Capítulo 8: Asignando Niñeros

En la punta de La Roca Del Rey, Simba se encontraba sentado mirando al horizonte, sentía una enorme emoción en su pecho; ¡Pronto sería padre! ¿Cómo sería aquello? El joven león miraba a los pastizales imaginando el día en que pudiera jugar con su cachorro y la gloriosa mañana en que llevaría su hijo a conocer el reino, tal como su padre Mufasa había hecho con él cuando cachorro.

Perdido estaba en sus pensamientos, cuando escuchó detrás de él, dos simpáticas voces masculinas que lo llamaron:

"¡Buenos días, camarada!", Saludó Timón, el suricato, alegremente.

"¿Cómo amaneció hoy el futuro papá?", agregó Pumba.

Pumba y Timón se convirtieron en los mejores amigos de Simba durante el tiempo que éste último tuvo que abandonar Las Tierras Del Reino a causa de las mentiras de su tío Scar.

"¡Me siento de maravilla, chicos!", Respondió Simba, "ya no puedo esperar el día en que Nala dé a luz".

"Tienes razón, amigo mío. Ya no falta mucho para que llegue ese momento". Exclamó Timón, "de hecho, Pumba y yo hicimos una apuesta; Si el cachorro es macho, él tendrá que regalarme una enorme dotación de escarabajos, pero si es hembra, yo le tendré que conseguir una dotación gigante de viscosos caracoles."

"La verdad muchachos, estoy muy nervioso, pero a la vez ya no puedo esperar para que llegue ese día."

"¡Ay, sí!", Expresó Timón, "tu marida se ve cada día más y más panzoncita. Cuándo el cachorro nazca, yo me encargaré de su educación, así como lo hice contigo, Simba."

"¡Timón!", exclamó Pumba, "No se dice marida, se dice esposa. Además, yo siempre me encargué de la educación de Simba. Tú solo le enseñaste malos hábitos y a no decir por favor ni gracias."

"Por supuesto, Pumba, de eso se trataba; los malos hábitos conducen a los caminos de la sabiduría." Indicó Timón fingiendo aires de alta sapiencia.

Pumba hizo un extraño sonido con su nariz.

"Y, ¿Así es como piensas educar al pequeño?, los cachorros necesitan una educación y cultura apropiadas que se enfoquen en las buenas costumbres y en…"

"Bla, bla, bla, Pumba. Mucha palabrería y poca acción. Lo que el pequeño necesita, será una educación basada en nuestra filosofía: "Hakuna Matata", así como lo hicimos con este leonazo." Decía timón haciendo 'cerillito' en la cabeza de Simba.

Simba no podía parar de reír al escuchar hablar así a sus camaradas.

"Pues dice la reina Nala que tú te encargaste de malcriar a Simba, Timón".

"Y seguramente tú te habrás encargado de volverlo un león de bien, ¿no?"

Pumba se quedó pensativo unos segundos mirando hacia arriba, después dijo:

"Mmmm, no exactamente… Pero sí mejor que tú."

"Pues no sé si me educaron bien", dijo Simba, "pero hay algo que sí me enseñaron… ¡Guerra de Eructos!"

Simba comenzó a golpearse el pecho al momento que abría muy fuerte la boca, emitiendo un desagradable ruido.

"Su majestad…"

"Ahora observen mi obra maestra. Yo le llamo el súper imponente eructo maestro".

Simba emitió de su boca, un ruido todavía más desagradable que el anterior.

"¡Su majestaaad!"

Simba miró hacia abajo. Zazú estaba debajo de él, asqueado por lo que acababa de presenciar. Simba estaba súper avergonzado: "Disculpa Zazú, no te vi venir. Por cierto, ¿Qué haces aquí?", le dijo rápidamente al ave para cambiar rápidamente el tema y así distraer la atención de su consejero sobre los asquerosos acontecimientos previos.

Zazú lo miró con la formalidad que lo caracteriza, y dijo:

"Pues yo sólo le traigo el reporte matutino."

"Muy bien Zazú, te escucho."

"Bueno, primero que nada…"

"¡Oye, Zazú!", Lo interrumpió Timón, "¿Quieres entrar a la apuesta que Pumba y yo hicimos?"

Zazú lo miró como quien mira a un desagradable bicho. Aunque ambos le agradaban, Zazú tenía la opinión de que Pumba y Timón no eran más que un par de plebeyos vulgares.

"Y, ¿Sobre qué es la apuesta?"

Timón abrió la boca para contestar, pero Pumba se le adelantó.

"Estamos haciendo una apuesta para adivinar si el cachorro de Simba será macho o hembra."

"Bueno pues, yo creo firmemente que será macho", señaló Zazú muy seguro de sí.

"Ehmm, chicos, hablando de eso…", Comenzó a decir Simba, "quería pedirles a los tres su colaboración para que una vez que nazcan mis hijos, ustedes pudieran ayudar a Nala y a mí a cuidarlos."

"Ah, no señor", comenzó a decir Zazú cruzándose de brazos y cerrando los ojos, "ya bastante tuve con haberlo cuidado a usted de cachorro, y después de la experiencia en el Cementerio de Elefantes, no me quedaron ganas de cuidar a ningún otro cachorro más en toda mi vida…, a menos que…, a menos que fuera hembra. Las niñas son muy tranquilas y no se andan metiendo todo el tiempo en problemas".

"Muy bien Zazú", decía Simba entusiasmado, "así le haremos; Si el cachorro es macho entonces Timón y Pumba cuidarán de él, pero si es hembra te la encargaré a ti. Si son dos machos o dos hembras, entonces no habrá más opción, y sin son muchos cachorros, pues…"

Zazú se quedó reflexionando unos segundos dentro de su propia mente; "Ahora que lo pienso bien, de por sí es difícil comprender a los machos, no quiero pensar lo que será entender a las niñas. Pueden llegar a ser tan complejas", decía para sus adentros, mientras se rascaba la barbilla.

"¿Sucede algo, Zazú?" Preguntó Simba al ver al cálao tan pensativo.

"Hmmm, Señor. Creo que al final, preferiré cuidar al cachorro si es macho".

"De acuerdo Zazú, no te preocupes", Dijo Simba con aire comprensivo, "entonces si el cachorro es macho lo cuidarás tú. Si es hembra, Timón y Pumba lo harán."

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