Adivinen quien volvió, Así es, después de varios meses de quebrarme la cabeza en la escuela he vuelto -w- Lamento la espera, todo se junto y estaba matandome, pero! aquí les traigo un capítulo lleno de amor y cosas cursi ¬u¬ y una que otra sorpresita.

¡Ojala les guste y lamento el retraso!

Disclaimer: Cazadores de Sombras y sus personajes no me pertenecen, es todo obra de Cassandra Clare. Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia.


27/12

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Cerré los ojos mientras me masajeaba las sienes. El dolor de cabeza estaba a punto de matarme. Abrí los ojos y giré mi cabeza hacia la ventana. Estaba lloviendo. Solté un suspiro ahogado antes de volver a masajearme las sienes con fuerza, ese dolor de cabeza empezaba a volverse una migraña. Tragué saliva con esfuerzo y en mi cabeza repase lo sucedido hace unas horas. Cerré los ojos deteniendo los pensamientos en cuanto los ojos llenos de miedo de Alexander se materializaron en mi mente.

Escuché a Presidente Miau maullar. Agaché la cabeza para verlo, estaba mirándome detenidamente mientras movía la cola de un lado a otro. Parecía estar juzgándome o analizándome. Me puse en cuclillas para poder acariciarle la cabeza, se quedó quieto, apenas cerrando los ojos ante la caricia para después abrirlos y volver a verme como si me estuviera juzgando. O tal vez eran solo alucinaciones mías y yo solo me estaba juzgando. Volví a acariciarle la cabeza mientras soltaba un largo suspiro.

– ¿Qué querías que hiciera? –le pregunté un tanto enojado– ¿Qué mas pude haber hecho por él?

Presidente Miau soltó un maullido un poco lastimero y con una de sus patas empujó mi mano lejos de su cabeza, bostezó y de manera elegante se dirigió a la habitación. Suspiré nuevamente, conté mentalmente hasta diez y me preparé mentalmente para enfrentar todo lo que acababa de pasar. Tomé el vaso de agua que estaba preparado en la mesa de la cocina y me encaminé al mismo lugar al que Presidente había ido.

Caminé calmadamente mirándome los pies, un pie frente al otro. Tragué saliva, cerré los ojos, suspiré y volví a abrir los ojos. La puerta de la habitación estaba entreabierta apenas un poco, lo suficiente para que Presidente entrara. Empujé la puerta con el pie para que esta se abriera y yo pudiera entrar. Agaché la vista mientras entraba a la habitación, sin mirar nada que no fueran mis pies y el suelo. Dejé el vaso de agua sobre la mesita de noche, la lámpara estaba encendida. Presidente se restregó en mis piernas antes de dar a notar sus ganas de subirse a la cama.

Suspiré y con el pie logré que Presidente Miau desistiera de sus ganas de querer saltar. Con algo de pesadez alcé la cabeza para observar el cuerpo que yacía en la cama. Me mordí los labios mientras me posicionaba al lado del cuerpo, me arrodillé y quedé a la altura suficiente para observarlo mejor. Alexander respiraba pausada y tranquilamente, su pecho subía y bajaba con delicadeza y su respiración apenas y se escuchaba. Lo miré detenidamente por un instante antes de fijarme en su mano y apoyar la cabeza en esta.

Había estado dormido desde hace cinco horas más o menos. Miré el reloj para asegurarme de que estaba en lo correcto. Las manecillas marcaban las tres de la madrugada. Presidente Miau se acercó a mí y se acurrucó sobre mis piernas, le sonreí y le acaricié un poco el cuello, después me concentré de nuevo en Alexander, se supone que debía despertar hace una o dos horas pero él seguía dormido plácidamente, ajeno a la forma en la que la preocupación me estaba matando.

Solté un pequeño quejido contra su mano, cerré los ojos y comencé a contar mentalmente. Quería que él despertara cuanto antes, quería asegurarme de que él estaba bien. Solté un suspiró cuando llegue al número cien, seguí contando mentalmente. Se supone que ya debería de estar despierto, el doctor había dicho que el shock del momento era lo que lo había hecho desmayarse, pero que despertaría en un par de horas. Bueno, ya habían pasado un par de horas y él no despertaba. Me preguntaba si tenía que llevarlo al hospital o llamar al doctor de nuevo.

