Songfic: Life Starts Now (Three Days Grace)

Beyblade no me pertenece…

~ [ o ] ~analepsis

-o- cambio de escenario

~ Nombre ~ cambio de punto de vista

-oO08( La Vida Comienza Ahora)80Oo-

Por Kiray Himawari


You've done all the things that could kill you somehow and you're so far down


Capítulo IX Reencuentros

El tiempo pasa rápido cuando la mente se mantiene ocupada con cosas productivas, dejando de lado esos pensamientos pesimistas. Aunque no hay que negar que a veces esos quiebres se dan y a veces esos mismos momentos nos ayudan a encontrarnos a nosotros mismos y en ocasiones también con personas que dejan una huella en nuestro ser. Y precisamente Hilary jugaba una pieza importante en su vida no sólo por ayudarlo, sino por su mera presencia que le había mostrado que siempre había algo más allá que sólo luchar por los demás, sino por sí mismo.

Habían pasado cinco años desde la última vez que la había visto en persona, pues habían mantenido contacto mediante cartas y correos electrónicos y ese tiempo le había servido para pensar sobre sus sentimientos, sobre su propia vida y su futuro y presente. Ahora tenía claro lo que quería y lo que en aquel tiempo sentía y deseaba verla para poder agradecerle lo que había hecho por él. Además quería hacerle una pregunta que desde aquel dramático día asaltó su mente. Quién sabe si era un capricho, para unos o una mentira para otros, porque al final a Kai sólo le interesaban dos opiniones; la suya y la de Hilary. Quizá ese día al fin podrían hablar en ese reencuentro.

-o-

Su nieto lo había sorprendido con sus éxitos. En todo ese tiempo le había demostrado un potencial diferente al que le había inculcado, podía ver pasión en su mirada y en cada uno de los pasos que daba en el ámbito profesional. No que le molestase a esas alturas, pero sí era algo que le hacía sentirse culpable por atormentarlo por tanto tiempo en el pasado. Una de las cosas que ahora admiraba en Kai era la aceptación de su incapacidad para caminar. Después de tantas visitas a médicos, estudios y un par de cirugías inútiles, el médico le había informado que no había nada más que hacer dadas las condiciones de la columna del chico.

Al principio parecía un escenario desolador, pero pronto esos sentimientos negativos se fueron para dar paso a otras emociones a experimentar. Voltaire también había comprendido que toda esa revelación de personalidad y cambios positivos tenían que ver en gran parte a esa joven castaña que había dejado de ver hacía cinco años. Sabía, por el mismo bicolor, que ella estaba en el extranjero dando fin a sus estudios de postgrado y que quizá pronto volvería a Japón. La idea le entusiasmaba bastante porque significaba que al fin conocería el desenlace de una historia que se construyó de a poco. Además esperaba que de alguna manera la chica aceptara algún pago por todo lo mucho que había hecho por él y, sobre todo, por su nieto.

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El nerviosismo había sido una característica bastante ajena en los últimos cinco años. Años que había servido para madurar, comprender, aprender y dejar ir muchas cosas que en su juventud había pasado. Ahora era una mujer con nuevos conocimientos y experiencias; en su mundo las expectativas habían cambiado y esos cambios incluían y excluían prioridades del pasado. Su mente y su cuerpo se habían transformado, aun conservando esa esencia que le caracterizaba. Su esencia estaba intacta y, contrariamente, se había enriquecido con el pasar del tiempo, con las nuevas experiencias, las nuevas y ya conocidas personas.

En su mente ahora había mayor claridad sobre el evento ocurrido hacía cinco años, ahora podía decir con certeza lo que había pasado y por fin tenía la calma y serenidad de hablar de frente con el bicolor y decir todo aquello que había quedado suspendido en el tiempo y en los ojos carmesí de aquel día. En su pecho revoloteaban ideas, estructuras y pensamientos volátiles y caóticos. Los nervios realmente se estaban llevando aquella tarde en la que meditaba lo que haría cuando finalmente viera por primera vez en cinco años los ojos de Kai.

Se miró al espejo en el cual hacía un par de minutos que observaba su rostro y decidió que lo mejor sería ser sinceros y congruentes con todo. Asentó y suspiró hondamente. Estaba lista para tomar decisiones, afrontar consecuencias y esperar por respuestas y reacciones. Dejó a un lado el espejo y se levantó de su sitio para tomar sus maletas y viajar en el tiempo, no hacia el pasado, sino para hacia el presente y futuro cercanos.

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Habían pasado más de setenta y dos horas luego de haber recibido la llamada que le decía que su vuelo estaba listo y que sólo era cuestión de tiempo para su reencuentro. Estaba nervioso y no podía negarlo, mucho menos ocultarlo. Su acompañante lo miraba discretamente de reojo. Conocía a Kai lo suficiente como para decir que el chico estaba ansioso por volver a ver a aquella joven con la que lo había visto hablar muchas veces por videollamadas.

La chica en cuestión era bonita y se preguntaba si aquella chica tenía algo que ver con su jefe. Y es que era inevitable preguntarse si el chico bicolor podía albergar sentimientos de amor por alguien más con semejante expediente de su pasado, pues su relación con el joven se reservaba al mero acompañamiento para ayudarle en referencia a la incomodidad de la silla de ruedas, aunque básicamente sólo lo seguía, pues Kai había adquirido bastante habilidad con el mencionado aparato.

El tiempo parecía no querer avanzar en su reloj de pulso, o quizá su pulso se había detenido impidiendo que la pequeña máquina avanzara. De pronto el altavoz anunciaba por fin el vuelo en el que su amiga debía venir. Su corazón dio un vuelco estrepitoso, casi perceptible para Jeremy, su acompañante. Las horas de espera por fin darían frutos y volverían a encontrarse ese par de miradas que parecían haberse perdido en la distancia. Y finalmente, tras quince minutos más de espera, Hilary apareció frente a Kai.

Se vestimenta pulcra y elegante resaltaban su juvenil forma, su cabello aún castaño ahora presumía unas pulgadas más que la última vez, y su fragancia hacía la perfecta sintonía entre su frescura y su belleza. Sus facciones definidas enmarcaban una expresión sonriente por el momento. Él estaba feliz de ver su sonrisa, de ver que el tiempo había transcurrido y habían pasado tantas cosas. Hoy era el reencuentro con una amiga, pero sobre todo, un reencuentro consigo mismo, porque sería entonces cuando por fin él mismo notaría sus avances, progresos, madurez y aceptaciones de su persona. Hoy era el reencuentro con el mundo, su propio mundo y realidad.

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¡Gracias de antemano por sus lecturas!

Agradecimientos a: Hilary Kryss Yagami, Lacryma Kismet, bladz-liska, zulka, Missy Lan, Guest (anónimo), y Naomi por obsequiarme un review en el capítulo pasado :D

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