El Mago
Autor: Quetzalli
Resumen: En un día pueden cambiar muchas cosas y más si el motivo de varias almas está fijo en una sola persona. Con los mejores propósitos todo puede dar un giro sólo por Harry.
Parejas: Harry-Severus, Harry-Draco, Sirius-Remus
Disclaimer: Los personajes son propiedad de J. K. Rowling y Warner Bros. Si por ventura piensas que estoy ganando algo más que gratificación personal a través de sus comentarios, voy a tener que desilusionarlos porque ni un peso ha entrado en mi bolsillo por escribir esto.
Spoilers: Ninguno. Juro solemnemente que no hay ninguno aquí. A final de cuentas esto es un AU.
Capítulo 9
Por Harry
El mundo había cambiado considerablemente según lo poco que Matt podía recordar, quizás no mucho, pero para él que permanecía siempre encerrado eran cambios muy significativos. No que recordara mucho, pero había algo que lo hacía percatarse de detalles sencillos que la mayoría pasaba por alto.
Harry lo llamaba intuición o sensibilidad artística.
Para él sólo era una gran molestia.
¿De qué le servía ser capaz de recordar complejas melodías que cautivaran la atención de la gente cuando apenas podía recordar la letras del alfabeto que Harry acababa de enseñarle? Y sin embargo, ahí estaba él, sentado en el Salón de Música, atraído como una abeja a la miel, interpretando piezas complicadas con gran facilidad.
Todo había cambiado.
Hace no mucho tiempo él era algo más cercano a un muñeco de trapo que alguien mueve, viste y desplaza de un lado a otro según su voluntad. Ahora era capaz de retener pensamientos enteros y razonarlos.
Gracias a Harry.
Él también había cambiado.
Matt lo recordaba amable y cordial, preocupado por su bienestar y esforzándose al máximo para ayudarlo, pero casi sin sonreír. Ahora era la dicha andando, de cada poro de su ser destilaba el embriagante aroma de alguien que está enamorado y aquel pensamiento era aún más desconcertante porque ¿quién era él para saber quien había caído en las redes del amor?
Sólo otro tonto enamorado se dijo a sí mismo incapaz de mentirse.
Cada momento que estaba cerca de Harry sentía como su mente se aclaraba y su raciocinio se fortalecía. Estar a su lado era como encontrarse en una zona de paz y tranquilidad donde simplemente se puede ser sin ninguna limitante.
O perderse en esos maravillosos ojos verdes.
Lástima que Harry no estuviera a su lado todo el tiempo.
Matt no se engañaba, sabía que él tenía otros pacientes y que descansaba los fines de semana, pero había alcanzado a escuchar a Rosie diciendo que desde su llegada al Instituto Harry era feliz como si fuera él, Matt, quien le hubiera dado esa felicidad.
Contempló las teclas del piano, una larga sucesión de blancos y negros que lograban crear sonidos maravillosos cuando sus dedos surcaban por encima de ellas en una sucesión fijamente aprendida. Siempre tocaba algo que ya existía, melodías que tenía grabadas en los dedos y no en la cabeza y por eso estaban intactas.
Al principio Harry le había dicho que con todo su conocimiento musical y con su buen oído podía crear algo nuevo, después le había pedido una pequeña improvisación. Cuando fue claro que sólo era capaz de reproducir lo que sus manos llevaban grabado, Harry le pidió que tocara simplemente la escala musical.
Tampoco pudo hacerlo.
Matt se recordó que era sábado, no vería a Harry hasta el martes. Una oportunidad tan buena como cualquier otra se repitió en silencio.
El primer acorde cayó sobre el teclado como un trueno que se perdió entre el suave murmullo de otros sonidos.
—Por ti Harry —dijo a la ventana antes de sumergirse en el torrente de notas que quería fuera su primera composición.
