Editado.
Hooola , realmente les agradezco que comenteen ^^
-Cynthia? Hija, ¿eres tú?
Me quedé clavada en la puerta, era la voz de mi madre... Pero ¿dónde estaba? La busqué con la mirada y la conseguí localizar en la esquina del salón. Lo que ví hizo que me tapara la boca con la mano para no gritar de horror. Mi madre estaba allí, sí, viva, también, pero con una herida en forma de medialuna en el cuello que no tenía muy buena pinta.
-¡Mama!- dije corriendo para abrazarla, pero Alice se puso delante mía cortándome el paso.
-No te acerques mucho, es peligroso- seguí la dirección de su mirada y la vi, pálida y hermosa, una vampiresa, sentada en una de las sillas del salón, mi salón, en el que he vivido toda mi vida, en el que hemos tenido tantas reuniones familiares y en el que tantas veces he compartido experiencias con mi familia.
-Vaya, ¿qué tenemos aquí? ¿quieres compartir la comida?- la chica miró a Alice y luego a mi, yo le apreté el brazo, aunque solo conseguí partirme una uña.
-Lo siento, pero ella está conmigo, y tu estás en mi territorio de caza, te agradecería que salieses de aquí cuanto antes, ya que pertenezco a un aquellare muy grande, que si se entera de lo que has echo se lo va a tomar muy, pero que muy mal y no queremos ese tipo de altercados, ¿sabes?- vale, lo reconozco, Alice sabía mentir.
-De acuerdo, recuerdos a tu "familia"- dijo pronunciando la palabra con burla mientras se incorporaba con las manos en alto. No me di cuenta del momento en que la chica se fue exactamente, pues salí corriendo hacía mi madre. Me agaché a su lado y le tomé la mano. No tenía muy buen aspecto.
-Mama, mama, por favor no me dejes...- las lágrimas caían como ríos por mis mejillas, porque aunque en numerosas ocasiones yo había llegado a odiar a mi madre, le debía demasiado a esa persona que me dio la vida. Lo ocurrido los últimos días podían haberme hecho plantearme muchas cosas, pero seguía siendo mi madre, y yo seguía amándola.
- Hija, para - dijo sosteniéndome la mano pues yo ya había agarrado el teléfono para llamar a una ambulancia- no te preocupes, a todos nos llega la hora...
-Pero...
-Nada de peros, solo quiero decirte, que lamento mucho no haberte creído- levantó la mirada y se sorprendió al ver a la persona que me acompañaba- Alice, estas viva después de todo- una lagrima se deslizó por su mejilla mezclándose con la sangre que tenía en el cuello. En un segundo su cara cambió y le dirigió una mirada de odio a la persona que más me había ayudado en los últimos días, Alice.
- ¡Tu no eres Alice! ¡Eres como ella! ¡Pálida y perfecta! ¿Viniste aquí para acabar con nosotros? ¿Te quieres llevar a mi hija como venganza?! Es eso, ¿verdad? ¡Querías vengarte por todo lo que te hicimos!- su expresión se relajo y añadió con tono de súplica- por favor, no le hagas nada a ella, no dejes que le pase nada, por favor, te lo suplico...- con una mano temblorosa me acarició la cara y mirándome y cerró los ojos, para siempre.
Solo me había fijado en mi madre, y por eso no me di cuenta de como estaba el resto de la habitación. Levanté la vista y solté el cuerpo de mi madre, todo estaba destrozado y con restos de sangre, y oh, dios, ¿eso era una mano?
-No quiero que veas esto,-dijo Alice tapándome los ojos y guiándome fuera de la casa.
Salimos fuera. Observé el día, hacía buen tiempo, me giré para mirar a Alice y note que su piel brillaba como si estuviese echa de diamantes, sonreí tristemente, cosas de vampiros, supongo.
Alice estaba haciendo gestos raros y miraba al frente con ansiedad. En un momento dos figuras que también brillaban bajo el sol se acercaron a nosotras. Uno de ellos hizo una floritura con la mano y nos dedicó su mejor sonrisa de caballero.
-Señoritas, tenemos que pedirles que nos acompañen- túnicas negras, ojos rojos, ¡haz memoria Cyntia! Los has visto antes, en las visiones sobre Alice. ¿Cómo se llamaban? ¡Ah, si! Ellos eran...
Los Vulturis.
Me alegro de que me hayan convencido para seguir la historia!
me alegro de que os guste la historia!
Besoos...*]
