Pues aquí estamos otra vez con un nuevo capitulo. La inspiración me volvió hace solo un par de días y pude dar un orden al capitulo que sigue a este. En fin espero volver a actualizar pronto, en cuanto a Regalo Nocturno, pues estoy teniendo algunos problemas con la trama, pero ya se me ocurrirá como solucionarlo, pero como siempre se demorara la actualización. Lo lamento.


Capitulo 8


"Secretos II"


El sacerdote detuvo su desgarbado andar al oír el sutil saludo. – Así me doy cuenta. – contesto sonriendo. – Sigo perdiéndome en estos lugares. – Con energía se volvió hacía ella y ambos con esa solemnidad de compañeros de armas, se extendieron la mano con cortesía amistosa. - ¿qué tal estás, Integra?

Soltó su mano y se cruzó de brazos con una sonrisa arrogante. – Con hambre de respuestas. Nuestra última conversación fue algo intrigante por decir lo menos.

Sacerdote suspiró profundamente, ya se esperaba esto de ella. En fin que Dios se apiadará de él. – Directo al grano como siempre, no haz cambiado nada.

Integra, solo alzó las cejas y se metió al auto. – Andando. – fue toda la respuesta que le dio.

Anderson negando con la cabeza se subió por la puerta del copiloto, y se acomodó lo mejor que pudo en estrecho espacio. Y sin esperar nada, echo andar el auto a toda velocidad. Le urgía obtener esas respuestas.

El viaje transcurrió en silencio, cada uno de los ocupantes zabullidos dentro de sus mentes, cada cual intentando encaja todo, aunque había que decir, que Anderson se sentía bastante inquieto, la reacción de Integra sería impredecible.

Poco a poco se alejaron del centro de la ciudad, y entraron a los suburbios, las casas de estilo colonial y las pequeñas cercas blancas, eran cada vez más abundante. El sacerdote, alzó las cejas sorprendido, nunca se imagino que la estoica doncella de hierro, eligiera un lugar así para vivir. El auto se detuvo fuera del garaje de una bonita casa blanca, bastante grande con un cuidado jardín, definitivamente impredecible, fue su seco pensamiento ante la imagen.

Ambos salieron del carro, y la mujer lo guío por un sendero de piedras que atravesaba el jardín y que unía el estacionamiento con la entrada principal. Integra miró de reojo al sacerdote, y sonrió con un dejo de diversión, se veía realmente incrédulo seguro que no se terminaba de creer que ella hubiese elegido un lugar así para establecerse. – No pega mucho con la mujer que era… - declaró, sin mirarlo atrayendo la azulada mirada de Anderson. Ya se encontraban fuera de la entrada principal. –…pero va perfectamente con la mujer que soy ahora.

El exterminador, sonrió culpable, después de todo no era un buen actor, y definitivamente su expresión no disimuló sus pensamientos. – No era mi intención…

-Tranquilo Anderson, entiendo claramente. – torció la cabeza, y su expresión calmada dio fe de su sinceridad. La llave hizo clic, y la puerta se abrió. – Adelante.

Integra supo de inmediato que Serás estaba en el segundo piso, el suave crujir de una puerta la delató. – Puedes pasar al salón y ponerte cómodo, el baño es por el pasillo la primera puerta a la derecha por si quieres refrescarte. Yo mientras, iré por Serás.

Asintió simplemente y avanzó por el corredor sin dejar de mirar la decoración femenina y el acogedor ambiente de la casa, que contrastaba rotundamente con el aspecto gótico, masculino y frió que transmitía la mansión Hellsing.

Integra subió velozmente los escalones y se dirigió al cuarto de Lionel, no se tomó la molestia de tocar. Dentro, Victoria y su hijo estaban en medio de un juego de mesa. – Victoria quiero que bajes conmigo… - la aludida asintió nerviosamente, y dirigió una mirada a Lionel. –… hijo, necesito que tú vayas a donde los Miller, Diana te estará esperando, yo iré más tarde por ti.