° ° ° ° °
El suave aroma de especias escapaba de la reducida cocina en La Madriguera llevando indirectamente a Severus hacia gratos recuerdos de estofado, lluvia y un par de brillantes ojos verdes. Un nuevo grito de Molly Weasley ordenando a su descendencia sobre la disposición de la mesa en el jardín lo sacó de su ensimismamiento justo a tiempo para evitar ser golpeado por una pata de las sillas que Ginny llevaba levitando.
—Alan debes tener más cuidado —comentó George arrastrándolo hacia un rincón seguro mientras Bill acomodaba la mesa.
—No queremos que te pase algo en tu primera reunión familiar —agregó Fred con una sonrisa que no pronosticaba nada bueno.
—Así que ustedes van a cuidarme sin esperar nada a cambio —dijo Severus sin ocultar su escepticismo.
—De hecho...
Lo que siguió a continuación fue un detallado plan de acción para que Severus entablara amistad por correspondencia con Granger sin despertar sospechas. Los gemelos tenían tantos detalles en la cabeza que comunicar a Severus que hacían pausas constantemente para remarcar cosas como "no hagas comentarios sobre los elfos domésticos" o "jamás hables de la pureza de sangre" y "prepárate para recibir información que a nadie le importa".
El resto de los Weasley incluso se mantuvo al margen probablemente pensando que los gemelos le estaban buscando novia o algo por el estilo. Severus tuvo que contener el impulso de lanzarles un Silencio a los gemelos cuando vio la sonrisita dulzona de Ginny y la mirada de Bill y su esposa una rubia desabrida en el gusto de Severus que respondía con acento afrancesado por el nombre de Fleur.
—Recapitulemos, ustedes quieren que entable correspondencia con la señorita Granger para que nos ayude a corroborar nuestros datos.
—¡Exacto! —dijeron los gemelos a coro orgullosos de haber logrado atravesar la barrera de negativas que hasta el momento Severus había dado precisamente para no escribirse con quien tenía la reputación de "bruja más lista de su generación".
Molesto frotó el puente de su nariz.
Hasta el momento había guardado celosamente en secreto la ayuda de Harry, pero si seguía así pronto se crearía una barrera de mentiras a su alrededor contra la que no podría vencer y sencillamente no estaba dispuesto a arriesgarse a perderlo antes de haber ganado su corazón.
—No puedo...
—Alan esto es muy grave —alegó Fred repentinamente serio.
—Granger va a ser de gran ayuda si queremos ser escuchados —lo secundó George.
—...sin consultar antes con mi otra fuente.
—¿El muggle?
—Sin él habríamos tardado meses en comprobar que tenemos razón.
—¡Sí pero...!
—Nada señores —se plantó Severus decidido—, además no tienen de que preocuparse. El profesor Dumbledore es el guardián secreto de La Orden, no diré nada que no sea seguro.
Los gemelos intercambiaron una discusión de miradas en tres segundos antes de ceder, recuperar su jovialidad y jalar a Severus hasta la mesa en donde el resto de la familia Weasley celebraba la promoción de Arthur Weasley gracias al reforzamiento de las barreras en el Callejón Diagón.
Aquello era más de lo que Severus nunca había imaginado. Esa familia lo consideraba un verdadero amigo, alguien que podían invitar a compartir su mesa, y sin embargo eso ya no era importante.
Su prioridad había pasado de ser aceptado en sociedad a ser aceptado por Harry Potter, lo que era aún más irónico.
Un par de ojos verdes lo habían cambiado por completo.
—Granger es una gran bruja —le susurró Ginny al pasarle el puré de papa— ya descubrirás cuanto tienen en común.
Severus recurrió a su expresión antigua de hombre frío que siempre mantenía alejada a las personas pero al parecer había perdido toda oportunidad de atemorizar a la señorita Weasley desde que su madre era la aterradora Molly.
O quizás él ya no era el mismo bastardo de antes desde que había descubierto que tenía un corazón.
Todo lo que hago por ti Harry, pensó dirigiendo su conversación hacia la seguridad que podían proporcionarle Bill y su esposa.
° ° ° ° °
—Si continúas conduciendo así voy a envejecer prematuramente Bert.
