Kisses Cursed (Traducción)

Sinopsis:[Universo Alterno, cuento de hadas] Vagamente inspirado en "La Bella y la Bestia." Algunos dicen que él fue alguna vez un hombre, maldito, y otros, que había vendido su alma a los demonios, convirtiéndose en uno a cambio. Harry sólo sabía que no era seguro caminar cerca de la Casa Riddle por la noche. (Traducción autorizada por The Fictionist.)

Disclaimer: Harry Potter y sus personajes no me pertenecen. Todo es propiedad de J. K. Rowling y los derechos cinematográficos para Warner. La historia no me pertenece a mí, sino a The Fictionist, quién muy amablemente aceptó mi petición de traducción.

BetaReader: Aldo PG.

Notas Finales: ¡Hola, hola! ¿Cómo la pasaron en Semana Santa? ;) Les comento que ya terminé la traducción, pero por la falta de reviews me da a entender que no muchas personas tienen interés en el fic (aunque la visitas digan lo contrario lol), así que, como no hay prisa, por eso me tardo un poco más de lo debido en actualizar ;P

En fin, nos quedan 4 caps para concluir esta historia. Y de manera notable, recalco que este capítulo sería como la esencia del título, del fic en sí y pues, aquí se responderán algunas interrogantes que hemos tenido a lo largo de este siniestro viaje literario.

De antemano, espero que disfruten la lectura.

Aprovecho para agracedecer a Gema por su hermoso comentario como Guest, aunque tenga cuenta. Me alegró muchísimo el día, gracias nena :)

También quiero agradecer públicamente a Luna Masamune, espero que este cap logre aclararte la duda ;)


Cap 9 Los Besos Malditos

La reacción fue inmediata y sorprendente.

En un segundo, Harry estaba mirando todo con horror y preguntándose qué demonios había hecho mal. Y en el siguiente, había gruñido de dolor cuando su espalda golpeó la mesa del comedor y la palma abierta de la Bestia se posicionó encima del pecho para mantenerlo en su lugar.

Las dos piezas se miraron. Voldemort irradiaba furia, mientras que el Enigma estaba simplemente sonriendo - como si nada fuera de lo normal estuviera pasando.

—No deberías de estar aquí. —La Bestia gruñó.

Riddle se limitó a levantar una ceja, ampliando su socarrona sonrisa. —Y sin embargo, aquí estoy.

—Pero, ¿cómo? — Harry apenas logró expresar la pregunta. Se enderezó, recuperándose de su sorpresa, sólo para que el agarre de Voldemort se intensificara en su piel, una advertencia para quedarse. Descartándolo de inmediato, golpeó la mano de la Bestia con fuerza, sólo para que su brazo terminara agarrado con fuerza, retorciéndolo.

Algo brilló en los ojos de Riddle por el trato no exactamente gentil que estaba recibiendo.

—Las puertas no son un camino, Harry, —murmuró. —Una vez que hayas "desbloqueado una pintura", como le llamas, existe la posibilidad de que se abran en diversos sentidos, cuando la maldición comienza a debilitarse.

Harry se sobresaltó ante eso. — ¿Se está debilitando, entonces?

"Es el reloj, no la oscuridad. Es el cerrojo, no la maldición."

¿Seguramente esto era bueno? A menos, por supuesto, que fuese el tipo de oscuridad que se expandía y devoraba todo tipo de cerrojos rotos. Sintió un gran revuelo de malestar en el estómago al pensar en esto.

—Lo estás haciendo muy bien, Harry, —Riddle respondió, dando un paso más cerca. Voldemort inmediatamente dio un paso adelante también, como si fuera un escudo para protegerlo del otro. Como si estuviese más seguro con la Bestia en su lugar...

—No lo estás haciendo ni remotamente bien si él está libre. —Dijo Voldemort con la misma rapidez. Harry miró entre ellos , mientras que su brazo se mantenía atrapado de manera implacable, tratando de decidir quién estaba siendo más que honesto.

