CAPÍTULO 8: COLMILLO DE DEPREDADOR
El suave crepitar de las llamas y el intenso seseo interrumpían el silencio de la habitación. Nadie en su sano juicio hubiese osado irrumpir en el cuarto y perturbar su descanso, a menos que tuviera una razón muy importante, pero incluso con ella no se aseguraba el perdón por la osadía.
Lord Voldemort giraba su cáliz mientras contemplaba las llamas consumir las delgadas y delicadas ramas en la chimenea. Nagini se encontraba postrada a sus pies como lo haría un fiel perro guardián.
—Ya han pasado años, mi hermosa Nagini, desde que estuvimos sentados juntos sin nadie quien nos molestara. Siempre rodeados de ineptos sirvientes como Colagusano… sin embargo son ineptos que han servido a Lord Voldemort y Lord Voldemort es agradecido con los que le sirven. Con su servicio lograré ser el líder de la comunidad mágica y cumplir la meta que me he propuesto toda la vida: obtener el máximo poder. El deseo de poder es, de entre todas las pasiones, la única que permanece. Produce un enorme placer empujar a la gente de un lado a otro, construir ciudades, fundir países y de nuevo volver a separarlos. Causa alegría construir y causa alegría destruir. Una victoria justa produce alegría, pero tampoco quiero renunciar a mis derrotas. Cuando se acercan las maldiciones con la varita, los libros y las velas, cuando los altares se oscurecen y se cubren las imágenes y se hace callar a los traidores; entonces crece en el fondo de tu ser la firme voluntad de volver encender las velas y de volver a buscar traidores que callar, una desenfrenada voluntad que agudiza el ingenio. Se piensa en todos los medios y caminos. Un corazón grande tiene necesariamente muchos rincones vacíos. En ellos puede hacer su nido fácilmente el aburrimiento, la melancolía, la acedia. Se necesita una gran pasión para llenar los rincones vacíos. Tú me entiendes Nagini: perseguir el poder, anhelar cada vez más poder, es un fuego grande y permanente.
Una serie de golpes fuertes y espaciados se escucharon en la puerta. Voldemort giró su cabeza y clavó su mirada en ella, la puerta se abrió mágicamente y reveló la figura del inoportuno visitante.
—Ah Severus, espero tengas una buena razón para interrumpirme.
—Le ruego disculpe mi imperdonable intromisión en su periodo de descanso mi amo, pero he venido a informarle que Colagusano tiene un mensaje importante de nuestra base en Bollington, Chesire.
—Entiendo —dijo desdeñosamente Voldemort—, que entre.
Un gordo y ojeroso hombrecillo entró en el recinto, su cabeza había perdido casi todo el cabello, su cara, semejante a la de una rata enferma, se tensaba y obligaba al resto de su cuerpo a temblar sin control. Hablar con el señor tenebroso siempre le había causado pánico, pero tener que darle esa noticia se salía de sus parámetros de miedo conocidos.
—Pasa Colagusano ¿qué tienes que comunicarle a Lord Voldemort?
Manteniéndose alejado del peligroso mago se arrodilló y dijo:
—Lo siento mi señor. —Su boca temblaba y las palabras permanecían atoradas. Debido a la tardanza de su respuesta la ira de Voldemort crecía; sus ojos arrojaban una mirada amenazadora.
—¡DÉJATE DE TONTERÍAS Y DIME LO QUE TIENES PARA MÍ!
Colagusano dio un enorme salto y comenzó a recitar como un vendaval las noticias:
—Fuimos derrotados en Bollington, los miembros de la Orden del Fénix nos engañaron y realizaron el ataque por tres flancos. Capturaron a muchos mortífagos y mataron a otros tantos. Perdimos al grupo de quimeras que nos acompañaban al igual que la banda de ogros que vigilaban las zonas de acceso de la base… ¡Hemos perdido esa zona!
—¡¿QUÉ?! ¿CÓMO PERMITIERON QUE PASARA ESO? —Lord Voldemort se incorporó de su asiento temblando de rabia. Sus ojos se encontraban inyectados de sangre, y sus dientes estaban tan apretados que parecían estar a punto de estallar. Incluso Nagini y Snape se alejaron un poco de él temerosos y alarmados.
