Disclaimer: La historia pertenece a Heidi Betts y los personajes a Hiro Mashima.


–Te prometo que con tanto jaleo me están entrando ganas de meterme yo en ese horno.

Lucy levantó la cabeza de los pequeños montones de masa que estaba salpicando de pasas para mirar a tía Stela, que estaba metiendo una bandeja en el horno industrial. Lo cerró con un golpe seco.

No había sido fácil acostumbrarse a los ruidos y al ir y venir de los obreros. Lucy se había disculpado muchas veces con los clientes y también había puesto un par de carteles pidiendo perdón por las molestias y los ruidos.

Por suerte no estaba entrando polvo en la panadería, pero los clientes ya no podían disfrutar tranquilamente de un té y un pastel.

–Terminarán pronto –tranquilizó a su tía, repitiendo la frase que el capataz había estado diciéndole a ella toda la semana anterior.

Teniendo en cuenta que la reforma estaba progresando mucho, tenía la esperanza de que pudiese estar terminada en tan sólo una o dos semanas más.

–Y tienes que admitir que es todo un detalle que Natsu esté haciendo todo esto por nosotras.

Tía Stela resopló.

–No te engañes, cariño. No lo hace por nosotras. Lo hace por él mismo, y para tenerte dominada, y tú lo sabes.

Lucy no respondió, sobre todo, porque pensaba que su tía tenía razón. No le cabía la menor duda de que Natsu no estaría allí si no tuviese algo que ganar.

Quería estar cerca de Nashi y, de hecho, pasaba casi todas las noches en casa de tía Stela con ellos. Natsu ayudaba a dar la cena a Nashi, la bañaba y la acostaba.

Había insistido en que Lucy lo enseñase a cambiarle el pañal y lo hacía casi tantas veces como ella. Jugaba con la niña en una manta en el suelo, la paseaba, la llevaba al parque, aunque fuese demasiado pequeño para disfrutarlo realmente.

Era todo tan natural, tan… agradable.

Pero tal y como le acababa de recordar tía Stela, no debía olvidar que todo lo que Natsu hacía, lo hacía por algo. Quería conocer a su hija, cosa comprensible e incluso aparentemente inocente.

Pero también era posible que tuviese otros motivos.

En esos momentos, Natsu estaba utilizando la reforma y la ampliación de la panadería como excusa para estar cerca de su hija y para ocupar su tiempo mientras Naahi se echaba sus frecuentes siestas, pero ¿qué ocurriría después?

¿Qué pasaría cuando decidiese que ya conocía a Nashi lo suficiente y quisiese llevársela a Crocus para que ocupase el lugar que debía ocupar en el árbol genealógico de la familia Dragneel? ¿Qué ocurriría cuando se aburriese de la ampliación de The Sugar Fairy y de la vida de Magnolia? ¿Y por qué se molestaba ella en hacerse esas preguntas cuando ya conocía las respuestas?

Durante las dos últimas semanas, Natsu le había recordado más que nunca al hombre del que se había enamorado. Había sido amable y generoso, dulce y divertido. Le abría las puertas para que pasase, se prestaba voluntario a recoger la mesa después de las comidas y llevaba a su hija a dormir.

Y la tocaba. No de manera abierta ni sexual, sólo un roce con los dedos de vez en cuando, en el brazo, en el dorso de la mano, en la mejilla al apartarle un mechón de pelo de la cara y metérselo detrás de la oreja.

Ella intentaba no darle demasiada importancia a aquellos pequeños gestos, pero no podía evitar que se le acelerase el corazón. Tía Stela se había quejado más de una vez de que en casa o en panadería hacía demasiado frío, pero cuando la presencia y las constantes atenciones de Natsu hacían que a Lucy le subiese la temperatura, lo único que podía hacer para luchar contra ello era poner el aire acondicionado.

Natsu empujó las puertas de la cocina y a ella estuvo a punto de caérsele la cuchara que tenía en la mano. Volvió a subirle la temperatura, notó que se ruborizaba y que empezaba a sudar. Al menos en esa ocasión podría echarle la culpa a los hornos y al trabajo.

–Cuando tengas un minuto –le dijo Natsu–, deberías venir a ver qué opinas.

La reforma está casi terminada y los obreros quieren saber si quieres que hagan algo más antes de marcharse.

