Si vale, tenía que haber contado el fin de semana loco de Lisa y Dean... Y lo estoy haciendo... a mi manera...
Es un rollo, lo se, pero ya falta poco para el final y voy a actualizar martes y viernes hasta que termine, gracias Nem y Winchestergirl93, conseguís que me ilusione seguir con ésto. Os quiero.
SOMBRAS DE LO QUE SOMOS
Capítulo VIII
"Tareas sin terminar"
Domingo, 17 de enero de 1999
Frankfort (Indiana)
Llegaron al recinto dónde se ubicaba el parque de atracciones. La actividad era frenética, los dueños del negocio debían estar pagando horas extras para que la nueva montaña rusa estuviese montada ese día.
- Sabía que intentarían hacer esto – musitó Gertrud.
- Tú parabas la construcción Ger, en cuanto te has ido… - respondió su hermana.
Se dirigieron a las oficinas aunque no esperaban que estuviesen abiertas. Fue una sorpresa ver a Sean Wayne reunido con el propietario y el administrador, entró en la oficina sin ningún miedo (ahora no tenía miedo, su hermana iba con ella y no iba a mostrar ninguna vacilación).
- ¿Cómo podéis iniciar la obra sin jefe de seguridad? – preguntó.
- Yo soy el jefe de seguridad – Wayne se pavoneó frente a ella y a su hermana con aire de superioridad.
- Me despidieron ayer, no se puede inscribir tu nombramiento hasta mañana. ¿Estáis usando mi contrato? – Gertrud se encaró con el administrador intuyendo lo que estaban haciendo – Pues si usáis mi contrato aún tengo poder en este trabajo y no voy a consentir que se monte la dichosa montaña rusa.
- Señorita Braeden – el propietario del parque, un anciano texano que pensaba que cualquier chica estaba mejor en su casa criando hijos, quiso intimidarla – usted y sus acompañantes van a salir de mi propiedad ahora mismo.
- Señor Baxter, saldré de su propiedad cuando tenga en mis manos el documento firmado por Usted, su administrador y al menos dos testigos, de que me despidió ayer. En otro caso pediré a los obreros que dejen de montar la atracción y pondré una denuncia ante Inspección de Trabajo – replicó firmemente.
Sean la empujó por el pecho intentando sacarla de la oficina, se llevó un revés que le hizo sangrar el labio. "Zorra" no dijo nada más, retrocedió dos pasos poniéndose fuera del alcance de sus piernas.
- ¿Entonces? ¿Dónde está mi finiquito? – Dean no podía apartar una sonrisa burlona de su rostro ante la audacia de su amiga.
- Si le firmamos el documento señor Baxter, no podremos levantar la atracción a tiempo, tendríamos que acreditar al nuevo jefe de seguridad después de darla de baja, entre retrasos, mano de obra y trámites burocráticos nos costaría más de dos millones de dólares – explicó nervioso el administrador.
- Y si no lo hacéis paro el montaje – contrapuso la hasta ese momento, jefa de seguridad.
- Si para la obra, las pérdidas serán las mismas señor – manifestó el burócrata.
- Señorita Braeden, me pone en la desagradable tesitura de ofrecerle doscientos cincuenta mil dólares de finiquito, a partir de mañana – ofreció el adinerado propietario.
- No.
- Medio millón.
- No me vendo.
- Un millón de dólares.
Sean Wayne y el otro hombre secundaron la sonrisa de suficiencia del texano. Sonrisa que se borró de sus rostros ante la nueva negativa de Gertrud "No voy a cargar con la muerte de nadie por todo el dinero del mundo, deme mi finiquito o paro ahora mismo la construcción"
Al no obtener respuesta se dirigió dónde los operarios montaban los armazones de la gigantesca atracción, seguida de su hermana y el chico que la miraba con respeto. Uno de los operarios se acercó a ella con gesto contrariado.
- Oye Ger, dijiste que no cumplía las normas, ¿Cómo es que ahora sí las cumple sin ninguna modificación?
- Yo no he aprobado esto Roy.
- Tu nuevo asistente, que por cierto, es un imbécil, dijo que…
- Ni yo he aprobado nada, ni el imbécil de Wayne es mi asistente, me han echado Roy, si levantáis eso y algún cliente tiene un accidente, se os caerán encima con todo. Voy a denunciarlos.
El hombre de mediana edad cogió el megáfono y avisó al resto "¡Chicos!, ¡dejadlo!, ¡No cumple las normas!"
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Cementerio de Roundtree Grove, Twin City (Georgia)
Aunque aún era media tarde no había nadie en el cementerio. Al menos no estaba en el casco urbano, sino a una milla y media aproximadamente. John tuvo un pequeño mareo al bajar del coche, seguía bastante débil pero quería acabar ya con el maldito espectro que tantos quebraderos de cabeza le estaba causando.
Su hijo sacó la barra de hierro del maletero y miró alrededor, no volvería a dejarse sorprender tan fácilmente. Los ojos oscuros del adulto mostraron el orgullo que sentía por ese chico, que si bien, protestaba por cada paso que daban, se enfrentaba decidido a cada nueva prueba que se ponía por delante.
El cazador sacó su móvil Nokia 3210 del bolsillo y llamó al servicio automático de atención al cliente poniendo el "manos libres". Había notado que la presencia de espíritus provocaba un campo electromagnético que causaba interferencias en la comunicación.
La voz metálica femenina del servicio automático de su compañía repetía la misma frase "no he entendido su respuesta, por favor elija una opción…" Pero no se escuchaba ninguna interferencia a través del pequeño altavoz sujeto a su oído.
- Sam no te alejes – susurró, al notarse algo mareado.
El chico sujetó la barra de hierro con más fuerza creyendo que su padre había detectado algo por el móvil. Durante media hora más siguieron rastreando el cementerio sin encontrar una pista del ser que buscaban.
- No está aquí – dijo John.
- Había otro, en el pueblo.
- ¿Cómo lo sabes? En el plano no venía.
- Me lo dijo una señora a la que pregunté, está al noreste.
- Pues volvamos al motel, iremos cuando oscurezca.
Subieron al Impala en silencio, el adulto se quedó mirando el volante. "Sammy, ¿te gustaría aprender a conducir?" el chico asintió sin decirle que una vez más Dean se le había adelantado, no tenía muchos ofrecimientos así para poder llevar el auto, no lo iba a desperdiciar.
Se bajaron a intercambiar los asientos y John se desplomó antes de llegar al del copiloto. "¡Papá!" había perdido el sentido. Eso era tan típico de su padre, tratar de ir más allá de sus fuerzas, como un kamikaze.
Consiguió echarlo en el asiento trasero y lo llevó al motel.
