Capitulo IX
Una vez terminaron de comer las pizzas, se dieron cuenta de lo tarde que se había hecho. Serena e Ittou habían conversado amenamente en tanto Darién permanecía mudo, con toda su atención en su pequeño quien ciertamente tampoco quiso alejarse de él cuando la rubia intento darle su suave y blanda comidita, siendo el pelinegro mayor el que termino encargándose gustoso de la tarea.
Cuando Ittou se percato que ya eran las dos de la mañana, se alarmo ya que debía terminar trabajo pendiente para entregar en esos mismos días. Junto a Serena se pusieron de pie cuando por fin se percataron de que Darién se había quedado dormido mientras hacia dormir a Ryo, quien estaba cómodamente recostado en su pecho. Sin darle tiempo a nada, Ittou se fue velozmente alegando que era muy tarde, abriendo y cerrándose la puerta el solo.
Serena, estática aun frente del dormido pelinegro, miraba la retirada sin comprender sus porqués. Miro nuevamente al empresario y suspirando se sentó a su lado. Algo que jamás podría negar es que siempre le había gustado observar dormir a Darién. Y ahora la imagen era aun más bella, ya que su pequeño descansaba plácidamente en su fuerte pecho. Un escalofrió la recorrió cuando sin querer rozo la piel de su brazo con la de el cuando acariciaba la mejilla de su bebé. Suspiro sintiendo que todos los sentidos se agudizaban cuando estaba tan cerca de él.
Miro su rostro de nuevo, pero luego una imagen invadió su mente repentinamente. Darién y Esmeralda juntos. Ambos habían tenido una relación sentimental. No era como las otras mujeres con las que había salido, ella había sido su amiga antes… quizás la única que verdaderamente había tenido. Una mujer bellísima, fría y egocéntrica para quien no la conociera, ya que era su fachada fuerte pero frágil por los golpes en su vida, sintiéndose insegura de si misma. En el fondo, ellos dos eran más parecidos. Hermosos, elegantes, deseados, carácter fuerte y voluntad de hierro. En cambió, Serena se sentía mas parecida a Diamante. Tranquilos, sobrios, sencillos y sin suerte en el amor.
Se puso de pie e inclinándose lo estrictamente necesario coloco su mano en su hombro y lo movió delicadamente, despertándolo. Darién abrió lentamente sus ojos zafiros y la observo fijamente, un poco perdido espacialmente pero feliz de verla a ella primero que nada, lo que se plasmo en una encantadora sonrisa. Serena apreció el gesto sintiendo que se le aceleraba un poco los latidos de su corazón. Alarmada se irguió derecha y le explico que deseaba acostar ya a Ryo. Darién simplemente asintió y se levanto ágilmente sin despertar al niño acunándolo en su pecho. Le indico que para no despertarlo lo llevaría el, a lo que la rubia estuvo de acuerdo. Ambos se dirigieron a las escaleras, subiros por ellas hasta llegar al pasillo que revelaba solamente tres puertas. Entro en la que se encontraban pequeñas estrellas azules decorándola. Se aproximo a la cuna y lo deposito suavemente, dándole espacio a Serena para que le quitara la ropita de día y le colocara hábilmente el pijamita sin despertar al niño. La joven madre lo tapó y sonrió al ver lo tranquilo que dormía. Sintió como unas manos se deslizaban por su vientre hasta aprisionarla en la dureza de sus brazos. Sorprendida, Serena miro por sobre su hombro cuando sintió que la apretaba hasta estrecharla contra su pecho.
- Nunca te lo he dicho- le susurro sobre la oreja derecha con un tono de voz ronco muy propio de él- pero te agradezco por haberme hecho el hombre más feliz del mundo al darme este hermoso hijo.
- Darién…- exclamo sorprendida.
- Gracias, Serena- continuó- No hubiese sido igual si tu no fueses tú la madre.
Aquello termino de dejarla atónita. Jamás esperaba semejante declaración del pelinegro. Aquello era demasiado revelador, extraño. Darién no exponía sus sentimientos, era lo que mas celosamente controlaba. Y ahí estaba, agradeciendo sinceramente el hecho de haberle dado su primogénito y además ser ella misma la madre. Pero un pensamiento se cruzo en este punto.
