Hola, hola y una vez más... LO SIENTO. Esta vez han sido los exámenes finales del primer semestre, que me han tenido en clausura total (excusas, excusas). Aviso: no es que me encante como me ha quedado este capítulo, pero después de tanto tiempo no he querido haceros esperar más, y mucho menos por un capítulo de una parte que no es muy importante en la historia- al menos por ahora. Espero que aún así no os duela demasiado leer esta caca de vaca, y que nuevamente perdonéis mi falta de constancia T_T
El repiqueteo de la lluvia no le permitía concentrarse en lo que llevaba toda la tarde haciendo. Dejó la pluma sobre el piano de pared soltando un suspiro exasperado, para luego levantarse del asiento y dirigirse a la cocina a rellenar su taza de café. No le agradaba mucho aquel sabor, pero tenía que mantenerse despierto si quería entregarle las partituras corregidas a su tío a primera hora de la mañana, para que él le diese su visto bueno y le permitiese usarla para la actuación de los niveles inferiores (a los que él enseñaba) en el festival de Verano. Aún quedaban casi 5 meses, pero trabajar con los más pequeños requería mucho tiempo. Y paciencia. Sobre todo paciencia.
Estaba absorto en sus pensamientos, revolviendo el café y mirando hacia la ligera penumbra de la estancia, cuando llamaron tímidamente a la puerta, casi como si no quisieran ser oídos. Dando un sorbo al humeante brebaje y poniendo una mueca de asco al darse cuenta de que había olvidado ponerle azúcar, abrió la puerta.
- ¿Aria?- murmuró sorprendido Misha.
- ¿Puedo pasar?- preguntó ella con un hilo de voz, mirándose los pies.
El muchacho se apartó para dejarla entrar. Estaba empapada, con el pelo alborotado goteando y pegándose a su rostro; su vestido y su abrigo se pegaban de una manera extraña a su cuerpo, haciéndola parecer incluso más delgada de lo que ya de por sí era, dándole un aspecto desprotegido, débil, gris, incluso enfermizo.
- ¿Cómo se te ocurre salir con la que está cayendo? Vas a cogerte una pulmonía como mínimo.- se burló el pelinegro, sacando una toalla del pequeño lavabo y poniéndosela sobre los hombros. -¿Eh, qué pasa?- la chica seguía sin mirarlo, así que tomo su rostro por la barbilla para obligarla a alzar la cabeza.
Los ojos de Aria, anegados de lágrimas, continuaron su evasión dirigiéndose hacia algún lugar a la derecha del muchacho. Pero no fue eso lo que hizo que el ceño de Misha se frunciera, sino la marca amoratada en su mejilla izquierda y su labio inferior roto.
- ¿Qué demonios…? – no alcanzó a terminar la frase, pues la chica se apartó bruscamente de él, secándose las lágrimas con los puños y quitándose el abrigo, que cayó al suelo.
- ¿Estás haciendo ya las correcciones?- Aria se envolvió en la toalla, comenzando a sentir el frío calándole en los huesos.
- ¿Quién te ha…?
- ¿Me puedes dejar algo de ropa seca? No quiero cogerme una pulmonía como mínimo.- lo interrumpió nuevamente, dándole la espalda y encaminándose hacia el piano.
- Aria…
- Por favor, me está entrando frío.- mintió ella tratando de sonreír, pero su sonrisa se torno en una mueca de dolor por culpa de su magullada mejilla.
Misha suspiró, encaminándose a lo que era su dormitorio (aunque no tuviera paredes para separarlo del resto de la casa) y rebuscando en el desastre que era su armario unos pantalones de algodón y alguna camiseta que pudiera dejarle. Cuando se volvió, Aria ya tiritaba de frío al lado del piano. La chica alargó la mano para recibir la ropa.
- ¿Me vas a contar quién ha sido?- preguntó Misha seriamente, poniendo las prendas fuera de su alcance.
- Misha…
- Responde.
Hubo un instante de silencio tenso en el que el rostro de la empapada muchacha se ensombreció, volviendo a apartar la mirada.
- Mi madre.- soltó de sopetón, con una voz dolida. Aprovechó para arrebatar la ropa seca de las manos del sorprendido pelinegro y dirigirse rápidamente al baño.
- ¿Tu madre? ¿Cómo…? ¿Por qué iba a…?- se sentía confuso: la madre de Aria, Cantata, le había parecido una mujer muy agradable y abierta desde el momento en que la conoció, el día del cumpleaños de su hija.
- ¿Tienes calcetines? Tengo los pies tan fríos que noto el suelo tibio…-le cortó una vez más la chica, a través de la puerta blanca del baño.