-Pero mamá quiero quedarme. – replicó, frunciendo las cejas.

-Ya está decidido Lionel, no discutiré más al respecto. – fue la inflexible respuesta.

-Pero… - quiso discutir, pero la fría mirada de su madre lo acalló. –… oh, está bien. – se cruzó de brazos, y bajo la cabeza molesto.

-Ahora, ve. – se acercó al armario cogió un sweater y se lo tendió. El chico enfurruñado lo tomo de mala gana y bajó las escaleras corriendo. Ambas supieron cuando salió de la casa por el portazo que dio.

Serás soltó el aire retenido en los pulmones con desganó. Integra puso una mano en su hombro, y la alentó. – Tranquila, no pasará nada. – la joven la miró atemorizada. – Lo prometo. – asintió agradecida ante lo último.

-Vamos entonces. – dijo intentando sonar animada.

Abajó, Anderson, observó algo impresionado la salida intempestiva de un niño. Ladeó la cabeza, y sonrió. Nadie podría negar que fuera hijo de sus padres. Rió bajamente, ese vampiro bribón se sentirá complacido.

Unos pocos momentos después apareció Integra acompañada de Victoria, a través de sus cristales, pudo notar claramente el nerviosismo en la más joven, sintió algo de remordimiento ante eso. No se sentía orgulloso de su comportamiento maniaco de ese entonces, pero tampoco las circunstancias daban para más; después de todo eran enemigos.

Se levantó de su lugar cuando estuvieron cerca, sonrió cordialmente y extendió la mano en señal de saludo. – Saludos, Victoria.

En su lugar, la aludida quedó desconcertada ante el amable y porque no decirlo jovial saludo. Descolocada correspondió no muy segura de que decir. – Mucho gusto padre Anderson.

-Muy bien. – cortó el momento Integra. – creo que es hora de las respuestas. – hizo un gesto y señaló los sofás para que se pusieran cómodos.

Anderson se sentó, y se tomó unos momentos para reflexionar. – ¿Han escuchado hablar de San Ricardo de Reynolds? – cuestionó con aire académico. Era preferible partir por el principio de todo.

Ambas mujeres lo miraron con distintas expresiones. Victoria, con desconcierto negó con la cabeza, mientras que Integra asentía con un dejo distraído antes de hablar. – No estoy muy documentada al respecto, pero hasta donde sé, es un santo católico inglés que nació a mediados del 1400…

-Exacto. – afirmó con satisfacción. – La historia señala que murió a manos de Enrique VIII cuando se creo la iglesia anglicana. Nuestros archivos dicen que en fue acusado de herejía, blasfemia, y de practicar hechicería… – arregló sus lentes con cuidado, pensando como continuar. – Escribió un libro que fue confiscado luego de su ejecución. Dentro de sus estudios tenía un amplio conocimiento de civilizaciones muertas, rituales y lenguas extintas, pero lo realmente importante eran algunas predicciones, que son verdaderamente preocupantes…

-¿Por qué preocupante? – repitió intrigada la joven rubia, olvidando el miedo y aprehensión, que le producía Anderson. Este sonrió amablemente, profundamente aliviado de que ya no le miraba como un potencial peligro.

-Por el contenido de esa predicción. – hizo un gesto de incomodidad, ante esto Integra enarcó una ceja con suspicacia, al parecer ya estaban llegando a lo importante. Así que solo guardo silencio, esperando con una creciente ansiedad. – Es bastante extensa, pero en palabras simples, hablaba sobre como la… "oscuridad se extendería y multiplicaría sobre la tierra, sería traída por criaturas sobrenaturales, demonios oscuros y sanguinarios, dirigidos por un poder superior arrasarían con furia a las naciones, infectando como una marea de muerte y destrucción cada rincón de la tierra… solo el cuervo iría contra ellos, solo el que vaga entre los vivos siendo un muerto, vencería la cárcel de su propia naturaleza, dándole la victoria a la luz y ganándose definitivamente su redención"... – un silencio algo incomodó se instaló en la sala, antes de agregar. – Eso en términos resumidos es lo central de esos archivos.