La Bestia lo jaló más hacia él, con su nariz alarmantemente cerca del agujero de la rosa. La flor se veía más marchita de lo que nunca había estado antes - significativamente más que el día anterior.

Harry tragó saliva, luego apretó la mandíbula. —Miren, si ustedes dos van a hablar conmigo, ambos deberían de hablarme en lugar de lanzarse puyazos entre ustedes a través de mí. —Espetó, causando que ambos se miraran, en lugar de gruñirse el uno al otro como criaturas salvajes reclamando a su presa. —Así está un poco mejor, ahora... —Se concentró en mantenerse calmado, a pesar de su respiración agitada. — ¿Qué es todo esto de los finales y qué tiene que ver con la Profecía?

De por sí, todavía no ha resuelto la postura de ambas piezas, qué era lo que más les convenía: Si querían que se extendiera la oscuridad, la anulación de la misma o simplemente de su muerte en general.

—Tú ya conoces el juego final de la Profecía. —Apuntó Riddle.

—Él quiere que se rompa la maldición, pero en caso de que la oscuridad se entienda, quiere que yo tome su lugar. —Recitó Harry al pie de la letra.

—Ya lo sabes. —El Enigma dio otro paso hacia adelante, haciendo caso omiso de la mirada en el rostro de la Bestia, pero sí mirando detenidamente a la Ofrenda. —Él también controla las pinturas y la Casa, cómo también sabes.

Y como si de una macabra respuesta se tratara, la Casa comenzó a temblar ominosamente a su alrededor, con las puertas cerrándose y abriéndose con brusquedad una y otra vez.

—Él te dejó escapar. ¿Por qué?

Bueno, al menos eso significaba que no la había jodido del todo.

— ¿Acaso te imaginas que eres la única persona en esta casa que puede negociar? —El tono de la Bestia estaba cargado con absoluto desprecio. —El Monstruo se está volviendo demasiado poderoso. Él tiene que ser neutralizado. Tu estúpida decisión de renunciar al futuro depende por completo de tu profética habilidad para romper la maldición. Una profecía se basa en el futuro, y tú ya le prometiste el tuyo al Monstruo.

Oh, caray. Harry nunca había pensado en ello antes. Su estómago se sacudió por las palabras. Se quedó mirando a Riddle.

—Y tú eres la contraparte del Monstruo. —Su boca se había secado. — ¿Cuál fue el acuerdo?

— ¿Qué tipo de trato te viene a la mente que fuera? —Voldemort chasqueó, agarrándolo nuevamente y poniéndole a sus espaldas. —La única cosa que todos quieren en esta casa eres tú.

Los oídos de Harry abruptamente se sintieron como si estuvieran zumbado. Se sentía como si el mundo entero había sido sumergido bajo el agua.

—Yo... no lo entiendo.

—No me gusta compartir. —El Enigma se encogió de hombros. —Y si llegas a estar atrapado, encadenado a la pared por toda la eternidad, alguien bien podría hacer lo que quiera contigo. En cambio, él... —Le dio a Voldemort una mirada oscura— Él sólo quiere que te mueras y tener tus partes del cuerpo.

Harry se sentía bastante enfermo. —Pues ya estoy bastante seguro de que todos ustedes ahora no pueden negociar sobre mi futuro. —Espetó. —De igual manera, ¿cómo se hace eso de neutralizar al Monstruo?

—Oh, no se puede. —El Enigma le sonrió amablemente. —Pero lo que puedo hacer si podría. Después de todo, cada cosa tiene sus dos caras. —Volvió a dar otro paso hacia donde se encontraban, y el agarre de la Bestia se intensificó de nuevo, como si quisiera ocultarlo de la vista. —Ahora, entrégame al muchacho, Bestia. Tú sabes que esto es necesario; no vas a ir en contra de las órdenes de la Profecía, ¿verdad?

