Mejores Amigos
By Peace Ctrl
Capítulo Nueve
Había calculado media hora para que despertase. En ese corto tiempo, ya había enviado a Karin a comprar víveres, le había dicho a Suigetsu que buscase algo de agua y me había preparado a mí misma para todos los reproches que vendrían cuando abriese los ojos. Parecía tan en paz durmiendo, que cualquiera pensaría que se trataba de cualquier joven común y corriente viviendo en cualquier pueblo.
Suspiré con pesar mientras volvía a cambiar las vendas que tenía en su cabeza. Cuando volví a recostarle, me mordí el labio mientras miraba a la nada. Era media hora para cualquier persona normal, pero él era Sasuke. Debería de haber despertado hacía ya diez minutos.
-¿Cuándo va a despertar? Parece un bello durmiente -masculló Suigetsu, divertido-.
-Cállate -ordené. Tragó saliva duramente y asintió, nervioso-. Esto no es una broma. Konoha está cerca, y podría apostar todo lo que tengo a que están buscándonos. Karin, ¿no notaste ningún cambio?
La aludida levantó la mirada, con los ojos ensanchados. Se acomodó sus anteojos y meneó la cabeza.
-Me mantendré alerta, Sakura-san.
-Por favor -le pedí-.
En ese momento, volví mi vista a Sasuke. Hizo una mueca con la boca, y sus ojos se entreabrieron, acostumbrándose a la luz. Para mi sorpresa, y orgullo al mismo tiempo, se sentó rápidamente sin ningún esfuerzo. Escudriñó a todos y al lugar con la mirada. A juzgar por su ceño relajado, todo estaba mínimamente en orden. Suspiró cansinamente, y miró hacia la ventana.
Crucé mis piernas, sentada como estaba, a unos pocos centímetros de la cama de Sasuke. Karin lo miró con una ceja levantada, de pie frente a él. Suigetsu lustraba su espada, y Juugo también observaba la ventana.
La oscura mirada de Sasuke se detuvo en mí, y me fulminó con sus ojos, con recelo. Siempre sucedía lo mismo cuando le desmayaba.
-No te quejes -me atajé, cruzándome de brazos-.
-No puedes desmayarme cada vez que se te dé la gana -masculló-.
-Claro que puedo -dije sonriendo arrogante-. Y voy a hacerlo cuando sea necesario.
Rechinó sus dientes y sonreí triunfal.
-¿Dolor en algún lado? -pregunté-. Debo informarte que casi pierdes un riñón. Tienes suerte de que no he tenido que operar -suspiré-. Una lástima. Habría sido genial.
Suigetsu levantó una ceja, divertido. Karin ensanchó los ojos, y Sasuke me volvió a fulminar con la mirada. Le sonreí.
-Mi brazo derecho -se limitó a decir-.
Asentí e inmediatamente me dispuse emanar chakra con mis manos. Las posicioné donde él me indicaba, y comencé la sanación. Luego de unas muecas de dolor por parte de él, finalmente estuvo listo. Era sólo un dolor muscular.
-¿Alguien tiene alguna pista sobre Itachi? -preguntó de repente-.
-¡No estás en condiciones de pensar siquiera en ello! -exclamó Karin, nerviosa. La apoyé asintiendo con mi cabeza-.
-He oído cosas sobre Akatsuki en conjunto, pero nada sobre Itachi en especial... -dijo Suigetsu, sin embargo. Karin se encogió de hombros-. Están detrás de gente específica... Gente con chakra especial.
Me estremecí, sabiendo a qué podían estar haciendo referencia. Sasuke se hizo el distraído.
-¿Chakra especial? -dijo incrédulo. Demonios, era un actor demasiado bueno-.
-Los animales me dijeron que Akatsuki tiene varias bases de actividad -continuó Juugo, mirando con cariño el ave que había en su hombro-. Dicen que de ahí se siente un chakra extraño y desagradable.
Hice una mueca de desconcierto, mientras Sasuke bajaba la cabeza, derrotado. No era suficiente como para armar un buen plan. Habría que seguir buscando. En eso, Suigetsu soltó una risita ahogada.
-Nunca hubiese pensado que un par de animales estúpidos pudiesen sensar chakra... -dijo con una sonrisa socarrona. Levanté una ceja, sin saber cuál era su punto-. Sin embargo, 'animal estúpido' describe a Karin bastante bien, así que creo que tiene sentido después de todo.
No pude evitarlo, se me escapó una risita. Observé divertida como Karin golpeaba a Suigetsu sin piedad, hasta que un aleteo me distrajo. El ave en el hombro de Suigetsu había volado, y pude notar una pequeña vibración en su hombro. Fruncí el ceño, preocupada.
