Capítulo #7: Lo siento
Fecha de publicacion: 9 de noviembre del 2017
Los días pasaban uno tras otro, el tiempo, acostumbrado a su trabajo milenario, jamás detenía su fluir por avasallante que a veces resultase. Así como las horas se sentían siglos, y los años parpadeos.
Aun con la experiencia previa que los andares del tiempo y los viajes interdimensionales le había ofrecido, sumado a sus prodigiosos dotes mentales, él más que nadie, sabía cuan ambigua y engañosa era la percepción de lo que parecía ser la ley más poderosa que regía el universo.
Es por eso que ahora, más que nunca, no entendía como el tiempo se sentía tan pesado en su transcurrir, algo que no sentía desde los primeros días acabada la Guerra Santa.
¿Por qué?
Al parecer la pequeña Oráculo hablaba muy enserio la última vez que se dignó a soltarle una palabra, prometiéndole no volverse a dirigirse a él, hasta que su muy alargada melena regresase.
Pero eso no iba a pasar… no en las inmediaciones, habían transcurrido más de 60 años desde la última vez que se cortó el cabello, eso fue incluso antes de obtener su armadura.
¿Es que acaso ELLA pretendía no hablarle hasta dentro de ese tiempo? Hasta ahora, todo parecía apuntar a que sí.
Desde el día que se marchase furibunda de su cámara, después de armar aquella rabiata y acusarlo de traición, y sin contar todas las filosas navajas en forma de palabras con las que ataco a Gredel, no le había vuelto a dirigir la palabra.
Al comienzo todo lo que podía sentir había sido una profunda impresión, y es que lo había agarrado completamente desprevenido. La última vez que la había visto fue en la Cámara de Meditación, hacia una hora o quizá menos, y de la nada, se apareció en su cámara privada azotando la puerta y mirándolo con unos ojos que lo no reconocían.
Creyó que dándole su espacio se calmaría, aunque muy en el fondo temía que sus palabras, como todas hasta ahora, fueran cierta.
Y se sentía terriblemente mal por ello.
No quería sentirse miserable al respecto, realmente tampoco es como si se sintiese culpable de nada que ocasionara aquella absurda discusión. Aunque la entendía perfectamente –como como cada vez hasta ahora– seguía sin poder darle crédito al hecho de que se atreviera a arrebatarle la palabra por una niñería de esa naturaleza.
Su adorada pitonisa era un ánfora de conocimiento, nada de lo que sus sentidos llegaran a captar la confundía, era capaz detectar las malas vibras y acertar de lleno ¿Entonces por qué actuaba tan furiosamente contra Gredel si sabía que era tan buena? La pobre solo se había esforzado más que cualquier otra en servirle personalmente y ayudarlo, ayudarles a ambos, pero ELLA, no se debajo.
"Vigílala desde lejos, será suficiente"
Con eso creía y habría calmado su conciencia y la de la muchacha, pero su equivocación lo llevo a darse de lleno contra su rotunda negativa estallada en aquel arranque de ira.
"Solo esta celosa"
Le había dicho Gredel, la muchacha se había tomado ya con él la confianza suficiente para expresar sus opiniones como ninguna otra doncella se atrevería, y eso realmente le brindaba algo de paz, pues eran esas las palabras que su inconsciente decía a gritos y él nunca quería escuchar.
¿Podía ser solo eso? ¿Qué la Emisaria de Athena se dejara llevar por una emoción tan mundana como los celos? Sabía que su naturaleza radicaba en una vorágine de emociones a las que no le ponía nombre, de allí tanto ímpetu.
Podía llegar a ser tan fría como cálida, era de naturaleza apasionada, toda ELLA era una constante maraña de energía cambiante, como el propio universo ¿Pero esta vez algo en ELLA cambiaría para mejor?
Hasta ahora él había estado triunfado maravillosamente en sus intentos por disimular su pesadez, no había sido la mayor cosa, después de todo, había lidiado con situaciones peores y mucho más oscuras, pero está en especial no dejaba de pesarle en el alma.
En otras ocasiones en las que terminaban discutiendo, ELLA se sumergía en una profunda y silenciosa rabia de horas e incluso días, en los que cada instante era mejor que el anterior para hacerle a él la vida de cuadritos, donde los consecuencias las pagaban las pobres flores que siempre se colocaban en toda la estancia, intoxicándose envenenadas por la furia de su cosmos tempestuoso.
Pero esta vez era diferente, la pitonisa no había ido a refigurase en la Cámara de Meditación y zambullirse en un viaje astral de sabrá Athena cuanto tiempo, tampoco se había encerrado en uno de esos aterradores silencios perpetuos donde deambulaba como alma errante a toda hora, sin fijarse de nadie que la rodease, con la vista perdida y las manos temblorosas.
Aquellas veces el estómago se le arrugaba nada mas de verla, pálida y huesuda en su diminuta estatura. La tomaba por los hombros y la sacudía para que volviera en sí, pero ELLA seguía con la vista perdida y al soltarla, seguía su camino sin rumbo y sin mirar a atrás, sin mirar absolutamente nada.
