Inuyasha le pertenece a Rumiko Takahashi
Cambiando el destino
Capítulo 8: Ceremonia de Purificación
- Kohaku, Kagome, vengan conmigo - Kikyo habló con voz seria y ambos la siguieron, el resto del grupo vio cómo se alejaban hasta perderse en el bosque
Las dos sacerdotisas y el chico iban en silencio, caminaban a un paso apresurado, pasada media hora Kikyo se desvió a la derecha dejando el camino principal, los otros dos la siguieron aún cuando ya no se veía un camino de ningún tipo.
A media tarde Kagome notó que estaban llegando al pie de una montaña, un par de youkais los habían atacado al medio día mientras comían algo pero Kohaku se deshizo de ellos, ambas sacerdotisas estaban listas para atacar pero no tuvieron que mover ni un dedo. Después de ese encuentro no habían visto más youkais, solo algunos animales del bosque.
Comenzaba el atardecer y por fin Kikyo se detuvo, el sonido fuerte de una cascada les llegaba junto con el suave aroma del musgo y la frescura del agua en la brisa.
- Kagome debes cambiarte - la suave voz de Kikyo fue un susurro, la joven sacerdotisa asintió y fue detrás de un árbol a cambiarse - Kohaku, debes dejar todas tus armas ahí junto con la ropa de Kagome- señaló un hueco en el gran tronco de un árbol a dos metros de distancia, el chico asintió y deposito todas sus armas donde ella le dijo
Kagome volvió vestida igual que Kikyo, Kohaku parpadeó incrédulo al notar las enormes similitudes entre las dos, realmente una era reencarnación de la otra. La sacerdotisa de barro le indicó a Kagome dónde dejar sus ropas y aprovechó para dejar su arco y flechas ahí también.
Posteriormente Kikyo los guió entre unos árboles y arbustos hasta la enorme cascada, sus dos acompañantes se quedaron boquiabiertos, era impresionante. Tres saltos de diez metros cada uno, en el último salto se dividía en decenas de cascadas, unas con mucha más fuerza que otras. La laguna era cristalina, se veían las algas verdes en el fondo, había una gran roca en el centro y muchas en el borde, en las rocas había musgo y algunas flores y hojas. El ambiente era sumamente fresco, la noche estaba cerca y se sentía más frío aún.
- Esta noche será el ritual de purificación - Kikyo habló de nuevo con voz tenue - los tres tenemos que entrar en una cascada distinta y meditar, purificarnos de los malos pensamientos, malas energías y sobre todo, de la influencia de Semeku sobre nosotros - Kagome estaba nerviosa, nunca había hecho una ceremonia de purificación antes - Terminaremos al amanecer - la voz de Kikyo fue suave pero firme
Habían seis cataratas con rocas inmediatamente bajo ellas, la sacerdotisa joven comprendió que este definitivamente tenía que ser un lugar muy particular para tener incluso puestos listos para purificación. Fue como si la sacerdotisa de barro le leyera la mente
- Este es un lugar sagrado - su voz de nuevo suave, Kagome asintió ante el comentario - Debes abrir uno de los sellos esta noche o no funcionará - agregó la joven de barro, a lo que la otra chica asintió con dudas en su cabeza
Los tres ubicaron un lugar que les gustó y se sentaron a meditar bajo el agua que por cierto, estaba helada, pero es parte de lo que hay que soportar para estar puros. Era necesario después de todo, si había al menos una gota de maldad o impureza en sus corazones o almas, no podrían salvar a Kohaku, aún si nadie lo decía los tres lo sabían.
Habían pasado varias horas, la noche estaba estrellada, se notaba que pronto sería luna nueva, la luna menguante apenas se veía. Kagome era la única que se sentía congelada, tenía el cuerpo entumido y faltaban horas todavía y ella no dejaba de pensar que le encantaría estar con Sesshomaru. Su corazón dio un vuelco y comprendió que aunque esos pensamientos no eran particularmente impuros, debía concentrarse en sacar cualquier mal sentimiento de su interior.
