A/N: ¡Hola! Sí, lo sé, vuelvo a actualizar super tarde (cuatro meses más o menos). Lo siento muchísimo pero la uni me ha robado casi todo mi tiempo... De todas formas aquí está otro capitulo. Espero que os guste :)
Todo lo que está en negrita pertenece a J.K Rowling
—Allí, mira.
—¿Dónde?
—Al lado del chico alto y pelirrojo.
—¿El de gafas?
—¿Has visto su cara?
—¿Has visto su cicatriz?
El fastidio en la voz de Snape era evidente al leer eso y tuvo que contenerse para no rodar los ojos.
Los murmullos siguieron a
Snape pausó la lectura durante una milésima de segundo y luego continuó. Fue tan breve que casi nadie se dio cuenta pero Harry sí y se preguntó porqué lo había hecho.
Harry
Su propio nombre le sonaba extraño pronunciado por el maestro de pociones y Harry comprendió el porqué de la vacilación de Snape momentos antes. El profesor nunca había dicho su nombre de pila, excepto en contadas ocasiones.
desde el momento en que, al día siguiente, salió del dormitorio. Los alumnos que esperaban fuera de las aulas se ponían de puntillas para mirarlo,
Todos negaron con la cabeza o soltaron suspiros de cansancio. Debía ser muy molesto para Harry aguantar aquello constantemente.
o se daban la vuelta en los pasillos, observándolo con atención.
La voz de Snape iba destilando más irritación con cada palabra que leía. No le hacía ninguna gracia tener que leer un capítulo entero de "Potter la celebridad"
Harry
Esta vez Snape leyó el nombre con normalidad, aunque seguía siendo raro para él llamar al chico de esa manera.
deseaba que no lo hicieran, porque intentaba concentrarse para encontrar el camino de su clase.
Snape casi se atragantó al leer esa parte. No entendía para nada a que jugaba Potter. Se suponía que tenía que adorar toda la atención recibida.
En Hogwarts había 142 escaleras,
-¿Las contasteis?-rió Sirius. Era el primero que interrumpía la lectura ya que nadie más se había atrevido a despertar la ira del profesor.
Harry se encogió de hombros y esbozó una sonrisa.
-En realidad lo pone en Hogwarts: Una historia. Hermione debió de mencionarlo en algún momento.
Sirius asintió.
Snape les dirigió a ambos una mirada asesina antes de continuar leyendo.
algunas amplias y despejadas, otras estrechas y destartaladas. Algunas llevaban a un lugar diferente los viernes. Otras tenían un escalón que desaparecía a mitad de camino y había que recordarlo para saltar. Después, había puertas que no se abrían, a menos que uno lo pidiera con amabilidad o les hiciera cosquillas en el lugar exacto, y puertas que, en realidad, no eran sino sólidas paredes que fingían ser puertas.
También era muy difícil recordar dónde estaba todo, ya que parecía que las cosas cambiaban de lugar continuamente.
-¿Es necesario leer esto, director?-dijo Snape con un suspiro de fastidio.-Todos los que estamos aquí conocemos perfectamente como es Hogwarts.
-Nuestros amigos del futuro parecen creer que sí, Severus, de modo que lo leeremos.
Snape dudaba de que esas personas fuesen sus "amigos" realmente o de lo contrario no le estarían obligando a leer esos estúpidos libros rodeado de aquella gente, pero, decidido a no perder más tiempo, se tragó sus quejas y siguió leyendo.
Las personas de los retratos seguían visitándose unos a otros, y Harry estaba seguro de que las armaduras podían andar.
-Es que así es, Harry- sonrió Dumbledore.- Aunque solo en caso de extrema necesidad.
-¿Qué quiere decir?-preguntó Hermione con interés.
-En caso de que Hogwarts necesite protección, existe un hechizo que, invocado por un profesor, hará que las armaduras cobren vida y defiendan la escuela.
-Alucinante…- murmuraron los gemelos.
Los fantasmas tampoco ayudaban.
Snape había empezado a leer rápidamente, para evitar que se produjera una larga conversación sobre Hogwarts y sus armaduras. Merlín sabía que no se podía confiar en Dumbledore para mantener la atención de los alumnos en la lectura.
Siempre era una desagradable sorpresa que alguno se deslizara súbitamente a través de la puerta que se intentaba abrir. Nick Casi Decapitado siempre se sentía contento de señalar el camino indicado a los nuevos Gryffindors,
Todos los Gryffindors sonrieron con cariño ante su fantasma.
pero Peeves el Duende se encargaba de poner puertas cerradas y escaleras con trampas en el camino de los que llegaban tarde a clase.
Remus recordó alguna que otra ocasión en la que perdió puntos al llegar tarde gracias al fantasma de las narices.
También les tiraba papeleras a la cabeza, corría las alfombras debajo de los pies del que pasaba, les tiraba tizas o, invisible, se deslizaba por detrás, cogía la nariz de alguno y gritaba: ¡TENGO TU NARIZ!
Snape no tenía ninguna intención de gritar, y menos una frase tan estúpida como aquella, así que se limitó a leerla en un tono de voz normal.
Los gemelos miraron decepcionados al maestro de pociones. Ellos habían visto a Peeves hacer aquello en directo, y no se parecía en nada a como lo había leído el profesor. Desde luego hubiese sido muy gracioso escucharle chillar esa frase.
Pero aún peor que Peeves, si eso era posible, era el celador, Argus Filch. Harry y Ron se las arreglaron para chocar con él, en la primera mañana. Filch los encontró tratando de pasar por una puerta que, desgraciadamente, resultó ser la entrada al pasillo prohibido del tercer piso.
Tonks dejó escapar una risita de incredulidad y se llevó las manos a la cabeza.
-Estáis gafados-dijo.- ¿Lo sabéis, verdad?
-Lo sabemos-dijeron Harry y Ron al unísono y con cara de resignación.
No les creyó cuando dijeron que estaban perdidos, estaba convencido de que querían entrar a propósito y los amenazó con encerrarlos en los calabozos,
Molly frunció el ceño; nadie les haría eso a sus niños.
-Que se atreva…-murmuró Sirius.
hasta que el profesor Quirrell, que pasaba por allí, los rescató.
Todos los que conocían la verdad sobre el primer año miraron con sospecha al libro; era extraño que Quirrell "pasase por ahí".
