando ella lo había necesitado para ese tipo de apoyo, él no había sido bueno. Simplemente había algunas batallas que él no podía pelear por ella...

Sintió una incómoda espiral de culpa por esos recuerdos.

Orihime quien siempre había estado allí para todos los demás; cuya fe en sus amigos movía cualquier obstáculo. La chica que había perdido una cosa tras otra, y sin embargo siempre parecía tener más para dar. Él acurruco un puño más apretado en su bolsillo.

Ella de todas las personas había sido abandonada en su momento de dolor... tal vez todavía estaban abandonándola...

Ese solo pensamiento lo detuvo en su trayecto.

Otros peatones en la acera caminaban alrededor de él dándole miradas curiosas y exasperadas, pero a él no le importo eso. Dejó que su ceño se profundizara, pensando en la caza del shingami fugitivo.

Había sido hace casi un año. Las desapariciones habían comenzado en Tokio y él había escuchado de ello en las noticias, como todos los demás. Dos docenas de niños desaparecidos era un gran problema. Cuando se movió a Karakura, se dieron cuenta que no había sido lo que todos habían imaginado.

El fugitivo era un maestro de la evasión y esconder su presencia espiritual usando las propiedades de desorción de su zanpakuto. Físicamente, él no era nada especial, pero nadie pudo siquiera acercarse sin que su reiatsu fuera robado. Los mejores esfuerzos de la Sociedad de Almas se convirtieron en una burla. Él se escabullo incluso de las más cuidadosas trampas puestas; jugando con ellos, burlándose de ellos con cada secuestro.

La tensión había sido alta, y todos sentían el picor amargo cada vez que un nuevo niño desaparecía. Cada perdida había sido personal, pero Orihime había crecido en un hogar duro, y algo en la violencia sin sentido pareció haber golpeado una cuerda en ella. Ella se había lesionado como un resorte.

Cuando encontraron al fugitivo, también encontraron los cuerpos mutilados y en descomposición de más de treinta niños, de niños de edad escolar. Ella había sido la que encontró el lugar donde él los había desmembrado, pieza por pieza.

Y él se había reído... sereno y cruel mientras les decía por qué y cómo... E Inoue simplemente estalló.

Verla moverse era como observar un oleaje gigantesco en lento movimiento. Su presión espiritual se había hundido, antes de elevarse a un nivel alarmante y luego había una luz dorada por todas partes. Se sentía como su presión, excepto que no del todo. Era como si ella se hubiera roto de alguna manera, como si algo vital hubiera estado retorciéndose hasta que era irreconocible.

Ella lo deshizo. Ella lo deshizo todo, al fugitivo, el almacén, los cuerpos y todo alrededor. Rechazó todo excepto las almas petrificadas de los niños, amontonadas juntas, todavía sangrando, incluso en la muerte. Todo simplemente se había deshecho, como si hubiera sido quemado sin fuego. Todo había pasado en un abrir y cerrar de ojos, sin embargo, todavía parecía casi desesperadamente lento.

Cuando terminó, ella simplemente colapsó, sollozando de una manera que había sido terrible de escuchar. Él simplemente se había quedado mirando, congelado con sorpresa; todos lo habían hecho.

Todos excepto, Kisuke.

Él simplemente se había acercado y se arrodillo junto a ella, ofreciendo un hombro y frotando su espalda mientras todos miraban.

Eso siempre lo había molestado después. Que Urahara había sido el que se movió primero. Todos sus amigos más cercanos se habían quedado inmóviles alrededor de ella. Él se había quedado inmóvil... y ella se había roto en miles de pedazos, el corazón roto. Él ni siquiera había sabido cómo empezar a poner todas esas piezas de vuelta juntas de nuevo... así que él observó cómo alguien más lo había hecho.

Ichigo siempre había querido preguntar a Urahara qué era lo que él sabía, qué había sabido incluso entonces, pero hacerlo sería violar la privacidad de Inoue. Y él no haría eso, no es que pensara que en realidad podría conseguir una respuesta directa. Estaba seguro que no la tendría.

Se dio vuelta y comenzó a volver por el camino que había venido. No cometería el mismo error otra vez. Odiaba sentirse culpable, por lo que generalmente se aseguraba de no tener nada para sentirse culpable, pero supuso que el pasado era complicado de esa manera.

