Capitulo 9
Los personajes de Mai HiME/Otome no me pertenecen son propiedad de Sunrise,me reservo los personajes ficticios para esta historia.
Faltaban un par de horas para que la corona naranja del astro matutino pintara las montañas con su haz naranja, Natsuki permanecía con una debilidad notoria, paso la madrugada entre pesadillas y una tos espontanea apenas de una breve contracción, causada por el musculo en la traquea cervical, remedio autonomo de su cuerpo para indicarle que tenia falta de oxigeno en su cuerpo, no había tenido oportunidad de tomar aquella madrugada su medicamento y a ratos la sensación de hormigas corriendo por el brazo izquierdo le hacia tragar pesado, se espoleaba mentalmente para que su cuerpo no decayera en aquel lugar, donde solo su hija sabría que se encontraba.
La luz fallo, relativamente pocos oficiales presentaban turno durante la madrugada, era apenas un ministerio publico preventivo donde la seguridad era pésima, al igual que las descuidadas celdas de separos y las de interrogatorio, no hubo alboroto, el sonido de pasos a través del pasillo le avisparon el oído, demasiado silencio... la puerta se abrió y entre la espesa penumbra diviso el movimiento de al menos tres siluetas, recibió un golpe en la sien y todo se torno en una pesadilla, semi inconsciente fueron forzadas las esposas de sus pies, lacerando con descuido parte del tobillo, le sacaron a rastras y le subieron a un vehiculo donde el sin fin de golpes acertaban de forma macabramente precisa, maldijo su resistencia, pues a los cinco minutos aun permanecía consciente de cada golpe que se precipitaba sobre si como el agua que barre una cordillera, arrasando con piedras y tierra suelta durante una tormenta pertinaz y necia, por reflejo animal, se llevo las manos a la cabeza y cubrió a medias su tórax con los antebrazos, sabia que los golpes no iban dirigidos a matarle, solo había un afán increíble por lastimar y machacar su cuerpo en el proceso.
Esa tarde el dúo de jovencitas marchaba hacia su dormitorio, apenas Tsu metió la llave cuando la nota seria e indecifrablemente inexpresiva del agente Smith trunco su meta de tomar un descanso tras el día de estudios -Haru Kruger...buena tarde, lamento presentarme de forma tan inesperada, pero me gustaría hablar un momento en privado...es un tema relacionado con su madre, supongo que la llamada de ayer le deja claro de que va-
La pelicobalto intercambio una breve mirada con su cómplice, no tenían secretos y sabia que necesitaba la mente fría y el raciocinio de la castaña -pase...hablaremos en privado aquí- el cerrojo cedió bajo el giro de la llave y entraron.
-tome asiento, y dígame que sucede con mi mama...-tomaron lugar, cada quien en un angulo de la mesa que les servia para comer, hacer tareas y a veces de alcoba improvisada cuando la necesidad en el elixir carmín les corría salvajemente por el pecho y les llenaba el estomago de mariposas y mil sensaciones, pero no esa tarde, donde Tsu noto el rostro de seriedad y pesadumbre absoluta sobre la faz de su amada.
-iré por algo de beber, quiere algo oficial? - interrumpió la castaña enderezandose de la mesa.
-agua solamente señorita gracias- centro su atención sobre el rostro inquebrantable de la joven a su derecha -¿ha sabido algo de su madre esta mañana, o en la tarde, un mensaje, algún recado con alguien de confianza?-
-¿por que deberia saber eso, si esta bajo su custodia en los separos del ministerio publico o no?- refuto con duda, cruzo los brazos sobre la mesa y miro al detective con severidad.
Tsu entraba dejando sobre la mesa un vaso de cristal con agua fría, lo deslizo hasta que le dejo al alcance de la mano invitada, tomo asiento cerca de la ojiverde mientras le entregaba una lata de bebida energética.
