"Las oleadas de dolor que a penas me habían rozado hasta el momento, se alzaron y barrieron mi mente, hundiéndome con su fuerza… Y no salí a la superficie"

Stephanie Meyer "Bella Swan". Luna Nueva

Vacía

Bella

Puebla, 20 de Noviembre de 1910

Era una niña consentida. Consentida, viviendo siempre un una burbuja de felicidad, absorta del verdadero significado del sacrificio, de la congoja… del dolor.

Varadamente, nunca había sentido mayor tristeza que un problema personal mínimo, alguna pelea absurda o el simple capricho de sentirse "Decaída". Disfrutaba de una vida en la que lo tenía todo; Familia, Salud, Vida, Amor. Todo, por que lo tenía a EL… A el y a la certeza de que todo sería prosperidad. ¿Qué fue lo que me hizo pensar que el era diferente?, ¿Qué fue lo que me impulsó a crear quimeras sobre mi feliz futuro?.... ¿No se supone que cuando el amor es grande y verdadero. Este siempre triunfa?., ¿Dónde quedó mi triunfo?, ¿Qué premio me he ganado ahora por amarlo tan inmensamente?....

Solo lágrimas amargas, solo dolores abrumadores en mi pecho. Solo estas ganas fervientes de desaparecer.

¿Dónde esta el final de cuento que me había planteado con el desde mi infancia?, ¿Dónde estaba la estúpida boda de ensueños tan esperada?....¿Dónde había quedado mi final feliz?

¡Estúpida!, ¡Maldita niña consentida!, ¡Tonta soñadora!.

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Bella Swan despertó demasiado temprano aquella mañana debido al frío. Sola… No hubo nadie del otro lado de la cama… Ni una señal de él, del calor que siempre lo acompañaba…. Sin respiros, sin materia. Sin vida. A cambio de ello; Un monótono trozo de papel perfectamente doblado reposando donde, se suponía, debería encontrarse su rostro… La joven no necesitó leerlo inmediatamente para comprender su contenido. Lo supo desde siempre.

.Pero haber tenido aquella certeza no detuvo la oleada de dolor y pesar que la embargó en aquel instante. Una que ella estaba segura, una persona normal jamás podría soportar antes de pedir a gritos la muerte. ¿Era ella así de fuerte?, ¿O era a caso su mala fortuna sobrevivir a una circunstancia así?... La muchacha optó por la segunda opción. Ni siquiera el más valiente soldado podría si quiera soportar tal padecimiento.

Con respiros frenéticos. Tomó aquel papel entre sus manos… Abriéndolo de la manera más lenta posible. Como si temiera que este se llevara más vida de la que ya había perdido. Leyó la palabras una en una, separándola en silabas, repasándolas una y otra vez… Más parecía que las palabras escritas pertenecían a una lengua completamente desconocida. Debía ser la impresión, debía ser la congoja, que le impedía pensar con coherencia.

Dejó caer el sobre de sus manos, resbalándose, como si estas fueran incapaces de retener el mínimo gramo sobre ellas. Necesitó solo unos minutos para poder reaccionar, comprender las frases escritas y darse cuenta de la verdad…

Y la verdad la golpeó, dejándola en el estado agónico que, de ahora en adelante siempre la acompañaría a donde quiera que fuese. El se había ido... El tal vez nunca regresaría.

Llorar nunca le había resultado tan tortuoso hasta ese momento. Cada lágrima que caía como torrente de agua le ardió en sus mejillas, en vez de aguda salada resultaban más como gotas de aceite hirviendo, quemándola en carne viva…Terriblemente doloroso. Pero conforme se iba probando aquel irracional malestar, halló uno mucho peor; Primero la opresión violenta en sus pulmones, impidiéndole tomar el suficiente aire necesario para respirar, pero no le era tan escaso para morir. Luego el ardor insoportable de la parte izquierda de su pecho…Le recordó-cosa extraña- a la sensación del bisturí cortándole lentamente la piel infectada de su brazo; La hoja imaginaria recorrió su pecho borde por borde… profundizando su camino, traspasado su umbral de dolor….

Apretó sus brazos cuando la inexistente cuchilla llegó al centro, encajándose fuertemente en su órgano vital y desgarrándolo violentamente; Un grito de dolor salió de su boca sin poder contenerse. … El daño estaba hecho, daño irrevertible y sin cura…

Dolor…Abandono… Edward.

Isabella Swan se encerró en su habitación ese mismo día… No comió y no durmió durante tres largos días. Sin importarle su alrededor, se dedicó solo a su pena, al luto de su ahora muerto corazón… A llorar hasta que sus lágrimas de sus ojos llegaran a secarse. A que, si era posible… la muerte le llegara por si sola.

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Bella

23 de Noviembre de 1910

—Bella, por favor—La voz de Charlie resuena fuera de mi habitación— Abre la puerta, hija.

TOC TOC TOC… El sonido retumba en mis oídos. TOC TOC Es molesto, quiero que se calle…

—Bella ¡Hija, por favor! —Renée sigue suplicando. Puedo darme cuenta en su forma de hablar de que esta comenzando a exasperarse… a Renée suelen darle ataques de furia cuando las cosas no se hacen como ella quiere, muy típico de ella y a su edad. Pronto va a explotar dinamita.