-¡Oh, vamos! ¡Ya basta! -exclamó Suigetsu, todavía riendo, mientras esquivaba los puños de la pelirroja derritiéndose y volviéndose a solidificar-.
-Matar... -su repentina voz grave y aterradora hizo que me estremeciese. Las manchas negras del sello comenzaron a expandirse, tomando parte de su rostro y hombro derecho-. Quiero matar... A alguien... Cualquiera...
La sed de sangre, indescriptible pero aterradora, también la sintieron Juugo y Karin, que se detuvieron y observaron a Juugo atemorizados. Me puse de pie inmediatamente, sosteniéndole los dos brazos. Los otros dos no tardaron en venir a ayudarme, y aproveché para poner mis manos en su cabeza y sensar las señales cerebrales que tenía durante un ataque. Cerré los ojos en concentración, mientras liberaba chakra médico.
-¡Mierda! ¡Juugo enloqueció de nuevo! -exclamó Suigetsu-.
Ensanché los ojos. Había descubierto que estaba teniendo un dolor de cabeza terrible. Las dimensiones eran enormes, no podía controlarlo con una terapia médica nada más. Me esforcé lo más que pude intentando calmar su dolor.
-¡Apúrate, Sasuke! -pidió Karin, que intentaba sostener su torso-.
Vi que no tenía sentido, así que corrí junto a Sasuke, me puse en cuclillas a su lado y le comenté lo descubierto. Él asintió y activó su Sharingan, mirando a Juugo amenazadoramente.
-Tranquilízate, Juugo -ordenó, y mientras él se perdía en los ojos rojos de Sasuke, observé atontada como el sello se retraía, sus pupilas y sus ojos volvían a tener un color natural, y cómo caía en brazos de Suigetsu y Karin, pidiendo perdón por el descontrol.
Ensanché los ojos y volví a la realidad cuando el peso de Sasuke se depositó sobre mi hombro, su respiración acompasada resoplando en mi cuello. Se había quedado dormido. Y no había hecho tiempo de decirle acerca de el perro rastreador de Kakashi. Maldita sea. Me mordí el labio con remordimiento, luego me iba a reprochar por no habérselo dicho antes. Ni modo. No tenía chakra, y el mío también estaba bajo por las curaciones. Tendría que esperar a que despertase.
Hice que se recostase lentamente, apoyando su cabeza de nuevo en la precaria almohada. Miré al grupo, que me observaba acomplejado.
-No tiene chakra -aseguré-. El Sharingan lo terminó de agotar -Karin asintió en entendimiento. Yo endurecí me expresión-. Escúchenme. Quiero que todos oculten sus presencias por ahora. Suigetsu, tú no saldrás de aquí con tu espada. Llama mucho la atención -chasqueó la lengua en molestia, pero no le presté atención-. Emm... Karin, necesito que rastrees nuestros alrededores cada media hora, por favor -volvió a asentir-. Y Juugo... Bueno, me temo que si te da otro ataque tendré que desmayarte a tí también. Procura mantenerte bajo control, ¿sí? -asintió avergonzado-.
Me mordí el labio de nuevo, ante la idea de que Naruto pudiese estar cerca. Era un hecho. Probablemente era un equipo rastreador, por lo que deberían de estar también Hinata o Neji con su Byakugan y Kiba con Akamaru. No tenía ninguna otra pista.
Caminé hasta mi bolso y saqué algo de comida para todos. Sasuke ya comería cuando volviese a despertar (estaba preocupada por eso. Tendría que haber comido la primera vez que despertó) pero nosotros lo necesitábamos. Por suerte no estábamos en falta de eso, así que la repartí y di a todos una buena porción.
Mis pensamientos se remontaron hasta hace ya tres años, cuando la batalla entre mi equipo había terminado en división. El corazón de Naruto roto. Y yo no había podido explicarle... Cómo había deseado explicar. Lo recuerdo como si hubiese sido ayer. Aunque me hubiese gustado olvidarlo.
Cuando me di cuenta, habían pasado dos horas más. Suficiente, pensé. Miré a mi alrededor y Hebi estaba holgazaneando como yo hasta ese momento. Me detuve en Karin. Parecía algo nerviosa.
-¿Sucede algo? -pregunté, y su cabeza pelirroja volteó hacia mí. Fruncí el ceño-.
-Esto, bueno, no lo sé...