La gracia de la divina Athena le había ayudado a que aquellos aterradores episodios se redujeran en tiempo y frecuencia. Al parecer la razón se debía a que había estado aprendiendo a manejar su cosmos, y eso verdaderamente le otorgaba alivio a su alma.
Pero le dejaba más en claro la evidencia de que sus deseos de ignorarlo eran cruelmente premeditados y ni siquiera se molestaba en disimularlo.
ELLA se lo estaba pasando en grande.
Al inicio –he incluso aun– no le parecía más que una actitud infantil, pero ELLA de infante solo pose el tamaño. Interpretando a la perfección el rol femenino que a su cuerpo se le había concedido, actuaba tal y como su género dictaba ¡COMPLICADA!
Era más que una niñería, pisoteaba su autoridad como Patriarca, como cabeza del Santuario, como hombre, como mayor a ELLA y como… como…
Él la quería. Ya sabía que no era su hija, ni que debía tratarla como tal, desde que empezó a hablar se había dado a la tarea de entender eso, y creía que ya lo tenía en claro. Ni siquiera podía considerarla como a un aprendiz.
¿Entonces por qué era tan difícil entenderlo? Cierto… es porque para él, ELLA lo era todo.
Y aunque entendiera sus ideales de venganza, he incluso su acusación de "traición", no podía entender como no se daba cuenta que tratarlo le aquella manera le hería profundamente.
Aquellos lamentos eran verdaderamente patéticos, por ello jamás saldrían de su garganta, estaban atorados junto al nudo que tenía allí, conteniendo su impotencia.
Si tomaba su palabra tan en serio como lo había venido haciendo hasta ahora, ¿Podría esperar 60 años a que se dignase a hablarle nuevamente? ¿Era así como funcionaba una mente que no era humana?
No lo sabía, y no sabía si lo quería saber.
…
Los días habían pasado con calma, le daba gracias a Athena por ello, si algo deseaba era que la paz y la tranquilidad que su Diosa le había encomendado permaneciera en el Santuario, oraba todos los días para que así fuese. Su intensión jamás sería la de armas discordia ni sentimientos negativos. Aunque temía que estos afloraren desde aquel incidente.
El día que salió de aquella cámara con la amenaza brotando de sus labios, no recordaba haber saboreado nada mejor antes en lo que llevaba materializada su vida en el mundo humano.
El sabor de la venganza…
Vaya que sabía bien, se la había pasado en grande y sin temor a ninguno a refuta, su intensión siempre fue hacerle entender a Su Santidad quien era la que tenía voz allí.
No existen ni las buenas ni las malas acciones, solo las justas, y ELLA lo había sido. Que disfrutara aquello en su momento fue mera añadidura.
¿Y cómo no? No recordaba haber visto aquellas hermosas esferas rosáceas mas desorbitadas que en aquel momento, si no se fue sujetándose la barriga partida en carcajadas, fue porque nada mas de agacharse, se hubiera desplomada, se encontraba débil al acabar de despertar del trance. Sin embargo se vio imposibilitada a retener aquella sonrisa que broto de lo más profundo de su ser.
Si, había sido divertido.
Apropiado.
Necesario.
Era el momento de hacerle entender a aquella mujer que no tenía más voz que ELLA allí, y tenía que hacer de manera que a Shion también le quedara completamente claro.
"¿Ahora quien alcanzara a quién?" Fue lo que con ironía pensó en su momento.
Pero con el transcurrir del tiempo, en un calmo Santuario, aquella paz tan profunda que se percibía le hacía retumbar más y más en sus propios pensamientos.
A diferencia de otras discusiones que habían terminado en tremendas riñas y disputas de poder donde se atacaban con orgullo, esta vez no se había visto en la necesidad de refugiarse en el trance, que siempre la cobijaba. Desconectándose de todo plano terrenal y alcanzando las estrellas en el silencio vacío e infinito del universo.
Una de las ventajas que ofrecía el plano terrenal, era que el tiempo obraba maravilloso, brindándole en el trascurrir de su desarrollo humano la capacidad suficiente de evolucionar su ser, o simplemente como decía Shion; "estaba creciendo"
Entre meditación y meditación, su capacidad en el manejo del cosmos había incrementado, aunque aún era un largo camino el que debía recorrer, aprendía poco a poco y de manera exitosa a sobrellevarlo.
Podía manejar ya, aunque solo un poco, sus tiempos sumergida en trance, eso era un logro para ELLA, y si lo había conseguido, en parte fue gracias a la ayuda que Shion le había brindado en el tema. Como lemuriano, nativo conocedor de los dones telequineticos que los dioses le concedieron a su pueblo, era de esperarse que resultase ser de gran ayuda como su guía en ciertos manejos del cosmos y la mente.
No podía negar que Shion y ELLA eran un gran equipo, él lo sabía, por eso y más lo adoraba.
Esa mañana se sentía especialmente animada, con ganas de contarle como podía manejar a conciencia el fluir del agua de las ánforas del templo de acuario, aguas sagradas que hasta ahora, prepotentes y egocéntricas, se tornaban rebeldes ante su dominio, alegando que esperaban a su protector. ELLA les dijo que ya estaba en camino y fue así que colaboraron.
