RUROUNI KENSHIN NO ME PERTENECE, LA HISTORIA EN CAMBIO SI.

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EL LOBO Y LA DONCELLA

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ACTO 9

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― ¿Desde cuándo ir a China es divertido?, odio comer su réplica de ramen―mascullaba Misao al tiempo que comía una enorme porción de esos fideos con cerdo

Hanya, quien estaba con ella la miraba algo sorprendido. ¿Cómo es que una chica tan delgada podría llegar a tragar tanto?

―Pero bien que te los comes―respondió Hannya, para al tiempo enarcar una ceja―. ¿Desde cuándo te gustan tanto los fideos, Misao?. Te veo comer solo eso en el trabajo y ni estando en China, no quieres otra cosa.

Misao terminó de tragar su tazón. Era cierto, antes ella no era una chica tan afín a los fideos. De hecho no le gustaban.

Luego se sonrojó ligeramente.

Ahora los comía con ahínco, porque era el plato que todas las noches cocinaba él.

La fuerza de la costumbre y el haber roto la vergüenza la habia llevado de forma natural en estos meses a dormir en el departamento de Saito.

Venia muerta del trabajo, recogía algo en su departamento y luego salía, a hurtadillas, saltando por los techos a casa de su amante.

Habia alcanzado una naturalidad inesperada de convivencia con él, aunque en el trabajo, se habían arreglado para no verse mucho. Tenían que disimular. Ese habia sido el trato.

Misao todavía creía estar en un sueño. No sólo las cosas le iban muy bien en el trabajo, donde ahora era una agente de campo en su magnitud, porque en verdad odiaba el trabajo de oficina porque tendría a Kawaji sobre su cabeza todo el tiempo, sino que tenía para ella a ese hombre que llevaba tanto tiempo amando, y lo mejor es que estaba segura que ella era la única mujer que él veía. Lo sabía porque lo habia espiado. Bien típico de ella

― ¿Dónde andas últimamente, Misao?, he ido a buscarte estos días y nunca puedo encontrarte―apuntó Hannya, aunque mirándola bien fijo, para leer su expresión.

Misao se sonrojó ante el comentario inesperado de Hannya.

Era cierto, estaba tan embebida en esa relación con Saito que habia olvidado a sus amigos, y hasta a su hermano, si venia al caso, y se limitó a tartamudear, sin responder concretamente.

Hannya rodó los ojos.

―No te metas en demasiados problemas ¿quieres?

Sin duda que este hombre sabía algo. O sea de hecho, él siempre supo que Misao estaba enamorada del director, pero sus vigilantes ojos habían creído ver estos meses, un aura diferente entre esos dos, una muy diferente de la de un mero subordinado y su jefe.

La comida siguió en silencio.

Y eso que todavía le quedaban muchas horas para estar camuflados frente al local de la embajada japonesa en China, donde ahora estaban cumpliendo una misión desde hace una semana.

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Su rutina de siempre, cuando no estaba vigilando algo o conspirando en pos de su ideal de justicia extrema, era la de ir a su departamento apenas acabase con lo suyo en su oficina de director del servicio de inteligencia.

Ir, cocinarse unos fideos y comerlos mientras repasaba material en una tableta. Ya sea grabaciones o informes de otros agentes encubiertos. Saito siempre estaba trabajando, aun en su tiempo libre.

No habia podido venir en el departamento durante varios días, y se quedaba a dormir en la oficina porque habia mucho material que analizar, y que él tenía la manía de querer revisar puntillosamente. Además que la chiquilla no iba a estar por allí para molestarlo, porque estaba en China en un trabajo de camuflaje, así que no tuvo tiempo de pensar en ella y en el peculiar juego que tenían.

Pero sin embargo algo ocurrió la primera noche que pasó en su departamento, casi una semana después de la marcha de Misao a China.

Como siempre, empezó con la faena de cocinarse fideos con carne, luego de la ducha, para sentarse a cenarlos al tiempo que analizaba informes desde su sofisticada tableta, pero al mirar una y otra vez en los alrededores fue como que de pronto su departamento se le figuró enorme, como si sobrara espacio y estuviese exageradamente callado.

El televisor estaba apagado. En su nevera no estaban los potes de helado de vainilla que se habían vuelto tradicionales que estén ahí y eso que él odiaba los postres fríos.

