Pues este es el último capítulo de Siete Almas. Gracias Lupinremus por haberlo leído y por haberme dejado reviews, me ha hecho mucha ilusión :) Espero que te haya gustado. Este fic tiene continuación pero con el tiempo veré si la subo, no te aseguro nada. De todas formas, gracias por haber estado ahí y habérmelo hecho saber. Besos.


Capítulo 9: El final de una vida

Voldemort miraba a Harry. Sus ojos rojos de serpiente tenían una expresión triunfadora. Por fin, iba a acabar con ese muchacho al que tanto odiaba. Se deleitó un poco más viéndole tendido en el suelo, herido, indefenso y sonrió. Pero sus ojos se apartaron del lugar donde yacía el muchacho: algo se movía entre los árboles del fondo. Siete sombras se fueron acercando. Eran las chicas.

- Vaya, vaya, ¡si tenemos visita! -exclamó Voldemort sorprendido- Potter, no has cumplido las reglas del juego y has traido a tus amiguitas. No, no... voy a tener que castigaros a todos.

Harry levantó la cabeza con esfuerzo. Sus amigas estaban allí tras él pero no entendía nada, no podía explicarse qué estaban haciendo allí. Ellas lo miraban temerosas sin perder de vista tampoco a Voldemort.

- ¡No! -pronunció Harry en un hilo de voz pero trató de tomar aire y gritó- ¡Déjalas irse! ¡Esto es algo entre tú y yo!

- Por supuesto que es algo entre tú y yo pero... ¿crees que Lord Voldemort va a hacer caso de tu petición? -ironizó el mago. Ellas se acercaron a donde estaba Harry, rodeándole.

- ¡Acaba conmigo pero déjalas! -repitió Harry con voz quebrada.

- Ummm... ¿a qué me recuerda esto?... Oh, sí... a tu madre implorándome que no te matara antes de matarla a ella -recordó Voldemort maliciosamente- "Mátame a mí si quieres pero deja al niño" -pronunció con voz infantil y comenzó a reír con fuerza- Está claro que sois muy poco originales en vuestra familia a la hora de morir, Harry.

Las chicas sabían que su decisión de ayudar a Harry les podría costar la vida pero ya no había vuelta atrás. De hecho, ninguna se arrepentía de la decisión tomada. Harían todo lo posible por salvarse.

- De acuerdo -dijo Voldemort- Me habés puesto en duda... ¿A quién mato primero?

Y diciendo esto, las chicas se miraron, levantaron sus varitas y gritaron a la vez:

- ¡IMPEDIMENTA!

Siete rayos de luz roja salieron de las varitas en dirección a Voldemort.

- ¡PROTEGO! -gritó el mago que había reaccionado a tiempo.

Los siete rayos rebotaron sobre la protección que se había impuesto con el hechizo y se dirigieron de nuevo hacia las chicas, dándoles a todas, haciéndoles caer hacia atrás sobre el terreno.

- Me voy a divertir mucho con vosotras -sonrió Voldemort encantado.

No había salida. Ni siquiera el poder de las siete juntas podía con el de Voldemort. Iban a morir.

- Harry, les voy a proporcionar a tus insolentes amiguitas el placer de verte morir a ti primero -anunció la voz fría de Voldemort- Si están aquí, es para que vean todo el espéctaculo, ¿no crees? Después me encargaré de ellas aunque primero... ¡SEPTEM CRUCIO!

De la varita de Voldemort salió un rayo de luz roja que se ramificó en siete y dio a cada una de las muchachas. No lo esperaban y ninguna pudo esquivarlo. Harry gritó:

- ¡DÉJALAS!

Voldemort se detuvo tras unos segundos eternos, esbozando una siniestra sonrisa. Los tenía a todos en sus manos. Las chicas habían dejado de retorcerse y gritar por el dolor sufrido aunque continuaban tiradas por el suelo, totalmente doloridas.

- Harry... parece que no conoces a Lord Voldemort... Yo no recibo órdenes... Las doy. -le recordó con semblante frío- Y como súplica tampoco me sirve porque... yo no tengo compasión.

