Capitulo IX
"..."Shhh..." rió una voz en mi oído, empezando a morderla y lamerla. Pegué un respingo."...
El delicioso sonido de unas pisadas sobre el suelo de mi casa, resonando en las paredes. ¿Qué son? Parecen... niños. ¿Niños? ¿En mi mansión? Me levanto lentamente y me acerco a la esquina, puedo ver la balustrada y la puerta abierta, abajo. Son tres, pero no parecen amigos. Uno de ellos, el más alto, no para de hacer burlas y de tocar las cosas. Me está tocando los nervios, ¿es que en este siglo ya no hay ningún tipo de respeto por las cosas ajenas? Pero tampoco han cambiado tanto los tiempos; el otro más bajo le sigue y ríe sus chistes pese a que no tienen gracia, apartando al más pequeño, que trata de evitar que sigan.
"¡Ha-y uuuna bru-jjj-ja!" exclama el niño, tratando de apartarles y echarles atrás. Su voz suena diferente, como si le costara. Oh... es sordo...
"Quita, idiota".
Idiota él.
Me deslizo detrás de unas armarduras y entre las sombras, pero estoy tan torpe y débil que el metal se tambalea y se cae, armando un estruendo.
"¿¡Qué ha sido eso!" grita como una cría el gordo seguidor.
"Serán ratas" comenta el alto.
Poco a poco están entrando en mi casa, malditos críos... irrespetuosos... ¡si fuera tan fuerte como antaño les degollaría allí mismo Y HARÍA EMPANADAS CON ELLOS! ¡Groa! ¡Qué rabia, dios mío! ¡No, a mis habitaciones no!
Pues les cierro la puerta. ¡Ja! Menudo susto. Aunque me da pena el más pequeño, porque él no se merece nada de esto. Me da pena. De alguna forma me recuerda a Tobías. No, a él no le haré nada.
Pero a los otros...
Recuperaré mi fuerza, por fin.
Gruño para asustarles, mi voz está tan pero tan ronca que doy realmente miedo. Me he asustado yo. Espero que no lo hayan notado...
Por el grito que acaban de dar, me parece que no.
"¿Q-Qué es esto? ¿Una broma?"
No entiendo tu inglés, pero creo que no, no lo es. Ídos, ya. Joer, largaos ya. Si escucharais mis pensamientos... tsk.
"¡Muy buena, Peter! ¡Anda, sal de ahí!" se ríen, ¿¡de mí! ¡Ja! se van a enterar. El pequeño se ha escondido. Hace bien.
Esto no es una broma.
Antes de que se den cuenta les he arañado toda la cara, y se la he lamido, y me he quedado con sus mochilas llenas de bocadillos y cuadernos. Luego los leo, ahora me interesa más matarlos.
Qué pena, se me han escapado. Gritan algo de un monstruo, ¡un monstruo! ¿¡Dónde! ¡Socorro! ¡No me dejeis aquí!
Miro debajo de la mesa, esperando la reacción de él. Niega hiper nervioso, está temblando el pobre. Quiere largarse, quiere largarse ya. Pero no voy a hacerle nada, así que me siento en el suelo y le miro, esperando algo.
Poco a poco se levanta y empieza a alejarse. ¿Cuántos años tiene? ¿Seis, siete? ¿Qué hace tan lejos de casa? ¡Oh! Igual soy yo la que está cerca, no sé cuánto habrá crecido Londres en los últimos años. Espero que no mucho...
No puedo evitar sentirme triste; todo ha seguido sin mí, estos niños me tienen miedo... ¿tan horrible soy? Tal vez ya no encajo en esta nueva sociedad... No puedo evitar llorar.
"NNNNNo ll-ll-ll-ll-ll-ll-ll-ll-llores" me dice limpiándome las lagrimas con sus manitas. Oh, qué niño más tierno... Si viera mi cara... no lo hace... "Esssstás sssola" ha sido una pregunta, aunque poco se ha notado. Asiento. "Eresssss la brrrrruja" nuevamente una pregunta. Le miro sin entender, pero supongo que asentiré. Así me llaman ahora, vaya...
Me señalo los oídos, para saber si es sordo, y él asiente. Vaya, me lo imaginaba... pobrecito... debe ser terrible, peor que lo mío...
"Bassstannnte" creo que se refiere a que es bastante sordo. Mi pobre... Tengo que hacerle sentirse cómodo. Parece que se convertirá en mi pequeño amiguito. Me tapo la boca y luego le tapo sus oídos, y sonrío, él también.
Me ha dicho algo en signos, algo que no entiendo. Vaya... ¿y ahora qué hago?
Oh, me ha dado un libro con cosas... raras.
"Aprrrrrenddde. Tommma." ¡COMIDAAAAAAAAAAAAAAA! ¡Me ha dado comida! ¡Pero qué niño tan rico! Me lo voy a comer a besos, me lo estoy comiendo a besos. "Jejeje... Volllveré mañññññana, sí" se va dando saltitos.
Me quedo mirando por donde se ha ido. Me he quedado fría. Su calidez e inocencia me ha pillado desprevenida. Demonios, ¡qué rápido se ha pasado todo! Ya lo añoro... es el primer contacto humano en siglos... jo... bueno... ha dicho que va a volver, ¿no? Pues tendré que ponerme a aprender el lenguaje de los signos.
Espero que no le riñan por perder el libro...