—No seas tan miedoso Craig, cualquiera diría que nunca te has visto en una situación como esta.
—¿Tengo que recordarte que sólo soporto esas "ocasiones especiales" por Harry y que en este momento no soy Jinxs y tú no eres Hex? —señaló Craig molesto por el desenfado que mostraba Bert ante su falta de sentido común.
—¡Oh, vamos! —insistió Bert pero bajó la velocidad al notar el creciente enfado de su amigo y copiloto.
Como si hubiera estado esperando aquella señal, el semáforo cambió a rojo y en cosa de segundos el auto compacto de Bert se encontró sumido en un creciente congestionamiento.
—¡Genial! Ahora estamos aquí estancados —se quejó Bert— debiste dejarme huir antes.
—Es mejor así —señaló Craig soltando poco a poco la presión que sus dedos estaban ejerciendo sobre tablero del auto—. Ahora podemos hablar sin ser escuchados.
—Creí que para eso íbamos al "Grupo de Estudio Filosófico y Análisis del Calendario Maya" —se mofó Bert como siempre que podía sobre el más ridículo nombre que se le había ocurrido a Harry.
—Si pero ya estamos aquí así que aprovechemos y me llevas después a mi casa.
Bert gruñó entre dientes algo ofensivo contra la gente poco considerada mientras se rendía a su situación actual. Fuera los típicos sonidos de la ciudad llegaban apagados y permitían cierta confidencia, justo lo que Craig debía estar buscando cuando lo fue a buscar a las oficinas de la empresa de cómputo para la que trabajaba.
—Así que…
—Estoy preocupado por Harry —empezó Craig mirando fijamente la fila de autos que avanzaban lentamente.
—No deberías, él sabe lo que hace, siempre ha sido así.
Craig sacudió la cabeza negando —no entiendes, esta vez es diferente. Está alejándose del hombre reservado que era y está confiando demasiado en Curse.
—Tú eras el principal promotor de que conociera a alguien que lo hiciera feliz.
—¿Acaso ese alguien puede ser un hombre que se oculta bajo un sobrenombre?
—Harry hace lo mismo.
—¡Lo sé! —contestó Craig fastidiado de no llegar a ningún lugar— ¿No lo entiendes? Por eso es tan complicado ¿cómo puede alguien ser feliz con tantos secretos? En realidad son un par de desconocidos que se sienten atraídos el uno por el otro.
—Lo dices como si la atracción fuera algo malo —se quejó Bert.
—¿Cómo te ha ido en tus citas con Wand o Charm?
—¡Eso no es justo amigo! —se defendió Bert apresurándose a adelantar un volvo gris para ocultar su sonrojo—. Sabes que no soy el mejor parámetro de comparación.
—Pues yo sí y te puedo decir que las veces que salí con alguien bajo mi nombre falso no fueron nada bien, siempre es mejor estar con alguien que te conoce… alguien que te escuche y entienda. Eso es lo que necesita Harry.
Por varios minutos continuaron transitando en silencio hasta que salieron del congestionamiento y Bert se dirigió hacia la casa de Craig. Una vez ahí estacionó el auto y sin detener la marcha se volvió hacia su amigo.
—Harry necesita descubrir por sí mismo su camino, nadie puede mostrárselo y recorrerlo por él. Los errores que cometa son necesarios para que se deje de máscara y comience a vivir en serio, sin máscaras. Si Curse puede enseñarle eso habrá valido la pena aunque le rompa el corazón en el proceso, de lo contrario Harry siempre será el ermitaño que conocemos.
—¿Cuándo te volviste tan sabio?
—Eso pasa después de diez citas fallidas —sonrió Bert.
Craig bajó del auto y cruzó la calle hacia su casa, justo antes de que llegara a su puerta Bert le grito:
—¡DEBEMOS CONFIAR EN QUE TODO SALDRÁ BIEN POR HARRY!
Antes de ponerse en marcha y alejarse al límite de velocidad permitido entre las calles de los suburbios.