Las chicas habían comenzado a arrastrarse de nuevo hacía donde estaba Harry. Sabían que de un momento a otro, Voldemort iba a lanzar otra maldición y sería sobre el muchacho, pero ninguna dudó y se colocaron delante del chico, escudándole.

- Muchachitas, estáis acabando con la paciencia de Lord Voldemort... y eso no es nada bueno, os lo aseguro.

Iba a ser el final pero no se arrepentían. Protegerían a Harry mientras todavía estuvieran vivas aunque lo que necesitaban era un milagro. Harry abrió los ojos y las miró. Sentía una mezcla de dolor, agradecimiento y amor por ellas, por lo que estaban haciendo...

- Creo que es hora de acabar... Me estáis haciendo perder demasiado tiempo -se impacientó el mago. Levantó su varita y gritó:

- ¡AVADA KEDABRA!

Entonces, lo vieron como si fuera una película a cámara lenta. Un rayo de luz verde había salido de la varita y se dirigía hacia ellas. Definitivamente, iban a morir. Missi y Brabra cerraron los ojos con fuerza. Inqui, Mahe y Circe giraron el rostro. Nigriv y Aloho bajaron la cabeza. Harry continuaba detrás de ellas y veía como el rayo se acercaba... Era como el sueño que había tenido, se encontraba en la misma situación pero en su sueño, se despertaba antes de que el rayo los alcanzase...

De pronto, una neblina de color rojizo y dorado se formó entre las chicas. Una fuerza las acogía. Notaron cómo el rayo impactaba sobre la neblina, se extendía su luz verde sobre ella y, sin entender cómo, volvió a recogerse en un haz de luz que se dirigió a Voldemort alcanzándole en el pecho. Voldemort comenzó a gritar. Las chicas se atrevieron a mirar y la imagen fue dantesca: el rostro de Voldemort se desfiguraba por momentos, sus gritos eran aterradores. Su cuerpo, del que salía una extraña luz, comenzó a convulsionarse y dando un grito desgarrador, explotó.

Todo se volvió oscuridad y silencio.

Las chicas estaban impresionadas por lo que acababan de presenciar. Temblaban del horror que sentían y por el dolor aún latente que la cruciatus les había hecho padecer.

- ¿Qué... qué ha pasado? -preguntó Missi en voz baja. Era como si fuera una trampa y enseguida fuesen a aparecer mortífagos por todos lados o de nuevo, el mismísimo Voldemort.

- No lo sé -contestó Inqui en el mismo tono de voz. Miró a su alrededor- ¡Chicas, chicas! ¿Estáis bien?

- Sí -musitó Nigriv.

- Yo también -respondió Aloho- ¿Y vosotras?

Las demás asintieron. Miraron a Harry que seguía detrás de ellas pero estaba inconsciente. La cicatriz había dejado de sangrarle y parecía que se había vuelto a cerrar.

- La bóveda ha desaparecido -observó Brabra mirando al cielo.

- Es verdad -confirmó Circe que había levantado la vista también al cielo- ¿Será que ya podemos irnos de aquí? ¡Porque lo estoy deseando!

- Mirad... -susurró Mahe.

Sobre sus cabezas volaba un ave... era Fawkes, el fénix.

Al cabo de varias horas en la enfermería comprobando que se encontraban bien a pesar de lo sufrido, la profesora McGonagall los acompañó al despacho del profesor Dumbledore cuando comenzó a amanecer. Extrañamente, el castillo volvía a tener un ambiente cálido.

Llegaron ante la gárgola de piedra que precedía a la escalera que llevaba al despacho y la profesora dijo la contraseña. La gárgola se apartó dejando a la vista las escaleras de caracol y subieron. La puerta estaba cerrada pero la profesora se adelantó, llamó dos veces y entró. Dumbledore estaba sentado tras su mesa. Su aspecto era cansado y pálido pero tenía una sonrisa en los labios.

- Tomad asiento, por favor -invitó el profesor- Gracias, Minerva.

La profesora McGonagall sonrió con ojos llorosos pero parecía que de emoción, no de tristeza, y salió del despacho cerrando la puerta tras ella.

