Hola, perdonen el retraso, quiero agradecer a todos los que son tan amables de seguir este fic. Como verán las cosas se ponen feas conforme avanza, es parte de la trama.
Gracias a todos tambien por sus amables reviews, si tienen dudas o comentarios sobre el capitulo, les agradezco que me lo hagan saber, tambien si les gusta o no el fic, todos esos comentarios nos retroalimentan.
Me queda algo apresurado por falta de tiempo, pero aqui les dejo el cap
Disclaimer: LAS TORTUGAS y sus personajes no me pertenecen. Son propiedad de Eastman y Laird. Olivia Benson los de la serie "Law and Order",
Hago mención de un personaje al que adoro usar en mis fics, que se llama Dix, es de mi querida amiga, Eldar Liswen Sarithiel. Una de mis queridas "Sensei" , que me ayudaron a iniciarme en esto de los fics. Gracias Misu!
Nueve años atrás
Cuatro pequeñas tortuguitas se levantaron muy temprano esa mañana.
Era un día especial, era "el día de la mutación" y ese día tenían planeado darle una sorpresa a Splinter.
Le llevarían el desayuno en la cama.
No creyeron que fuera muy difícil, después de todo habían visto al maestro hacerlo cientos de veces, y ellos "ya estaban grandes" y podían hacerlo.
-Muy bien, chicos, - comenzó a decir Leonardo – Yo prepararé los huevos, Rapha el té del maestro, Donie el jugo y Mikey el pan tostado –
-¿Quién dijo que estabas a cargo, Bobonardo? – dijo Raphael con un gruñido
-Está bien, ¿Qué quieres hacer, Rapha? – preguntó molesto el de azul.
-Yo el pan – dijo Rapha cruzándose de brazos.
-Mikey? – preguntó Leonardo.
-Está bien, lo que importa es que la sorpresa de Sensei esté lista.
Los cuatro niños comenzaron a trabajar. Donatello sacó unas naranjas del refrigerador, y comenzó a separar las que estaban en buen estado. Miguel Ángel sacó la tetera y la colocó en la estufa.
Raphael sacó una bolsa de plástico con pan, y al sacar el pan arrojó la bolsa a las naranjas que partía Donatello.
-Oye, fíjate – dijo el niño de antifaz morado arrojando la bolsa, que quedó a un lado de la estufa.
-Fíjate tú – le dijo Raphael empujando a Donatello.
-Basta chicos, Miguel, ¿Qué haces? – preguntó Leonardo, ya que su hermanito miraba atentamente la tetera.
-Espero que haga "piiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiif" para hacer el té de Sensei.
-Mikey, tienes que encender la estufa – dijo con enfado Leonardo dejando el cartón de huevos a un lado de la bolsa vacía del pan.
Con cuidado, Leonardo comenzó a encender la estufa. Recordaba como hacía su padre, presionaba el botón y giraba la perilla, o ¿giraba la perilla y presionaba el botón?
Giró la perilla, y se quedó pensativo.
-Dijiste que Sabías – dijo Donatello.
-Si sé – reafirmó Leonardo no muy seguro si debía apretar el botón. Afortunadamente Mikey se quitó de encima de la estufa para estar con sus hermanos, porque, luego de un par de minutos, Leonardo presionó el botón, pero salió una llama bastante grande, que alcanzó la bolsa de plástico vacía, la cual comenzó a arder velozmente, para luego quemar el cartón donde estaban momentos atrás los huevos.
-¡Haz algo! – ordenó Raphael a Leonardo, que intentó quitar el cartón, pero éste ya se quemaba, y lo lanzó a la mesa, donde el mantel comenzó a incendiarse.
-Aaaaahhh – gritaron las cuatro tortuguitas al ver el fuego.
Splinter estaba despertando esa mañana, cuando su sensible olfato lo alertó de un olor a humo, abrió los ojos finalmente, y sus oídos escucharon el grito aterrado de las cuatro tortuguitas, y los fantasmas de su pasado comenzaron a atormentarlo.
-Mis niños – dijo saliendo de un salto.
En la cocina, el incendio estaba fuera de control. El mantel comenzó a arder velozmente, al igual que algunas cosas que estaban cerca de la bolsa de plástico del pan.
Los niños, comenzaron a tratar de apagarlo por sí mismos. Donatello llenaba un vasito con agua y lo lanzaba a las llamas. Miguel Ángel les soplaba y Rapha y Leo las golpeaban con una escoba y un plumero, que lamentablemente comenzaron a incendiarse también
Splinter llegó, tomó a los cuatro niños en brazos y los llevó a la sala.
