Poco a poco, me iba dando cuenta de que no era la misma persona que fui. Ni siquiera era capaz de reconocerme frente al espejo en aquel momento, con mi pelo en delicados tirabuzones y vestida de azul.
Finalmente, había conseguido encontrar un vestido que me gustara y decente según la apreciación de mi chico lobo, que ni siquiera me lo había visto puesto. Cuando la fecha se acercaba peligrosamente en el calendario, decidí irme de compras y no volver hasta que hubiera encontrado algo. No fui por gusto, sino con el objetivo de que Jacob dejara de hablarme del tema y también para poder contestar afirmativamente a Jessica, que me preguntaba por el vestido dos veces al día. Conduje sola, porque Jake habría nublado mi atención, y si ya de por sí era negada para la moda, el resultado de mis compras podría haber sido un auténtico desastre. Tampoco me apetecía ir con Angela, y pasarme horas decidiendo, y Emily y Leah quedaban descartadas por su poco interés por las celebraciones de etiqueta (en eso nos parecíamos). Recordé a Alice un instante y la eché de menos, sabiendo que ella me habría preparado diez conjuntos, extendidos sobre mi cama y con zapatos a juego, de los cuales yo me pondría uno y ella colocaría los otros nueve en mi armario, donde se quedarían hasta el fin de los tiempos.
Tardé una hora escasa en encontrar un vestido y unos zapatos. Tuve suerte y el primero que vi que me gustó y me probé a regañadientes me sentaba medianamente bien, así que no dudé. Era azul, como yo lo quería, de un tono oscuro y profundo, y el tejido era suave y brillante. Tenía tirantes que se cruzaban por detrás, dejando un trozo de espalda al aire, que yo procuraba tapar con mi melena. El tacón de los zapatos era terrible, pero me resigné y volví a casa con ellos.
Y ahí estaba. Frente al espejo de mi cuarto de baño en Forks, con la cara pálida a pesar del maquillaje y el pelo cayendo sobre mis hombros. Me vi tan distinta que me asusté. El reflejo que me devolvía la mirada no podía ser yo. Se terminó el instituto, mi vida de adolescente. Sentí que cuando bajara las escaleras iba a dejar atrás a la niña tímida y dudosa que yo siempre había pensado que era, y me iba a sentir cómoda en mi nueva piel, la de mujer que había estrenado cuando Jacob me hizo renacer.
Salí del baño y me recorrió un escalofrío. Recé para no matarme por las escaleras.
- ¿Bella?- preguntó la voz de mi padre desde abajo.
- Sí, ya voy- dije y me temblaba la voz.
El trayecto fue más corto de lo que hubiera querido, y llegué sin torcerme ninguno de mis dos vacilantes tobillos. Mi padre me echó una ojeada y sonrió.
- Qué guapa estás, pequeña.
Le devolví la sonrisa. Estaba emocionado y se le veía a kilómetros. Me acerqué para darle un beso.
- Gracias, papá.
Me abrazó un momento con torpeza.
- Estoy muy orgulloso de ti, cariño. Que te diviertas.
- Claro- dije, aunque no muy convencida.
- Jacob te está esperando fuera, en el coche. Me ha dicho que así podía revisarte yo primero para ver que todo estaba en orden y no estabas tan guapa como para revolucionar el instituto. Tendré que decirle que la revisión ha sido un fracaso.
- Papá…-protesté con cariño, y después salí por la puerta dándole otro beso.
El coche estaba aparcado justo enfrente. Jacob se había empeñado en alquilar una limusina, pero me negué. Tuvo que ceder y alquiló un Rolls Royce. Genial.
Intuía que me había preparado algo especial, pero aún así no pude evitar sonrojarme cuando le vi con la puerta del coche abierta, esperando para que yo entrara, con su maravillosa sonrisa; no entendía nada sobre los trajes de etiqueta que debían llevar los chicos, pero Jacob me pareció sacado de un catálogo. Se había peinado para la ocasión, y aunque me encantaba su pelo revuelto, el cambio era sorprendente, y los mechones de pelo trabajados con gomina le sentaban a la perfección. El traje era negro, la camisa blanca, sencilla, y la corbata roja. Nunca llevaba ropa tan elegante, pero había hecho el estilo totalmente suyo, igual de natural que cuando llevaba vaqueros. Siendo objetiva, estaba increíblemente guapo. Y subjetivamente, creo que no había visto nunca nada más perfecto.
