¡Hola!

Siento mucho la tardanza, en serio, pero algo le pasó al computador y no pude seguir escribiendo, pero como disculpa, el capítulo es bastante largo...

¡Enjoy it!


Capítulo 9

Navidad

Hermione miró a sus amigos. Estaban desayunando y ella aún no les decía que se iba a quedar, más aún luego de lo que había pasado en la noche. Un sonrojo cubrió sus mejillas, pero se sintió feliz.

- Hermione – la llamó la voz de Ron, sacándola de sus ensoñaciones - ¿Te vas a quedar aquí para las vacaciones? – le preguntó mientras se metía a la boca un gran pedazo de pie de limón.

- Eh… sí… me voy a quedar – respondió ella luego de un imperceptible titubeo.

- ¿En serio? – dijo Harry y ella asintió – Eso es bueno, ya que Ron y yo también.

- Y yo – dijo la voz de Ginny, su mejor amiga, que acababa de llegar y se sentaba a su lado.

- ¿En… en serio? – preguntó y ellos asintieron. ¡Rayos! Ahora iba a ser bastante más difícil encontrarse con Draco, ya que, estando de vacaciones, tenían tiempo libre. Les sonrió. Se alegraba de que se quedaran, pero no podía evitar sentirse mal al pensar que hubiese preferido que en aquellas vacaciones se fueran - ¡Me alegro! Así no estoy sola – dijo sin dejar de sonreír y volvió a su desayuno.

Miró a su alrededor. Alguien la estaba mirando, estaba segura. Inmediatamente fijó su vista en la mesa de Slytherin y vio unos hermosos ojos grises mirándola intensamente, con un ligero brillo divertido en los ojos, pero, sobretodo, con ternura, dulzura y amor. Se sintió sonrojar pero le dio una disimulada sonrisa.

- ¿Qué haremos en nuestro primer día de vacaciones? – preguntó Ginny.

- Yo tengo que terminar algunos deberes – respondió Hermione bajo la atónita mirada de sus amigos.

- ¡No puedes estar hablando en serio! – exclamó Ron, escandalizado.

- Sí, estoy hablando en serio. Los voy a terminar hoy para luego no tener que preocuparme – le aclaró Hermione -, algo que podrían hacer ustedes en ves de estar a última hora – los miró de forma reprobatoria.

- Hay que descansar, Herm – le dijo Ron. Hermione recordó que Draco siempre la llamaba así, aunque parece que su nuevo apelativo era "princesa". Sonrió al pensar en él.

- Bueno¿qué harán? – les preguntó mirando disimuladamente hacia la mesa de Slytherin. Draco se había puesto de pie y miraba a Nott amenazadoramente. Hacía bastante tiempo que no veía esa mirada, y supo que algo no estaba bien. Lo vio salir del Gran Comedor con Nott tras él. Theodore tenía el rostro contraído por una mueca de miedo. Se preocupó.

- Iremos a jugar, Qudditch¿no? – le respondió Harry, mirando a ambos hermanos, y éstos asintieron.

- Bien – dijo Hermione cansinamente -. Me voy – se comió el último pedazo de su tostada - ¡Que les vaya bien! – salió con paso tranquilo por el Gran Comedor.

Pensó en ir a buscar a Draco, pero, al pensarlo con más detenimiento, se dijo que era mejor preguntarle después y no meterse en los asuntos de su ahora pololo. Sonrió feliz al pensar en ello. Él era su pololo, y la quería, y ella lo quería a él. Se sentía feliz de haber descubierto a aquel Draco que nadie conocía, y que la hacía sentir tan feliz.

Llegó a la Sala Común de los Premios Anuales y vio que Hans estaba, como casi siempre, jugando con su mini laboratorio. Sonrió enternecida.

- Hola, Hans – lo saludó.

- Hola,Hemy – le respondió él algo distraído.

- Por lo visto te gusta hacer pociones¿no? – le dijo y el niño la miró, asintiendo sonriente.

- Shí. Mi papi me ha enseñado hadto – le respondió.

- Bueno, a Draco siempre le ha gustado Pociones – le comentó mientras se cruzaba de brazos y lo miraba tiernamente.

- No sabía que me conocías tanto – dijo una voz tras ella, demasiado cerca. Se sobresaltó y se volteó rápidamente. Sus ojos chocaron de lleno con unos grises cálidos y dulces. Le sonrió.

- Bueno, ahora sabes que te conozco mucho – le dijo ella con un ligero rubor en las mejillas.

Draco le sonrió. Le acarició la mejilla con dulzura y su mano se deslizó hasta que se posó suavemente en el mentón de la chica. Se acercó y le dio un corto beso en los labios. Sintió sus mejillas sonrojadas. ¿Desde cuándo se sonrojaba al besar a una chica?

- ¿Cómo estás, princesa? – le preguntó en un susurro.

- Bien – le respondió ella en el mismo tono.

- ¿AhodaHemy es mi mami? – preguntó inocentemente Hans, haciendo que ambos adolescentes de volvieran con diferentes expresiones en sus rostros. Ella sorprendida por la pregunta y Draco divertido.

