Nuevo episodio, espero os guste ;)
Capítulo 08: Pequeños Recuerdos
Damon estaba en estado de shock, como si acabara de despertar de un sueño, clavó los pies en el suelo para cerciorarse de que estaba despierto, de que de verdad estaba en esa habitación con esa chica. Ajena a su debate interno Elena vuelve a preguntarle, cada vez más asustada, a ese desconocido que qué estaba haciendo en ese lugar.
-Te he hecho una pregunta...-Damon boquiabierto la vuelve a mirar, da unos pasos vacilantes en su dirección, la chica se echa hacia atrás-¿Por qué no te quitas la máscara...?-preguntó asustada-Por favor...dime que también ha sido real para ti...-sollozó, y se maldijo así misma por su debilidad ante ese hombre, no podía verle con claridad, pues la única luz que alumbraba la estancia era la de su mesilla y la del baño que estaba a sus espaldas-Aléjate o grito-le amenazó con un libro, el chico observó ese libro "The Vampire Diaries", sonrió, él lo había leído, casi todos, hacia bastante tiempo, se acercó hasta ella, lo suficiente como para que la chica pudiese ver sus ojos, no eran marrones, eran celestes, un azul profundo e inconfundible, ahogó una exclamación, soltando el libro de golpe, llevándose ambas manos a la boca, el chico no comprendió su gesto. El sonido de la puerta los alteró a los dos, que no supieron como reaccionar.
-Elena, ¡soy Kath! Tenemos un problema...-volvió a golpear la puerta, y tocó el pomo-¡Voy a entrar!
Elena cogió a Damon de la chaqueta y lo arrastró hasta el interior del baño, no fue capaz de mirarle a los ojos, no quería que él viera su estado tan lamentable, tras apagar la luz y cerrar la puerta se enfrentó a su hermana, Katherine la miró de arriba a abajo y rió al ver que el pijama que llevaba puesto, las dos chicas no tardaron mucho en caer rendidas en la cama a causa de las risas. Katherine no dijo nada de lo que venía a decir pues las prisas y la humedad de sus ojos le hacia pensar que acababa de tener visita, y que seguramente se trataría de Elijah, pues le había visto rondar por los pasillos. No quería perder de nuevo su burbuja particular, su hermana era muy importante, y no iba a hablarle en ningún momento de Elijah como no sea que fuera la misma Elena la que se lo preguntase, y en ese caso ya buscaría una evasiva o una excusa creíble.
-¿Qué querías Kath?-necesitaba echarla de su cuarto sin levantar sospechas-Paso de la fiesta...-cogió su cojín para abrazarse a él.
-Nada, será mejor que sea mamá quien te lo cuente-hizo el amago de irse, pero Elena la retuvo, si había una cosa que odiaba ambas era depender de su madre, desde que eran muy niñas habían hecho un trato silencioso, si podían serían ellas personalmente quien se contaran los problemas o las verdades-¿te acuerdas de mi contacto?-Elena asintió-pues tiene fotos comprometedoras tuyas con ese chico...¿quién era?-la castaña se quedó pálida, sabía que había paparazzi y que había mucha vigilancia pero nunca pensó que sería una víctima, por segunda vez, de las cámaras y la prensa amarilla, unas lágrimas surcaron unas finas líneas por sus mejillas, de nuevo había sido manipulada por un Salvatore-vi tu sonrisa, ese brillo...no era perceptible pero solo lo vi una vez en tu vida, y fue cuando tenías diez años cuando te enamorastes de ese jardinero, Silas se llamaba, creo, era un par de años mayor...-Katherine charlaba consigo misma pues Elena hacia tiempo que había desconectado, era cierto, se había sentido viva de nuevo, y tenía que ser a causa de un Salvatore, pues estaba segura de que esos ojos celestes eran los de Damon, nunca los olvidaría, al igual que tampoco podría olvidar el sabor de sus labios, por impulso se llevó un dedo a su labio inferior, aún podía sentir su boca, su lengua...todo...
Elena no tardó en quedarse dormida con Katherine parlando a su lado. Su hermana la arropó con las sábanas y apagó la lamparita, tras comprobar que las ventanas estaban bien cerradas se dirigió al baño, la luz estaba encendida cosa que extrañó demasiado a Kath pues su hermana era demasiado perfeccionista por los temas medioambientales, la apagó, pero antes comprobó que no hubiese ningún intruso allí, había notado los nervios de su hermana y eso no significaban nada bueno. Pero no había nadie, solo estaba la puerta del baño, la que comunicaba con la otra habitación encajada, la cerró bien.