El corazón de Harry latía cada vez más rápido, y el agarre en su brazo era definitivamente doloroso ahora.

— ¿Cuál es la otra cara? —Demandó Harry, con la boca seca.

Y no hubo respuesta. Simplemente, los dos se quedaron mirándose el uno al otro. De repente, Harry no estaba seguro de querer que Voldemort se apartara a un lado y dejar que Riddle le tomara, por muy humano que aparentara. Ya sabía que la Bestia, por regla general, no tomaba lo que no se le ofrecía, a menos que no se obedeciera una regla.

— ¿Y para qué querrías detener al Monstruo? Si pareces ser el único que está de su parte.

Fuera de los límites de la pintura, no tenía idea de lo que el Enigma era capaz. Y mientras que no se fiaba del Monstruo, no era tan estúpido como para que tampoco pensara que la idea de neutralizarlo no era una buena opción. Pero quizá eso podría oscilar demasiado poder a la Profecía...

¿Pero y si existe la posibilidad de que la maldición no se esté debilitando? Aunque el mismo Enigma había dicho que sí lo estaba..., tal vez la Profecía sólo podía dejar que Riddle saliera una vez que Harry haya dejado la puerta abierta.

Había algo muy sospechoso pasando por aquí.

—Dime cuál es el otro lado de la cara. —Ordenó. —Sigues siendo el Enigma, todavía tienes que responder a mis preguntas. A fin de cuentas, todos los juegos vienen con un manual de instrucciones.

— ¿Qué es una contraparte, Harry? Si somos dobles de uno al otro... ¿qué crees que significa eso?

Harry miró a la Bestia, y luego otra vez a él de nuevo.

—Que ambos son una misma parte... ¿algo así como un par?

— ¿Y qué es lo que precisamente has observado sobre los pares en esta casa? —Había una sonrisa peculiar en su rostro, y la Bestia le arrastró aún más cerca de él. —Tú ya lo has notado, lo sé. Piensa.

—Que cambian... —dijo Harry lentamente. —Al principio pensé que la Bestia y el Monstruo eran un par, y que ellos se intercambiaban en el alba y al anochecer, porque en cierta medida lo hacen... pero incluso si es de día o de noche, ellos no cambian ni se transforman de forma física; al menos no el uno con el otro. Pero en cambio tú... —Un ramalazo de alerta se extendió por todo su cuerpo, y fue como si de un sólo golpe las piezas del rompecabezas se armaran por completo. —Oh por Merlín... ¡Tú eres el Monstruo! Por la noche, te sales de la pintura para convertirte en él, así como la Bestia entra a la pintura y se convierte en... —Voldemort apretó su hombro. —Se convierte en él. —Corrigió. —Pero... si tú en realidad ya estás afuera...

Entonces, ¿qué significa esto para el Monstruo? ¿En caso de que se rompiera el patrón de transformación? Harry tiró lejos de la Bestia con más violencia esta vez, sorprendido por el martilleo de su corazón mientras daba un paso hacia adelante hasta que quedó cara a cara con Riddle. — ¿Dónde está? ¿Qué has hecho?

Tenía una sensación extraña en el estómago.

—Él está en la pintura.

La frente de Harry se arrugó.

—Y... ¿qué pasa cuando se hace de noche?

Esta vez, era la Bestia que hablaba: —Entonces invadirá al Sin Nombre.

Y el Enigma tuvo la peor sonrisa que Harry había visto en su vida.


Harry se detuvo jadeando ante el retrato del Riddle. Sería de noche pronto, y aunque Harry no sabía exactamente lo que iba a pasar a continuación, sospechaba fuertemente que no podría ser bueno.

Por otra parte, si seguía sin saber mucho acerca de esta maldición, aunque ciertamente tal vez estaba empezando a entenderla, se encontraba bastante seguro de que no podría armar todo el rompecabezas sin que todas las piezas encajaran.

Tragó en seco, sintiendo como las gotas de sudor resbalaban por su rostro.