- ¿No te hubiese hecho igual de feliz tener un hijo con Esmeralda?- consulto tratando de modular lo mas tranquila la voz, sin dejar colar su molestia.
Un silencio se abrió entre ambos. Darién, sorprendido por la pregunta, no lograba salir de su estupor en tanto Serena esperaba cada vez más ansiosa su respuesta. Pacientemente, las grandes manos del pelinegro hicieron girar sus caderas hasta que estuvieron frente a frente.
- ¿Por qué dices eso?- consulto suavemente sin dejar que se apartara de su cuerpo.
- Se que saliste con ella por un tiempo- explico como si no tuviera importancia- Además, ustedes fueron y son amigos. Prácticamente es tú mejor amiga.
- ¿Qué tiene que ver que sea mi amiga o que haya salido con ella en el pasado?- la interrogó.
- Bueno, confías en ella- señalizo- Es una mujer muy hermosa con la cual puedes hablar de tus cosas.
- Aun sigo sin entender la relación entre una cosa y la otra- le aseguro quitando un mechón rebelde de su rostro.
- Que no creo ser la única mujer de la cual estarías feliz de tener un hijo- cada vez le costaba mas ocultar su molestia.
- ¿Estas celosa?- sonrió triunfante.
- Claro que no- respondió ofendida- ¿Cómo crees que…?
No la dejo finalizar ya que reclamo sus labios en un apasionante beso que la desoriento en milésimas de segundos. La besaba con tanto sentimiento y pasión que sus rodillas se sublevaron al torrente de debilidad que embargo su cuerpo en una suave caricia. Jamás la había besado con tanta pasión y cadencia. Su cuerpo ardía en combustión espontánea y amenazaba con volverla loca. Las manos de Darién se deslizaron por su cuerpo despertando por completo su libido a través de su piel.
Se separo de sus labios únicamente para tomar una bocanada de oxigeno. La miro y descubrió que había despertado su lujuria, ya que Serena no hacía el más mínimo intento por separarlos o exigirle que la soltara de su demandante abrazo y caricias. Aprovechando la oportunidad que le era regalada, Darién volvió a besarla con aun más pasión que antes. Sintió como Serena perdía fuerzas mientras de entre sus labios estaban algunas entrecortadas exclamaciones de dulce placer. Sin meditarlo aun mas, la levanto de la cintura para salir de la habitación de su hijo y llevarla a su recamara. Una vez en ella, se detuvo cerca de la cama. Se separo de sus tibios labios unos centímetros mientras sus ojos azules se regocijaban al apreciar en el estado en que se encontraba. Se encontraba completamente feliz por comprender que Serena no carecía de emociones hacia él, sino que simplemente se resistía por temor a salir lastimada. Inclinándose, beso la palidez de su cuello mientras sus ansiosas manos desprendían la simple camisa que llevaba.
Serena, simplemente había perdido la cordura. Extrañaba tanto aquel perfecto contacto y la sensación de estar entre sus poderosos brazos, que se había rendido a la lujuria sin remordimientos. No pensaba en el mañana, ni en las consecuencia de sus actos… eso era imposible cuando Darién lograba traspasar las murallas de su frialdad, para llegar a la mujer irracionalmente enamorada.
Una vez que termino de desvestirla suavemente entre un millar de caricias que encendían su piel, la recostó suavemente en la cama. El contraste entre su palidez y sus dorados cabellos siempre le había parecido majestuoso. Admiro su cuerpo, el cual no había cambiado demasiado después de la maternidad. Sus pechos subían y bajan debido a su acelerada respiración. Su vientre casi liso, le resultaba adorable. Sus piernas tan largas y apetecibles como siempre.
Sin prólogos, descendió su mano hacia su intimidad para acariciarla a conciencia. No paso demasiado tiempo hasta que sintió la humedad que la invadía mientras ella jadeaba, recibiendo complacida sus caricias. Tenía la apariencia sumisa de una felina, quien ronroneaba ante el sabor único de éxtasis.
