Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, son propiedad de Masashi Kishimoto.
OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO
CAPÍTULO IX
DIFÍCIL DECISIÓN. PARTE II
— ¡Bailas maravillosamente!— vociferó lo suficientemente alto para que sus palabras vencieran la rítmica sonata. Hina sonrió de medio lado—. No te había visto antes, ¿eres amiga de Uchiha Itachi?
Él joven la jaló un poco y la hizo girar sobre sus altos zancos.
—Diría que somos conocidos. ¿Y tú?
—Lo he visto un par de veces por asuntos de negocios. No puedo decir que es íntimo, pero si una persona agradable… Vi que estabas acompañada de un hombre, ¿te ha abandonado?
La ojiperla no se molestó en contestar. Había sucedido algo más importante que merecía su total concentración. ¡El Uzumaki ya no estaba! Se había ido. La había dejado con sus estúpidos deseos de provocación, humillada a niveles incomprensibles. Detuvo sus movimientos y observó con más ahínco el espacio que ocupaban el tumulto de mesas; buscando, esperando toparse con aquellos ojos azules que moría por ver incinerarse de ira… Qué gran tontería.
—Oh, querida niña no te pongas así— le susurró el peliblanco al oído, coaccionándola a desentumirse y recuperar la movilidad de su cuerpo—. No pierdas el tiempo lamentándote por idiotas que no valoran lo que yo en su lugar atesoraría. Eres muy linda, sabes.
Hinata apartó la vista de él y la dejó descansar en las otras parejas que los acompañaban. Sentía ira, mucha. Una tremenda frustración. Su malestar era tan grande que no le hubiera sorprendido encontrarse con lágrimas cayendo, exhibicionistas, hasta su cuello. Hubiera querido terminar con aquello y escapar; pero, su consciencia no la había abandonado totalmente. Sabía que si se soltaba del agarre del joven, lo más lejos que llegaría sería al suelo. Aquel malogro fue tal, que se vio sometida a permanecer bailando cuanto ese hombre lo quisiera.
Derrotada, dejó descansar su cabeza sobre el hombro masculino, oteando con tristeza los rostros desconocidos que se envolvían con una energía que ella jamás tendría… De nuevo volvió a reproducirse una balada. Odió su mala suerte. Su pareja de baile parecía tozudo en continuar danzando y disfrutar de su cercanía. Él ahora había enrollado los brazos a sus caderas y apretujado su ser contra el suyo.
Era demasiado.
El alcohol la hacía aguantar varias cosas, pero a esas instancias estaba prefiriendo hacer el ridículo antes que padecer por una insoportable compañía. Insólitamente, contrario a sus intenciones, sus brazos correspondieron a aquella nefasta proximidad. Y no se recriminó por hacerlo, ¿cómo podría hacerlo?, si a dos ladrillos de distancia había reaparecido la motivación de su noche.
De pronto los colores se le subieron al rostro. ¡¿Quién era la mujer que lo acompañaba?! ¡Cinco minutos y ya tenía un repuesto!... Pese a su contrariedad, no se mostró amedrentada. Necia, curvó los labios y le sonrío ladina, saludándolo con una silenciosa presión de ojos. Le entusiasmó el hecho de advertir arrugas en su frente; al parecer el ojiazul le disgustaba como su actual pareja la izaba más así y la reclamaba como suya.
— ¿Lo conoces?
—No—contestó perezosa, sabiendo que sus palabras eran escuchadas por un Naruto que a cada paso se arrimaba más donde ellos—. No lo conozco.
—Es extraño. Te observa con una insistencia no propia… Será mejor que no vayamos a otro lugar… a uno más privado.
Hinata alzó a verlo, pero permaneció en silencio. Conocía el trasfondo de su intención, y nunca accedería a tal cosa. Aunque al igual, era consciente de la vigilancia a la que estaba siendo sometida. Una negativa y su teatrito fracasaría. Un sí y cualquier insulsa ilusión se destrozaría.
—Descuida— se envalentonó a responder, elevando las manos y acariciando la platinada cabellera—. A mí no me molesta. Además, me gustaría seguir bailando— achicó la mirada, tratando de ver de refilón a su objeto de tortura. No había duda, él la atendía diáfanamente—. Eres muy agradable…— vaciló. Era inaudito, pero ni siquiera se había molestado en pedirle que se presentara. Algo avergonzada, desistió de hablar y se concentró en quién realmente le importaba; no obstante, no estimó que aquel joven no se conformaría con tontas palabrerías.