- La verdad es que yo no tendría problema – respondió Draco pícaramente, recibiendo un golpe de su polola sonrojada.

- Bueno… la verdad es que… - miró al niño que la miraba con sus ojitos celestes fijos en ella, expectantes – no sería correcto que me dijeras mamá – le respondió -, ya que la tuya es irreemplazable, pero lo que sí puedo hacer es tratarte con si fuera tu madre.

El pequeño sonrió y asintió, satisfecho de la respuesta que le había dado Hermione.

- ¿Quéhademos en la navidad, papi? – le preguntó Hans – Yo quiedo tatad de ved al Viejito Cuascuedo – sonrió alegre -, pod que él venddá¿ciedto?

- Bueno… - Draco no sabía qué decir. ¿Quién diablos era el Viejito Cuascuedo?

- No te preocupes, lo más seguro es que vendrá – dijo Hermione - ¿O sino cómo tendrías tus regalos? – le dio una dulce sonrisa - ¿Sabes? En mi dormitorio hay algo que te puede gustar.

- Draco la miró, extrañado, pero ella sólo le sonrió. Los tres se dirigieron hacia el dormitorio de Hermione, donde ella acostó a Hans. Tomó una caja rectangular llena de botones y apretó uno color rojo. De la nada se empezó a escuchar bulla y ambos hombres se dieron cuenta que venía de otra caja algo más cuadrada y bastante más grande, que mostraba imágenes.

- Ésto se llama tele – les explicó ella -, y sirve para ver programas o monitos. No me pregunten cómo se ven aquí, es algo que siempre me he preguntado – apretó uno de los botones y las imágenes de la pantalla cambiaron a unas animadas -. Aquí están los monitos animados – le dijo Hermione mirando a Hans, quien estaba maravillado y de inmediato se metió en la tele.

- Vamos a estar en a Sala, Hans, por cualquier cosa – le dijo Draco y ambos salieron, dejando ambas puertas abiertas - ¿Quién es el Viejito Cuascuedo? – preguntó Draco sentándose en el sillón.

Hermione rió al escuchar cómo Draco llamaba a aquel viejito. Le acarició los cabellos rubios con ternura sin borrar su sonrisa divertida.

- Es Viejito Pascuero, no Cuascuedo, y es un viejito que va dejando regalos en las casas para los niños. Es algo en lo que todo niño cree, pero claro, luego uno se da cuenta que… - miró hacia la entrada de su dormitorio y no vio a Hans – hasta que uno se da cuenta que no existe.

- ¿Te hacen creer en algo que no existe? – preguntó Draco, sin entender

- Bueno, es lindo creer – le dijo Hermione -. Yo creí en Santa Claus – vio la interrogante mirada de Draco -. Es otra forma de llamarlo.

Draco sonrió y la abrazó con cariño. Desde la noche anterior era el hombre más feliz del mundo. Tenía a aquella hermosa castaña con él, y ella lo quería. Su corazón dio un vuelco al pensar en ello. Le dio un suave beso en los cabellos, haciendo reír suavemente a Hermione. Se deleitó con aquella hermosa melodía.

- ¿Así que vamos a ir a dar una vuelta por los terrenos y por Hosmeade para navidad? – preguntó Hermione algo divertida.

Draco la miró, sonriente.

- Sí, ése será nuestro panorama – le respondió Draco. La abrazó más fuerte, rodeándola con cuidado en sus fuertes brazos.

- Te quiero, Draco – le dijo Hermione en un susurro. Se apegó a él.

- Yo también te quiero, Herm – le susurró él.

Se quedaron así, abrazados, en el silencio de la Sala Común, sólo escuchando el crujir de la madera gracias al fuego y el pequeño murmullo, apenas audible, que hacía la tele. Hermione recargó su cabeza en el pecho de su pololo, y sintió cómo él posaba sus labios en sus cabellos. Sonrió y cerró los ojos, quedándose dormida luego de unos segundos.

Draco miró a Hermione y vio que estaba profundamente dormida. Sonrió con ternura y le acarició la frente suavemente con su mano derecha. Se acomodó en el sillón y también cayó dormido. En la habitación de Hermione, un hermoso niño de cuatro años dormía plácidamente entre las voces de los monitos animados 'Los Padrinos Mágicos'.

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Faltaba una semana para Navidad, y Hans estaba bastante emocionado, de hecho, había escrito una carta para el Viejito Pascuero, pidiéndole un montón de cosas. Draco, al leerla, casi le da un infarto, pero Hermione lo calmó diciéndole que era normal que hiciera aquello, pero que no era obligación comprarle todo.

- No puedo creer que creas que se lo tengas que comprar todo – le había dicho Hermione divertida aquel día en la Sala Común, ambos abrazados y siendo cobijados por el calor que despedía la chimenea - ¡Sería Ridículo! – había reído mientras Draco la fulminaba con la mirada.

- ¿Ya te vas? – le preguntó Draco. Tenían permiso para ir a Hosmeade y Draco había decidido llevar a Hans, ya que había sólo cuarenta alumnos en el colegio. Diez Slytherin, diez Gryffindor, diez Ravenclaw y diez Hufflepuf.