Filch tenía una gata llamada Señora Norris, una criatura flacucha y de color polvoriento, con ojos saltones como linternas, iguales a los de Filch. Patrullaba sola por los pasillos. Si uno infringía una regla delante de ella, o ponía un pie fuera de la línea permitida, se escabullía para buscar a Filch, el cual aparecía dos segundos más tarde.
Los bromistas pusieron mala cara ya que aquella gata les había metido en problemas en más de una ocasión.
Filch conocía todos los pasadizos secretos del colegio mejor que nadie
-¿Perdona, Harry?-preguntó George. A su lado, Fred ponía cara de incredulidad.- ¿No crees que te has olvidado de alguien?
Harry, sonriendo, iba a decir algo pero Snape le cortó al continuar leyendo.
(excepto tal vez los gemelos Weasley),
Los gemelos sonrieron.
-Eso está mejor. Quedas perdonado, pequeño Harry.
El chico rió.
y podía aparecer tan súbitamente como cualquiera de los fantasmas. Todos los estudiantes lo detestaban, y la más soñada ambición de muchos era darle una buena patada a la Señora Norris.
Muchos asintieron, pero nadie con más energía que Sirius.
-Todo el mundo sabe que los perros y los gatos no se llevan bien-dijo.- Pero mi odio hacia esa gata es desmesurado.
La mayoría sonrió pero Hermione arrugó un poco el entrecejo.
-Vamos, Hermione-dijo Sirius al verlo-, era una broma. No detesto a todos los gatos; ya sabes que me encanta Crookshanks.
-No, no. Si no estaba pensando en eso-dijo la muchacha rápidamente y con una sonrisa.- Lo que pasa es que no entiendo cómo puede vivir tanto un gato. Si tú ya la conocías cuando ibas a Hogwarts y hace bastante tiempo que dejaste de ser un estudiante…
-¿Has oído ese "bastante", Canuto?
-Oh, cállate, Remus.-dijo Sirius luchando por no esbozar una sonrisa. No le gustaba en absoluto pensar que estaba haciéndose viejo pero su amigo siempre conseguía hacerle reír, incluso con un tema como ese.
-Sirius, lo siento. No me refería…-dijo Hermione dándose cuenta de lo que había dicho.
El animago rió.
-Tranquila, no pasa nada. Es Lunático que siempre está atento, si no fuera por él ni me habría dado cuenta.-mintió.- Y para responder a tu pregunta sobre la Señora Norris… Bueno, los animales mágicos viven más que los normales, así como los magos también viven más que los muggle. Supongo que tiene que ver con la magia y eso. Pero desde luego, lo de la Señora Norris es un récord.
Hermione asintió.
-Tiene sentido, gracias.
Sirius inclinó la cabeza aceptándolas.
Snape, harto ya de tantas interrupciones, continuó leyendo para no dar la oportunidad de hablar a nadie más,
Y después, cuando por fin habían encontrado las aulas, estaban las clases. Había mucho más que magia, como Harry descubrió muy pronto, mucho más que agitar la varita y decir unas palabras graciosas.
-Por supuesto…-dijo Ron sin comprender.
-Los muggle piensan en la magia de esa manera.-susurró Hermione, quien no quería parar la lectura ya que había visto la reacción de Snape en las anteriores interrupciones.
Tenían que estudiar los cielos nocturnos con sus telescopios, cada miércoles a medianoche, y aprender los nombres de las diferentes estrellas y los movimientos de los planetas.
Tres veces por semana iban a los invernaderos de detrás del castillo a estudiar Herbología, con una bruja pequeña y regordeta
Ginny dejó escapar una carcajada al oír a Snape decir la palabra "regordeta", por suerte pudo hacerla pasar por una tos y nadie se dio cuenta de nada. La única excepción fue Harry, quien se había girado para mirarla en cuanto empezó a reír. El chico se encontró con la mirada de Ginny y ella le señaló con la cabeza a Snape, para después colocar los brazos a cierta distancia de su barriga. Harry lo comprendió y esbozó una sonrisa que Ginny devolvió. Pasaron un par de segundos mirándose y sonriendo, hasta que Harry, recordando que se había prometido dejar de pensar en Ginny de esa manera, desvió la mirada y se concentró en lo que estaba diciendo Snape.
llamada profesora Sprout, y aprendían a cuidar de todas las plantas extrañas y hongos y a descubrir para qué debían utilizarlas.
Pero la asignatura más aburrida era Historia de la Magia,
Todos los que alguna vez habían tenido a Binns como profesor, gimieron. Aquella era sin duda la peor asignatura del mundo.
la única clase dictada por un fantasma. El profesor Binns ya era muy viejo cuando se quedó dormido frente a la chimenea del cuarto de profesores y se levantó a la mañana siguiente para dar clase, dejando atrás su cuerpo. Binns hablaba monótonamente, mientras escribía nombres y fechas, y hacia que Elmerico el Malvado y Ulrico el Chiflado se confundieran.
-¿Es eso cierto?-preguntó Dumbledore.
Todos los alumnos asintieron.
-Mm. Yo creía que era simplemente una cuestión de falta de interés de los estudiantes, no del profesor- se acarició pensativamente la barba.- Quizás habría que hacer algo al respecto.
El profesor Flitwick, el de la clase de Encantamientos, era un brujo diminuto que tenía que subirse a unos cuantos libros para ver por encima de su escritorio.
Los alumnos sonrieron con cariño, el profesor Flitwick siempre era cordial y amable.
Al comenzar la primera clase, sacó la lista y, cuando llegó al nombre de Harry, dio un chillido de excitación y desapareció de la vista.
Snape leyó esa parte con los dientes apretados por la irritación.
Muchos soltaron risitas, imaginándose la escena.
La profesora McGonagall era siempre diferente.
Gracias a Merlín, pensó Snape. Minerva era una de las pocas personas cuya presencia soportaba e incluso le era agradable.
Harry había tenido razón al pensar que no era una profesora con quien se pudiera tener problemas.
Sirius, Remus y los gemelos asintieron. Tonks también lo hizo, pensando en que cuando se metía en líos siempre procuraba que estos no involucrasen a McGonagall
Estricta e inteligente, les habló en el primer momento en que se sentaron, el día de su primera clase.
—Transformaciones es una de las magias más complejas y peligrosas que aprenderéis en Hogwarts —dijo—. Cualquiera que pierda el tiempo en mi clase tendrá que irse y no podrá volver. Ya estáis prevenidos.
Entonces transformó un escritorio en un cerdo y luego le devolvió su forma original.