Luego regresó, sacó un extintor de debajo de la alacena y apagó el fuego. Agitado fue a revisar a sus niños.
-¿Están bien? – Preguntó el roedor revisándolos de pies a cabeza – pero… pero… ¿Cómo comenzó todo? –
-Fue… fue un accidente, Sensei – dijo Donatello, retrocediendo, al igual que sus hermanos. El único que se animó a caminar un poco al frente, fue Miguel Angel, que miraba al Sensei.
-Papi, queríamos hacerte el desay… -comenzó Miguel Angel, Splinter estaba fuera de control y lo sujetó de los hombros y comenzó a sacudirlo con violencia.
-¡Hacer el desayuno! ¿Cómo se les ocurrió tal locura? ¡PUDIERON HABER MUERTO, ENTIENDEN, O LASTIMARSE SEVERAMENTE, QUEDANDO MARCADOS DE POR VIDA!– Gritó el roedor sacudiendo y apretando los hombros del niño.
-Perdón papá – lloró el niño, Splinter, al ver el rostro aterrado del niño bañado en lágrimas y a los demás viéndolo impotentes y temerosos, recobró la serenidad, y se sintió avergonzado de asustar a los niños por haber perdido el control, pero al mismo tiempo estaba feliz de que nada hubiera pasado, y no pudo evitar abrazar al niño con fuerza.
-Lo… lo siento – dijo el roedor entre sollozos. Los niños estaban impactados, nunca habían vistoa su padre llorar asi. Cuando se lamentaba por la muerte de su familia procuraba estar a solas. – Es solo que… no soportaría perderlos, mis niños –
Los demás, corrieron a abrazar a su padre, tanto para calmarlo, como para que los consolara a ellos también.
-Perdónanos, Sensei - lloró Leonardo.
-No quisimos hacer esto, Sensei, de verdad - dijo también entre sollozos Raphael.
-Queríamos darte una sorpresa - dijo Donatello igual de alterado que sus hermanos.
-Vaya que me la dieron, mis niños - dijo Splinter - pero las sorpresas de este tipo no me gustan. Los sentó en los escalones que les servían como sala y comenzó a tratar de calmarlos - ya... ya pasó todo, mis hijos, afortunamente estamos bien -
Luego de reparar el desastre en la cocina, el dia transcurrió en aparente calma.
A la mañana siguiente, Splinter decidió cambiar el entrenamiento de ese día.
-Entonces, avancen, lo más cerca del suelo posible. Leonardo, no te retrases. Raphael, tu vas adelante, debes ver a tus hermanos cada tanto tiempo, recuerden las rutas de escape que les enseñé –
Splinter decidió realizar a partir de ese dia, pequeños simulacros de incendios, aunados a los entrenamientos. También les enseñó a usar un extinguidor, los cuidados que debían tener con la estufa, y los puntos de reunión que usarían en caso de evacuar la guarida.
La prevención y el conocimiento son las mejores armas para salir airoso de un desastre, y Splinter no iba a darse el lujo de perder otra familia. No si podía evitarlo...
TIEMPO ACTUAL
Splinter abrió pesadamente los ojos. No estaba en ningún lugar conocido. Y no le gustaba eso para nada. No solía salir mucho desde hacía quince años que solamente visitaba el basurero, y solo cuando era estrictamente necesario. Y luego dichas visitas se hicieron todavía mas ocasionales conforme sus hijos crecían, ya que fueron ellos quienes, en la mayoría de las vecs, se encargaban de la recolección de víveres y demás utensilios necesarios. Claro, siempre bajo su estricta vigilancia de padre protector. Dichas visitas, siempre trataba de que fueran lo más breves posibles.
El mundo era un lugar sumamente peligroso, y ya había perdido una familia a causa de la maldad de algunas personas. No iba soportar perder también a sus niños…
Sus niños… el pensar en ellos deverdad que dolía. ¿Dónde están? ¿Estarán bien? ¿Por qué no estaban ahí con él?
El maestro de artes marciales se obligó a despabilarse por completo, a pesar del dolor físico y emocional. Estaba en una celda. Cercano a él, en el suelo, había un mapache mutante, con ropa desgarrada y con manchas de sangre. Era joven, Splinter no sabía si era por el tipo de animal o realmente veía incluso rasgos infantiles. Splinter se acercó al mapache, que al sentirlo cerca, se abrazó las piernas y escondió la cabeza entre las mismas.
