Disclaimer: todos los personajes pertenecen a J. K. Rowling

"Este fin participa en el reto Anual "Nuevo año, nuevas historias"'del foro La Sala de los Menesteres"

Personaje: Marius Black

Palabra: Pecado


De nacimiento

Desde pequeño Marius había entendido que era diferente a sus hermanos. Al menos, había empezado a notarlo cuando sus padres comenzaron a mirarlo de forma diferente.

Cuando tenía tres años, sus padres habían comenzado a preocuparse de no ver ningún signo de que él tuviera magia, pero el tío Sirius y la tía Hester los había tranquilizado diciéndoles que probablemente era un niño perezoso y que tendrían que sacarle la magia a la fuerza.

A Marius no le había gustado este nuevo método, pues terminaba siempre lleno de raspones y moretones. Su hermano Pollux lo había lanzado de las escaleras intentando que su magia reaccionara, pero lo único que había sucedido, era una fractura en el brazo. Su hermana Cassiopea lo había dejado colgado encima de su cama, esperando que se desatara, pero tampoco nada había pasado y al día siguiente lo había encontrado un elfo doméstico. Los intentos de "sacarle la magia" habían continuado hasta que había nacido Dorea. Su hermana más pequeña había acaparado toda la atención, por lo que la familia se olvidó durante un tiempo del problema de Marius.

Pero por desgracia, la llegada de la carta de Hogwarts para Pollux, les hizo recordar. Marius jamás olvidará ese día.

Todo había empezado durante el desayuno. La familia estaba reunida comiendo, cuando una lechuza había llegado a una de las ventanas, picoteando con insistencia el vidrio. Pollux se había levantado de prisa, había esperado la carta durante mucho tiempo y estaba ansioso por entrar al colegio. La abrió y comenzó a leerla en voz alta.

—Felicidades hijo —le dijo su padre dándole una palmada en la espalda.

—¡Yo también quiero ir! —exclamó Cassiopea, a pesar de saber que le faltaban tres años más.

Quizás, si Marius no hubiera abierto la boca, hubieran estado demasiados ocupados festejando a su hermano como para fijarse en él, o también, si Dorea no hubiera escogido este momento para demostrar de lo que era capaz, tal vez las cosas hubieras sido diferentes.

—Apuesto que el castillo es genial —comentó Marius con alegría.

—Ya, pero como sigas así, jamás lo verás —le espetó de mala ganas Pollux.

Todos se quedaron callados. Era la primera vez que se tocaba este tema en la familia y si eran sinceros, eso había hecho más sencillas las cosas. Simplemente fingían que nada pasaba hasta que no fuera necesario enfrentarse a eso. Pero parecía que había llegado el momento.

—Pero no es mi culpa... —comenzó a decir Marius, pero fue interrumpido por el grito de su madre.

—¡Dorea!

La niña, de tan solo tres años, había tirado su plato al suelo y ahora, lo estaba haciendo flotar hacia ella. Todos miraron maravillados a la pequeña, pues esta había sido su primera muestra de magia.

Su padre, tras recuperarse de la sorpresa, lo miró fijamente. Lo miró con una extraña mueca, como si fuera lo más desagradable que podría haber.

—Ya estoy harto, Marius. Tienes hasta mañana para probar que eres parte de esta familia. Si no...

No terminó la frase, pero no lo necesitó. Su madre abrió la boca, pero antes de decir nada, la volvió a cerrar, aceptando lo que su marido decía. El niño miró a sus padres, luego a sus hermanos en búsqueda de apoyo, pero nadie se levantó a defenderlo.

Alicaído, se levantó de la silla y se encerró en su cuarto, intentando lograr algo que, muy dentro de sí, sabia que era imposible.

...

—Y al no poder conjurar nada, me sacaron de la casa y me dijeron que tendría que arreglármelas yo solo.

Al terminar de contar su historia, Marius se recargó en el respaldo del asiento y le dio un sorbo a su taza de té.

—No me lo puedo creer —murmuró para si misma la chica que estaba sentada frente a él —, ¿cómo pueden unos padres dejar en la calle a un niño?

—Mi pecado fue ser un squib. En una familia como los Black, la pureza de sangre y las apariencias son mucho más importantes que cualquier otra cosa. Ahora, después de tantos años, por fin entiendo que no podría haber sido mejor. Al salir de ahí, tuve una oportunidad. Si me hubiera quedado, seguramente me hubieran tratado como a un elfo doméstico.

La mujer le tomó la mano y la apretó, regalándole una sonrisa.

—Definitivamente fue una bendición, de otra forma no te hubiera conocido —comentó ella.

Marius le sonrió, dejó el dinero por lo que habían pedido y le tendió el brazo a su esposa, completamente tranquilo por fin, por no tener que ocultarle nada más. Ella enroscó su brazo con el del hombre y salieron a caminar por las frías calles de Londres.

—Una cosa no me queda clara —dijo ella después de un momento —, ¿cómo te las arreglaste para sobrevivir en la calle?

Él sonrió, recordando lo afortunado que había sido.

—Me quedé unos días vagando por las calles cerca de la casa de mis padres, esperando que cambiaran de opinión y me dejaran volver. Cuando ya estaba perdiendo las esperanzas, me encontró un señor. Tenía el pelo gris y se veía mucho más viejo que mi padre y por un momento pensé que me haría daño, puesto que era un muggle. Pero se limitó a preguntarme si tenía hambre. No le respondí, pero mi estomago gruñó en ese momento, así que me hizo un gesto para que lo siguiera. No intentó acercarse a mí, creo que tenía miedo de asustarme y que me fuera corriendo. Llegamos a su casa y su esposa se apresuró a servirme un plato de sopa caliente. Me ofreció quedarme a dormir esa noche en el sofá y después podría decidir que hacer, si me quedaría o no. Resulta que fueron como unos padres para mi, mucho mejores que los míos. Desafortunadamente, murieron un par de años antes de conocerte.

La mujer no habló, solo se limitó a apretarse un poco contra su marido. Tal vez por el frío, tal vez por lo que acababa de contar.

—Vamos por los niños, la niñera ha de estar desesperada por irse —rompió el silencio Marius, dando por zancado el asunto y retomando la caminata.