Voldemort sacó su varita y apunto hacia la cara de su sirviente, disminuyendo su tono de voz, comenzó a hablar lento y terrible… arrastrando las palabras: —Estoy… muy… decepcionado… y Lord Voldemort no tolera estar decepcionado: ¡Crucio! —Colagusano comenzó a revolcarse por todo el suelo víctima de un terrible dolor; cuando Voldemort terminó el hechizo Colagusano comenzó a jadear sin parar.
—¿Quién estaba al mando? —preguntó finalmente Vodemort.
—¡Daniel Smith! mi señor —respondió Snape.
—Bien. ¡Tráiganlo!, Smith conocerá la ira de Lord Voldemort.
—Me temo mi señor —contestó Snape—, que eso es imposible. Nos informan que Smith está muerto. Fue el primero en caer, al parecer la emboscada inició eliminando al líder y dispersando las filas defensoras.
Voldemort entornó los ojos y regresó a su sillón. —Fuera de mi vista Colagusano —dijo. Sin esperar a otra posible orden, Colagusano se incorporó de un salto y salió corriendo de la habitación.
Voldemort tomó su cáliz y comenzó a beber con parsimonia. Nagini lentamente reptó y se colocó cerca de los pies de su amo siseando continuamente. —Parece que nuestros enemigos aún tienen energía para pelear ¿no crees Severus?
—Tan sólo fue un golpe de suerte mi amo.
—Eso no fue un golpe de suerte, fue demasiado perfecto. Sin Dumbledore la orden no es capaz de generar un plan como ese.
—¿Qué quiere decir mi amo? —preguntó Snape.
—Tenemos un traidor entre nosotros.
—¿Sospecha de alguien mi amo?
—Por supuesto que sospecho de alguien Severus, pero estoy seguro que sabes perfectamente que nunca te lo diría. Lord Voldemort tiene tantos amigos como enemigos y en su mayoría unos y los otros son la misma persona. Pero lo descubriré, y cuando lo encuentre sufrirá lo más terrible de mi ira —Hizo una pausa prolongada y relajando su semblante hablo de nuevo—. No importa, esta derrota no significara nada cuando logremos concretar la operación, ¿cómo van los preparativos del plan sterkte?
—Nos hemos retrasado un poco debido a la ofensiva del la Orden del Fénix, pero a pesar de ello vamos cumpliendo con los tiempos programados.
—No me defraudes Severus. Quiero terminar con el plan de una vez por todas. He esperado demasiado y no estoy dispuesto a esperar más tiempo.
—Le suplico tenga un poco de paciencia amo —dijo Snape— el plan se cumplirá forme esta previsto, y una vez concretado su victoria definitiva será un hecho.
—Eso espero —dijo desdeñosamente Lord Voldemort mientras que rellenaba su cáliz con un movimiento de varita y le daba un largo sorbo a éste—. Por otro lado Severus —su tono de voz cambio irónicamente y esto perturbo más a Snape—, ¿por qué el joven Malfoy no ha hecho nada para cumplir la misión que le fue encomendada? ¿Acaso trata de ignorar mis órdenes? ¿Está retando a Lord Voldemort?
—No señor, estoy seguro que eso sería lo último que Draco haría. En este momento debe de estar ideando un plan para eliminar a Potter.
—No trates de engañarme Severus… no puedes engañarme. Ya imaginaba lo que podría pasar cuando le asigné la misión: tiene miedo; no es digno de considerarse un sirviente mío —Fijó su mirada en la chimenea de la habitación—. ¡Quizá es momento de demostrarle que Lord Voldemort no está jugando! ¡Quizá debería tener un encuentro con su madre! —Una sonrisa diabólica se dibujó en su rostro. Snape palideció de golpe; si Voldemort decidía darle una lección a Draco, su madre Narcisa, estaba condenada a morir.
—Por favor señor oscuro, déme la oportunidad de aconsejar al joven Malfoy para que cumpla su misión. Lo ayudaré a que encuentre el camino y recupere el honor de su familia.