El Monstruo estaba en el marco de la foto, luchando contra las vides espinosas de las rosas que lo envolvían alrededor de sus extremidades. Sus ojos se encontraron.

— ¿Vas a quedarte simplemente ahí? —Brilló su mirada oscura con fuerza. — ¡Haz algo! Eres mi ofrenda, ¿no es así?

A juzgar por su tono mordaz, si Harry no se estaba equivocando del todo, podría haber sido sólo la pista más pequeña de miedo. Un miedo atroz y salvaje que atacaba en lugar de agazaparse, pero era miedo a fin de cuentas.

¿Qué tenía en realidad el Sin Nombre, para que incluso el Monstruo estuviera atemorizado de él?

Harry dio un paso adelante, y la habitación emitió un sonoro golpeteo a su alrededor.

—Tal vez él no te deje salir, ya sabes. —Ronroneó Riddle casual.

La Bestia habló simultáneamente: —Si vuelves a dar otro paso más, te arrancaré las piernas.

Harry se quedó inmóvil, mirando detrás de él y apretando los puños a sus costados. — ¡No pueden entrar en esta habitación! —Así era como funcionaba, ¿no?

—La Profecía te ha protegido hasta el momento, —el Monstruo se burló.— Pero, ¿no has notado alguna vez, que los niños lanzan rabietas cuando el juego no va como ellos quieren?

Esto no puede estar pasando. Definitivamente que no. Echó un vistazo a la ventana, con sus ojos desorbitados. Por lo poco que podía ver de la luz solar, ésta se escapaba. Y la oscuridad que acarrea la noche estaba llegando más y más estricta su alrededor.

De repente, los celos que tenían las piezas entre ellas le parecía menos entretenido.

Su sangre latía en la cabeza, y el miedo agriaba su boca.

— ¿Acaso es porque no le puedo entregar mi futuro si se lo doy a él? —Harry estaba tratando de no desesperarse. De verdad. —No puedo romper la maldición y cumplir con la profecía sin todas las piezas, tampoco.

—Te advertimos sobre escoger lados. —Respondió la Bestia. —Si vuelves a elegir a esa abominación de nuevo, voy a reaccionar en consecuencia. Si esta maldición no está destinada a romperse, entonces yo debería de tener el corazón de la ofrenda, para mantenerme.

El sol descendía más y más en el cielo.

A pesar de las circunstancias, se sintió repentinamente calmado. Algo debe de haber cambiado en su expresión, porque la cabeza del Enigma se inclinó a un lado con interés, y Voldemort se puso rígido.

— ¿Es que ustedes no lo han pillado todavía? —Harry sintió las ganas de reír. —Yo soy la Ofrenda. Soy voluntario. Yo escogí esto. Y nadie puede decidir mi futuro, excepto yo, y mucho menos cualquier niño paranoico con demasiado poder entre sus manos.

Y saltó a través del retrato del Enigma, abalnzándose hacia él.


Por un momento, Harry estaba atemorizado de que el Enigma y Voldemort saltaran en su búsqueda, pero incluso ahora, Harry sospechaba que había cosas más allá que podían escaparse del control de la Profecía.

Dudaba que la Bestia pudiera entrar en el mismo marco en el que el Sin Nombre pronto ocuparía. La cuestión que importaba en este asunto era que todos los papeles, al parecer, se habían invertido. Y el Enigma no podía entrar, porque ya el Monstruo estaba allí.

— ¡Desátame, rápido! —Siseó el Monstruo. —Y así podremos salir de aquí.

Harry frunció el ceño.

— ¿Cómo sé que no estás...?

— ¡Tienes treinta segundos antes de que oscurezca! —El Monstruo sonaba absolutamente frenético, lívido.— ¡Harry Potter, me vas a desatar en este instante!

Pero, ¿qué demonios quería el bastardo que hiciera? ¿Extraer las malditas espinas con sus propias manos? Más sin embargo, se adelantó de manera automática, cayendo de rodillas.

