¡Hola a todos! ¿Qué tal? Ya subo el capítulo número nueve. Madre mía, no puedo creer que ya lleve nueve capítulos jejeje

Desde aquí quiero agradecer a las tres personas que han sacado tiempo para dejarme un review. Son poquitos, teniendo en cuenta los hits, que es lo que me llama la atención. Pero lo valoro muchísimo porque algunas sé que estáis en época de exámenes y es más complicado. ¡Gracias de verdad! Hacéis que me llegue la inspiración más rápido, y es que será necesario de ahora en adelante, para ordenar todo lo que tengo en mente jejeje

Por fin fanfiction me ha vuelto a mandar e-mails, después de un montón de meses!!no sé por qué ha tardado tanto en arreglarse!!Total, que a los reviews mejor los contesto por correo entonces. Excepto a los anónimos, que ante esa imposibilidad, los contestaré aquí. Así que ahora contestó a Lily:

Hola guapa!!muchas gracias por sacar tiempo para dejarme tu opinión!!más vale tarde que nunca y agradezco que te molestaras estando tan ocupada jeje sí, el hecho de que Lily "quiera" creer que es de Mark complica algo las cosas y le da a Jane la oportunidad que estaba buscando... lo de Jeff y Sadie!!dios las ganas q tengo de soltarlo!!jajajaja pero aún no puedo. Solo te puedo asegurar que hay algo raro entre esos dos, y que saben más de los demás de lo que parece en primer momento. Jajaja gracias por la parte que me toca de lo de mala persona xDD bueno, un poco sí. En cuanto Kate y Sirius... ya me dirás cuando leas este capítulo qué piensas :P y en cuanto a todo lo mismo. Dime qué opinas de este capítulo que me encanta saber vuestra opinión!!un besazo y muchísimas gracias de nuevo!!

Bueno, ya acabé. Así que sólo me queda dejar muy claro que ningún personaje ni lugar es mío, solo la trama que surgió de uno de mis múltiples momentos de locura mental...

Os dejo con la historia!!

"JURO SOLEMNEMENTE QUE MIS INTENCIONES NO SON BUENAS"

O-oOOo-O

Capítulo 9: Primeras investigaciones

James acababa de entrar de nuevo a su Sala Común cargado con un montón de recipientes llenos de comida.

- ¡Ayuda! –pidió al ver que el pollo en salsa comenzaba a gotearle en la túnica-.

Lily se apresuró a ayudarle a llevar la comida hasta la improvisada mesa que habían preparado sobre la alfombra, junto a la apagada chimenea. Se sentaron uno frente al otro y comenzaron a abrir los recipientes. James cogió un muslo enorme de pollo y se lo llevó a la boca. Sin embargo, Lily miró el puré de calabaza divertida hasta que dijo:

- James, yo diría que nos van a hacer falta cubiertos.

- ¡Ostras! –exclamó este- ¡Qué fallo! Espera que los convoco: ¡Accio cubiertos!

Tardaron más de medio minuto en aparecer, pues venían desde la otra punta del castillo. Cuando lo hicieron volaron hasta las manos de los chicos. El tenedor que sostenía Lily tenía pinchado un trozo de carne. Al verlo, la pelirroja lo soltó y dio un pequeño grito. James abrió mucho los ojos ante ese suceso tan insólito.

- ¡Accio cubiertos LIMPIOS! –repitió el muchacho-.

Luego miró a Lily y ambos se rieron a la vez, pensando en el pobre que habría visto volar su tenedor y quedar con la boca abierta, a punto de morder el filete.

Llegaron unos cubiertos limpios y ambos comieron con hambre.

- Bueno, ¿Qué tal tu vida? –le preguntó Lily a James-.

- ¿Mi vida? No sé. Normal. Hoy tengo que elegir el buscador, lo voy a tener difícil.

- Ya los vi ayer. Son los tres muy buenos. –le sonrió un poco dudosa y después añadió-. Me alegra ver que me has hecho caso.

James supo de inmediato que se refería al tema de la muerte de su abuelo. Aún se sentía algo triste por el suceso, pero pese a eso, sonrió.

- Es lo que él habría querido. Intento no pensar mucho en él para no entristecerme.

- ¡Oh lo siento! Cambiamos de tema ¿vale? –le sonrió ella. Se quedó pensativa unos instantes-. ¿Qué tal tu vida amorosa?

No sabía por qué le hacía esa pregunta, pero en algún punto de su interior le interesaba la respuesta. James, que no se esperaba esa pregunta, se atragantó con su bebida.

- ¿Mi vida amorosa? –preguntó riendo-. Yo no tengo de eso Lils.

- Me cuesta creerlo –le dijo ella sonriendo-.

- ¿Qué te esperabas? No tengo nada.

- ¡Venga James no me mientas! Susan Ryan nos lo contó a todas el primer día del curso.

- ¿Quién? –preguntó James algo perdido-.

- ¡Vamos, a mí me lo puedes contar!

- No sé de qué me hablas Lily –repitió él aún más perdido-.

- De lo de Susan Ryan –le volvió a decir ella haciendo un ademán impaciente con las manos-. Ella misma nos contó que os habíais liado el último día de curso y que, al volver, la habías pedido salir.

- Yo no me lié con nadie que último día del curso –recordaba perfectamente haber pasado el día junto a sus tres amigos siguiendo a Snape para lavarle el pelo a traición-. Y no sé quien es esa chica.

- ¿Qué dices? –Lily abrió mucho los ojos y se inclinó hacia delante como quien recibe la mejor información del año.- ¿Entonces es mentira? ¿Se lo inventó todo? ¡Que descarada! –rió-. ¡Si hasta nos dijo que os habíais acostado y que tú la ibas a dedicar la primera victoria de quidditch del año! –y continuó con carcajadas más fuertes-. Esa chica siempre ha sido muy fantasiosa...

- Si tú lo dices... –James ni siquiera sabía de quien hablaba Lily, pero estaba realmente molesto con esa chica por hacerle creer a Lily que él no estaba disponible-. Ya ves que es mentira y no tengo nada.

- ¿Ni siquiera Jane Green? –eso último había sido idea de Lily. No tenía idea de que hubieran vuelto a tener algo desde que todo el mundo se enteró que habían pasado la noche juntos en la Torre de Astronomía, pero la parecía que la rubia estaba muy interesada-. Ella sí sabes quien es ¿no? –rió-.

- ¡Claro, Jane sí! –carcajeó James, cosa que hizo ensombrecer levemente el semblante de Lily, que no supo explicar por qué no la gustó esa reacción-. Jane es una gran amiga.

- Pues yo creo que le gustas –tenía que reconocer que estaba algo enfadada, pero lo achacó a que James estuviera tan ciego con respecto a esa chica-.

- Ya, bueno... –James dudó un poco. Sabía perfectamente lo que ocurría con su amiga, pero también sabía que él no lo había incitado pues en aquella ocasión la había aclarado antes de nada, que no quería nada serio con ella-. No te creas. Jane sabe que solo somos amigos.

- ¿Es cierto que os liasteis? –le preguntó sonriendo como quien intenta sonsacar un secreto a un amigo-.

James dudó en responder y rió nerviosamente.

- Solo una vez y como amigos. Y en mi defensa he de decir que hubo whisky de fuego de por medio. –esto era mentira, por supuesto, pero necesitaba excusarse frente a Lily-.

Lily se rió a carcajadas y bebió un sorbo de agua.

- ¿Y tú qué? –la preguntó James más serio-.

- ¿Yo qué, de qué? –repitió Lily confusa-.

- Te he contado mi vida amorosa, o más bien, la ausencia de ella. ¿Qué hay de la tuya?

- ¡Oh! Bueno, ahora mismo también inexistente –le sonrió-.

Como quería saber de una vez qué pasaba en el corazón de Lily, no se fue por las ramas y la preguntó a bocajarro.

- ¿Y el prefecto de Hufflepuff?

- ¿Mark? Bueno... –se sonrojó con mucha evidencia y James supo a qué atenerse, aunque no cambió su semblante-. Es agradable.

- Ya...

- Si te soy sincera... Hasta ahora nunca me había enamorado –Lily ya tenía las mejillas del mismo color de su pelo-.

- ¿Hasta ahora? –preguntó James a sabiendas de la doble intención de esas palabras-.

- Es... - rió-. Es un chico especial.

James no respondió. Bajó la mirada hacia su comida y continuó con ella deseando estar en cualquier lugar antes que en ese.