Había llegado al número cuatrocientos veinte cuando sentí la mano de Alexander moverse levemente. Dejé de contar y alcé la cabeza tan rápido que sentí un ligero mareo. Alexander entreabrió los labios y soltó un leve quejido, sonreí de oreja a oreja y me enderecé un poco para poder mirarlo más atentamente. Un gruñido salió de sus labios y la mano sobre la que había estado recargado subió hasta su cabeza. Empezó a masajearse el puente de la nariz antes de soltar más quejidos un poco lastimeros. Abrió los ojos apenas levemente.

– ¿Alexander? –pregunté con un deje de miedo en mi voz.

Él cerró los ojos fuertemente para después abrirlos de nuevo. Miró el techo por un momento y después bajó la vista hacia mí. Pude sentir una punzada de alegría al ver sus ojos azules mirarme.

– ¿Qué pasó? –su voz era ronca, se la aclaró para volver a preguntar– ¿Qué pasó, Magnus?

Me lamí los labios antes de sonreírle.

– ¿Qué es lo último que recuerdas?

Dejó de mirarme para mirar de nueva cuenta el techo. Se mordió los labios y frunció el ceño mientras trataba de recordar las cosas.

–Peleamos y tú estabas siguiéndome –comenzó en voz baja y recitando de forma lenta– Te dije que te fueras pero no me hiciste caso… y… había un auto…

Sus ojos se expandieron, se levantó bruscamente y comenzó a examinarse el cuerpo, se palpó el abdomen un par de veces para luego hacer lo mismo con su cuello, su cara, sus brazos y sus piernas. Me miró con expectación reflejada en su rostro. Abrió y cerró la boca un par de veces sin saber que decir. Solté un suspiro y me di cuenta que tenía que explicarle las cosas antes de que su cabeza explotara por la incertidumbre.

–Ni siquiera se bien que pasó –dije mas para mí que para él– Te vi, vi el auto y… simplemente actué. Me abalancé sobre ti y creo que te jalé lo suficientemente fuerte y rápido como para que el auto no te alcanzara. No sé cómo, pero caímos del otro lado de la carretera.

Alcé el brazo mostrándole que estaba vendado desde la mano hasta el codo. Él abrió los ojos como platos y abrió la boca algo sorprendido.

–Resulta que eres algo pesado y no fue bueno que cayeras tan bruscamente sobre mí.

Le sonreí y solté una pequeña risa para tratar de quitarle tensión al asunto. No funcionó, Alexander miró mi brazo con una expresión de culpabilidad en el rostro, sabía que quería disculparse pero no sabía cómo, y yo no quería sus disculpas.

–Escucha –exclamé mientras acariciaba superficialmente su mano– No intentes buscar palabras, solo dime si te duele algo.

Parpadeó un par de veces y negó con la cabeza. Le sonreí y me levanté del suelo, él se movió un poco hacía la pared para dejar un espacio libre en la orilla de la cama. Me senté casi al instante, acaricié su mano pero él soltó el agarré casi enseguida. Miró mi brazo herido y paseó sus dedos por sobre la venda con delicadeza. Me encargué de mirar como sus dedos se paseaban por mi brazo, fue como si estuviera fascinado.

–Me salvaste –aseguró con una leve sonrisa asomándose en sus labios.

–Podría decirse.

Negó con la cabeza y me miró a los ojos. Ni siquiera podía saber que estaba pensando o que era lo que trataba de expresar. Sus ojos reflejaban tranquilidad. Me sonrió con amabilidad.

–Gracias.

Negué con la cabeza y estaba a punto de rechistar cuando él acarició mis mejillas con ambas manos y se acercó a mí, tragué saliva y entreabrí los labios. Alexander rozó sus labios con los míos sin llegar a profundizar el contacto, haciéndome esperar. Pude sentir su aliento calentar mis labios cuando habló de nuevo.

–Gracias por salvarme, Magnus.

Iba a decir algo, pero Alexander al fin acabó con la distancia y pegó sus labios en los míos. Fue dulce, apenas una ligera presión en mis labios. Posé mi mano vendada en su cintura mientras que la otra la pasé alrededor de su nuca y acaricié su cabello ligeramente. Sin presionar el beso que nos mantenía unidos. Él cortó el contacto después de unos minutos y dio una bocanada de aire. Le sonreí mientras dejaba un beso en la comisura de sus labios. Él sonrió de vuelta y sus manos me atrajeron para comenzar un beso más participativo. Corté el beso después de un momento.