No hizo caso y fue a sentarse a engullir sus fideos. Solo se oía de fondo el ruido cuando tragaba y el ocasional tic de su tableta.

Solo sintió algo diferente cuando le tocó leer un informe, que decía:

"Informe Onniwabanshuu, Operación China", fue que pareció tener más interés en leer. Le tomó menos de un minuto repasar el detallado reporte que el capitán del equipo le estaba pasando. Sin duda que Aoshi era muy bueno, si no fuera un poco raro, probablemente algún día sería un excelente sucesor, aunque de inmediato descartó la idea, ya que sentía que no existía otra persona como él, capaz de hacer su trabajo como director de inteligencia.

No era arrogancia pura lo que tenía Saito, en serio él creía tener un nivel diferente al resto, así que su sentido de superioridad no era gratuito.

En ninguna línea se mencionó el nombre que esperaba Saito leer. La de la chica que habia entrado al equipo por esa misión.

Saito suspiró.

También era la mujer que lo acompañaba desde hace muchas noches en su casa, y por la cual ahora estúpidamente estaba pensando.

El hombre se enfadó y tomó un cigarrillo.

¡Maldición!, esa mocosa no solo le habia traído un tremendo problema sino también ahora ya le habia robado su tranquilidad y su previsibilidad.

¿Por qué?, es un juego de dominación lo que estaba jugando con ella. Hasta que se le pasase el miedo y ese sentimiento de vulnerabilidad por haber ejecutado un asesinato de alto nivel por encargo de él. Y que en algún momento tendría que acabar, porque no era algo que estaría por siempre allí ¿verdad?

Él no querría mantener esto por más tiempo del indicado. ¿Pero cómo saber si algo estaba dentro de la línea de tiempo prudencial?

Como sea, esa noche, a Saito le costó conciliar el sueño. No encontraba un sitio que le acomode en su cama, que se le figuraba más grande que de costumbre.

Se sintió un estúpido. Porque era la primera vez que sentía que le faltaba algo a la cual se habia acostumbrado bastante. Eso no le gustaba.

El sentido de insuficiencia en cualquier faceta de su vida era algo casi inconcebible con él.

Se durmió a duras penas, con esa mala sensación en el cuerpo, y un mal sabor en la boca.

Y más que nada porque sospechaba la causa de su mala situación. Algo sobre el cual no deseaba pensar ni ahondar más.

Pero antes de cerrar su tableta inteligente, revisó el buzón privado de mensajería por si habia recibido algo.

No habia nada.

Eso fue más frustrante aun.

Resopló fastidiado ¿Qué demonios estaba esperando?

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Mucho más lejos, pero de alguna forma, con sus sentimientos muy cercanos a su tierra natal, Misao tampoco podía conciliar el sueño.

Esa noche estaría libre. No le tocaba hacer vigilancia ni nada, y tampoco le apetecía recorrer las calles de Pekín, y prefería dormir.

Era la primera vez que tenía una noche libre desde que habia venido a China. No le gustaba el ambiente, además estaba demasiado lejos.

Si bien, Misao hablaba chino mandarín fluido, y que habia sido justamente un motivo por el cual la habían traído. Y Aoshi tenía que reconocer que su hermana era una de las mejores agentes que habia. Quizá no era muy fuerte, pero tenía una sagacidad impresionante,.

La muchacha revisó su tableta pequeña que tenía inserta dentro de su reloj, y que le servía para comunicarse con todos.

Desde que vino a China solo la habia usado para comunicarse con el equipo. Aunque no negaba que deseaba enviarle a Saito aunque sea un mensaje. Si, era su jefe, pero también era su amante, y habían compartido mucho juntos, y hasta se atrevía a pensar que ella conocía más de él que muchos en la agencia.

Pero todavía no tenía esa confianza y esa soltura como para enviarle un mensaje en cualquier momento. Era consciente que Saito ya no era un chiquillo, y quizá no le gustaban esos juegos.

Pero igualmente sonrió ante esa sensación de complicidad que tenía con él, y de hecho que ella compartía con él algo muy íntimo suyo.

Él podría ser poco vivaz, y nunca le decía algo bonito o agradable, pero lo compensaba después con la forma tan especial con que la tomaba. No es que Misao tuviese con que comparar, pero su toque sin duda era tan único y ese tacto también.