- Sí, ya sabes que quedé de juntarme con Harry, Ron y Ginny – le respondió Hermione mientras tomaba la parca larga y negra (le llegaba hasta las rodillas). Se volvió hacia Draco y le sonrió. Se acercó a él y pasó sus brazos por el pálido cuello del rubio. Sintió las manos de él en su cintura, rodeándola -, pero sabes que a las una y media me voy a juntar contigo en la entrada de pueblo, y con Hans – le dijo en voz baja.

- Sí, porque la verdad es que no puedo comprar los regalos con él – le susurró Draco.

- ¿De verdad no te quieres…? – pero no alcanzó a terminar la pregunta, viéndose interrumpida por su rubio pololo.

- ¡Ni hablar, Hermione! – exclamó – Jamás haría algo así.

- ¿Ni siquiera por Hans? – lo miró suplicante.

- Lo siento, pero mi orgullo aún es alto – le respondió y Hermione resopló, vencida.

- Está bien – aceptó resignada -. Nos vemos luego – le dio un suave beso en los labios, se separó de él y salió de la Torre para irse con sus amigos que ya la esperaban en el Vestíbulo.

Draco se dirigió al dormitorio de Hans, quien aún estaba durmiendo. Se acomodó a su lado y esperó a que despertara. No tuvo que esperar mucho, ya que luego de unos minutos sintió que el pequeño de movía.

- Buenos días, campeón – lo saludó con una suave sonrisa.

- Bue… buenos días, papi – dijo Hans con un bostezo.

- Hay que levantarse – le dijo Draco mientras se ponía de pie -. Hoy día, sorpresivamente, vamos a salir.

- ¿En serio? – Hans se incorporó rápidamente y lo miró con sus ojitos celestes brillantes.

- Sí, así que te voy a arreglar que a las once nos vamos.

Draco tomó en brazos a Hans y lo llevó a la bañera. Le sacó el pijama y lo metió en la tina, bañándolo como lo bañó la primera vez. Luego lo envolvió en una toalla y lo llevó a su dormitorio y lo dejó encima de la cama bien envuelto en la toalla. Se volvió hacia el closet y lo abrió, mirando pensativamente la ropa.

- ¿Qué te puedo poner, Hans? – preguntó más hacia sí mismo que para Hans. Luego decidió ponerle un jeans negro, una camiseta blanca debajo de la polera verde con negro de manga larga. Le sacó un polerón verde oscuro bastante grueso y que abrigaba bastante. Le puso la ropa, más los calcetines algo gruesos, para que no se le enfriaran los pies, y le puso unas zapatillas negras -. Listo – con un movimiento de su varita el pelo de Hans quedó seco y peinado hacia el lado. Le sonrió -. Voy a bajar a ver algo, por ahora, quédate aquí – miró el reloj que estaba en su muñeca izquierda -. En una hora nos vamos – tomó la bandeja que estaba en el escritorio -. Te toma el desayuno. Todo – lo miró seriamente -. Nos vemos – le dio un beso en la frente y salió del dormitorio para dirigirse a la salida de la Torre.

Caminó con rapidez hacia el Gran Comedor. No había podido hablar con Nott aquel día que lo sacó del Comedor, y fue porque un Slytherin lo había llamado. Lo más seguro era que sabía que él, Draco, quería averiguar algo. Estaba llegando al vestíbulo y vio que Nott estaba saliendo por las grandes puertas del castillo.

- ¡Nott! – lo llamó. Corrió hacia él al ver que el chico se había quedado quieto, mirando el suelo – Necesito hablar contigo.

- Yo… no sé si será lo mejor – murmuró el chico mirando a su alrededor. No había nadie, sólo estaban ellos dos y Filch, que para ellos no contaba.

- Nott, TENGO que hablar contigo – le dijo fría y amenazadoramente. El chico de pelo castaño asintió y ambos se fueron hacia una de las clases -. Bien, el otro día nos interrumpieron, pero ahora no te escapas – sus ojos se volvieron completamente fríos, más bien parecían dos pedazos de hielo incrustados en los ojos grises del rubio - ¿Quieres explicarme lo que me dijiste aquel día que me trajiste a una sala como ésta? – se cruzó de brazos. Nott sólo miraba el suelo con los ojos húmedos. Sentía vergüenza de sí mismo – Si no fuera por mí, Hermione pudo haber sido violada, y quiero saber si tú estabas entre los tres hombres que la atacaron – Nott negó frenéticamente con la cabeza - ¿Quiénes eran, entonces? – lo miró esperando respuesta, pero el joven parecía no tener intenciones de hablar. Suspiró -. No te voy a comer, Nott, sólo quiero saber la verdad – le aclaró con suavidad.

Theodore mantuvo su mirada en el suelo. No podía evitar sentir miedo por la actitud amenazante de Draco, pero más miedo aún de lo que le podría pasar si es que se enteraban de que había hablado. Un escalofrío recorrió su cuerpo.