OO—OO

Kate y Gisele aún miraban la carta desconcertadas.

- Kate, ¿Puede ser una broma de Sirius? –preguntó la más bajita intentando encontrarle una lógica-.

- ¿Broma? –rió esta-. Sirius jamás bromearía con este tema. Es demasiado celoso. Además me conozco su letra de memoria, y la distinguiría en cualquier sitio. Para empezar porque tienes que concentrarte mucho para saber lo que pone. Y esta es muy clara y legible.

- ¿Pero entonces? ¿Crees que pondrá algo entre líneas? ¡Vuelve a leerla!

Kate sacó la carta, se sentó en la Cama de Gisele junto a esta, y leyó en voz lo suficientemente alta para que la oyeran solo las dos:

- Por fin he encontrado el valor suficiente para escribirte. No sabes quien soy, pero eso no te ha impedido hacerme el regalo más maravilloso que he conocido: el saber que me importa otra persona mucho más que yo mismo. Si, aunque fuera por un pequeño momento, pudiera sentir tus labios sobre los míos, moriría feliz. Estoy enamorado.

- Bueno –dijo Gisele tras una pausa-. Yo, en primera instancia, solo saco que no es de tu novio. Porque habla como si nunca pudiera haberte besado. Y yo he tenido que aguantar esa escena más veces de las que me siento capaz de soportar...

Kate le dio con el codo a modo de protesta mientras reía sonrojada. Luego volvió a mirar la carta. Ya iba a hacer un año que salía con Sirius y, pese a que él la había demostrado que la quería, nunca la había dicho unas palabras tan bonitas. Hizo una mueca involuntaria, deseando que cambiara el contenido de la carta y quedara claro que solo él podría escribirla algo así. Sin embargo, Sirius jamás diría este tipo de cursiladas, y definitivamente no podía soñar que las hubiera escrito.

Era evidente que alguien ajeno a su relación había pensado en ella lo suficiente para escribirla. Sobre quién era había dudas. Desde luego el único que había tocado su libro aquel día había sido Derek. El novio de Grace. Su amiga. Sonaba irreal.

- El único que ha cogido hoy el libro es Derek. –la dijo por fin a Gisele tras preguntarse interiormente si debía hacerlo-.

- ¿Quién? –pregunta Gisele con evidente tono despectivo en la voz-. ¿Rumsfelt? ¿El novio de Grace? Más le vale que no.

- Ya veo que no te cae muy bien –murmuró Kate extrañada. Gisele normalmente aceptaba a todo el mundo tal como era-.

- No mucho, no. No sé. Mientras estaba con Grace aparte, no molestaba, no se metía. Pero ayer aparece en la ventana, hoy se sienta con nosotras en la biblioteca... mira Kate, no creo que sea buena idea que coja mucha costumbre. Solo traerá malos rollos.

- Ya... –respondió Kate aunque tampoco lo consideró mucho. La preocupaba más el hecho de que el novio de una de sus amigas la escribiera una carta de amor. Tendría que averiguar si de verdad la carta era suya, y decidir qué hacer al respecto-.

OO—OO

Sirius daba vueltas delante de la gárgola que custodiaba el despacho de Dumbledore. Gruñía y blasfemaba entre dientes por no saber la contraseña. ¡Allí dentro podrían estar expulsando a Peter en ese mismo instante y él no podía hacer nada! Y se sentía responsable. Al fin y al cabo el hechizo era suyo y no le había dado importancia cuando Peter le preguntó por él, a sabiendas de lo atraído que se sentía el chico siempre por lo nuevo. Peter parecía un imán para el peligro, y ellos tres siempre se habían ocupado de protegerle. ¿Tan irónico sería que justo él, que siempre se preocupó de que nada le pasara, fuera la causa de su caída en desgracia?

Miró a la gárgola con odio y continuó caminando impaciente. No se movería de allí hasta que alguien bajara y, entonces dejaría las cosas claras.

OO—OO

Dentro del despacho del director, la señora Pince se quejaba furiosa del estado en que había quedado su apreciada Biblioteca. Señalaba a Peter exigiendo un castigo acorde con el delito que, en su opinión, era muy grave. Peter estaba sentado frente a la mesa del director, callado, completamente sonrojado y con la vista clavada en el suelo. No se sentía capaz de levantar los ojos, pues era consciente de tres pares de ojos enfocados en él. La profesora McGonagall le miraba desde su izquierda con una expresión muy seria y regia, la señora Pince con un odio inmenso y el profesor Dumbledore serio, pero mucho más calmado, como era costumbre en él.

- Bien señoras –habló por primera vez dirigiéndose a McGonagall y Pince pero sin despegar la vista de Peter-. Me gustaría hablar con el señor Pettigrew a solas.

Las dos mujeres marcharon sin atreverse a contradecir las palabras del director, pero la bibliotecaria le dedicó una mirada fría, pues sabía que este podría llegar a pasar determinadas actitudes por alto.

Cuando se quedaron a solas, al principio ninguno de los dos se movió. Peter continuaba con la cabeza gacha y el director lo miraba tras sus gafas, con sus largos dedos unidos en un gesto típico del anciano. Por fin Peter se atrevió a mirar al director dispuesto a preguntarle por su futuro. Sin embargo, al encontrarse con la fría mirada azul del profesor, no supo qué decir.

- ¿Qué te está pasando Peter? –le preguntó Dumbledore-.

Peter le miró interrogante sin saber qué contestar. Ni siquiera encontraba sentido a la pregunta. Sin embargo, el director cambió rápidamente la mirada y le volvió a hablar:

- Volvamos al incidente de esta mañana. Utilizaste un hechizo que no era tuyo, que no sabías qué efecto tenía y te has metido en un lío. No voy a expulsarte. No cuando tus amigos y tú habéis revolucionado este colegio durante años y resulta que hoy todo ha sido un accidente. Pero tengo que castigarte. No puedo dejar a los demás alumnos creer que pueden destrozar la Biblioteca y quedar inmunes. Me temo que tendrás que ordenar todo aquello sin magia. Y, sí, cincuenta puntos para Gryffindor bastarán.

Peter estaba sin habla. ¿Cómo había averiguado que había usado un hechizo que no era suyo y que no sabía que hacía? Ese hombre siempre le había dado miedo, y con este tipo de situaciones no hacía más que confirmar su teoría de que el director de Hogwarts no era normal. Sin embargo pronunció un torpe asentimientos y salió del despacho cuando Dumbledore le dio permiso.

Bajó las escaleras aliviado, incluso contento, y en cuanto la gárgola se apartó, lo primero que vio fue a su amigo Sirius apoyado elegantemente en la pared, con los brazos cruzados.

- ¡Wormtail! –gritó este cuando le vio-. ¿Qué ha pasado? ¿Te han expulsado?

- No, menos mal Pad. Me he librado. Me han castigado claro, pero eso era lo mejor que me podía pasar.

- Le diré a Dumbledore que ha sido culpa mía y...

- No Sirius. Por una vez, dejadme enfrentar las consecuencias de mis actos yo solo.

Como respuesta Sirius le sonrió y palmeó su espalda.

- Señor Black –dijo una voz a espaldas de Peter-. ¿Sería tan amable de acompañarme a mi despacho unos minutos?

Sirius palideció al encontrarse cara a cara con Albus Dumbledore. ¿Les habría oído? ¿Habría considerado injusto expulsar a Peter pero lo expulsaría a él ahora que le había oído admitir su culpa? Sea como fuere, siguió al director hacia el despacho con la misma actitud regia que llevaba a todas partes. Se dio la vuelta y encontró a un Peter tembloroso y asustado de nuevo. Le sonrió con confianza pero calmarle, o tal vez para calmarse a sí mismo.

Llegaron al despacho y el profesor le señaló la silla que estaba frente a su mesa. Este se sentó y, a diferencia de Peter, le sostuvo la mirada al director. Para su sorpresa vio que no se le veía enfadado, sino más bien preocupado.

- Sirius hijo. –suspiró con cansancio como si hubiera tenido esa conversación miles de veces. Sirius lo notó, y se sintió más confiado de que así fuera-. Mira que te gusta hacer el loco...

Sirius no pudo evitar sonreír ligeramente por esas palabras. Se acomodó en la silla y esperó al conocido discurso.