Como sea, el simple hecho de vibrar entre los brazos de la persona amada era algo único, y Misao sabía y era consciente que ella amaba a ese hombre más de lo que podría decir.

¿Por qué Saito estaba con ella ahora?

Si no la amaba, sin duda era por algo. No podría dormir y estar con una mujer tanto tiempo como con ella, si al menos no la encontraba bonita.

Misao se quedó prácticamente somnolienta e inmersa en esas ideas. El simple hecho de pensar que Saito la encontraba bonita era una sensación tan agradable, que fue como un bálsamo que le sirvió para dormirse enseguida, aunque él nunca se lo dijera.

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―Pásame el reporte de China―ordenó Saito a Cho, que estaba en su oficina con él, analizando otra cosa.

― ¿Qué?, ¿de qué habla?, ¿acaso no estamos aquí para ver esto que llevaré a Okinawa, con respecto a esos misiles?―urdió sorprendido el joven agente, totalmente sorprendido, de que su jefe no le haya estado escuchando y en cambio le haya pedido un informe que él no tenía ni idea.

Saito enarcó una ceja, y eso fue suficiente para que Cho, quien le temía lo bastante como para no desobedecerlo, se apresuró en buscar en la tableta de su jefe, el informe que buscaba.

―Aquí hay un informe, pero data de hace dos días. No hay actualización del mismo, pero se ve que ya estaba en tramos finales ¿ya no deberían regresar?―preguntó Cho

―Mph…Shinomori no ha actualizado su status―apuntó Saito, bajando su cigarrillo.

Cho estaba más que extrañado. ¿Desde cuándo el director estaba interesado en ver una misión como esa? La agencia tenia cientas como esa activas, además todas supervisadas por los inferiores jerárquicos. Y si no se equivocaba, esta misión por la cual el director preguntaba tan interesadamente era liderada por el Onniwabanchuu, uno de los mejores equipos.

Además la misión no era algo que se supone que debería atraerlo. Cho, en serio no pudo encontrar algo que pueda llamar la atención en él.

Aunque ese detalle no le llamó la atención, por algún motivo preguntó algo extrañado no ver allí a cierta muchacha, que fungía en muchas ocasiones como la agente más cercana al director.

― ¿Y la agente Makimashi porque fue hasta ahí?

La pregunta fue lo que descolocó a Saito. ¿Por qué ese bobo de Cho preguntaba por ella?

Eso alarmó por un segundo al director ¿acaso habia sido tan obvio que hasta el tonto de Cho pudo notar algún interés de su parte fuera de lo normal?

¿Acaso él, podría en verdad estar preocupándose por Misao?

¿Tanto que hasta otros podían notarlo?. Pero se calmó en cuanto notó que Cho ya estaba viendo otra cosa.

Pero el asunto sí que lo que dejó pensando, aunque como no quería ahondarlo, lo desechó de inmediato, aunque algo si bastante tangible le ocurrió:

Se puso de un mal humor terrible.

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Lo único que quería era regresar a Japón. Estaban encubiertos desde varias semanas y la misión ya estaba acabando, pero por un problema de seguridad habían decidido no informar nada a la central acerca de sus actividades de las últimas 48 horas por temor a que fueran infiltrados y estropear todo el trabajo de semanas. Esa habia sido la decisión de Aoshi Shinomori y si el director no hubiese tenido empañado sus pensamientos probablemente hubiese pensado que ese era un motivo valido por el cual su mejor equipo podría haber dejado de mandar reportes en ese tiempo.

Además, ¿Cuántas misiones habia activas en ese momento?, pero el director literalmente se habia obsesionado con ésta.

Incluso en la reunión que tuvo arriba en conferencia con el Consejo de Seguridad y su sonriente secretario Okita, estuvo distraído la mayor parte del tiempo.

Cuando se hubieron apagado los hologramas de comunicación con los miembros fue que Okita se le acercó.

― ¿Qué te ocurre ahora a ti?, tienes mala cara y no atrevas a mentirte, que esa cara solo te le vi cuando descubrimos que estábamos en desventaja cuando patrullábamos para el Shinsegumi.

Era cierto. Estaba tenso y nervioso. Pero aun así no sentía la confianza suficiente, ni siquiera con Okita para hablar que lo que en realidad estaba matándolo era esa sensación de preocupación hacia alguien. Una mujer en particular.