La razón se había extinto desde el comienzo en su cabeza. Nada tenía sentido, más que la desesperación de sentir su cuerpo una vez más, aquel cuerpo que extrañaba desde el mismo día que se apartó de su lado. Era enfermo, sabía que Darién la había lastimado profundamente pero aun así, lo necesitaba.
Lo observó a los ojos fijamente, enviando una mirada de invitación a desnudar también su piel. El pelinegro reacción de inmediato a su mudo pedido, quitándose con prisa la ropa que traía puesta. No pudo evitar sentarse y acariciar su duro abdomen con ansiedad, subiendo y bajando luego por la línea hundida de su estrecha cadera.
Una vez desnudo completamente, Darién la volvió a recostar en la cama para bajar hasta sus pechos y saborear de sus rosadas cumbres. Los jadeos aumentaron por parte de los dos. Serena se movía inquieta y ansiosa bajo su cuerpo, lo cual estaba volviendo una tortura rusa su autocontrol. No deseaba ser egoísta y arruinar una posibilidad como aquella.
Decidido a enloquecerla, bajo lentamente por su vientre hacia el sur. Una vez acomodado frente a su intimidad, se deleito en tomarla con sus labios de una forma tan delirante que Serena gemía estremecida, con su espalda curvada en una clara señal de goce. Esto, y el sabor dulzor de su entrepierna hacían claramente dolorosa su erección.
Sin poder soportar más, se dirigió hacia sus rosados labios besándolos con frenesí, mientras sus manos recorrían sus cuervas como si tratara de grabarlas en sus recuerdos a través del delicado tacto. Sin embargo las manos de Serena lo torturaban con su toque ardiente y demandante, haciendo que sus elegantes uñas lo estremecían ante su roce. Con una de sus musculosas piernas, separo las suyas dóciles para acomodarse anhelante de la fusión única de sus cuerpos. Abandonó sus labios por unos segundos para admirarla, cuando la oyó.
- Por favor- susurro entre jadeos.
Aquello fue como melodía de sirenas para sus oídos. Serena se entregaba en libre albedrío a él, sin miramientos. Sabía que esta era la oportunidad de demostrarle lo mucho que la extrañaba por las noches y que ninguna mujer lo hizo sentir.
Apacible comenzó a adentrarse en su estrecha y delirante cavidad, provocando que ella arqueara mas su espalda ofreciéndose a su merced completa. Animado por esta irresistible invitación, adentro su miembro hasta el fondo e inició un relajado vaivén de caderas.
Serena recibía gustosa las lentas envestidas sintiéndose magníficamente pero a la vez, deseaba que el ritmo aumentara. Trato de moverse ella también en tanto besaba su cuello de una manera tan perturbarte que Darién gruñó a causa de la sensación que lo excitaba aun mas.
Mantuvo un ritmo lento al principio, ya que no quería ser un salvaje y que ella pensara que la estaba utilizando nuevamente pero Serena tenía otros planes, ya que se movía de una manera en la que extinguía su poca cordura. Resignándose a la tentación de aquella diosa, aumento las embestidas considerablemente volviendo todo tan ardiente como el mismísimo infierno. Súbitamente, Serena clavo las uñas en su espalda mientras un gemido salía de sus labios en el momento justo en que era atravesada por un magistral orgasmo. Su respiración se aceleraba en tanto los espasmos la estremecían por completo. Darién aun así continuó envistiendo hasta que la presión alrededor de su miembro a causa del orgasmo lo llevo también al clímax, descargando su cremosa esencia en su interior.
Observo a Serena quien permanecía con los ojos cerrados, completamente relajada. Una vez recuperada su respiración, deposito un suave beso que fue correspondido con la misma ternura, para luego el pelinegro abandonar la cavidad de la somnolienta rubia. Se recostó en uno de los lados de la cama matrimonial y la atrajo a su calido abrazo. Serena no se resistió en ningún momento. Acarició sus cabellos rubios hasta que sintió que su respiración era acompasada, lo que le rebelo que ya había caído en los terrenos del sueño y sonriendo decidió seguirla.