-Aléjese… aléjese de mí – dijo de forma rápida y agitada el mapache.
-Tranquilo, muchacho – dijo Splinter en tono tranquilo. Podía sentir el miedo en el chico. Definitivamente er a joven. Splinter podía deducir que tendría unos dieciséis o diecisiete años, no mas, por el tono suave y un poco agudo de su voz.
-Quiero irme a casa – dijo el muchacho en un sollozo – ¿Porqué no me dejan ir a casa? –
-Alex, Alex, Alex, ¿Otra vez con eso, mi querido niño? – Una voz profunda y cavernosa inundó la celda. Splinter conocía esa voz, la había escuchado en la televisión. Luego un olor inundó su sensible olfato, el muchacho se había orinado en sus pantalones, y parecía que luchaba por hacerse lo mas pequeño posible.
-Peter Lars – dijo Splinter con tono serio.
-Doctor Peter Lars, si no te importa, mutante – dijo despectivamente – tu eras un humano antes de ser una aberración, ¿Acaso eres muy feliz siendo lo que eres? ¿O porqué no habías venido a buscarme?-
A Splinter le sorprendió un poco que Lars supiera que antes de ser mutante, hubiera sido un humano.
-Eso, no le importa, Lars, ahora, dígame, ¿Dónde están mis hijos?
-¿Hijos? Las tortugas mutantes que llegaron con usted no pueden ser sus hijos, ellos mutaron de "bestias" y usted desde un humano… no se si sean sus mascotas, pero si a las mascotas las vamos a tratar como hijos, comenzaré a sentirme mal por castrar a los seis gatos que tenía – dijo Despectivamente.
-Mi relación familiar es algo que no pienso discutir con usted, Lars. Dígame donde están, y le advierto que si les ha hecho usted daño…– dijo Splinter. Comenzaba a sentirse realmente incómodo. Ese hombre despedía fuertes sentimientos negativos. Maldad, odio, rencor, ira, y un poco de ¿Dolor? Si, Dolor, mismo que cubría con un fuerte sentimiento de venganza.
-Sus tres tortugas no están en esta sección, esta es una sección para mutantes humanos, las bestias están en otra…- comenzó a decir Lars, pero se dio cuenta de que Splinter se había sobresaltado.
-¿t…TRES? – Splinter sintió un vuelco en el corazón -¿Tres, no cuatro? –
-¿Cuatro? Lo sabía! – dijo Lars como quien recibe un premio – eran cuatro fenómenos los que vi saltando como cirqueros en los edificios, pero… ¿Dónde diablos está el otro? –
Splinter recordó el momento en que los capturaron y un escalofrío recorrió su espina. Miguel Angel, su pequeño niño, ¿Lo habrían lastimado?
Se llevó las manos al cuello. El extraño collar aún estaba ahí.
-Eso es un pequeño souvenir, solo para recordarle a los rebeldes que los mutantes siempre van a estar por debajo de los humanos – rio Lars al adivinar los pensamientos del roedor.
-Le exijo que me lleve con mis hijos… AHORA – Dijo Splinter acercándose a la reja, pero Lars lo vio con mala cara, y presionando un botón, una descarga eléctrica recorrió el cuerpo de Splinter dejándolo semi inconsciente.
-Robins – dijo Lars por su comunicador – comunícame con el jefe del grupo elite, dile que les faltó traerme una de las tortugas mutantes, y las quiero a las cuatro, ahora –
Splinter escuchó eso sintiéndose impotente. Al fondo, el mapache mutante parecía suspirar de alivio al ver marcharse a Lars.
En otro lugar, Leonardo despertaba adolorido y confundido. Estaba en un lugar muy sucio, donde se escuchaban llantos y sollozos ahogados, y a lo lejos algunos gritos ocasionales. El muchacho buscó sus armas, pero no las traía consigo. En esa celda, había un mutante de caballo, en pésimas condiciones, se apreciaba sangre fresca en su ropa, el muchacho no se movía. Leonardo se acercó lentamente para revisar el pulso del mutante, pero una descarga recorrió su cuerpo,
-Quieto, tortuga, ni creas que porque estás en "peligro de extinción" vas a tener trato preferencial - dijo un hombre mostrando unos dientes sucios.
-¿Donde estoy? ¿Donde... donde están mis hermanos? - dijo Leonardo tratando de incorporarse. Pero una segunda descarga lo sacudió.