Pero entonces, como la mañana pasada, había ocurrido lo mismo. El Patriarca no se encontraba en la mesa, ya no se presentaba a desayunar a su lado.
Él se lo había prometido, hacía tiempo habían llegado a un acuerdo; ELLA tomaría sus comidas, sin carnes ni grasas, siempre y cuando él la acompañara en la mesa. En su última riña solo lo había amenazado de no dirigirle la palabra, en ningún momento eso incluía negarle su presencia.
Después de todo, no es como si pretendiese hablarle a él. Su intención era la de dirigirse a las doncellas que le servían, siempre revoloteando a su alrededor como moscas, y contarles sus hazañas como cosa rutinaria, con la única intensión de que el Patriarca lo oyese, eso era todo.
Pero sus intenciones habían quedado en eso, proyecciones en su cabeza en forma de idea fácilmente ejecutable requirente de unos cuantos factores para que se efectuara a su gusto, el principal factor no había hecho acto de presencia… otra vez.
Shion no se le había acercado en lo absoluto, en aquel momento no la persiguió, no fue hasta su recámara más tarde, no desayunó con ELLA a la mañana siguiente.
Le pareció adecuado, debía encontrarse muy molesto aun, y como solía hacer, en lugar de confrontarla para demostrar que una vez más, era ELLA quien poseía la razón, no le había dado la cara.
Ajustándose a su pensamiento humano, supuso que lo que el pretendía era darle tiempo para que amainase su "rabieta", como él solía llamar a sus alebrestadas luchas en busca de la victoria de su razón. Equivocado se hallaba si creía que esa estrategia funcionaria.
Pero la verdad era, que descubrir las verdaderas intenciones de su Gran Patriarca esta vez, le estaba resultando más difícil que antes.
ELLA se sentía tranquila de que él se mantuviste altivo, con un aspecto mejorado y digno de su puesto, lo sentía en su aura, había logrado hacer a un lado esas inquietudes que martillaban su alma con respecto a la búsqueda de los representantes de las armaduras doradas.
Esa había sido su principal preocupación en mucho tiempo, imaginaba que más que su ayuda, sus visitas astrales con el Caballero de Libra le ayudaron enormemente.
Le tranquilizaba que su Shion se encontrase bien, ¿pero acaso no se estaba tomando las cosas con demasiada calma?
Esperaba más insistencia de su parte, y ello no por ánimos de verle sufrir o humillarse, de ninguna manera, su orgullo como hombre y como caballero le alejada infinitamente de aquellas penosas actitudes. Pero debido a su naturaleza persistente y enormemente obstinada, no se imaginaba que al topárselo en un pasillo, pasaría por su lado sin dirigirle siquiera una mirada desde lo alto de su estatura, allá, donde la sombra del casco dorado eclipsaba el brillo de su preciosa mirada.
Esos ojos que calladamente apreciaba tanto, eran lo más cercano en este mundo humano, en asemejarse al brillo infinito y nebular de la inmensa galaxia de la que provenía.
¿Entonces por qué no se molestaba en dirigirle la mirada como siempre hacia?
Mientras ese pensamiento atravesaba su cabeza, el aura de paz que reinaba el ambiente se fracturó ¿o fue el sonido de esa copa que sostenía en su mano al romperse? Lo que fuera, ya no se sentía tan a gusto en esa mesa vacía.
Decidió ignorar los alimentos que las doncellas dispusieron frente de sí. Si el Patriarca incumpliría sus normas del acuerdo, no veía porque ELLA debería hacerlo.
Se colocó de pie, bajando cuidadosamente de esa molesta silla en la que sus pies no le permitían tocar el piso –por mucho– y se propuso como meta un paseo por la estancia.
Era muy temprano, el sol brillaba amablemente, era un buen momento para pasear bajo su luz. Últimamente se veía en la ¿necesidad? de ocupar su mente en pensamientos más terrenales, mas conscientes a lo que transcurría a su alrededor.
Así como mejoraba su manejo en el control de su cosmos, reducían sus viajes astrales y sus pérdidas de conciencia. Ahora los silencios en los que se sumían eran un medio de meditación voluntaria, totalmente dentro de su control.
Eso ahora, si bien le resulta positivo en un aspecto, era algo solitario en otro, ya que no tenía nadie con quien hablar, las doncellas aun no eran dignas de trascribir sus predicciones. Ni siquiera las quería muy cerca de sí.
Solo quería a Shion…
¿Por qué aún era hora de que no se apareciera frente a ELLA presentando sus disculpas?
Decidió trazarse un objetivo en su deambulante caminar, y con paso firme, se dirigió directo a la estatua de Athenas. En medio de tanto silencio, la presencia en piedra de su Diosa bañada en su divina sabiduría, le brindaba consuelo. O así solía serlo, pero incluso ahora frente a ella no obtenía respuesta, solo una mirada compasiva.
¿Le quería decir algo con eso?
Creo que ya estaba comenzando a entender a Shion en su negativa por aceptar la "paciencia" como una opción.