Sirius aplaudió con fuerza.
-Vaya manera de hacer una impresión-dijo sonriendo- Pero eso de que echa a los que pierden el tiempo es mentira.
-¿A qué te refieres?-preguntó George.
Sirius esbozó una sonrisa pícara.
-Digamos que cuando eres un animago las clases básicas de Transformaciones son demasiado fáciles para ti. Así que James y yo nos dedicábamos a idear planes para conquistar chicas, que -reconoció en voz baja- pocas veces funcionaban… Pero la cuestión es que nunca nos echó.
Los gemelos rieron.
Ginny rodó los ojos, estaba segura de que si se hubieran dedicado a, simplemente, hablar con las chicas y no hacer tantas tonterías, les hubieran rechazado menos a menudo.
-Canuto-dijo Lupin sonriendo- no os echó precisamente porque tenías talento para Transformaciones, de lo contrario no os hubiera aguantado.
-¿Pero qué dices, Lunático? ¡Si McGonagall nos adoraba! Cierto, siempre nos ponía mil castigos-dijo con los ojos brillando de diversión- pero eran excusas para pasar más tiempo con sus alumnos preferidos.
Remus soltó un bufido a medio camino entre una risa y un suspiro de exasperación.
Los gemelos miraron al animago con admiración, ya sabían lo alucinante que era Sirius, pero alguien capaz de no prestar atención en clase de McGonagall y vivir para contarlo estaba en otro nivel.
La señora Weasley miró a sus hijos con un toque de desaprobación; Sirius era una gran persona pero había ciertas cosas que no querían que sus hijos aprendiesen de él.
Todos estaban muy impresionados y no aguantaban las ganas de empezar, pero muy pronto se dieron cuenta de que pasaría mucho tiempo antes de que pudieran transformar muebles en animales.
-Evidentemente-murmuró Snape con desprecio y en voz tan baja que casi nadie le oyó. Los que sí que lo hicieron decidieron que era mejor no decir nada al respecto.
Después de hacer una cantidad de complicadas anotaciones, les dio a cada uno una cerilla para que intentaran convertirla en una aguja.
-Nunca nadie lo consigue el primer día…- dijo Sirius.
-¿Ni siquiera vosotros pudisteis?-preguntó Ron.
-Así es- dijo con un suspiro.- Y creo que nadie lo ha hecho.
Ron asintió y luego esbozó una sonrisa recordando su primer día de Transformaciones.
Al final de la clase, sólo Hermione Granger había hecho algún cambio en la cerilla. La profesora McGonagall mostró a todos cómo se había vuelto plateada y puntiaguda, y dedicó a la niña una excepcional sonrisa.
Sirius abrió mucho los ojos.
-¿En serio?
Ron, quien seguía sonriendo, miró a Hermione con orgullo.
-Parece ser que alguien sí que lo consiguió- dijo.
Hermione sonrió, mientras todos la felicitaban. Extrañamente, ni siquiera la enhorabuena de Dumbledore produjo en ella más alegría que la sonrisa y la mirada que había cruzado con Ron. Le había parecido ver un toque de orgullo en los ojos azules del muchacho.
La clase que todos esperaban era Defensa Contra las Artes Oscuras, pero las lecciones de Quirrell resultaron ser casi una broma.
-Igual que él…-murmuró Ron por lo bajo.
Su aula tenía un fuerte olor a ajo, y todos decían que era para protegerse de un vampiro que había conocido en Rumania y del que tenía miedo de que volviera a buscarlo. Su turbante, les dijo, era un regalo de un príncipe africano como agradecimiento por haberlo liberado de un molesto zombi, pero ninguno creía demasiado en su historia.
Snape leyó ese fragmento con odio contenido; ojalá se hubiera dado cuenta antes de la verdad sobre Quirrell.
Por un lado, porque cuando Seamus Finnigan se mostró deseoso de saber cómo había derrotado al zombi, el profesor Quirrell se ruborizó y comenzó a hablar
del tiempo, y por el otro, porque habían notado que el curioso olor salía del turbante,
-Qué asco-dijo Harry arrugando la nariz. No solo a causa del olor sino por quien lo producía.
y los gemelos Weasley insistían en que estaba lleno de ajo, para proteger a Quirrell cuando el vampiro apareciera.
Harry se sintió muy aliviado al descubrir que no estaba mucho más atrasado que los demás. Muchos procedían de familias muggle y, como él, no tenían ni idea de que eran brujas y magos.
-Yo también estaba preocupada, Harry, por eso me lo estudié todo antes de venir-dijo Hermione.
Snape recordó que Lily se había sentido igual y trató de ignorar las preguntas que su mente se empezaba a hacer acerca del chico. ¿Sería posible que su visión de Potter estuviera equivocada?
Había tantas cosas por aprender que ni siquiera un chico como Ron tenía mucha ventaja.
El viernes fue un día importante para Harry y Ron. Por fin encontraron el camino hacia el Gran Comedor a la hora del desayuno, sin perderse ni una vez.
-¡Hombre! Eso merece un aplauso por lo menos-dijeron los gemelos empezando a aplaudir.
Harry y Ron se sonrojaron un poco mientras Sirius, Tonks y Ginny se unían a las palmadas.
—¿Qué tenemos hoy? —preguntó Harry a Ron, mientras echaba azúcar en sus cereales.
—Pociones Dobles con los de Slytherin —respondió Ron—.
-La verdad es que no es muy buena idea juntar a esas dos casas para algo tan delicado como Pociones-comentó Remus.
Snape le observó con curiosidad.
-Eso es exactamente lo que llevo años intentando decirle al director-dijo mirando de reojo a Dumbledore.-Pero él cree que de este modo los alumnos aprenden a trabajar juntos o alguna tontería por el estilo.
-No es una tontería, Severus. De verás creo que les puede ayudar. De hecho -dijo el director cerrando los ojos durante un instante-, creo recordar que me informaste hace poco de que unos jóvenes Gryffindor y Slytherin de primer año se han hecho amigos en tu clase.
Snape soltó un suspiro de desesperación.
-Solamente porque de vez en cuando de resultado no significa que en general sea positivo. Juntar a las dos casas estropea la dinámica de la clase: los alumnos intentan sabotearse a cada momento y se insultan siempre que piensan que no me doy cuenta. Por supuesto que mi presencia hace que se mantenga el orden-añadió-, pero no puedo estar pendiente de dar la clase y al mismo tiempo vigilar a una panda de zoquetes.