Se concentró fuertemente en que debía romper un sello, sabía que debía ser el segundo porque Irasue le ayudó a romper uno antes. Con los ojos cerrados controló su respiración lo mejor que pudo. Pasaron los minutos y ella encontró en el fondo de su alma la shuriken de jade que Irasue había lanzado hacia su pecho, estaba incrustada en una caja de laca negra parcialmente abierta "este debe ser el primer sello" pensó para sí misma. Dentro de la caja algo brillaba con luz celeste-lila, eran dos conchas de mar cerradas (un bivalvo completo, N/A: específicamente una pteriomorphia pterioida), ¿por qué había tal cosa en su interior? Lo tomó en sus manos e intentó abrirla, no pudo. Observó el shuriken y decidió intentar usarlo, después de todo no tenía nada qué perder.
Tomando la estrella ninja con su mano derecha y sosteniendo firmemente el bivalvo con su mano izquierda, introdujo una de las cuchillas en el borde e hizo palanca. Usó toda su fuerza hasta que su cuerpo brilló con un tono celeste verdoso y consiguió abrir las valvas. La luz celeste-lila salió del interior de las conchas y rodeó a Kagome. La chica sintió valentía y fortaleza, dentro del bivalvo había una perla nacarada pero la joven sabía que aún no era momento de quitar ese sello, así que dejó todo dentro de la caja negra, la cual dejó abierta al igual que las conchas.
Eran cerca de las cuatro de la mañana cuando Kagome sintió una paz llenar su interior, se preguntó a sí misma si esto era lo que sentían los demás. Kohaku también sentía la paz absoluta en su interior, todo el sentimiento de culpa había desaparecido. Kikyo sabía que ya estaba lista porque ya no sentía el odio hacia Naraku / Semeku, al menos por el momento podía estar segura de que no dañaría a Kohaku.
Al amanecer Kikyo dio la orden y los tres salieron de las cascadas. Ella confirmó con los otros dos que lo único que sentían era paz y tranquilidad, ellos dijeron que sí. - Es momento de pasar a la segunda fase - susurró la chica de barro
Los guió hasta el centro de la laguna, estaban empapados y congelados pero pronto el sol los calentaría. Con una orden de Kikyo, el muchacho se sentó en el centro de la roca. La chica de barro se sentó atrás viendo la espalda del chico (particularmente enfocándose en la nuca), la joven de ojos miel se sentó frente a él e hizo lo mismo que su colega, únicamente que viendo a su cuello.
Sin decir nada Kykyo comenzó a purificar el fragmento de Kohaku, Kagome hizo lo mismo que su predecesora. Sin decir palabra las dos sabían qué hacer. Para la chica de cabellos negro-azulados era sumamente extraño saber qué hacer sin jamás haberlo hablado pero lo atribuyó a conocimiento de su alma.
Veinticuatro horas completas pasaron sin que ninguno de los tres se desconcentrara, Kohaku mantenía su mente, alma y corazón de la forma más pura posible, pensando únicamente en cosas buenas y alegres. Las dos chicas pensaban únicamente en asegurarse la purificación completa no sólo del fragmento, sino de todo a su alrededor. Ninguno sentía hambre ni sueño. Era el amanecer del tercer día.
Por ahí de las ocho de la mañana del tercer día Kikyo y Kagome se detuvieron, se miraron a los ojos y sonrieron.
- Kohaku vamos a remover tu fragmento - dijo Kagome sonriendo - esperemos que sea como Kikyo predijo y sobrevivas sin inconvenientes - Kohaku asintió sintiendo un poco de nervios en la base de su estómago
Kikyo removió el fragmento con un movimiento fuerte y rápido. El joven dio un sobresalto cuando lo sintió salir de su cuerpo. Kagome aguantó la respiración, no tenía ni idea de qué esperar. Había puesto alma y corazón purificando a al chico pero realmente no estaba segura de qué pretendía Kikyo con eso.
Kohaku parpadeó y comenzó a reír como el niño que era. Estaba vivo.
- ¿CÓMO? - decía entre risas y brincando de alegría - ¡GRACIAS! ¡Gracias! -
Las sacerdotisas se unieron a la celebración, Kikyo también reía, algo que a la joven de ojos miel le pareció sumamente raro pero decidió disfrutar el momento, su pequeña victoria por encima de Semeku.