Resignado, el joven volvió a rebuscar en los cajones de su armario, hasta finalmente dar con una pareja de calcetines iguales y ponerlos sobre la cama. Aria salió del baño y fue hasta los pies de la cama, sentándose en silencio y poniéndose los calcetines. A pesar de que Misha era bastante delgado, su ropa le quedaba muy grande: los pantalones de algodón grises hacían desaparecer sus piernas, el talón de los calcetines le quedaba por el tobillo, y la camiseta blanca era más vestido que camiseta (un vestido muy holgado). Su mirada se perdió en la oscuridad del suelo de madera mientras el chico encendía la pequeña chimenea a la izquierda de la cama. La había construido con ayuda de su tío, sabiendo que aquellos meses solían ser fríos y que el ático no estaba todo lo bien aislado que debería. Las llamas comenzaron a lamer la madera, emitiendo su luz cálida y cambiante; Misha se sentó a la izquierda de la chica, y trató de tomar su rostro entre sus manos para ver mejor el daño de su mejilla, pero ella se apartó ante el contacto.
- Duele… - murmuró, mirando hacia el lado contrario al chico. Y sin más, rompió a llorar.
- Eh, eh… -fue lo único que se le ocurrió decir al pelinegro, al tiempo que pasaba un brazo por sus hombros y la atraía hacia sí.
Su cabello seguía estando mojado, y estaba fría. La sostuvo dándole torpes palmaditas en la espalda hasta que se hubo sosegado. De entre las cosas que se le daban mal, una de ellas era reaccionar ante una persona llorando, sobre todo cuando esa persona era una chica. Y aún peor cuando era la primera vez que la veía llorar. La situación se agravaba aún más sumándole el factor de que estaba comenzando a sentir con ella cosas que se parecían mucho a las "mariposas en el estómago" de las que tanto había oído hablar.
Aún no se habían decidido a hablar de cuál era realmente su relación: después de la fiesta de cumpleaños y del "incidente", habían continuado viéndose, ya fuera en la academia o en "citas" que no podían ser denominadas como tales, pues lo único que hacían era quedarse en la academia tras la hora de cierre para hablar de música y practicar. El chico aún no comprendía qué le había hecho besarla aquel día, no porque se arrepintiera (nada más lejos de la realidad); era literalmente que no sabía por qué había sentido la suficiente seguridad como para seguir su impulso. Desde entonces, no desaprovechaba ocasión para robarle un beso de despedida a Aria, aunque el hecho de que la chica nunca lo rechazara y de que eso se hubiera convertido en una costumbre no terminaba de definir verdaderamente en qué se estaban metiendo. ¿Una relación? ¿Amigos con un cariño especial? ¿Prácticas para el futuro?
- Lo siento…- murmuró ella, aún gimoteando, mientras se frotaba los ojos para eliminar las lágrimas que aún quedaban en ellos.
- ¿Me vas a contar ahora qué ha pasado?- insistió una vez más él, tomándola por la barbilla y obligándola a mirarle.
- Que me gusta la física clásica, eso es lo que ha pasado.- se levantó y fue a sentarse delante del fuego, frotándose las manos y haciéndose un ovillo bajo la enorme camiseta.
Por unos instantes, Misha no reaccionó de ninguna manera: su mente trabajaba arduamente por buscarle un sentido a lo que la chica acababa de decirle.
- ¿Qué?- finalmente consiguió hablar, mirándola desde su posición con una mueca de profunda confusión.
- Esa es la versión resumida de la historia.
- Y tan resumida…
- ¿Quieres que te cuente la versión detallada de la historia?- el dolor de su voz parecía haber sido sustituido por rabia.
- Si eso hace que entienda algo…- se sentó en el suelo, al lado de la chica.
- A ver…- la chica se giró para mirarlo.- Hace unos 6 meses mi profesor de física de la escuela me sugirió que enviara uno de mis trabajos a un viejo colega suyo, que es profesor en el IEFAN, para que me dijera si…
- ¿Qué es el IEFAN ése?- interrumpió el chico, haciendo que Aria pusiera los ojos en blanco.
- Instituto de Estudios Físicos del Archipiélago Nexo. Me dijo que le mandara uno de mis trabajos para que me hablara de mis posibilidades en el futuro. Desde que era niña siempre me he sentido muy atraída por ese mundo, por poder explicar todo lo que nos rodea.- su rostro se ensombreció.- Pero mi madre piensa que la física es algo para hombres. Bueno, ella piensa que básicamente cualquier trabajo mental o físico es para hombres, y que las mujeres solo tenemos que ser bonitas y femeninas. Por eso, mandé el trabajo sin decirle nada. No porque tuviera planeado ir, pues nunca he estado fuera de esta isla, y no creo estar hecha para el "mundo exterior".- hizo el gesto de comillas con los dedos.- Pero me hacía ilusión saber si soy buena de verdad en lo que más me gusta.