- No… no estaba entre los tres hombres – aclaró en voz baja pero clara -, pero sí sabía lo que tenían planeado hacer – dijo avergonzadamente, mirando de reojo la expresión de Draco, que decía claramente que lo quería matar.

- ¿Y por qué no me lo dijiste¿Sabes que pudiste haber evitado que una mujer quedara traumada y bastante depresiva¿Sabes que Hermione no es la misma chica de antes por lo que le pasó¡¿Lo sabes?!

Theodore asintió. Tomó aire, dándose ánimo, y posó sus ojos en los de Draco.

- Lo tengo claro, Malfoy – le dijo -, pero no tenía otra salida – lo miró dubitativamente - ¿Me guardarías un secreto, Malfoy? – El adolescente, sorprendido, asintió – Yo sé que tú no quieres ser un Mortífago, pero el Señor Tenebroso te quiere con él. Yo… - tragó saliva y miró el suelo, avergonzado – A mí me obligaron a formar parte de ellos – Draco abrió los ojos en señal de sorpresa y Theodore lo miró con los ojos aguados -. No entiendo por qué, pero el Señor Tenebroso de quiere con él, y hará todo lo que esté a su alcance para tenerte a su lado. Ya van dos cosas¿no? – Draco asintió – Y van más. Sólo te puedo decir algo: cuídate, y cuida a los que te rodean.

Se formó un silencio algo incómodo y angustiante. Cada uno estaba en sus propios pensamientos, tratando de pensar qué hacer.

- Gracias, Nott – le dijo Draco luego de unos minutos.

- Me puedes llamar Theodore – le dijo él con una ligera sonrisa. Sentía que desde aquel momento se podría llevar bien con Malfoy.

- Bien, tú me puedes llamar Draco – le dijo el joven Malfoy.

- Yo… yo siento mucho lo que le pasó a Granger – dijo Nott -, yo… yo lo pude haber evitado.

Draco asintió, aún algo distraído. "Así que Voldemort me quiere con él" – pensó – "¿Pero por qué¿Qué tengo para que quiera que esté en sus filas¿Por mi apellido? No lo creo, entonces¿por qué?"

- Yo hablaré con el profesor Dumbledore – comentó Theodore ya más tranquilo -, le diré que quiero formar parte de la Orden del Fénix, seré espía.

- ¿Sabes el riesgo que corres? – le dijo Draco.

- Sí, lo sé, pero si muero, por lo menos moriría tranquilo, sabiendo que hice algo bueno en mi vida – confesó con total seguridad.

Draco sonrió imperceptiblemente. Se dirigió a la puerta del aula.

- Estoy más tranquilo al saber que no estabas entre esos tres hombres, pero quisiera saber¿quiénes eran?

Theodore no respondió y ni siquiera lo miró, sólo negó con la cabeza.

- No los sé, nunca lo dijeron – le respondió.

- Bien, yo… me debo ir. Gracias – y se fue del aula.

Nott cerró los ojos y suspiró. Esperaba que no le pasara nada. Salió de la sala y se dirigió al despacho del director. Tenía que hablar urgentemente con él.

- Los Mortífagos saben que tienes al niño, Draco, ten cuidado – se dijo en voz baja y caminando con rapidez hacia donde se encontraba Albus Dumbledore.

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- Hans – lo llamó Draco, temiendo que le niño no estuviera en la Torre.

- ¿Papi? – dijo el niño y Draco soltó el aire que estaba reteniendo, aliviado. El pequeño estaba sentado en el sillón.

- ¿Estás listo? – le preguntó Draco y Hans asintió rápidamente y saltó del sillón.

- ¡Shí! ¿Nos vamos? – preguntó alegre.

- Sí, Hans, nos vamos – le respondió Draco con una sonrisa algo forzada. Se dirigió a ambos dormitorios y sacó las chaquetas, bufandas, gorros y guantes. Regresó a la sala y le puso con cuidado la chaqueta a Hans. Tomó la bufanda y la puso alrededor del pequeño cuello del niño. Por último tomó los guantes y el gorro y se los puso suavemente -. Tenemos que ir con cuidado, que nadie te puede ver¿si?

- Deacueddo – dijo el pequeño. Draco se puso sus ropas de invierno, tomó de la mano a Hans y ambos salieron por el retrato camino al Sauce Boxeador. Filch no podía saber que Hans existía.

- ¡Wow! – exclamó Hans al estar en los enormes terrenos del castillo - ¡Ésto es enodme! – miró a su alrededor asombrado.

Draco sonrió. Pararon a una distancia prudente del Sauce Boxeador y el rubio se acercó a una rama, dejando atrás a Hans, quien lo miraba curioso. El Sauce Boxeador se empezó a mover con algo más de fiereza al sentir que había alguien cerca, pero ello no le duró mucho, porque Draco, con la rama, tocó en nudo que había en el árbol, y éste se quedó inmóvil.

- Ven, Hans, vamos – el pequeño se acercó corriendo hacia su padre adoptivo y le tomó la mano fuertemente, mirando asustado hacia el oscuro túnel.