Llegué hasta él como en una nube, sin dejar de mirarle. Me besó, con sus manos alrededor de mis mejillas, y fue un beso profundo y lento. Después, cuando yo aún no me había recuperado, dejó su mano en mi espalda, sobre mi piel, donde no me cubría el vestido. Me miraba con fuego en sus ojos, y casi no era capaz de sostenerle la mirada, porque me hacía temblar. Rozó el lóbulo de mi oreja con los dedos y luego bajó por mi cuello.
Seguramente, el conductor del coche se estaba preguntando por qué tardábamos tanto.
- No sé qué decir- y la voz le salió como un susurro.
- Tú estás muy guapo- dije balbuceando, con mi frente apoyada en su pecho.
- Tú eres perfecta.
Me cogió de la mano y me ayudó a entrar en el coche. El conductor me saludó inclinando la cabeza y le sonreí. Jacob se subió por la puerta contraria y se sentó muy cerca de mí, cogiéndome las dos manos entre las suyas. No pudimos dejar de mirarnos hasta llegar al instituto.
La entrada estaba llena de luces de colores que destacaban contra el cielo. Empezaba a oscurecer. También había guirnaldas por todas partes y carteles con fotos y nombres. Dimos nuestras dos invitaciones y entré de su brazo. Para la fiesta, yo podía llevar acompañante, y era un alivio, porque de otro modo Jacob no habría podido venir. Los dos años que le sacaba eran algo en lo que no solía pensar, primero porque no me hacía gracia y después porque no se notaba, teniendo en cuenta que me sacaba algo así como treinta centímetros. Empezaron a acercarse compañeros para saludarme, pero intenté esquivar el mayor número de gente posible, con una de mis sonrisas ensayadas.
En la pista de baile, vi a Mike y Jessica hablando con las cabezas juntas y sonreí. Tuve que reconocer que Jess iba guapa, y además se notaba que estaba feliz. Angela me saludó desde una esquina, pero no me paré a hablar con ella. Quería encontrar un sitio apartado, donde pudiera sentarme y bailar lo mínimo, sólo cuando Jake se pusiera insoportable.
No había nada completamente de mi gusto, pero finalmente me senté en una silla alta, todo lo lejos que pude de la orquesta, y en un rincón que no estaba tan iluminado. Cerca había una mesa con refrescos y algo de comida, así que viendo mi poco entusiasmo, Jacob se acercó para tomarse algo. Ya se había quitado la chaqueta, y la camisa blanca me dejó ver los músculos de su espalda mientras se bebía medio litro de cocacola de un trago. Me estremecí, porque de pronto le vi de una manera completamente diferente.
- Bella, no me digas que vas a quedarte sentada toda la noche- vino a decirme- ¡Es tu graduación!
- Ya…-dije, y no entendí porque no me salían las palabras cuando él estaba cerca.
- Sólo tienes permiso para sentarte si Mike Newton intenta sacarte a bailar. El resto del tiempo, si quieres estar sentada, me veré obligado a hacerte bailar por la fuerza.
- ¿Ah, sí?- dije divertida.
- No lo dudes- y en ese momento, me levantó en brazos de la silla y me colocó en el suelo. Solté una carcajada, pero se cortó en seco cuando me torcí el tobillo- Ups, me olvidé de tus tacones. ¿Te has hecho daño?
- No, no. Creo que estoy bien.
- Estás mucho mejor que bien- me besó con una pasión que me dejó mareada por un momento, y luego le devolví el beso echándole los brazos al cuello. La mezcla de su olor de siempre con el de la colonia especial que se había puesto me hicieron olvidar donde estaba.
Me llevó casi en volandas a la pista, y no tuve fuerzas para quejarme. Entonces, me tomó una mano y puso la otra sobre su hombro.
- Jake…no querrás que bailemos como en el siglo pasado- si ya me espantaba la idea de bailar moviéndome sin pasos definidos, no quería ni pensar en intentar hacer algo remotamente parecido a un vals.
- Yo quiero bailar. A ver qué música tocan, pero yo me adapto a cualquier cosa.
La orquesta tocaba en ese momento una pieza animada, casi rockera, con una mujer a la batería. Los chicos de mi curso no paraban de gritarle piropos y vi que alguno estaba intentando hasta subirse al escenario, con poco éxito. Me reí.