-No me hables como si fuéramos iguales, "Bestia" - dijo el hombre viendo con desprecio al chico - los otros monstruos están ocupados con su registro, maldita tortuga que se cree superior -
Leonardo no comprendía, pero estaba asustado, pero asustado por lo que pudiera pasarle a sus hermanos, o por la suerte que pudo haber tenido Miguel Angel. No tenía idea de lo que había pasado con su hermanito, lo último que recordaba, era que esos sujetos le habían colocado un arma en la cabeza.
En ese momento, trajeron a Raphael inconsciente, el hombre de mas de dos metros que lo traía lo dejó caer pesadamente en la celda, Detrás de él, traía a jalones a Donatello. El joven genio venía atado de las muñecas por unas esposas extrañas, que rodeaban sus manos uniéndolas. El hombre tiró sin piedad al chico.
-Bien, "dientes chuecos" - dijo con burla el soldado - ahí está tu hermanito por el que estabas llorando.-
Donie se incorporó como pudo.
-Leo... -dijo con voz trémula - has... has visto a Mikey? - El joven lider negó con la cabeza. Raphael se despertó. Tenía puntos rojos en los brazos, donde le habían tomado muestras de sangre, al igual que a Donatello.
-Don, qué les hicieron? - preguntó Leonardo preocupado al ver el rostro de su hermanito.
-Llegamos inconscientes, solo recuerdo que desperté con ese grupo de científicos, tomaron muestras de sangre, nos hicieron una punción en la nuca - el joven genio se tocó dicha parte. - Luego creo que encefalogramas, electrocardiogramas, resonancias magnéticas, ultrasonidos de pies a cabeza -
-Si realmente quieres saberlo, "Tortugo" ahora lo vivirás en carne propia, es tu turno - dijo el soldado sacando a Leo, usando el dispositivo en el cuello, que levantó al muchacho. Le colocaron esposas como las de Don y lo llevaron a los laboratorios.
-Fue una suerte para tus hermanos llegar inconscientes y no darse cuenta de todo el proceso, tu no tuviste tanta suerte, chico - dijo un hombre con bata recibiendo al niño. La bata del hombre tenía manchas de sangre.
Miguel Angel comenzó a soñar. Estaba en un lugar hermoso. Había pasto verde que le hacía cosquillitas en los pies. Estaba tranquilo, su cuerpo comenzaba a relajarse. De repente, algo lo sacó de sus pensamientos.
-Aaaaaaahhhhh! – Miguel Angel reconoció a la personita que estaba lanzando ese grito. Era la pequeña Mindy – ¡Auxilio! ¡Auxilio! –
El pequeño ninja de antifaz naranja, abrió los ojos, e inmediatamente trató de cerrarlos. El humo los irritaba, al igual que su sentido del olfato. Comenzó a sentir la garganta irritada, y el intenso y amargo sabor del humo comenzaba a marearlo y trataba de sumergirlo de nuevo en la inconsciencia.
-Mikey, auxilio, ayúdanos! – Mindy de nuevo. Ese grito de ayuda lo obligó a reaccionar. El lugar se quemaba. Pero lo peor es que él estaba encadenado. Comenzó a tratar de moverse, pero no podía. Debía recordar lo que su padre les había enseñado que debían hacer en esas circunstancias. No había mucho que podía recordar: ¡Rayos! Ahora si que lamentaba tanto distraerse en las clases.
Trató de relajar los brazos, algo así era. La cadena cedió un poco y eso lo motivó. Un poco más, un movimiento del brazo, y finalmente un brazo quedó libre. Como pudo, se liberó del otro, y finalmente, al estar menos apretada, la cadena cedió.
El pequeño pecoso intentó ponerse de pie. Pero trastabilló un poco y cayó de rodillas. Al intentar ponerse de pie, su cara estaba mas cerca del humo, entonces recordó como su padre también les había enseñado qué hacer en caso de incendio. Avanzar lo más pegado posible al suelo, ya que el humo tiende a subir, y entre más lejos se esté del humo, hay mas probabilidad de salvar la vida. Además, no sabía si era su enfermedad, el medicamento, el golpe en la cabeza o todo unido, pero se sentía muy mareado, así que comenzó a avanzar lo más rápido que podía. Tenía que relajarse, a pesar del miedo, pero el miedo no servía de nada, solo te alteraba.
-Mikey, ayuda, hay mucho humo, tengo miedo – escuchó gritar a Mindy, recordó que la niña se había escondido en un armario, y el soldado que entró y lo apresó había tirado un mueble de madera dejándola encerrada. La niña corría peligro.