–Lo siento –pronuncié en voz baja– Todo lo que dije antes… Lo siento.

Escuché la saliva pasar a través de su garganta. Negó con la cabeza levemente. Paseó sus manos por mi nuca y mis mejillas, me miró sin decir nada por un momento y me dio un casto beso antes de hablar.

–También lo siento –murmuró contra mis labios.

Asentí y lo besé. Mordí sus labios con delicadeza hasta que él me permitió la entrada para profundizar el contacto. Sentí una de sus manos deslizarse por mi abdomen. Posé mi mano en su hombro y lo obligué a descender hasta quedar acostado sobre la cama. Me posicioné sobre él, tratando de no recargarme en el brazo lastimado. Me sonrió y paseó sus manos por mi abdomen para después bajar hasta mis pantalones, tomó las tiras de mis jeans y me jaló para pegarme más a él.

Dejé de besar sus labios para empezar a repartir besos por su mentón y comenzar a descender a su cuello. Alexander soltó un quejido de placer cuando mordí entre su cuello y su clavícula. Sonreí sobre su piel y mi lengua recorrió el camino desde su clavícula hasta su oreja. Él ahogó un gemido mordiéndose los labios. Volví a sonreír al ver que su cuerpo reaccionaba a mis caricias y a mis mordidas. Acaricié con cuidado su abdomen con mi mano herida. Lo vi morderse los labios para después alzar las caderas rozando su pierna contra mi entrepierna. Solté un quejido de placer antes de morderme los labios.

Vi una sonrisa expandirse en sus labios, me agaché y mordisqué su cuello para después encargarme del lóbulo de su oreja. Suspiró y volvió a rozar mi entrepierna esta vez más descaradamente. Solté un sonido entre gemido y quejido en su oído. Él se encargó de reír un tanto victorioso. Mordí más fuerte el lóbulo de su oreja y él gimió ante eso.

– ¿Te diviertes? –pregunté dejando un beso detrás de su oreja.

–No sabes cuánto –respondió dejando un beso en mi clavícula– ¿Acaso tu no lo estas disfrutando?

–Tal vez –sonreí contra su piel.

–Tus gemidos dicen que sí.

Sonreí y me moví para besar su mejilla y después sus labios.

Tus gemidos me dicen: "No pares, Magnus"

Soltó un quejido como si la conversación fuera muy interesante y enredó los dedos en los cabellos de mi nuca para atraerme y darme un beso.

–Al parecer mi cuerpo me delata –susurró contra mis labios sin dejar de besarme por más de diez segundos.

Mordí sus labios para volver a besarlo lentamente mientras mi mano vendada jugueteaba con el botón de sus jeans. Él no se estaba oponiendo a nada e incluso estaba siendo participativo. Bajó sus manos hasta mi cintura y pasó las manos por detrás, acarició mi espalda y después bajo lentamente hasta mi trasero, lo apretó ligeramente. Sonreí contra su boca y corté el beso. Lamí sus labios para después morderlos, mientras tanto él seguía ocupado con mi trasero y mi espalda.

Fue entonces cuando Presidente Miau decidió participar. Escuché su maullido quejumbroso antes de escucharlo acercarse, fue cosa de un segundo cuando lo sentí sobre mi espalda, su peso me obligó a acercarme a Alexander y con temor a aplastarlo termine apoyándome sobre mi brazo lastimado. Emití un quejido de dolor y una maldición. Alexander dejó de tocarme y me miró con preocupación, me eché hacia un lado de la cama logrando que Presidente saltara fuera de mi espalda para protegerse. Suspiré y me miré la mano lastimada con una mueca de dolor.

– ¿Estás bien? –Alexander sonaba preocupado, así que solo asentí con la cabeza– ¿Seguro?

Asentí y me enderecé un poco de la cama, miré a Presidente Miau que nos miraba con curiosidad.

–Engendro del demonio –le dije mirándolo con el ceño fruncido– Estas demasiado gordo como para subirte a mi espalda, desde mañana te pondré a dieta.

Me miró, bostezó y con elegancia salió del cuarto sin importarle que acabara de arruinar mi momento con Alexander.

–Vaya, parecía realmente afectado por tu amenaza.

Miré a Alexander con el ceño fruncido, el solo me sonrió de vuelta como si fuera un niño pequeño inocente. Le pellizqué el abdomen y soltó una pequeña risa.

–No seas aguafiestas, Magnus.