En el segundo en que tocó las espinas, éstas fueron por él también.

— ¡Apúrate! —Los dientes del Monstruo se asomaron.

— ¡Voy tan rápido como puedo, imbécil! —Espetó Harry, pateando una de las cosas malditas a distancia, mientras que trataba de aplastar a otra. —Agradece que estoy intentando ayudarte. —El diablo sabía, que ellos eran los seres más inútiles que jamás había conocido. Lo había dicho una vez, probablemente lo diría de nuevo.

Las espinas aguijoneaban sus dedos, dejándole de inmediato heridas abiertas, pero se las arregló para conseguir que una de las muñecas del Monstruo se liberara.

Y en el segundo después que le siguió a eso, el sol se había ocultado por completo.


Estaba oscuro. Tan oscuro que Harry ni siquiera podía ver su mano delante de su cara. Una imposible, especie de hambre en la oscuridad.

Ya no tenía ninguna posibilidad de ver al monstruo, lo cuál era francamente desconcertante si se tomaba en cuenta que él difícilmente podía ser algún tipo de seguridad a su lado. Aunque por lo menos se imaginó que la criatura no lo mataría de inmediato. Después de todo, había acudido en su rescate.

No había ni rastro del Sin Nombre todavía.

—Vamos... —Una mano sujetó firmemente su boca, impidiéndole que continuara.

—Cállate, —le susurró el Monstruo al oído. —Él puede escucharte. Mantente muy tranquilo y callado. Y por Salazar, no dejes que te vea. No hagas contacto visual.

Los ojos de Harry se abrieron, la náusea burbujeaba en la garganta; su visión se esforzó en la oscuridad. Podía sentir como las rosas y las vides se retorcían alrededor de sus piernas, como si estuvieran buscando la oscuridad también.

Y... oh, buen Merlín.

En la oscuridad, de pie ante la pintura, aquellos ojos eran lo único que podía ver. Unos orbes rojos sangrientos que vagaron por la habitación, en llamas.

No.

Ni siquiera recorría bien la habitación.

Aquellos ojos no podían ver.

El agarre del Monstruo se apretó con más fuerza contra su boca. Pero Harry estaba convencido de que el Sin Nombre sería capaz de escuchar su corazón. Que incluso cualquiera podía hacerlo, apenas podía respirar, y difícilmente se atrevía. Y el sonido se amortiguaba por debajo del agarre del Monstruo.

Trató de pensar en lo que deberían de hacer. Tenía que haber algo que pudieran hacer. O que él mismo pudiera hacer.

Tal vez el Sin Nombre no lo atacaría; ese pensamiento le pareció un poco divertido.

Pero tenía una sensación de hundimiento de que sin duda iría por el Monstruo - los dos se odiaban mutuamente.

Quería cerrar los ojos, pero no se atrevió a quitar la mirada del Innombrable ni por un segundo.

Pudo ver como el Enigma se detuvo al frente del otro lado de la pintura. En ese lado, estaba a oscuras también, pero era la oscuridad normal a la que Harry se había acostumbrado

Las espinas y rosas continuaron deslizándose sobre su cuerpo, como si fuesen serpientes que esperaban cualquier rastro pequeño para aprovechar de atacar. Arañaron sus pantalones y se engancharon a su camiseta, dejando ligeras heridas a través de su cuello en donde la sangre se derramaba hasta llegar a lo largo de sus muslos.

¿Se supone que deberían de quedarse aquí toda la noche?

—Puedo oler tu sangre, ofrenda. —Era la voz de Voldemort, alta y fría, con un tono conversacional. —Harry sintió como el Monstruo se endurecía contra su espalda. —Es... agradable, finalmente poder conocerte en persona.

Las uñas del Monstruo se clavaron, como para advertirle de que incluso ni siquiera intentara hablar. Harry sintió a medias de que incluso así aún podía de todos modos... pero al mismo tiempo, estaba convencido que el Innombrable le rastrearía por el sonido.