° ° ° ° °
El claro sonido del piano inundaba gran parte de los pasillos adyacentes al Salón de Música, la mayoría de los pacientes gustaban del lugar por sus grandes ventanales que mantenían un cálido ambiente. Más ahora varios de ellos acudían con mayor frecuencia atraídos por las melodías que surgían gracias a Matt Daniels.
Estaba progresando.
En toda su experiencia como director del Instituto Psiquiátrico de Dartford, Darius Dydymski nunca había visto nada como los resultados que Harry Potter obtenía con las terapias más sencillas.
Aquello era lo que más molestaba a Derek, el informal acercamiento de Harry con sus pacientes, rompiendo barreras preestablecidas y encontrando a cambio dentro de esas lastimadas psiques, el verdadero potencial de individuos completos.
Daniels estaba esforzándose en regresar al mundo, se podía sentir a través de la melodía que inundaba el salón, nada que él hubiera escuchado antes a diferencia de las anteriores interpretaciones del joven.
—Ha estado fingiendo todo este tiempo —gruñó Derek a su espalda— nadie se recupera tan rápido y Potter sólo se engaña.
—Quizás, ¿más quien dice que no es precisamente ese el tratamiento que este joven necesitaba? Si ha estado fingiendo es por un motivo y si sale de aquí será porque lo ha superado.
Holms masculló para sí algunas palabras más mientras se alejaba, siempre era lo mismo con él, sencillamente no soportaba que alguien lo superara y cada vez veía con mayor rencor a Harry quien lo ignoraba por completo. Sin embargo era precisamente eso lo que había mejorado la atención de Holms en sus pacientes, el no dejarse vencer.
Era irónico que eso hubiera sucedido sólo por Harry Potter.
° ° ° ° °
Una vez más estaba frente a la puerta el departamento de Harry y de nuevo sentía que todo su cuerpo se estremecía con la terrible ansiedad de no saber que pasaría después de que hablara con Harry.
Estoy volviéndome cobarde, pensó Severus mientras sus dedos aferraban el portafolios con su más completo estudio de Aritmancia sobre los lugares atacados. Ese era el día en que le revelaría todo lo que podía a Harry, lo que fuera con tal de no lastimarlo.
—¡Severus, por un momento pensé que no te atreverías a tocar la puerta! —bromeó Harry como solía hacerlo ante el nerviosismo que atacaba generalmente a Severus.
Palabras llenas de un candor inesperado que arrancaba cada fibra de miedo del corazón de Severus y lo convertía en la bendita esperanza de un amor que rebasaba su comprensión.
Porque ahora era imposible para Severus seguirse engañando.
Amaba a Harry Potter antes de conocer su nombre por su encantadora personalidad, cada aspecto de él era digno de ser atesorado y maldito fuera él si perdía la oportunidad de adentrarse en esas piscinas verdes llenas de pureza que eran sus preciosos ojos, los mismos que en ese momento se acercaban lentamente, sin cerrar los párpados hacia él para que ambos pudieran compartir mil palabras a través de las ventanas de sus almas.
El beso que siguió fue tranquilo, lleno de promesas y confianza, tan distinto a cualquier otro que Severus hubiera recibido en su vida, que fue demasiado y sin poder evitarlo se sumergió en aquel sentimiento por completo hasta el momento en que sus bocas se separaron y pudo darse cuenta de que había cerrado los ojos.
Casi sin aliento permitió que su anfitrión le indicara el camino, sus piernas temblorosas lo llevaron no hasta la sala donde acostumbraban discutir, sino a un pasillo aledaño alfombrado con paredes color pistache que conducía hacia una escalera.
—He pensado mucho en nosotros y me parece que no he sido del todo honesto.
Severus se detuvo de improviso ante las palabras de Harry, no esperaba nada tan parecido a lo que él mismo había preparado decir.
—Harry yo...
—No tengo intención de que esto sea sólo una relación vacía —continuó Harry deteniéndose en el pie de la escalera, esperando a que Severus lo siguiera—, en verdad siento que lo que hay entre nosotros es diferente en muchos sentidos y...