Las chicas y Harry se habían sentado frente a la mesa de Dumbledore en butacas que normalmente no estaban allí. Todos estaban callados

- Esta noche habéis vivido posiblemente una de las experiencias más horribles de toda vuestra vida, sino me equivoco -comenzó a decir el profesor con voz débil- Pero habéis demostrado un valor, un coraje sorprendente. Todos vosotros.

¿Cómo podía saber lo que había ocurrido en aquel claro del Bosque si no había estado alli?, se preguntaban.

- Fawkes me lo ha contado todo. -sonrió ante la cara de sorpresa de las chicas y Harry al responder a la pregunta que había en su mente- Estaba seguro de que Voldemort no tardaría en aparecer, lo presentía -miró al grupo que se sorprendió ante la revelación- Sé que el profesor Flitwick os contó lo que me ocurre y por qué estoy así. Cada minuto que pasaba sentía que la misión que me encomendó el destino estaba llegando a su fin y era porque cada vez estaba más cerca el momento en que Harry y Voldemort iban a encontrarse.

El grupo le miró. Debía ser horroroso ver cómo se acercaba el final... aunque ellos lo habían experimentado esa noche.

- Y por ello -continuó Dumbledore- le pedí a Fawkes que vigilase a Harry. Conozco a Voldemort y sabía que te iba a chantajear de alguna manera -dijo mirando al chico- Lo que no sabía era que además de a Harry, tuvo que vigilaros a vosotras también -comentó seriamente esta vez dirigiéndose a las chicas.

Estas no sabían si el comentario tenía un tono de regaño pero al momento vieron que Dumbledore las miraba sonriendoles con sus ojos azules.

- El EP.

- ¿EP? -preguntó Harry extrañado- No profesor, es ED, Ejército de Dumbledore -corrigió Harry con educación.

- No, Harry, ellas son el EP, Ejército de Potter -repuso el profesor sonriéndoles. ¿Cómo sabía aquello si era algo que sólo habían hablado entre ellas? Harry las miró sorprendido y ellas se ruborizaron.

- Veréis, os estaréis preguntando cómo ha sido posible que hayáis sobrevivido esta noche cuando era algo que parecía imposible -prosiguió hablando tras una pausa- Sabéis bien que Voldemort estaba hecho de odio y que había algo que él no podría resistir nunca. Algo que ya te salvó cuando eras un bebé, Harry. Y esta noche, tus amigas lo han vuelto a hacer -explicó con tranquilidad pero al ver que el grupo no entendía bien lo que les quería decir, sonrió- Harry, estas muchachas han demostrado esta noche que sienten por ti un afecto sincero, un gran amor, y eso ha hecho que el Avada que Voldemort os lanzó no pudiera resistirlo y se volviera contra él.

- Profesor... -interrumpió una de las chicas- Hubo una especie de neblina que nos envolvió...

- Efectivamente -confirmó el director- La fuerza del gran cariño que sentís por Harry salió de vosotras y os envolvió protegiéndoos. Según me contó Fawkes, el rayo que llevaba la Avada se esparció por el escudo que se había formado en ese momento a vuestro alrededor y rebotó de nuevo hacia Voldemort, ¿no? -todos asintieron- Pues bien, claramente, cuando el rayo se dirigió hacia Voldemort ya no estaba lleno de odio, sino de amor, del amor que había recogido al chocar contra esa neblina que eran vuestros sentimientos hacia Harry. Voldemort no pudo resistirlo en su cuerpo y por eso desapareció.

- ¿Desapareció? -repitió Harry acelerándosele la respiración- ¿Qué quiere decir? ¿que ya no...?

- Exacto, Harry, ya no existe. Pero esta vez para siempre. El amor entró en él y lo fulminó -aclaró el profesor sonriendo. Todos estaban totalmente asombrados. No podían creer que ya todo hubiera acabado- Y todo ha sido gracias a vosotras. A las Siete Almas.

No sabían qué decir. Ellas habían actuado por impulso, con el corazón. Y quizá el sentimiento sincero fue lo que las hizo mantener con vida. Harry las miraba una a una. Si ya sentía aprecio por ellas antes de todo lo que había ocurrido esa noche, ahora era un gran cariño lo que guardaba en su corazón para cada una. No eran siete amigas más, eran sus Siete Almas.

