Thank you Guest for you review in the past chapter, Wolfram is strong and well...We see what happened with this characters...

Gracias a los lectores fantasmas por leer

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A paso presuroso Gisela iba por los pasillos del castillo con una sola preocupación rondando su cabeza. No había pasado ni una hora desde que Wólfram estuvo en la enfermería comentándole su situación y todas sus inseguridades acerca de su condición actual. Y ahora, caminaba a paso veloz al dormitorio de su majestad para poder cerciorarse de que todo estuviera bien y, de paso, ayudar al blondo a evitar que el rey Yuuri descubriera aquel secreto sobre el rubio.

No podía detenerse ni demorarse un instante más, sobre todo cuando en el aire podía sentirse aquel aroma. Era extrañamente familiar pero a la vez desconocido y este, se hacía cada vez más fuerte conforme avanzaba y se acercaba a su destino.

¿Podría ese aroma provenir de su majestad?

Era probable, Gisela no conocía muy bien el aroma del rey de los demonios. En una sola ocasión logró percatarse de él, pero fue tan tenue que ni siquiera podía percibirlo con claridad; mucho menos recordarlo.

El actual gobernante era un alfa diferente a lo usual. Ella quería pensar que se trataba del hecho de que su majestad había estado viviendo en un mundo completamente distinto al de ellos y; por ende, las características que lo distinguían como un alfa se habían perdido al vivir en un mundo donde los betas abundaban hasta prácticamente convertirse en uno de ellos. Gisela no podía pensar en otro motivo por el cual el aroma y presencia de un alfa como el rey fuera tan imperceptible.

Era como si el joven monarca hubiera sido cegado de su propia naturaleza.

Gisela abrió los ojos considerablemente al percatarse de un detalle significativo. El rey poseía una esencia dormida como alfa. La persona que había dejado su marca en Wólfram poseía una prácticamente inexistente. Sus pensamientos la llevaron a una sola conclusión.

El rey Yuuri era el alfa de Wólfram y el padre del futuro hijo del blondo.

¿Era eso posible?

Se cubrió la boca con su mano derecha al darse cuenta de ello mientras detenía sus pasos. Todo encajaba perfectamente, incluso la actitud taciturna que el pelinegro había adquirido después del rompimiento de su compromiso. También explicaba el hecho de que su majestad se llevara a Wólfram a su habitación y que se encontraran en esta justo en esos momentos.

La mujer permaneció estática. Sentía la presencia de un alfa con mucha fuerza; como una atmosfera pesada que cubría el ambiente. Se podía percibir casi como una amenaza, como si quisiera alejar a cualquier otro de su territorio dónde su omega se encontraba con tal de protegerlo.

Giró su rostro para mirar si alguien más se encontraba en el pasillo. No había nadie, ni una sola alma. Volvió su vista al frente y se percató de que se encontraba a solo unos pocos pasos de la puerta que correspondía a los aposentos de su majestad.

¿Sería correcto que entrara?

No, no lo era. Más que la amenaza palpable en el ambiente, existía la posibilidad de que ambos se encontrasen en un momento privado y ella terminaría interrumpiendo algo. Pero no podía quedarse de pie ni tampoco devolver sus pasos. El guardia que le había llamado había dicho que Wólfram necesitaba ayuda y ella estaba para ofrecerla. Independientemente de que sintiera esa especie de temor ante la presencia del lado alfa del rey.

Tomó aire armándose de valor y terminó por acortar la distancia que la separaban de aquella puerta. Llamó un par de veces golpeando ligeramente con los nudillos. No obtuvo respuesta alguna. Esperó durante algunos momentos pero al final, tomando otra bocanada de aire se animó a abrir la puerta e ingresar a la habitación con los ojos entrecerrados.

El silencio le dio la bienvenida y fue entonces que abrió los ojos para saber lo que ocurría en aquel lugar. Su vista se encontró con la de su rey.

El pelinegro le miraba en silencio, casi con molestia por interrumpir en la privacidad de su cuarto; aún así ninguno de los dos mencionó palabra alguna.

Gisela abrió su boca para poder romper el silencio tan incomodo en el que se encontraba. Sin embargo, no podía decir nada coherente; tan solo algunos balbuceos inentendibles. Dentro de estas cuatro paredes el ambiente era pesado. Increíblemente insoportable.

El amable rey Yuuri ahora lucía como un poderoso alfa que podría atacarla en cualquier momento.

Sin moverse de su sitio, el gobernante se atrevió a habar –está durmiendo- dijo por fin volviendo su vista al mazoku rubio que dormía sobre la cama completamente ajeno a la situación. El pelinegro llevó su mano al rostro del otro y le acarició el rostro con dulzura, con una frágil caricia.

-d…de acuerdo…v….volveré más tarde- respondió por fin y terminó por abandonar la habitación con prisa. Volvería más tarde, mucho más tarde a cerciorarse de que el rubio estuviera bien. Mientras tanto, se alejaría lo más posible de ese lugar.