— ¡¿Con quién crees qué estás tratando mujer?!
Hina abrió los ojos de par en par, apreciando como sus muñecas ardían por la desmesurada fuerza a la que repentinamente eran sometidas. Pese a esto, no gritó, no forcejeó, no hizo absolutamente nada que delatara aquella majadería; pensando erróneamente, que él se cansaría y la dejaría en paz.
Su miedo fue casi palpable cuando el estruje se agravó y se vio presionada a acercar su boca a la suya. Sentía su exagerado perfume golpeando su nariz, su sudor haciendo resbaladizo su agarre. ¡El corazón le palpitaba a mil! No quería, de ninguna manera que su primer beso fuera así, a la fuerza, con un total desconocido. ¡No lo resistiría!
En un acto desesperado, infló tanto los pulmones que estuvo convencida que el grito que soltaría a continuación detendría toda la algarabía del lugar… pero, no fue necesario.
— ¡Cambio de parejas!— gritaron no supo de dónde.
Enteramente desubicada observó cómo era liberada, a regañadientes, y aprisionada por unos nuevos brazos. No tuvo tiempo de regular su respiración o asentarse correctamente sobre sus tacones; un parpadeo y ya se hallaba danzando en contra de su voluntad.
Segundos tuvieron que pasar para que ella izara un poco el rostro y advirtiera el personaje que tenía al frente.
OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO
— ¿Qué haces? Suéltame.
Naruto la ignoró y continuó dirigiéndola entre medio de los danzantes, haciendo oídos sordos a los reclamos de un hombre que no se había resignado a perder a su pareja. No pensó en detenerse. Casi jaloneándola logró que se situaran en la parte más alejada de la pista, pero no menos atiborrada. Su intención en un principio fue sacarla de ahí, pero al advertir el regreso del azabache, tuvo que esconderse entre las gentes y fingir un baile que no deseaba tener en ese momento.
Escuchó, por primera vez desde su llegada, la armonía que envolvía el ambiente. No era su tipo de música; sin embargo, las impresiones que le regurgitaban eran tan extrañas como placenteras. Sin darse cuenta cómo, sus manos ya estaban sujetas a las curvas femeninas, y sus pies, marcaban un ritmo suave y constante. Ella no le daba la cara, mantenía la cabeza inclinada, impidiéndole tener pista de las emociones que la embargaban en su compañía.
¿Estaría sufriendo por su contacto? ¿Hubiera accedido a la insinuación de ese infeliz sino fuera por él? Las elucubraciones lo estaban martirizando, tanto como si ella estuviera todavía regocijándose de las atenciones de ese idiota… Agradeció encarecidamente que la Hyuga no se quejara cuando, aventurado, subió la palma sobre su espalda y la izó más a su cuerpo.
¿A quién quería engañar? Sus actos no necesitaban justificación alguna. Ella lo enloquecía…
— ¿Qué haces bailando conmigo?
La voz femenina había salido clara, decidida, diferente a los ínfimos reclamos que le había hecho minutos atrás.
—No lo hago por nada en particular—contestó tontamente.
—Si es así… ¡entonces porque no me dejas en paz!
Lo apartó y fijó su vista, encolerizada, sobre él.
—Niña, no te hagas suposiciones que no son. ¿Acaso no has escuchado? Hubo un cambio de parejas; y para tú infortunio, te he tocado como compañero— la atrajo terco hacia él y la sometió de nuevo a su guía—. No te preocupes por tu acompañante; él está muy contento disfrutando de una excelente bailarina.
—Que lastima que no puedo decir lo mismo. Yo estaba pasando un agradable momento con… con…—se mordió el labio y calló. Un sonrojo no pasó desapercibido por el ojiazul.
— ¿No sabes ni su nombre?
—B-bueno, yo…
— ¡¿Cómo es posible qué te atrevieras a coquetear con un completo desconocido?! ¿Eres consciente del tipo de insinuación que te hacía cuando bailaban?— le amonestó, enfurecido, sin intención de permitir una réplica—. Me es increíble que tú siendo una mujer tan sagaz y vanidosa, sea una completa ingenua al flirtear con un hombre.
—No tienes derecho a hablarme así—se rebatió inútilmente entre sus brazos. La joven figuraba desear alzarse sobre la música y ser escuchada, pero sus intentos no resultaban satisfactorios. Al poco tiempo se vio menguada a morderse el labio y atender, visiblemente indignada, a su detractor.