Dumbledore suspiró.
-Si eso es lo que piensas quizás podríamos cambiarlo de cara al año que viene. Aunque de esto nos ocuparemos luego; retomemos la lectura, por favor.
Snape asintió y comenzó a leer.
Snape es el Jefe de la Casa Slytherin. Dicen que siempre los favorece a ellos... Ahora veremos si es verdad.
-Por supuesto que es verdad…- dijo Ron por lo bajo.
—Ojalá McGonagall nos favoreciera a nosotros —dijo Harry.
Snape alzó una ceja pensando que, en realidad, McGonagall sí favorecía a los de Gryffindor. Lo había hecho, por ejemplo, durante aquel primer año incluyendo a Potter en el equipo de Quidditch en vez de expulsarle. O cuando el chico y Weasley habían llegado a Hogwarts en el coche volador. O en cualquier otra situación similar que se había producido los últimos años.
La profesora McGonagall era la jefa de la casa Gryffindor; pero eso no le había impedido darles una gran cantidad de deberes el día anterior.
Justo en aquel momento llegó el correo. Harry ya se había acostumbrado, pero la primera mañana se impresionó un poco cuando unas cien lechuzas entraron súbitamente en el Gran Comedor durante el desayuno, volando sobre las mesas hasta encontrar a sus dueños, para dejarles caer encima cartas y paquetes.
Hermione asintió; ella había leído sobre Hogwarts antes de ir y sabía que aquello sucedería pero aún así se sorprendió.
Hedwig no le había llevado nada hasta aquel día. Algunas veces volaba para mordisquearle una oreja y conseguir una tostada, antes de volver a dormir en la lechucería, con las otras lechuzas del colegio.
Sin embargo, aquella mañana pasó volando entre la mermelada y la azucarera y dejó caer un sobre en el plato de Harry. Este lo abrió de inmediato.
Querido Harry
Harry estuvo a punto de reír al oír a Snape decir eso. Era muy extraño.
(decía con letra desigual), sé que tienes las tardes del viernes libres, así que ¿te gustaría venir a tomaruna taza de té conmigo, a eso de las tres? Quiero que me cuentes todo lo de tuprimera semana. Envíame la respuesta con Hedwig.
Hagrid
Sirius, Remus y la señora Weasley sonrieron agradecidos.
Harry cogió prestada la pluma de Ron y contestó: «Sí, gracias, nos veremos más tarde», en la parte de atrás de la nota, y la envió con Hedwig.
Fue una suerte que Hagrid hubiera invitado a Harry a tomar el té, porque la clase de Pociones resultó ser la peor cosa que le había ocurrido allí, hasta entonces.
Todos los adultos observaron a Snape con cara de pocos amigos. Sirius le lanzó una mirada de odio y empezó a insultarle en voz baja.
Al comenzar el banquete de la primera noche, Harry había pensado que no le caía bien al profesor Snape.
Eso es quedarse corto, pensó Snape.
Pero al final de la primera clase de Pociones supo que no se había equivocado.
No era sólo que a Snape no le gustara Harry: lo detestaba.
Snape y Harry cruzaron miradas. El profesor de Pociones ni se inmutó; esa era la realidad, no tenía porque negarlo.
Las clases de Pociones se daban abajo, en un calabozo. Hacía mucho más frío allí que arriba, en la parte principal del castillo, y habría sido igualmente tétrico sin todos aquellos animales conservados, flotando en frascos de vidrio, por todas las paredes.
Snape, como Flitwick, comenzó la clase pasando lista y, como Flitwick, se detuvo ante el nombre de Harry.
Aunque no por el entusiasmo que le provocaba que Harry estuviera ahí, evidentemente, pensó Hermione, recordando aquella primera clase.
—Ah, sí —murmuró—. Harry Potter. Nuestra nueva... celebridad.
Draco Malfoy y sus amigos Crabbe y Goyle rieron tapándose la boca.
Harry observó a Snape, vestido de negro como siempre, leyendo sus propias palabras, pronunciándolas igual que cinco años atrás… y, de pronto, sintió que volvía a estar ahí. Volvía a tener once años y estaba sentado en aquella mazmorra con aquel hombre que le miraba con rabia y le odiaba y él no sabía porque. Volvía a ser humillado delante de los Slytherin mientras Snape le hacía preguntas que solo Hermione sabía responder.
Su cicatriz se encendió de repente y sintió que una oleada de rabia le inundaba. Miró a Snape con odio y le dieron ganas de lanzarse contra él y hacerle daño, igual que le había pasado varias veces con Dumbledore durante el curso. Estaba a punto de levantarse de un salto y, probablemente, hacer algo de lo que luego se arrepentiría, cuando oyó la voz de Ginny.
-Vaya un imbécil- le dijo la chica en voz baja.
Harry parpadeó y respiró hondo. El dolor de su cicatriz disminuyó un poco, permitiéndole pensar.
-¿Estás bien?
El chico asintió, tratando de calmarse. Miró a su alrededor y vio como Sirius y el resto observaban a Snape con rabia, aquello hizo que la cicatriz doliera un poco menos. Centró su atención en Ginny; la muchacha le miraba con un toque de preocupación en sus ojos castaños.
Harry volvió a asentir.
-Sí, estoy bien- dijo. Aquella vez no fue del todo mentira.
Ver a sus seres queridos a su alrededor y a Ginny preocupándose por él, le había recordado que no estaba solo. Su pecho se llenó de afecto hacia ellos y, en un instante, la cicatriz dejó de dolerle del todo.
No entendía lo que acababa de pasar y no le gustaba en absoluto pero, se dijo mientras sonreía débilmente hacia Ginny y volvía a centrar su atención en Snape, ya se encargaría de ello más tarde.
Snape terminó de pasar lista y miró a la clase. Sus ojos eran tan negros como los de Hagrid, pero no tenían nada de su calidez. Eran fríos y vacíos y hacían pensar en túneles oscuros.
Hubo una época en la que no eran así, pensó el profesor de pociones recordando tiempos mejores.
Harry se dio cuenta de que, si Snape no hubiera sido tan desagradable, habría llegado a sentir lástima por él.
—Vosotros estáis aquí para aprender la sutil ciencia y el arte exacto de hacer pociones—comenzó.
Hablaba casi en un susurro, pero se le entendía todo. Como la profesora McGonagall, Snape tenía el don de mantener a la clase en silencio, sin ningún esfuerzo.
