Me quedé pasmada en el mismo lugar mirando a los ojos azules del azabache que me observaban con atención, lo más seguro era que él esperaba alguna reacción de mi parte, pero es que yo no sabía qué hacer o decir; estaba realmente sorprendida y sonrojada por la repentina unión de nuestros labios y las palabras que salieron de su boca. Yo sabía que él era una persona que imponía sobre los demás, pero el tono de voz con el que me habló hizo que mi cuerpo comenzara a sentir temblores causados por el nerviosismo que el enano provocaba en mí. Un poco desesperado por no obtener respuesta, el enano se alejó rápidamente y mi corazón dio una punzada de dolor, no quería que se molestara. Inconscientemente alcé mi mano para alcanzar la suya y, muerta de vergüenza, lo hice detenerse sosteniéndolo con fuerza.

— Levi...

El sonrojo que ya era evidente en mis mejillas parecía no querer desaparecer, y más al sentir la suavidad de su mano. Sin mirarme, el chico respondió con su voz fría.

— Debo suponer que tanto te gusta ese chico del que tanto has de escribir en tu diario...

— Si, Levi, me gusta mucho, y-

— Muy bien, no te vuelvo a molestar.

— ¡Espera!

No iba a dejar que se fuera así como así, sobre todo después del beso que acababa de darme. Necesitaba respuestas, y no me iba a conformar hasta obtener todas las necesarias. Me aferré con mayor fuerza a su mano evitando que se zafara. El chico, rindiéndose al fin, giró su rostro y me miró con fastidio.

— Enano... ¿qué significa todo ésto? ¿Por qué me... besaste?

— Tch, ¿qué no es demasiado obvio, mocosa? Tú me... ¡Tú me gustas!

El azabache al decir estas palabras bajó la mirada con un visible sonrojo sobre sus mejillas y pude notar un ligero temblor en su mano, pero nuevamente no sabía cómo reaccionar. Me sentí inmensamente feliz, sí, pero para no arruinar las cosas con Levi tenía que confesar yo también mis sentimientos, cosa que era demasiado difícil para mí así como debió serlo para él. Suspiré de forma profunda y entrelacé mis dedos con los suyos, apretándolos suavemente. Ésta acción hizo voltear al azabache nuevamente hacia mi rostro, y una pequeña sonrisa apareció en mis labios.

— Levi, yo...

*¡Ring ring!*

Demonios... estuve tan cerca.

Mi celular no pudo haber escogido peor momento para interrumpirme. Quería ignorarlo, pero el enano giró el rostro nuevamente evitando mi mirada dándome a entender que debía responder. Al ver la pantalla, vi que el número era de mi madre, y que me llamara en horario escolar era bastante extraño, por lo que debía ser algo importante.

— ¿Hola?

— ¡Hija! ¡Ganamos!

— ¿Eh..?

La voz de mi madre sonaba tan emocionada y chillona que tuve que alejar un poco el aparato de mi oreja.

— Mamá... ¿de qué hablas?

— ¿Recuerdas el concurso en el que tu padre nos inscribió para unas vacaciones en Nagato?

— Si...

Meses atrás, antes de incluso inscribirme a la universidad, mi padre compró boletos para meterlos a una rifa donde se podía ganar un viaje de tres días a las aguas termales de Nagato, aquí mismo en Japón.

— ¡Pues ganamos!

— ¡Wow! ¡Felicidades!

— Ve preparando tus cosas hija, nos vamos este mismo fin de semana.

— Espera... ¿iré con ustedes?

— ¡Por supuesto! Ganamos cuatro boletos. Ah, ¿por qué no invitas a tu amigo Levi? Siempre me hablas mucho de él.

— ¿Levi..?

El azabache volteó inmediatamente al escuchar su nombre, ahora mirándome con curiosidad y acercando su oído al teléfono, por lo que tuve que alejarlo poniendo mi mano en su pecho, cosa que me hizo sonrojar.

— Sí, Levi, quisiera conocerlo y tu padre también, estamos ansiosos por conocer al chico que hasta es vecino de nuestra hija.

— N-No exactamente lo es, mamá... y no creo que quiera, pero se lo comentaré.

— ¡Perfecto! Nos vemos en unos días.

*click*

Mi madre colgó sin más, sin siquiera importarle si justo antes de que llamara estuviera a punto de dar uno de los pasos más grandes que daría en mi vida. Me mantuve en la misma posición durante unos segundos, hasta que escuché al enano carraspear y al mirarlo de nuevo me di cuenta de que mi mano seguía sobre su pecho, por lo que, apenada, la quité rápidamente desviando la mirada.

— ¿Pasó algo?

— Umm... mis padres ganaron un viaje de tres días a las termales de Nagato.

— Oh, eso es genial.

— Si... y dice mi madre que ella y mi padre quieren conocerte.

— ¿... Qué dices?

— Porque... les he hablado mucho de tí y supongo que es lógico que quieran conocer-

— Me imagino, ¿cuándo sería?

¿En serio va a aceptar?

— N-No creo que quieras faltar un día a clases...

— Pregunté que cuándo sería.

— Este viernes...

— Bien, creo que podré arreglar mis cosas para entonces.

— Levi...

— Un viaje a Nagato no se da muy seguido.

El chico se encogió de hombros como quitándole importancia y se alejó por el pasillo sin decir más. A pesar de éso, las palabras que compartimos antes de que esa brutal interrupción ocurriera rondaron una y otra vez por mi cabeza.

Fue una suerte que mi madre llamara justo en ese momento... debo agradecerle, podría decirse que ''me salvó la campana''.