Prefirió colocarse de pie y caminar a través de los altos jardines del palacio. Le gustaba admirar la abundancia de la naturaleza, a sus alrededores florecían las más exquisitas flores, todas con nombres extraños provenientes de la antigua lengua de los dioses, y que hoy los hombres consideraban como muerta.
Pero que no se explicaba en el empeño de los hombres por clasificarlo todo con nombres ridículamente largos, las flores preferían ser elogiadas, coquetas siempre, florecían para ser admiradas, no para ser cortadas y luego llamadas por feos nombres.
Las flores del palacio eran antiguas y pequeñas pretenciosas, se jactaban se haber sido plantadas por la misma Athena desde la era del mito, y aseguraban que su caballero favorito siempre era el portador de la armadura de piscis, pero que le mantuvieran el secreto al Patriarca, para que no se ofendiera.
ELLA solo reía ante tanto descaro, las bellas flores les comentaban que a veces se sentían algo solitarias pues nadie hablaba con ellas, aunque todo lo supiesen, y que tenían tantas cosas para contar, que era un desperdicio.
Entonces la Oráculo, muy intrigada y animada por ellas, decidió pasear más seguido entre los jardines y saludarlas todos los días.
No tomo mucho tiempo que se volvieran sus cómplices, le resultaba mucho más fácil hacerse entender por ella, que todo lo sabían, como buenas hijas de la madre tierra, que por las tontas sirvientas de Shion.
"Pero es tu trabajo educarlas" le decían. Ya lo sabía ¿pero cómo explicarle a un ciego el color? Prefería ignorarla, antes que nada, necesitaba educarse primero a sí misma, y su instrucción no estaría lista hasta que su cosmos estuviera completamente bajo su control.
"El Patriarca no se ha dejado ver por acá en mucho tiempo" cotilleras como siempre.
–Él prefiere la tranquilidad de sus aposentos.
"¿Y es que no se sentirá solo? Pobre, lucía un semblante tan triste…"
"y esos ojos ¿habéis visto esos ojos tan preciosos?"
"Es un pecado que tenga que lucir semejante tristeza un semblante tan bello."
–Él ya está habituado a sus responsabilidades, debe estarlo.
"¿Segura? Si fuera así, ¿entonces por qué se refugia en los consejos de otra mujer?"
"Tú ya estás aquí para esto."
"Eres la enviada de la Diosa."
–Ya se lo he advertido, solo me encargue de darme mi lugar.
"Y si fue así ¿entonces por qué no estas a su lado?"
"Le impusiste la lejanía como castigo."
"Pero solo te castigas a ti."
–Se equivocan, deben mirar más a fondo, deben analizar las reacciones en función a su conducta.
"Lo que vemos es que lo alejas de tu lado."
"Una verdadera pena."
"Solo lo empujas a los brazos de esa niña."
"¿Sabes lo que hacen los hombres solitarios en los brazos de las mujeres bonitas y obedientes como ella?"
No, estaban equivocadas, ELLA jamás lo empujaría a otros brazos ¿verdad?
"Lo hiciste."
"Lo haces."
Esto debía ser una pesadilla.
"Al menos en una buena chica, pero ¿estas seguras de que debería ser su mano derecha?"
"En lo absoluto, es la responsabilidad de la Oráculo serlo."
"Pero quien sabe, las cosas cambian cada doscientos cincuenta años."
Cuchicheaban entre ellas mientras reían, risueñas risas, dulces y burbujeantes ¿Era eso lo que creían? ¿Qué sus acciones estaba erradas? ¿Qué lo había empujado más aun a los brazos de esa mujer? No podas ser, esa no había sido en ningún momento su intensión.
"No siempre los resultados de las decisiones que se toman, se reflejan con la misma intensión que fueron efectuados."
"Imagínate tú, tus intensiones no fueron malas, pero ¿Qué es el mal? A los humanos les cuenta diferenciar las cosas, por más obvias que resulten. Incluso más claras que la luz del sol."
"Eso es lo que los lleva a cometer errores."
"¿Pero estas segura de que tu también estas libre de no cometerlos?"
"Luces exactamente como una humana, caminas como una, hablas como una."
"¿Actuarás como una también?"
¡Jamás!
Su deber era seguir tu propia convicción basándose en sus dones, en su misma esencia, pero las flores eran sabias… y sabían de lo que hablaban.
Tampoco podía dar marcha atrás, no tenía la más mínima intensión de disculpase.
¿Así de confuso se sentía tomar una decisión para los humanos?
Hubiera preferido sumergirse en un silencio de mil días, hubiera sido más tranquilo, ahora debía afrontarse a lo que esperaban de ELLA.
Tendría que darle la cara a esa mujer para empezar.
No tenía que arreglar nada, pues nada estaba roto, no debía disculparse pues no había obrado mal, solo debía ejercer una nueva acción que le permitiera retomar el control de todo nuevamente.
Decidió ponerse de pie y dirigir el curso a su primer objetivo, no sería difícil de localizar, solo debía encender su cosmos.
…
Era un hermoso día, tan bello como lo había sido la última semana, el clima era idóneo; ni demasiado caluroso en el día, ni muy frio en la noche.