Los zarcos apenas miraron el vaso, lo tomo y dio un trago breve y profundo, suspiro con desgano, sabia de la veracidad en las palabras de la joven frente a si, podía oler una mentira a kilómetros -entonces me temo tenemos problemas señorita Haru...esta madrugada hubo un inexplicable fallo en todos los sistemas de seguridad del ministerio, ahora tengo una celda vacía, dos guardias muertos y una sospechosa de homicidio prófuga...
-¡¿que...me esta diciendo que mi madre escapo de un complejo y mato a sus compañeros, que clase de persona loca cree que es, y si lo hubiera hecho, no seria tan estupida de llamarme a mi, de hecho no tiene a nadie a quien acudir...mi madre es una mujer miserablemente solitaria...- casi había botado el trago de su bebida sobre Smith cuando fue incapaz de callar, su madre era una mujer capaz, pero le sabia con el honor y valía suficiente para encarar sus acciones, por mas ilógicas que pareciesen.
-oficial...Haru a tenido una semana muy pesada, si tenemos la suerte de que la señora Kruger se presente o nos llame, sepa que haremos esa información de su conocimiento, yo tambien conozco lo suficiente a la madre de mi novia como para creerle capaz de algo tan cobarde, le pido que nos deje descansar y el lunes primeramente le tendremos noticias si se presentan, claro, tengo una...inquietud que se, usted podrá despejar- incapaz de intervenir le robaba la palabra a la pelicobalto, que se pasaba las manos de forma hastiada sobre el rostro, ademan que solo hacia en momentos de cansancio mental.
-debo aceptar que el entregar ustedes mismas a su madre y a su...suegra me parece una locura improbable, pero confío en el juicio de ambas, francamente...creo que he notado un par de cosas que no me cuadran, tengo la ligera sospecha de algo y aunque les parezca extraño, apuesto por la inocencia de su madre, aun debo investigar mas pero se que si ella se entrega estará dejando su futuro y la justicia en las manos correctas, dígame su duda Tsu...- daba un trago mas, analizando cada facción y ademan corporal en ambas chicas, como lo suponía, estaban limpias.
-mi madre tiene un concepto sumamente estúpido de la justicia, y un orgullo que me choca, la conozco tan bien que se ella se entregaria y haría frente a sus acciones, incluso si estas la llevan a la cárcel, preferiría vivir en las rejas que como una rata miserable y cobarde escondiéndose el resto de su vida...- una reflexión seca y directa, que asombro a los zarcos que le escudriñaron con interés.
La mano cariñosa y el tacto de terso de la castaña le acunaron el envés con la palma cálida, dejándole un apretón suave con un mensaje en clave -bien oficial...temo yo tengo el mismo presentimiento con respecto a esto, y me preguntaba si esta prohibido entrar a la escena del crimen, hay varias cosas que me interesaria saber pero...esa información debe estar en la recamara de mi suegra-
Cruzo los dedos y acaricio su mentón, el rubio analizo las posibilidades ocultas tras aquella pregunta discreta, podria ser que encontrasen algo, pero tenia la zona en clausura hasta que se tornaran mas claras las cosas, una mente joven solía ver mas allá de lo evidente -entiendo su pregunta, la investigación del caso no se basa en lo que había antes de, sin embargo puede que haya alguna conexión del pasado, a mi departamento solo le importa que descubra si es o no culpable del deceso de Masashi...esta prohibido que alguien no autorizado entre a la escena del crimen, pero...les diré que no hay un solo activo designado al cuidado de la misma, si alguien llegase a entrar sin alterar la evidencia y revisar en algún otro lugar de la casa, nadie se daría cuenta... gracias por el agua señorita Tsu y espero que haya suerte Haru, aqui esta mi numero por si acaso- termino el vaso de agua y dejo sobre la mesa una tarjeta de color ocre con su numero, hizo una una nota a mano con los horarios de las patrullas que pasaban a revisar ocasionalmente la calle, salio del dormitorio y cerro la puerta tras de si.