Serena despertó al sentir como la luz de la ventana se colaba en su habitación. Se sentó lentamente sintiendo la sensación de desnudez en su piel, su cabello despeinado y una sensación agradable en el cuerpo. Miro a su lado, pero se percato que estaba sola por lo que decidió averiguar que ocurría. Camino hacia su armario y sacó un camisón de seda muy simple con el que le gustaba dormir siempre y camino hacia el cuarto de Ryo. Cuando lo encontró vació, sintió que su corazón era estrangulado por una mano invisible. Histérica, bajo veloz la escalera. Busco alguna señal en la sala de estar, pero no había nada. Camino hacia la cocina, y fue entonces cuando su corazón relajo sus frenéticos latidos.
Darién se encontraba preparando el desayunado vestido solo con su pantalón y descaso, en tanto Ryo jugaba en su sillita con el contenido de su plato: puré de manzana y banana. Se notaba muy divertido con el desastre que estaba haciendo.
Camino hacia ellos y tomando la toalla destinada al pequeño, limpio su rostro y manos. Darién sonrió por sobre el hombro y retiro de la sartén el ultimo omelet, para colocarlo en un plato.
- Lo lamento- le dijo mientras colocaba los platos en el desayunador- Se veía muy divertido jugando con su desayuno, que me pareció cruel detenerlo.
Serena simplemente asintió y observó la mesada donde descansaba todo lo que Darién había preparado. Aquella visión era realmente surrealista, ya que jamás había visto a Darién hacer algo que no tuviera que ver con sus empresas. Si alguien le hubiese asegurado que sabía cocinar, ella no lo hubiera creído.
Sin decir nada, se sentó en la mesa y se dispuso a comer en silencio. La situación era sumamente rara y no sabía exactamente como manejarla.
Darién percibió lo silenciosa y distante que se encontraba la rubia pero decidió no hablar hasta que ella lo quisiera. No deseaba presionarla de ninguna manera. La noche anterior había sido maravillosa y a la vez reveladora.
- Darién- lo llamo sin mirarlo- Creo que debemos hablar… y aclarar las cosas.
El empresario permaneció callado, escuchando atentamente lo que deseaba decirle.
- Creo que lo que hicimos anoche no fue lo correcto- suspiro mirándolo- Voy a casarme en unos días… He traicionado a mi pareja y me siento realmente mal.
- ¿Te sientes mal porque lo amas o porque aun sabiendo que esta mal sigues pensando que no fue un error?- consulto serio dejando de lado del tenedor.
Esta pregunta la dejo perpleja. El rostro de Darién era serio pero su mirada revelaba varias emociones, lo que al dejo aun mas aturdida. ¡El empresario se estaba mostrando frente a ella sin sus mascaras! Aun así, no deseaba contestar esa pregunta por lo que se levanto de su asiento esquivando su mirada.
- Voy a casarme con Diamante- respondió firme- Esa es la única realidad. Anoche cometí un error.
- ¿Deseas mentirte a ti misma? De acuerdo- sentencio con la mandíbula fuertemente trabada y tensa- Aun así, yo se cual es la verdad.
Con pasos decididos, camino hacia ella. Serena permaneció quieta sin saber exactamente que hacer. Su respiración se agito un poco y enfrento sus ojos zafiros llenos de emociones.
- Yo se que ayer te entregaste a mi como no lo haz hecho con nadie más- le aseguro tomando sus brazos sin brusquedad- Se que lo disfrutaste igual que yo y ademas, no fue algo meramente sexual.
Esta última afirmación la sorprendió y no pudo ocultarlo al pelinegro. Una de sus masculinas manos acarició su mejilla con suavidad y ternura.
- Se que aun no me creerás si te digo lo que siento- afirmo acercándose, hasta besar sus labios de una manera muy apasionada y demandante. Lentamente se separó de sus labios- Necesito que estés dispuesta a oír.
- Digas lo que digas, mi pareja ahora es Diamante- sentenció alejándose de él lo mas posible- Por favor, retírate de mi casa Darién.