- Dejamos nuestra luz en tu interior - la sacerdotisa de barro no dejaba de sonreír - ahora Semeku no podrá tocarte, estás demasiado puro -
- ¿Cómo supe qué hacer? - interrogó Kagome a su colega
- Supongo que hasta cierto punto estamos conectadas por el alma que compartimos - le contestó pensativa la de largo cabello negro
Segundos después cayeron en cuenta que habían pasado más de un día sin comer, Kagome y Kohaku fueron a buscar raíces y hongos mientras Kikyo llamó una de sus serpientes para conseguir un alma o dos que estuvieran por ahí, después de todo, eso había sido exhaustivo para ella y necesitaba recuperar fuerzas.
Después de comer emprendieron su camino de regreso, la chica de pelo negro-azulado no se cambió la ropa. Si lo hacía se demorarían algunos minutos y la verdad es que simplemente quería llegar donde la anciana Kaede para ver a Sesshomaru, sin saberlo, Kikyo y Kohaku compartían el deseo de regresar pronto.
Caminaron por el bosque oscuro y a pesar de eso no fue hasta que estaban a algunas decenas de metros de la aldea que un youkai tipo escorpión apareció. La sacerdotisa de barro le dio el arco y una flecha a Kagome y le pidió que intentara ella, quería ver si había roto correctamente su sello.
La chica de ojos miel aceptó, se preparó para lanzar y la flecha tomó un color celeste-lila, la soltó. La flecha viajó velozmente hasta atravesar de un lado a otro al escorpión dejando una estela de luz purificadora a su paso. Kagome se sorprendió al igual que el chico, Kikyo sonrió, con este poder podrían derrotar a Semeku. Habían dos sellos más que tenían que abrir para que Kagome liberara todo su poder, pero no eran realmente necesarios si con sólo el segundo sello hacía esa cantidad de daño.
Los tres comenzaron a hablar de estrategias, ataques, provisiones y la forma de mantener los dos grupos unidos. Ambas sacerdotisas sabían que los hermanos perro podrían ser un problema si no se conseguía una tregua entre ellos. Necesitaban estar en paz entre sí para atacar eficazmente a Semeku y darle fin de una vez por todas. También pensaron formas de atraerlo, ahora que tenían el fragmento de Kohaku podrían tenderle una trampa a su enemigo y conseguir acabar con él. Se necesitaba precisión y armonía.
Las chicas se adelantaron al muchacho que encontró unas setas y decidió recolectarlas. A lo lejos vieron a Sesshomaru e Inuyasha, los cabellos de ambos ondeaban con la brisa matutina, de pronto ambos voltearon a verlas y corrieron a su encuentro.
Kikyo estaba acostumbrada a ver a Inuyasha hacer esa clase de cosas, como correr a su encuentro, pero jamás pensó que Sesshomaru haría lo mismo ¿por qué venía él también? Entonces se percató de que Kagome sonreía algo abstraída en sus pensamientos ¿era posible que esta chiquilla tonta se enamorara de un daiyoukai? Después de todo ya era arriesgado amar a un hanyou... pero un gran demonio es un mundo completamente distinto.
La chica de ojos miel se sorprendió enormemente al ver como el diayoukai parecía competir con Inuyasha para alcanzarlas, le pareció divertido pero le extrañó. Esa actitud sin duda no era la de Sesshomaru, aunque se notaba el aura fría y distante de siempre. Su corazón latió fuertemente y no dio signos de detenerse, ese demonio alto se acercaba a ella, venía por ella, venía a su encuentro.
- ¿Dónde está Kohaku? - Inuyasha inició la conversación algo molesto puesto que llegó un paso más atrás que su hermano
- Aquí estoy - dijo el chico con una cicatriz muy marcada en su cuello y muchos hongos en sus manos - conseguí esto - dijo con una sonrisa
- Ya no tiene el fragmento - Sesshomaru percibía que el niño además de su particular aroma a tierra también tenía rastros del aroma de flores y sol de su mujer y la otra sacerdotisa. Su mente le repitió suavemente "mi mujer" haciendo que su corazón diera un vuelto, de pronto le entraron ganas de abrazarla y besarla, se resistió armando aún más su coraza fría de siempre.