Snape casi sonrió; le gustaba tener la misma autoridad de alguien como McGonagall.
—Aquí habrá muy poco de estúpidos movimientos de varita y muchos de vosotros dudaréis que esto sea magia. No espero que lleguéis a entender la belleza de un caldero hirviendo suavemente, con sus vapores relucientes, el delicado poder de los líquidos que se deslizan a través de las venas humanas, hechizando la mente, engañando los sentidos... Puedo enseñaros cómo embotellar la fama, preparar la gloria, hasta detener la muerte...
El profesor repitió su discurso con la misma pasión con la que había hablado cinco años atrás. Su voz resonaba por la sala a pesar de hablar casi susurrando.
Hermione, Remus, Ginny e incluso Harry, se habían quedado absortos en sus palabras. Si alguien les hubiera preguntado en aquel momento que opinaban sobre pociones, hubieran respondido que era su asignatura favorita.
si sois algo más que los alcornoques a los que habitualmente tengo que enseñar.
La magia desapareció en el instante en el que Snape pronunció esas palabras, recordando a todo el mundo quien era la persona que estaba hablando.
-Ese había sido un gran discurso hasta la frase final.
Snape levantó una ceja.
-Cuando necesite consejos de ti sobre cómo dar una clase, Lupin…
Remus levantó una mano.
-Lo sé, me los pedirás.
-No-Snape sacudió la cabeza-, el día que necesite un consejo de ti será el día en el que me retire.
Sirius le miró con rabia, dispuesto a responderle, pero Remus se limitó a sonreír. Si el hombre lobo no conociera a Snape, casi diría que el profesor de pociones le estaba picando "amistosamente".
Más silencio siguió a aquel pequeño discurso. Harry y Ron intercambiaron miradas con las cejas levantadas. Hermione Granger estaba sentada en el borde de la silla, y parecía desesperada por empezar a demostrar que ella no era un alcornoque.
Snape bufó y Ron, al ver que Hermione se ruborizaba un poco, le lanzó una mirada de odio.
—¡Potter! —dijo de pronto Snape—. ¿Qué obtendré si añado polvo de raíces de asfódelo a una infusión de ajenjo?
Todos los adultos miraron mal al profesor, ¿a qué venía esa pregunta?
¿Raíz en polvo de qué a una infusión de qué? Harry miró de reojo a Ron, que parecía tan desconcertado como él. La mano de Hermione se agitaba en el aire.
—No lo sé, señor —contestó Harry.
-En realidad-dijo el Harry actual-, sí que lo sé. El Filtro de Muertos en Vida, señor- esbozó su mejor sonrisa y miró directamente a los ojos de Snape. Sabía que aquello le molestaría.
El profesor de Pociones no hizo ningún comentario; se limitó a observarle durante un par de segundos y después volvió a leer.
Los labios de Snape se curvaron en un gesto burlón.
—Bah, bah... es evidente que la fama no lo es todo.
Sirius gruñó y parecía dispuesto a discutir de nuevo con Snape pero Remus le lanzó una mirada de advertencia. No era que a él no le molestase, pero no quería interrumpir la lectura.
No hizo caso de la mano de Hermione.
-¡Cómo no!- dijo Ginny en voz baja y con cara de pocos amigos.
—Vamos a intentarlo de nuevo, Potter. ¿Dónde buscarías si te digo que me encuentres un bezoar?
-En el estómago de una cabra, señor- volvió a contestar Harry.
Snape le miró con indiferencia.
Ron sonrió al darse cuenta de lo que estaba haciendo su amigo. Rodeado de los adultos y, especialmente de Dumbledore, Harry podía permitirse el lujo de fastidiar a Snape sin sufrir las consecuencias.
Hermione agitaba la mano tan alta en el aire que no necesitaba levantarse del asiento para que la vieran, pero Harry no tenía la menor idea de lo que era un bezoar. Trató de no mirar a Malfoy y a sus amigos, que se desternillaban de risa.
-¿De qué se ríen? Si ellos tampoco tenían ni idea- dijo Ron con rabia.
—No lo sé, señor.
—Parece que no has abierto ni un libro antes de venir. ¿No es así, Potter?
Harry se obligó a seguir mirando directamente aquellos ojos fríos.
Snape leyó esa frase intentando que no se notara su incomodidad. Hubiera preferido que Potter no lo hiciera. Si no veía el verde en esos ojos, era más fácil odiarle en paz.
Sí había mirado sus libros en casa de los Dursley, pero ¿cómo esperaba Snape que se acordara de todo lo que había en Mil hierbas mágicas y hongos?
-Es que no deberías acordarte, Harry- dijo Sirius perdiendo la paciencia y olvidando que eso ya había pasado.- Lo único que quiere el muy asqueroso es estropear tu estancia en Hogwarts.
Snape alzó una ceja.
-Me recuerda a alguien.
Sirius tardó un poco en comprender a que se refería. Cuando lo hizo, entrecerró los ojos.
-¿Y qué hay de todos los nacidos de muggle a los que tú y tus amigos odiabais, eh? No te atrevas a decir que nosotros te fastidiamos la vida en Hogwarts. No cuando tú y el resto de serpientes os dedicabais a odiar a la gente por no ser "sangre limpia". Nosotros te maldecíamos de vez en cuando, pero tú y los tuyos acabasteis matando a muchas de esas personas-respiró hondo y le miró con rabia y rencor- Deberíamos haber hecho algo más que maldecirte…
-Sirius- dijo Dumbledore con calma pero firmemente-, basta. Continuemos leyendo, por favor.
El animago trató de calmarse pero sentía el odio hacia Snape latiendo en sus sienes.
-Lo siento, Albus-dijo.- Pero no puedo quedarme callado mientras él se va de rositas con todo lo que ha hecho.
Snape estaba a punto de decir algo pero Remus intervino rápidamente.
-Severus, espera, por favor-dijo levantando una mano.
El profesor se le quedó mirando, evaluando la situación y valorando si debía hacerle caso o no. Finalmente y sin saber porqué, se tragó sus palabras con esfuerzo y asintió, esperando a que Lupin hablase.
-Gracias- dijo Remus con una inclinación de cabeza.- Sé que tienes mucho que decir; que los dos tenéis mucho que decir-se corrigió-. Pero esto no puede seguir así. Estas discusiones solo generan interrupciones constantes y enfados y el motivo por el que estamos leyendo los libros es muy importante. Demasiado importante como para perder el tiempo con estas tonterías.