-Ya… ya voy Mindy, tranquila – dijo el ninja travieso. Luego escuchó toser a la niña y luego nada, solo chillidos incesantes de Charlie. El monito estaba con ella.
-Mindy, ¡Mindy! Háblame! – gritó aterrado el ninja de ropas naranjas. Así que se dio prisa. Alcanzó a llegar a la habitación, y a pesar de que se sentía demasiado débil, logró mover el pesado mueble de cedro. Dentro de la habitación, Mindy yacía inconsciente. El denso humo había logrado introducirse en la pequeña habitación y se había concentrado rápido.
El niño revisó el pulso de la niña, era débil, pero al menos seguía viva. Afortunadamente, los dos soldados habían tenido poco reparo al entrar a la habitación, eso les sirvió ya que pudo salir por la ventana rota. El niño corrió hasta alejarse de la casa, quedando cerca de la playa. La niña, al sentir el golpe de aire fresco, comenzó a toser.
-Mikey… los anmales – dijo la niña con preocupación.
Miguel Angel, al ver que la niña se pondría bien, regresó al centro. Como pudo abrió las jaulas de los perros y otros animales, las cuales, gracias a que estaban el en patio, aun estaban a salvo del fuego. La reacción natural de los animales ante el peligro fue salir atropelladamente buscando un refugio. El ninja liberó a varias aves de sus jaulas, las que pudieron salieron volando alejándose del lugar. Y los que no planearon o corrieron y se refugiaron en árboles cercanos.
El niño corrió a otra sección, donde había una piscina con algunos leones marinos, que al verse libre salieron a tropel rumbo a la playa. Miguel Angel intentó entrar a la clínica, donde había algunos animales que se recuperaban en el pequeño hospital. Sin embargo, los animales dentro de la clínica no daban señales de vida. El niño a pesar del humo entró, solo para llevarse la desagradable sorpresa de que dichos animales estaban muertos, excepto uno: Una pequeña zorra plateada se remolineaba en la jaula aullando. Miguel Angel la tomó con todo y jaula, y se percató de que era la única con vida. Miguel Angel salió con la zorra y la liberó, una vez fuera, la zorrita, trastabillando, logró alejarse un poco de ese lugar, llegando a donde Mindy estaba sentada, despierta ya, mirando con lágrimas indetenibles la clínica.
-Mikey, los demás…- miró la niña que Miguel Angel solo traía la jaula de la zorra.
-Lo… lo siento, Mindy – dijo el niño desplomándose.
En la comisaría, Elisa temblaba de incertidumbre. No habían tenido noticias de los militares o de Mindy. Kevin había logrado conseguir un abogado gracias a su familia, y ahora otras personas lo miraban como un mártir que había sido agredido por los mutantes.
La detective Olivia Benson, que era la que atendía a Elisa, lo miró con asco.
-Ahora ese idiota pretende dárselas de santo, no puedo creerlo – dijo molesta.
-Lo que dice es mentira, detective, él agredió a Miguel Angel antes de que su padre llegara, y el niño no pudo tener la culpa. Esta delicado de salud.- al ver el rostro de incertidumbre de la policía castaña, Elisa se apresuró a contestar – No, no es lo que usted cree. Tiene una infección muy fuerte del sistema nervioso, tal vez sea algo del ambiente en que vive, creo que vive en el drenaje-
-Eso… es terrible – dijo Olivia
-Y que lo diga, si los ve, usted se dará cuenta de que son como cualquier otra familia. Cuatro chicos, un padre, rebeldía de adolescentes, un padre estricto pero protector, lamentablemente, el hombre no puede darles otro lugar –
-Espero que esto traiga algo bueno, digo, Si Lars registra a los mutantes y se dan a conocer, tal vez sirva para que las personas descubran lo que vio usted en él, que son solo niños, padres y que tienen tanto derecho como cualquier ciudadano de Nueva York –
-Eso es ridículo, Olivia – dijo un policía moreno viendo a la detective como si le hubiera crecido un brazo en la cabeza – esas cosas NO son como tu y yo, son diferentes, son abominaciones, ni siquiera son humanos, ni animales, no pueden tener los mismos derechos que nosotros –
-Es ridículo lo que dices, Brendan – dijo molesta la policía, - tomando en cuenta, que la raza afroamericana hace menos de cien años sufrió abusos basados en el mismo criterio, NO somos iguales –
-¿Me estás comparando con esas bestias? – dijo ofendido el oficial.