- Logramos mantenerlo con vida mediante un ritual muy particular de purificación - la voz de Kikyo tenía un tinte de alegría
El grupo caminó de regreso a la casa. Inuyasha y su amada mujer de barro iban detrás de Kohaku que encabezaba el grupo. Sesshomaru venía detrás de ellos con Kagome algunos centímetros detrás suyo. La chica estaba muy sonrojada y so corazón latía con mucha fuerza, el daiyoukai lo sabía, podía escucharlo, estaba orgulloso de generar esos cambios en ella aunque no estaba orgulloso de tenerlos él mismo, no quería que nadie lo notara, aún cuando le había expresado directamente a Inuyasha que ella era suya, eso no significaba realmente que habían sentimientos mezclados, él quería que nadie supiera que ella era su debilidad.
Kagome se despertó con la luz del sol de la tarde pegando en su cara, había dormido toda la mañana y media tarde. Estaba bajo un árbol cerca del río. No recordaba muy bien cómo había llegado ahí. Lo único que podía recordar era ella montando sobre A-Un después de que Sesshomaru diera la orden.
Entró en conciencia de que no estaba sola, su cabeza descansaba sobre el muslo izquierdo de Sesshomaru quien a su vez descansaba su espalda contra el árbol que les daba algo de sombra. El viento movía las hojas y los rayos del sol podía atravesar suavemente hasta acariciar la piel de ambos.
Él la miró, esta vez ya no se veía la frialdad de antes, se veía un semblante tranquilo y serio con un tinte de cariño, algo extraño en él.
- ¿Dormiste suficiente? - la voz suave de él la hizo abrir más los ojos
- Creo que sí - quería incorporarse pero sintió una suave caricia en su cabeza y no quería moverse, sabía que era la mano derecha del diayoukai
Los ojos de ambos se encontraron, Kagome no podía recordar cuándo fue la última vez que había deseado tan fervientemente algo, pero en ese momento deseaba que la besaran, deseaba que la abrazara, deseaba que le dijeran tantas cosas y le hicieran tantas cosas. De pronto su mente divagó más de la cuenta y se descubrió a sí misma imaginándose con Sesshomaru en la cueva donde se dieron su primer beso, solo que esta vez él besaba su cuello y bajaba hasta su escote...
- Kagome - la voz del daiyoukai la despertó de su ensueño
- Sesshomaru - susurró ella y al ver que él se agachaba cerró los ojos
Se fundieron en un beso profundo ¿acaso era posible que Sesshomaru leyera su mente?
Por la cabeza del daiyoukai volaban toda clase de pensamientos: desde besarla simplemente hasta hacerla gritar su nombre con voz de éxtasis. Desde el momento en el que Inuyasha y Jaken malinterpretaron sus palabras el pensamiento de acostarse con ella rondaba su mente. Era pequeño pero estaba ahí, insistente. Él sabía que aún no era momento para eso. Quería estar con ella en un lugar tranquilo, sin que nadie los molestara, pasar cuanto tiempo fuera posible a solas con ella. Eso implicaba dejar a Rin, Jaken y A-Un en algún lugar. Decidió que cuando acabaran con su enemigo podrían disfrutar cuanto quisieran.
El beso fue suave, lleno de ternura y algo más largo de lo que los dos esperaban. No verse por tres día había sido más tiempo de lo que querían admitir.
Sesshomaru se embriagó con el dulce olor de Kagome quien sin pensarlo mucho se levantó lentamente sin soltar el beso y se acomodó sobre las piernas del daiyoukai. Los brazos de la chica rodearon el cuello del joven cuyo brazo la sostuvo firmemente de la cadera acercándola más. Se separaban únicamente para tomar algo de aire y volvían a besarse cada vez más apasionadamente. Ninguno de los dos sabía exactamente porqué pero no podían dejar de besarse.