-¿¡Dónde cojones estabas Damon!?-le gritó Stefan con las manos en alto; Damon escapó en cuanto vio la oportunidad, había sido una suerte que las habitaciones comunicaran con un baño, después de eso solo tuvo que mezclarse con los invitados y salir-No puedes desaparecer así sin más.
-Lo siento joder, solo quería tomar el aire-se llevó las manos a los bolsillos, allí tenía el brazalete-¿qué coche has traído?
-El mustang negro-ambos se encogieron de hombros, el tema de coches le resultaba una tontería a ambos, Stefan preferia mil veces una moto a eso, pero no quedaba bien que un empresario como él llevara un trasto tan peligroso, y Damon, bueno él directamente pasaba de coches o de motos, solo los utilizaba para viajar o hacer locuras-Vale.
-No te entiendo.
-Que lo que hagas me lo digas por favor-estaba claro que hablaba del tema Gilbert, Damon miró al exterior por la ventanilla apartando todo contacto con su hermano, el cual bufó al ver que era imposible entablar una conversación coherente; Damon sentía la necesidad de correr a los brazos de su hermano como cuando eran pequeños y él había hecho algo que estaba mal, quería contarle lo que estaba empezando a surgir cada vez que se veía reflejado en los ojos de esa castaña, el único motivo que le impedía ir a decirselo era que se trataba de una Gilbert y no una chica cualquiera, todo eso le superaba por momentos. Él siempre había dejado en claro lo que opinaba de ese apellido y de lo que estaba detrás de él, una prueba de eso era lo que había hecho con el matrimonio Gilbert-Mikaelson; y cualquiera sabía de lo que era capaz si algo se interponía en sus planes.
El viaje de vuelta a casa fue incómodo, Damon estaba sumido en sus pensamientos, preparándose para dar una respuesta a una pregunta aún no formulada en voz alta, y Stefan, pues él solo podía observar a la estatua de su hermano y buscar desde ahí algo de lo que tirar, cosa que estaba resultando agotador y sin ningún resultado, el teléfono empezó a resonar en sus cabezas como un sonido apagado y lejano, sino fuera por el aviso del shoffer ni se fueran enterado, fue Damon el que contestó.
-Veo que aún no habéis llegado-la voz de Tarnner los alteró aún más-ha sido una noche prometedora-Damon tenía que jugar bien sus cartas, por lo que se mordió la lengua y se colocó bien el lazo del cuello, dejando a su hermano via libre-hemos conseguido lo que queríamos.
-Más bien lo que usted quería señor-sonrió Stefan, cogiendo el control del manos libres, la tentación de ponerse el auricular y alejar a su hermano de todo era perfecta, pero no iba a arriesgarse-nos ha engañado, a ambas familias.
-Es una casualidad, los Gilbert me dijeron exactamente lo mismo, que qué tenía en contra vuestra, estaban muy interesados en comprarme esa información-el silencio se hizo hueco entre los dos hermanos, Damon se tensó y apretó los puños en su asiento-pero ya sabéis lo que opino de todo esto, sois mis clientes, y esto ha sido una advertencia para ambos: como volváis a intentar comprarme algo del contrario echo todas vuestras mierdas a la borda, ya ves, podéis aplicaros estas palabras también-Stefan vocalizó una maldición, y tras coger aire aceptó su amenaza-Bien, pues solo llamaba para que sepáis que dentro de un mes Mystic Falls entra en bolsa y en producción, todo corre de mi cuenta, solo tenéis que pagarme lo de siempre.
El pitido dio la señal de que la conversación había acabado, "el remate para poder dormir como niños" pensó Damon, pero se mordió la lengua, no quería echar más mierda al fuego. Stefan le dio al botón para acabar con todo, y se recostó mejor en el asiento, el viaje iba a ser peor de lo que pensaba, y seguramente no podría dormir con tranquilidad.
-Pues habrá que echar mierda para que Tarnner explote...-Stefan alucinó, ¿hablaba en serio? casi se cae del asiento al ver la seriedad que profundizaba esas palabras-hablo de los Gilbert, no de nosotros hermanito.
-No, hagas, tonterías, no más de las necesarias-ambos dejaron el tema de los reproches y las ideas locas para otro momento, ya estaban muy cerca de su edificio, y las luces de Nueva York eran un buen sustento de diversión.
