Capítulo 9: Un hermoso día, Una terrible noche
Esa misma noche, tomamos una copa en su bonito departamento de Passy, decorado de la manera más burguesa que cabía imaginar, con cortinajes de terciopelo, mullidas alfombras, muebles de época, mesitas con figuritas de porcelana y, en las paredes, unos grabados de Gavani y de Daumier con escenas picantes. Fuimos a cenar a un bistrot de la vecindad cuya especialidad, según el diplomático, era coq au vin.
Ese hombre era bajito, calvo, con un bigotito mosca que se movía cuando hablaba. De anteojos de espesos cristales, y debía tener unos 60 años. A medida que pasaba la noche, veía que trataba a la niña mala con mucha ternura, y parecía siempre estar atento a sus necesidades. No era muy simpático, más bien era algo estirado y cortante, pero parecía muy culto y lo era. Yo le conté que trabajaba como traductora para el departamento de español de la Unesco, además de estudiar otros cursos para llegar a ser una buena interpretadora.
Q: -trate de ocultar mis celos ante ese viejo- señor Robert, fue un gran placer conocerlo –le di la mano.
Ro: igualmente, se nota que es una mujer muy dedicada en su trabajo, y me alegra que mi esposa tenga amigas como usted –nos dimos un breve apretón de manos.
R: Querido, la acompañaré a tomar el transporte.
Ro: está bien amor, yo ya ire a dormir, mañana tengo que trabajar.
R: buenas noches querido –le dio un pequeño besos en los labios.
Ro: te amo –por primera vez en la noche sonrió.
R: yo te amo más jeje – hice puños, si no fuera porque se controlarme le hubiese roto la nariz.
Calle
R: jajajaja tu cara en ese momento fue épica
Q: en cual de todos los momentos
R: cuando le dije "te amo" a mi esposo.
Q: tienes que dejar a ese caballero cuanto antes y venirte a vivir conmigo
R: porque esa repentina decisión?
Q: jajajaja esos "te amo" son solo palabras vacías no? ¿me vas a hacer creer que estas enamorada de un vejete que, además de parecer tu abuelo, es feísimo?
R: -me brindó una mirada fulminante- otra calumnia contra mi marido y juro que no me vuelves a ver.
Q: -se me abrieron los ojos como platos- no!
R: -de pronto, se comenzó a reír- de veras parece viejísimo a mi lado?
Q: perdóname
R: - sonrió de lado y me dio un abrazo- lo que sea- abracé su cintura y le di un apasionante beso en los labios.
Q: ahí viene mi transporte, nos vemos niña mala
R: hasta luego, niña buena.
Puesto a que cuando me mudé, el señor Chames me renovó mi contrato. Por esa razón ya no pude verla tan seguido, solo de ratitos algunos días. Siempre en los almuerzos, iba a comer algún sándwich con ella o, aveces ella se libraba de su esposo con alguna excusa e íbamos al cine juntas.
Veíamos la película tomadas de la mano y yo la besaba en la oscuridad. "tu m' embetes", practicaba ella su francés conmigo, había hecho grandes progresos en esa lengua y se lanzaba a hablarla sin el menor pudor. Sus faltas de sintaxis y de fonética resultaban divertidas, una gracia más a su personalidad. No volvimos a hacer el amor hasta muchas semanas después, luego de que ella viniera de un exhaustuoso viaje a suiza, lo gracioso fue que esa vez fue en su departamento y si que hizo mucho ruido.
Oficina de la Unesco
X: señorita Quinn la buscan
Q: -ya era la hora del almuerzo- uff y justo a esta hora…
Ro: buenas tardes, señorita Fabray- sorprendentemente, luego de tiempo, logré entablar un tipo de amistad con el señor Robert.
Q: oh, señor Arnoux –me levanté y le di la mano- que sorpresa verlo por aquí
Ro: me gustaría invitarle un café, para charlar un rato.
Cafetería
Ro: usted fuma? –me ofreció un Gitanes con filtro.
Q: si señor –tome uno y este me lo encendió, el también tomo un cigarrillo.
Ro: y que tal van las cosas en su país, ha tenido noticias?
Q: Sé que la cosa se está poniendo fea, los guerrilleros han tenido más impacto en el país de lo que se esperaba, ha habido atentados con bombas en el hotel crillon y el club nacional. El gobierno central está cada vez, perdiendo el control de la situación, temen que en cualquier momento haya golpe de estado.
Ro: que grabe… El presidente a cargo es Fernando Belaunde Terry, verdad? Dicen que este pone debilidad frente a los rebeldes y que ahora están enviando al mismo ejército peruano. Bueno, supongo que usted se debe sentir feliz de no estar en su país.
Q: no estoy del todo tranquila, tengo unos tios ahí, se que estarán bien, pero tengo miedo igual… son la única familia que me queda.
Ro: entiendo, siempre recomiéndeles que se cuiden
Q: nunca me olvido
Ro: señorita Fabray, tiene algo que hacer el fin de semana?
Q: ammm no señor
Ro: esplendido, quisiera a invitarla a un ballet, junto conmigo y mi esposa.