Pero, ¿Me importa?...Muy poco. Ahora, bien podría arder la casa en llamas, bien podría acabarse el mundo allá afuera. Y yo segaría aquí…. Mi mundo ya había terminado, ¿Qué más me daba si el exterior también desparecía?

El se fue… El ya no está. –Apreté mis piernas contra mi pecho, allí… tendida en la cama hecha un ovillo. Indefensa e incapaz… Era increíble lo bajo que había pedecido en una lapso de tan poco tiempo. ¿Cómo fue que hace tres día aun podía sentir el corazón latiente sobre mi pecho y ahora…? Estaba deprimida, rota, muerta… vacía.

—Isabella. Soy yo, ¿ Es que Tampoco a mi me vas a escuchar? —me pecho se encogió al reconocer la sutil y dulce voz de Carlisle detrás de mi puerta. ¿Qué hacia el aquí?, ¿Por qué Charlie y Renée molestaban? —Se lo que sientes, querida. Yo comparto tu dolor.

¿Por qué recordármelo?, ¿Por qué mencionármelo?. No era suficiente ya con sentirlo. La rabia me invadió en una milésima de segundo ¡¿Y de que demonios me servía a mi saber que el también sufría?!, ¿En que me aliviaba saber que su partida había dejado atrás mas pesadumbre y lamentos ajenos?. Tomé aire, y al aspirarlo los pulmones aullaron de pesadez, respirar profundo me resultaba ahora un actividad casi prohibida… el agujero en mi pecho se retorció de dolor

—¡Fuera de aquí! —Desgarré mi garganta, gritando hacia la puerta—¡No me interesa!, ¿¡Me oyen!?, ¡Solo dejen de atormentarme!, ¡LARGO!

—Por favor, Isabella—el Dr Cullen continuó con un tono neutro tras la puerta, como si haberle gritado majaderamente no le afectara en lo más mínimo—El no te ha dejado. Está decisión la tomo en relación a ti…Esto lo esta haciendo por solo por ti.

¿¡Por mí!?- gritó mi fueron interno lleno de ironía, rencor y decepción.

La llama de la furia se encendió en mi interior. Ahora chiscándolo todo, dejándome todavía más herida y magullada de lo ya estaba en mi interior. … Mas sin embargo, fue esa misma llama la que borró la debilidad de parame de la cama y dirigirme a la puerta… Hecha una diabla, giré la perilla, haciendo tal fuerza en mi brazo provocando que el musculo se estirara más de lo necesario… Carlisle Cullen esta justo ahí frente a mí, con una mirada cubierta por una mascara de serenidad que hizo revolverme el estomago de cólera. Su hijo estaba en la guerra, ¿Qué no le importaba?

Lo desprecié con la mirada, respirando entrecortadamente a causa del coraje…

—¿¡Y a mí de que me sirve eso!?, ¿¡Cuál es el maldito bien que me está proporcionando!? —escupí cada palabra con un retenido despreció que fue acrecentando de poco en poco…—¿¡Supone el a caso que, buscando el suicidio va brindarme protección!? ¿¡Debo sentirme honrada por el hecho de que este matando gente!? Y me importa un comino si se trata de represores y bandidos. ¡Maldición! ¡¿De que me sirve esa mierda?!. Eso no me cura el dolor, Eso no me ayuda a vivir, no me consuela, no me dará absolutamente nada…. ¡Maldición!

Carlisle continuó escuchándome de manera paciente e indulgente, poco a poco mis bufidos y gruñidos fueron convirtiéndose en sollozos. Mis ojos, que hacia momentos ardían como flamas alimentadas por gasolina, fueron humedeciéndose, dejando caer el agua libremente. Ahora solo estaba limitándome a desahogar cada pensamiento encerrado en mi mente durante tres largos días. El último sollozo fue el peor, justo el que siguió después de que le dijera a Carlisle entre lamentos y reclamos "Ni siquiera escribió un Volveré" El agujeró de mi pecho gruñó ante aquel latigazo de ardor provocando que inconscientemente me tirara a sus brazos buscando alivio, y estos me recibieron abiertamente, estrechándome fraternalmente, acariciando mi espalda y pronunciado palabras de inútil aliento.

Mi cuerpo, todo mi ser me gritaba decepcionado y reclamándome. Eran otros brazos y otro consuelo que el único que podría sosegar mi suplicio. A pesar de lo familiares y cálidos que me resultaban también estos.

Vagamente fui recordando las palabras que una vez me pronunció, el consuelo que me brindó; "Dime, ¿es que acaso prefieres llorar sola y en el suelo que conmigo y en mis brazos?" Ese día me brindó por primera vez su consuelo, ese día me hizo depender de sus brazos para poder desahogarme y curarme, ¿Y dónde estaban ese fuerte pecho que solía enjuagar mis penas y quitarme cualquier tipo de pesar?, ¿Dónde había quedado mi consuelo? Me había alejado de el suelo y la soledad para hacerme probar el paraíso. Y ahora me condenaba nuevamente a que ellos fueran mis acompañantes es este calvario sin fin. Oh si, porque no me permitiría jamás volver a mostrarme así de nuevo. Carlisle no se convertiría en mi nuevo paño de lágrimas.

—Vamos a superarlo. Todos—susurró cuando por fin pude callar—Y el regresará, Isabella. Mientras tanto continua viviendo…

Continuar viviendo. Eso fue lo que a duras penas aparenté hacer.