—Soy un mago —lo interrumpió Severus antes de que fuera demasiado tarde, no quería que Harry le confiara sus mayores secretos sin saber con quien estaba hablando.
Los ojos de Harry se oscurecieron de inmediato y se endurecieron con inusual rapidez. No necesitaba usar legeremancia para ver las conexiones que él estaba formando. Los leves atisbos de verdad que había dejado como pistas sin ser consciente de lo que hacía.
—¿He sido de utilidad para el viejo Dumbledore? —le soltó a boca jarro con horrenda frialdad— ¿Ha sido divertido burlarse de Harry Potter "el inútil squib"?
—Harry, no...
—No debí confiar en ti —continuó Harry con la clara intención de arrojar a Severus de su casa—, has traicionado a todo el Grupo. ¿Cómo pudiste?
—¡NO LO HE HECHO! —exclamó Severus apenas consciente de la terrible desesperación que sentía surgir de su interior—. No lo he hecho.
Harry detuvo su avance, estudiando la patética figura que Severus sabía era él en ese instante. Una oportunidad, sólo una tenía para evitar perderlo por siempre.
—Nadie sabe de ti... que eres Harry Potter —aclaró de inmediato.
—Ahora vas a decirme que no trabajas para Dumbledore —remarcó Harry con sarcasmo.
—No aún —se apresuró a explicar Severus—, te lo he dicho antes, seré Profesor hasta que empiece el nuevo curso escolar, sólo que no será de Química... sino de Pociones —para Severus aquella declaración era verdadera, a final de cuentas su colaboración en la Orden era voluntaria, algo así como trabajo social no remunerado y no contaba como un empleo.
—¿Cómo llegaste a nosotros entonces? O vas a negar que el viejo Dumbledore te envió —había un ligero tinte de duda en la voz de Harry y Severus se aferró a eso para seguir adelante, no era momento de flaquear.
—No tengo idea de lo que diría si tuviera idea de que te conozco, ni siquiera me ha dicho algo sobre ti. Lo poco que sé de ti según el mundo mágico es que tus padres fueron magos y que murieron cuando tenías un año de edad y sólo porque un amigo lo mencionó en una borrachera.
—Eso no tiene sentido —insistió Harry intentando controlar la situación aunque fuera aferrándose a su desconfianza—, se supone que soy muy conocido entre ustedes.
Ahí estaba la pregunta que más temía ¿cómo explicarle todo sin mencionar una situación inverosímil incluso para los mago?, después de todo confesar que había estudiado con sus padres en Howgarts y que había perdido veinte años encerrado en una habitación era lo más difícil que tenía que enfrentar. Aquello era lo malo de la honestidad, una vez que se empieza no se puede detener.
—No soy de aquí —susurró sosteniendo la mirada de Harry—, llegué unos meses antes de conocerte. Sé muy poco de la situación por la que atraviesa el mundo mágico y aún menos del muggle, pero sé que hay un conflicto bélico que afecta ambas culturas. Por eso me decidí a ayudarlos, más es muy limitado mi campo de acción con tan poco conocimiento.
Lo único que me mantiene es mi obstinado carácter como observador, algo en lo que soy muy bueno y me ha mantenido con vida más de las veces que puedo contar. Así fue como los descubrí a ustedes y a ningún mago le importó cuando se los comenté.
Acercarme a ustedes ha sido la mejor decisión que he tomado en mi vida, es la primera vez que he encontrado un verdadero propósito para vivir y primero dejaría que me arrancaran las entrañas antes de traicionarlos. Por eso te he dicho quien soy.
—No tengo idea de lo que buscas revelándote así —expresó Harry sin abandonar la guardia, indeciso de tomar una decisión en ese instante y buscando más datos que le permitieran recobrar el control de una situación fuera de su comprensión.