Tal vez si trataba de sentir su reiatsu. Sería mucho más fácil encontrarla. Entonces podía mantener su distancia y aun así saber que algo pasaba.

Sacudiendo su cabeza de nuevo, frunció el ceño.

Se sintió como un acosador.

Maldita sea, de verdad se había vuelto patético...


Orihime observó las pequeñas coletas rubias regordetas rebotar felizmente en la parte trasera de la cabeza de su tutora y trató de no sentir pena por ella misma. En su lugar, se determinó a concentrarse en la alegría enérgica de la niña, como si pudiera transferirse a través del aire y dentro de ella por pura fuerza de voluntad.

Inoue sonrió, observándola rebotar con entusiasmo desde la ventana de una tienda a otra ventana.

A pesar de su propio mal humor, tenía que admitir que era agradable caminar con la chica más joven a casa, incluso si significaba rechazar a Kurosaki-kun cuando él había aparecido por ella.

Ella arrugó su nariz. Orihime sabía lo que Rukia quería al decirle que se sentía sola, pero él había insistido en llevarla a casa todos los días desde entonces. Y ella no quería que él se sintiera obligado. Ella odiaba ser ese tipo de molestia.

Más adelante, Yuri se asomó en una tienda de juguetes con una mirada de asombro. Orihime se detuvo junto a ella para mirar también. Una gran cantidad de juguetes llenaban la ventana del frente de la tienda, en colorida filas y conjuntos, soldaditos y princesas con pequeños unicornios blancos. Detrás de esos, había estantes apilados con armas de agua y autos de carrera y más juguetes de los que podía contar. Era el sueño todo niño.

Orihime se rio ante la mirada anhelante en el rostro de Yuri, y recordó que incluso si ella era considerada un genio o algún tipo de niña prodigio, ella todavía era solo una niña en un extraño lugar.

"¿Quieres ir adentro?" Ella ofreció, como si estuviera asustada de que este nuevo lado de Yuri podría derrumbarse y ser soplada en la siguiente ráfaga de viento.

Su tutora se dio vuelta para mirarla con emoción mal disimulada, "Solo si tú lo haces..."

Orihime sonrió y tomó a la niña de la mano y entraron en la tienda. Ella estaba muy cansada y tenía montones de tarea por hacer, pero ella sabía que no podía hacer nada más. Era como si la niña no hubiera visto juguetes nunca...

Ellas habían mirado y jugado dentro de la tienda por más de una hora cuando Orihime notó que se estaba oscureciendo afuera. Y ella todavía no tenía idea de dónde vivía Yuri o cuánto tiempo tomaría llegar allí. De mala gana, se habían ido y Orihime sintió pequeños pinchazos agridulces de culpa por todo el camino.

Salieron de la tienda y Orihime bostezo preguntándose qué hora era. La chica más joven continuó su enérgica escapada entre los frentes de las tiendas. En realidad, era como si mientras más drenada se volvía Orihime más energía parecía tener la niña. Pero ella supuso que solo era la manera en que eran los niños.

Ella bostezó de nuevo, y esta vez Yuri se dio vuelta de la ventana de la tienda y le dio una mirada preocupada. Orihime lo sofocó con una mano, habiendo ya escuchado todos los sermones de lo importante que era dormir para el funcionamiento del cerebro y el sistema inmunológico. Ella no estaba en una carrera para ganarse más.

Era verdad que ella había estado más cansada que de costumbre últimamente y no había pasado desapercibido para nadie. No es que pudiera, cuando ella se quedaba dormida en su escritorio y comenzaba a hablar tonterías. Eso había sido el vergonzoso punto culminante de su día. Pero al menos no había babeado, incluso si había tenido detención.

Ella no estaba perdiendo sueño a propósito... solo era que ella había comenzado a tener insomnio últimamente, y simplemente no había suficiente descanso... Ella suspiró mirando hacia abajo con ojos preocupados.

El ceño de la otra niña se profundizó.

"¿Pasa algo, Yuri-chan?" Incluso aunque ella ya sabía lo que la niña iba a decir.

"¿Estás enferma?" ella olfateó, una vez más recordando a Orihime a un pequeño cachorro valiente. "Hueles enferma."