— ¡¿Eres consciente de lo que hubiera sucedido si no te apartaba de él?!— la oprimió, brusco—. ¡Ese hombre deseaba de ti más que caricias y besos insípidos!... ¡Por Dios, eres tan tonta!
— ¡Y a ti qué te importa lo que haga!— gritó, potente—. ¡¿Cómo sabes qué yo no deseaba estar con él?!
Los colores incendiaron el rostro del rubio. De pronto, profesó sus manos, su cara y hasta sus oídos hervir. Esa confesión tan descarada no hizo más que acrecentar sus celos, ¡sí!, ¿por qué no?, tenía celos. Unos malditos celos que le arrebatan la poca sensatez que permanecía con él.
Dejándose arrastrar por sus impulsos, paró cualquier insulsa danza y la penetró con la mirada, gélido, atormentado. Eran los únicos seres sobre la pista que se renegaban a seguir la gloriosa melodía. Afortunadamente nadie los miraba. Ni siquiera el idiota de antes se atrevió a incomodarlos con su presencia; al parecer, había sido cautivado por su nueva conquista… No se había percatado, pero el frío por el que se lamentó a su llegada había desaparecido; aquel cuerpo femenino, bello, armonioso, solo podía transmitir un agobiante calor al suyo.
—Realmente, tú… ¿querías estar con él?— se lamentó al segundo de decirlo. No pretendía demostrarle su flaqueza; aunque por otro lado, tampoco podía contener la insana curiosidad de su interrogante. Necesitaba saberlo.
Ella no contestaba y sus nervios, descontrolados, afloraron en forma de aperlado sudor sobre su frente. Qué desilusión más grande, de nuevo se encontraba haciendo el ridículo ante una mujer. ¿Sería qué, no le había bastado con el rechazo de Fūka años atrás? Él, torpe, incorregible, ¿deseaba repetir la historia con otra antagonista?
Sonrió ligeramente.
—No tienes que contestar—retomó la conversación, simulando recobrar el control de sí. La chica lo repasó intranquila, juntando sus manos y poniéndolas sobre su pecho—. Es evidente que una señorita tan sofisticada como tú, no gusta de ese tipo de exposiciones.
La joven entornó la mirada y figuró querer emular sonido; no obstante, él la frenó con una ardida dedicatoria de despecho.
¡Cuán desconocido se estaba volviendo para sí mismo!
—Te ves bien. Muy tentadora, diría— enfatizó, examinándola sin pudor; delineando lo que antes había admirado desde lejos y que ahora, ardía por tocar—. Frecuentando este lugar y con tus amistades, nadie imaginaria lo que eres en realidad.
— ¿Qué quieres decir?
—Qué nadie de los aquí presente acertaría que detrás del prestigioso apellido Hyuga sólo existe una meretriz que disfruta pasar el rato con los hombres—torció los labios, lento, sardónico.
—No imaginé que fueras así…—murmuró ella, con una humedad en los ojos y un declive en su tono tan reales como los culposos retorcijones que acometían contra su pecho. Estaba actuando como un completo idiota y lo sabía—. ¿Te desquitas conmigo? ¡¿Quieres humillarme como yo lo he hecho contigo?! ¡Pues adelante, hazlo!—golpeó su abdomen con las palmas—. ¿Qué más tienes que decirme? ¡¿Que soy tonta y engreída?! ¡Que soy una cualquiera sólo por bailar con un hombre que me gusta! ¡Por qué sí me ha gustado, y mucho!— el último golpe movió el cuerpo masculino, provocando el incremento de la apatía del rubio.
—Has olvidado algo.
— ¿Qué he omitido?— frotó sus cuencas y un par de lágrimas cayeron por el dorso de su mano.
—No eres nada atractiva.
En consecuencia Hinata río, alterada, atrayendo irreversiblemente las miradas de los invitados sobre ambos. Naruto no lo lamentó. Por alguna razón sentía su ego herido y precisaba descargar su despecho; y si así, también lograba reducir la soberbia de esa mujer, valía la pena el delito de su mentira.
Unos segundos bastaron para que la Hyuga se repusiera y lo desafiara.
—Pues no todos comparten tu opinión— se quitó las hebras caídas de la frente y se acomodó mejor el top, de forma que el principio de sus senos resaltaron por encima del rojo de la tela. El ojiazul tragó duro—. Si me disculpas, iré a buscar a un hombre que sí aprecie mi compañía.