Esperaba que la situación de Wólfram se resolviera finalmente y pudiera ser feliz al lado de su majestad.

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Al fin había encontrado a la persona que tanto anhelaba ver. Parecía que años habían transcurrido desde la última vez que pudo estar cerca de él y no desaprovecharía la oportunidad, no lo dejaría escapar ni alejarse de él. Nunca. Wólfram debía estar a su lado, lugar de dónde jamás debió permitir que se apartara.

Le encontró inconsciente en compañía de Murata y una alarma fue encendida en su mente. Wólfram le necesitaba, debía cuidarlo y no dejar que nadie le tocara o intentara llevarlo lejos de él. Cogió en brazos a su ex prometido y decidió llevarlo lejos de todos, a un lugar donde tuvieran privacidad; lejos de todas las miradas curiosas. Es por ello que su habitación fue la mejor opción.

Lo recostó con todo el cuidado que podía y se sentó a su lado, en una orilla de la cama para poder contemplar aquel hermoso rostro del ser que poseía su corazón. Acarició con la yema de sus dedos la mejilla del durmiente sintiendo una corriente placentera recorrer su cuerpo. Tocarlo le hacía sentir bien, era una sensación sumamente agradable y extrañamente familiar. Yuuri poseía la vaga sensación de haber recorrido aquel cuerpo tan magnífico con anterioridad y el haber experimentado una dicha incalculable al hacerlo.

Por su mente pasaron varias imágenes, aquellas que se volvían tan nítidas como si se tratasen de recuerdos de hechos reales en vez de sucesos creados por su mente.

Yuuri contempla a su ex prometido sin despegar su vista de él, como si temiera que su existencia se esfumara con un simple pestañeo suyo. Su mente le recuerda las caricias, los momentos tan íntimos que compartió con él un mes atrás. Algo en su interior le pide que lo haga de nuevo, le dice que no es un sueño, que se trata de algo real y que es tiempo de confirmarlo.

El pelinegro no lo niega, puesto que no tiene argumento para negar aquello.

La marca.

Habla su interior, pidiéndole que revise la única cosa que puede comprobarlo todo. Aquello es la prueba de que ahora Wólfram le pertenece. Es el símbolo de que están unidos de por vida, de que sus almas y cuerpos se pertenecen.

Yuuri se siente ansioso. Si eso se encuentra en el cuello de Wólfram entonces nada podrá separarlos de nuevo. Estarán juntos como una pareja.

Como almas gemelas.

Nunca creyó en esas cosas, sin embargo la idea de serlo le parece tentadora, agradable. No imagina otra persona con la que podría ser de esa forma. Esboza una pequeña sonrisa ante su idea, debe comprobarlo cuanto antes.

Lleva su mano al cuello de su amado, debe moverlo ligeramente para poder mirar por debajo de su nuca pero no desea interrumpir su descanso.

Unos toques en la puerta distraen su atención, hay alguien detrás esperando poder ingresar.

Un intruso.

No debe dejar que nadie entre, no desea que alguien lo haga. Este es su momento con Wólfram y cualquiera que lo interrumpa debería ser castigado.

Siente la presencia de esa otra persona, es un alfa; justo como él. No debe dejarle entrar, el omega que descansa sobre su cama es suyo y no dejará que nadie se acerque. Por eso cuando la puerta se abre con lentitud no puede evitar dirigirle una mirada de advertencia a la mujer alfa.

Yuuri sabe que ella sólo está cumpliendo su labor al venir a comprobar el estado del rubio, sin embargo, él no está pensando con claridad. Su instinto ha ganado sobre su razón y, sinceramente no espera que sea lo contrario en estos momentos.

Debe hacer que se marche, que le deje a solas con su amado. Es por ello que le afirma que solo duerme, ella parece entender y al final, se marcha tan rápido como sus pies se lo permiten.

El rey espera que se aleje, permanece con la vista sobre la puerta hasta que el aroma de alfa de Gisela desaparezca. Es entonces cuando se levanta a paso tranquilo a poner seguro a la puerta. No desea más interrupciones mientras disfruta estos momentos con su pareja.

Regresa a la cama, permanece de pie mirando al rubio y se decide a girar el cuerpo ajeno hacia un costado para comprobar lo que desea. Bajo del cuello del saco que el rubio viste hay algunos mechones de cabello. Las hebras doradas parecen haber crecido porque cubren la blanca piel de su cuello. El rey aparta esos mechones para poder mirar lo que hay debajo y descubre con sorpresa que no hay tal marca.

Su vista permanece fija en esa zona, sin dar crédito a lo que sus ojos ven. Debe tratarse de un error, ya que está seguro de que ahí debía existir el vínculo que un alfa deja a un omega. Se atreve a tocar la zona con el dedo índice y se da cuenta de que esta ligeramente pegajoso. Hay algo sobre la piel que cubre lo que desea.

