Son las 10 y 24 pm y me he sentido mal por no continuar, escribir esta historia es adictivo! Así que aquí estoy, un martes por la noche después de haber pasado todo el día pegada a la computadora escribiendo ya actualizando para que tengan un recuerdito mío mañana que no nos leeremos! Espero lo disfruten, en este episodio sale un nuevo personaje! Besos fer
A tu lado
Sintió un cosquilleo en su rostro, seguido de unas risitas encantadoras, abrió los ojos suavemente, lo primero que vio fue a Quinn, acostada sobre él riendo, cubriendo de besos su rostro, luego la luz del sol, que había sustituido a la luna desde hacía un par de horas, todos en la casa estaban ya despiertos y ocupándose de sus quehaceres habituales excepto ellos dos que aún no habían querido dejar el lecho.
Puedo acostumbrarme a despertar así siempre, dijo sonriendo mientras ella besaba la comisura de sus labios, solo hay un problema, dijo frunciendo el ceño.
¿Cuál? Preguntó la chica apenada, era tan perfecto estar a su lado, que no podía imaginar nada malo que arruinara su felicidad.
Que tenemos que despertar, dijo sonriendo, ella más tranquila besó su cuello, mientras él la abrazaba, acercando más su cuerpo.
Podemos quedarnos aquí todo el día, le informó con una sonrisa, nadie nos dirá nada, podemos pedir que nos traigan el desayuno a la cama, dijo la chica dando unos cuantos saltos, despeinando sus rubios cabellos y agitando la cama.
Creo que si, dijo el contemplándola, tan feliz, tan llena de vida, como si el sueño se hubiese llevado toda la tristeza que albergaba su alma, como si fuese una nueva Quinn.
¿Podemos? Preguntó haciendo un puchero, mientras el chico pensaba por un rato, le quedaban solo 7 días al lado de Quinn, así que los aprovecharía al máximo, cada segundo al lado suyo, haciendo lo que ella quisiera.
Si es lo que quieres, dijo encogiéndose de hombros, ella sonrió de felicidad, besándolo de nuevo, se sentía distinta, pero en ese caso "distinta" era bueno.
Así que supongo que podemos aprovechar estos momentos para hablar de cosas serias, dijo el entrelazando su mano con la de la chica. Como que vamos a hacer todo este tiempo
Yo esperaré por ti y tu volverás a mi lado después de cumplir con tu deber, dijo ellas simplemente, aceptando lo inevitable.
Me refiero en ese tiempo, dijo el sonriendo, mientras ella se acomodaba en su pecho, pensando, le dolían un poco las costillas, pero no se lo diría, sentirla a su lado era sencillamente maravilloso como para quejarse por pequeñeces. Deberíamos escribirnos, propuso él.
Siempre, coincidió la chica, de acuerdo con el plan.
Quiero que me cuentes todo, dijo ilusionada ante la idea, todo lo que hagas, lo que veas, lo que sientas…quiero que me digas si me sigues amando conforme el tiempo avanza.
De acuerdo, dijo el sonriendo, besando el cabello de la chica.
Rió secamente después, ella no lo miró, ya le resultaba normal que Samuel riera por todo, también le gustaba eso, podría imaginarse viviendo el resto de su vida oyendo esa risa, serían tan felices juntos…y el reiría de esa forma siempre.
Estás tan emocionada ante la idea que ni siquiera notaste lo que hay en la mesa, dijo señalándole la mesita de noche, en la que descansaba una pequeña caja forrada en terciopelo, cerrada, Quinn había visto ese tipo de cajas muchas veces, solían contener joyería muy fina, como en este caso.
Sam se levantó de la cama, tomando la caja en sus manos que temblaban aunque la chica ya le hubiera dado el sí.
¿Lista para hacer esto bien? Preguntó arrodillándose una vez más frente a ella, que lo miraba confundida aún en el lecho, asintió decidida, mientras él abría la caja, dejándole ver un aro de plata pura, con una enorme piedra la parte superior, blanca y brillante, Quinn se quedó sin habla mientras el rubio volvía a hacer su pregunta, para formalizar más el asunto.
¿Quinn Fabray, te casarías conmigo? Preguntó mirando a la rubia.
Si…dijo ella al igual que la noche anterior, al tiempo que él le ponía la sortija en su dedo anular. ¿pero como? Preguntó la rubia mirando el anillo en su dedo.
Me levanté muy temprano esta mañana, dijo el chico, antes de que despertaras y literalmente corrí a casa de mis padres, busqué el anillo que mi madre me había dado para que te diera algún día y ahora está en tu dedo, dijo sonriendo, Señora Evans…
No, dijo negando con la cabeza, aún no, debes cumplir tu promesa primero, le recordó.
Y lo haré, la tranquilizó, pasaré todos los días de mi enlistamiento soñando con el momento en el que te conviertas en mi esposa, y cuando llegue eso será lo primero que haga… dijo acostándose de nuevo al lado de su prometida.