Se adentraron y caminaron unos cinco minutos hasta que salieron y se encontraron con una casa bastante sucia, abandonada y con la mayoría de los muebles destruidos.

- ¿Qué es este lugad, papi? – preguntó Hans mirando a su alrededor, temeroso de que saliera algún fantasma o monstruo.

- Esta casa se llama la Casa de los Gritos – respondió Draco mientras se dirigían a la salida de dicha casa -. No te voy a contar la historia, no aún, quizás cuando entres a Hogwarts.

- ¿Pod qué? – preguntó el pequeño confundido.

- Porque creo que aún no es una historia que un niño de cuatro años deba escuchar – le respondió Draco. Si se la contaba quedaría traumado, mejor esperar¿no?

- Bueno¿pedo pometes contádmela?

- Claro que sí – respondió Draco riendo. Salieron de la casa y el frío y algo fuerte aire de invierno les dio la bienvenida, haciendo que Hans se tambaleara y cayera en la nieve. Draco lo tomó en brazos y el niño se aferró a él.

Draco caminó unos minutos hasta que llegaron al pueblo. Allí el aire estaba menos fuerte, por lo tanto, Draco dejó a Hans en el suelo y le acomodó las ropas para que estuviera más abrigado. Miró hacia el frente y no vio a nadie conocido, así que ambos empezaron a caminar con confianza. Hans miraba las tiendas con los ojos brillantes, impresionado por todo lo que les mostraba el pueblo, cada simple cosa le fascinaba.

- ¿Mecompadás algo? – preguntó desviando la mirada hacia Draco.

- Lo más seguro es que sí – le respondió Draco mientras miraba la hora, eran las doce -. Te voy a llevar a un lugar que te va a encantar – le sonrió y lo tomó de la mano, dirigiéndose hacia Honeydukes.

Al entrar en la tienda, luego de que Draco comprobara que no había nadie del colegio, Hans abrió sus ojos celestes al máximo, impresionado y a la vez contento al ver la gran cantidad de dulces que había en la tienda. Hacia cualquier lado que su cabeza girara y sus ojos se posaran en lo que sea, veía dulces. Draco sonrió, feliz de ver así de animado y contento a Hans.

- ¿Me vas a compad dulces? – preguntó Hans.

- Sí – contestó Draco. Hans sonrió feliz y empezó a dar vueltas por la tienda buscando algo de su agrado, siendo vigilado por Draco de cerca.

- ¿Qué son éstos? – preguntó Hans, tomando unos chocolates. Sacó uno y estaba a punto de echárselo a la boca, pero Draco se lo impidió sacándoselo de la mano. El pequeño lo miró enojado.

- De éstos no puedes comer, Hans, porque tienen algo que no es bueno para ti – le dijo Draco, quitándole de la mano la caja de chocolates de licor y dejándola donde estaba. Sacó otro chocolate y se lo pasó -. Éste sí te lo puedes comer.

Hans miró el chocolate cuadrado y con unas simples rayas verticales. Comió un pedazo y sonrió. Era exquisito. Se lo comió entero, saboreándolo y disfrutándolo.

- Quiero más, papi – le dijo mirando a Draco con ojos suplicantes.

Draco rió y tomó unos chocolates más uno que otro dulce, los pagó y ambos salieron, Hans con una mediana paleta de exquisito dulce. Caminaron hacia la librería, cuidando de que nadie los viera. Al entrar, Hans miró todos los libros que había a su alrededor y se acercó a una estantería que le llamó la atención. Tenía libros con alegres y grandes dibujos en las portadas.

- ¿Quieres uno? – Preguntó Draco – Son cuentos, si quieres te elijo alguno.

Hans asintió y él mismo tomó un par, los que encontró más interesantes, claro que por el dibujo, mientras que Draco sacaba otro par más. Se dirigieron a otra estantería que Hans encontró especialmente aburrida, pero Draco interesante. Sacó un par de libros, luego se dirigió a otra y sacó un solo libro y se dirigió a la caja. Pagó y se fue con los libros guardados en las bolsas.

- ¿Dóndeidemos ahoda? – preguntó Hans emocionado. Lo estaba pasando bien, y al fin había salido de la Torre de los Premios Anuales.

- A Zonko, una gran tienda para bromistas – contestó Draco. A Hans le brillaron los ojos. "Una gran tienda para bromistas".

- ¡Pues vamos! – exclamó.

Draco rió y se dirigieron hacia la tienda con rapidez, ya que Hans no podía esperar a verla. A Hans le brillaron como por décima vez los ojos a ver la cantidad de cosas que había para hacer bromas. Recorrió, con Draco a su lado, cada pasillo y lo miró con especial atención y cuidado, sorprendido de las cosas que había, por sus formas, y cuando Draco le explicaba el funcionamiento, más aún. El rubio cogió una que otra cosa, la pagó y ambos salieron, Hans protestando porque Draco no le había comprado nada en aquella tienda.

- Vamos a ir a la cafetería que esta allí – la apuntó. Era una tienda algo chica, pero acogedora. Sabía que no iba a haber nadie de Hogwarts, ya que todos estaban en Las Tres Escobas -, además que estaremos abrigados. Tomaremos y comeremos algo, luego nos iremos a juntar con Hermione.