Inoue parpadeó.

"¿Huelo mal?" Tal vez era una cosa buena que Kurosaki-kun no la había llevado a casa después de todo.

"Sabes lo que quiero decir..." Yuri agitó una mano desdeñosa.

Ella en realidad no sabía. "No estoy enferma."

"Pero estás triste..." Ella concluyó con suavidad, instantáneamente cambiando la dirección de la conversación.

Orihime dejó de caminar. "¿Quién te dijo eso?"

Yuri se dio vuelta y la miró hacia arriba, grandes ojos marrón rojizo miraron a los grises, y solo por un momento, Orihime pensó que ella se veía mucho más grande que una niña de once años. Se encontró con que no podía sostener esa mirada.

Ella miró hacia abajo en la acera, pensando de nuevo que de verdad se había hecho tarde.

"Nadie me dijo. Solo obtuviste la mitad de las respuestas correctas y has estado bostezando todo el día... y tuve que lanzar más tiza de lo normal..."

Orihime puso mala cara ante esa última declaración. Lanzar tiza era la manera especial de Yuri de llamar su atención cuando ella se dormía, y generalmente dejaba pequeños puntos polvorientos por todo su cuerpo.

"Solo he estado... distraída." Ella admitió, comenzando a seguir a la chica más pequeña de nuevo.

Yuri rodó sus ojos.

De acuerdo, ella probablemente había merecido eso. "Eso solo que mi mejor amiga se fue... y es muy difícil estar sola."

La confesión era sorprendentemente difícil de hacer, incluso aunque ella no había pensado en ello antes de que saliera tropezando de su boca. Pero era verdad, ella extrañaba a Tatsuki desesperadamente. Su apartamento se sentía más solitario ahora siempre que pensaba que su mejor amiga no estaba a poca distancia.

"Ella no parece tan especial para mí..." La chica más joven dijo hoscamente.

Orihime sonrió un poco y satisfecha de los celos infantiles de su tutora. "Ni siquiera la conoces, Yuri-chan. Estoy segura de que se habrían agradado la una a la otra."

Yuri parpadeó, y luego asintió rápidamente con los ojos amplios haciendo la sonrisa de Inoue más amplia.

Ella de verdad era una niña buena bajo su exterior condescendiente. Debe ser difícil viajar a un país extranjero a tan joven edad. Por supuesto que la niña probablemente sabía exactamente cómo se sentía Orihime...

Ella se puso rígida ante el pensamiento, sintiéndose culpable de no haberse dado cuenta más pronto.

Ella estaba siendo instruida por la estudiante de intercambio. Ella estaba a cientos de kilómetros de distancia de su hogar y familia. Y ella ni siquiera había preguntado si la chica más joven tenía algún amigo en la escuela o si necesitaba ayuda para encontrar su camino por la ciudad. Yuri-chan probablemente podría relacionarse con su situación mejor que nadie más ahora mismo.

Caminaron en silencio por unos minutos, antes de que Orihime no pudiera soportarlo por más tiempo.

"¿Yuri-chan? ¿Extrañas a tu familia?"

La niña estaba en silencio contemplativa antes de responder. "No lo sé. En realidad, nunca tuve una. Así que... supongo, más que nada, extraño la idea de mi familia... cálida, comprensiva, cosas como esa."

Orihime sintió el vello de sus brazos erizarse. Era como si la niña más pequeña se hubiera asomado por una ventana y mirado en sus pensamientos más íntimos. Sus propios sentimientos sobre su familia estaban mezclados y confundidos, pero ella sabía la verdad de las palabras que la niña habló. Contuvo las lágrimas y les ordenó fuertemente que se fueran.

Yuri miró hacia atrás de nuevo. "Esa no es la única razón ¿o sí?"

Inoue estaba comenzando a maravillarse por la sorprendente percepción de la niña.

"No..." ella continuó ante la vista de la mirada expectante de la pequeña rubia. "Esta esté otro amigo..." Probablemente ella debería hacerlo apropiado para su edad. "Un amigo, y bueno, me ha gustado desde hace mucho tiempo... Pero no creo que yo le guste de la misma manera." Ella terminó con tristeza.

"¿Cómo?"