– ¿Yo? –exclamé ofendido– Fue esa bola de pelos la que arruinó el momento.

Bufé mientras Alec comenzaba a reír fuertemente. Después de unos segundos me rendí y solté una ligera risa acompañando la del pelinegro. Me dejé caer en la cama a su lado. Él busco mi mano tímidamente, cuando la encontró entrelazó mis dedos con los suyos. Sonreí. Se sentía bien. Después de todo lo que había pasado ese día, ese momento de relajación se sentía estupendo.

– ¿Sabes? –murmuró Alec mirando el reloj– Apuesto a que mis padres se están volviendo algo locos preguntándose donde estoy.

Asentí con la cabeza y me enderecé para verlo.

– ¿Quieres llamarlos? Puedes decirles lo que pasó y así tal vez no estén enojados contigo.

Negó con la cabeza y me miró sonriendo.

–Estoy bien así. Solo… quisiera dormir un poco más y después ir a enfrentar sus regaños.

Asentí con la cabeza y volví a recostarme, solo que esta vez de lado para poder mirarlo, él me imitó. Le sonreí cuando nos miramos a los ojos. Estuvimos un buen rato sin hablar, simplemente mirándonos y sonriéndonos de vez en cuando. Parecía perfecto. Como si nada mas existiera aparte de nosotros. Y me permití pensar que tal vez Alexander empezaba a sentir lo mismo que yo, tal vez él empezaba a interesarse también. Me permití pensar que todo era perfecto.

–Magnus –me llamó quedamente.

Asentí un poco y emití un gruñido como respuesta. Él me miró por un momento sin parpadear, después mordió sus labios y negó con la cabeza mientras cerraba los ojos.

–No es nada.

Fruncí el ceño y le acaricie la mejilla.

– ¿Qué pasa?

–Nada –susurró apenas audiblemente.

Se acercó a mí y apoyó su cabeza en mi pecho mientras paseaba sus manos por mis costados.

–Quiero dormir.

–Has estado dormido la mayor parte del día.

Bufó y se pegó lo más que pudo a mí.

–Son las cuatro de la madrugada –acaricié su cabello en respuesta– Quiero dormir, Magnus. Solo dormir.

Sonreí y posé una mano en su cintura mientras mi dedo pulgar se metía bajo su playera y hacía círculos en su piel. Supuse que interpretó mi silencio. Soltó un suspiro y se acomodó para poder dormir de nuevo. Mientras yo seguía acariciando su cabello y su piel. Miré el reloj de reojo y cerré los ojos mientras aspiraba el olor del cabello de Alexander. Estábamos tan cerca y todo parecía estar bien, parecía que todo estaba arreglado. Y me olvide de todo, de la semana de prueba, de la experiencia con la muerte, de los problemas, de los sentimientos de Alexander por su hermano.

Me permití dormirme abrazado a Alexander en un mundo perfecto que no era verdadero.

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Desperté y Alexander no estaba entre mis brazos ni en la cama. Bostecé y miré el lado desierto en la cama. Era obvio que él no estaría pero por un momento, por un pequeño instante, creí que seguiría a mi lado por la mañana. De reojo me fije en la hora que marcaba el reloj. Faltaban veinte minutos para que fuera medio día. Me estiré y me levanté de la cama con pesadez. Escuché ruidos en la cocina y supuse que Presidente estaba tratando de conseguir algo de comida.

Hice una parada en el baño y me limpié la cara y la boca antes de ir a atender a mi endemoniado gato. Bostecé y me tallé los ojos antes de decidirme a ir a la cocina, caminando lentamente llegué al lugar de donde provenían los ruidos. Estaba dispuesto a gritarle a Presidente Miau que no rasgara las cosas cuando encontré a Alexander jugando con Presidente y un palo con plumas. En cuanto me vio sonrió y sus ojos parecieron brillar junto con su sonrisa. Tuve que tragar saliva y parpadear un par de veces para darme cuenta que no era una ensoñación. Alexander aún estaba en mi casa.

– ¿Te despertó el ruido?

Negué con la cabeza acercándome a él.

– ¿Qué haces aquí?

Vi como su rostro tomaba una expresión sería para después fruncir el ceño. Dejó de jugar con Presidente y me miró enarcando una ceja.

– ¿Debía irme? –preguntó con un tono enojado en su voz.

Alcé las manos y comencé a negar.

–Nada de eso, es solo que… no estabas en la cama. Pensé que te habías ido.