Hans asintió y se dirigieron hacia la cafetería. Se sentaron en una de las mesas más apartadas y una joven, que miró a Draco con ojos embobados, aunque el adolescente no lo tomó en cuenta, se acercó a pedir el pedido.

- Quiero un café y una porción de torta de Trufa – le dijo Draco -, y él va a tomar una taza de leche con chocolate y va a comer la misma torta que yo.

- Bien, enseguida regreso con lo pedido – dijo la joven. Le regaló una sonrisa coqueta a Draco y se fue. Draco giró los ojos con impaciencia. ¿Por qué no los había atendido otra persona? Luego de cinco minutos la chica llegó con lo pedido.

- Gracias – dijo Draco sin siquiera mirarla y ella se fue, algo ofendida.

Ambos comieron, tomaron el café y la leche y Hans le preguntó varias cosas a Draco acerca del pueblo.

- ¿Hay algún oto lugad que conoced? – preguntó.

- Sí, pero esos los conocerás después – le respondió Draco.

- ¿Cuándo?

- Cuando cumples trece años, lo más seguro – Draco le dio un sorbo a su café.

- ¡Pedo eso es mucho tiempo! – exclamó Hans, indignado.

- Sí, pero ya verás que va a pasar rápido – comentó Draco sacando un pedazo de torta y metiéndoselo en la boca.

Hans hizo un puchero, haciendo reír a Draco. Terminaron sus tortas, leche y café, Draco pagó y salieron de la cafetería. El joven Malfoy miró la hora. Eran las una veinte.

- Vamos, Hans, que ya nos tenemos que juntar con Hermione.

El niño tomó la mano de Draco y ambos se dirigieron a la entrada del pueblo.

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- ¿Supiste lo que pasó con los Chudley Cannons, Harry? – preguntó Ron mientras entraban a Las Tres Escobas. Habían ido a Honeydukes, Zonko y, por petición de Hermione, a la Librería, y también habían comprado los regalos.

- No – respondió Harry a la vez que se sentaban en una mesa vacía.

- Uno de sus jugadores se dopa, o toma estimulantes – contestó el pelirrojo -. No sé qué significa eso, pero por lo visto es malo, ya que están pensando echarlo.

- Doparse o estimularse es lo mismo, y eso hace que uno tenga más energía – explicó Hermione -, por lo tanto, aquello hacía que tuviera un rendimiento mucho mejor que el de sus compañeros, de ambos equipos. Es algo realmente malo, y de echo eso es caer bajo para un deportista – opinó -, eso quiere decir que nunca ha hecho el trabajo con su esfuerzo, sino con ayuda de medicamentos.

- ¡Pero aún así sigue siendo el mejor! – exclamó Ron.

- ¿Quieren algo? – preguntó Madame Rosmerta que acababa de llegar.

- Sí, tres cervezas de mantequilla, por favor – respondió Harry. La mujer asintió y se fue para traer lo pedido.

- No es el mejor si hizo trampa, Ron, es como obvio – contraatacó Hermione.

- Tú no entiendes nada, Hermione – dijo Ron ya algo enojado.

Hermione lo miró con los ojos rabiosos.

- Ni siquiera sabes qué es estar dopado, así que no digas nada – le dijo.

- ¿Y tú sí? – la miró a los ojos.

- Sí, te lo acabo de explicar.

- Las cervezas – dijo Madame Rosmerta, dejando las tres allí y tres vasos.

- Gracias – dijo Harry. La mujer asintió y se retiró. Cada uno tomó su cerveza y le dio un trago, sin servirla en el vaso.

- Pero es ridículo, yo creo que estuvo bien lo que hizo – comentó Ron.

- ¿Hacer trampa está bien? – Hermione lo miró incrédula – Eso es jugar sucio, y créeme, no creo que alguien se sienta bien jugando sucio.

- Pero gracias a él han ganado – dijo Ron -, que le den las gracias a esa medicina.

- ¿Las gracias? – exclamó Hermione – Veo que tienes un pésimo concepto de las buenas y las malas medicinas, y de cómo jugar limpio – le dio un largo trago a su cerveza. Miró la hora, eran las una y cuarto. En cinco o diez minutos se tenía que ir.

Ron abrió la boca para protestar, pero Harry lo frenó.

- Ya paren, por favor – les pidió -. Aunque yo creo que Hermione tiene razón – Ron lo miró con la boca abierta, indignado.

- ¡Me deberías apoyar¡Soy tu amigo!

- ¿Y qué soy yo¿Una estatua? – Hermione lo miró ya bastante enojada.

- Él no jugó limpio y punto – dijo Harry -. Ahora¿podríamos disfrutar de la cerveza en paz?

- Lo siento – Hermione se terminó al cerveza rápidamente -, pero quedé de juntarme con alguien que necesita ayuda con los regalos de navidad – se puso de pie y le dio un beso en al mejilla a Harry -. Nos vemos luego – tomó la chaqueta y la bufanda que se había comprado, y salió de Las Tres Escobas, camino a la entrada del pueblo.