- Ya te dije en su día, que no me gusta eso de que los alumnos vayan inventando hechizos. Desde luego no eres el primero, ni serás el último. Sin duda eres un chico muy inteligente y capaz de mantener dichos hechizos a raya. Pero, como ha ocurrido esta mañana, puede ser que alguien no tan experto como tú los encuentre y se meta en serios problemas.

- Lo siento profesor –y era cierto. Solo pensar en que Peter podría estar ahora haciendo su equipaje le hacía sentir fatal-.

- Sé que lo sientes hijo, pero eso no basta. Prométeme que, de ahora en adelante, te asegurarás que tus inventos no caigan en manos inocentes. Y, por favor –volvió a suspirar-. Procura no utilizarlo contra tus compañeros. No quiero que se vuelva a repetir otro desagradable incidente como el ocurrido el año pasado contra el señor Aubrey. ¿Entendido? –esta última palabra la recalcó duramente-.

- Sí señor.

Bien. Me temo que no podré castigarte por esto sin que el señor Pettigrew se muestre ofendido en su orgullo, y además creo que merece aprender una lección él solo. Por esta vez, solamente, te has librado. Puedes irte, y pórtate bien.

Sirius salió del despacho. Una vez cerrada la puerta el profesor soltó una carcajada reclinándose en su sillón.

- Una mente privilegiada –susurró-. Si sólo la enfocara en algo productivo...

OO—OO

Remus entraba en la sala común de Gryffindor después de comer, cuando vio a Jeff Williams sentado en un sillón leyendo. Se acercó a él y se sentó a su lado mientras dejaba los libros sobre la mesa.

- Gracias por lo de antes –le dijo. Ante esto el otro chico levantó la cabeza y miró a Remus por primera vez-.

- De nada. A Sirius le habría hecho gracia verte intentando escapar de una lámpara voladora, pero como no estaba por allí, no le vi la necesidad –respondió sonriendo levemente-.

Remus también sonrió. Ese chico iba adquiriendo una pequeña confianza con ellos, aunque seguía siendo el tímido que los miraba sin hablar. Se sentía muy identificado con ese chico. Ambos tímidos, a los dos les costaba hacer amigos. Y lo que más le llamaba la atención. Junto con su hermana parecía guardar un secreto. Él también guardaba uno, uno terrible, por lo que podía entender esa reticencia a confiar en los demás.

- Sirius lo hubiera encontrado gracioso si no hubiera sido el primero un huir de la lámpara asesina –rió y contagió a su compañero que rió un par de segundos también-.

- ¿Te apetece una partida al ajedrez? –propuso Jeff-.

Remus sospechó que estaba deseando proponer eso desde que le había visto entrar en el retrato. Sonrió más abiertamente, divertido por la debilidad que su compañero de cuarto tenía hacia ese juego. Ambos se levantaron del sofá para dirigirse a una de las mesas y colocar allí el tablero. Jeff miró al suelo extrañado.

- Remus se te ha caído un papel –le dijo señalando a sus pies-.

Este miró hacia abajo y allí estaba su carta, que además se había medio abierto. La cogió con rapidez y la volvió a guardar, esta vez en el bolsillo interior, para asegurarse de que no volvería a caer.

Cuando levantó la vista vio que Jeff miraba su bolsillo que una expresión extraña en el rostro.

- ¿Ocurre algo? –le preguntó-.

- No –contestó este rápidamente y cambiando su expresión por una sonrisa, mientras se volvía hacia la mesa-. Me pido blancas.

OO—OO

- Bueno Lily, aquí acaba mi comida. Quedé con los aspirantes a buscadores a las cuatro. Y son... ¡Mierda!

James se levantó corriendo de la mesa improvisada y subió dos en dos las escaleras de los dormitorios. Se había sentido tan cómodo con Lily que el tiempo se le había pasado volando.

Lily se quedó sentada en el cojín mirando hacia las escaleras por las que James prácticamente había volado, riéndose. Tan pronto como el chico subió, bajó vestido con la túnica de quidditch con el brazalete de capitán en su manga derecha. Con ese mismo brazo sujetaba con fuerza su escoba de última generación.

- ¿Te animas a verlo? –la preguntó cuando volvió a estar frente a ella-.

Lily fingió dudar unos instantes disimulando una sonrisa y acabó diciendo:

- Luego me paso un rato. Antes tengo otra cosa que hacer.

Sin necesidad de oír más y, puesto que ya llegaba tarde, salió corriendo de la torre camino del campo de quidditch. Cuando llegó ya le estaban esperando los tres candidatos a buscador.

- ¡Hola chicos! –les saludó con una sonrisa-. Perdonadme el retraso. Bien, igual que ayer quiero que primero deis un par de vueltas al campo para calentar ¿de acuerdo? Después soltaré la snitch por turnos y el más rápido en atraparla será seleccionado. No os pongáis nervioso, y sabéis que un buscador debe ser muy paciente. Bien, ¡montad en las escobas!

OO—OO

Sirius y Peter entraban por el retrato de la Dama Gorda de Gryffindor. El primero le estaba contando a su amigo su conversación con Dumbledore, cuando el pequeño se despistó mirando a un grupo de chicas que en esos momentos salían de la torre.

- El caso es que... –Sirius se quedó a mitad de frase consciente de que la atención de Peter estaba en otro lado-. Pues nada –susurró para sí adelantándole y yendo hacia donde Remus y Jeff jugaban una partida de ajedrez (¡Qué raro!)-.

Los dos estaban muy concentrado en el tablero y ni siquiera se habían percatado de su presencia, cosa que Sirius nunca toleraba.

- ¿Otras vez estáis con esto? ¡Sois unos aburridos! –exclamó tirándose en el sillón más cercano-.

- ¡Calla! –exclamaron los otros a la vez sin apartar la vista de la mesa y haciéndole pegar un respingo-.

"Sí que deben ir igualados para estar tan irritados" pensó Sirius divertido. ¿Y si les hacía alguna de sus bromas? Se puso rápidamente a cavilar algo para incordiar a esos dos. Las bombas fétidas ya era un tema muy trillado, y ¿Hacer explotar el tablero? No, demasiado obvio...

- Esto... ¡Padfoot! ¿Puedes venir un momento? –le llamó Peter que por fin había salido de su ensoñación, interrumpiendo así sus malvados pensamientos-.

- ¿Qué pasa Wormtail? –le preguntó yendo hacia él, que intencionadamente se había apartado levemente de los demás-.

- Es que... oye, ¿Me darías un pequeño consejo? –preguntó el muchacho con timidez-.

Sirius sonrió con chulería, mirando alrededor por si los oían y se puso las manos tras la cabeza, queriendo aparentar indiferencia.

- ¿Sobre qué? –dijo después de hacerle sufrir unos segundos-.

- Es que... bueno, hay una chica... –comenzó Peter intentando hablar lo más bajo posible y sonrojándose levemente-.

De repente, la risa de Remus lo calló, y le hizo mirar hacia él temeroso. El licántropo se había acercado con cuidado, dejando tiempo a Jeff para pensar su próxima jugada. Siguió riéndose socarronamente, aunque discretamente, pero no por Peter, sino que miraba divertido a Sirius que comenzaba a molestarse.

- ¿Qué? –preguntó Sirius al límite de su paciencia-.

- Que tú a estas alturas, a no ser que sea sobre Kate Hagman, ya no le puedes aconsejar mucho sobre esa cuestión. –contestó Remus con una sonrisa de oreja a oreja-.

- Ese no es el tema. De verdad que necesito un consejo... –siguió Peter, ahora dirigiéndose a los dos-.

- ¿Cómo que no? –preguntó Sirius a Remus ignorando a Peter-.

- Pues que no... –continuó este aumentando su sonrisa-.

- ¡Oye Moony! ¡Que haya sentado la cabeza no significa que haya perdido mi toque! –exclamó Sirius acercándose peligrosamente a su amigo. ¡Había temas intocables, y el caso de la popularidad de Sirius Black entre las chicas era uno de ellos!

- Chicos escuchadme... –rogó Peter interponiéndose entre ambos al ver a Sirius rojo de rabia y a Remus sonriendo tranquilamente-.

- No me lo creo. –retó Remus, consciente de estar jugando con fuego a esas alturas-.

- ¿De qué vas? –explotó Sirius tomándolo de la pechera-.

Sin embargo esto no amedrentó a Remus, que con total tranquilidad se soltó de Sirius, alisó su camisa y no perdió ni un ápice de su sonrisa.