El pelinegro la miro por una fracción de segundos y salió de la cocina sin decir nada más. Sintiendo que lagrimas traicioneras se acumulaban en sus ojos, camino hacia su pequeño para tomarlo en brazos y sostenerlo en un vano intento de reconfortarse. Pocos minutos después sintió su presencia nuevamente detrás de ella. Se sorprendió ya que pensaba que ya se había ido. Sin decir nada, Darién se acerco a ella y tomando su mentón la volvió a besar de manera tierna pero dominante.
- Me voy ahora- respondió a escasos centímetros de distancia de sus labios- pero eso no significa que me rendiré. Y eso es palabra de honor.
Volvió a besarla aun mas posesivo y demandante, pero aun así delicado y dulce. Le sonrió con una de sus sonrieras más peligrosas, acarició el cabello negro de su hijo en un tierno gesto y se fue, dejándola allí mismo como una estatua mientras su pequeño jugaba con sus mechones dorados.
Había pasado tres semanas desde que su amor había salido a la luz y aun así, Diamante no había vuelto a buscarla. Solo se comunicaba con algunos mensajes de texto o breves llamadas de menos de un minuto donde le decía que aun no había podido hablar con Serena. En tanto, faltaba solo una semana para la boda y aumentando a su dolor, se sumaba el hecho en que Serena deseaba su consejo para algunos detalles de la boda ya que creía que poseía un elegante gusto.
Aquel era el día decisivo. Su corazón no soportaba mas aquella situación por lo que había tomado una drástica decisión. Miro una última vez su rostro en el espejo, cuidando que el maquillaje tapase perfectamente las espantosas ojeras que era resultado de tanta angustia y dolor. Llamaron a la puerta.
- Tan puntual como siempre- pensó con una media sonrisa.
En el umbral, esperaba en una actitud despreocupada Darién quien al verla sonrió revelando una agradable sonrisa. Esmeralda lo recibió con un fuerte abrazo y le pidió amablemente que entrara.
- ¿Se puede saber porque esta decisión?- pregunto sin rodeos, mientras tomaba la única pero gran valija que descansaba en medio del hall.
- Simplemente, extraño Paris- respondió encogiéndose de hombros en un gesto despreocupado, tratando de enmascarar bien su mentira.
Darién negó en un gesto de cabeza, demostrándole que no le creía una sola de sus excusas. Sabía que ese era el protocolo básico de escape de Esmeralda. No la culpaba, esa era la única manera que siempre encontró de que no la lastimaran más. Sin embargo, sabía que nadie podía escapar por siempre de sus problemas y que ella debía empezar a enfrentar los obstáculos si quería ser feliz. Sin decir nada más, ambos emprendieron camino.
Una vez en el aeropuerto, se dirigieron a la puerta por donde debía abordar. Abrazándolo nuevamente, le agradeció el haberla llevado hasta allí.
- Espero que estés bien- le deseo sobre sus cabellos- Eres una excelente mujer, mereces lo mejor.
- ¿Tu lo crees?- interrogo escéptica- También deseo que estés bien, Darién. Se que pasa algo en tu vida, ya que te noto bastante triste. Debe ser algo realmente doloroso para que no puedas esconderlo con tus muros protectores.
El pelinegro simplemente acarició su mejilla tiernamente y deposito un tierno beso en la frente. El llamado para los pasajeros comenzó, por lo que la joven se fue con una pequeña sonrisa.
Escucho como un automóvil estacionaba frente a su casa. Se acerco a la ventana para comprobar que se trataba de Darién, quien le había pedido a Ryo para llevarlo con su tío Masaki a pasar el día con él. Serena acepto agradecida ya que con los últimos detalles de la boda ese mismo día no podía dedicarle el tiempo y atenciones que necesitaba su pequeño.
Miro su reloj de pulsera. Llegaba media hora tarde, algo atípico en el empresario quien era muy puntal dado los importantes compromisos que tenía.
La rubia abrió la puerta y lo saludo con un gesto de mano, aun cuando estuvo frente suyo el se inclino para depositar un beso a escasos milímetros de la comisura de sus labios. Siempre hacia eso, pero Serena no se podía quejar ya que el pelinegro se hacia el desentendido.
- Perdón por la tardanza- le dijo serio, algo raro en él cuando se trataba de ella. Con su sutil movimiento, toco el punte de su nariz- Tuve que hacer unas cosas antes.