-Señores, basta, dejemos este debate filosófico, por ahora lo que me preocupa es que no hemos recibido noticias de la niña.- dijo el capitán, un hombre calvo e imponente.
-Por favor, señor, déjeme ir a verla – suplicó Elisa – ella es toda la familia que me queda –
-De acuerdo, doctora Lestrick, pero no irá sola, que la lleve Olivia – ordenó el capitán observando a la detective por si tenía algún inconveniente, pero la detective se puso de pie y se dirigió a la salida, seguida de cerca de Elisa.
Abordaron el auto de la detective, y Elisa iba orando en silencio, tenía un mal presentimiento y no quería que algo malo pudiera pasarle a Mindy.
-¡Como que dejaron a uno de esos malditos mutantes! – gritó furioso Lars por teléfono.
-Señor, lo que pasa es que lucía enfermo, y si esa cosa, ese virus, - dijo el hombre algo nervioso
-Si serás idiota, Williams, ese maldito virus no existe, yo lo inventé, no hay nada mejor para mover a las masas que la histeria colectiva. Ahora, tráeme a ese maldito mutante vivo o muerto, ya te dije que quiero tenerlos todos, TODOS aquí –
-¿Qué hay del señor Oroku Saki? El nos ofreció…- comienza a decir el soldado.
-Saki se puede ir al demonio, fue una suerte para mi darme cuenta de que traían esos mutantes antes de que se lo dijeran a él. NO me importa lo que tenga que hacer, quiero a todos los mutantes, incluídos a los que andan con ese arrogante de Saki, ahora regresen por ese maldito mutante que dejaron y tráiganmelo –
Lars cortó la comunicación, lanzando el teléfono en su escritorio, al hacerlo tumbó una fotografía que recogió velozmente.
-Oh, lo siento, lo siento - recogió la fotografía y le hablaba con cariño, como temiendo haber lastimado al retratado. -No te hice daño, ¿Cierto, mi pequeño Dix? -
En la foto aparecía sonriendo un niño de unos nueve o diez años, con una gran sonrisa y unos lentes circulares cubrían sus ojos color miel. El niño tenía un cabello negro y brillante, que contrastaba con la piel blanca.
Lars dejó con cuidado la foto en su lugar, salió de su oficina y caminó furioso por los pasillos con rumbo incierto.
Miguel Angel despertó y trataba de respirar. El lugar estaba en llamas y estaban demasiado cerca, pero tenía miedo. Le dolía la cabeza, tenía nauseas, y luego, comenzó a ver figuras extrañas salir de entre las llamas. Todas se acercaban a él, algunos eran los soldados que los atacaron, pero parecían haber mutado en "demonios", el niño retrocedió asustado, pero cuando esas bestias se acercaron, alguien le tocó el brazo, haciéndolo volver a la realidad.
-Mikey, estás bien? – la pequeña Mindy lo miraba asustada.
-Si… Mindy, debemos irnos de aquí – dijo el niño tratando de pararse.
-Charlie se fue – dijo la niña algo temerosa – y Violeta se metió en ese árbol –
-¿Violeta? – preguntó el niño.
-La zorrita que encontré en una trampa, creo que está asustada – dijo la niña acercándose, pero en ese momento, escucharon algunos autos acercarse, el niño miró con horror que los soldados habían regresado. Sintió deseos de enfrentarlos y hacer que le dijeran a donde se habían llevado a su familia, pero Mindy se aferró a su brazo.
-Debemos irnos – dijo el niño; sabía que jamás lograría hacer algo útil contra esos hombres si no se encontraba bien de salud, además, Mindy lo necesitaba. –Mindy, ¿Quieres ir a mi casa? –
La niña asintió. Miguel Angel no sabía que otra cosa podía hacer, así que se ocultó entre la maleza, llegó a las alcantarillas, y se metió en ellas con Mindy.
-En verdad vives en el drenaje – dijo la niña sorprendida.
-No es tan malo cuando te acostumbras – dijo el niño un poco apenado. – además, vivimos en una estación de metro abandonada –
-No, esta bien – dijo la niña mirando a todos lados – tu casa es bonita, creo –
-Cuando lleguemos te va a gustar más, tenemos un…- De repente, Miguel Angel se quedó de pie mirando a todos lados. Se sentía desorientado, no se sentía capaz de reconocer un pasillo de otro.
-¿Estás bien? – preguntó la niña.
-Si, si, claro, vamos – dijo el niño, comenzando a avanzar. No muy seguro de a donde iban, pero era mejor que estar afuera.
continuara...