Le proporcionaba al ambiente una sensación de equilibrio, muy necesaria para los tiempos que corrían, si bien entre los pasillos del templo todo era muy calmado, ella sabía que nada estaba bien, no con su santidad.
Desde aquel infortunado percance, cumpliendo su amenaza, la Oráculo no le había vuelta a dirigir la palabra al Patriarca, y eso lo tenía sumido en un estado bastante lamentable.
El problema, a diferencia de a vez pasada, no radicaba esta vez en su apariencia, se había mantenido erguido y cumpliendo con todas y cada una de sus tareas. Pero ella sabía que las cosas eran mucho más complicadas que eso.
La pequeña niña era una vorágine de energía, podía ser tan peligrosa como el mismísimo océano, y eso siento tan pequeña… al inicio no comprendía del todo como es que aquello era posible. Pero de la mano de Athena, todo es justo como debe de ser. Desde su llegada al Santuario, su Patriarca le había abierto las puertas y enseñado a comprender el maravilloso mundo que se aferraba a proteger su magnánima Diosa.
Y todos los días daba gracias por ello, se sentía bendecida por haber nacido bajo su protección. Por ahora tener la oportunidad de servirle y por ello quería retribuirle todo de la mejor manera posible a su Santidad el Patriarca.
Era el hombre más maravilloso que había conocido, después de su padre, por eso estaba dispuesta a servirle con su vida.
Si bien en cierto que la niña resultaba repelente con todo ser viviente a su alrededor, invertía su mayor esfuerzo en comprenderla y darle su espacio, pero no podía entender por qué se ensañaba aún más con ella, si todo lo que quería era dedicar su vida a su Diosa y sus representantes.
¿No era eso lo que más deseaban ambas? ¿Ayudar al Patriarca?
Lo había intentado explicar con los celos, los niños pequeños suelen celar a sus padres con sus hermanos e incluso con sus mismas esposas, le había atribuido esas mismas actitudes a la niña y se lo había hecho saber su señor, en un intento por calmar su pesar.
Pero le resultaba casi imposible atribuirle esas u otras actitudes propias de los infantes a un pequeño ser tan… corrosivo.
Le ocasionaba grandes dolores de cabeza a su Patriarca con esas descabelladas rabietas por las que solían reñir, y sin dudas sus últimas actitudes con ella habían dejado en evidencia lo desagradable que le resultaba, sin razón aparente cabe destacar.
Pero esta última disputa le había ocasionado un gran daño a su señor, y aunque intentase disimularlo lo mejor posible, para ella no era un secreto. Guardaba calladamente su dolor tras su inexpresivo semblante mientras se sentaba en el trono.
Pero al quitarse el casco, solo frente a ella, era visible su pesar, y desesperadamente buscaba sosegarlo ¿su regazo sería suficiente para ello?
Sabía que no, pero lo intentaría hasta enjuagar esa tristeza y hacerla desaparecer.
Pensó en varias ocasiones intentar hablar con la Oráculo, llegar a un conceso, ¿pero sería eso verdaderamente posible? Tocar no era entrar, pero ¿qué puerta se le abriría frente a un muro de concreto puro?
Le encargaría al tiempo la función conciliadora de mermar el ambiente y permitirle la evaluación de las cosas, si seguían en clara desventaja para ella y el Patriarca, entonces intentaría saltar aquella trinchera de rechazo de alguna manera.
¿Qué tan malo podría ser?
–Buenos días.
No tanto al parecer, la protagonista de sus pensamientos hacia aparición justo frente a ella.
–Muy buenos días señorita.
–¿Sabes a lo que he venido mujer?
Sí, eso sería difícil.
–Yo pues… eh… estoy dispuesta a escuchar lo que tenga que decirme.
–Escuchar es algo que cualquiera puede hacer –mascullo mientras caminaba suavemente hacia el interior de aquel cuarto, analizando el ambiente– un animal, una planta… Lo que necesito es que entiendas y acates mis palabras.
–Jamás he desobedecido una orden suya.
–Por qué no te he dado ninguna, el Patriarca se he encargado de mantenerte solo para él, y es allí a donde voy.
Esto era peor de lo podía imagina ¿le pediría acaso que se marchara? ¿La echaría ELLA misma del Santuario? ¿Sería eso lo que le depararía la furia de la emisaria de la Diosa?
–Tranquilízate mujer… no me mires con esos ojos –el semblante de la niña era imperturbable, pero quizá un poco menos duro cuando cruzo el umbral de la puerta– no estoy aquí para ejecutarte.
Aunque la idea le resulto tentador al inicio.
–Yo, y-o… yo no estoy pensando eso.
–Tampoco me importa, ahora ven aquí, –la llamó con la palma de su mano– de rodillas –a la pobre Gredel, en medio de su asombro, no le quedó otra opción más que obedecer. Pero lo que pareció ser una demandante orden para hacerle ser consciente de su rango, inferior al suyo, no era más que una manera de que ambas de encontraran a la misma estatura.
–Así está mejor, detesto tener que mirar hacia arriba. –en cuento la pequeña tuvo a la otra sentada sobre sus piernas frente a si, se acercó a su rostro lo suficiente para inspeccionarla más de cerca. –Ni siquiera eres tan bonita– susurró ensimismada en sus pensamientos, las flores del jardín la describían como una humana demasiado bonita, pero estaban exagerando.