Ella palmeó el pecho masculino y se giró con una media sonrisa en la boca. Naruto la oteó contonearse y perderse entre la multitud aún danzante. Cuando al fin pudo reaccionar no lo consideró y permitió que sus pies se desplazaran y corrieran hasta el marco de una amplia puerta de cristal. Ella había pasado por ahí, su aroma aún residía en el aire.
Desenclavó la perilla y fue con premura en su busca. No había que pensar más, no tenía que continuar con su tormenta. Esa niñata era insoportable, pero en ese mismo grado incitante. La idea de saberla de otro era inadmisible; por lo que solo había una solución, que fuera única y exclusivamente suya.
OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO
—Tonto, ¿cómo te has atrevido?...—sollozó, contenida—. ¡Cuánto te odio, Uzumaki Naruto!
Trastabilló un poco al enredarse uno de sus tacones con la hierba crecida. No prestó importancia dónde se encontraba, ni en las condiciones en que estaba hasta que sus sandalias chocaron con pequeñas rocas escondidas entre la grama. Se detuvo con un bufido de por medio, maldiciendo su suerte al adivinar unos magullones en sus pies. Fue en ese momento, cuando apreció una tenue luz iluminando sus piernas, que alzó la vista y examinó el solariego paisaje que la rodeaba. Equívocamente creyó que había tomado la puerta hacia la salida, pero por el contrario, se había dirigido a los bellos jardines de la mansión.
Retomó su caminar, pero esta vez absorta en los hermosos arbustos que formaban un camino hacia una formidable fuente. El agua salía de una jarra sostenida por un pequeño niño de facciones familiares; éste, sonreía al ver a un perro luchar con el ruedo de su pantalón. La belleza de la fuente era sobresaliente a causa de las luces amarillas en el fondo de la pileta y dentro del jarrón; claro, sin desmeritar la fineza palpable del acabado y la altura que alcanzaba la estatua, ¡de casi cuatro metros!
Se inclinó y estuvo tentada a pasar sus dedos sobre la superficie liquida; sin embargo, una ráfaga de aire le hizo abrazarse y ver más allá de aquella monstruosidad. Ante sus ojos se abría un campo abierto, alumbrado con altos faroles de luces blancas y cubierto con un par de árboles de flores amarillas. Se apreció una minucia en aquel derroche de perfección y paz... Sin darse cuenta, pronto se halló deambulando por el espacio, poniendo atención al ruido de las hojas al moverse y a las sombras que se creaban ante la escasez de luz.
Obligada, tuvo que parar. Uno de sus pies había falseado. Veloz, hundió la mirada y se observó a un paso de salir de la grama y caer a una poza de agua. El aturdimiento fue grande. La piscina, que no había podido distinguir, estaba camuflada por la noche y situada en la parte más alejada del terreno, o bueno, eso creía. La guía de los alumbrados había terminado hace media cuadra, y ahora, transitaba la parcela más espesa...
— ¿Te has perdido?
La voz fantasmal retumbó en sus oídos. Aquel murmullo provenía detrás de su espalda; aunque estaba segura de encontrarse sola. Dios, ¿tan tomada estaba para creer escuchar espectros del otro mundo? Suspiró largamente, permitiéndole a su cuerpo menearse al compás del viento. La cabeza empezaba a dolerle.
—No es seguro que estés aquí, sola— regresaron, crispándole los nervios.
En ese instante el soplo nocturno se agravó y le coaccionó a dar dos pasos atrás.
—Tú voz me es familiar…—murmuró Hina, empecinada en atribuir su compañía a los delirios del alcohol—. Me recuerda a alguien.
— ¿Grato?
Ella sonrió antes de contestar.
—No.
—Un idiota, entonces.
—Sí… aunque temo que soy peor que él.
Sin ninguna causa la voz no dijo más, y fácil fue reemplazada por los ruidos de las ranas y lechuzas cantantes. Hinata, incoherente, buscó entretenimiento en las remembranzas de días pasados y malogros del presente. Aunque experimentaba los hombros muy pesados y los ojos incompetentes para prolongarse abiertos, era dolorosamente consciente de la ruina de su vida. No tenía nada porqué luchar. Nadie a quien entregarle la inmensidad de su cariño. Ninguna ilusión que le diera la fuerza del día a día…
—Vamos a casa— retornó inesperadamente la voz; esta vez, más cerca.