- ¿No encuentras que está algo rara? – preguntó Ron aún mirando el lugar por donde había desaparecido Hermione.

- Sí, en algo anda – Harry miró su cerveza y luego le dio un trago, pensativo.

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- Es un estúpido – murmuró para sí mientras se recargaba en un árbol. Acababa de llegar a la entrada del pueblo, y Draco y Hans aún no aparecían. Se arregló la chaqueta y la bufanda para que le abrigaran más. Se cruzo de piernas y metió ambas manos enguantadas en los bolsillos de la chaqueta - ¿Qué se cree al decir que él es amigo de Harry¿Y qué soy yo? – siguió protestando – Es un inútil, algún día le voy a pegar de tal forma que nunca se va a olvidar de ello.

- ¿A quién le vas a pegar? – preguntó la voz de Draco tras ella.

- ¡Draco! – exclamó. Sacó sus manos del bolsillo y se volteó. Draco estaba allí parado, con su chaqueta bien puesta, la bufanda alrededor de su pálido cuello y el gorro que tapaba sus cabellos rubios, aunque alguno que otro mechón rozaba su frente. Hans estaba al lado de él, agarrando con su manito la de Draco – A nadie, no tiene importancia – hizo un gesto con la mano.

Draco sonrió. Se veía realmente linda con aquella chaqueta, la bufanda y el gorro cubriendo su nuca. Su nariz estaba algo roja, igual que sus mejillas, lo cual hacía que se viera adorable. Soltó la mano de Hans, se acercó a Hermione y le dio un suave beso en los labios. Ambos se sonrojaron, pero sonrieron.

- ¡Puaj¿No pueden haced eso en oto lado? – preguntó la aguda voz de Hans. Ambos adolescentes rieron divertidos.

- Hola, Hans – saludó Hermione. Se acuclilló y le dio un suave beso en la mejilla.

- Hola,Hemy – saludó Hans - ¿Qué hademos ahoda? – preguntó mirando a ambos adolescentes.

Hermione te va a mostrar algo, mientras que yo voy a comprar unos dulces – respondió Draco. Hermione asintió y tomó la mano del pequeño, quien le sonrió -. Nos vamos a encontrar frente la Casa de los Gritos en unos treinta minutos – les dijo. Dio media vuelta y se adentró al pueblo.

- Bueno, vamos Hans – dijo Hermione y ambos empezaron a caminar hacia la tienda de Quidditch. Hermione no sabía qué regalarle a Hans y quizás le gustaba algo de allí. Mientras iban hacia la tienda, Hans le contaba emocionado todo lo que había visto.

El resto del día pasó realmente rápido. Hermione le compró algo a Hans en la tienda y luego se juntaron con Draco donde habían acordado. Luego de pasar una entretenida tarde entre risas, conversaciones y guerras de bolas de nieve, llegó la noche y ahora estaban los tres frente la chimenea, sentados en el sillón, Hans cabeceando en el regazo de Draco. Hermione los miró a ambos. No se podía cansar de repetir que Draco como padre se veía más guapo de lo que era, y eso ya era mucho decir.

- Ya se ha quedado dormido – susurró y Draco asintió, sonriendo.

- Lo iré a acostar – le dijo en el mismo tono y se puso de pie con cuidado para no despertar a Hans.

- ¿Te acompaño? – preguntó Hermione con algo de timidez. Draco asintió y ambos se dirigieron al dormitorio del niño. Draco lo acomodó con cuidado en la cama y le empezó a sacar la ropa con suavidad para que no se despertara. Sacó el pijama que estaba bajo la almohada y se lo puso. Lo tomó en brazos, abrió la cama, lo acostó, lo arropó, le dio un beso en la frente y salió de allí, no sin antes susurrar "Buenas noches, campeón".

Ambos adolescentes se dirigieron a la sala y se sentaron en el sillón. Hermione no tardó en acurrucarse entre los brazos de Draco.

- Eres tan tierno con Hans – comentó Hermione con una sonrisa -, me encanta esa actitud tuya.

El rubio sonrió con suficiencia, a pesar del sonrojo que cubrió sus mejillas.

- Es un niño adorable – dijo -, es imposible enojarse con él.

- Eso lo tengo claro – rió Hermione. Se puso de rodillas en el sillón y rodeó el cuello del rubio -, pero también tengo claro que tú también eres adorable – sus mejillas se tornaron de un hermoso tono escarlata.

Draco sonrió con ternura y picardía. Rodeó la cintura de la chica y miró hacia arriba para poder ver sus ojos brillantes. Se encontró de lleno con la mirada llena de amor de su polola. Su cabeza subió unos centímetros, pero fue Hermione quien lo besó.

La Gryffindor sonrió cuando se separaron por la falta de aire, y suspiró sobre los labios del rubio, lo que hizo que el chico se estremeciera. Draco se acercó a ella, le dio un suave beso en el cuello y la abrazó, escondiendo su rostro en el delicado hombro de Hermione.