-¿Nos están siguiendo? -fui al grano. Noté como Juugo y Suigetsu también ponían su atención en nuestra conversación-.
-Eso creo. Los chakras son débiles y casi indetectables. Y están cerca, pero no se dirigen a ningún lado. Quiero decir, se están moviendo. Pero hacia ningún lugar en especial.
-Nos están siguiendo -afirmé, entonces-. Demonios Karin, tendrías que haberlo dicho antes -mascullé-.
-Lo siento -se disculpó-. Parecían sospechosos, pero no quería alar-
-No te preocupes -la interrumpí-. Suigetsu, Juugo, junten sus cosas. Nos vamos.
Me puse de pie y me acerqué a Sasuke, dispuesta a despertarle. Antes le tomé el pulso, y le hubiese tomado la presión si no fuese porque estábamos apurados. Sacudí un poco su hombro izquierdo y le llamé suavemente. Esto iba en serio, y no estábamos en la guarida de Orochimaru como para despertarnos como animales.
-Sasuke -llamé una vez más-.
Abrió los ojos un poco, reorientándose. Cuando -calculé yo- se dio cuenta de la situación en la que estábamos los ensanchó un poco más y se sentó a duras penas. Ya debería de haber recuperado casi todo su chakra, luego de dos horas de reposo. Aunque no me extrañaría si siguiese un poco débil.
-¿Qué hora es? -preguntó con voz soñolienta, y podría jurar que disimuló un bostezo-.
-Han pasado dos horas -dijo Suigetsu-. Karin dice que nos están siguiendo los shinobis de Konoha.
Instintivamente volteó hacia mí, tal vez esperando ver alguna reacción. Sonreí y asentí, avalando lo que él había dicho.
-Hoy temprano me cruzé con uno de los perros de Kakashi-sensei -dije, y frunció el ceño. Los otros nos miraban atónitos-. Probablemente esté con Naruto y un equipo de rastreo -el sólo hecho de pronunciar su nombre hizo que una punzada de dolor me recorriese y que se me erizase la piel-. Tal vez Inuzuka, y alguno de los Hyuuga.
Asintió, algo sorprendido por lo bien que lo estaba sobrellevando.
Solía quedarme muda cada vez que escuchaba alguno de los nombres de mis antiguos compañeros en boca de alguien. Y de repente comenzaba a hablar de ellos. Pero la situación había cambiado. Ya no podíamos argumentar secuestro por parte de Orochimaru ante la aldea. Éramos ninjas renegados hechos y derechos. Me angustiaba un poco.
Se puso de pie, algo molesto -podía notarse en sus movimientos bruscos- y buscó su bolso.
-¿Qué deberíamos hacer, Sasuke?
A estas alturas, la pregunta de Karin ya parecía tener una respuesta obvia. Me puse de pie y también comencé a rearmar mi mochila. Me hice una nota mental para agradecerle a Sasuke que habíamos parado en la guarida Uchiha, ahora al menos estábamos bien cubiertos de suplementos medicinales.
-Huir -contestó, y mirándola a los ojos-. Preparen todo, salimos en diez minutos. Juugo, toma el mapa y marca cada escondite de Akatsuki que hayas descubierto -ordenó-.
Al menos comprobé que no había perdido la memoria de lo que habíamos hablado. Salimos unos minutos después a las puertas de la vieja villa, y nos pusimos nuestras capas. Miré a Sasuke, algo preocupada. Debería de seguir un poco débil, y se estaba recuperando demasiado rápido para mi gusto. O sea, no se estaba recuperando nada. Estaba fingiendo estar bien, o algo por el estilo, de seguro.
-¿Todo listo, Sasuke? -pregunté algo desconfiada-.
-Sí. Absorber el poder de Orochimaru realmente mejoró mi tiempo de recuperación.
Ensanché los ojos, no podía creerlo. Ya discutiría con él unos cuantos asuntitos más tarde. ¿Qué era eso de absorber el poder de... Orochimaru? Yo creía como una idiota que lo había asesinado y ya. Ugh, que estúpida. Debí suponer algo por el estilo. Seguramente todo sucedió en medio de un genjutsu. Que imbécil.
Lo fulminé con la mirada, y él sólo me miró inexpresivo. Sí, definitivamente tendría una buena charla con él.
Quitó sus ojos de mí y los posó en el bosque al que probablemente nos dirigíriamos para hacerles perder el rastro.
-Sakura-san cree que son de Konoha, pero bien podrían ser de Akatsuki -opinó Suigetsu-. De cualquier modo, creo que deberíamos hacerles frente. La Hoja podría tener información de Itachi, y Akatsuki también. No perdemos nada.