El caso es que hoy, al llegar a casa de la escuela, Nana me ha dicho que mi madre quería hablar conmigo en su estudio. Había pasado tanto tiempo desde que mandé mi trabajo que no se me pasó por la cabeza ni un instante que hubiera podido llegar la respuesta; ya me había hecho a la idea de que la física no podía ser más que una afición. Cuando entré en el estudio, mi madre tenía la carta en la mano. Yo seguí sin caer en que podía ser la respuesta del IEFAN, pensé que sería la carta de algún familiar. Por la cara que tenía mi madre, tenía que ser alguna mala noticia: alguien que estuviera enfermo, o muerto. –la muchacha se estremeció visiblemente, ya fuera por el frío o por el recuerdo.
- ¿Qué ocurre, madre?- preguntó la muchacha, frunciendo el ceño con preocupación. Cantata se acercó a su hija, mirándola seriamente mientras su mano encerraba arrugaba el papel.
El primer golpe la tomó de improviso; pasaron unos segundos antes de que se diera cuenta de lo que había pasado y de que sintiera el dolor extenderse por su mejilla izquierda, ardiente. Sus ojos se anegaron de lágrimas incrédulas: ¿acababa de abofetearla?
- ¿Me puedes explicar que significa esto? – siseó su madre, lanzándole el papel a la cara casi con desprecio.
Aria se agachó a recogerlo del suelo, aún con la mano en la enrojecida mejilla, sin acabar de asimilar lo que había pasado. Fue entonces cuando vio el sello del IEFAN en el encabezado de la carta. Su corazón comenzó entonces a desbocarse, empezando a darse cuenta de la situación mientras leía lo más rápido posible ante la tensa y oscura mirada de Cantata: "increíble", "conceder", "beca", "estudios", "enhorabuena" y "Espero tener pronto noticias tuyas" fueron las únicas cosas que Aria tuvo que leer para captar el mensaje que transmitía la arrugada misiva. Tragó saliva, alzando la mirada hacia su madre sin saber por dónde empezar.
- Madre, yo…
- ¿En qué momento pensaste que podías conseguir algo con eso? ¿Qué te he dicho siempre?- bramó Cantata, sin dejarla hablar, acercándose a ella y tratando de golpearla nuevamente.- ¿Qué pensará el pueblo si se entera de que quieres hacer un trabajo de hombre?
- ¡Pero madre!- replicó Aria, tratando de zafarse del agarre furioso de aquellas manos.- ¡Sólo quería intentarlo! ¡No esperaba que me ofrecieran algo así! ¡Yo no…!
- ¡Por mi como si te ofrecen la luna!- la interrumpió, agarrándola por los brazos y zarandeándola.- ¡Te prohíbo que vuelvas a estudiar algo así! ¡Te prohíbo que vayas! ¡De ahora en adelante sólo te dedicarás a la Academia!
- ¡Suéltame!- replicó la muchacha, tratando de escapar. La mano derecha de Cantata impactó nuevamente contra el rostro de su hija, que sintió el sabor de la sangre invadiendo su boca.
Por unos instantes todo se detuvo: Cantata miraba casi aterrorizada lo que le había hecho a su propia hija, mientras esta tenía el rostro oculto por su cabello.
- Aria, cariño, lo…- comenzó a disculparse la madre, acercándose a la chica.
- No me toques.- musitó con un hilo de voz Aria, mirándola con ojos incrédulos y heridos.- No vuelvas a tocarme.
Sentía una nueva resolución vibrar en su pecho. Se dio la vuelta y echó a andar con paso decidido, haciendo caso omiso de los gritos de su madre, que le ordenaba que regresara inmediatamente. Pasó por delante de Nana sin verla, asustando a la pobre mujer, que la llamó con un hilo de voz; también la ignoró. Sin mirar atrás, salió al exterior lluvioso y comenzó a caminar.
PD: me estoy imaginando un montón de caras de "¿Esto qué cojones es?", "¿Que tiene esto que ver con la historia?", "ME ABUUURROOOOO" y "¿Física clásica? ¿En serio?". Sólo diré que me encanta cuando yo sé el porqué de las cosas y el resto del universo no *MUAHAHAHAHAHA*
El próximo capítulo SÍ será de los importantes *AAALELUUYA, AAALELUYA, ALELUYA, ALELUYA, ALEELUYAA*. No voy a prometer nada, pero quiero intentar subirlo este finde (todo depende de como andemos de trabajo en la uni y tal). Besitos, pavipollos!