Tras un rato en silencio en el que todos reflexionaban las palabras de Dumbledore y lo que estaban sintiendo, Harry recordó que había algo más pendiente:

-Señor, cuando vi a Voldemort, me dijo que en el colegio había un grupo de dementores que hizo invisibles para que nadie los pudiese encontrar y que estaban siendo los causantes del estado en que hemos estado todos - explicó ansioso- ¿Se podrá hacer algo?

- Ya se ha hecho, Harry -respondió el profesor. Era cierto que a las pocas personas que habían visto desde que regresaron al colegio no parecían ya tan deprimidas. Y no se sentía frío tampoco por los pasillos y las habitaciones.

- ¿Ya se ha hecho? ¿Pudieron descubrirlos? -se interesó nervioso, ya que se sentía en cierta forma culpable de haber conocido qué provocaba el estado anímico de sus compañeros y profesores, y no haber podido decirlo.

- Un compañero tuyo quiso hablar conmigo anoche y me lo dejó entender -reveló Dumbledore.

- ¿Un compañero mío? ¿Quién lo sabía? -preguntó el chico asombrado- Sé que sólo los alumnos que tienen familia mortífaga eran los que no habían notado los efectos de los dementores...

Dumbledore le miró y subió las cejas.

- Exacto.

- Entonces... -Harry seguía sin comprender. Algún Slytherin tuvo que contárselo pero ¿quién?

- Hay veces que las personas recapacitan cuando ven que no llevan un buen camino, Harry, cuando comprueban que se han estado equivocando en la forma de actuar y reconocen en los demás el valor, valentía y la humildad que a ellos les falta -explicó el director juntando las puntas de sus dedos sobre la mesa- Digamos que uno de tus compañeros se dio cuenta de todo esto a tiempo y rectificó. Aunque será duro para él mostrar el cambio que está sintiendo y seguirá comportándose casi como hasta ahora pero... tiempo al tiempo.

¿De quién hablaba? No sería de...

- Bueno, EP, si no os importa me gustaría charlar un rato a solas con Harry -pidió el profesor amablemente- Descansad y preparaos para mañana. Lo que ha pasado esta noche es un secreto así que mañana lo sabrá todo el colegio -dijo sonriendo.

Las chicas se fueron levantando poco a poco y se despidieron de Harry y del director. Se sentían exhaustas aunque felices del rumbo que había tomado la noche. Estaban vivas y Harry también.

Una vez salieron del despacho, Dumbledore miró a Harry por encima de sus gafas de media luna. Harry no sabía de qué quería hablarle el director pero se sentía extraño. Tenía el presentimiento de que iba a despedirse de él.

- Harry... gracias.

- ¿Gracias por qué, señor?

- Por muchas razones pero la más importante, porque siempre has creído y confiado en este pobre viejo, aún cuando no te contaba todo lo que querías saber -clavó sus ojos azules en los verdes del muchacho y le dijo- Estoy muy orgulloso de tí, Harry.

- Señor... -pronunció el chico temblándole la voz.

- Sé que crees que no te sientes preparado pero lo estás, Harry. -continuó hablando el anciano- Eres un mago muy poderoso. Pocos magos en la historia de nuestro mundo han llegado a ser cómo eres tú. Cierto que aún tienes que descubrir y aprender muchas cosas, pero estás en el buen camino. Lo sé. -esbozó una sonrisa y añadió- La comunidad mágica se sentirá muy orgullosa de tener a alguien como tú velando por ellos.

Harry se sentía abrumado. Agradecía las palabras de Dumbledore pero le asaltaban las dudas.

- Señor... yo... yo no me veo un gran mago -confesó azorado- Es cierto que me he encontrado en situaciones de las que he salido vivo pero creo que cualquier mago que tuviera un poco de suerte o ayuda, como yo he tenido, hubiera salido también.

- No Harry, no lo entiendes. Tú eres la fuerza, en ti está la magia, el poder y lo comprobarás poco a poco, ya verás. Confía en mí.