—Nadie me espera allá.
—Tu familia debe de estar preocupada por ti. No puedes quedarte en este sitio. Igualmente, no lo permitiría.
La ojiperla curvó los labios, divertida. ¿Un ser imaginario le estaba ordenando? Definitivamente, a esas horas de la noche había perdido la razón.
—No me moveré. No deseo hacerlo— retó, conteniendo una incompresible risilla que le restaba el equilibrio—. Además, ya te lo dije, no hay persona sobre esta tierra que anhele mi compañía. No hay necesidad de apresurarme.
—Estás es un error.
— ¿Ah, sí? Por qué tanta seguridad. Acaso tú sabes de alguien que…— el ser habló positivamente, y ella fingió seriedad—. Está bien, dime su nombre. Pero debe de tratarse de una persona real, de carne y huesos; no de un fantasma como tú.
— ¿Crees que soy un fantasma?
Su espontánea risa fungió como respuesta.
—Si estás convencida, por qué no volteas y me ves. Así descubrirás el tipo de espíritu que soy… ¿Ángel o demonio?, Hinata.
La pelinegra se tornó de piedra al atender su nombre ensalzado de aquel macabro tono. Para una jugarreta mental ya era suficiente. No consintió el continuar la conversación. Sacudió la cabeza y dio unos pasos al borde de la piscina; suponiendo, candorosamente, que un cambio de lugar desaparecía al extraño hablador.
No fue así.
—Vámonos— le insistieron, rudamente.
Hinata tosió afectada antes de replicar con una negativa.
—Es la última vez que te lo pido. La próxima no seré tan condescendiente.
—Y yo te lo repito, no iré a ningún lado. Nadie necesita de mí…— musitó, soportando el súbito erizamiento de los bellos en sus brazos. Deseó rodearse y detener el frío que la acalambraba; no obstante, no se atrevió a mover un centímetro de su cuerpo ¡Era escalofriante!, pero podía sentir la pesadez de una mirada a cuestas. ¡¿Cómo era eso posible?!
—Yo necesito de ti.
Exhaló abruptamente el aire de sus pulmones, que había salido en un espeso halo blanco. Esto la había tomado desprevenida.
— ¿Q-quién eres tú?—indagó, temerosa, intentando frenar sin éxito el molesto tiritar de sus labios.
—Tú demonio personal.
Fue el acabose.
La Hyuga no pudo reprimir un desesperado chillido al sentirse tomada por la cintura y girada con encomiable facilidad. Ahora su espalda daba a la pileta y su atención era aprisionada por el perfecto hombre que la dominaba con rudeza.
En un principio batalló por zafarse; pero podía acabar más rápido una tempestuosa tormenta que su voluntad en ser liberada. Sus manos dejaron de luchar y cayeron sin fuerzas a sus costados. Urgentes, sus ojos se humedecieron, soltando en segundos los líquidos que había olvidado derramar.
—Te burlas de mí…—pudo articular, descansando su frente sobre uno de los hombros masculinos. El aroma que emanaba de sus ropas enseguida la enajenó. Aquello, más que una pesadilla se estaba volviendo en un divino sueño—. Qué es lo que quieres.… Ya sabes que te amo, Naru…— rió al querer pronunciar su nombre. Fue algo inevitable. No estaba pensando con claridad, ni siquiera acertaba sí dormía o era presa de su embriaguez.
El silencio no esperó en tragarlos a ambos; aunque, el Uzumaki no concedió su alargamiento.
—Creo que el licor te hizo perder la cordura— aflojó un poco su agarre. Hinata, insólitamente, berreó por la falta de presión—. En tus cinco sentidos jamás dirías una locura como esa.
—Te amo.
—No sabes lo que dices.
—Siempre he estado enamorada de ti, tonto. Puede que mis irrazonables niñerías indicaran lo contrario, pero sólo eran celos… celos y despecho.
— ¡Basta, Hinata!— presionó sus codos, coaccionando a la chica a aferrarse con demencia a sus omoplatos—. ¡No me parece de buen gusto que digas mentiras como esas! ¡¿Qué es lo que preten…?!