Antes de poder retirarlo, el cuerpo de Wólfram se mueve, volviendo a su posición anterior boca arriba. Yuuri aleja su mano y le observa expectante, desea que despierte y le dé una clara respuesta a sus interrogantes.

Los ojos del rubio se abren mostrando un par de gemas color esmeralda. Se observan por unos instantes que parecen eternos.

Wólfram abre los ojos considerablemente y se aparta con brusquedad del otro, alejándose hasta el borde del lado contrario de la cama. Le observa con sorpresa inicial y después con miedo. Como si se tratara de un fantasma o alguna entidad similar.

El joven monarca le mira con interrogación y después con seriedad. Necesita respuestas, debe aclarar toda la situación lo antes posible y ninguno de los dos saldrá de ese lugar hasta resolverlo.

-Yuuri…- al borde de la cama Wólfram no sostiene su mirada, la agacha esquivándola –es decir, su majestad…- un silencio incomodo se instala entre ambos antes de que el rubio continúe hablando –lamento haberle molestado, creo que me retiraré ahora mismo- se levanta sintiendo un ligero mareo que es soportable y pasa tan rápido como llegó.

-no te vayas- habla el rey levantándose de igual forma del lado contrario y caminando con prisa hacia donde él se encuentra para colocarse frente a frente –quédate- le pide mientras sujeta toma su mentón y levanta su rostro –necesito saber…- piensa en cómo continuar sin perder de vista el par de esmeraldas que lo evitan –quiero conocer muchas cosas ¿Por qué has firmado la disolución del compromiso? ¿Porque te alejaste?- el rey acorta la distancia de sus caras y apoya su frente con la contraria –respóndeme- habla casi en un susurro entrecerrando los ojoso, el aroma que el otro expide es agradable, le relaja, le atrae y le invita a ser delicado y mimarlo.

Wólfram permanece estático, el otro ha usado su voz de mando y él como omega no puede resistirse a ella. Sabe que lo hizo de forma inconsciente ya que Yuuri jamás lo haría de una forma intencional.

-lo siento- es lo único que puede decir, está nervioso. Siente su cuerpo vibrar y estremecerse con la cercanía de su ex prometido. No quiere alejarse de él, al contrario. Wólfram desea ser tocado por esta persona, anhela el toque ajeno sobre su piel y ansia con toda el alma pertenecer en todos los sentidos al alfa frente a él. Quiere entregarse, lo desea; es como una fuerte necesidad que aumenta a cada segundo y que comienza a nublar su juicio dejando que su instinto más primitivo tome posesión de su cuerpo.

Su mente le dice que está mal, que Yuuri no es su alfa. Que en cuanto tengan intimidad sentirá asco y nunca podrán estar juntos de ninguna manera. Sin embargo, hasta ahora la cercanía del otro no le causa más que excitación. Wólfram no sabe que pensar, desea que él sea su alfa pero está confundido.

Cierra los ojos y recuerda con claridad aquel día, ese en dónde se entregó al alfa misterioso que dejó su huella y su semilla en él. Los recuerdos se vuelven más claros y el rubio comienza a distinguir un rostro. Abre sus orbes al percatarse de que, en efecto, la persona que su mente recuerda es la misma que esta frente a él.

Algunas lágrimas resbalan por sus mejillas. No puede creer lo tonto que ha sido. Ni tampoco puede creer que todo sea verdad.

Yuuri le observa con curiosidad, sin comprender lo que pasa por su mente. Le llama un par de veces pero él no responde; tan sólo llora y termina por aferrarse al cuerpo ajeno en un abrazo. El pelinegro no lo rechaza, al contrario, lo estrecha entre sus brazos con fuerza permitiendo que derrame aquellas lagrimas que no podía detener.

El rubio está feliz, aliviado de por fin conocer la verdad.

Yuuri es su alfa, es su pareja destinada y es obviamente el padre de su hijo.

Permanecieron abrazados perdiendo la noción del tiempo. El mundo dejó de existir para ambos al estar tan cerca. El llanto de Wólfram disminuyó al pasar los minutos. Yuuri se apartó ligeramente para poder limpiar el rastro que las lágrimas dejaron sobre el rostro del rubio.

-quédate conmigo- habló mostrándole una pequeña sonrisa y con una voz demasiado dulce –no por un accidente cultural, no por que debamos hacerlo…- sus labios se posaron sobre los contrarios en un suave toque.

Wólfram cerró los ojos para disfrutar aquel roce, era lo que había ansiado, lo que necesitaba para dejar de lado todas sus inseguridades.

-te amo Yuuri- las palabras salieron de sus labios casi como un susurro mientras esbozaba una tímida sonrisa.

-yo también, te amo Wólfram-

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