Serás, frunció el ceño sin dejar la confusión. – ¿Mi amo fue el cuervo? Esa profecía se refería al sacrificio del amo, en la batalla con Millenium…

-Sí y no. – se acomodó nuevamente, siendo consciente de la atenta mirada de Integra sobre él. – Es acertada tú conclusión, en cuanto a que tú amo es efectivamente el cuervo, pero está profecía aún no se ha cumplido.

Integra, se enderezó en su lugar. – Estás diciendo que hay algo peor que Millenium acechándonos. – señaló secamente.

-Así es. Millenium fue solo la antesala de está pesadilla y… - iba a continuar, con la voz de Integra, lo cortó de improviso.

-Alexander, ¿qué fue exactamente lo que ocurrió en ese rito? ¿Qué pasó con Alucard?... – cuestionó con seriedad, con un ligero tono de urgencia matizado en su voz. Ya estaba un poco harta de la larga explicación que no los llevaba a ningún punto determinante.

El hombre pasó se frotó el cuello con incomodidad. – Fue sellada su naturaleza vampírica. Él estaba predestinado a esto. Al ser el primero fue sellado con él, todas las esencias oscuras, incluida la propia.

-Eso quiere decir que… ¿esa esencia oscura puede volver? – preguntó, inquieta Victoria.

-Así es. Para vencer a este enemigo deberemos romper el sello que establecimos esa primera vez. Ahí serán devueltas las esencias a los vampiros originales que fueron limpiados, retomando su naturaleza primaria.

La muchacha tembló ante las palabras del sacerdote. Volvería a ser un vampiro, tendría que despedirse de su transitoria humanidad para volver a alimentarse de sangre. Quiso llorar. – No puede ser… - murmuró conmocionada.

-Como puede ser Alucard el instrumento vencedor en esta guerra, si él fue destruido en aquella ceremonia… - señaló quedamente, la joven Hellsing.

-No Integra, el no está muerto. Ese rito no lo destruyó, solo selló su esencia vampírica y sus recuerdos. Aún no entiendo el proceso, pero su cuerpo fue regenerado como un humano, y ahora él vive como tal sin tener ningún recuerdo de su verdadera existencia…

-¡Yo lo vi desaparecer, en un juego de luces Anderson! – resopló con impotencia, sin poder creer que él de verdad estaba vivo. ¡Vivo!

-Yo no soy el indicado para responder esas dudas, porque aún yo no lo comprendo. Solo seguí órdenes, me dijeron que hacer, y lo que ocurriría…Aunque para ser honesto jamás pensé que fuera posible que ese truhan fuera a hacerlo de verdad. –se acomodó los lentes nuevamente. – Cuando salimos de la capilla nos separamos, ¿recuerdas? Ustedes fueron a la mansión y yo, me volví al templo, cuando entre me encontré con el cuerpo de Alucard sangrando copiosamente, y asombrosamente, respirando con dificultad... – así comenzó a relatar, sin poder evitar que los recuerdos volvieran a él.

Se habían alejado del templo solo un par de manzanas, el pequeño grupo avanzaba con lentitud entre los escombros y los cuerpos. Cada uno con una emoción distinta pintada en su semblante.

Pip llevaba a Victoria aferrada contra él como la muchachita que era, débil y cansada apenas se podía mantener en pie, mientras lloraba de angustia y alegría. Ahora que extrañamente no era un vampiro, se sentía inestable y profundamente herida por todo lo que había pasado. A la cabeza del grupo Integra caminaba como una autómata, pálida y ojerosa, avanzaba con una resolución insana, mientras luchaba con la angustia que le atenazaba el pecho, solo quería estar sola y gritar con la furia y frustración que la embargaban. Se había ido, ¡maldita sea! Él se había ido para siempre. Walter unos pasos por detrás la observaba con aprehensión, sin saber como interpretar el comportamiento de la mujer, mientras se preguntaba como sería su vida, una vez libre de las cadenas de servidumbre de Hellsing. Porque él era tan esclavo como lo había sido el conde. Por último, cerrando el grupo, iba Anderson inquieto. Sin dejar de observar con disimulo hacía los lados, esperando la señal para completar la misión encomendada por los distintos. A lo lejos, pudo ver la señal, era el momento de volver.