-Sí, claro, excepto nuestras vidas -masculló Karin, sarcástica-. ¿Qué piensas, Sasuke?
-¿Cuántas personas rastreaste?
-Siete -respondió segura-. Y varios perros ninja.
-Ten por seguro que es Konoha, entonces -intervine-. Akatsuki se mueve en grupos de dos. Y los perros ninja son una característica de nuestro antiguo sensei y un compañero, Inuzuka Kiba.
Volvieron a ensanchar los ojos ante la mención de nuestro maestro.
-Emboscarlos sería una pérdida de tiempo -opiné, cruzándome de brazos-.
-Estoy de acuerdo -habló Sasuke-. No nos meteremos con Konoha -casi, casi solté un suspiro de alivio-.
-¿Y qué haremos, entonces? -preguntó Karin-.
-Encontrar Itachi -aseguró con convicción-. Si lo encontramos, entonces el peor escenario sería que ustedes tuviesen que luchar contra Konoha.
Volteó hacia a mí para saber si estaba de acuerdo. O si podría lidiar con ello. Asentí, aunque no estaba muy segura. Sacó de dentro de su capa el mapa que había trazado Juugo, con las dos ubicaciones que había encontrado. Nos lo mostró a todos.
-Por ahora nos moveremos como 'Hebi', y seguiremos lo que Juugo ha descubierto.
Volvió a mover el mapa para que lo viésemos todos y luego me lo entregó a mí. Así era por lo general. Creía que las mujeres eran un poco más exacta en todo lo que fuese viajes, así que yo solía guardar mapas y direcciones. Lo metí dentro de mi capa y sonreí.
-De acuerdo -musitaron todos-.
Comenzamos a caminar lentamente, para no llamar la atención en aquel pequeño pueblo, pero la mano de Karin sobre mi hombro me detuvo. Nunca sabrá lo cerca que estuvo de perder un brazo.
-¿Perdón? -le dije, molesta-.
Me di la vuelta y noté que también había detenido a Juugo. Por supuesto que Suigetsu y Sasuke lo habían notado, pero siguieron caminando, ignorándonos.
-Creo que tengo una idea -dijo la pelirroja, sacando de su bolso las ropas quemadas de Sasuke-.
Levanté una ceja y Juugo la miró curioso.
-Juugo, ¿crees que esos pájaros puedan hacerte un favor más?
-¿Qué quieres?
-Esta es la ropa que Sasuke tenía -dijo con una sonrisa socarrona-. Están empapadas de su olor y sudor...
-¿Qué estás haciendo tú con la ropa usada de Sasuke-sama? -preguntó Juugo inocentemente-.
Se me escapó una carcajada, y Karin nos fulminó con la mirada, abochornada.
-Creo que ya entiendo lo que quieres decir -dije, todavía riendo un poco-. Si llevamos esas ropas a otro lado, el olor de Sasuke se dispersará. Y así los perros ninja no podrán seguirnos, ¿verdad?
Ella asintió, sonriendo arrogante. Había que admitirlo, era una idea bastante inteligente.
-Hm, bien pensado. Juugo, ¿puedes hacerlo?
-Claro.
Cortamos la ropa en trocitos pequeños y le dimos uno a cada pájaro que Juugo llamó. Él les ordenó dispersarse, y obedecieron. Supuse que su relación con las aves era parecida a la de Kiba con Akamaru, refiriéndome a cómo se entendían y todo eso.
Cuando terminamos, al cabo de quince minutos, corrimos para alcanzar a Sasuke. Seguían en la villa, por lo que continuaban caminando despacio y haciéndose pasar por turistas. Aunque bien era bastante difícil ignorar su presencia.
Cuando finalmente salimos de aquella aldea, nos adentramos en el bosque y comenzamos a viajar -yo ya estaba un poco más tranquila por haber dispersado su olor-, un poco más rápido. La guarida más cercana que Juugo nos había indicado estaba a unos quinientos kilómetros al oeste, y sabíamos muy bien que jamás lo lograríamos en lo que quedaba del día.
El sol comenzó a ponerse alrededor de las seis de la tarde, y si bien no nos importaba mucho la llegada de la oscuridad -es más, nos beneficiaba, considerando que probablemente estábamos siendo buscados por Akatsuki y Naruto-, el frío no tardó en hacerse notar y pronto tuvimos que detenernos puesto que nuestros pies y manos comenzaban a entumecerse.