-¿exactamente que buscamos Tsu?- susurro la ojiverde entrecerrando la puerta de la alcoba, apenas podían ver nada con la obscuridad medianamente pintada de rosados y café en el atardecer, en pocos minutos la visibilidad seria nula y el encender la linterna una cuestión de suerte para atraer la atención de algún centinela próximo.
-alguna nota, una foto de su juventud una carta o algo que nos sirva para saber que paso exactamente antes de que nacieras tu, cualquier cosa del pasado de tu madre Haru- respondió con un susurro casi mudo, se acercaron cada una a un lado de la cama, revisaron los cajones de la cómoda , en los cajones bajos, y aun mas abajo, sacaron libros, cuadernos del trabajo y demas papeles que solía llevar del trabajo a casa como respaldo y defensa legal.
-pffff...no creo que haya nada de eso, ni siquiera se que tipo de cosas le gustan o si tiene algún hobbie...
-shhhh...- le golpeo en el brazo quedamente mientras sus ojos granada se anclaban en uno de los libreros al fondo de la habitación, había algunos libros viejos, revistas sobre medicina, anatomia, diccionarios, guías de estudio de Haru cuando ingreso a la preparatoria y algunos papeles mas antiguos, los revisaron a detalle, pero lo que llamo la atención de los sangre eran las motos a escala que descansaban bajo un domo de cristal, cuatro de las mas famosas y emblemáticas, podrían haber sido un regalo o algo que había heredado o incluso en alguna loca idea, ella misma las había comprado, y les tenia ahi tan ocultas bastandole con saber y admirarles, difícil imaginar a la mujer rígida y protocolaria con semejantes gustos.
-deben ser un regalo...¿recuerdas que una vez mire un auto y ella penso que veia una moto que estaba junto y se puso como loca? alguien debió regalarselas y debe ser alguien importante para que aun las conserve- se encorvaron y de cuclillas revisaron con ojo veloz cada tomo que había en fila, de los tres pisos de estantes hacia abajo, ahi encontro en memorias vagas dos de los tres libros que le miraba leer ocasionalmente, los saco, los envolvió en una bolsa y los metieron a la mochila -no esta el libro de la ultima vez...debe tenerlo en su estudio...ire a revisar- se separaron, Tsu revisaba el resto del librero y sus cajones, encontró una carta a mano, conocía superficialmente la letra de su suegra, había algunos apuntes garabateados pero nada mas de importancia, un destello de la tarde le dejo una estela blancuzca en el iris, la luz menguaba y aquel brillo había llamado su atención, como si le fuera familiar aquel adorno, un colmillo de plata que hacia de prendedor para el cabello yacía en el fondo del cajón envuelto en un tajo de terciopelo rojo viejo, lo reviso, parecía una pieza única, mandada a hacer específicamente para la dueña, algo en su interior le decía que era importante, se lo hecho al bolso y tras escudriñar sinmas resultados salio, chocaron en la penumbra y rieron bajo tras el manotazo de la castaña.
-jaja...que haces, te da miedo la oscuridad? ya vámonos, mañana venimos de nuevo...podemos meternos en problemas...
-me asustaste tonta...-grito en voz baja con acento maternal.
Callaron tras el rumor de las hojas secas arrastradas por el viento, miraron las manchas negruscas que habia regadas por el suelo, se intensificaban por el pasillo hasta el baño...se le revolvió el estomago a la pelicobalto, por la cobardía de aquella escena, su madre no habría hecho algo tan bajo...siguió las manchas hacia el baño, a medida que se acercaba la oscuridad lo tragaba todo, la puesta de sol estaba pasando, pero la agonizante luz le dejo ver lo suficiente para que la imagen se le quedara guardada en la memoria, había manchas de las manos que evidentemente se afianzaron en desesperación sobre las lozas pardas del baño, sobre el lavamanos y finalmente en la ducha, donde el olor nauseabundo de la sangre putrefacta en la coladera y la acumulada en el suelo elevaban su huella delatora, donde la muerte había tenido encuentro esa noche, retrocedio y aun con el espectro que se le sujeto a los pulmones, dejo una expresión confusa y de repudio labrada en el rostro jovial,salieron a hurtadillas por la parte trasera de la casa dejando primero, el paso a su amada antes de saltar el muro a plena recién nacida noche.