–Ah –dijo ella, levantando la cabeza.

Había pasado a ver la obra un par de veces, pero no Había pasado a ver la obra un par de veces, pero no había querido molestar. Además, Natsu había estado tan pendiente de todo que, en realidad, su presencia y opiniones no habían sido necesarias.

Pero en esos momentos, con la reforma casi terminada, se puso nerviosa y tuvo ganas de ver cómo había quedado. Quería empezar a imaginarse trabajando allí, metiendo en cajas las delicias que enviaría por correo, supervisando a los trabajadores que tendría que contratar, si es que su idea tenía tanto éxito como esperaba. Miró un segundo a tía Stela, dejó la cuchara en el cuenco que tenía delante y se limpió las manos en un paño limpio.

–¿Te importa? –le preguntó a Stela.

–Por supuesto que no. Ve, cariño –le dijo ésta, acercándose para continuar con las galletas–. Yo terminaré esto y, cuando vuelvas, tal vez sea yo la que vaya a echar un vistazo.

Lucy sonrió y le dio un beso a su tía en la mejilla, luego se quitó el delantal y siguió a Natsu. Oyó los martillazos antes de llegar a la puerta del local de al lado, pero ya casi se había acostumbrado, lo mismo que sus clientes habituales.

Natsu le abrió la puerta que comunicaba la panadería con el otro local y apartó la lámina de plástico grueso que habían puesto delante de ella para evitar que pasase el polvo. Lucy entró delante de él y suspiró al mirar a su alrededor. El local estaba precioso. Jamás lo habría imaginado así.

Las paredes estaban llenas de estanterías a varias alturas y de varios tamaños. Habían arreglado también el suelo y el techo y la pintura hacía juego con The Sugar Fairy

–¡Oh! –gritó Lucy.

–¿Tiene tu aprobación? –le preguntó Natsu en tono divertido.

Y ella estaba segura de que se había dado cuenta de que le temblaban las manos y tenía los ojos llorosos de la emoción, pero aun así consiguió decirle en un susurro:

–Es increíble.

Giró sobre sí misma para volver a verlo todo y su asombro creció todavía más. No se paró a pensar cómo había sido posible ni de cuánto habría costado. Sólo sabía que disponía de ese local para ampliar el negocio de su vida. Dio un gritito, abrazó a Natsu y lo apretó con fuerza. Él la rodeó con ambos brazos por la cintura casi inmediatamente.

–Gracias –murmuró Lucy–. Es perfecto.

Cuando se apartó, vio que Natsu tenía una expresión extraña en el rostro, pero entonces se acercó a ellos el capataz, tan oportuno como siempre.

–Parece que le gusta cómo ha quedado –comentó con una sonrisa, dirigiéndose a Natsu

Teniendo en cuenta que Lucy todavía estaba abrazando a su exmarido, era fácil llegar a esa conclusión. De repente, sintió vergüenza, se aclaró la garganta y retrocedió para poner una distancia más respetable entre ambos.

–Sí, parece que le gusta –respondió Natsu.

–Jamás habría imaginado algo así –les dijo ella a los dos hombres–. A pesar de haber visto los planos, no pensé que iba a quedar tan bien.

–Me alegro de que le guste. Si quiere que hagamos algo más, o que cambiemos algo, hágamelo saber. Estaremos aquí terminando algunos detalles.

Lucy no quería cambiar nada, pero mientras los dos hombres hablaban de negocios, se dio un paseo por el hombres hablaban de negocios, se dio un paseo por el local. Admirando, tocando, llenando mentalmente las estanterías e imaginándose trabajando detrás de los mostradores. Le encantaba la moldura de los techos, que era igual que la de la panadería y hacía que sintiese aquel lugar como suyo.

¡Suyo!

Bueno, suyo y de tía Stela. Y de Natsu o del banco, dado que alguien iba a tener que pagarlo. Aunque se había resistido a atarse de aquel modo a su exmarido, no podía negar que le había dado algo que nadie más le habría dado, y en un tiempo récord.

Oyó pisadas detrás de ella y se giró. Era Natsu.

–Dejarán esto limpio y se marcharán en un par de horas. Y los ordenadores llegarán mañana.