- ¿Esta todo bien?- consulto preocupada- Si te resulta complicado cuidar de Ryo, dímelo.
- No es eso- le aseguro apreciando la preocupación de sus ojos aguamarina- Jamás estaría lo suficientemente ocupado como para perderme un día con el pequeño. Simplemente me ha dejado triste la partida de Esmeralda.
- ¿Esmeralda se fue?- su incredulidad se manifestó en su rostro- ¿A dónde se ha ido?
¿Cómo era posible que Esmeralda se fuera cuando su mejor amigo estaba por casarse en solo unos días? ¿Por qué Diamante no le había dicho nada al respecto? Había notado a la joven modelo distanciada y bastante deprimida las ultimas veces que ha había visto pero nunca se imagino que partiera sin avisarle que no podría ayudarla con los últimos detalles.
Observo a Darién quien permanecía callado mirando un punto perdido en la pared. El había dicho que se encontraba triste porque Esmeralda había partido y al parecer, definitivamente. ¿Estaba triste porque no podrían terminar su historia?
- A Francia- respondió simplemente.
- Comprendo- suspiro tratando de controlar la molestia que recorría sus venas, en un torrente desbocado y sin razón aparente- Pero no debes sentirte triste. Tiene la suficiente libertad económica como para ir con ella a vivir allí.
- ¿Por qué querría yo irme a Francia?- su rostro mostraba su confusión- Aquí están las cosas que realmente quiero, aunque una de ellas este apunto de casarse con otro hombre.
Aquella afirmación la dejo verdaderamente sorprendida. Si lo que decía era verdad, no sentía nada por Esmeralda. Darién no daba demasiadas vueltas para obtener lo que deseaba y eso lo sabía de muy buena fuente.
- Entonces ¿Por qué estas triste?- no pudo contener la pregunta.
- Porque la quiero como la amiga que es, y me he percatado que se ha ido huyendo de algo- su seriedad le contagio de la preocupación del pelinegro- Estaba sufriendo y sus ojos mostraban que sus esperanzas están mas que muertas.
El silencio lleno el ambiente. Serena medito lo último y comprendió que estaba de acuerdo con Darién. Esmeralda estaba mal desde hacia semanas y quizás, se había ido en un intento de desintoxicarse de lo que le estaba haciendo mal. No la culpaba por su partida tan abrupta, pero sembraba sus incógnitas. Diamante debería haberle mencionado algo.
- Aguarda unos segundos, voy por Ryo- dijo finalmente con un suspiro- Estoy retrazada a la prueba del vestido.
Resignado, Darién asintió mientras guardaba sus manos en los bolsillos de su pantalón.
Frente a su notebook, se encontraba en una mesa del jardín de Aurum terminando algunos balances administrativos del lugar. Iban realmente bien y si continuaban a ese ritmo, conseguiría en tres meses mas cancelar el préstamo en el banco.
Una de las nuevas meseras se acercó hacia el para entregarle el teléfono diciendo que era uno de sus inversores. Dejando de lado lo que hacía, asintió.
- Buenos días, señor Nakata- lo saludo Diamante con mucha educación.
- No me sorprende la manera elegante con la que saludas- respondió la voz ronca del otro lado de la línea- Siempre te destacaste en el tema de la cortesía, eso es bueno para los negocios.
- ¿Qué quieres Chiba?- consulto sin poder ocultar mucho el desencanto de oír a su ex amigo- No tengo demasiado tiempo para tus interrupciones.
Darién dejo escapar un sonido que delataba que contenía una risa de superioridad. Su comentario no le molesto en absoluto, ya que sería realmente breve.
- Llamaba para felicitarte- le comentó de manera casual.
- ¿Por la boda?- consultó relajado- Gracias, pero no era…
- No, amigo. Por romper nuevamente el corazón de Esmeralda- su voz denoto la rabia y el resentimiento que contenía en su interior.
El cuerpo de Diamante se tensó al oír aquellas palabras. ¿A que se refería Darién con eso? ¿Cómo sabía que las cosas con Esmeralda habían resurgido?