Su expresión se suavizó apenas un poco, giró la cabeza para mirar hacia otro lado antes de contestarme.

–No es como si me encantaran los regaños de mis padres y eso es todo lo que obtendré cuando llegue a casa.

Asentí con la cabeza y me acerqué a él. Me miró con recelo antes de permitir acercarme completamente. Lo tomé por las muñecas y lo jalé hacía mi. Enarcó una ceja y esperó a que yo hiciera el primer movimiento, sonreí, ladeé la cabeza y besé sus labios con suavidad.

– ¿Tienes que irte?

–Tengo que –asintió con la cabeza mirándome a los ojos– Seguramente estaré castigado por un buen tiempo.

Solté un bufido y bajé la vista para mirar con detenimiento el agarre que mantenía en sus muñecas.

– ¿Podría ir a verte? –pregunté con timidez.

Se lamió los labios antes de morderse el labio inferior.

–Tal vez –susurró sin mirarme– Pero tendrías que avisar primero.

No pude evitar sonreír para después tomarlo bruscamente de la nuca y dejarle un beso de la misma manera en los labios. Él soltó un quejido de sorpresa y dolor antes de responder el beso. Nos besamos por un rato antes de necesitar un momento para recuperar el oxigeno faltante en nuestros pulmones. Alexander sonrío antes de separarse de mí. Estiró el cuello para poder ver la hora en el reloj de pared.

–Debería irme ahora. Sus regaños me llevaran unas tres horas.

–¿No quieres comer algo?

Me sonrió para después negar con las manos.

–Es más fácil fingir culpabilidad cuando tienes hambre.

Solté una risa y me acerqué a él para volver a besarlo pero se alejo rápidamente de mí.

–Seguro que mañana inicia mi encierro así que podrías ir a hacerme compañía si quieres –exclamó como si fuera algo neutral.

Sonreí sin mirarlo, para después jalarlo y dejarle un beso en la mejilla.

– ¿Puedo ir?

Asintió con la cabeza y mi sonrisa se ensanchó. Podría ser una buena competencia del Guasón, pero debería conseguirme un Batman primero. Alexander se despidió dejando un fugaz beso en mis labios y salió corriendo en cuanto noté que sus mejillas estaban tornándose rojas. Escuché la palabra "estúpido" seguida de una risa y la puerta siendo azotada. Me apresuré para asomarme por la ventana y verlo subirse en un taxi. Sonreí y seguí mirando el auto hasta que me fue imposible.

Me alejé de la ventana y me dejé caer en el sofá. No pasaron más de dos minutos cuando Presidente Miau llegó y se subió en mi vientre. Estaba tan feliz que no le reñí como venganza por haberme arruinado el avance con Alexander, y comencé a acariciarle detrás de las orejas. Sus ronroneos me dejaron ver que era feliz. Casi tanto como yo en ese instante. Abracé a Presidente aunque sabía que odiaba los abrazos y me permití sonreír como un vil idiota.

Porque todo parecía perfecto. Alexander estaba dándome una oportunidad. Incluso había aceptado que fuera a su casa y se había arriesgado a que sus padres le riñeran por estar fuera. Aparte del hecho de que había pasado la noche con él, durmiendo abrazados. Todo era perfecto. Desde cualquier punto de vista las cosas se habían arreglado y todo estaba bien entre nosotros dos. Sin importar nada. Seguí abrazando a Presidente Miau hasta que este me clavó las uñas y gruñó enojado para que lo soltara. Logró su cometido y corrió lejos de mí en cuanto fue libre. Sonreí mientas lo veía huir. Incluso eso era perfecto.

Todo era tan perfecto que era imposible que algo lo arruinara.


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7u7 ¿Seguro de que nada puede arruinar tu felicidad, Mags? . _ . tengo que aceptarlo, me gusta verlo sufrir. No se porque si lo amo tanto.

Como sea! Aquí en mi país/rancho/lugar/casa son las 5am :D eso quiere decir que no he dormido así que, aunque se que es repetitivo, les debo el contestar reviews. Espero que este capítulo les haya gustado, y dado que ya estoy de vacaciones no tardare mucho en subir el siguiente.

Ya saben, los reviews son mas que bien recibidos. Muchas gracias por leer. Por dejar reviews. Y si solo leen no sean flojos y dejenme un misero review ;n; lo quiero~

GRACIAS POR LEER