Entonces caímos al suelo del bosque, esta vez no había un claro ni nada, pero era mejor así. No estábamos demasiado cansados, pero no podíamos continuar viajando en ese frío y Sasuke necesitaba descansar, en mi opinión. No me tragaba todo ese cuentito de Orochimaru. Además, vamos, uno no sale de asesinar a Deidara de Akatsuki para luego de unas seis horas continuar buscando a su hermano. Descansar era razonable. Y necesario. De última, si no me escuchaba, lo desmayaría de nuevo. Pero me escucharía. Soy la médica del grupo, ¿verdad?
Me senté contra un árbol y busqué mis fósforos y los observé, dudosa. No estaba segura si prender una fogata o no, así que decidí preguntarle a Karin si había alguien cerca, o algo. Y sí, tenía fósforos aunque pudiese hacer un Katon con igual facilidad. Uno nunca sabe.
-¿Karin? -llamé, al menos todavía podía ver en el medio del ocaso-.
-¿Huh?
-¿Hay alguien siguiéndonos? Quiero saber si puedo encender fuego o no.
-No. Los de la Hoja siguieron hacia el Norte, aunque había uno que estuvo bastante cerca durante un tiempo. Luego se desvaneció. Probablemente haya sido un Bunshin o algo -explicó-. Pero ahora estamos solos a unos cinco kilómetros a la redonda.
Sonreí, sabía por qué Sasuke la había elegido. Era bastante eficiente. Me dolía pensar en la angustia que estábamos haciendo pasar a Naruto, pero todo era necesario... Así que intentaba no pensar demasiado en ello. Me acerqué a un árbol en cuyo pie había varias ramas caídas, y las amontoné en el centro de donde estábamos. Las encendí con un par de fósforos -eso se llama ahorrar chakra estúpidamente- y dejé que el fuego creciese solo. Casi llamados por la creciente luz en el medio de la oscuridad que avanzaba, nos fuimos sentando cerca de él. Sasuke estaba en el árbol a mí derecha, podía sentir su chakra, arriba de nosotros. Bastante más arriba, diría unos cincuenta y pico de metros.
-¿Sharingan Kakashi, huh? -dijo Suigetsu, divertido, poniendo algunas galletas al fuego-. No sabía que su sensei había sido él.
Le dediqué una sonrisa de complicidad y asentí.
-Creí que no aceptaba alumnos -agregó Karin, levantando una ceja; sentándose-.
-Mhm. Fuimos los primeros -dije en voz baja-.
Sabía que a Sasuke no le agradaba que hablase de nuestra anterior vida. Porque había sucedido algo parecido: Habíamos vuelto a nacer. Mis dos compañeros -los más dispuestos a hablar, Juugo no era del tipo conversacional- miraron al fuego asimilando la información.
-Entonces es verdad -dijo Suigetsu-. Su grupo acabó con Zabuza-sempai.
-Así es -dije mirando al fuego yo también-. Fue una de nuestras primeras misiones juntos.
Sonreí y continuamos hablando de vanalidades durante unos cuarenta minutos más, hasta que se hizo un incómodo silencio. Ya habíamos comido, recolectado fruta y habíamos añadido leña a la hoguera unas tres veces. Suspiré pesadamente y tomé algunas frutas, poniéndome de pie. Alegué que se las llevaría a Sasuke y salté hacia las ramas del árbol.
Lo encontré justo donde pensé que estaría, sentado con los ojos cerrados apoyado en el tronco del árbol. Cualquiera pensaría que estaba durmiendo, pero le conocía demasiado bien como para confundirme.
-Sasuke -llamé-.
-Hmm -respondió, sin abrir sus ojos y con los brazos cruzados-.
Fruncí el ceño. Por supuesto que sabía que iba a venir a hablar con él, y de seguro había estado pensando sus respuestas desde hacía unas cuantas horas. Me acerqué despacio y me senté junto a él, sin perderlo de vista.
-Tenemos que hablar.
-
-
------------------------------------------------------------
+[Author's Note]+
Hooola! :D
Espero que les haya gustado el capítulo. Me costó Muchísimo hacerlo, en serio, y les pido disculpas por no haber actualizado el lunes pasado; pero no tenía internet (Y necesito el manga para escribirlo bien) y la inspiración se había esfumado. Pero, más vale tarde que nunca, ¿no?
Prometo que en el capítulo que viene aclararé un poco las dudas que puedan haber sobre el pasado de Sasuke y Sakura. Sí, los tres años pasaron demasiado rápido a propósito. Se viene la tensión y la emoción, ¡vamos todavía! xD
Disclaimer applied.
-
+[Peace Ctrl]+
-------------------------------------------------------------