- ¿A que te refieres?- su molestia salió sin poder ser contenida, mientras se ponía de pie bruscamente. Nervioso.
- ¿Qué? ¿No comprendes?- ironizo- ¡Oh! Déjame que te lo pase en limpio. Esta mañana, Esmeralda abandono el país. Y por lo que entendí, para no volver.
- ¿Cómo que se fue?- bramo mientras una terrible agonía lo recorría por el cuerpo.
- Como lo oyes- su voz se tranquilizo un poco- Al parecer ser, no pudo soportar que nuevamente no tuvieras el coraje para arriesgarte por ella.
Las palabras no salían de su garganta. Esmeralda se había ido y el era el culpable. Su miedo a lastimar a Serena lo acobardo día a día, por lo que la boda siguió adelante. Por otro lado, el trabajo había absorbido la otra parte de su tiempo, más el temer enfrentar a Esmeralda y explicarle que no sabía como terminar su relación con la rubia… todo eso había causado que la mujer que más amaba nuevamente abandonara su vida.
- ¿Cómo sabes todo esto? ¿Ella te lo dijo?
- No hacía falta que me lo dijese- le aseguro- Solo la he visto así de mal una vez, y era por tu culpa. Supongo que la frustración y la culpabilidad son cosas a las que Esmeralda no supo aguantar.
- ¿A dónde se fue?- interrogo ansioso.
- ¿Qué harás?- consulto serio- ¿Aclararas primero a Serena que amas a otra persona y suspenderás la boda? Porque de lo contrario no diré una palabra. Y no lo hago por mí, podría seguir intentando recuperar a Serena de otra forma, sino por Esme.
Sonriente, Serena cerró el libro de las reservas y observo como Petzite esperaba sentada en una de las mesas a que Zafiro terminara con el libro de cuentas y la caja registradora, leyendo una revista de prensa rosa. Sin apuros, ya que Ryo se encontraba con su padre, se acerco hacía ella.
- ¿Has encontrado algo interesante, Pet?- consulto sonriente.
Varias veces Diamante la había llevado a cenar a casa se Zafiro, por lo que ambas mujeres se conocían y entablaron amistad.
- Para nada- sonrió devolviendo la atención a la revista- La compre solamente por el especial de bodas que traía. Lo demás realmente no importa.
Serena rió ante la afirmación de Petzite sobre el motivo de la compra de esa revista. Sabía que eso era producto de Rei, quien detestaba la prensa rosa. Sin embargo, sabía que la causa de esta repulsión se debía al constante acoso de los fotógrafos a Nicholas y sus múltiples novias. Rei padecía al igual que la rubia de un amor hacia mujeriegos innatos.
- No te preocupes- le dijo regalándole una sonrisa- Solamente escóndela ya porque ya es hora de la partida de Rei.
- Tienes razón- asintió Pet ocultándola- Además, no querrá ver la primera plana.
La rubia observo la portada para encontrar a Nicholas caminando con una rubia actriz de la mano, en una costosa boutique. Reafirmo la opción de esconder la revista con un movimiento de su rostro. La joven ejecutiva guardo en su cartera el suplemento y continuaron hablando de manera trivial.
- ¿Cuándo será el día que Zafiro decida formalizar?- suspiro Serena.
- No hay caso- señalo encogiéndose de hombros- Aunque cumpliremos siete años de noviazgo, sigue disgustado con la idea del matrimonio. No puedo culparlo, la separación de sus padres fue muy tortuosa para él.
- Comprendo.
Con un fuerte sonido, Rei salió de la cocina a paso veloz mientras Nicholas abría nuevamente la puerta sobándose la cara a causa del golpe de la puerta recibido por gracia de la pelinegra. Sin perder tiempo, continuó con la persecución mientras continuaba pidiéndole que salieran a tomar algún trago, aunque fuese en son de amigos. Furiosa, la pelinegra se negaba mientras salía del local. Serena agradeció que a esa hora, ya no hubiese clientes. Pocos minutos después de que ambos jóvenes se fueran a continuar su pelea afuera, Diamante entro al restaurante. Su rostro perfecto se notaba cansado y acongojado.