Aunque no estaba muy convencido, asintió con la cabeza. Veía a Dumbledore tan cansado que no quería fatigarlo más intentando hacerle ver que él no era el gran mago que el anciano creía.

- Harry, sabes que me queda poco -suspiró con profundidad.

- Pero señor... -replicó angustiado- ¿Por qué...? No entiendo... Si usted es el hechicero más grande de todos los tiempos ¿por qué no hace algo para... para... ? -pero no se atrevía a concluir su frase.

- ¿Para no morir? -sonrió tristemente, terminando por él su petición- Porque ya mi destino se cumplió, Harry. Me halaga que me llames "el hechicero más grande de todos los tiempos", pero ahora ese título te toca a ti.

- ¿A mí?

No le cabía en la cabeza que Dumbledore le siguiese insistiendo en ello.

- Harry, eres mi sucesor -expresó con orgullo- Además, yo ya he vivido demasiado. Me apetece descansar. -el chico se sentía tan mal por las palabras del director confirmando que iba a morir que se le hizo un nudo en la garganta. Tras unos instantes de silencio, continuó hablando- De algo que sí me siento culpable es de no haberte dado toda la información que hubieses querido saber en tantas cuestiones durante todos estos años -se lamentó- Por ello, pregúntame lo que quieras, algo que tu corazón te pida una respuesta, algo que quiera conocer. Esta vez no me callaré.

Harry le miró. Le estaba ofreciendo la oportunidad de saber la respuesta a las miles y miles de preguntas que tenía en la mente. Pero siguió el consejo de Dumbledore y, por lo que podía significar la respuesta, preguntó con el corazón:

-Señor... quisiera... quisiera saber qué es el Velo que había en el Departamento de Misterios por donde Sirius... cayó.

El corazón le dijo que estaba en lo correcto, necesitaba saber qué había pasado con su padrino, dónde había caído. Dumbledore le observó durante unos minutos en silencio.

- Cuando nuestro mundo se originó, no existían las leyes mágicas -comenzó a explicar- pero se formó un grupo de magos que se dedicaron a controlar que la paz y la armonía en nuestra comunidad se mantuviese siempre intacta. Fue el precursor del Wizengamot actual. Poco a poco, comenzaron a dictar las primeras leyes mágicas por las que nos hemos ido rigiendo durante siglos. Y una de las leyes que se dictó fue la que durante años se conoció como la "Ley del Velo".

-¿Ley del Velo? -preguntó Harry extrañado- ¿Qué es?

- Como suele ocurrir, ya sea en el mundo muggle o en el mágico, siempre hay magos que se malogran. El Wizengamot dictó una ley para castigar a los que cometían algún delito y como no existían las prisiones mágicas en aquel entonces, construyeron el Velo. Cuando se condenaba a un mago, se le lanzaba a través del Velo y allí permanecía hasta que moría. Es como el origen del actual Azkabán -Harry escuchaba atento. El profesor parecía que estaba llegando a lo que él quería oír- Sólo los que construyeron aquel artefacto tenían el poder para entrar y salir del Velo, para comprobar el estado de los condenados.

- ¿Se puede entrar y salir del Velo? -preguntó Harry nervioso ante lo que aquello suponía.

- Sólo los que lo construyeron, Harry -repitió para evitar las erróneas ideas e ilusiones que sabía que el chico se estaba haciendo- Nadie más. Los condenados se quedaba allí, rodeados de oscuridad y las voces de los que ya habían muerto. Esas son las voces que se escuchan allí. -explicó el director. Podía ver cómo Harry se estaba angustiando.

- Entonces... cuando eran lanzados a través del Velo, ¿no morían de momento? -quiso asegurarse. El corazón le latía a mil por hora. Estaba viendo una pequeña esperanza.

Dumbledore se detuvo un instante. De todas las preguntas que esperaba que Harry le hiciese, ésa era la que más temía. Meditó unos instantes cómo explicarle.

- Verás, Harry, cuando caían tras el Velo, seguían vivos pero... -se detuvo un momento. No sabía cómo decirlo para no dañar al muchacho. A pesar de estar intentando dejárselo todo claro, veía la esperanza reflejada en sus ojos- Aquel lugar no era nada agradable y los condenados no resistían mucho tiempo.