Snape y Sirius fruncieron el ceño ante la palabra.
-De acuerdo-reconoció-, quizás no son tonterías para vosotros. Pero sí que son menos importantes que derrotar a Voldemort, en eso estaréis de acuerdo.
Snape contuvo una mueca ante el nombre.
-¿A dónde quieres ir a parar, Lupin?-preguntó con irritación- ¿Pretendes que dejemos de discutir y nos llevemos bien? ¿Qué seamos amigos?-esbozó una mueca sarcástica.
Remus negó con la cabeza.
-No, sé que eso sería muy ingenuo por mi parte. Lo que quiero es llegar a una especie de tregua, una que dure. Pero creo que para poderlo conseguir es importante que hablemos sobre el tema. Así que había pensado en discutir sobre ello al acabar el capitulo. ¿Estáis de acuerdo?
Snape se le quedó mirando. Si bien era cierto que con el paso del tiempo había llegado a tolerar la presencia del hombre-lobo, no tenía ninguna intención de hacer lo mismo con Black. Llevaba demasiados años detestándole como para cambiar ahora. Compuso una mueca de desdén y estaba a punto de responder de manera cortante cuando el animago habló:
-Está bien, Lunático- suspiró Sirius con cansancio-, acabemos el capitulo para poder hablar de esa tregua tuya.
Snape se le quedó mirando con sorpresa; aquella actitud no era nada propia de Black. Aún así, decidió que él no iba a ser menos y asintió levemente, respondiendo a la pregunta de Lupin.
-Perfecto- Remus asintió satisfecho.-Gracias a los dos.
Sirius sonrió a su amigo. Snape, en cambio, sacudió la cabeza con irritación y continuó leyendo.
Snape seguía haciendo caso omiso de la mano temblorosa de Hermione.
—¿Cuál es la diferencia, Potter; entre acónito y luparia?
-No hay diferencia, señor. Es la misma planta.
-Vaya, Potter-dijo Snape perdiendo finalmente la paciencia.- Me complace ver que por fin has adquirido los conocimientos propios de un alumno de primer año. Ahora-dijo con voz gélida- , sé que para ti puede parecer un gran logro pero ¿podrías dejar de alardear sobre ello y no interrumpir la lectura?
Harry sonrió para sí mismo, no sabía que intentaba conseguir exactamente al enfadar a Snape de aquella manera, pero lo estaba logrando.
-Por supuesto, señor. Aunque no estaba alardeando. Solo intentaba dejarle claro que conozco la respuesta a esas preguntas. En realidad- dijo mirándole directamente-, sé esos conceptos desde primer año y hubiera podido responder correctamente si me lo hubiera preguntado en el examen como al resto de alumnos, y no el primer día de clase.
Snape frunció los labios.
-Potter… ¿Se puede saber que intentas?
-Sí, profesor-dijo Harry con calma.- No sé si recuerda que hace un par de capítulos estábamos discutiendo sobre quien había empezado todo esto- hizo un gesto señalándose primero a sí mismo y luego Snape.- Pues bien, creo que ha quedado bastante claro quien fue.
Snape apretó la mandíbula, mirando a Harry con furia.
-Si crees que por estar rodeado de tus amigos puedes hacer lo que te venga en gana y no sufrir las consecuencias…-su voz temblaba de rabia- Estás terriblemente equivocado, Potter. No tengo porque darte explicaciones de ningún tipo. Eras una celebridad cuando llegaste a mi clase y quería dejarte muy claro que no recibirías ningún tipo de tratamiento especial. Alguien tenía que enseñarte que no eras diferente. Alguien tenía que dejar de tratarte como un príncipe mimado. Y eso es lo que hice.
Harry soltó una carcajada de incredulidad, dejando a un lado su actitud calmada. La tensión se respiraba en el aire.
-Merlín…- dijo esbozando una sonrisa sarcástica.- ¿Se da cuenta de lo que está diciendo? ¿Es que no ha escuchado nada de lo que hemos leído? ¿Príncipe mimado? Creo que el libro ha dejado bastante claro que no era así como me trataban los Dursley.
Snape, quien hasta hacía unos momentos parecía dispuesto a maldecir a Harry, cerró los ojos con fuerza. Había intentado ignorar todo lo que se había leído sobre la infancia de Potter porque solo le ponía las cosas aún más complicadas. No poder fingir que era exactamente como su padre para así odiarle en paz estaba siendo muy duro para el profesor de Pociones.
Harry esperó a que Snape le respondiera, observando con atención el rostro del profesor. Si no fuera imposible, hubiera jurado ver culpabilidad y tristeza en sus facciones. Entonces, Snape abrió los ojos y Harry solo vio determinación y frialdad en ellos.
-No eres la única persona en el mundo que ha tenido una mala infancia, Potter, eso no te da una excusa para ser tratado de diferente manera. Algo que lleva pasando desde que llegaste a Hogwarts- el maestro de Pociones no iba a dejar que esos libros cambiasen su percepción del chico. Puede que su niñez no hubiera sido la ideal, pero seguía siendo el mismo crio arrogante, acapara-atenciones y rebelde de siempre.
Harry se le quedó mirando con incredulidad, había pensado que al leer los libros estaban llegando a una especie de tregua, Snape y él. Pero el profesor de Pociones acababa de dejar claro que no era así y Harry ya estaba harto de la actitud del hombre.
-Yo nunca he pedido que se me trate de manera especial, eso fue algo que salió de la gente. Además, no diga que usted me trataba como al resto de alumnos por que no es cierto. Desde el primer momento en el que me vio me odió, simplemente por parecerme a mi padre, y eso se ha reflejado en cada momento de los últimos cinco años.
Ante eso, Dumbledore intervino:
-Harry, Severus, ya es suficiente. Lo que ha dicho Remus antes es cierto; todas estas discusiones no nos ayudan en absoluto. Es más, benefician a nuestro enemigo. Cuanto más tiempo pasa más poder va ganando Voldemort. Así que, por favor, retomemos la lectura.
Snape, después de lanzar una última mirada de rabia contenida en dirección a Harry, consiguió calmarse con esfuerzo y volvió a leer.
Ante eso, Hermione se puso de pie, con el brazo extendido hacia el techo de la mazmorra.
—No lo sé —dijo Harry con calma—. Pero creo que Hermione lo sabe. ¿Por qué no se lo pregunta a ella?
La ira de Snape se notaba en su voz mientras leía ese fragmento.