La castaña sonrió al ver el gesto de Draco. Lo rodeó con sus brazos y le acarició el suave cabello rubio. El joven suspiró.

- Me encanta estar contigo – dijo Draco en voz baja. Hermione rió suavemente.

- A mí también – susurró. Ser volvió a acomodar entre los brazos de Draco y permanecieron así, abrazados y siendo envueltos por el calor que desprendía la chimenea.

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- ¡Papi¡Papi, despierta, es Navidad! – exclamó la voz de Hans mientras movía a Draco. Éste se desperezó y se sentó en la cama a la vez que bostezaba. Volvió sus ojos aún adormilados hacia Hans y le sonrió.

- Buenos días, campeón – lo saludó y Hans corrió a darle un abrazo, a pesar que le costó subir a la cama.

- ¡Papi¿El Viejito Cuascuedo me habá dejado algún degalo? – preguntó Hans emocionado entre los brazos de Draco.

- Ya lo creo. Te haz portado súper bien, te lo mereces.

- ¿Quéespedas pada levantadte, papi¡Vamos pod los degalos! – Hans salió disparado de los brazos de Draco y se fue directo a la Sala Común.

Draco bostezó, se puso un polerón encima de su polera-pijama y se fue al mismo lugar que Hans, donde ya los esperaba una sonriente Hermione. Le sonrió y le dio un beso de buenos días.

- Luego te doy el de Navidad – le susurró con una pícara sonrisa.

- Pues lo estaré esperando – le dijo Hermione divertida.

Draco se sentó de forma india en el suelo, al lado de los regalos.

- Veamos – tomó un paquete y vio el nombre -, éste es de… ¡Hans! – el pequeño corrió y le quitó el regalo de las manos. Lo abrió y vio una hermosa Snitch dorada. Dio un grito emocionado.

- ¿Te gustó? – preguntó Hermione y el pequeño asintió, contento.

Siguieron abriendo los regalos, riendo de las cosas que decía Hans, pasándolo bien. Hans fue a su dormitorio para ir a jugar con sus nuevos juguetes. Le habían encantado.

- Usted me debe algo, señor Malfoy – dijo Hermione interrumpiendo a Draco con la tarea de recoger los papeles de regalo. El rubio se volvió hacia ella y le sonrió con picardía.

- Tiene razón, señorita Granger, se me había olvidado – comentó siguiéndole el juego, mientras se acercaba a ella.

- ¿Se te había olvidado algo tan importante como eso? – Hermione lo miró con fingido enojo.

Draco rió divertido. Abrazó a Hermione por la cintura y le dio el esperado beso de Navidad. Cuando s separaron, Draco acercó su boca al oído de Hermione y le susurró.

- Podríamos ponernos en todos los Muérdagos de Hogwarts, no ves que dicen que hay que darse un beso si hay un hombre y una mujer bajo él.

Hermione rió divertida.

- Podríamos – le sonrió, le dio un corto beso en los labios y se separó de él -. Voy a ir a ver a Ron, Harry y Ginny, nos vemos en una hora aquí¿si?

Draco asintió y vio como Hermione entraba a su dormitorio para arreglarse. Se dirigió hacia el dormitorio de Hans para bañarlo, y luego para bañarse él mismo.

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- ¡Feliz Navidad, chicos! – exclamó Hermione al entrar en la Sala Común de Gryffindor y ver a sus amigos. Corrió y les dio un gran abrazo.

- ¡Feliz Navidad, Herm! – exclamaron ellos.

- Te esperábamos más temprano – dijo Ron.

- Lo siento, es que me regalaron un libro y lo estuve leyendo – les mintió. Se sentó junto a ellos y sonrió -. Muchas gracias por sus regalos, me gustaron.

- Menos mal, es complicado regalarte algo, Hermione – dijo Ron.

- A las mujeres es complicado regalarles algo – agregó Harry.

- Eso es mentira – contradijo Ginny.

- Son los hombres los que se complican - agregó Hermione

Estuvieron unos minutos discutiendo, hasta que luego rieron y lo olvidaron. Pasaron un momento agradable, aunque Hermione no podía evitar recordar a Draco.

- Chicos, lo siento pero me tengo que ir.

- ¡¿Qué?! – exclamaron los tres.

- Sí, lo siento, tengo algo que hacer – se puso de pie y se despidió de ellos con un beso en la mejilla.

- ¿Algo como qué? – preguntó, pero Hermione hizo como si no hubiese escuchado a Ron y salió de la Sala Común despidiéndose con la mano - ¡Hermione! – exclamó.

Ginny miró por donde había desaparecido Hermione pensativa, hasta que se puso de pie rápidamente.

- ¿Dónde vas, Ginny? – preguntó Harry.

- A buscar algo para comer, me dio hambre – y salió de la Sala Común con rapidez.

Ambos hombres se encogieron de hombros y se dedicaron a hablar de Quidditch.


¡Fin del cap!

Espero que les haya gustado y, nuevamente, gracias por leer... y por los reviews, que en realidad me fascinan...

Si quieren, claro, me pueden dejar un comentario...

¡Besos!

¡Chao!