—Él es mío. —Dijo el Enigma desde el otro lado. —No toques al niño. La Profecía me lo prometió.

—Y tú eres un reverendo idiota como para creer las promesas de un niño. Estúpidos, todos ustedes, por engancharse a cosas infantiles y a juegos de niños. Corazones, amor, todo eso es tan... pintoresco. Muy de humanos para ustedes. ¿No es así, ofrenda?

Los ojos del Sin Nombre recorrieron toda la habitación de nuevo. Harry se sintió pegajoso por el sudor.

—Sin embargo, no veo con buenos ojos a los intrusos en mi dominio. Y muchos menos a aquellos que escogen ayudar a mis enemigos.

Maldito Monstruo, le culpó.

Estaba tratando más bien de no estremecerse también, con la mitad de sus ropas ya hechas jirones por las espinas, que parecían haberlo juzgado muy poco interesante como para moverse por otras áreas de la habitación. Aunque no era que Harry pudiera decidir el lugar en estos momentos.

—La Profecía no estará feliz contigo si llegas a matar a nuestra ofrenda. —Dijo Riddle.

En la oscuridad, era imposible saber si la expresión del Sin Nombre cambiaba, sobre todo cuando estaba de espaldas a la delgada luz, brillando a través de la pintura.

—La Profecía no puede hacer mucho al respecto si permanece en cadenas. —Respondió el Sin Nombre, indiferente. —Yo no renunciaría a mi inmortalidad por él, ni mucho menos por el niño. —Sus ojos rojos recorrieron la habitación de nuevo. —Estás siendo terriblemente tranquilo, Ofrenda. ¿Acaso el Monstruo ya te ha asfixiado? Normalmente nunca te callas, así que estoy seguro de que puedes entender mi preocupación. ¿Acaso estás asustado?

Los ojos rojos estaban más cerca ahora, y no se escuchaban pasos algunos que rodearan la habitación. Harry se preguntó si podían tomar un descanso de la pintura - aunque eso sólo les llevaría a dónde Riddle se encontraba.

Y ni siquiera quería pensar en los detalles de adónde cada pieza se iba cuando su contraparte mandaba. Realmente, la maldición tuvo que haberse debilitado un poco para permitir cierta inestabilidad.

Apretó los puños a los costados, con sus nudillos ya blancos. De repente, sintió el roce de los labios del monstruo contra su cuello en la oscuridad, y casi se sofoca.

—Monstruo, también... la oscuridad es tu dominio. Así que, ¿por qué te escondes? ¿Te espanta regresar a este nivel, a tu forma original, después de haber luchado con uñas y dientes en obtener tu forma física? ¿Cuántas almas tuviste que robar de la gente para llegar hasta eso?

Obviamente, si el Monstruo se alimentaba, podría obtener un mayor poder. Excepto... bueno, su acuerdo determinaba que el Monstruo no podía alimentarse de nada de Harry que no tuviera, cosa que no era nueva. Y para esta situación, no era de mucha ayuda.

Harry preferiría no ser succionado por las propuestas de escape del Monstruo, sin embargo.

El Sin Nombre se carcajeó, de manera alta y tétrica, por el prolongado silencio.

Los pensamientos de Harry iban y venían de carrera, considerando todas sus opciones.

Habría sido mucho más fácil planear un contraataque si tan sólo pudiera ver todo bien.

Lentamente, muy lentamente, dejó que sus dedos se extendieran, a tientas por el suelo, sobre el mobiliario, en busca de algo que pudiera lanzar. Con la esperanza de Merlín que no hiciera ningún estruendo en el intento y que golpeara al suelo.

Desde dónde había estado aquí con Riddle, y de su propia habitación, podía deducir que esto se trataba de como si fuera una imagen exacta reflejada, de espejo en la casa. Teniendo en cuenta esto, ¿algunas de las mismas cosas, mismas habitaciones, estarían también aquí? ¿Mantenían el mismo diseño?