Los gemelos y Ginny miraron a Harry sonriendo; esa había sido una buena contestación.
Unos pocos rieron. Harry captó la mirada de Seamus, que le guiñó un ojo. Snape, sin embargo, no estaba complacido.
-Evidentemente…- dijo Tonks.
—Siéntate —gritó a Hermione—. Para tu información, Potter; asfódelo y ajenjo producen una poción para dormir tan poderosa que es conocida como Filtro de Muertos en Vida. Un bezoar es una piedra sacada del estómago de una cabra y sirve para salvarte de la mayor parte de los venenos. En lo que se refiere a acónito y luparia, es la misma planta. Bueno, ¿por qué no lo estáis apuntando todo?
Sirius iba a comentar el hecho de que él no les había dicho que lo apuntasen pero, recordando su promesa a Remus, decidió morderse la lengua. Ya lo había tenido que hacer durante la discusión entre Harry y Snape pero, por suerte, su ahijado se las había arreglado sin su ayuda.
Se produjo un súbito movimiento de plumas y pergaminos. Por encima del ruido, Snape dijo:
—Y se le restará un punto a la casa Gryffindor por tu descaro, Potter.
Todos lo Gryffindors miraron mal a Snape; obviamente, el jefe de la casa Slytherin iba a utilizar cualquier oportunidad para restarle puntos a la casa rival.
-Teniendo en cuenta la respuesta de Harry- sonrió Remus- y conociéndote, Severus, un punto se queda corto.
Snape le miró con impasibilidad. Lo cierto era que el descaro de Potter le había recordado a Lily y aquello, inconscientemente, había repercutido en su decisión. Aunque no pensaba decirle nada de eso a Lupin.
Las cosas no mejoraron para los Gryffindors a medida que continuaba la clase de Pociones. Snape los puso en parejas, para que mezclaran una poción sencilla para curar forúnculos. Se paseó con su larga capa negra, observando cómo pesaban ortiga seca y aplastaban colmillos de serpiente, criticando a todo el mundo salvo a Malfoy, que parecía gustarle.
-¿Cómo no?- murmuró Sirius.
Snape le ignoró.
En el preciso momento en que les estaba diciendo a todos que miraran la perfección con que Malfoy había cocinado a fuego lento los pedazos de cuernos,
Todos los alumnos pusieron los ojos en blanco.
multitud de nubes de un ácido humo verde y un fuerte silbido llenaron la mazmorra. De alguna forma, Neville se las había ingeniado para convertir el caldero de Seamus en un engrudo hirviente que se derramaba sobre el suelo, quemando y haciendo agujeros en los zapatos de los alumnos. En segundos, toda la clase estaba subida a sus taburetes, mientras que Neville, que se había empapado en la poción al volcarse sobre él el caldero, gemía de dolor; por sus brazos y piernas aparecían pústulas rojas.
-Pobre Neville…- dijo Ginny con pesar.
—¡Chico idiota! —dijo Snape con enfado, haciendo desaparecer la poción con un movimiento de su varita—.
Molly miró enfadada a Snape. Estaba claro que el profesor no tenía ni idea de tratar con niños.
Dumbledore sacudió la cabeza; ya sabía que Snape carecía de las cualidades necesarias para ser un buen profesor pero le necesitaba en Hogwarts.
Supongo que añadiste las púas de erizo antes de sacar el caldero del fuego, ¿no?
Neville lloriqueaba, mientras las pústulas comenzaban a aparecer en su nariz.
—Llévelo a la enfermería —ordenó Snape a Seamus. Luego se acercó a Harry y Ron, que habían estado trabajando cerca de Neville.
—Tú, Harry Potter. ¿Por qué no le dijiste que no pusiera las púas? Pensaste que si se equivocaba quedarías bien, ¿no es cierto? Éste es otro punto que pierdes para Gryffindor.
-¿Me estás tomando el pelo?- preguntó Sirius con un bufido y sin poderse contener.- ¡Pero si no ha hecho nada!
Snape continuó leyendo, silenciando con su voz los comentarios del animago.
Aquello era tan injusto que Harry abrió la boca para discutir, pero Ron le dio una patada por debajo del caldero.
—No lo provoques —murmuró—. He oído decir que Snape puede ser muy desagradable.
-Eso es un eufemismo-dijo George en voz baja.
Fred asintió.
Una hora más tarde, cuando subían por la escalera para salir de las mazmorras, la mente de Harry era un torbellino y su ánimo estaba por los suelos. Había perdido dos puntos para Gryffindor en su primera semana... ¿Por qué Snape lo odiaba tanto?
Harry casi sintió lastima por su yo pasado. No tenía ni idea de todo lo que tendría que aguantar por parte del profesor en los próximos cinco años.
—Anímate —dijo Ron—. Snape siempre le quitaba puntos a Fred y a George.
La señora Weasley centró su atención en los gemelos.
-Chicos…
Los gemelos sonrieron inocentemente.
¿Puedo ir a ver a Hagrid contigo?
Salieron del castillo cinco minutos antes de las tres y cruzaron los terrenos que lo rodeaban. Hagrid vivía en una pequeña casa de madera, en el borde del bosque prohibido. Una ballesta y un par de botas de goma estaban al lado de la puerta delantera.
Snape se alegró de no tener que leer más sobre sí mismo.
Cuando Harry llamó a la puerta, oyeron unos frenéticos rasguños y varios ladridos.
Luego se oyó la voz de Hagrid, diciendo:
—Atrás, Fang, atrás.
La gran cara peluda de Hagrid apareció al abrirse la puerta.
—Entrad —dijo— Atrás, Fang.
Los dejó entrar, tirando del collar de un imponente perro negro.
Todos los que conocían Fang sonrieron.
Había una sola estancia. Del techo colgaban jamones y faisanes, una cazuela de cobre hervía en el fuego y en un rincón había una cama enorme con una manta hecha de remiendos.
—Estáis en vuestra casa —dijo Hagrid, soltando a Fang, que se lanzó contra Ron y comenzó a lamerle las orejas. Como Hagrid, Fang era evidentemente mucho menos feroz de lo que parecía.
—Éste es Ron —dijo Harry a Hagrid, que estaba volcando el agua hirviendo en una gran tetera y sirviendo pedazos de pastel.
—Otro Weasley, ¿verdad? —dijo Hagrid, mirando de reojo las pecas de Ron—. Me he pasado la mitad de mi vida ahuyentando a tus hermanos gemelos del bosque.