Elena aturdida abrió los ojos, la luz de la tarde o de Nueva York le empezó a afectar en sobremanera, se cubrió el rostro con ambas manos, enterrando ahí sus mayores miedos, unas manos cubren su luz, y la castaña ya puede mirar hacia arriba, esta en un jardín, pero no es el de su casa, es el de su niñez, con pasos vacilantes recorre el claro, saboreando cada segundo, observando cada planta, cada detalle, es realmente hermoso...
Pero el paisaje empieza a teñirse de colores, de personas, convirtiéndose en el jardín de su fiesta, mira a su alrededor, todo esta repleto de personas, de invitados, de amigos, de conocidos riéndose y observándola, la chica asustada mira a su alrededor, no tiene escapatoria; los focos y las cámaras la apuntan directamente, se cubre la cara pero es imposible de nuevo es el centro de atención. Busca con la mirada un apoyo, y lo ve, a él, a ese chico que le robó ese beso, y algo más, su corazón. Esta vez no lleva máscara, tiene su rostro perfecto al descubierto...
-Damon...-consigue vocalizar, alzó su mano para alcanzarlo-¡Damon!-pero el chico se aleja de ella, con una sonrisa hueca dibujada en su fino rostro, se esta riendo de ella, era lo único que buscaba al acercarse a ella, la chica paralizada se observa mejor, lleva puesto su pijama, esta descalza pero tiene un bonito recogido y un maquillaje impecable, que ni las lágrimas ni el miedo le estropean-¿Por qué...?
-¿Te gusto? Suenas patética, realmente patética, me va a encantar ver como quedas en ridiculo en el mundo: La Gilbert rompe corazones es follada por un Salvatore; ¡si se verá espectacular!-la risa de Damon la atormenta, empieza a correr pero es como si su cuerpo no se moviera, como si su alma prefiriera sufrir en silencio, se tapa los oídos, cierra los ojos, pero aún así nota el peso de las cámaras, de su apellido, y de Damon, de ese chico que le ha roto el corazón con tan solo mirarla.
-¡No puedo más!-grita desesperada, quiere despertarse de esa pesadilla que es su mundo, pues todo se está volviendo negro a su paso-¡No! ¡No! ¡No!
La chica se aferra a la poca luz brillante que le queda en el corazón, los ruidos, las risas, los focos, las cámaras, todo desaparece, con temor, rompe el escudo que ha creado con sus manos, mira con cuidado a su alrededor, se encuentra al lado del lago de su casa, se despereza, sigue llevando puesto su pijama, sigue estando en su casa, pero aún así esta mucho mejor, como si la atmósfera fuese diferente.
-Mi niña-esas dos palabras emocionan a la castaña infantil que reina en Elena, se gira bruscamente encontrandose con una mujer mayor de una sonrisa resplandeciente, la emoción puede con Elena que cae de rodillas a su lado, con ambas manos en la boca-no llores, debería ser yo la que lo hiciera...
-Abuela...-le costó pronunciar a causa de las lágrimas contenidas-¿realmente eres tú...?-se acercó a ella, rozó sus mejillas con las yemas de los dedos como si temiera que se desvaneciera en el aire, la señora rió con torpeza, pero no desapareció-Oh dios mío...
-No hagas eso, te pones muy fea cuando estas triste, nada merece tus lágrimas, ni esta pobre vieja-le regañó como en antaño hacia junto a Katherine, cada vez que una de ellas registraba uno de sus tesores, siempre decía lo mismo, "aún eres muy pequeña para sufrimientos..."-Y aún lo eres, oh mi niña, has crecido demasiado rápido para llorar...
-Los niños lloran, no los adultos como yo...-se secó las lágrimas pero siguieron brotando como si vida propia tuviesen-soy una tonta, patética.
-No lo eres, y nunca lo serás, lo que te pasa es que estas enferma-Elena la miró extrañada, la anciana empezó a reir y a negar con la cabeza-enferma del corazón, quiero decir, el problema es que no quieres verlo por eso se le llama enfermedad, porque lo negamos.
-No te entiendo-las lágrimas habían sesado gracias a la curiosidad implantada por esa encantadora mujer-Abuela usted nunca lloró.
-Si lo hice pequeña, y ojalá fuese llorado más, pero ahora estoy en paz conmigo misma, deberías hacer lo mismo.
-No se ni porque lloro, Elijah me ha traicionado...
-¿Es él el causante de tus lágrimas?-era una evidencia pero para esa mujer parecía no serlo, Elena se quedó pensativa, y un escalofrío la recorrió-esta claro que no.