Lucy se agarró las manos. Estaba tan emocionada que casi no podía contenerse. Necesitaría una página web… y alguien que la diseñase y la mantuviese, ya que ella no sabía hacerlo. También necesitaría envases y abrir una cuenta con una empresa de transporte fiable, necesitaría etiquetas y, probablemente, hasta un catálogo.

Tenía tantas cosas por hacer. Más, tal vez, de las que había pensado. De repente sintió miedo y notó que le costaba respirar. No podía hacer aquello. Era demasiado. Ella era sólo una persona, aunque contase con la ayuda de tía Stela.

–Sé que tienes mucho que hacer –le dijo Natsu , interrumpiendo sus alarmados pensamientos y permitiendo que algo de oxígeno volviese a entrar en sus pulmones–, pero antes de que empieces a preocuparte, hay algo de lo que me gustaría hablar contigo.

Ella respiró hondo y se obligó a relajarse. Cada cosa a su tiempo, iría paso a paso. Había llegado hasta allí y podría seguir adelante… aunque tardase meses en conseguir lo que un Dragneel rico y poderoso había hecho en tan sólo una noche.

–De acuerdo.

–Tengo que volver a casa por motivos de trabajo.

–Ah –dijo ella sorprendida.

Se había acostumbrado tanto a tenerlo allí que la noticia la pilló desprevenida. Era irónico, después de lo mucho que había deseado que volviese a Crocus al verlo llegar. En esos momentos, le era difícil imaginarse la panadería, o su vida diaria, sin él.

Intentó no pensar en aquello y asintió.

–De acuerdo. Lo entiendo. Además, ya has hecho más que suficiente durante tu estancia aquí.

Se contuvo antes de darle las gracias porque, en realidad, no le estaba haciendo ningún favor. Había sido muy generoso, pero no lo había hecho de corazón. Lo mejor sería aceptar lo que le había dado y dejar que se marchase a Crocus antes de que le ocurriese pedirle algo a cambio.

Natsu sonrió y a ella se le aceleró el corazón.

–¿Qué? –preguntó, retrocediendo ligeramente. –Crees que voy a recoger y me voy a marchar sin más, ¿no? Sí, ésa era la esperanza que había tenido.

–Está bien. Lo entiendo –repitió ella–. Todo esto es maravilloso. Tía Stela y yo nos ocuparemos de empezar el nuevo negocio.

Él sonrió todavía más y Lucy sintió miedo.

–Estoy seguro de que lo haréis muy bien, pero el lanzamiento tendrá que esperar a que volvamos.

Lucy parpadeó sorprendida e intentó asimilar sus palabras.

–¿A que volvamos?

Natsu asintió.

–Quiero que Nashi y tú vengáis conmigo a Crocus para poder presentar a la niña a mi familia.

¡ VOLVER A CROCUS!pensó Lucy.


Nota: 9no capitulo, adelantos para el 10mo Al fin a la mansión Dragneel y a la ex-suegra de Lucy... Hoy domingo estuve algo depremida y en rincón de mi habitación porque unos de mis anime favoritos de esta temporada se acabo 'Yamada-kun to 7nin no majo acabo pero al menos queda el manga.


*** Contestando Reviews****

nansteph14: Tienes razón pero tambien es mi primera adaptación y ¡Gracias! por darle favorito a algunas de mis historias original... y con lo de la pregunta otro motivo para darte la razón además Lissana es como un personaje que no toma mucho protagonismo en la serie de Mashima... Pero muchos le hacen burla hasta yo a veces pero es un personaje que se da para eso.

Mia: Mia-san el odio de los escritores de Fanfic (algunos) hacia Lucy es porque existen esas típicas historia que '' Natsu la golpea y todo por un mal entendido de Lissana y a lo último Lucy se termina vengando'' son esas historias que esos escritores odian a Lucy solo por un 'fanatismo extremo a NATSU''.

Eagle Gold: Pero creo que es muy infantil odiar a un personaje que ni siquiera existe.

Guest: La sacaste del estadio con ese comentario.


Bueno chicos la proxima actualización sera el jueves o viernes por cuestión de tiempo. les voy a dejar el link de mi rinconcito en face. pages/Nadeshiko/444940075624580

Mattane

Escucha: Wish

Artista: Arashi.