—No tenía idea de que fueras Harry Potter cuando te conocí, ni siquiera me importó averiguar tu verdadero nombre antes porque confiaba en que me lo dirías libremente algún día. Cuando lo hiciste no me importó, lo que he dicho es verdad. Y no me importa porque a quien conozco es a un hombre valiente y sabio, lleno de fuerza y coraje para ayudar a los que son menos afortunados que él. No tengo idea de lo que Dumbledore te dijo para que formaras tanto resentimiento contra los magos y tampoco me importa porque sabes quien soy sin una varita que es cuando somos más vulnerables.
—¿Por qué me dices esto? —preguntó Harry obviamente perdiendo su ira inicial.
Ahora tenía que contestar por qué lo hacía. Bien podía haber mantenido correspondencia con Granger sin avisarle a Harry, jamás se habría enterado, pero su maldita conciencia estaba haciéndose notar de nuevo.
¡Merlín! En verdad lo amaba.
No podía mentirle, nunca a Harry.
—Tengo un par de amigos, son gemelos y tienen la teoría de que los ataques no son realizados al azar. Hay una compleja estructura de diagramas mágicos detrás que sólo hemos descubierto en parte. Ellos quieren que comparta esta información con una bruja muy lista que está considerada casi una paria entre ellos y yo... no puedo hacerlo si tú no aceptas.
Harry relajó su postura levemente, retrocedió unos pasos sacudiendo un poco la cabeza mientras pasaba una mano por su cuello.
—¿Todo esto ha sido para pedir mi autorización? —preguntó con cierta incertidumbre.
Severus asintió con un leve movimiento de cabeza deseando fervorosamente no estar sellando una sentencia inquebrantable.
—Entonces vete —dijo Harry lenta y fríamente—, necesito tiempo para pensar en lo que haz dicho.
Era lo que Severus esperaba y aunque reconocía que Harry le había hecho una petición justa, no podía dejar de sentir que era una despedida, sólo esperaba que no fuera una definitiva.
—Voy a dejar mi celular prendido —dijo regresando sobre sus pasos hacia la puerta del departamento. Heidi maulló lastimeramente al escucharlo y corrió a restregarse entre sus piernas—. Para cuando quieras hablar conmigo de nuevo.
No escuchó los pasos de Harry que le indicaran lo estaban siguiendo, así que supuso que continuaba en el pasillo.
Heidi le cerró el paso con su pequeño cuerpo blanco cubierto de pelo, era un kneazel inteligente y sabía que algo estaba pasando, algo que afectaba a su amo. A Severus nunca le había importado una criatura de esas antes pero ahora que recordaba las veces en que el animalito se había acurrucado a su lado, descansando su cabecita entre sus piernas, le pareció que no podía irse sin darle una explicación.
—No me mires así —susurró para que sólo Heidi lo oyera—, no quisiera irme, pero debo darle tiempo.
Un maullido y una mirada estricta al mejor estilo McGonagall fue su recompensa.
—Es por Harry ¿sabes? No voy a mentirle por siempre si quiero seguir a su lado. Me importa demasiado.
Heidi pareció meditar en esas palabras, giró sobre sí misma y subió hasta la repisa cercana y frotó nuevamente su cuerpo contra Severus, volvió a maullar y se alejó hacia el pasillo donde debía seguir Harry, pensar en eso hacía que su corazón doliera.
—Seguiré guardando los secretos que me han confiado —prometió Severus con firmeza al vacío justo antes de cerrar la puerta y alejarse a una calle escandalosa que parecía dispuesta a devorarlo y escupir sólo los restos de su patético corazón.
Harry se desplomó dentro de un departamento igual de vacío, en un pasillo verde pistache sin más compañía que su corazón confundido y el suave ronroneo de Heidi.
° ° ° ° °
Continuará
N/A: Los conflictos han avanzado y como han leído el primer gran pleito entre Severus y Harry acaba de suceder, ¿logrará Severus recuperar el corazón de Harry o Matt Daniels será quien gane su afecto? Esto y más en los próximos episodios .
Besos Quetzalescos