Fue hasta que el gran demonio sintió que no podía detener más su deseo que se separó de sus labios y la abrazó con fuerza.
- Kagome - le dijo al oído en un murmullo
- Sesshomaru - ella le contestó en susurros también - ¿por qué paramos? -
- No podré detenerme si seguimos - su voz seguía como un murmullo pero además de suavidad y calma incluía un poco de frustración hacia sí mismo - Aún no es el momento -
- Está bien - dijo ella con un tono de tristeza, realmente quería seguir aunque no estaba segura de hasta dónde estaba dispuesta a llegar
Ambos se mantuvieron abrazados unos minutos más, los rayos del sol comenzaban a cambiar y atenuarse, el atardecer estaba próximo. Ambos se levantaron dispuestos a irse pero al daiyoukai se le vino una idea y de repente se vio a sí mismo alzando a Kagome con fuerza y subiendo a la copa del árbol, desde donde se podía ver mucho mejor el cielo.
- Es hermoso - dijo la chica embelesándose con los colores naranjas del atardecer y el aroma fresco del diayoukai
- Hmm... - si repuesta era fría y seria, como él, pero tenía una leve sonrisa en su rostro, apenas apreciable. Por primera vez se sentía enteramente feliz, ahí, en ese instante tan pequeño en su larga vida
El cielo se puso de un tono rojo pasión. Kagome se abrazó con fuerza al cuello de Sesshomaru quien se estaba volviendo loco con el dulce aroma a flores y sol.
- Eres mía - la voz de Sesshomaru resonó en la joven, era fría con un dejo de ternura
- Así es - dijo ella sonriendo mientras su corazón daba un vuelco y habían mariposas en su estómago
- ¿Comprendes lo que eso significa? - los ojos del daiyoukai se posaron sobre los de ella
- Soy tu pareja - los ojos miel devolvieron la mirada tiernamente
- Para siempre - la voz seguía fría pero los ojos dorados demostraban anhelo, su corazón latía tan fuerte que ella podía sentirlo en su pecho
- Para siempre - repitió ella sonrojándose fervientemente sabiendo que él también podía sentir su corazón, él sonrió con esa sonrisa única de felicidad que ella sólo había visto la vez que se dijeron que se querían - Eres mío - añadió ella suavemente, conteniendo la respiración
- Para siempre - le contestó él aún sonriendo, se veía tan extraño, el gran Sesshomaru sonriendo para una humana a la que recién le acaba de jurar estar toda la vida juntos, los ojos dorados brillaron con pasión
Se besaron intensamente un vez más antes de irse.
Kagome caminaba junto con A-Un detrás de Sesshomaru, estaban a unos metros de la casa de Kaede cuando una incógnita nación vibrante en la mente de la chica
- Sesshomaru - inició con voz algo temblorosa por lo que iba a preguntar, él se detuvo y la miró fijamente, con esa cara fría y seria típica de él
- ¿Qué sucede? - su expresión no cambió, su voz fría como de costumbre
- Lo que pasó antes... - siguió ella, él levantó la ceja en duda esperando que ella terminara de hablar - eso que pasó... ¿nos... fue como una especie de b-b-b-boda? - terminó con voz aún más temblorosa que antes
- No - él se volteó como si nada y siguió caminando seguido de A-Un, ella se quedó paralizada en el lugar, acababan de decir que estarían untos por siempre
- ¿Entonces qué fue eso? - ella caminó acelerando el paso para llegar a su lado
- Simplemente dijiste que eres mía - dijo sin siquiera mirarla ni detenerse
- Dijiste que eres mío - ella le contestó casi sin pensar sus palabras
- Eso solo significa que eres mi pareja - él siguió caminando y como si hablara de lo aburrido que estaba el clima terminó diciendo - Para casarte conmigo tendrías que "intentar hacer bebés" conmigo - ella quedó petrificada en el lugar
N/A:
Hola mis queridos lectores ¡Es martes! Amé este capítulo :D escribirlo, releerlo :) espero que les guste mucho
Pueden dejarme sus comentarios, dudas, sugerencias, etc :3
Nos vemos pronto