Disculpándose, Serena se aproximó rápidamente y lo saludo con un tierno beso. Diamante respondió con una sonrisa tierna y le pidió que fueran a un lugar apartado ya que quería hablar con ella. Serena asintió, busco sus pertenencias, se despidió de Pet y se fue en silenció junto al rubio.
Una vez dentro del automóvil de él, Serena se percató de lo tenso que se encontraban los hombros de Ante. Su mirada no se despegaba del frente aunque el automóvil estuviese estacionado y sus manos apretaban en puño el volante.
- ¿Ocurre algo, Ante?- pregunto suavemente.
- Serena, no se cómo decirte esto…- empezó a decir aun sin mirarla- lo único que espero, es que no me odies pero no puedo casarme contigo.
Aquello la sorprendió completamente. Si alguna vez imagino que el compromiso terminara, siempre pensó que sería por cuestión de su debilidad y no por parte de Diamante quien desde un principio había apostado abiertamente a la relación. Permaneció en silencio, tratando de asimilar todo.
- Se que falta realmente muy poco, pero no puedo hacerlo- continuo, volteando esta vez a enfrentarla- No puedo dejar que sigamos mintiéndonos más las cosas. Tú amas a Darién y jamás lograras quererme de esa manera.
Súbitamente Serena perdió el aire. No podía creer lo que le estaba diciendo Diamante. Aun cuando sabía que no lo amaba y aunque lo había traicionado, no dudo en elegirlo en lugar de Darién.
- Y yo no podré amarte, porque me he dado cuenta que sigo amando a otra persona- finalizo en tanto estudiaba la reacción de sus ojos aguamarinas.
Aquello boqueo súbitamente el bombardeo de culpabilidad desde su corazón hasta su mente. Lentamente su cerebro retomo la marcha hasta llegarlo a un lugar. Esmeralda.
- ¿Esmeralda?- consulto sutilmente.
Aquello pareció paralizar ahora a Diamante. El rubio no comprendía como Serena había logrado deducir tan velozmente de quien se trataba.
- ¿Cómo…?
- Hoy me enteré que partió rumbo a Francia. Me pareció extraño, aunque hacia semanas la notaba mal- le explico más tranquila - No estoy molesta contigo, Ante. Tienes razón, no debemos mentirnos y aunque te quiero muchísimo y agradezco el tiempo que pasamos juntos, jamás hubiésemos podido darnos el uno al otro lo que necesitábamos.
- Me alegra saber que piensas así- suspiro profundamente- Esmeralda se fue por culpa de mi miedo. Miedo a decirte la verdad, a lastimarte, etc. Te aprecio demasiado como para hacerte sufrir. Pero sin darme cuenta, la hice sufrir a ella.
Sonriendo, Serena se aproximo para abrazar a Diamante. Cerca de su oído le aseguro que ella estaría bien pero que debía recuperar a la joven modelo y luchar por ella.
- Tienes todo mi apoyo- le aseguro.
- Por favor, cuídate mucho- le pidió Ante cuando se separaron- Y espero no recibir quejas de Zafiro cuando regrese a Japón.
- Por supuesto que no, jefe- se burlo mientras sacaba la lengua.
Continuara…
Holis!
Perdón por la tardanza! He tenido un grave problema con mi computadora y recién esta mañana lograron solucionar el problema y rescatar mis archivos (entre ellos esta historia). Termine hace unos minutos el capitulo, por lo cual pido disculpas si hay errores, pero no quise hacerles esperar más.
Gracias como siempre a todos, pero especialmente a las personas que se toman el trabajo de dejarme sus reviews y que afortunadamente cada vez son más:
Maleja, Pupis81, SEREDAR, Luz K, stephy17, Isis Janet, Natustar, Shiru Chiba, SAILOR NEMESIS, TrisChiba, monapecosa, Angel Negro 29, adoore, CONEJA, Una Lectora, SalyLuna, Sailor Moon The Best, beabi, Lilu the little witch., Malua, alirt.
Espero disfruten el capitulo. Seguramente estare publicando el proximo capitulo a partir del 15 de diciembre ya que me encuentro en medio de mis examines finales, disculpen las molestias.
Besos y Cuidense!
Miko Fleur