Esta vez fue el turno del señor Weasley de lanzarles una mirada de advertencia.
El pastel casi les rompió los dientes, pero Harry y Ron fingieron que les gustaba, mientras le contaban a Hagrid todo lo referente a sus primeras clases.
Molly sonrió ante la buena educación de sus chicos.
Fang tenía la cabeza apoyada sobre la rodilla de Harry y babeaba sobre su túnica.
Hermione arrugó la nariz con disgusto. Aquel era uno de los motivos por el que prefería a los gatos.
Harry y Ron se quedaron fascinados al oír que Hagrid llamaba a Filch «ese viejo bobo».
-Oh, Hagrid…- sonrió Dumbledore con afecto.
—Y en lo que se refiere a esa gata, la Señora Norris, me gustaría presentársela un día a Fang. ¿Sabéis que cada vez que voy al colegio me sigue todo el tiempo? No me puedo librar de ella. Filch la envía a hacerlo.
Harry le contó a Hagrid lo de la clase de Snape. Hagrid, como Ron, le dijo a Harry que no se preocupara, que a Snape no le gustaba ninguno de sus alumnos.
En realidad no me gusta la gente, pensó Snape, pero los niños son aún peor.
—Pero realmente parece que me odie.
—¡Tonterías! —dijo Hagrid—. ¿Por qué iba a hacerlo?
Sin embargo, Harry no podía dejar de pensar en que Hagrid había mirado hacia otro lado cuando dijo aquello.
El maestro de Pociones estuvo a punto de soltar un suspiro de fastidio ante eso. Por mucho que respetase a Hagrid era evidente que el semi-gigante no sabía mentir ni ser sutil.
—¿Y cómo está tu hermano Charlie? —preguntó Hagrid a Ron—. Me gustaba mucho, era muy bueno con los animales.
Los señores Weasley sonrieron con orgullo ante la mención de su hijo mayor.
Harry se preguntó si Hagrid no estaba cambiando de tema a propósito.
-¡Caramba, Harry! ¡Qué observador!
-Cállate, Fred-dijo el chico sonriendo.
Mientras Ron le hablaba a Hagrid del trabajo de Charles con los dragones, Harry miró el recorte del periódico que estaba sobre la mesa. Era de El Profeta.
RECIENTE ASALTO EN GRINGOTTS
Continúan las investigaciones del asalto que tuvo lugar en Gringotts el 31 de julio. Se cree que se debe al trabajo de oscuros magos y brujas desconocidos.
Los gnomos de Gringotts insisten en que no se han llevado nada. La cámara que se registró había sido vaciada aquel mismo día.
«Pero no vamos a decirles qué había allí, así que mantengan las narices fuera de esto, si saben lo que les conviene», declaró esta tarde un gnomo portavoz de Gringotts.
Harry recordó que Ron le había contado en el tren que alguien había tratado de robar en Gringotts, pero su amigo no había mencionado la fecha.
—¡Hagrid! —dijo Harry—. ¡Ese robo en Gringotts sucedió el día de mi cumpleaños! ¡Pudo haber sucedido mientras estábamos allí!
Aquella vez no tuvo dudas: Hagrid decididamente evitó su mirada.
La mayoría sonrió al escuchar eso.
Sirius, Tonks y Remus pusieron rápidamente sus mentes a trabajar. Por supuesto, Lupin y la auror habían oído lo ocurrido pero nunca habían pensado que el robo que tenía algo que ver con Hogwarts.
Gruñó y le ofreció más pastel. Harry volvió a leer la nota. «La cámara que se registró había sido vaciada aquel mismo día.» Hagrid había vaciado la cámara setecientos trece, si puede llamarse vaciarla a sacar un paquetito arrugado. ¿Sería eso lo que estaban buscando los ladrones?
Snape intentó que no se notase en su voz la sorpresa ante la deducción del chico. Era evidente que Potter tenía que haber sido un poco inteligente para sobrevivir a todas sus aventuras pero el maestro de pociones nunca había pensado que el chico fuera astuto.
-Vaya, Harry-dijo Tonks con una sonrisa- piensas como un verdadero auror.
El chico se sonrojó un tanto.
Mientras Harry y Ron regresaban al castillo para cenar, con los bolsillos llenos del pétreo pastel que fueron demasiado amables para rechazar;
La señora Weasley volvió a sonreír.
Harry pensaba que ninguna de las clases le había hecho reflexionar tanto como aquella merienda con Hagrid.
-Es bueno saberlo…- dijo Dumbledore con una sonrisa.
¿Hagrid habría sacado el paquete justo a tiempo?
Ajá, se dijo Harry a sí mismo.
¿Dónde podía estar?
Debajo de la trampilla de Fluffy.
¿Sabría algo sobre Snape que no quería decirle?
Sí.
-Ese es el final del capítulo- Snape miró a su alrededor, buscando que hacer a continuación con el libro.
-Er… ¿Profesor?- la voz provenía de uno de los gemelos, el maestro de pociones no sabía cual.- A mí me gustaría leer.
Snape le entregó el libro. El otro gemelo alzó una ceja.
-¿En serio, Freddie?
Fred hizo un gesto como de disculpa y a continuación asintió.
-Me apetece-dijo encogiéndose de hombros.
-Entonces creo que yo leeré el siguiente capítulo a este- dijo George.
Fred esbozó una sonrisa y abrió el libro para comenzar a leer pero Remus le interrumpió.
-Esperad un momento- dijo alzando una mano y poniéndose en pie- Sirius, Severus y yo tenemos asuntos que tratar.
El animago suspiró, asintió y se levantó para acompañar a su amigo. Snape también se puso en pie aunque después de esbozar una mueca de fastidio.
Los tres se dirigieron a la habitación que la Sala había formado para dar a los Weasley privacidad. Entraron en ella, cerraron la puerta y se sentaron alrededor de la mesa.
Sirius se situó a la derecha de Remus y Snape lo hizo a su izquierda. De ese modo, Lupin estaba en la punta de la mesa mientas que Snape y Sirius se encontraban sentados cara a cara.
Pasaron un par de segundos en silencio hasta que Remus, aclarándose la garganta, comenzó a hablar.
A/N: El siguiente capítulo será solamente la conversación entre estos tres... Lo tengo casi acabado y luego solo me falta pasarlo a ordenador así que espero tenerlo como máximo en un par de días. Gracias por vuestra paciencia y ¡hasta pronto!
Como siempre gracias por leer y dejad review si quereis :D