"Uh, no estoy segura... montones de razones probablemente. Como que tal vez soy demasiado torpe... o no soy muy bonita..." Tal vez esta conversación era una mala idea. Ciertamente no estaba ayudando a su autoestima en absoluto...

"¿Estás bromeando? ¡Tus tetas nos enormes!" Yuri dijo sosteniendo sus brazos fuera de su pecho.

Orihime se atraganto con el aire.

"¿Qué?" Tartamudeó. "¡Yuri! Eso no es una cosa agradable de decir a tu edad."

"No sé qué quieres decir, soy muy vieja." Declaró ella.

Orihime rodó sus ojos. La niña más joven solo estaba tratando de distraerla del triste camino de sus pensamientos.

"Entonces, ¿cuál es tu casa?" Preguntó ella, reconociendo que estaban paradas delante de la puerta de un gran distrito.

Yuri se encogió de hombros. "Puedo llegar allí desde aquí. No tienes que llevarme."

"¡Por supuesto que sí! Una niña de tu edad no debe salir sola en la noche." Ella resopló, preparándose para decirle exactamente lo que pensaba de eso, cuando una nueva voz habló detrás de ella.

"Ahí estás, Yuri-chan. Me estaba preguntando si volverías."

Orihime se dio vuelta para ver quién había hablado y perdió el aliento.

Parado a unos pocos metros detrás de ella estaba un hombre increíblemente atractivo. Probablemente era unos años mayor que ella, con cabello corto despeinado, el mismo rubio claro que el de Yuri. Se preguntó vagamente si estaban relacionados. Sus ojos eran de un impresionante color rojo rubí que Orihime no pensó que fuera posible en un humano, pero aquí estaba él, parado frente a ella, en ropas de aspecto caro, como si él fuera algún tipo de supermodelo o estrella de cine.

Por el rabillo del ojo vio a Yuri girar y tropezar un paso atrás. "¡Shan-jing!"

"Yuri, hemos estado buscándote por todas partes." Él miró a Orihime con sus penetrantes ojos rojos y le dio una sonrisa lenta.

Ella pudo sentirse derritiéndose. Había algo en esos ojos. Orihime estaba mirando desvergonzadamente. Ella sabía que era ella, pero no podía evitarlo. Él era maravilloso.

"¡Oww!" quedó sin aliento, agarrando su mano en su pecho. Ella miró a la niña más pequeña. "Me mordiste... y dolió."

Ella frotó el sitio sensible donde la niña había roto la piel.

"¡No estás poniendo atención! Tenemos que irnos." Y con eso, Orihime se dio cuenta de que la pequeña niña había comenzado a retroceder, como si esperaba que ella la siguiera.

¿Qué pasa con ella...?

Ella miró de vuelta al hombre apuesto para ver si él podía dar sentido al extraño comportamiento de Yuri... y un grito salió de su boca.

Él ya no tenía una forma que pudiera ser llamada humana. Parches de pelaje rubio-gris se pegaban a su cara y brazos y toda la piel expuesta que podía ver. Un hocico canino con dientes afilados en el medio de su cara, y olía como a un cadáver. Detrás de ella, Yuri dio un tirón a su brazo, arrastrándola hacia atrás. A pesar de la pequeña estatura de la niña, era fuerte y Orihime tropezó varios pies después por la fuerza del tirón. Ella giró cerrando su mano alrededor de la de Yuri y corrió con todas sus fuerzas.

La niña más joven la superó con poco esfuerzo y Orihime tuvo la sensación de que estaba conteniéndose por su bien. Detrás de ella podía escuchar el jadeo y las pisadas raspando de persecución, luego se detuvo, y lo horripilante de eso la hizo mirar hacia atrás sobre su hombro.

No había nadie ahí.

"¡Cuidado!" Yuri gritó, el pánico haciendo su voz aguda.

Orihime se dio vuelta para ver una mano saliendo de las sombras y cerrarse alrededor de su garganta, llevándola a detenerse en seco en una fracción de segundo. Ella trató de respirar, pero su vía aérea estaba cerrada.

Ella miró a la niña más pequeña, queriendo decirle que corriera y no se preocupara por ella, pero resultó que ella no tenía que molestarse de todas maneras. La otra chica no se había detenido. Orihime registró el destello de rosa pálido desapareciendo en la noche, a través de los puntos grises que nublaban su visión.