Lord Voldemort dejo el cáliz sobre una mesilla y entrelazó sus manos. —Bien Severus por ahora dejaré las cosas como están, pero recuérdale a ese rapaz que mi paciencia tiene un límite y es demasiado peligroso cruzar dicho límite. Como recompensa a los años de servicio de Lucius, perdonaré a su esposa… por ahora.
—Gracias señor —dijo Snape mientras inclinaba su cabeza y realizaba una torpe reverencia. Al levantarse se percató que Voldemort lo miraba seriamente, señal inequívoca de que el señor oscuro daba por concluida la reunión.
Mientras salía de la habitación con un paso seguro escuchó a Voldemort iniciar una conversación con Nagini en pársel.
Desde aquél día cuando Voldemort le encomendó (a Draco) la misión de eliminar a Harry Potter, Snape no había hablado con él. Pero lo cierto era que en ese momento el chico necesitaba realmente su ayuda, si no hacía algo Narcisa sería asesinada. Si eso pasaba, Draco haría algo estúpido en venganza, lo que seguramente le acarrearía la muerte… y si Draco moría Severus Snape también.
Era verdad que Snape desconocía el paradero de Draco, pero también era verdad que lo conocía mejor que cualquier otra persona, incluyendo a sus seudo amigos de Hogwarts, por ello estaba convencido que lo encontraría en ese lugar…
—¿ESTÁS LOCO, O ESTAS INTENTANDO TOMARME EL PELO? —exclamó una voz de mujer—. ¡No había escuchado nada tan ridículo e impertinente!
—No bromeo, en verdad necesito tu ayuda tía. Tengo que salvar a mis padres… ¡Tienes que ayudarme a salvar a tu hermana!
—No me importa que sea mi hermana Draco. Si para salvarla tengo que ir en contra de las órdenes del señor oscuro, entonces no lo haré.
—¿NO LO ENTIENDES? El señor tenebroso nos está utilizando, no le importamos en lo más mínimo. Su favor hacia sus servidores cambia a su conveniencia. ¿No te quería a ti? ¿No fuiste la única que permaneció fiel a él cambiando la libertad por Azkaban? Y a pesar de que nunca lo negó, ahora no eres más que un estorbo para él. Mi padre también le fue fiel y mira cómo le ha pagado.
—¡Cállate estúpido! —grito Bellatrix—. No tienes ni idea de lo que hablas. ¿Cómo te atreves a criticar a nuestro señor? Le debemos nuestra lealtad incondicional.
—Nunca le seré leal a alguien que quiere acabar con mi familia —repuso Draco.
—Entonces eres un traidor —Y sacando rápidamente su varita apuntó directo al pecho de Draco—. Debería matarte en este momento, pero no aprenderás con ello tu lección, así que: Crucio…
El cuerpo de Draco comenzó a convulsionarse y retorcerse, y la habitación se inundo de sus desesperados chillidos de dolor. Un fuerte grito se escuchó resonar por la habitación: —¡Expelliarmus! —El cuerpo de Bellatrix salió despedido hacia la pared a una velocidad descomunal, chocando con una mesilla haciéndola añicos. Bellatrix quedó tirada en el suelo sin sentido.
Jadeante Draco se incorporó y miró la cara contraída y feroz de Severus Snape. Orgullosamente el muchacho caminó en busca de la salida, actuando como si lo ocurrido hubiese sido una simple disputa familiar.
—¿Cuánto tiempo vas a seguir jugando? —preguntó Snape cuando Draco se disponía a cruzar el umbral de la puerta. Girando su cuerpo y con una expresión de ira Draco gritó—: ESTO NO ES UN JUEGO, ESTOY TRATANDO DE SALVAR LA VIDA DE MIS PADRES.
—Así no lo conseguirás —repuso sin rodeos Snape—. El señor oscuro se encuentra contrariado, y ha dispuesto todo para matar a tu madre —La expresión de Malfoy palideció de golpe—. Por fortuna logré convencerle de que te dé más tiempo.