-No puedo llorar por él, no se merece mis lágrimas, no se merece nada, solo la miseria.
-No digas eso nunca de nadie, nadie es tan cruel para no merecer un poco de amor-la volvió a sorprender-Ese chico, el que te ha robado el corazón se merece todo mi apoyo...
-¿De qué hablas...? No, abuela, él no...
-Tu silencio me lo confirma, estas enamorada de él, no veo el problema.
-Claro que no lo ves, yo estaba a punto de casarme, él odia a los Gilbert...¡me odia! ¿no está claro? No puedo pensar en él...no puedo pensar en ese beso...¡No se que hacer! ¡Todo esto están pudiendo conmigo!
-Lo que necesitas es hablar con alguien, alguien que sea real, mi niña-Elena se dejó caer en el regazo de su abuela, la sentía tan cálida y tan cercana, era demasiada la tentación de quedarse ahí para siempre, sumida en ese olor a antiguo y a histórico, con una pequeña mezcla a verbena, la castaña cerró los ojos para sumirse en su sueño, mientras las manos suaves de su abuela la acariciaban-Si de verdad tu corazón late con solo estar cerca de él, que piensas en esa persona cuando ni siquiera esta presente, eso es amor, no lo abandones, yo nunca lo haría...
Elena no fue capaz de distinguir ni una sola palabra más de su abuela, se dejó llevar por ella a su sueño, el cual la transportó a los brazos de ese muchacho, se encontraba bailando con él, delante de los invitados, con la suave brisa de la tarde, y con la música de fondo...
Elena abrió los ojos de golpe, estaba sudando, miró a su alrededor, se encontraba tumbada en su cama, estaba tapada, supuso que sería Katherine la causante de ese detalle, pero aún así no estaba tranquila, su sueño seguía demasiado presente en ella, había tenido una pesadilla, en realidad se había pasado casi toda la noche saliendo y entrando en diferentes pesadillas, se pasó su mano humeda por su frente, también en el mismo estado, bufando fue directa a la ducha, aún con el recuerdo presente en su cabeza, ese beso mezclado con el recuerdo de su primer beso, ¿cómo había llegado a esa situación...?
El verano en Nueva York podía ser pura diversión para más de un adolescente o cualquier persona que quisira un poco de marcha, pero había gente que tenía que currarse esas salidas, como en el caso del aprendiz de jardinero, era un joven bastante apuesto, un poco más mayor, de unos quince o dieciseis años, que Elena y Katherine. Ambas chicas estaban embobadas por él, era dulce y cariñoso, y muy guapo, tal vez demasiado, sus ojos verdes resultaban tentadores. Pero para él, ellas solo eran un juego.
Silas trabajaba para los Gilbert una pequeña temporada, solamente en el verano, pues él era de Toronto, y estar allí era un lujo increíble, era su primera verano, y deseaba que no fuera el último. Grayson se comprometió con su padre para que el chico ayudara en las cosas del hogar por las mañanas y las tardes saliera con Alaric para conocer Nueva York, este último odiaba tener que salir con un niño tan pijo como Silas, pero se aguantaba, porque pesaba más la idea de un poco de diversión que la de hacer de niñero.
Elena, que tan solo tenía siete años, fuera hecho cualquier cosa por estar en el lugar de su hermano mayor, pero nunca lo dijo en voz alta, ni nunca lo demostró con sus gestos o su cuerpo, pues solo era una niña apasionada por la jardineria a los ojos de cualquier adulto, y como Silas no mostraba ningún interés en ella menos atención ponían, solamente había una persona que si había visto las miradas de Elena: Katherine, siempre estaban juntas, y siempre se contaban todos los secretos, ya fuera por gestos o por palabras, y ese no fue un excepción.
-Te gusta-dijo finalmente una trensuda Katherine, era cierto, era una niña muy cuca desde muy pequeña, y para Elena tenía un brillo especial que nunca consiguiría; Kath estaba replete de trenzas de colores con lazos, decorando aún más su pelo, Elena quería estar igual de guapa que ella, pero ella era un desastre y odiaba que tocasen su pelo, las dos chicas chicas estaban sentadas en el jardín-Silas te gusta...
-No-negó rotundamente, tapando la boca de su hermana-eso es mentira-ambas chicas observaron al jardinero que estaba en el rosal, llevaba unos cascos puestos por lo que era imposible que las fuera escuchado, pero si visto-No me gusta.