— ¡Me gustas! ¡¿Qué es lo que no puedes entender?!... Amo todo de ti— descendió un poco sus manos y las dejó, delicadas, sobre la región lumbar del ojiazul. Naruto se enrigideció al instante, pero no hizo nada para erradicar su contacto. Hina siguió manteniendo la cabeza baja. Incapaz de encararlo—; admiro el esfuerzo que pones en cada tarea que haces, tu empeño de superación, la envidiable pasión que muestras por tus proyectos…
—Creí que me odiabas—osciló, incrédulo—. ¡Pensé que cuando me ignorabas y te burlabas de mi condición dejabas ver a la verdadera tú; a la mujer intolerante de todo aquello que no encajaba en su mundo de rosa!— le tiró, con intangible desprecio—. ¡¿Me equivoqué?!— oprimió considerablemente su agarre—. ¡Acaso imaginé todas aquellas veces en que no te dignabas a alzarme la mirada o a tratarme como a un igual! ¡¿Me he equivocado?!
—Sí, te has equivocado— se justificó, con una serenidad admirable en su estado—. Jamás podría odiarte, eso nunca… Aunque sí pretendí hacerlo, y la culpa es totalmente tuya. No sabes cuánto me dolió enterarme de tu relación con Sakura, el gran golpe que significa para mi tu desprecio…
—Yo no te desprecio.
La pelinegra sonrió, embelesada, abstraída en la utópica incoherencia de su supuesta fantasía mental.
—Entonces bésame.
— ¿Qué?
—Bésame— repitió, levantando el rostro al tiempo que sus dedos estrujaban la delicada tela de la chaqueta del joven.
Se complació al observar la expresión de sorpresa del rubio. Ninguno de sus delirios anteriores se había apreciado tan real como ese. La sensación era tan verídica, que los nervios de él se traspasaban, excitantes, a su cuerpo. Pero, para su gran decepción, de nuevo era rechazada.
El beso quedó en el aire.
La sangre de sus venas se tornó pesada y caliente. ¡¿Ni en sus desvaríos era correspondida?! No. No desistiría; al menos no en ese sueño. Empecinada, tomó la barbilla del ojiazul y la bajó hasta que sus ojos dieran con los suyos. Extrañada, vio como la mirada del Uzumaki era cruzada por una línea metálica; y más que apatía, emanaba una grata sensación de ambición y apetencia.
Iba a rogar más, pero fue abruptamente coaccionada a no hacerlo.
Casi respingó al sentir sus muñecas aprisionadas por la fuerza masculina. De ser la dominante pasó a ser la dominada. Aquello no le disgustó.
—Si yo…— inició el ojiazul, claramente contrariado—. Si yo accedo, no habrá vuelta atrás.
—Lo sé…
— ¡No! ¡No comprendes!— le cortó, hosco—. ¡No quiero que despiertes mañana y digas que tus palabras son acreditables a la ebriedad o a un tonto capricho de niña!... Quiero pensar que tengo de frente a una mujer, consciente de las consecuencias de sus actos, segura de sus sentimientos…—involuntariamente, Hina mojó sus labios, mostrando la tangibilidad de su deseo, el de ambos—. Porque de no ser así… nos irá mal a los dos, te lo aseguro.
— Te prometo—tragó, ingerida en él—, que mi confesión es tan real como el estremecimiento que causa tu proximidad en mí. Consciente o ebria, yo te amo…
No faltó decir más. Las palabras salieron sobrando cuando la boca del rubio se empeñó en exigir una demostración práctica de su argumento.
¡Qué sensación más maravillosa la embargó! Ni siquiera se sentía dueña de su ser; era como si estuviera levitando fuera del plano terrenal, donde lo único que importaba era la imperiosa necesidad de corresponder los agasajos del perfecto hombre que la enloquecía. ¡Dios!, era torpe, lenta, inexperta; pero nada de eso importaba. Naruto la conducía como un maestro, guiándola por los caminos que debía recorrer, instándola a disfrutar de los momentos de placer cuando la respiración terminaba con su unión y acrecentaba la ambición.
Era simplemente magnífico. Al fin su alma podía descansar y su corazón entregarse a libertad. Era una estúpida por disfrutar de su borrachera; no obstante, podía exponer, que esa falsedad recompensaba toda una vida de desdichas e inseguridades.
Él, era su ansiada recompensa.
OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO
Ememoho: Espero que te este capi esté a la altura de los demàs!. Tarde, pero seguro BD
Other-panda: Hola! Que bueno que te haya gustado este Naruhina! Tal vez no sea tu pareja favorita, pero espero estar logrando que te pases al lado oscuro jejeje.
Gracias a todos por leer!
¡Kisses de chocolate!