Una vez en su dormitorio sacaron los libros y revisaron las paginas iniciales, el tomo mas ancho tenia una esquela de un bosque maldito, una mujer y un lobo, cada imagen fragmentada a la mitad, tenia una dedicatoria en caligrafía delicada y precisa, estaba dirigida a su madre o eso intuyo, era un lenguaje común, con poderosos toques de erotismo y pasión, entre lineas pudo entender que se trataba de alguien que había amado a su madre de una forma aun incomprensible en su totalidad para ella -¿¡que rayos significa eso de L.H.A ?! -
-hmmmm- Tsu miro la pagina un par de veces con el ceño serio -podría ser un nombre en clave...o referirse a algo en especial, no lo se... este tambien tiene una dedicatoria pero es mas propia e inocente mira...-
Le acerco el libro, mas delgado, de pasta dura, había la insignia de una boina, un mundo y un titulo extraño, era una novela de espías, en la primera hoja encontró una dedicatoria mas respetuosa, como su fueran subiendo y entregándose a mas profundidad sea quien fuere que había ocupado el corazón de su madre, ahora sabia que tenia uno al menos -¿bandido cobalto? que carajo quiere decir eso? por que no escribieron las cosas normal, esto complicara las búsqueda- se palmeaba la cara mientras se tumbaba sobre la cama.
-si vuelves a golpearte el rostro así, te dare uno yo...- le reto la mas joven mientras revisaba el libro blanco, era de no mas de quince centímetros, y de una tapa de tela, dentro descansaba una tarjeta de la tienda donde habían comprado el ejemplar, anoto la dirección en un papel y leyó la dedicatoria, era un bello poema, parecía pedir la mano de la otra persona, lo releyó al menos cinco veces sin encontrar algún mensaje oculto, había visto esa letra en algún lugar y esas iniciales al final, pero su memoria era borrosa como densas nubes plomo acariciando los cielos oscurecidos de sus memorias tan lejanas, cada vez que trataba de recordar y se aproximaba al recuerdo, la bruma tomaba fuerza y perdía el espejismo de la cordillera verde y frondosa frente a sus ojos, entre la blanca espesura.
-tengo una direccion, quiza podamos saber quien compro el libro, si tu mama o la otra persona- bebió su té frío, y se recostó sobre el pecho de la ojiverde que le rodeo cálidamente con sus brazos -aun hay una carta ahí...no pude leerla, tengo sueño...mañana podemos dedicar el dia a ello...- murmuro arrullada bajo el suave y rítmico repique del corazón vecino, que le estrujo en el abrazo antes de que el sueño les tomara en la noche.
El aroma seco le raspo los pulmones dejando una sensación caliente y desagradable, tosio con la garganta reseca mientras le afirmaban para arrojarle en una celda , callo de bruces al suelo, apenas con el tiempo y reflejos justos para girar el cuerpo, su hombro y cadera recibieron y amortiguaron su caída, su cabeza incapaz de mantener la fuerza repico en el frío concreto dejando un dolor insoportable, tenia las manos esposadas en la espalda y una cadena corta que le impedía el movimiento de los pies, aun le golpeaba como martillo ardiente la zona donde descansaban los aros metálicos, difícil saber cual de todo era peor, el solo hecho de respirar le dejaba un dolo hueco en el estomago, tenia nauseas, constricto el pecho por la hinchazón de las costillas aporreadas, y un sin fin de contusiones en el cuerpo, escucho los pasos mas claramente, con el oído plantado a fuerza en el suelo, cerraron la puerta con un desliz pesado y el click de un seguro.