Justo en una intersección de las calles se detuvo, y se dirigió al resto de grupo. – Aquí me separo compañeros, vuelvo a la base a ver a mis hombres. – sonrió tristemente, al ver el semblante quebrado de los miembros del grupo. Definitivamente los lazos que unían a esa disfuncional organización eran más profundos y menos oscuros de lo que se podría llegar a creer. – Ha sido un honor haber luchado junto a ustedes.

Integra, se volvió y asintió quedamente. – También para nosotros… - señaló planamente.

Hizo una venía de despedida, y dobló en la intersección, mientras el grupo seguía su camino hasta la mansión.

Anderson al perderlos de vista, se hecho a correr a todo lo que le daban sus piernas, no entendía completamente el asunto, pero hasta ahora, todo había ocurrido según la información entregada por ellos. Parecía una locura, ese demonio, había sacrificado su inmortalidad para salvarlos a todos, no lo creyó posible cuando le informaron que pasaría.

Porque había que decirlo era completamente antinatural.

Ahora, si todo seguía según los planes, encontraría a Alucard en el templo, muy mal herido. Y por el bien de todos debía mantenerlo con vida.

Dobló en la siguiente intersección, esquivando los trozos de concretos y los cuerpos de algunos soldados. Cuando llegó a la esquina se encontró de frente con su meta. Así que sin más tramite se dirigió al lugar. Las puertas estaban abiertas tal cual las habían dejado antes de salir. Las cruzó, y rápidamente buscó con su vista el cuerpo. No tardó demasiado en dar con él, estaba en el suelo, en el mismo lugar en el que había desaparecido, corrió hasta él y pudo notar que la herida en su pecho sangraba, y la respiración era irregular.

Estaba vivo. Muy mal herido para ser humano, pero vivo.

De entre sus ropas buscó un celular, y tecleó un número. – Lo tengo. Está muy malherido, necesito ayuda urgente. – asintió un par de veces con la cabeza, y colgó.

Se agachó junto a él y de su misma camisa, rasgó tiras gruesas para hacer un torniquete con el cual parar el sangrado. Pudo hacerlo con algo de dificultad, al menos resistiría hasta que la ayuda llegara. Solo habían pasado cinco minutos, cuando un camión militar se detuvo fuera, saliendo de este, algunos soldados y paramédicos, con camillas.

Anderson se hizo aún lado dando espacio a los especialistas y hombres para hacer su trabajo. Aún sin poder creer lo que pasaba salió del lugar hasta el carro, de la cabina se bajó un hombre con traje militar. Alto, delgado y de porte marcial, saludo militarmente al sacerdote.

-Octavio. – dijo en forma de saludo.

-Alexander. – respondió con una sonrisa. – He informado a la central. Haz hecho un buen trabajo.

-Aún no estoy muy convencido de esto. – agregó con gesto preocupado. – Como saber si realmente estoy ahora en bando correcto.

Octavio hizo un gesto de comprensión. – Entiendo tus aprehensiones Alexander, créeme que tendrás tus respuestas, porque ellos son el bando adecuado.

-Cuando las obtendré… - insistió.

-Pronto, tú trabajo aún no ha terminado. Ellos han decidido que tú serás el enlace en todo esto.

-Pero…- quiso intervenir.

-Tranquilo ya lo entenderás todo. Ahora, solo vuelve a Iscariote como si nada, ellos no sabrán nada, son potencialmente peligrosos con Maxwell a la cabeza. Lo sabes, ¿no?

Asintió con cansancio. – Si, esa hiena. – se frotó el cuello con incomodidad. – ¿Qué pasará con Alucard?