Q: encantada señor- respondí de inmediato.
Ro: va a ser muy formal, así que espero que tenga guardado su mejor vestido
Q: Ve….vestido?
Nunca había usado una falda en mi vida, y para ese día, estuve obligada a usarlo, solo para estar cerca de ella. Alquilé un vestido rojo a tiras, medio barato y así, fui vestida de etiqueta, por primera vez y seguramente única vez en mi vida. El lugar era l'Opera, muy lujoso y elegante.
Q: maldito vestido –dije al casi tropezarme con el largo del vestido- malditos tacos –los pies me estaban matando y sentía que me caía de rato en rato.
R: vaya jajajaja los cerdos van a volar –volteé y ahí estaba ella, traía un hermoso vestido de gasa blanca con flores estampadas que le dejaba los hombros descubiertos y también traía un peinado alto, llena de alajas en el cuello, las orejas y las manos- eso es un vestido o es lo último en moda masculina?
Q: Madame! – quedé boquiabierta- wow, estas hermosa –le tomé las manos.
R: tu también estas muy guapa, debo admitir que ese vestido va contigo.
Q: de veras piensas eso? A mi no me gusta, creo que me hace ver gorda y estos malditos tacos, como soportas esto todos los días?
R: es costumbre, Quinnie.
Q: como desearía besar tus hombros y tu cuello en este instante
R: -sonrío y me dio unas palmaditas en el cachete- ja, luego si quieres.
Ro: -el viejo llegó y tomó a su esposa de la cintura- es su primera vez en un ballet, señorita Fabray?
Q: la primera vez en verdad, creo que todo esto es lo más lujoso que veré en toda mi vida.
Ro: bueno, el espectáculo va a comenzar, vamos a sentarnos.
Toda la noche los vejetes conocidos del señor Arnoux se le acercaban, le besaban la mano y la miraban con brillos codiciosos en los ojos.
Vejete: Quelle beauté exotiqué! –le oí decir a uno de esos viejos
Q: discúlpeme, monsieur –tomé la mano de Madame Robert Arnoux- me concede esta pieza?
R: jajaja eres una atrevida –fuimos a la pista de baile y por fin, pude tocarle la cintura.
Q: -la apegué más a mí- nunca imaginé que podrías estar tan bella
R: to me pegues tanto a ti… ahora si pareces mujer! Va a pensar que soy rara.
Q: yo soy rara?
R: no entiendo como la gente no te dice nada.
Q: quizá porque la mayoría no me ve como una mujer, yo soy yo.
R: pues en el mundo en el que yo estoy, a todos les importa quien eres y como te vistes, si notan algún error comienzan a hablar de mi
Q: que bueno que soy pobre
R: jajaja
Q: creo que tu también deberías aceptarlo
R: que?
Q: que no te gustan los hombres
R: de que hablas?
Q: alguna vez te has enamorado de un hombre?
R: …... yo no soy así… a mi solo me gustan los hombres
Q: jajaja entonces yo que soy? Acaso no te acuestas conmigo?
R: tu no cuentas como mujer, no pareces una, para nada.
Q: me alegra ser tu gran excepción.
R: sigamos bailando, Quinnie
Q: sabes, me desgarra las entrañas el pensar que, luego del baile, en tu casa será tu marido y yo no, la persona que te desnude y te ame.
R: ajajaja que huachaferías dices, Quinnie?
Q: siento tantos deseos de poseerte que apenas puedo respirar.
R: me resultaste muy romanticona y cursi
Q: y recién te das cuenta? –terminó la canción y fuimos a sentarnos- oye, tengo una duda ¿ de dónde sacas todo el dinero para comprarte todos esos vestidos y joyas? No creo que el dinero de un funcionario de la unesco alcance para todo eso. Será acaso que no solo engañas a tu marido conmigo?
R: jajaja mira Quinn, si solo te tuviera como amante a ti, andaría como una pordiosera.
Yo estaba segura que la explicación que me había dado era falsa. Los vestidos y las joyas que llevaba no eran comprados, sino prestados por los grandes modistas de l'avenue Montaigne y los joyeros de la place Vedome, que, a manera de publicidad, los hacían lucir a las damas más chic, que frecuentaban en su mundo.
Algunas semanas después de aquel baile de l'opera recibí una llamada de la niña mala en la oficina de la Unesco.
R: Robert tiene que acompañar a su jefe a Varsovia este fin de semana- me anunció- te sacaste la lotería, niña buena! Te puedo dedicar sábado y domingo a ti solita. A ver que programa me preparas.
Q: esto es fantástico! Te prepararé algo muy especial, estoy segura que te encantará!
Me pasé toda la noche imaginando que podría sorprenderla, y, al final, decidí llevarla a una islita de arboles frondosos en medio del rio y una cena en Chez Allard. La idea de pasar una noche entera con ella, hacerle el amor, gustar en mis labios de su sexo húmedo, sentir que se dormía en mis brazos y despertar la mañana del domingo con su cuerpecito tibio acurrucado contra el mío.