- ¿Cuánto tiempo? ¿Cuánto podrían vivir dentro? -preguntó Harry aceleradamente. La cabeza le daba vueltas, se sentía mareado por la emoción de pensar que quizás su padrino estuviera aún vivo.

- Harry, tranquilízate. -pidió Dumbledore al ver la agitación del muchacho- Los condenados... -dudó- no resistían más de dos ciclos lunares.

- ¿Dos ciclos lunares? -repitió el chico- Eso son dos meses...

- Exacto -confirmó Dumbledore que se entristeció al ver cómo cambiaba la expresión en la cara de Harry.

"No más de dos meses" pensó el muchacho. Sirius llevaba allí mucho más tiempo. Entonces... ya estaba muerto. La pequeña esperanza que había brotado en su pecho, desapareció de golpe, no había nada que hacer. Cerró los ojos un momento pero una lágrima cayó por su mejilla. Por un segundo, había creído que existía la posibilidad de poder contactar con su padrino, si seguía vivo y de alguna forma, hallar la manera de sacarle de allí. Pero ya no había nada que hacer. Sirius estaba realmente muerto.

Dumbledore se levantó de la mesa con esfuerzo y se dirigió hacia una silla que había junto a la de Harry y se sentó junto a él.

- Harry... -susurró- Sé que es difícil pero no te dejes llevar por la tristeza de nuevo.

Harry suspiró, se quitó las gafas y se enjugó las lágrimas. Dumbledore tenía razón. En cierta forma y con mucho dolor, ya había aceptado la muerte de Sirius pero no había podido evitar sentir un poco de esperanza al escuchar qué era aquel Velo. Miró a su profesor y vio que lo observaba con una expresión tremendamente triste. Se culpó por hacerle sentir así con lo mal que se encontraba el director, por haberse dejado llevar por una esperanza inexistente. Permanecieron un rato callados, en silencio.

- ¿Estás mejor? -le preguntó Dumbledore rato después. Harry se sorprendió. El hombre que tenía ante sus ojos estaba a punto de morir y aún se preocupaba de cómo estaba él.

- Sí -mintió.

- Está bien, Harry -dijo con debilidad. Harry se dio cuenta de que el profesor no se estaba sintiendo bien- Bueno, será mejor que vayas a descansar. A los dos nos hace falta.

Harry asintió. Se levantó de la silla y ayudó a Dumbledore a incorporarse. Éste se situó frente a él y posó sus manos en los hombros del muchacho.

- Harry, no te preocupes. Aunque no me veas, estaré siempre cerca. Y me sentirás, ya lo verás. -le confirmó el profesor mirándole fijamente a los ojos. Y diciendo esto, se acercó al muchacho y le abrazó. Para Harry había sido muy duro perder a familia y amigos sin tener la oportunidad de despedirse de ellos, pero ésto no era mucho mejor. Al rato, se separaron y Dumbledore dijo:

-Gracias por todo, Harry Potter.

Pasaron los días. El colegio había vuelto a su estado habitual. Los alumnos hablaban y reían por los pasillos, Peeves seguía haciendo de las suyas, Filch iba detrás de todo el que pudiese castigar... Todo había vuelto a la normalidad.

Las chicas y Harry estaban sentados cerca del lago. Se habían hecho inseparables. Como buen secreto, todo el colegio conocía lo que había ocurrido aquella noche en el Bosque y se sentían orgullosos de las que ya eran conocidas por todos como el Ejército de Potter.

-¿Habéis pensado quién pudo ser el que le contó a Dumbledore lo de los mortífagos? -preguntó Nigriv mientras tiraba una piedrecita al lago. Todas tenían una ligera idea de quien podía haber sido aunque parecía bastante sorprendente.

- Yo me he fijado en mis compañeros cuando estamos en la sala común y he notado que hay gente que ha cambiado bastante -explicó Missi intentando que su piedra llegara más lejos.

- Yo también he pensado quien ha podido ser pero tengo un favorito, claro -confesó Aloho.

Todas rieron, incluido Harry aunque se encontraba pensativo.