- ¿Hacemos una apuesta a ver quien tiene razón Pad? –propuso mirándole directamente a los ojos, muy divertido por la confusión de su amigo-.

- ¡Escuchadme! –siguió pidiendo Peter, pese a que ninguno de sus amigos le escuchaba desde hace rato-.

- ¿Apuesta? ¡Dispara! –aceptó Sirius herido en su orgullo, aunque ya había perdido gran parte de su cabreo-.

- Haber haber que piense... –fingió pensar Remus poniéndose una mano en el mentón-.

- Sí sí, tú piensa, que hagas lo que hagas te demostraré que sigo siendo el crack. –dijo Sirius que se estaba empezando a divertir también-.

- Iros a la mierda... –murmuró Peter derrotado y saliendo del retrato lejos de esos dos-.

- Muy bien. Algo sencillito y simple. Si consigues encontrar a una chica que en estos momentos te resulte irresistible, y la convences para que suba a nuestro cuarto, me lo creeré. –dijo por fin Remus aguantándose la risa por la que le tenía preparada a su amigo-.

- ¿Ya está? –preguntó Sirius confuso. Seguramente Remus estaba guardando la traca para el final, pues todo parecía muy simple-.

- ¿Crees que te pediría que le pusieras los cuernos a Kate? –preguntó este haciéndose el herido-. Te lo pongo fácil. Aunque no vale con que digas que la chica está bien, sino que tiene que resultarte irresistible, como Kate. Y no puedes mentir. –ahí estaba. Sonrió como no lo había hecho en todo el día-.

Sirius dudó. No había en esos momentos una chica que pudiera compararse con Kate. Bien, las había despampanantes, pero cuando las comparaba con su novia siempre las encontraba algún defecto. Aún así, por orgullo se propuso encontrar a una chica que fuera así. Al fin y al cabo los ojos se hicieron para mirar, y Kate no podía reprocharle nada de eso.

- De acuerdo. Trato hecho. –le dijo volviendo a su sonrisa y alargando su brazo para estrecharle con el de su amigo-.

- Muy bien. Los términos: la tienes que encontrar antes que esta noche, y si lo consigues, yo te hago los deberes de Encantamientos y Herbología por una semana. –dijo Remus mientras le devolvía el apretón de manos-.

- ¿Y si no la encuentro? –preguntó Sirius que acababa de darse cuenta de que había aceptado sin saber qué debía hacer si perdía-.

- Me dejarás dar una vuelta con tu moto en Navidades y dirás en la Sala Común que yo soy el nuevo crack y mejor que tú en todo. –propuso divertido Remus. Directo al orgullo, por supuesto-.

- ¡Mi moto no! –se ofendió Sirius-.

- ¿Entonces no te atreves con la apuesta? Que pena, un Gryffindor cobarde...

- ¡Trato hecho! ¡Prepara la pluma para mis deberes que pienso traerte a la chica más impresionante de todo Hogwarts como prueba!

- ¡Jaque mate! –exclamó Jeff feliz moviendo su ficha por fin-.

- ¿Qué? –exclamó Remus yendo corriendo a comprobarlo incrédulo-.

Sirius rió divertido por la cara de su amigo y colocó las manos en los hombros de Jeff felicitándolo.

- ¡Sabía que tú te pondrías de mi lado! –le dijo divertido, mientras ya caminaba hacia la salida. Si debía encontrar una chica que pudiera comparar con Kate, bien debía empezar a buscar pronto-.

- ¿Qué? –preguntó Jeff perdido mirando primero a Sirius, que ya salía por el retrato y después a Remus que continuaba mirando el tablero con horror-.

OO—OO

Lily salió resuelta de la torre de premios anuales con paso rápido. Le había prometido a James que después se pasaría por el campo de quidditch y no faltaría a la promesa hecha a su amigo, pero antes tenía algo que hacer. Tenía que aclarar de una vez por todas si Mark la había escrito esa carta o no, y era ahora o nunca.

Le buscó por todas partes, el hall, las clases del primer y segundo piso, los jardines... Ya estaba perdiendo la esperanza de encontrarle cuando le vio acercarse a ella desde las escaleras.

- ¡Hola Lily! –la saludó sonriendo. Una de las cosas que más la gustaban de él es que siempre sonreía amablemente a todo el mundo-. Estaba buscándote. Hemos adelantado para esta tarde la región del club de ajedrez ¿te viene bien?

Sin embargo, ella apenas le escuchaba. Una guerra se libraba dentro de ella, la Lily atrevida y la Lily tímida intentaban ganar terreno en su mente y la tenían completamente confundida. Decidió empezar suave, haber cómo reaccionaba con ciertas indirectas, y si era como creía, se lanzaría a la piscina.

- ¿Mark podemos hablar? –le colocó una mano sobre su brazo suavemente, y arrastrándolo un poco a un lado-.

- Tú dirás –la respondió él fijando su ojos azules en la mirada verde de ella-.

- Verás, esta mañana... –pero alguien la interrumpió antes de que pudiera continuar-.

- ¡Mark! –era Sam, y miraba al rubio con expresión preocupada-. Unos de segundo están pegándose en la Sala Común y no hay formar de hacer que se suelten.

Mark reaccionó al instante. Disculpándose con Lily, corrió hacia la puerta que llevaba a la Sala Común de los Tejones. Sin embargo, Sam continuó frente a Lily mirándola tan duramente como la primera vez que se vieron.

- Pelirroja me parece que no te quedó muy claro todo lo que te dije. Te lo resumiré: Intenta algo con Mark y estás muerta. No te voy a dar tregua y si tengo que manipularle para que no repare en ti, créeme que lo haré. Aléjate de él.

Como ya había hecho la primera vez, la dejó atrás sin darla tiempo a réplica. Sin embargo, esta vez Lily no se sintió sorprendida, sino furiosa. ¿Quién era esa chica para hablarla de esa manera, a ella, a una Gryffindor? Una rabia algo inusual en ella tomó posesión de sus emociones y salió a los jardines dando patadas a todo lo que se interponía en su camino.

OO—OO

Kate estaba de incógnito. Hacía rato que había despistado a Gisele, y se encontraba siguiendo al sospechoso número uno, es decir, a Derek. Quería averiguar a toda costa si esa carta la había escrito él y por qué se la daba. Y de hecho, se había tomado muy en serio el trabajo de detective. Se había colocado unas gafas de sol tamaño mosca y colocado un gorro de invierno para tapar su pelo. El resultado de todos esos accesorios unidos al uniforme de Hogwarts, sin duda era extravagante.

Mientras seguía al grupo de Rumsfelt por tortuosos pasillos, una duda la vino a la cabeza. ¿Y si la habían mandado esa carta sólo para hacerla dudar de sus sentimientos hacia Sirius? Tan pronto como llegó, la duda se evaporó, dándola Kate por imposible. Nadie podría ser tan retorcido como para intentar destruir una relación entre dos personas que se querían. La sola idea era descabellada. No existía tanta maldad en el mundo.

De repente el grupo al que seguía cambió bruscamente de dirección y Kate consiguió esconderse justo a tiempo tras una armadura. "No, no." Pensó. "Esto tiene que tener una explicación muy sencilla, o sino, pararé este circo para dejar claro que no pienso engañar a mi novio, diga lo que diga una carta".

OO—OO

James miraba confuso a los tres jugadores. Los tres eran buenísimos, pero su equipo no podía tener tres buscadores. Pensando muy presionado, podía eliminar a Maggie. Era muy joven aún y puede que los nervios la traicionasen en un partido. Sin embargo, la decisión entre Bill y Nicole no podía ser más complicada.

Ambos habían atrapado la pelota en un margen de tiempo muy ajustado, apenas con unos segundos de diferencia. Maggie había tardado algo más pero no se decidía del todo a excluirla. Confuso les volvió a pedir que volaran de nuevo, pensando en la forma de volar de cada uno de sus compañeros, y de sus rivales en el quidditch, e intentando encontrar la más compatible.

Sus pensamientos se interrumpieron por un sonido seco, seguido de varios gritos ahogados. Cuando giró la vista, vio a Bill desplomado en el suelo, a Maggie arrodillada a su lado y a Nicole desmontando de la escoba para acercársele. Su hermano Allan se acercó corriendo desde las gradas, donde veía la selección junto a Josh.

Él también se acercó y lo que vio no le acabó de gustar.