Por favor... por favor, aléjate...

La mano alrededor de su garganta se aflojó y ella se llenó los pulmones de cálido aire de la noche de verano. Ella podía sentir la humedad que hacía a su cabello pegarse en su frente y los lados de su cara.

Se dio vuelta para enfrentar a su atacante, y para su consternación, una vez más era hermoso. Deseaba que él no hubiera cambiado de vuelta. Porque ahora, incluso sabiendo que era un truco, aun sabiendo que un monstro acechaba bajo ese aspecto de exquisitez, ella sintió su respiración atorarse en su pecho. Sus ojos actuaron sin su consentimiento para recorrer cada característica impecable. Cada respiración agradecida traía consigo una placentera fragancia masculina que ella no podía identifica. Incluso las afiladas uñas clavándose en su garganta se sentían terriblemente sensual.

Ella se estremeció.

Él sonrió, los labios se curvearon sobre dientes perfectos. "¿Te gusta?"

Él resopló. "Ya sé qué haces... Odio correr. La persecución no está en mi sangre, me temo... Parece que te has vuelto muy cercana con nuestra pequeña Yuri-chan." Él cambió de tema abruptamente, mientras la miraba a los ojos, buscando. "No eres un ser humano normal, ¿o sí?"

Sus saltos al azar de un tema a otro haciendo embrollos en sus pensamientos.

Ella sabía que no debería sentirse de esta manera. Quería luchar contra el placer que cursaba a través de ella ante su conocimiento, así como la presión de su presencia en su mente, pero era difícil.

Orihime trató de recordar lo que la había repelido mucho antes, pero no era capaz de recordar. Tenía que escapar. Él iba a matarla y ella solo iba a quedarse allí y dejarlo.

"¿Cuál es tu nombre?"

Su agradable aliento abanico su rostro y sus ojos palpitaban, su rostro se giró hacia arriba como si ella estuviera esperando ser besada. Él sonrió de nuevo, bajando su cabeza como si él acabara de decidir satisfacerla. Orihime abrió su boca para responder y algo hizo clic en su mente, una imagen de los pequeños dientes afilados de Yuri contra su piel. Y ella sabía, incluso cuando él bajo su cabeza más, cómo detenerlo.

Ella lo mordió, hundiendo sus dientes en la mano en su garganta hasta que saboreó la sangre.

Él se echó hacia atrás con un siseo y le dio una cachetada, todas las pretensiones y cortesía se habían ido. Sus oídos resonaban con la fuerza del golpe y ella cayó con fuerza, deshecha en un montón en el suelo. Orihime pensó que podría haber perdido el conocimiento, porque la siguiente cosa que escuchó fue un grito ahogado a unos pies de distancia.

Ella negó con su cabeza, tratando de aclarar su visión y levantarse al mismo tiempo; tropezando sin poder hacer nada, hasta que un par de brazos se cerraron alrededor de ella. Él la tenía de nuevo, lo sabía, pero esta vez podía moverse. La mordida había roto cualquier efecto hipnotizaste que él tenía, y ella no iba a volver a caer.

Ella se retorció en pánico ciego, sin ser capaz de verlo, pero todavía lo arañaba con sus uñas. Estaba complacida al sentirlas clavarse en la carne. Él estaba gritándole; tratando de agarrar sus muñecas, pero ella sabía el peligro de mirarlo a los ojos. Ella cerró los suyos con fuerza, tratando de bloquearlo.

Él se las arregló para adherirla, restringiéndola contra los duros músculos de su pecho; forzándola a calmarse al sostener sus brazos contra sus costados.

¡No!

Ella no podía mover sus brazos para hacer un escudo entre ellos. Él era mucho más fuerte de lo que ella era. Ni siquiera era una pelea en absoluto. Y ahora ella no podía moverse.


Ichigo estaba furioso, más allá de colérico.

Él había llegado para ver a un hombre llevar su brazo hacia atrás y abofetear a Inoue duro en la cara, dejándola caer como una piedra.

