Capítulo IX: Oportunidad. Oscuridad.
Mis ojos no dejaban de arderme. Otra vez, como últimamente, me había quedado trabajando fuera del horario de oficina.
Además, tenía un incipiente dolor de cabeza.
Miré hacia la ventana, donde la ciudad se iluminaba con cientos de puntos de color. "¿En qué momento perdiste el control?", sólo podía preguntarme. "¿En qué momento cruzó por tu cabeza esa idea trastornada? Y lo que es peor, ¿qué la llevó a aceptar una cosa así?"
De nuevo, volví la vista sobre la pantalla de la pc.
¿Cuánto tiempo había pasado desde todo aquello?...
Tres semanas.
Tres semanas sin noticias.
Sólo tenía esa certeza: a pesar de mi dolor, Haruhi había logrado el cometido.
A esa hora, en que casi todo el mundo ya estaba en su hogar, Tamaki la esperaría en casa para cenar y haría lo que fuera necesario para hacerla feliz…¿cierto?
Como si mi pensamiento le hubiera llegado, mi celular sonó. Después de todo, por algo eramos tan amigos:
-¿Trabajando todavía?
-Sí. Ya sabes como es esto.
-¡¿Cómo te atreves a dejar sola a Haruhi?- gritó y sacudí el audífono de mis oídos. Tamaki, en ocasiones, seguía siendo este adolescente efusivo y arrollador.
- Ja. Linda broma, Tamaki…No vengas a mostrarme tus triunfos, porque en todo caso deberían avergonzarte.
- ¿Triunfos?
- Tamaki, ¿pasa algo?...¿Necesitas algo?...Estoy sumamente ocupado.- respondí ya molesto, había tocado la yaga más abierta en mí.
- Sólo…Quería saber cómo estaba Haruhi.
- ¡Tch!...¡Tamaki!...¿Qué quieres?...¿Qué te felicite?
- No sé en qué diablos estés pensando, pero no he visto a Haruhi desde hace algunas semanas…Y no me atrevo a llamarla, aunque contestara, no me atrevo…Por eso pensé en llamarte…
- ¿Qué estás…diciendo?- las palabras no podían cruzar mi boca.
- Ya te lo dije.
- ¿Ella no está contigo?
- No…¿Qué tanto te sorprende? – por un momento, mi mente se puso en blanco. ¿Dónde estaba? ¿Cómo estaba?...Pude escuchar la mueca en la voz de Tamaki.
- Ahora, lo comprendo…Pero, ¿lo comprendiste tú?
- ¿De qué hablas?...¿No tienes idea de dónde puede estar?- Sou respondió como si nunca me hubiera escuchado.
- Kyouya, sólo te diré algo, no te lo perdonaré si la dejas ir esta vez.- A continuación, sólo pude sentir el tono de llamada.
"¿Dejarla ir?..."
Después de abandonar la oficina, volví a mi casa.
La Señora Takarada, como buena nana, se había quedado esperándome, a pesar de la hora, junto con unos pocos empleados.
La saludé y le dijes que podían retirarse, que yo me encargaría de acomodar la mesa para cenar algo, aunque realmente no tuviera hambre.
A pesar de eso, ella se negó, entonces le pedí que me acompañara a comer.
Nunca antes me había molestado comer solo. De hecho, me sentía más cómodo así.
Pero desde que cenaba con Haruhi, me había acostumbrado a sentirme acompañado.
Y ante su ausencia, prefería hacerlo con la Señora Takarada.
Haruhi, otra vez. En todas las cosas.
A veces, odiaba que tantas cosas de mi vida se resumieran en ella.
- ¿Por qué no dejas de invadirlo todo?- dije muy bajito, sin pensar.
- ¿Sucede algo?
- Ah, no, nada…Solamente me quedé pensando en algo.
- Ya veo.- Se sentó en silencio, cerca de mí. - ¿No comes?
- Sí, aunque no tengo mucho apetito en realidad.
- Debes alimentarte mejor…Estás muy delgado y malhumorado.
- Nana, siempre he sido así.
- No siempre…Con la señorita Fujioka, comías sin chistar y no te comportabas como un dictador.
- ¡Nana!- dije sorprendido, a pesar de los años, ella nunca me había hablado así.
- Es la verdad.
- Pero…Ella ya no está aquí. Y así soy.
- Jovencito- dijo palmeando mi hombro- si tanto la echas de menos, ¿por qué no la buscas?...
- Yo…No tengo derecho a eso…Además, ¿de qué serviría?...Ella no-
- Ella se casó contigo después de todo, te ha cuidado y la he visto llorar por ti…
- Es que…No hay posibilidad…Ella no podría…No podría…
- Joven Kyouya, nunca sabrás qué pasará si no lo intentas.- manifestó, mientras se marchaba hacia la cocina.
En un momento, regresó con un papel en la mano.
- No pierdas tiempo. Esta es la dirección que me dejó, a donde debía mandar sus cosas cuando tuvo que dejar la casa. Podrías empezar por aquí…
- No estoy seguro…No sé si sea lo mejor, Nana…Entiendo tu preocupación, pero yo…estaré bien…No te preocupes.-Intenté sonreír lo mejor posible.
- Quizás hoy puedas soportarlo, ¿pero podrás pasar el resto de tu vida con la incertidumbre de lo que podría haber sido?
Tomé el papel que la Señora Takarada había dejado junto a mí, sobre la mesa.
" ¿Podrás pasar el resto de tu vida con la incertidumbre de lo que podría haber sido?"
¿Podría?...¿Realmente podría?
Intempestivamente, guardé el papel y salí de la casa.
Tachibana iba detrás de mí, cuando iba a buscar el auto.
- Voy a salir un momento.- Comenzó a alistarse- Pero voy solo.
- Joven Ootori.
- Estaré bien.
Salí de la casa, cargué en el GPS la dirección.
Tras veinte minutos de viaje, llegué a un edificio normal, sin grandes lujos, cerca de la universidad.
Cuando el guardia de seguridad me detuvo en la entrada, pregunté por ella.
Este llamó al recepcionista, que cuando estuvo frente a mí, me examinó con la mirada.
- Ah, supongo que tu eres…Ese muchacho, ¿cierto?
- Señor, busco a la señorita Haruhi Fujioka.
- Llegas tarde…Ella ya se fue.
- ¿Se fue?
- Hace un momento, salió hacia el aeropuerto, hace como una hora…A tomar su vuelo.
- ¿Vuelo…?- volví corriendo al automóvil.
Lo puse en marcha. Y a toda velocidad, comencé a cruzar las calles.
Otra vez, la lluvia pesada caía sobre el parabrisa. Las luces que iluminaban las avenidas se volvían un poco difusas.
Mi vista variaba desde el reloj a la ruta. Podía sentir con cada minuto que pasaba, como si ella se escurriera de mí.
Pero esta vez, no iba a permitir que fuera tan fácil.
Esta vez, debía ser claro. Tenía que escucharme lo que me he guardado por todos estos años.
Realmente la Señora Takarada tenía razón; no podría perdonármelo si hubiera fracasado sin haberlo intentado.
Acelero más. No puedo dejarla ir.
Siento un estallido en mis oídos. Todo se llena de una enorme cinta negra que no me deja ver nada más.
¿La lluvia me está golpeando el rostro…?
Diablos, no voy a llegar a tiempo.
No puedo recordar nada más.