- Quién sabe, Aloho -bromeó Circe y guiñándole un ojo, añadió- A lo mejor tenemos que unir un nuevo miembro al EP.

- Mirad quien nos mira -advirtió Inqui. En ese momento, miraron hacía la parte superior del jardín que bajaba al lago. Malfoy pasaba por allí y se había detenido observándoles. Extrañamente, iba solo. Pareció que esbozaba una leve sonrisa y se fue.

- Me parece que ya tenemos claro quién fue -confirmó Brabra sonriendo.

Todas siguieron mirando hacia donde se había ido Malfoy. Todas excepto Harry, que estaba mirando hacia el camino que subía por el borde del lago hacia el castillo. Por allí se acercaba alguien. El chico se estiró para ver mejor.

- ¿Qué pasa, Harry? -preguntó Mahe. Éste no contestó pero se incorporó lentamente y comenzó a andar hacia el desconocido. Las chicas le siguieron con la mirada. Harry comenzó a acelerar el paso hasta que echó a correr hacia el hombre que se acercaba por el camino.

- ¿Pero quién...?

Harry llegó hasta donde el hombre estaba y vieron que se fundió en un abrazo. ¡Era Sirius!

- Pe... pero... -el chico no acertaba con las palabras- Debo estar soñando... -musitó con lágrimas en los ojos. Estaba allí junto a su padrino y ¡estaba vivo!

- No Harry, no estás soñando. -respondió Sirius emocionado Sirius volviendo a abrazar al chico- Estoy vivo y estoy aquí.

- Pero... Dumbledore me dijo... que el Velo... no podías regresar, que por el tiempo que llevabas allí... ya estarías... - intentó decir Harry pero las palabras le salían atropelladamente. No podía creerlo.

- Es gracias a Dumbledore que estoy aquí -puntualizó su padrino con una gran sonrisa.

Necesitaban hablar tranquilamente. Había muchas preguntas que responder así que se dirigieron hacia el castillo. La profesora McGonagall estaba en la puerta.

-¡Sirius! -se acercó al joven y lo abrazó- Ooh, Dumbledore no me quiso decir nada pero estaba segura que sería algo de esto.

Harry no entendía nada pero se sentía feliz, muy feliz.

- Será mejor que vayamos a... mi despacho para hablar tranquilamente -propuso McGonagall. Se había convertido en la directora de Hogwarts al faltar Dumbledore pero todavía le costaba hacerse a la idea.

Subieron hasta el despacho y se sentaron. Harry no podía dejar de sonreír. La alegría y sorpresa que sentía eran tan enormes que se sentía volar.

- Verás, Harry -comenzó a explicar McGonagall- antes de morir, el profesor Dumbledore me dijo que quería hacerte un gran regalo, algo que echabas de menos con toda tu alma, algo que sabía que te ayudaría a comprender que la magia que llevas dentro, te hace un mago muy poderoso. Pero no me quiso decir qué era exactamente, aunque lo intuí -explicó la profesora sonriendo al mirar a Sirius que mantenía la mano cogida de su ahijado.

- Pero ¿cómo consiguió sacar a Sirius de allí? -quiso saber el muchacho- Él me explicó...

- Cuando un mago cumple la función que el destino le encomienda y va a morir, se le concede un deseo en recompensa por su esfuerzo y trabajo. El profesor Dumbledore hizo indagaciones para ver si algún heredero de los magos que construyeron el Velo aún vivía. Y lo encontró. -la profesora se detuvo un momento y continuó- Este mago llevaba en la sangre la capacidad que sus antecesores habían tenido de poder cruzar el Velo y el profesor Dumbledore le pidió que cruzase para comprobar si Sirius seguía vivo -explicó la profesora.

Harry miró a su padrino que le sonreía.

- Y vivo estaba -confirmó Sirius.

- Pero... uf, no entiendo. El profesor Dumbledore me dijo que ninguno de los que estuvieron tras el Velo resistió más de dos ciclos lunares y... ¡tú hace meses que caiste allí! -exclamó Harry que aunque estaba confundido, se sentía encantado.