Pareces tener todo bajo control, dijo la chica cerrando los ojos, guiandose únicamente por la voz del rubio.
Lo tengo, afirmó él, anoche no hice más que pensar en eso.
¿Y que pensaste? Dijo abriendo los ojos, Sam la miró, contándole de todos sus planes, quería que todo fuese perfecto, para que el mundo viera como la amaba, y lo feliz que podría hacerla.
Nos casaremos en la misma iglesia donde se casaron mis padres, en las afueras, explicó él enumerando todos y cada uno de sus planes, solo nosotros dos y la familia, daremos una fiesta en nuestra casa, donde todos podrán ver donde viviremos hasta ser un par de ancianos, esa noche tú y yo estaremos juntos por primera vez, dijo abrazandola, esa noche tu serás mía y yo seré tuyo completamente, solo tuyo…
Después de eso pasaremos un año o dos viajando, enseñandote el mundo, obsequiandolo si es lo que deseas, y después de haberme enamorado aún más de ti de lo que ya lo estoy, tendremos a nuestro primer hijo o hija, lo educaremos como nosotros fuimos educados, y le enseñaremos a amar como nosotros lo hacemos, tu le enseñarás a tocar el piano y yo procuraré no enfadarme mucho con él porque lo quieras más que a mí, dijo riendo, Quinn lo imitó, todo sonaba maravilloso cuando era él quien lo decía.
Y luego vendrán más niños, continuó Samuel, a todos los amaremos con locura, y cada uno de ellos será una parte nuestra, una prueba del amor que te tengo, dijo sonriendo.
Suena…hermoso, dijo ella sonriendo también, fantaseando con la vida que podría tener a su lado, imaginándose vestida de blanco del brazo de su padre mientras desfilaban por la iglesia, y a Samuel vestido con su uniforme del ejercito esperándo por ella junto al altar, sus madres llorando, mientras ella también lo hacía, todas de felicidad.
Y en un rincón Noah, observándo a aquella chica a la que una vez pensó amar, ahora aferrado al brazo de un nuevo amor, eta vez verdadero.
Tu eres hermosa, le dijo Sam, serás una novia bellísima, Quinnie, le prometió, y estoy seguro que una excelente esposa y madre.
También tu, dijo cerrando sus ojos, él la imitó, sin dejarse volver a vencer por el sueño, solo pensando en lo que el vida les depararía de ahora en adelante.
Rachel, le llamó la dueña de la casa, esa mujer lograba intimidar a todos los empleados, aunque su rostro era el de una mujer hermosa y "amable" su interior era diferente, muchas veces la morena la había escuchado reprender fuertemente a las demás criadas, incluso a ella misma cuando cometía algún descuido en la limpieza o su té estaba frío.
Judy Fabray era exigente y meticulosa, y no toleraba de ninguna forma la incompetencia, creedora de que por sus venas corría "sangre real" se daba el lujo de humillar a todos los que estuvieran por debajo suyo en la pirámide social, a pesar de los regaños de su esposo y las miradas coléricas de su hija, era un hábito arraigado desde su nacimiento, heredado de sus padres.
En el fondo no era mala persona, solo un poco mandona y clasista. Pero eso no evitaba que la pequeña morena que tenía al frente suyo temblara al verla, aunque la mujer no se preparara para reprenderla.
Ve arriba y despierta al Señor Evans y a mi hija, dijo cortantemente, la morena solo asintió, sin atreverse a contradecirla, nunca había mantenido contacto directo con la Señorita Quinn, pero se decía que era más amable que su madre, y al Señor Evans lo había visto un par de veces en los últimos días, era muy apuesto debía admitir, aunque se corrían rumores en la casa de que estaba involucrado con la señorita.
Los cuales se vieron confirmados esa misma mañana, cuando una de las criadas descubrío que la cama del Señor Evans estaba vacía y en la recámara de la señorita Quinn descansaban dos personas.
A Rachel le parecía algo normal, después de todo iban a casarse (lo cual también era solo un rumor) así que no era motivo por el cual alarmarse, sin embargo las criadas más mayores (y la señora Fabray) decían que era un descaro de parte de la Señorita albergar a un hombre en su recámara sin estar casados antes.
Se sentía extraña, al llamar "señorita" a alguien de su edad, incluso Quinn era un par de meses menor que ella, ambas con 16 años cumplidos, y "señor" a alguien que podría ser su hermano mayor, pero así eran las cosas en la sociedad en la que vivían, y los títulos no se asignaban por edad sino por rango, por lo que no dudaba que algún día tendría que llamar "señor" o "señorita" o un bebé recién nacido, solo porque sus padres eran de mayor extirpe que ella.
¡Que anticuado! Que injusto, pero esa era la vida que le había tocado vivir, y no se quejaba, gracias a los Fabray tenía un techo y comida fija todos los días, además de trabajo, y el trato no era tan malo.
Subió las escaleras, aprovechando su viaje al piso de arriba para llevar las sábanas limpias a cada habitación.