Y eso que él sabía que la vida de un agente no estaba exenta de peligros y cosas así, pero por una razón sentía como que Misao debía estar fuera de eso.

Nunca confesaría que habia sido él quien habia movido los hilos para que Kawaji encerrara a Misao y la tuviera como agente de escritorio durante mucho tiempo, aunque al final no pudo detener que ella quisiera unirse en esta última misión en conjunto con su hermano, quien habia pedido por ella.

Saito era todopoderoso, pero eso no lo pudo detener.

Miró a Okita, que lo miraba con ojos escrutadores. Tampoco a él se atrevería a confesarle que habia algo que ni él entendía del todo, pero que brotaba dentro de él con más intensidad:

Que estaba preocupado por Misao, y que se sentía demasiado nervioso de las ganas de volverla a ver.

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Salió de la oficina, y ni siquiera se quedó a trabajar hasta tarde como acostumbraba. Y tampoco aceptó la invitación de Okita de ir a beber algo. Quería estar solo con su obsesión.

No le gustaba sentirse de esta forma, y eso que la incomunicación de Misao podía ser perfectamente normal.

Igual, al no tener respuesta a tanta tensión, decidió que iría a beber solo. No quería a nadie que lo analizara, y era seguro que Okita se dedicaría a eso, y él ya no necesitaba a otro más que pudiere decirle lo que de verdad le pasaba.

Por una razón estúpida, enfiló a uno de esos bares horribles de mala muerte y que si hacia memoria, era el mismo de donde habia rescatado a Misao de ser manoseada, poco antes de hacerle el amor por primera vez en la vida.

Qué raro se sentía rememorar un acto, que en ese momento lo habia hecho, creía él, por puro interés de protección a sus intereses, pero que sin embargo habia disfrutado a límites insospechados, y todas las siguientes veces que tuvieron intimidad también.

Saito siguió bebiendo el escoces que le habían servido.

¡Pero si hasta su subconsciente estúpido lo habia traído a este lugar como una burla a lo que le pasaba!

Pero aun así, el terco hombre se negaba a reconocer como podía, pero que su cuerpo intentaba decirle algo, y que por fin lo entendiera.

―Que estupidez…

Luego de vaciar como 2 botellas de escoces, que a cualquier hombre normal tumbaría, y luego de pagar, Saito salió caminando como si nada. Ya era hora de volver a casa, y tampoco era como seguir haciendo el tonto ridículo. No se reconocía a sí mismo.

Intentaría dormir. Y maldecía que tuviera una complexión tan fuerte que ni dos botellas de puro whisky podían romper. Al menos si estuviera borracho como una cuba no se sentiría tan mal.

Pero a pesar de que sus sentidos estaban ligeramente debilitados, igual pudo percibir como en la oscuridad algo se gestaba. Podía estar algo enturbiado, pero indefenso jamás.

Probablemente le hubiese dado un tremendo golpe a lo que venía, pero tuvo el buen tino de detener su poderoso puño, a solo centímetros cuando vió de que se trataba. O mejor dicho de quien.

Sus ojos no lo engañaban.

No era una ilusión.

No podía serlo.

Ese olor a té blanco bajo la lluvia se le metió por los sentidos, y quiso perderse cuando vió esos ojos verdes abiertos de par en par, un poco asustada por la reacción de él.

― ¿Estas bien?―tragó saliva la muchacha. La verdad es que tener en pleno rostro el puño detenido del hombre sí que la habia asustado.

El hombre bajó la mano y la miró.

― ¿Qué haces aquí?

Misao parpadeó confusa.

―Acabamos de llegar, y como no te encontraba…y tus líneas estaban desactivadas….pues… ¿acaso hice algo mal?

Saito hubiera querido poder decirle que no estaba nada mal. Lo que estuvo mal es que nunca le hubiera escrito una sola mísera línea, que nunca más volviera a cogerlo de esa forma, que él hubiese podido matarla con ese golpe.

Pero no, simplemente cerró la boca.

Se sentía un adolescente tonto. Al final suspiró profundo, cerró sus ojos para calmarse y que ella no se diera cuenta de la tremenda turbación que le causaba.

― ¿Ya comiste algo?