Gredel abrió los ojos como platos ante el comentario, y se abría sentido ofendida de no estar temblando de pies a cabeza cuando la Oráculo tomo sus cabellos y los aparto de su rostro, acomodando tras sus orejas y, aparentemente, peinándola un poco.
–Pero tu cabello no esta tan mal, solo debes peinarlo mejor que esto. –mascullo mientras desenredaba algunas de hebras color café. –Ahora, mírame a los ojos y déjame ver tu sinceridad.
Con algo de miedo, la muchacha obedeció y levanto lentamente su mirada caoba para toparse con aquellas maravillosas ventanas al universo.
Un profundo sentimiento desconocido la hizo paralizarse, pero no era miedo, no tenía que ver con la opresión, era una parálisis que la desconecto de su cuerpo, entonces se sintió ligera como una pluma, ¿estaba elevándose?, aparentemente si, sus piernas se sentían laxas y ajenas a cualquier apoyo, como si flotase un el agua, su cabello también se elevaba, ondulante, como si una brisa lenta e imperceptible lo acariciase ¿Era ese el cosmos de la emisaria? todo a su alrededor desapareció devorado por un incandescente brillo. Solo ELLA permanecía frente a si, cogiéndole ambas manos para no dejarla desaparecer en aquella inmensidad.
Luego todo regreso a su lugar, el inmenso y luminoso espacio blanco que las rodeaba desapareció dejando atrás su cuarto, sintió sus piernas nuevamente apoyadas en el suelo y su respiración tan agitada como si hubiera corrido un maratón…
¿Qué había sido eso?
Su visión se encontraba algo nublada y en medio de su desorientación, noto que aun la Oráculo la sujetaba de ambas manos, pero no se atrevió a levantar la vista de sus manos unidas, con temor de enfrentarse nuevamente a esos orbes apabullantes y ser enviada a otra dimensión.
Aunque se sintió como un parpadeo, había sido una experiencia sobrecogedora. No sintió miedo, pero aquella inmensidad había sido tan apabullante que no sabía si lo podría soportar otra vez.
–Eso… soy yo –se escuchó apenas la voz de la pequeña sobre el susurro del viento que estaba por la ventana y sacudía las vaporosas cortinas– y tú no estás preparada. –Sus pequeñas manitos soltaron las de la muchacha que yacía de rodillas, temblando y jadeante.
Entre los turbios latidos de su desbocado corazón puedo apenas entender el significado de sus palabras luego de varios suspiros que la ayudaran a recobrar el control de sí misma.
¿Entonces era eso? ¿No era digna de servirles?
Sin duda cada cosa que conocía en aquel templo le resultaba superior a ella, pero había puesto su mejor empeño en ser de utilidad, de ser una digna sirviente de la Diosa. La presencia de la emisaria le resultaba inquietante desde un inicio, pero intentaba no centrarse en lo que no entendía, simplemente aceptándolo como era.
¿Pero así de inmenso era su poder? Tan grande que su mísera existencia no alcanzaba para servirle de ninguna utilidad.
–Yo… yo –intentaba articular entre jadeos– Yo, tengo la mejor de las intenciones mi señora, con usted, su Patriarca y su Diosa…
–Lo sé. –la niña hablaba quedamente.
–¡¿Entonces?! ¿Es que… es que no puede confiar en mí? –lo último broto de sus labios en forma de lamento, acompañando las trasparentes lagrimas que empozaban sus ojos.
–Si puedo… pero no quiero. –aquellas fueron las últimas palabras de la Oráculo, su mirada inmensa la taladraba, pero su gesto, parecía dejar entre ver una disculpa no dicha.
…
Como tantas otras tardes, se había dispuesto a sentarse en la mesa de su balcón a tomar el té, dándose un descanso de tanto trabajo y papeleo pendiente, desde que se despertaba en la mañana era analizando los reportes de sus nuevos caballeros, cada uno le informaba de las cosas que ocurrían en la arena, los nuevos aprendices y sus progresos.
Un trabajo rutinario pero que le daba mucho gusto realizar, así se mantenía al corriente de cómo, aunque lentamente, retoñaban las semillas que había plantado su Diosa y que él regaba religiosamente todos los días.
Ver el resultado de la prospera cosecha de esa temporada era gratificante, los nuevos caballeros eran jóvenes formidables, de corazones nobles y emprendedores, ayudaba con entusiasmo a sus aldeanos vecinos en Rodorio y cumplían sus misiones con cabalidad. No tenía queja alguna, no les daba mucho margen a fallar. De tanto en tanto se dedicaba a bajar él mismo hasta las arenas del coliseo y supervisar sus entrenamientos, corregirlos en cada fallo y hacerles comer polvo si necesitaba dejar más claro sus puntos a la hora de impartir la explicación correcta de una técnica.
Por lo que en tardes como esa, en las que se sentaba tranquilamente en su balcón a mirar la vida que se desenvolvía prósperamente en su tierra, era el mejor delos placeres.
Un momento así, en compañía de su té verde, seria incluso más perfecto si…
–Shion.