Por varios minutos reposo, tratando de erguirse sobre su maltrecho cuerpo, no había movimiento que pudiera hacer sin que un quejido ronco se le atascara en el pecho incapaz de salir por la puerta de su orgullo, tras un par de intentos logro dejar su rostro contra el suelo de tierra seca y acabado rugoso, las rodillas le sostuvieron a duras penas, sabia que era incapaz de levantarse, con un gran esfuerzo levanto su torso y se irguió medianamente, sintio un mareo pero tras un momento paso, mas no el malestar constante que hacia tiritar su cuerpo.
-estas de pie...o casi, eso es admirable para ser mujer- una voz calmada y dulce le hizo pensar que estaba alucinando, pero era claro, esta había emergido tras ella, al otro lado de la celda, una cama frene a ella, de concreto y sin nada mas, arrastró sus rodillas hacia la pared y arrojando su tronco dejo su cuerpo sobre la cama primitiva, dio media vuelta, se repego contra el muro y al fin yacio sentada, con la espalda contra los gruesos y frios ladrillos, era incapaz de sostenerse por si misma y esa falta de fuerza le asustaba -¿quien eres...que hago aqui?- forzó la vista en un futil intento de mirar a detalle quien era la dueña de las palabras y los pasos a poca distancia.
-eso no necesitas saberlo...
-¡¿donde es...estoy que hago aqui? responde¡- vocifero entre un quejido, el simple esfuerzo de alzar la voz o llenar sus pulmones le daba una punzada constante en la espalda y costados que le ardían como brazas.
Al otro lado de los barrotes una joven de cabello violeta y ojos tan claros como el azul coralino, piel tersa y unos años mas joven le miraba, habia observado todo su proceso desde que le arrojaron dentro, agradecia nunca preguntar nada sobre sus visitas, pues quizá prontamente le llevarían a otro lugar, noto la palidez y la respiración dificultosa de la pelinegra, que apretaba los dientes y frunció el ceño junto con los ojos en una demostración muda del malestar que le aquejaba, se aproximo a la celda y le miro con mayor detenimiento, a los ojos de la joven aquella mujer no le parecía de la calaña que solían llevarle, sono el telefono, sin apartarse de la puerta tomo la llamada -diga...-
=mantenla ahí hasta que te diga, no le des mas que una vez de comer y no la sueltes por ningún motivo...yo me encargo de que se este quieta en sus "vacaciones"...mantenme informado=
-entendido...- una breve llamada que le dejaba inconforme, pues sabia lo que significaba cada una de las palabras clave, se dirigió a la pelinegra que mantenía el mentón sobre la clavícula dejando que su cabello cayera sobre la faz -ponte cómoda que estarás aquí un buen tiempo...te traeré la cena en un rato- espero un momento pero no tuvo respuesta, sabia que estaba despierta pero no tenia ganas o energías de intercambiar palabras, mejor mantener la distancia, no quería verse inmiscuida en ningún asunto con algún encargo.
Subió al primer piso y preparaba una cena apenas con lo necesario para una ración, sono el movil y contesto con el comando de voz usando el altavoz. -hola Nagi que quieres?-
=ahhhh mi estimada mashiro...pense que podriamos ir a cenar algo, no es bueno que estes tanto tiempo encerrada en esa lata, que dices?= la confiada voz sonaba por toda la cocina, Nagi Homura d'Artai, era magistrado en la corte, tenia asuntos con varias familias y decidir según su criterio o el soborno quien era libre o culpable,estaba al tanto del negocio de Mashiro a quien cuidaba con sumo cuidado y dedicacion, lo único que detenía a la joven de darle una oportunidad era que le llevaba al menos diez años y su carácter pedante, presumido y que en dos ocasiones había tratado de besarle.
-puedo en dos horas, te veo donde siempre y tomamos un cafe, ¿te agrada?- termino de picar los vegetales que arrojaba al agua hirviendo, un par de pedazos pequeños de carne y alguna especia.