― ¿Eh?, si…la verdad es que algo…―respondió Misao, sonrojada―. Pero la verdad me gustaría mucho poder probar unos fideos de verdad, esos que comía en China no era nada buenos.

Saito no respondió. Solo se limitó a andar camino a su departamento, hubiera podido tomar un taxi, pero prefería caminar, escuchando las letanías de la muchacha que no dejaba de hablar de los 40 tipos de fideos que probó en China, y que ninguno se asemejaba a los que él cocinaba.

De alguna forma no le importaba lo tremendamente inconveniente que resultaba.

Pero le gustaba, y mucho. Y por sobre todo, por esa tremenda sensación de paz que se habia apoderado de él.

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Misao ya habia sacado todos los ingredientes sobre la mesada, mientras aguardaba que él saliera de la ducha donde quiso entrar apenas llegaron.

― ¿Qué fue lo que bebiste? Tenías una mala cara allí afuera. Por poco me matas, y eso me lo debes―decía Misao, en broma, mientras elegía los fideos.

Pero se paralizó por entero cuando sintió una mano enroscando su cintura. No se lo esperaba, y más cuando sintió un peso sobre su hombro.

Ella tragó saliva. Por el rico aroma de té verde y cigarro, ya sabía que era Saito quien habia venido de sorpresa a posarse allí. Más nunca siquiera habría soñado con eso.

Soltó el paquete de fideos que tenía en la mano, cuando percibió una segunda mano ayudando a enroscarse también.

Ya no pudo resistirse. Nunca habia podido hacerlo contra él. Pero extrañamente Misao no lo sentía sensual o posesivo como siempre, como preludio de algún encuentro íntimo, sino que sintió ese contacto algo apesumbrado y hasta nostálgico.

Los paquetes de fideos cayeron al suelo. El hambre desapareció, sino que habia surgido el tremendo deseo de ser poseída por él, que estaba muy diferente a como recordaba.

Las palabras sobraron, y Misao creyó estar en el cielo cuando él la cargó entre sus brazos como una recién desposada, con una ansiedad que a ella se le antojó tierna. Sus labios no la buscaron con brusquedad o con sensualidad, sino que la buscaron con suavidad y terneza.

La depositó delicadamente sobre aquella cama que ya habían compartido en tantas otras ocasiones, y Misao no recordaba haber tenido un preludio tan largo, ya que Saito se tomó su tiempo, para recorrer suavemente cada recodo y curva. Como si nunca antes las hubiese visto o sentido, haciendo que la mujer se sintiera volverse a descubrir porque él la tocó como nunca antes la habia tocado, con unas manos que parecían estar digiriendo lo que su alma le dictaba por fin. Como aceptando algo.

Misao se dejó hacer el amor por él como nunca antes. Y quizá no sospechaba el motivo, pero era la mejor sorpresa que podía tener luego de un viaje de trabajo.

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Solo después de haber tenido a Misao cuantas veces su cuerpo pudo responder, es que Saito al fin pareció relajarse. No sin antes, acariciar con sus dedos la mejilla de la muchacha desnuda que estaba acostada encima de su pecho.

Habia tantas cosas que su cuerpo gritaba, y que hizo que su cuerpo entrase en una especie de estallido ante la ausencia lejana de aquella mujer, que sin que él se pudiese dar cuenta, se habia terminado convirtiendo en una pieza importante. Él no tener noticias suyas casi lo habia matado, y ahora con la certeza de tenerla aquí, solo para él, es como si el mundo se mostrase diferente a como lo veía antes.

Él siempre habia sido un hombre orgulloso, poco dado a los sentimientos o a los afectos, pero ante tanta evidencia no podía más que dejar a su cerebro rendirse ante los mismos.

Su mente y su cuerpo se lo habían gritado estos días. Y desde mucho antes, pero no tan ostensiblemente, pero de que estaban las señales, pues estaban.

Ya no podía seguir negándolo más. No a sí mismo.

Estaba enamorado de Misao.

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Oía como dormía plácidamente, y hasta a ella se le antojó que sonreía entre sueños, así que Misao se salió lo más sigilosamente posible para no despertarlo, y se escabulló de sus enormes brazos.

Habia algo que habia dejado pendiente. Su estómago pedía a gritos un poco de comida. De por si cuando vino, ya estaba con hambre, y el cansancio producido por la actividad intima vino a recrudecer esa situación.