Cuando el dia llegó, la recogí de su departamento con mi nuevo auto, llevé a madame Arnoux a media mañana la llevé a la islita, en donde había un cementerio de animales. Estuvimos más de una hora curioseando entre las tumbas y leyendo los epitafios sentidos, poéticos, risueños y absurdos con que los dueños habían despedido a sus animales queridos. Ella parecía de veras divertida. Sonreía, su mano abandonada en la mia, con sus ojos encendidos por el sol primaveral y los cabellos agitados por una brisa que corria con el río.
R: ….- se quedo callada, contemplando la tumba de un perro- si no hubiese tenido una vida tan complicada… me hubiese gustado adoptar un cachorrito…
Q: -la estreché por la cintura, la atraje hacia mi- si te decidieras dejar al señor Arnoux y venirte a vivir conmigo… juro que te daría una vida normal y así podrías criar a todos los cachorros que quisieras.
R: jajajaja ¿la idea de pasar la noche conmigo te hace la mujer más feliz del mundo? Te lo pregunto para que me digas una de esas tonterías cursis que tanto te gusta decirme
Q: -pegué sus labios contra los mios- nada podría hacerme más feliz, hace años que sueño con eso.
R: cuantas veces vas a tirarme?
Q: todas las que pueda, niña mala. Veinte veces, si me da el cuerpo.
R: mmm te permito solo dos –dijo dando un mordisco en la oreja- una al acostarnos y otra al despertarnos. Eso sí, nada de levantarse temprano, para no tener nunca arrugas, necesito ocho horas de sueño como minimo.
Nunca había estado tan juguetona como esa mañana. No la recordaba tan natural, abandonándose al instante, sin posar, sin inventarse un rol, mientras aspiraba la tibieza del dia y se dejaba invadir por la luz que tamizaban las copas de los sauces. Parecía una adolescente y no una mujer de casi treinta años. Comimos unos sándwich de jamón y un vaso de vino, a orillas del rio y luego fuimos al cine a ver una película "les enfants du paradis" en el cual, al final de la película ella soltó unas cuantas lágrimas. Por mi parte, hace tiempo que no me sentía tan contenta, optimista, esperanzada. Caminamos por bulevares, tomamos refrescos, nada parecía que iba a arruinar ese día… entonces el diablo sacó la cola.
Q: -divisé el titular de un periódico que leía mi vecino- "El ejército destruye el cuartel general de la guerrille peruana" "mueren Luis de la puente y varios líderes del MIR"
R: pasa algo? –solté su mano y corrí a comprar el periódico en un quiosco.
Q: Sam… -mientras leía la noticia mis ojos se llenaban de lágrimas, mi amigo había muerto en ese atentado- es un estúpido! Le dije que no fuera! –gopeé una pared con mis puños.
R: que paso?
Q: Sam… está muerto
R: no se porque pones esa cara, tu sabias que resto ocurriría tarde o temprano, tu misma me dijiste que eso solo podía terminar así
Q: lo decía como un conjuro, para que no ocurriera. Lo he pensado, lo he temido, pero otra cosa es saber que ha ocurrido y que Sam, el buen compañero de mis primeros tiempos en parís, ahora es un cadáver pudriéndose en algún despoblado de los andes.
R: -puso una mano en mi hombro- lo siento… oye si quieres lo dejamos para otro día Quinnie
Q: no te preocupes, olvidémonos de eso… no hay que estropear este lindo día –bese sus manos- pese a esta horrible noticia, pasar una noche contigo es lo más maravilloso que me ha ocurrido nunca.
Luego de la cena, fuimos a mi departamento. Nos tendimos sobre la cama y yo comencé a acariciarla, pero al poco tiempo me di cuenta que no estaba de ánimos para tener relaciones, pues mis movimientos era muy vagos y me distraía de tanto en tanto.
R: ay Quinnie, no estas de ánimos? Jajajaja a esto los franceses lo llaman un fiasco, Sabes que es la primera vez que tengo este tipo de fiasco, con una persona?
Q: con cuántos hombres te has acostado? Deja que adivine, diez? Veinte?
R: soy pésima en matemáticas! –se enojó y se vengó con una orden- más bien, hazme terminar con tu boca. Yo no tengo porqué guardar luto. Apenas conocí a tu amigo Sam y además por su culpa tuve que ir a cuba.
Y sin más con la misma naturalidad con que hubiera encendido un cigarrillo, abrió las piernas y se tendió de espaldas, con un brazo sobre los ojos. Tardaba mucho en excitarse y terminar, pero esa noche tardo todavía más que de costumbre y, dos o tres veces, con la lengua acalambrada, debí parar unos instantes de besarla y saborearla. Cada vez, su mano me amonestaba, tirándome de los cabellos o pellizcándome la espalda. Al fin, la sentí moverse y oí ese ronroneo suave que parecía subirle a la boca desde el vientre y sentí el encogimiento de su miembro y su largo suspiro complacido. "Gracias Quinnie", murmuró. Casi de inmediato, se quedó dormida. Yo estuve desvelada mucho rato, con una angustia que me estrujaba la garganta. Tuve un sueño difícil, con pesadillas que al día siguiente apenas recordaba.
Espero que les haya gustado :)