=¿tienes un inquilino otra vez, siempre tienes trabajo ehhhh? jajaja te veo ahí= bromeo jocosamente el hombre al otro lado del micrófono, se escucho un toque a la madera en el fondo pero no respondió, estaba absorto en la llamada.
- si, trabajo es trabajo, solo termino de preparar esto y se lo dejo para ir a verte, hasta el rato Nagi...- bloqueo el telefono y espero a que la cena de su visita estuviera lista.
Era la tercera vez que Reito entraba en el estudio, Shizuru habia permanecido en casa notablemente decaida y apatica -deberias ir a cenar, te hara mal no comer..- le acaricio los hombros dándole confort pero le aparto las manos con rapidez sin ser grosera, una habilidad que detestaba de su porte.
-estaré bien, no es nada...solo necesito descansar un poco, iré a mi alcoba...- camino autómata y a pasos pesados, deseaba estar sola y revivir y sobrevivir con ese beso que le confirmaba lo innegable, Natsuki la amaba y ahora se le venia encima todo ese jaleo, parecía estar el universo en contra de ambas cada vez que estaban cerca de ser felices, le había bastado tan poco para que su repudio a Reito volviera, el solo aroma de su colonia de maderas le parecía insoportable a comparación del dulce y discreto perfume de Natsuki, que aun tenia presente en su memoria, el tacto de sus manos, su voz tan cerca, la sensacion calida de su cuerpo dandole esa paz que no habia encontrado jamas en ningun lugar... -reito...-
La voz de la shizuru le llamo, giro el rostro para atender su llamado pero le daba la espalda para su malestar -dime que necesitas para estar bien y lo are...- haría cualquier cosa por estar cerca de ella y que supiera que no le dejaria sola, debía ser suya, ¿por que esa necedad con Kruger, que tenia de especial, que le podía dar que el no?.
-necesito privacidad, estaré en mi alcoba pero por favor, que nadie me moleste...ni siquiera tu- se trago el nudo que amenazaba con resquebrajarse de nuevo al sentir la insoportable soledad sin su amada, todo le parecía tan vano y superfluo sin ella, desconocía como sobrevivió tantos años lejos de su amor...las cartas, los libros, las rosas, y las ropas que había guardado de sus encuentros le habían dado un lugar de refugio, donde vivía la vida que deseaba, al menos en su imaginación y sueños, pero no tenia mas que eso, anoche sumaban un beso y una promesa a sus arcas, y con ello el instinto irracional de estar a su lado se había desatado, era su momento de ser feliz, al carajo lo demas, habia salido de la habitación con tanta prisa que ni una oportunidad le dio a Kanzaki de responder, entro a su habitación y en la privacidad llamo a la central de policía, donde pregunto por Natsuki, en un intento de localizarle, desconfiaba de Reito y debía ella misma comenzar la búsqueda de su amada, dadas las extrañas circunstancias de su desaàricon, y aun mas, la necedad del Kanzaki por que se mantuviera al margen, algo simplemente nos estaba bien.
=por el momento no tenemos una dirección en donde pueda localizarse esa persona señorita Shizuru, pero si acude personalmente a nuestras oficinas, le podemos ayudar a iniciar una busqueda despues de setenta y dos horas de ausencia de la persona en cuestión= monótona y educada, una respuesta que lo le dejaba contenta ni mucho menos tranquila -gracias de todas formas señorita- colgó mientras cavilaba que hacer, se levanto y dio un par de vueltas de un lado a otro de su amplia habitacion, jugo con las manos y dedos nerviosamente y aun con inconformidad tuvo que buscar apoyo en la única persona que podría conseguir ayudarle, o eso esperaba.
Reito cerro los ojos y permaneció de pie en completa soledad, Shizuru era una mujer dificil pero si había olvidado por poco a la ojiverde una vez, el se encargaria de que lo hiciera de nuevo.