Habia visto unas galletas en la mesada. Eso serviría. Con un poco de té seria fabuloso así que enfiló como la gracia de una felina hacia la cocina para eso.

Recorrió la cocina, y cuidó de no ensuciar mucho, ya que sabía que Saito era bastante quisquilloso con la limpieza, y no quería enfadarlo mañana, siendo que esta noche habia estado muy diferente.

―De todas formas no llegué a preguntarle porque habia bebido tanto―se dijo la joven, al tiempo que se bebía el té.

Estaba muy tranquila, cuando de repente pareció caer de cuenta de algo. Habia dejado su tableta de trabajo en la base, cuando fue a cambiarse apenas llegó de China con el resto del equipo. Y eso era un grave error, ya que tanta era su prisa por venir a buscar a Saito, y ella se habia comprometido a mandarle unas coordenadas que habia memorizado en China a Aoshi, cosa que no habia hecho, por estar enfrascada en su misión personal. Eso le podría valer un regaño terrible. Y lo que menos quería era quedar mal ante su hermano que habia confiado en ella. Además era un detalle que todavía estaba a tiempo de subsanar.

Miró por todas partes, y al fin se le ocurrió algo. Podía perfectamente usar ya sea la Tablet o la computadora de Saito. Solo se cuidaría de hacerlo desde su user u contraseña, y listo. Así que apenas divisó el aparato cerca de la cabecera de la sala, fue por el.

Todo iba bien, y estaba bien sumida tecleando lo que tenía que teclear al destinatario asignado, cuando ocurrió lo fatal, por causa de un descuido, ya que activó un archivo, que de todas maneras estaba abierto, de un correo.

―Si Saito supiera que estoy husmeando sus cosas, me mandará a cobrar multas de ciclistas―se dijo la joven, haciendo ademan de cerrar de inmediato lo que abrió sin querer, pero sus ojos verdes quedaron quietos al leer su nombre en ese archivo.

Sus ojos empezaron a recorrer ese archivo. Y tuvo que mirarla dos veces, para ver que sus ojos no la engañaban.

Sus pupilas empezaron a temblar ante esas líneas.

Sedúcela. Hazle el amor por las noches y las mañanas.

Intenta comprarle algún regalo.

Asegúrate de cocinarle algo, que sea algo que después ella quiera buscar.

No seas brusco, por el amor de dios, recuerda que el sacrificio que haces es por tu bien.

Al menos dale un cajón en tu ropero, para que al menos pueda guardar su ropa íntima.

Intenta ser detallista.

¿Ves que el arte de la seducción de jovencitas no es difícil?

Intenta seguir mis instrucciones. Ya te dije que si las sigues ya pronto ella ni recordará lo que le indujiste a hacer.

Y no solo estas.

Había más líneas. Todas hablaban de pasos de métodos de sugestión y galanteos.

Los labios de Misao empezaron a temblar sin control. Luego sus manos y sus brazos también se vieron presas de esa sensación trémula que se gestaba desde la punta de sus pies.

Sus mejillas empezaron a perder color y su fuerza disminuyó, tanto que la Tablet cayó al suelo haciéndose añicos.

Tampoco pudo evitar que la taza que estaba sobre la mesilla también cayera al suelo.

Tenía que ser una mentira. No podía ser cierto.

Su mente, ágil para tantas otras cosas, ahora no podía acabar de procesar lo que sus ojos acababan de leer.

¿Saito la habia estado seduciendo solo para un beneficio personal?

¿Se habia estado acostando con ella como una forma de quitar un provecho….y que además, no contento con eso, de dedicaba a compartir sus intimidades con este sujeto que le mandaba este texto?

¿Todo este tiempo habia sido víctima del más cruel engaño que podría sufrir una mujer?

¿Todo lo que ella creía como vivido no era más que una artimaña y un ardid?

CONTINUARÁ...


NOTAS FINALES

Ya vamos entrando a trámites finales de este fanfic, no sabria decir si queda episodios nada más, pero ya estamos en la recta final.

Muchos besos a:

BLANKAORU

DAMPER

Le chat et le abeille

PAJARITO AZUL

KAMISUMI

Y GUEST que me dejó un comentario tan amable,siempre es un gusto encontrar gente que empieza a querer los MISAITO.

Mil besos a todos !

Les quiere.

Paola.