OO—OO

Sirius paseaba por los pasillos, parándose a observar detenidamente a todas las chicas que se encontraba. Tan metido estaba en su tarea que no percibió la incomodidad de algunas porque las mirara tan exhaustivamente, ni la emoción de otras porque por una vez apartara los ojos de su novia. Mientras las miraba iba susurrándose a sí mismo los defectos de las chicas y por qué no podían ser las elegidas.

- Demasiado delgada. Esta podría competir con Quejicus en el pelo más sucio. ¿En serio eso es una chica?

Salió a los jardines donde estaba la mayoría de la gente aprovechando uno de los últimos sábados de sol del año. Las chicas estaban en grupos sentadas en el césped, paseando por la orilla del lago, en corro y riéndose.

- ¡Anda! Esa tiene el mismo vestido que Kate –susurró mirando a una chica que hablaba con sus amigas junto al lado-. Pero a Kate la queda mucho mejor –suspiró-. Descartada.

Él y su orgullo, ¿Quién le mandaba entrar en una apuesta que sabía de antemano que le costaría ganar? No se explicaba por qué había caído tan fácil en la trampa, y más sabiendo las ganas que tenía Moony de coger su moto.

De repente se detuvo y una sonrisa de medio lado comenzó a nacer en su boca. Tenía delante algo que le gustaba y mucho. La chica tenía muy buena pinta. Un poco más baja que él, con sugerentes curvas, debido a la minifalda que llevaba podía vislumbrar unas buenas piernas, un precioso pelo rubio cobrizo... Ella estaba de espaldas, pero si su cara era tan bonita como su trasero, ya tenía ganadora. La chica se sentó, apoyada en un árbol y dio media vuelta. Cuando pudo verla la cara por fin, se quedó estático.

- ¿Qué miras Black? –le preguntó Grace algo incómoda al verle tan absorto en ella que apenas se movía-.

Sin embargo Sirius no fue capaz de decir una frase completa y se marchó de allí con los ojos muy abiertos, aún sin creerse que su mente le hubiera traicionado de esa manera.

OO—OO

Kate seguía escondida tras la armadura esperando que el grupo de Ravenclaws pasara de largo, cuando notó que los pasos se paraban a escasa distancia de ella. Extrañada asomó la cabeza y se encontró que Derek Rumsfelt la miraba sonriendo y apoyado en la armadura. Miró detrás de él, pero el chico estaba solo.

- Les he dicho a mis amigos que luego les alcanzaba. –la dijo él respondiendo a una pregunta que no había hecho-. Noté que alguien me seguía y quise saber en qué te puedo servir.

- ¿Y tú cómo puedes saber que te seguía a ti y no a uno de tus amigos? –preguntó Kate molesta y frunciendo el ceño, aunque no se vio tras sus enormes gafas-.

- Las chicas siempre me siguen a mí –respondió Derek con chulería mientras mostraba su sonrisa más arrogante-.

Eso fue demasiado para Kate, que rió de incredulidad y, quitándose las gafas se dio la vuelta mientras decía:

- ¡Patético!

Como ya estaba de espaldas y alejándose de él, no alcanzó a ver la cara de sorpresa del chico. Abrió los ojos y alzó las cejas incrédulo. ¿Esa era la novia de Black? Intentó hacer memoria de su nombre...

- ¡Kate! –exclamó tras recordarlo y corriendo hacia la morena que ya daba la vuelta a la esquina. La chica se giró hacia él mirándole interrogante, pero sin hablar-. Lo siento. Era un comentario en broma, pero se ve que sólo mis amigos pillan mi sarcasmo. En serio que estaba bromeando, no quise ofenderte.

- Bueno, a veces pasa que no captas el humor de la gente que no conoces. –acabó aceptando Kate con una sonrisa. Y ahí volvía a demostrar su capacidad para creer siempre lo mejor de cada persona-.

Derek la sonrió abiertamente.

- Pero, ¿Me seguías por algo? –la preguntó, esta vez mucho más educado-.

- ¡Ah! –exclamó Kate sorprendida y ruborizándose visiblemente. "¡Mierda!" Pensó para sí misma-. Sí. Me preguntaba si tenías tú mi libro de Transformaciones. Como te le dejé esta mañana... –improvisó-.

- Le dejé encima de la mesa cuando salimos corriendo. Igual sigue allí ¿Quieres que te acompañe a buscarlo? –"¿Esta chica está sonrojada o es cosa mía?" Se preguntó dudoso-.

- ¡No! –exclamó Kate componiendo una sonrisa-. Seguro que pronto aparece. Bueno, adiós.

Derek se quedó mirándola unos segundos pensando. Ahora sí que estaba seguro de que esa chica se había ruborizado. Analizó con calma la situación: "¿La novia de Black se sonroja conmigo?" Sonrió arrogante ante esa idea. "¡Esto sí que es bueno!" Pensó ya formando un plan en su cabeza. El que la única novia fija conocida de Sirius Black lo prefiriera a él, le convertía en el rey indiscutible del colegio. Pero ¿tendría alguna posibilidad con ella? Eso había que intentarlo.

Ya con la idea principal rondándole la cabeza, corrió hacia donde había desaparecido la Gryffindor, y la encontró unos pasillos más allá, intentando peinarse con la mano el pelo que ya había librado del gorro.

- Esto, Kate –la dijo cuando llegó a su altura y poniendo su mejor cara de cordero degollado-. ¿Te apetece ir a dar una vuelta y hablar?

La morena se desconcertó por la expresión de pena del muchacho, pero le respondió con una sonrisa y un asentimiento de cabeza.

OO—OO

James ayudaba a Bill a incorporarse con la ayuda de Allan. Este estaba regañando a su hermano pequeño, pero el chico no parecía escucharle, pues se tocaba el hombro y se mordía los labios del dolor.

- ¡Te dije que fueras a mirarlo por si acaso pero eres un cabezota! –exclamaba Allan-.

- Parece que venga de familia... –murmuró James alzando una ceja-. ¿Qué ha ocurrido? –preguntó en general-.

- Estábamos volando y de repente ha resbalado de la escoba y ha caído. –dijo la aspirante más pequeña-. Ha cogido una pose un poco rara. De hecho, parece que se le haya salido el hombro –añadió con expresión dolorosa-.

- ¡Si es que mira que no hacerme caso cuando te dije que fueras a la enfermería! –seguía hablando Allan, mientras Bill hacía todo lo posible por ignorarle-.

- ¿Por qué? –preguntó James-. ¿Qué le ha pasado?

- Pues que esta mañana nos han atropellado los locos que huían de la Biblioteca y le han tirado al suelo. Lleva todo el día quejándose del hombro ¡y ahora se le ha salido!

James hizo un gesto de dolor al ver a Bill con el rostro contraído del dolor y escuchar los jadeos que murmuraba cada vez que intentaba hacer un esfuerzo. Sin más premura, Allan y Josh lo acompañaron a la enfermería, y James le miró con lástima y, a la vez, con alivio, pues este incidente le hacía más fácil la elección.

- Buenos chicas –anunció mirándolas a las dos que continuaban con las escobas de la mano-. Con esto la cosa queda entre vosotras. Que sepáis que esta decisión ha sido muy difícil, pero creo que será lo correcto. Nicole, el puesto es tuyo. –la chica dio un salto de emoción, pero se contuvo al ver la decepción de Maggie-. Maggie –continuó James-. Creo que eres una gran buscadora, pero considero que aún eres muy joven para controlar la tensión de ese puesto, y por esa razón he escogido a Nicole. A ti te pongo de reserva, si quieres; y si es así, me encantaría que vinieras de vez en cuando a los entrenamientos junto a los demás reservas.

Pese a que se la veía decepcionada, la chica medio sonrió e hizo un gesto ambiguo con el que le dio a entender a James que aceptaba la propuesta. Se marchó arrastrando la escoba y con la cabeza gacha.

- ¿Contenta? –le preguntó James a Nicole que seguía mirando a la pequeña-.

La respuesta a eso fue el grito de alegría de la muchacha y el hecho de que se le colgó del cuello entusiasmada.

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Remus estaba tumbado en su cama leyendo, cuando la puerta se abrió. Por ella Sirius asomó su cabeza, y al verle, sonrió con maldad. Remus dejó de lado el libro intrigado por esa expresión de triunfo en su amigo. ¿Habría encontrado a alguna chica? Bueno, imposible no era, pero sí improbable.

- ¿Tienes algo para mí? –le preguntó imitando la chulería de su amigo y levantándose de la cama. Él también podía jugar a ese juego.