- Lo sé pero debe ser igual a cuando estuve en Azkabán. Yo era inocente, simplemente había caído y no sé cómo pero resistí -explicó Sirius- Supongo que mantuve siempre la esperanza de poder salir de allí algún día y volver a verte, y eso me ayudó a seguir vivo.

La profesora McGonagall estaba emocionada. Los miró y siguió hablando.

- Cuando Dumbledore confirmó que Sirius seguía vivo, ya no tuvo ninguna duda de lo que pediría de recompensa por su labor al destino.

- Sacarle de allí -murmuró Harry.

- Exacto.

Era imposible describir la gratitud que Harry sentía en ese momento hacia Dumbledore. Le había de vuelto a su padrino, la única familia que le quedaba, la persona que más necesitaba a su lado.

- Bueno, Harry -dijo la profesora McGonagall- Dumbledore me dio esta carta y me dijo que te la diese cuando su deseo llegara a ti -le entregó un sobre lacrado- Así que aquí la tienes.

Harry miró el sobre que con tinta verde ponía "Para el Señor Harry Potter, el hechicero más grande de todos los tiempos". Sonrió y miró a Sirius que con un gesto de la cabeza le animó a abrir el sobre.

- Voy a dejaros sólos -dijo McGonagall levantándose. Sirius miró a Harry y preguntó:

- Minerva, ¿crees que me prepararán algo de comer si bajo a las cocinas?

- ¡No te vayas! -exclamó Harry. Temía que fuese un sueño y que no volviese a ver de nuevo a su padrino.

- Harry, estoy aquí -confirmó seriamente- pero... tengo mucha hambre -y se echó a reír- No me voy a ir a ningún lado. Nunca más. Te lo prometo. Pero creo que deberías leer esa carta a solas y yo bajar a comerme todo lo que me encuentre -dijo sonriendo.

Harry le miró y asintió. Sirius y McGonagall salieron del despacho. Se había quedado sólo y se sentó junto a la ventana desde donde los cuadros de los antiguos directores no podían verle. Era cierto que necesitaba un poco de intimidad. La carta que tenía en las manos la había escrito el hombre que le había devuelto lo que más deseaba. Abrió con cuidado el sobre y comenzó a leer:

"Querido Harry:

Si estás leyendo esta carta, quiere decir que en este mismo instante te encuentras muy feliz porque Sirius está contigo. Me alegro enormemente de haber podido ayudarte a ser feliz porque te lo mereces.

Te dije que siempre estaría cerca de ti, que me sentirías y espero que ahora notes que te dije la verdad. La magia que llevas en tu sangre hará que siempre estemos en contacto. Confía en lo que te digo.

Sabes que la profesora McGonagall ha ocupado mi puesto como directora del colegio. Lo hará estupendamente. De hecho, creo que era ella quien tomaba más decisiones que yo (hasta muerto me gusta bromear). Pero tú serás quien ocupe mi puesto en la Orden del Fénix, Harry. Aunque Voldemort haya desaparecido, quedan muchos de sus seguidores tan ávidos de odio, venganza y poder, que no habrá que bajar la guardia. Cuando completes tu formación en Hogwarts y hayas cumplido la mayoría de edad, te espera tu puesto. Nadie más que tú merece ser el símbolo de la Orden del Fénix. Has soportado y vivido situaciones que ningún mago podría vivir. Y lo has conseguido precisamente porque eres tú. Porque la fuerza mágica reside en ti y ahora también en esas chicas que te ayudaron a vencer a Voldemort, las Siete Almas. Cuentas con el mejor ejército, Harry, porque está hecho de sinceridad, amor y respeto.

Fawkes, mi querido y apreciado fénix, estará también a tu servicio. En él podrás encontrarme siempre que me necesites. No lo olvides.

Sé feliz, Harry Potter, porque tú haces feliz a los que te rodean.

Albus Dumbledore"

Harry guardó la carta y miró por la ventana. Fawkes, que se encontraba como siempre en el despacho, voló hacia él y se posó a su lado. Harry lo acarició. Se sentía feliz, completamente feliz: Sirius había vuelto, sentía a Dumbledore cerca y lo que le hacía sentirse el mago más afortunado del mundo era tener por amigas a las personas que más podían apreciarle, las Siete Almas.

FIN