Él ni siquiera se había anunciado cuando se deslizo hacia adelante y cortó el brazo del hombre rubio. Incluso ahora yacía en un charco de sangre a unos metros de distancia. El hombre desapareció más rápido de lo que Ichigo había sido capaz de dar vuelta y así él se había girado para estabilizar a una frenética Inoue, solo para ser atacado. Él la llamó para que se detuviera, pero ella solo peleaba más duro.

Ella logró arañar su mejilla, mientras él forcejeaba tratando de mantener el borde de la hoja de Zangetsu lejos de sus brazos agitándose y él pudo sentir el ardor de la carne raspada. Abandonó la espada para agarrar sus dos brazos y detener sus golpes de pánico ciego, forzándola a calmarse contra la superficie plana de su pecho.

Este nuevo lado de Inoue estaba asustándolo. No era propio de ella pelear así. Ella estaba histérica. Envolvió sus brazos alrededor de ella, permitiéndole volver en sí misma.

¿Qué demonios hizo ese hijo de perra?

Ella continuó luchando contra él y antes de que él pudiera registrar qué estaba pasando, antes de que pudiera echarse para atrás, ella hundió sus dientes en su garganta.

Luz oscura destelló detrás de sus ojos y sintió a su hollow estirándose para robarle el control.

Ichigo luchó. Luchó con todo lo que tenía, mental y físicamente, tratando de contener su cuerpo de actuar fuera de su control. El abrumador deseo de empujarla contra la pared y tomarla como un animal vino a él de la nada. Lo apuñaló oscuro e insistente, y sus manos la agarraron con fuerza.

Su dominio sobre su consciencia vaciló, su visión se volvió negra. Luego todo lo que pudo sentir fue el intenso dolor placentero de sus dientes y sus labios sobre su garganta.

Tenía que alejarse de ella; para conseguir que dejara de apretar sus dientes sobre la carne de su cuello. Agarró sus hombros y tiró bruscamente de ella, apartándola, sintiendo sus dientes soltarse. Luego la empujó, detrás de él y su batalla perdida con su hollow.


Cuando Orihime cayó hacia el concreto, le tomó menos de un instante registrar el brillante cabello naranja del chico delante de ella antes de que su espalda hiciera contacto con el suelo. Parpadeó, tratando de recuperar el aliento y descubrir qué estaba pasando.

Su cerebro estaba en cámara lenta, procesando todo poco a poco. El hombre guapo se había ido. Ahora se daba cuenta que él se había ido hace algún tiempo. No sabía cuánto. Ichigo estaba allí. Estaba sangrando. Ella lo había mordido.

Pensó que debería sentir culpa, pero sus emociones parecían agotada e incorrectas. Se veía como si todavía sintiera dolor y ella quería ayudarlo. Preguntarle si estaba bien, o tratar de sanarlo.

Eso es, debo sanarlo...

Al fin su mente tenía algo a que agarrarse, y lo hizo con mucha venganza. Trató de ordenar sus pies debajo de ella. Tomó más tiempo del que debía, pero para el momento que se estaba levantando, su cabeza se sintió mucho más clara. Contrayéndose un poco ante el dolor punzante en la sien, pero eso podía esperar. No lo dejó distraerla mientras daba varios pasos tambaleantes hacia adelante, estudiando a Ichigo y tratando de descubrir donde estaba más herido.

Su cabeza estaba acunada en sus manos. Ella tuvo que moverlas a un lado para ver su cara, pero tan pronto como lo hizo se arrepintió de ello.

Sus sentidos registraron el azote de reiatsu oscuro incluso ante la tenue luz de la calle reflejada por la máscara de hueso blanca.

Ni siquiera tuvo tiempo de jadear antes de que él estuviera sobre ella, levantándola en sus brazos y se alejara en un instante. Su cerebro estaba desesperadamente tratando de mantener el ritmo. Ella se estremeció en su agarre, no muy segura de dónde la estaba llevando o por qué. Se estaban moviendo tan rápido que no podía distinguir los alrededores. Pensó en luchar como lo había hecho antes, pero estaban tan alto ahora que incluso si lo hacía, ella no tendría ningún lugar a donde ir excepto abajo.

Ella apretó los puños, tratando de evitar temblar de miedo. Esto era todo, la cosa que había odiado y temido, y no estaba lista para enfrentar... No sabía si algún día estaría lista.