—Oh, vamos. Ven para acá, ¿no tienes ninguna de tus interminables preguntas para mí? Normalmente no te contienes, Ofrenda. ¿No quieres saber por qué está oscuro? ¿No quieres saber lo que está sucediendo en esta casa, si el Enigma está asesinando a nuestro querido padre...?

¿Tal vez algo en el escritorio? Harry había visto una pequeña abrecartas allí una vez.

Cada músculo de su cuerpo se tensó.

Pero no tuvo tiempo ni de moverse, el monstruo le había presionado en sus manos.

Su primer pensamiento fue contradictorio, molestia y alivio a partes iguales al saber que el Monstruo seguía hurgando en su cabeza. Y de inmediato fue el descubrimiento de que el Monstruo podía ver.

¡Era una criatura de la oscuridad! Por lo tanto, ¡era de esperar que esta oscuridad no le afecte para nada en su visión!

Harry giró un poco la cabeza para tratar de determinar exactamente cómo el Monstruo sabía lo que estaba pensando, y se imaginó lanzando el abrecartas con fuerza hacia la puerta.

Nada.

Correcto. El Enigma se hacía con los pensamientos; el Monstruo con los recuerdos, las emociones.

Por lo que había recolectado, a menos que sea de conocimiento más avanzado que aún no poseía, la criatura devoraba a través de su boca. O tal vez era sólo una preferencia personal y simplemente estaba buscando una excusa para poder besar a "su ofrenda." Harry no lo sabía.

Sin embargo, con sus ojos fijos en el Sin Nombre, llevó su boca a lo largo del cuello del Monstruo... de su mejilla, ¿o era mandíbula? Harry honestamente no lo sabía. Se sentía mareado, pero a pesar de su miedo, se sentía con determinación; justo como había hecho antes.

Obviamente, el Monstruo no podía alimentarse de cosas que había hecho antes de este momento, por lo que debería de ser lo suficientemente seguro. En teoría.

Había arrojado muchas cosas a lo largo de su vida. Todo lo que necesitaba era poner en práctica su idea, y que esperanzadamente la falta de visión del Innombrable, funcionara a favor por una vez.

Los dedos del Monstruo se deslizaron muy lentamente alrededor de su muñeca. Ya que el Sin Nombre estaba más cerca ahora, resoplando de manera delicada mientras rastreaba la habitación.

— ¿No quieres saber mi nombre?

Los ojos rojos del Innombrable desaparecieron cuando su cabeza se volvió hacia el ruido.

Se hizo imposible verlo en absoluto.

Harry contuvo el aliento.

El sonido de los pasos comenzó de nuevo, más lejanos esta vez.

Se movió hacia la luz de la pintura, sólo para que el agarre del Monstruo se intensificara. Sus labios presionaron contra su oído, la voz apenas era audible: —No podemos salir de esa manera. No le has desbloqueado; la puerta no está abierta.

¡¿Qué diablos se supone que tenían que hacer entonces?!

El Monstruo le jaló en otra dirección, hacia donde habían arrojado el abrecartas. En dirección hacia Tú-Sabes-Quién.

— ¿Pero por qué estamos...? —Había empezado Harry, su voz ni siquiera parecía un murmullo, antes de que la realidad le golpeara.

Si esta Casa era una réplica distorsionada de la única que estaba fuera de la pintura... entonces puede que haya más de una.

Ya que no se había desbloqueado al Sin Nombre, pero sí se había desbloqueado el Pasado.


Avanzaban de manera tortuosamente lenta.

Harry estaba, francamente, inquieto por confiar en el Monstruo, y en cualquiera de sus habilidades. Además, la única razón por la que cree que la criatura no le está llevando a una trampa, era debido a que en realidad, éste se encontraba más desesperado por salir de allí de lo que Harry mismo se encontraba.

Y, como lo había notado antes, al Pasado le gustaba el Monstruo tanto como todos los demás en la casa lo hacían. Lo cual, en general, no era muy gratificante tampoco.