Tocó dos veces la puerta del cuarto de la señorita, sin obtener respuesta alguna, decidió ir primero a entregar la ropa de cama, evitando ver algo que no debía ser visto, se tomó su tiempo, e incluso sacudió la peinadora del cuarto de los Señores, lustró los zapatos del Señor Evans y luego volvió a tocar la puerta de la habitación otro par de veces.
De nuevo nadie respondió, Rachel estaba contrariada, su entraba podía ver algo que no debía, pero si bajaba sin despertar a los señores, la Señora Fabray la reprendería, y eso era mil veces pero que los daños emocionales que podría llegar a sufrir en caso de encontrar a la señorita Quinn y a la visita haciendo algo indebido.
Se decidió por entrar, cerrando los ojos y disculpándose en voz baja por irrumpir así en su intimidad, sin embargo nadie la reprendió de inmediato por su acto abusivo, ni se escucharon gritos de asombro.
Abrió sus ojos de a poco, primero uno y luego el otro, y se encontró con una imagen que no esperaba, tal vez más indebida que la que tenía en mente.
El Señor Samuel y la Señorita Quinn dormían abrazados, ambos mirando hacia el techo, sus respiraciones eran pausadas y sus rostros reflejaban tranquilidad.
Como si hubiesen encontrado su lugar en el mundo al lado del otro, pensó Rachel mientras sonreía enternecida, se veían tan enamorados, aunque no sus ojos no estuvieran abiertos, lo demostraban con la posición de sus cuerpos y el semblante de su rostro, estaban muy felices juntos.
Rachel sintió envidia tal vez por segunda o tercera vez en su vida, al descubrirse sola, sin nadie que la tomara en brazos como el rubio hacía con la señorita Quinn, sin nadie que la mirase de la forma en la que había visto hacer a él en más de una ocasión.
Sin tener a nadie a quien besar por las noches ni extrañar durante el día.
Estaba sola.
Escuchó a alguien aclarar su garganta, sacándola a la fuerza de sus pensamientos, miró al Señorita Quinn, que la miraba curiosa y con una mueca de incomodidad en su rostro.
Su madre me ha enviado, dijo la joven, Quinn rodó los ojos y murmuró algo así como "seguro que sí" ella estaba muy apenada, la señorita la había descubierto mirándola, cuando no debía hacerlo. Dijo que quiere que ambos despierten, dijo con su voz chillona, Quinn le hizo una seña para que bajara el volumen, Sam todavía dormía a su lado.
Rachel obedeció mientras observaba como la rubia se levantaba con cuidado de la cama, procurando no mover al chico.
¿Puedes hacerme un favor? le preguntó la rubia en voz baja, ella asintió torpemente.
Voy a cerrar la puerta con llave, le informó Quinn, dile a mi madre que no has podido entrar, que buscaste la llave entre las demás y que no está, Rachel hizo una mueca de pánico, no podía mentirle a la Señora Fabray, le daba miedo.
No puedo hacerlo, señorita, le dijo, su madre me regañará si le miento.
Ve a ese hombre, dijo Quinn señalando a Sam que seguí profundamente dormido en su cama, dentro de 7 días se irá a la guerra y no lo volveré a ver por quien sabe cuánto tiempo, Rachel la miró con tristeza.
No le estoy pidiendo que le mienta a mi madre, explicó ella, si ella viene podrá ver que la puerta está cerrada y no la regañará a usted, en todo caso con quien se enfurecerá es conmigo, dijo la chica sonriendo, ¿haría eso por mi….?
Rachel, completó la morena decidida, la había convencido con la historia de la guerra, valía la pena arriesgarse un poco por la felicidad de esos chicos que se veían tan enamorados y que se separarían en tan poco tiempo.
Rachel, repitió la rubia, obligándose a recordar.
Si señorita, lo haré dijo en voz alta, casi gritándole, Quinn le volvió a pedir que hiciera silencio, antes de abrazarla.
Te debo una, Rachel, dijo separándose de la morena que sonreía ampliamente.
Cerró la puerta con llave, mirando a Sam que aún dormía, acurrucado a un lado de la cama, ahora nadie los molestaría, gracias a Rachel.
Es oficial! Estoy muriendo del sueño, son las 11 y 16 pm hora de costa rica y estoy frente a mi computadora con los ojos irritados, pero creo que valió la pena, así lo leerán hoy o mañana y no se enojaran tanto conmigo por dejarlas en "ayuno" mmm este capitulo es importante ya que tengo pensado hacer una relación de amistad entre Rachel y Quinn, para que eta no se sienta tan sola en ausencia del sexy de sam, y también para incluir más personajes (ya salió santana, tengo planes para artie y el sr, shue por el momento ) así que díganme que les pareció!
Tengo sueño y solo puedo pensar en esconder a mi novio (a los tres contando a sam y a chuck) de gleekgirl ¬¬ jajaja mentira nena! Te quiero y puedo compartir a todos los hombres de mi vida contigo jajaja solo mi papá es solo mío, pero si quieres le digo que te adopte jajaja besos FER casi dormida