Sirius rió, y miró detrás de él, a alguien que aún no se veía debido a que estaba tras la puerta. Abriendo lentamente la puerta, para darle más expectación, empezó a hablar imitando a los presentadores de los conciertos.

- No pensabas que la encontraría, pero aquí esta. –una vez la puerta estaba abierta, Remus pudo ver a una preciosa chica que le sonaba de haberse cruzado con ella alguna vez-. Moony, te presento a Michelle.

Remus miró con disimulo a la chica. Morena, con el pelo a la altura de la cintura y muy cuidado, un buen cuerpo y una bonita cara enmarcada con unos preciosos ojos verde aceituna. Sonrió, pues empezaba a sospechar la trampa en la que quería hacerle caer su amigo. Lo que Sirius no acababa de comprender, es que él ya le conocía demasiado. Michelle era el tipo de chica en la que su amigo se habría fijado, antes de empezar a salir con Kate. El atractivo era evidente, y se preguntaba si sus defectos también lo serían.

Haciendo un alarde de caballerosidad, cogió la mano de la chica y se la besó sonriéndola.

- Encantado de conocerte Michelle. –la dijo con los labios aún en su mano-.

La chica rió y cuando fue a responderle, Sirius la cortó.

- Remus mis deberes están en mi mochila –le dijo señalándole con la cabeza la mochila que había abandonado el día anterior a los pies de su cama-.

Remus alzó una ceja divertido. Así que no quería que la oyera hablar ¿eh?

- Michelle, ¿Puedes recordarme en qué casa estás? –la preguntó. Sirius hizo otro ademán de callarla, pero una mirada de Remus le bastó para que no lo hiciera, y comenzara a posar su peso de los talones a la punta de los pies, mientras miraba a todas partes menos a los otros dos.

- En Hufflepuff. –contestó la chica, y tras esto volvió a reír. Su voz era algo estridente, y su risa casi insoportable. Remus sonrío victorioso. Si Sirius creía que podría convencerle de que la consideraba tan buena como Kate, es que su amigo le subestimaba mucho-.

Sonrió a Michelle amablemente y, cogiéndole del brazo, apartó a su amigo a un lado de la habitación. Aún sonreía cuando le habló.

- Pad, ¿Me consideras gilipollas?

- ¿Qué quieres decir? –preguntó Sirius con fingida inocencia-.

- Que, o quieres hacer trampas en la apuesta, o tienes a Kate en muy baja estima.

- ¡Oye! La chica está muy bien y es simpática –protestó Sirius-.

- ¿Quieres decir que se puede comparar con Kate, tal y como estipulaba la apuesta? –preguntó Remus sonriendo aún más-.

- Vale... seamos claros, ninguna se puede comparar con Kate, pero las hay que se pueden acercar peligrosamente. ¡Tampoco es la única mujer del mundo!

- Padfoot tío, que has cogido a una chica muy vulgar... –rió Remus-.

- Moony, ¿Tú la has mirado bien? –dijo Sirius incrédulo, mientras miraba a la chica que repasaba el cuarto de los chicos sin ningún tipo de vergüenza-. Será algo simple de mente pero de vulgar nada... ¡Mírala!

Y fue hacia la chica, pasándola un brazo por la cintura y acercándola a él, de modo que ella no llegará a ver el gesto que le hizo de Remus repasando todo su cuerpo. La chica tampoco se habría dado cuenta del detalle, pues solo estaba pendiente del hecho de que Sirius Black la había llevado a su dormitorio y la tenía fuertemente sujeta. Se apretó más a él, pero Sirius tampoco se percató pues seguía mirando a Remus como quien explica por qué dos más dos son cuatro.

Remus rió por la escena que estaba ante sus ojos, pero al mirar detrás de la pareja, vio algo que le hizo enmudecer y su tez se volvió mucho más pálida.

- ¿Qué demonios está pasando aquí? –inquirió Kate furiosa al ver a su novio demasiado cerca de una guapa morena-.

- ¡Kate! –exclamó Sirius al verla, y se apartó de Michelle como si esta quemara-. Nada, estamos hablando –y buscó apoyo en Remus quien se adelantó para defender la postura de su amigo-.

- ¿Quién es esta y qué hace aquí?

- Me llamo Michelle y... –comenzó la chica sonriendo e intentando estrecharla la mano-.

- ¡A ti no te he preguntado! –exclamó Kate. Sirius y Remus dieron un paso atrás sorprendidos por la inusual reacción de la chica, que normalmente era muy calmada-. ¿Por qué la abrazabas? –se dirigió a Sirius acercándose peligrosamente a él, y su novio pudo ver que sus ojos azules centelleaban de furia-.

- Yo, no... no la abrazaba cariño...

- ¡A otro perro con ese hueso! –exclamó Kate enfureciéndose cada vez más-.

- Kate es verdad –interrumpió Remus con un dedo levantado como si la pidiera permiso para hablar-. Sólo estábamos hablando de... deberes –esta última palabra la dijo más bajo, dándose cuenta de lo débil que era su mentira-.

Kate miró a Remus con odio y el chico volvió a dar otro paso a atrás. Sin embargo, la morena ya había apartado su vista del chico y miraba a su novio con un odio irreconocible.

- Igual te crees que puedes tratarme de cualquier manera pero no es así. ¡No voy a dejarme faltar al respeto! Tengo más opciones ¿Sabes? –la gritó alzando su puño en el que un papel estaba arrugado-.

Sirius miró el papel desconcertado, y confundido por las palabras de su novia la preguntó mientras señalaba el papel:

- ¿Qué es...?

- ¡Oh no puedo creerlo! ¿Por quién me has tomado? –le interrumpió Kate perdiendo los papeles y golpeando a su novio en el pecho-. Si tan insignificante me consideras, lo mejor será que te de un tiempo para pensar en tus prioridades.

Y marchó corriendo de la habitación con Sirius intentando darla alcance y convencerla de que recapacitase de su decisión.

Remus se quedó con la boca abierta tras oír las últimas palabras de Kate. Miró a Michelle que continuaba en la habitación, y no parecía para nada afectada por haber sido la causa de esa pelea. De hecho, la chica estaba encantada de ser el motivo por el que Sirius Black parecía haber roto con su novia. Esto debían saberlo las demás chicas. ¡El soltero de oro de Hogwarts volvía a estar libre!

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James volvía al castillo tras elegir a la nueva buscadora, cuando vio a Lily en los jardines. La pelirroja parecía furiosa y estaba con la varita en la mano apuntando a un piedra a la que cambiaba de color y forma mientras su rostro se contraía y murmuraba palabras inteligibles.

- ¿Molesta por algo Lily? –la preguntó sonriendo divertido. La chica lo fulminó con la mirada antes de volver a torturar a su piedra. James la cogió por los hombros y la hizo balancearse un poco-. ¿Qué ha pasado?

- Nada que no se solucione haciendo explotar la habitación de chicas de Hufflepuff –murmuró Lily-.

- ¿Quieres que se lo proponga a Padfoot? –sugirió James divertido-.

Lily sonrió y le miró, esta vez con el agradecimiento en los ojos. Dejó la piedra en el suelo y se agarró al brazo del merodeador.

- A veces creo que no soy Gryffindor... –murmuró mirando al suelo mientras caminaba al lado de James-.

- ¿Por qué dices eso? –la preguntó-.

- Porque una Gryffindor no tiene miedo a nada, es valiente, y una niñata de Hufflepuff jamás la haría enmudecer.

- La valentía no es la ausencia del miedo, sino el saber que tienes miedo y aún así seguir adelante –dijo James, citando una frase típica de su tío-. Creo que eres una Gryffindor estupenda, Lily.

- ¿Y por qué no me atrevo a lanzarme? –preguntó ella, más para sí que para el moreno-.

- Habrá que ponerle remedio ¿no crees? –la dijo alzándola la barbilla y sonriéndola con confianza-.

- Ya...

- ¿Sabes? Creo que estás un poco confusa –la dijo mirándola a los ojos, y la chico asintió-. ¿Sabes lo que hago yo cuando quiero aclarar mis ideas?

- ¿Qué?

- Volar –y sonrió más ampliamente mientras levantaba su escoba, invitándola-.

Lily abrió mucho los ojos y comenzó a negar con la cabeza efusivamente. ¿Volar? ¿Ella? ¿Acaso no la había visto en primer año destrozar una escoba contra un árbol?

- Vamos, yo te llevo –la invitó James-.