-Por el momento será atendido, y le crearemos una coartada. – respondió sin quitar la vista del trabajo de sus hombres. – Nos contactaremos contigo en los próximos días, y te enviaremos a tu nueva misión.

Por unos instantes quiso replicar, pero después se dio por vencido. Daba igual, al menos estaba seguro que esta pesadilla había terminado. Nadie que hubiese colaborad terminar con la carnicería que Millenium había hecho, podría ser malo, ¿no es cierto? Esperaba no haberse equivocado al colaborar en todo esto.

Tomó una última mirada del cuerpo de Alucard mientras era transportado en la camilla, y lo subían al camión. De verdad esperaba estar haciendo lo correcto. Por su bien y el de todo la gente involucrada.

Las memorias pasaron por su cabeza mientras explicaba, lo que había ocurrido después de separarse de ellas. La mirada de Integra era de completa incredulidad, mientras que Victoria pestañeaba impactada. Por unos momentos tensos nadie dijo nada, cada cual sumergido en sus propios pensamientos, o eso fue hasta que Integra se levantó de su lugar tiesamente y se dirigió a la ventana, profundamente contrariada. El sacerdote solo la observó inquieto, pero aguardando su próximo paso.

-Es Dimitri Dudnic, ¿cierto? – dijo planamente, mientras la turbulencia de sentimientos se revolvían en su interior. Serás solo levantó la cabeza y dirigió su atención al sacerdote.

Este asintió en aceptación. – Así es. El es Alucard.

A Victoria se le llenaron los ojos de lágrimas. ¡Sabía que era él! Su maestro estaba vivo. Pero por respeto a Sir Integra solo guardo silencio, esperando su reacción.

-¿Quiénes son ellos? Y, ¿qué es lo que pretenden? – soltó con impotencia.

-Es una orden, una antigua orden fundada en el imperio Romano, aún antes de que sugiera la Iglesia Católica. – contó con lentitud, sintiéndose culpable. – De generación en generación ese grupo se ha encargado de mantener los ataques sobrenaturales a raya. Podríamos decir que son los primeros cazadores.

-No era que el maestro era el primer vampiro, y el es de la edad media. – cuestionó sin comprender, Serás. – ¿Cómo puede haber cazadores de vampiros antes de que existan los vampiros?…

Anderson, asintió con entendimiento. – Es un excelente razonamiento, muchacha…pero - iba a continuar, cuando fue interrumpido por la joven Hellsing.

Integra, con los ojos abiertos por la sorpresa, como si una idea la hubiese golpeado de pronto, dejándola absolutamente impactada. – Vênâtus Lûminis* … - soltó automáticamente, mientras se acercaba al sofá y se deja caer, absolutamente sobrepasada por la información; sin poder dar crédito a todo lo que había escuchado y a las conclusiones que su mente estaba sacando; y que descabelladamente cada vez tenían más sentido.

El hombre alzó las cejas, realmente sorprendido de la rápida conclusión de la mujer. Era realmente brillante. – Exactamente, son ellos.

-No puedo creerlo, creí que eran una leyenda. – dijo masajeándose las sienes. Y ella que se creía inmune a la sorpresa después de todo sí habían cosas que las podían sacar de su centro de estabilidad. – Mi padre se refería a ellos como simples leyendas, no puedo creer que no me hablara sobre esto.

-Él no estaba informado de su existencia real. – justificó con suavidad. – Integra, ninguno de tus antecesores sabía de la existencia efectiva de ellos. Salvo el primer Hellsing.

Serás sin entender nada, no pudo evitar preguntar. – ¿de qué hablan? ¿Quiénes son ellos? – mirando alternativamente a sus interlocutores.

-Son los primeros cazadores de demonios, los vampiros son solo una rama de criatura oscura. Y esa orden lleva siglos, manteniendo a rayas a las criaturas sobrenaturales, en general. – explicó Anderson.