- Mmm- dijo Jake con cara pensativa- Este ritmo pide a gritos un baile de los míos.
Y se puso a bailar como yo nunca le había visto hacerlo. Se movía con gracia, como si no le costara (seguramente era eso) y se coordinaba con la música como si la llevara en la sangre. Subía y bajaba, moviendo los brazos, la cabeza, y aunque al principio me reía, luego me sentí extraña. Veía a Jacob, lo notaba a mi lado, y sin embargo tenía ganas de que estuviera aún más cerca. Me estaba atrayendo como nunca antes. Como si fuera un imán para mí. Y mientras bailaba, mirándome, la sensación se hizo muy intensa.
Siempre lo había visto como era, un chico guapo, que llamaba la atención. Pero en aquel lugar, en ese momento, lo vi como un hombre, y se me disparó el instinto. Yo entonces no lo sabía, pero aquello era deseo, una sed de estar con él que no había sentido antes de esa forma. Me acerqué a él sin poder evitarlo.
- No sabía que los lobos bailaran tan bien- dije con voz dulce.
- Eso no tiene nada que ver, Bella. Lo de bailar es mi talento natural- se rió y sus dientes brillaron bajo las luces.
- Podrías enseñarme- sonreí.
- Con un maestro como yo, no tardarás en aprender.
- Creído.
- Realista, nada más. ¿Te he dicho ya qué estás preciosa esta noche? Tanto que no puedo dejar de mirarte.
Diciendo esto, me cogió por la cintura y me atrajo hacia él. Apoyó su frente en mi cabeza. Una sensación electrizante me recorrió entera al notar su aroma y sus manos a mi alrededor. Me avergoncé un poco al darme cuenta de que con Jacob no podía controlarme, no era capaz de poner en orden mis pensamientos. Comenzó a besarme, muy suave al principio, como si temiera hacerme daño. Sus labios acariciaban los míos a un ritmo lento y constante, mientras que rozaba mi espalda con las yemas de sus dedos. Sentía que se me salía el corazón del pecho con cada caricia.
Separó su boca de la mía y nuestras miradas se cruzaron.
- ¿Quieres que bailemos? – me preguntó susurrando en mi oído.
Apenas podía hablar, así que asentí con la cabeza. Él no me soltó y no nos movimos del sitio, simplemente empezamos a girar moviendo muy poco los pies cada vez. Sus ojos negros recorrían mi cara, mi pelo, y sonreía de una forma que aún no he olvidado. No podía entenderlo, pero estaba bailando y me sentía en el cielo.
El fuego de mi interior fue cambiando, al mismo ritmo que nuestro baile. Quería estar pegada a él, lo deseaba tanto que me faltaba el aire al pensarlo. La llama seguía encendida, pero se apaciguó. Con mis manos entrelazadas sobre su pecho, encima de su corazón, el deseo fue completándose con todo lo que sentía por él. Recopilé momentos, días, sonrisas que me hacían estremecer, y lo uní todo. Después de repasar nuestra historia, le miré a los ojos y me perdí en ellos. Ya sabía que era nueva por dentro y que se lo debía a él. Entonces todo cobró sentido y decidí que mi vida era suya, que yo sólo le necesitaba a él para existir. Mi amor por él había ido creciendo sin yo darme cuenta y ahora estaba enamorada, no podía ser de otra forma. Tanto que quise detener el tiempo en ese mismo instante, para guardarlo en mi memoria y poder revivirlo como si fuera una película, sentir una y otra vez aquella maravillosa certeza de que él era el único, el hombre que yo necesitaba y amaba, y la gloria de saber que él me amaba también. No me hacía falta más que eso para ser feliz.
Cuando volví al mundo, estaba aferrándome a él y a su boca, asombrada de poder tenerle conmigo y segura de que con su abrazo me demostraba que él también era feliz.
Ooooh por fin un poco de amor no? Jajaj tipico capitulo empalagoso, pero me apetecia un monton que se dieran un poco de mimos...Ojala os guste
Por cierto, la cronologia no la llevo nada bien. Me refiero a que supuestamente empezó con Jake un año después de que Edward se marchara, y la graduación no cuadra con las fechas del libro pero bueno...espero que no os importe! :) Stephenie Meyer lo tiene todo mucho mas controlado que yo jejej
Espero vuestros reviews con ansia :) Muchas gracias, como siempre, por leer y comentar. Un beso enorme y que esteis bien!