Aunque seguía reticente, no opuso resistencia cuando él monto en la escoba dejándola espacio en la parte de adelante. Miró con poco entusiasmo el fino palo de la escoba.

- ¿Podrá con los dos?

- Esta podría con todo el equipo –rió James-.

Entonces Lily subió delante de James, aún con poco entusiasmo, pero teniéndole total confianza la chico. Con una fuerte patada al suelo, James elevó la escoba al tiempo que apretaba más sus brazos a la cintura de la pelirroja que se había puesto tensa.

- Tranquila, no te dejaré caer –la susurró al oído-. Ya verás que vistas...

Y la llevó por encima del castillo hacia el sur, donde se alzaban las montañas y el lago seguía más allá de ellas, a través de un pequeño riachuelo. Subió más alto, para que tuvieran una buena paronámica de todo el paisaje.

Desde allí arriba, el castillo no parecía tan imponente, y Lily comprendió entre otras cosas por qué era ilocalizable. Las altas montañas verdes lo escondían, nubes (ese día blancas por el buen tiempo) se juntaban en la cima de estas para cubrir del todo ese secreto de la magia. La sorprendió ver cómo el lago se hacía inmenso cuando pasaban una alta montaña, y terminaba en un gran embalse azul cristalino.

La belleza del paisaje hizo sonreír a la chica, que giró la cabeza para agradecérselo a James. Este la miraba atento a su reacción y sonrió al verla tan emocionada. En esa postura, pudo advertir que estaban a muy poca distancia y que podría besarla con sólo acercarse un poco más. No pudo evitar mirar sus labios, que le parecieron más apetitosos que nunca.

Sin embargo Lily, ajena a este hecho, giró de nuevo su cara para seguir admirando el paisaje, al tiempo que se relajaba apoyando su espalda en el pecho de James.

- Gracias por enseñármelo... no puedo creer que lleve siete años aquí y no lo haya visto nunca...

- No habría sido justo que te fueras sin disfrutar de ello –la susurró al oído abrazándola un poco más-.

- ¿Entonces qué crees que debo hacer? –le preguntó ella, retomando la conversación que habían tenido en los jardines-.

- ¿Sobre qué? –la preguntó él desconcertado-.

- La chica de Hufflepuff...

- Mmm... –murmuró James pensativo, apoyando su barbilla en el hombro de Lily-. No permitas que nadie se interponga en tu camino. Tu felicidad es más importante que nada.

- ¿Me lanzo, entonces? –preguntó dubitativa-.

James ya sabía a qué se refería, y por ello sintió una sensación muy amarga en el estómago. Así que había discutido con una Hufflepuff por ese chico... Se sintió idiota por esforzarse en tener con Lily momentos como ese, más típicos de una pareja que de dos amigos. De repente tenía la boca seca y la lengua postasa.

- Si eso te hace feliz... –la respondió, evitando decir que era precisamente lo que le hacía infeliz a él-.

Lily le sonrió con calidez. Sin embargo, James había perdido las ganas de continuar allí. Inclinó la escoba y ambos descendieron de nuevo hacia los jardines, donde algunos curiosos los miraron cuando aterrizaron.

- ¿Te he dicho ya que te quiero? –exclamó Lily sonriendo abiertamente al tiempo que se ponía frente a él-. Pues que te quiero mucho –dijo dándole un beso en la mejilla y marchándose hacia el castillo-.

- Y yo a ti Lily, y yo a ti –murmuró James mientras miraba la espalda de la pelirroja que ya estaba demasiado lejos para oírle-.

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Remus entró en la Biblioteca impaciente y mirando a todas partes. Al final vislumbró a la persona que buscaba sentada en el suelo, entre las estanterías del fondo. Kate no tenía buen aspecto. Su túnica estaba arrugada y recogida, sus pantalones estaban sucios del roce con el suelo, su pelo enmarañado mientras se le cogía con fuerza, y podía oír unos sollozos entre sus brazos, donde estaba escondida su cara.

- ¿Kate? –la susurró arrodillándose frente a ella y obligándola a mirarle. Vio unas gruesas lágrimas cayendo por la cara de la chica y las retiró con el pulgar-. Sirius te está buscando...

- Que me deje en paz... –susurró la chica. Ya no había la furia de hacía un rato, sino cansancio-. Dejadme todos en paz...

- No Kate, esto tienes que oírlo. No había nada raro antes, en serio. Es más, si alguien tiene la culpa de esa situación, soy yo –murmuró sintiéndose muy culpable-.

- Remus, no es solo lo de esta tarde. Es todo. Estoy hartándome de ser el segundo plano. De tener que ser la agradecida en esta relación. Es cierto que nunca he sido popular, ni tengo nada especial, pero si tengo una relación necesito que sea con igualdad...

Remus se quedó momentáneamente sin habla. Era cierto que muchas veces Sirius y los demás se comportaban de forma arrogante con él. Todo el mundo daba por hecho la suerte que había tenido Kate de salir con Sirius, pero sólo los amigos más íntimos sabían que él que había sido igual de afortunado por salir con esa dulce chica.

- Si alguna vez hace o dice algo que no debe, te puedo asegurar que no lo hace aposta. –la dijo-.

- Lo sé –murmuró ella-. Eso lo sé. Pero no va a dejar de hacerlo. –y le miró a los ojos, con los suyos aguados en lágrimas-. Y si tanto se jacta de que tiene más opciones, me parece que debe aprender a darse cuenta de que yo también las tengo.

- Si hablaras con él de esto...

- Hablaré con él cuando se de cuenta. Y hasta entonces prefiero alejarme una temporada. Díselo tú Remus. Que no se me acerque por un tiempo...

Y se levantó con aire derrotado, dispuesta a irse. Remus sabía que no había más que pudiera hacer por el momento, así que la abrazó en silencio para después dejarla ir.

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Lejos de Hogwarts y su maravillosa protección, dos hombres hablaban en susurros, pese a que el lugar estaba desierto. Estaban en una especie de sótano, pequeño, sucio y destartalado, además de que por apariencia parecía abandonado.

- No sé qué pretende Dumbledore con esto... Si al menos nos contara qué pretende. –habló el primero de ellos. Era alto, delgado, negro, y con el cabello corto. Tenía la cara ancha, con una poblada barba y unos ojos muy oscuros- Miraba con frustración una caja, igual a la que tenía su compañero, pero de diferente color, la suya de color marrón-.

- Albus no suele contar nunca el por qué de nada hasta que acaba la misión. Sólo nos queda ver qué hacemos cada uno con nuestra caja –dijo el segundo hombre sujetando fuerte su caja de color verde. Era algo más bajo que el primero, blanco, en apariencia algo más joven y con más corpulencia. Su cabello, un poco rizoso y algo largo, era castaño oscuro. Le daba una apariencia desgreñada, y algo jovial, enmarcando una cara cuadrada con una nariz recta y unos ojos marrones-.

- Esconderla según ha dicho... –murmuró el primero con resentimiento-.

- Y por separado también, Tomás. Pero no te preocupes, tiene un por qué. Dumbledore nunca hace nada porque sí.

- Lo sé Adam, pero resulta frustrante obedecer la ordenes a ciegas... –Tomás se mordió el labio inferior y después, dejó de mirar su caja para mirar a su compañero-. ¿Qué harás con la tuya?

- Se la enviaré a mi sobrino.

- ¿A Hogwarts? –preguntó abriendo mucho los ojos-.

- Sí. Ya oíste a Dumbledore, es el lugar más seguro hoy en día. Le diré a James que la esconda a fondo. Nunca se le ocurriría mirar allí.

- Eso espero Adam. No quiero problemas... mi hija está allí.

- No les pasará nada Tomás tranquilo. –le dijo Adam con confianza-. ¿Qué harás con la tuya?

- Bueno, mi esposa tiene una cámara de alta seguridad en Gringotts. Supongo que es un buen lugar.

- Sí, eso parece...

- ¡Que ironía! –dijo el mayor riendo-. Yo que la dije que pagar ese dineral era inútil y resulta que al final nos va a servir.

- No hay nada inútil amigo –le dijo Adam posando su mano en el hombro de su compañero-. Voy a irme a casa, va a anochecer y no es bueno andar solo por la calle en estos tiempo. Nos vemos en la próxima reunión.

Y salió por la puerta, que estaba algo desencajada del umbral. Cuando hubo tenido los pies fuera, giró sobre sí mismo y se desapareció del lugar.