-Si te gusta y lo sabes-volvió a picarla, siempre estaban igual, eran la luz propia de la casa, cada una con su brillo especial, por más que Elena o Katherine lo negaran ellas eran la esperanza de Ric para un mundo mejor, pues su casa estaba repleta de odio y problemas, cosa que pasaba desapercibida por las chicas. Silas las observó en silencio, una sonrisa se dibujó en su cara, recogiendo la manguera cambió el propulsor y empezó a echarles agua a las dos niñas. Las chicas dejaron de discutir al notar las finas gotas que mojaban sus pequeños vestidos o el peinado de una de ellas. Tras descubrir la procendecia de esta empezaron a correr en su dirección, el chico las esquivó, pero al final acabaron los tres en el suelo.
El verano pasó entre risas, juegos de agua, clases de jardineria...todo fue un pequeño cuento de hadas, pero ese fue el primer verano y el último en el que vino Silas, inexplicablemente no volvió al verano siguiente, rompiendo asi el corazón de la castaña, pues días antes de su despedida la chica le confesó su mayor secreto.
Silas tenía todo listo para partir, estaba realmente triste pues las noches de Nueva York eran puro fuego, y se había hecho y deshecho de muchos corazones en sus viajes de bares con Ric, claro esta, ocultos de la prensa, pues el segundo era el hijo de un empresario muy importante. El chico dormía en una habitación de invitados, que ya era casi suya pues la había decorado con posters y frases, se había entretenido en más de una tarde con las chicas y Ric en decorar esa habitación, que después no pudieron hacer nada para la discursión que les vino encima por parte de Miranda y los del servicio de limpieza. Silas hechó un último vistazo a sus cosas.
-Todo listo-se echó en la cama, estirazándose en ella, el sonido de la puerta lo devolvió a la realidad, una castaña, Elena, le esperaba nerviosa en el umbral-Elena...-murmuró él, la castaña siempre se sorprendía, no entendía como podía reconocerlas, solo sus padres y su hermano eran capaces de ver las diferencias, y ahora también el chico, era por eso que se atrevió a ir a hablar con él.
-¿Podemos hablar?-preguntó temerosa de una negativa, el chico sonrió y le señaló un sitio a su lado, la chica se tumbó con él-hace tiempo que quería decirte una cosa...
-Dime preciosa...-su sonrisa era resplandeciente, cogió unos mechones rebeldes y se los colocó detrás de la oreja.
-Me gustas mucho...-el chico volvió a sonreir, ni un movimiento en falso, nada-en realidad es más que eso, te quiero...
-No digas más nada, ya lo sabía...
-Oh...
-No te desiluciones, no es malo amar a alguien...yo también te quiero mucho...
-¿De verdad?-se ilusionó, levantándose de golpe de la cama, el chico rió al ver el cambio de humor de esa chica, le encantaba-Entonces, ¿quieres ser mi novio?
-Aún eres muy chica, esperemos a que tengas...mm...¿veinte? Yo tendré veintiocho...
-Jo, no quiero esperar tanto-la chica se cruzó de brazos, era pequeña pero no tonta, sabía que ese chico se estaba riendo de ella, que en realidad no tenía ninguna oportunidad con él, el chico la abrazó por detrás colocando sus labios sobre su cabello, alterando a la chica por completo, Elena se giró para poder verle-gracias por el beso...
-Eso no era un beso...-el chico apoyó dulcemente sus labios sobre los de la chica, solo fue un roce, pero lo suficiente para alterar el corazón de Elena...-¿quieres huir conmigo...?
-Ojalá pudiese haber huido contigo...tal vez no me encontraría en esa situación-se encontró a ella misma hablando con el espejo del baño, se apoyó en el lavabo, se estaba volviendo loca, hacia años que no recordaba a Silas, demasiados años, y ahora un solo sueño, y tachán, de nuevo estaban esos recuerdos que tanto daño la habían hecho-¿Por qué desaparecistes de mi vida? ¿Por qué me abandonastes?-volvió a fijar la vista en el cristal, y los ojos azules de Damon volvieron a su mente, mezclados con la imagen de Elijah y Silas, negó con la cabeza, y tras golpear el espejo con el puño cerrado se dejó caer en el suelo, lleno de cristales y gotas de sangre; mezclados con un sabor un tanto amargo, el de un corazón roto en mil pedazos, no se podía distinguir donde empezaba el cristal y donde terminaba su corazón.