Harry, por su parte, podría (con suerte) conseguir pasaje para ambos.

No tenía ni idea si el Innombrable estaba cerca o no. Sólo pudo verlo del todo cuando utilizó su mirada escarlata.

Aún así, las preguntas fueron como burbujas frenéticas atrapadas en su garganta en este momento, mientras los brazos del Monstruo se encontraban envueltos alrededor de él, guiándolo en su ceguera completa.

— ¿Qué es lo que ha hecho que incluso tú, el Monstruo, tengas miedo de él? —Susurró.

—No tengo miedo de él. —El Monstruo clavó las uñas en su costilla, causando que Harry gruñera.

Un minuto se extendió en un tenso silencio, luego pasaron dos.

—Yo... soy un Monstruo El Monstruo. Soy la manifestación del asesinato y la venganza. Yo, quién maté a mi propia familia -y muchos otros- hace bastante tiempo, antes de que me convirtiera en esto. —La voz del Monstruo estaba, por primera vez, seria. Sin rastro alguno de ese candente canturreo, incluso aún cuando esa lengua de serpiente estaba contra la mejilla de un desconcertado Harry.

—Él... él es el único cuyo nombre la gente se aterra de pronunciar. —Continuó, —Él es el que divide su alma para una vida larga sin final. Esa es la razón del por qué Bestia carece de corazón.

Harry sonrió, miserable.

—Y los ojos son las ventanas del alma, es por eso que sus ojos están... —Carentes de visión. Incapaces de ver. Teñidos de rojo por la violencia.

—Precisamente. Puede que en realidad ya estés llegando al fondo de todo.

Otro pensamiento empezaba a germinar en la mente de Harry. La Bestia no podía vigilar el lado izquierdo de su casa sin ninguna razón. Había sido por eso que muchas personas murieron tratando de llegar hasta allá.

—El retrato del Pasado está en su zona por la noche. El Pasado es en realidad la contraparte de la Profecía; Pasado y Futuro. Pero todos ustedes cambian, de día y noche. "Cuidado con la guerra cuando sombras y luz choquen..." —La boca de Harry se sentía seca. —Entonces, si el Pasado no está allí durante el día...

Harry...

Es Eurydice, ¿no es así? No ninguno de ustedes.

El silencio le dijo todo lo que necesitaba saber, y Harry le dio una sonrisa triste.

Por supuesto, toda esta situación aún lo confundía, literalmente, casi hasta la muerte, pero le gustaba pensar que cada vez estaba más cerca de la verdad. Más lentamente de lo que le hubiese gustado, sin embargo.

Todavía era un alivio abrumador cuando el retrato del Pasado finalmente apareció a la vista, una luz contra la abrumadora oscuridad. Incluso el Monstruo parecía aliviado, tanto como lo había estado siempre, aflojando su agarre fraccionadamente.

Harry dejó de estar aliviado al notar enseguida la mirada espantada del niño. —Está bien, —se apresuró a decir. —El monstruo no te hará daño. No lo permitiré. Además, si serías tan amable de dejarnos pa...

Unos ojos rojos se abrieron de golpe en las sombras.

Esta vez, éstos lo miraban directamente, y el hombre salió a la luz proyectada por el retrato del Pasado. El niño pequeño se movió miserablemente.

—Lo siento, Harry, —susurró.

—Primero, te introduces a mis dominios sin permiso, ¿y ahora tratas de irte sin ni siquiera saludar? Deberías de mostrar un poco más de respeto, ofrenda. —Sin Nombre murmuró.

Ni siquiera tuvo tiempo para emitir un "hola" antes de que el otro arremetiera.

Sintió como los tentáculos del Monstruo lo cubrían con una posesiva actitud protectora, tirando de él hacia atrás, sólo para que unos labios aplastaran con fuerza contra los suyos.

Segundos después, todo lo que conocía era dolor.