…Si ELLA estuviera allí.
¿Su agudo oído estaba a acaso engañándolo? Con su taza en mano, se giró sobre el asiento en el que se encontraba reclinado y dirigió la vista hasta la entrada a su estudio. Si efectivamente era ELLA, esa su niña, esa su voz… le hablaba a él, lo llamaba por su nombre, ¿Cuánto había ocurrido de la última vez?
La pequeña pitonisa, dándose por invitada, entro a la habitación silenciosamente, cerrando la puerta tras de sí con el poder de su cosmos, se dirigió con un andar parsimonioso hasta la mesa y con una agilidad increíble, se subió a la silla que se encontraba al otro lado de la mesita del balcón, frente al peliverde.
Tomo en sus manitas una refinada tacita de té y se dispuso a servirse tranquilamente, agregándole uno, luego otro, y luego otro terrón de azúcar más, agitando suavemente con una cucharilla el contenido de su tibia bebida, le gustaban las bebidas bien endulzadas.
Entre ambas manitas tomo la taza, manteniendo ambos meñiques ligeramente extendidos, se acercó la infusión hasta la naricita, profesando un profundo suspiro y luego bebiendo de sorbitos pequeños, estaba caliente y no quería quemarse la lengua.
–No esta tan terrible –fue su opinión acerca del té–, no entiendo por qué te gusta tanto esta porquería.
Shion solo la miraba con una mueca entre incrédula y divertida, mientras sostenía su taza en su mano derecha. Sabía que ELLA no era una especial amante del té, en más de una oportunidad había dicho que no era más que agua con sabor a ramas, que, si quería beber eso, con agua del arroyo del jardín sería suficiente.
ELLA prefería el chocolate con leche, bien dulce y bien espeso.
Aun así, pese a su nariz ligeramente arrugada entre trago y trago, la pequeña se bebió todo el contenido de su taza.
–Hoy hace un día hermoso –opinó jugando con la taza vacía e sus manos y sus ojos puestos en la gloriosa vista de las doce casas y el Santuario–, el cielo esta teñido con un bello acaso, seguro que las estrellas de esta noche ansían resplandecer.
Él también pensaba lo mismo, divagaba entre eso y tantas otras cosas más con su vista perdida en la lejanía, no se percató del ceño fruncido con que lo acribillo la pequeña pitonisa.
–¿Es que el té te quemo la lengua? –soltó con molestia al verse ignorada en su ya sexto intento de conversación.
–Creí que no me hablarías hasta que mi cabellera regresara a largo anterior.
–Ni lo menciones –soltó con hastío mientras agitaba una mano de manera despectiva en el aire, molesta de solo presenciar nuevamente la enorme falta que hacían sus abundantes cabellos verdes– en los años que te resten de mandato, esto –señalo su cabello– trascenderá en la historia como una de tus peores decisiones.
Divertido ante su evidente molestia, ocultó una risita en la tacita de su te. Mientras le daba un sorbo a su bebida levanto su mano izquierda y acaricio sus ahora cortos cabellos, echando un poco de menos su anterior melena, pero nada que la costumbre no pudiera solucionar.
–No creas que te luce –observo ELLA mientras miraba fijamente sus cortos risos como si de un enemigo se tratase– eran los largos mechones verde los que enmarcaban tu rostro y hacia lucir más brillantes tus ojos, así se te ve la cara más redonda, como la de un chiquillo.
Y eso lo decía precisamente la única chiquilla de la sala.
–Creí que no te interesaban los efectos producidos por el fenómeno de la luz.
–No lo hacen –mintió a medias– me interesan tus ojos, ellos brillan con luz propia. –y aquella fue una verdad a medias. Sus ojos eran mucho más que eso para ELLA.
–¿Seguirás callado toda la tarde mientras bebes esa espantosa agua de ramitas? ¿Qué harás cuando se acabe? ¿con que ocuparas tu boca?
–No tengo nada que decir. –se limitó a murmurar mientras cerrabas los ojos, como quien se halla en perfecta tranquilidad consigo mismo.
–¿Ah sí? –cuestionó la pequeña, incrédula.
–La última vez que la emisaria de Athena se dirigió al Patriarca, aseguro castigarlo con el silencio durante un lapso indefinido de tiempo como reprimenda por sus malas decisiones. Mi cabello no ha crecido ni un centímetro y ya estaba pensando cortarme las puntas otra vez ¿No crees que en la vida se debe enfrentar a las consecuencias con dignidad?
–Por supuesto que lo creo, y es por eso mismo que en virtud de la piedad que representa nuestra diosa de la justicia, he iluminada por su sabiduría, estoy dispuesta a perdonar tus faltas. Como humano que eres, propenso a herrar, te guiare apropiadamente, utilizando un método que requiera menso tiempo.
–¿Ah sí? –ahora era su turno de cuestionar con incredulidad.
–Si te dejara sin mi guía por un año, a lo mucho, sería un verdadero desastre. –parecía completamente segura de lo que decía.
–Antes de que llegaras las cosas no iban tan mal ¿sabes?