-Mi antepasado, Abraham Van Hellsing, perteneció a esa orden. – agregó, la rubia, mientras encendía otro cigarrillo. –… De ahí sacó el conocimiento para sellar al conde, y para crear la organización, ¿no fue así Anderson?

-Exactamente, el recibió toda su instrucción en esta orden, y después creo Hellsing. Incluso Iscariote tiene el mismo origen, con ideales de paz y protección para la humanidad, o así lo era hasta antes de que se corrompiera.

-Oh, santo cielo. – murmuró sorprendida, Victoria.

Integra, aún con el ceño fruncido, y con el cigarrillo en los labios dijo. – Ellos están al tanto de nosotras, ¿no es verdad?

Él volvió a asentir. – Así es. De ustedes y del niño.

-Ya se me hacía extraño que no hubieran dado con nosotras, ni la corona, ni Iscariote. – soltó un bufido por lo bajo. – Nos han cubierto las espaldas todos estos años.

-Ustedes son piezas importantes en todo esto. – se enderezó en su lugar. – Es por eso que vengo a solicitar su cooperación. Necesitamos que entren.

-Es una petición considerada, pero absolutamente absurda, después de todo no tenemos otra opción. – contraatacó Integra.

-Debo seguir el protocolo. Siempre tendrás la opción de negarte. – respondió el sacerdote, con comprensión. No se ofendería por la actitud de la mujer, la conocía lo suficiente como para saber que haría cualquier cosa por mantener seguro a los suyos. Y hasta este momento esa seguridad solo podrá lograrse si colabora, no es ninguna tonta para no aprovechar la oportunidad.

-El maestro, cuando será informado de todo…esto.

-Pronto. Ya las fichas del otro bando se están moviendo. Es cosa de tiempo para que empiecen los ataques, y para ese entonces, necesitamos a Alucard aquí.

El sonido del teléfono distrajo la atención de los presentes, haciendo dar un respingo a Victoria. La mayor de las Sommer, se levantó con algo de rudeza de su lugar y contestó la llamada. – Diga…sí… - giró el rostro hacía la pared, consultando el reloj. El tiempo había volado, ya era las seis menos cuarto. –…si…no te preocupes, iremos por él… muchas gracias por cuidarlo…sí. Así es…Hasta luego. Adiós. – con cuidado, dejó el auricular del aparato.

-¿Ocurrió algo, Integra?

-Nada de que preocuparse, ¿podrías ir por Lionel?

-Claro, vuelvo en seguida. – se levantó del sillón. – Con su permiso padre. – dijo antes de salir del salón. Tomar su chamarra, y salió por la puerta.

Un silencio se instaló en el lugar, Integra con la urgente necesidad de estar unos momentos a solas, dijo. – ¿Desearías un poco de té?

-Sí, gracias. – respondió entendiendo la posición de la mujer. Era demasiada información por hoy. – Estaría muy agradecido.

-Bien, iré a prepararlo. Si me dispensas unos momentos…

-No te preocupes. Yo esperare aquí. – ella solo asintió y entró a la cocina. Cuando no estaba a la vista Anderson se dejó caer contra el respaldo agotado, pero notoriamente aliviado. Las cosas no habían ido tan mal, después de todo. No tuvo que escapar por la ventana o esquivar un disparó, así que se podría decir que había sido una misión más que exitosa. Ahora solo le quedaba tratar con Dimitri Dudnic, pero teniendo a Integra de su lado, calmar la furia del conde no sería tan difícil una vez que este despertara.

Y con el espíritu más aliviado, pudo relajarse por unos momentos en el silencio de la sala de las "Sommers". Al menos por ahora. Ya se preocuparía de lo demás en su momento.


Bien gente, aqui les dejó lasegunda parte. Espero haber disipado alginas de sus dudas, en el siguiente chap tengo pensado preparar alguan otra interaccion entre Integra y Dimitri, aunque aún no decido si se le revelara la verdad en el que viene o en el capitulo subsiguiente.

Muchos saludos a todas y todos los lectores/as nos leemos pronto.


Brisa Black.