Renunciando a su falsa seguridad y con lágrimas en los ojos, Malfoy dijo: —No sé que hacer, Potter está protegido en Hogwarts, no se como volver a entrar en el colegio.
—¿Tienes a alguien que te pueda ayudar dentro del colegio?
—Claro que sí: Crabbe, Goyle, Pansy… pero todos ellos están en continua vigilancia y no pueden hacer nada.
—¿Estás seguro de que no hay nadie más que pueda ayudarte?
La mente de Malfoy comenzó a trabajar lo más rápido que podía, de pronto abrió de golpe los ojos y dijo: —¡Kreacher… él trabaja en Hogwarts!
—Bien, es buena idea Draco. Pero para poder tener una oportunidad debes de permanecer cerca de Hogwarts.
—Pero no puedo ir a Hogsmeade —repuso Draco.
—¡Ocúltate en el bosque! —dijo Snape—. En la zona norte de los jardines de Hogwarts, muy cerca del cementerio, existe una falla natural muy conveniente: son un grupo de rocas salientes que protegen un pequeño lago submarino. En esas salientes hay pequeñas grutas en donde una persona puede ocultarse sin mayores problemas. Sabiendo hacer magia es sencillo hacer ese lugar habitable.
—¿Cómo conoce ese lugar? —preguntó Malfoy.
—En mis épocas de estudiante lo acostumbraba visitar. Resultaba un lugar idóneo para alejarme del cansino mundo adolescente: Ahí creaba y practicaba mis propios hechizos, mismos que anotaba en mi libro de "Preparación Avanzada de Pociones".
—¿Alguien más conoce ese lugar? —preguntó de nuevo Malfoy.
—No lo creo, los que estoy seguro que lo conocían ahora están muertos, así que ahí podrás estudiar mejor el terreno y cumplir tu misión.
Malfoy asintió con su cabeza mientras susurraba: —Entiendo. —Cuando se disponía a salir fue detenido por Snape.
—Draco… ten cuidado. —Y haciendo un gesto de asentimiento con su cabeza el chico se marchó.
Snape permaneció mirando la puerta durante un rato, hasta que finalmente se acercó al cuerpo de Bellatrix, e inclinándose, recogió su varita del piso.
—Ahora mi querida Bellatrix, tú y yo tendremos una larga charla: ¡Enervate! —dijo finalmente.
Bellatrix abrió los ojos y miró fijamente a Snape tratando de comprender lo que había pasado.
—¿Qué crees que diga el señor oscuro si le cuento que intentaste matar al joven Malfoy antes de que pudiera cumplir su misión? —comentó Snape.
—Tú no entiendes Snape, ese chico insultó al señor tenebroso, únicamente lo estaba castigando.
—¿Y quién eres tú para tomar esas decisiones? Dudo mucho que el señor tenebroso te haya conferido esa clase de poder.
La cara de Bellatrix se encendió y le dirigió a Snape una mirada cargada de ira. Apretaba sus manos tan fuerte que parecía que fueran a partirse en cualquier momento. —Sólo te lo diré una vez —agregó Snape arrastrando las palabras—: Si te acercas a Draco de nuevo y te atreves a hacerle algún daño, yo mismo me aseguraré que aparezca una nueva tumba en la tierra que albergue a un Lestrange.
—¿QUÉ? pe… pe… pero cómo te atreves —gritó desesperada Bellatrix.
—Si tienes algún problema con mi actitud, sugiero que le entregues tu queja personalmente al señor tenebroso. —Y dándole la espalda se alejó de ese lugar.
Bellatrix se levantó furibunda, comenzó a romper las cosas que tenía cerca de ella. No sólo estaba furiosa por la amenaza de Snape, sino porque sabía que tenía razón: había perdido todo el favor de Lord Voldemort desde que perdió la batalla en el Ministerio de Magia. Tenía que demostrarle a su señor que aún seguía siendo la más leal de sus sirvientes, y sólo había una forma de hacerlo… Tomando la varita del suelo (misma que Snape había tirado antes de irse) salió de su casa fijando el rumbo para cumplir con su destino.