Se apareció a las puertas de una gran verja, que rodeaba un amplísimo terreno. Apenas podía verse la zona de detrás de las vallas, pero a lo lejos, sobre la colina, se alzaba una gran mansión señorial. Adam observó el lugar un momento, antes de acercarse a un pequeño aparato colocado a un lado de la verja, invisible para quien no supiera de antemano su existencia. Posó su mano sobre él, y este lo identificó al instante, pues continuó con la rutina de hacerle la pregunta.

- ¿El lema de la familia? –dijo una voz impersonal-.

- El último enemigo que será derrotado es la muerte. –contestó el hombre. Y las puertas se abrieron dándole permiso para pasar.

Adam recorrió a pie todo el camino hacia la mansión, pues el terreno tenía puesto el sortilegio que hacía imposible aparecerse dentro del recinto de la casa. Cuando llegó, no necesitó llamar, pues la puerta se abrió en el mismo instante en que él puso un pie en el gran porche. De la puerta surgió una pequeña elfina, que se apresuró a saludar al recién llegado.

- Amo Adam, que bueno que ha venido. ¿Me permite el abrigo?

- Gracias Kira –la contestó este quitándose el abrigo y dándoselo a la elfina-.

- ¿El señorito quiere que le prepare su habitación?

Pero antes de que Adam la respondiera, una voz grave surgió de la oscuridad de una sala próxima al vestíbulo.

- ¿Qué haces aquí? –y Adam vio salir de allí a su hermano mayor. Charlus Potter siempre había sido un hombre imponente, que emanaba poder por la mirada y seguridad en sus movimientos. Sin embargo, jamás consiguió imponer un poco de respeto hacia su hermano pequeño-.

- ¡Hola Char! –le saludó este sonriendo como si su hermano le hubiera dado la mejor de las bienvenidas-. Sí Kira, prepárame mi habitación por favor.

- Adam, te repito ¿Qué haces aquí? –repitió Charlus aunque no detuvo a la elfina cuando esta corrió escaleras arriba para cumplir con el mandato de su hermano-.

- ¿No puede uno venir a ver a la familia? –sonrió este con arrogancia, un gesto que sin duda había heredado su sobrino. Sin embargo, al ver la grave mirada de su hermano, Adam se sinceró-. No están las cosas muy bien, y no quería ir a mi apartamento. En estos tiempos no es buena estar solo. Pero si quieres que me vaya...

- Sabes que jamás te echaría de aquí. Mi casa es la tuya, Adam –dijo mientras le invitaba a pasar al salón del que había salido-. ¿Quieres tomar algo? –le preguntó ofreciéndole un vaso de whisky de fuego que este tomó de inmediato-. ¿Te han seguido últimamente? –le preguntó con seriedad-.

- No más que de costumbre. –respondió el hombre bebiendo del vaso-.

- Si no estuvieras en esa ridícula Orden... –murmuró Charlus entre dientes-.

- Hermano alguien tiene que plantarle cara. Lleva siete años apoderándose de todo. Tenemos que impedírselo.

- ¿Y tienes que ser tú Adam? –le reprochó. Adam no respondió a esto. Sabía lo protector que era su hermano con respecto a su familia y la poca gracia que le hacía que él se expusiera tanto-. Estos meses las cosas han empeorado muchísimo...

- Lo sé Charlus, lo vemos cada día en la Orden. Cada vez más secuestros, más asesinatos, más atentados...

- Estoy pensando en llevármelos a todos fuera.

- ¿Fuera?

- No lo se, quizá a Francia, España... donde ese bastardo no esté. Adam vente con nosotros.

- Charlus –dijo Adam suspirando y dejando su copa en la mesa-. ¿De verdad crees que tu familia se irá de aquí sin más?

- ¿Qué quieres decir? Ya hablé de esto con Dorea y está de acuerdo en que es lo mejor. Buscaremos un lugar cuando los chicos acaben el colegio y nos llevaremos a James y Sirius de aquí.

- ¿Crees que ellos dos se querrán ir por las buenas? Me cuesta creer que dos chicos que aspiran a aurores quieran ir a un país tranquilo, dejando todo lo que quieren en una guerra.

- ¿Y qué esperas que se queden aquí? ¿Que entren en la Orden? –ante la mirada evidente de su hermano, Charlus dejó con tanta fuerza el vaso sobre la mesa que este se rompió-. ¡No voy a permitirlo Adam! ¡Ni se te ocurra hablarle a mi hijo de la Orden! ¡Ni sueñes con meterle allí! ¡Ya he visto vuestras tasas de mortalidad!

- Es decisión suya Charlus, el chico ya es mayor de edad.

- ¡No pienso permitirlo! –y agarró de la túnica a su hermano que seguía sin inmutarse-. No voy a dejar que mi único hijo vaya directo a una muerte segura.

- Él no es como tú, hermano. James se ha ganado a pulso el calificativo de Gryffindor, cosa que no puedo decir de ti, sobre todo estos últimos años.

- Adam que te quedé clara una cosa. James es mi hijo y Sirius como si lo fuera. Si alguien tiene derecho a tomar decisiones por ellos ese soy yo. Y te prohíbo que les hables de la Orden del Fénix. Aún son demasiado jóvenes para saber el peligro que supone y se lo tomarían como un juego de haber quién es más valiente.

- Se les hubieras observado más atentamente, habrías visto lo muchísimo que han madurado este año. Y siento decirte que tu advertencia ya llega tarde. Con Sirius no he hablado. Pero James ya sabe todo lo referente a la Orden, y lamento decirte que se ha mostrado muy interesado a entrar tras acabar en Hogwarts.

- ¡¿Quién te crees que eres para manejar a mi hijo de esa manera?! –gritó el mayor levantándose del sillón escandalizado-.

- Manejar a James es casi imposible Charlus –respondió Adam con una risa-. Y si me perdonas, iré a hacerle una visita a mamá antes de acostarme.

Y marchó oyendo tras de él todos los insultos que le dedicaba su hermano mayor.

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Lily corría por todo el castillo buscando a Mark. James tenía razón, lo que debía importarla era su felicidad, y debía ser valiente. ¿Miedo a rechazo? Pues sí, pero el que no se moja con pesca peces... ¿Qué más la daba a ella lo que un Hufflepuff reprimida pensara? Si ella no había podido conquistar a Mark todos esos años, era porque a él no le interesaba. Y por eso siempre había una posibilidad de que quien le gustara verdaderamente fuera ella.

Pero llevaba muchísimo rato buscándole y no le encontraba por ningún lado. ¿Dónde estaría? Se había saltado la cena para buscarle, pues no le vio en el Gran Comedor, pero tampoco estaba en la Sala Común de Hufflepuff ni en las cocinas, ni en los jardines, ni en la lechucería...

De repente le vio bajar por la escalera que daba al séptimo piso y fue hacia él.

- ¡Mark! –le llamó. Él la miró y la reconoció de inmediato-.

- ¡Lily! ¿Por qué no has venido a la reunión del club?

Pero no pudo preguntarla más, pues la chica se había abalanzado sobre él, rodeando sus brazos en su cuello y le había besado.

En primer momento se quedó estático y con los ojos muy abiertos, pero tras unos segundos en que tuvo tiempo de pensar con claridad y darse cuenta de que era Lily Evans quien le besaba, Mark Bennet la abrazó y la respondió gustoso al beso, tomando su nuca con la mano para impedirla separarse. Aunque separarse era lo que menos estaba dispuesta a hacer la pelirroja.

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Esto se terminó por hoy!!jejeje ¿Qué os ha parecido? La idea de la apuesta de Sirius y Remus no me acaba de convencer, pero necesitaba algo que hiciera sacar de sus casillas a Kate, y no es una chica fácil de alterar... Yo al menos si pillo a mi novio con una chica abrazada a él en su habitación, me molestaría mucho jejeje ¡Dame vuestra opinión de todo por favor!!

El título tampoco me gusta mucho, pero no tenía ni puñetera idea de qué titulo poner :S Lo siento por mi poca originalidad!!

¡Que sepáis que tengo el ordenador en contra de avadas así que si queréis insultarme, o lo que sea, debéis mandarme un review! Sé que la mayoría sois unos vaguetones y no queréis escribir, pero igual el odio acumulado os anima!!ya sabeis!!al go!!:P

P.d: Como máximo se aceptan crucios :P

"TRAVESURA REALIZADA"

Eva.