–Y también sé que ahora van mejor
Era cierto, como siempre ¿Cómo podría quitarle la razón? Pero aun así ¿Por qué a esa pequeña chiquilla del averno le costaba tanto decirle que simplemente lo había extrañado?
–¿Sabes qué?, soy un hombre que se asume los designios divinos. Estoy dispuesto a asumir mi castigo obedientemente.
–¿De que estas hablando? Ya te lo he dicho, en nombre de Athena, ya estas perdonado.
–¿Segura de Athena te lo dijo? –pregunto entre divertido y expectante– oye, hay muchas energías fluctuantes en el ambiente, quizá pudiste haber interceptado cualquier otra cosa sin darte cuenta.
–Estoy segura –respondió con molestia. Ofendida por semejante comentario, como si ELLA pudiese confundirse con una cosa así, aunque de hecho era falso que Athena le ordenara nada. Incluso su sagrada estatua había estado hoy precisamente, mas callada que nunca, fueron las flores cizañeras las que hicieron tomar cartas en el asunto.
Shion esta vez no pudo ocultar una sonrisa divertida que le temblaba en los labios. Le empezaron a doler las mejillas y fallando completamente en su intento por mantenerse firme, varias carcajadas se escaparon burbujeantes de su garganta para partirse en risa como no lo hacía desde hacía mucho.
–Vaya… me alegra saber que alguien aquí se divierte. –hubiera finalizado el comentario con un sorbo de té, pero no se creí capaz de soporto un trago más de esa cosa, no importa cuanta azúcar le agregara.
–Si… si todo lo qu-e, que querías –intentaba articular el lemuriano mientras se secaba las lagrimitas que saltaban de sus ojos a raíz de tanta risa– era disculparte, simplemente puedes hacerlo.
–No confundas mi piedad con amabilidad, lemuriano. –demando ELLA tajante, pero aquel mohín de mal humor la hacía lucir realmente adorable.
Él se levantó de su asiento y la tomo en brazos hasta estrujarla en su pecho, en un fuerte abrazo. Como deseaba hacerlo desde… desde que empezó a caminar.
–Lo siento –susurró el peliverde sobre su cabecita, mientras la mecía en sus brazos. Aquellas palabras nacieron tan apretadamente de su pecho que creyó y se atascarían en su garganta, pero luego de expresarlas se sintió mucho mejor, tan ligero y calmo. Como el cosmos de su pequeño lucero. Y es que no tenía razón por la que disculparse, no era un lamento de verdad, no se lamentaba por nada. Su corazón solo tenía la necesidad de expresarse y enseñarle a la niña que una disculpa, no la hacía más débil, y que tenía el poder de aligerar el espíritu.
ELLA se dejó hacer, acurrucada a su pecho, aferrada a ese caluroso abraso. Lo sentimientos que le transmitía ese hermoso lemuriano nunca dejarían de sorprenderla, eran casi tan inmensos como ELLA.
–Todo lo que deseo es el bien para ti, mi querido Shion –mantenía sus ojos cerrados, con una expresión abrumada, él estaba seguro de que no los abría por miedo a derramar alguna lágrima. Así como esas que él había disfrazado con risas– y si he dicho alguna palabra molesta, que los vientos la tomen en sus ondas y se la lleven.
Era la disculpa más rebuscada que escuchado en su vida, había que decirlo, pero eso la hacía aún más perfecta.
–Necesito que me escuches –continuo la pequeña en su regazo–, esa chicha es muy buena, será de las mejores doncellas al servicio de Athena, estoy segura de ello. Lo he visto en su futuro, puro y deslumbrante, solo que ella aun no lo sabe. –escuchaba con gran alegría cada palabra que la niña tenía para decir, contento de que al fin aceptara a la buena de Gredel– Ella no es el problema Patriarca mío, incluso te quiere… y ese, ese si es un problema.
–¿Cómo podría el cariño ser algo malo, mi niña?
–Es tu confianza, tu veneración por los tuyos –al fin abrió los ojos y los levanto desde el pecho de su adorado peliverde en busca de su rosácea mirada–. Tu posición es muy peligrosa y no te puede permitir confiar.
–Es en base a la confianza entre los unos a los otros que sostenemos ente Santuario…
–Escucha mis palabras –lo interrumpió ELLA–, fue también esa misma confianza que, traicionera, los ha hecho caer en el pasado. Yo quiero evitar que se cometan los mismos errores.
Su mirada cristalina atravesaba su ser, como tantas otras veces, ¿podría quitarle la razón esta vez? Si algo querían los dos era dirigir a la Orden de Athena hacia su más brillante grandeza.
–Los humanos, humanos son… eso no lo puedes cambiar, así que te pido, te suplico, y aprendas a desconfiar.
Él correspondió su profunda mirada y con una hermosa sonrisa le besó la frente a su pequeña niña. Sellando en aquel gesto una promesa que esperaba poder cumplir.
Ufff tenia esta vaina escrita desde octubre, pero no lograba encontrar el final deseado para la idea general. Escribía y borraba, escribía y borraba... pero creo que ya como quedo se transmiten las ideas un poco mas claras (según yo) y si no, para eso están los rw.
Un saludo ^^
*Alhaja*
