Digimon Apocalisis

El pergamino de los Siete Sellos

9. La semilla de Yog-Sothoth

El atardecer ya caía sobre la ciudad de Shinjuku y Takato volvería a encerrarse en su habitación, había tenido mucho para pensar en la tranquilidad de la noche. El diablo había decidido guardar silencio por el momento, probablemente para armar algo grande pero también por otro asunto, también la razón por la cual no podría cerrar los ojos. El Dios Exterior Yog-Sothoth, uno de los que nunca se debe mencionar, había hecho algo a las cuatro realidades con propósitos que le eran desconocidos.

Ni siquiera alguien como Millenniummon tenía la respuesta. ¿Qué podría hacer él en diferencia?.

- "Takato" - y al parecer no todos sus amigos se habían marchado ya - "¿Podemos hablar a solas?" -

- "Henry, realmente pensé que ya te habías marchado" - Takato dijo, mirando a su amigo desde la puerta. - "Puedes pasar" -

- "Gracias, acepto la invitación amigo" - Henry respondió - "Bien, ha pasado mucho tiempo desde que no nos sentamos y hablamos. ¿No te parece?" -

- "¿Hablar?" - Takato le preguntó.

- "Hablar de cosas como amigos, compartir secretos y decir cosas tontas... Hace mucho tiempo que no lo hacemos" -

- "Pero..." -

- "Quien lo diría. ¿Ahora es difícil hablar para tí? Parece como si los papeles se hubieran invertido. Recuerda, tu siempre tomabas la iniciativa en las conversaciones que teniamos, yo apenas si mencionaba algunas palabras" -

- "La gente cambia Henry" - Takato dijo con amargura - "Yo no soy la excepción" -

- "Si es cierto, las personas cambian. Incluso yo he cambiado, Rika también lo ha hecho... También Ryo, quien nos ha confiado el secreto de Millenniummon. ¿Quieres saber la razón de ello?" - y, a pesar del silencio de su amigo continuó platicando - "La verdad, fuiste tú. Rika solía creer que obtener poder era todo en este mundo y por eso se aisló, creyendo que los lazos que formaba con otras personas solo la detendrían... pero tu le mostraste que no era verdad, solo siendo como eres. Fuiste el primero en acercarse a Ryo, hacer que confiara en ti y formar un verdadero lazo de amistad. Y, en cuanto a mí, pues yo solía ser también muy silencioso, no tenía muchos amigos y era difícil para mi hacerlos." -

- "En una familia numerosa en que los hermanos luchan por tener la atención de sus padres, siempre mis hermanos sobresalián y yo era dejado en último lugar. Para entonces me había perdido en el mundo de las computadoras y, luego conocí a Terriermon... ya sabes esa historia. Lo importante fue que cambié mi forma de pensar, finalmente pude hacer amigos y todo fue gracias a que te conocí, al Takato alegre, algo sentimental y el que siempre está para sus amigos. Sabes, me gustaría que eso de ti jamás cambiase... la parte que te hace mi mejor amigo. Es por eso que si necesitas alguien con quien desahogarte, un hombro en el cual llorar... pues estoy yo" -

Henry guardó silencio y esperó con paciencia la respuesta de su amigo.

- "¿Quieres que vuelva a ser el mismo de antes? Entonces yo tendría que cambiar lo que pasó hace tres años, al menos olvidar ese episodio" - Takato dijo con voz apagada. Recordarlo hacía que la voz se le entrecortara y su visión se nublara en virtud de las lágrimas que surgían - "Pero no puedo, no pasa una noche en que no tenga una pesadilla relacionada con ello... Y... ahora, por ello es que..." -

- "¿Qué pasa?" - Henry pregunta al tiempo que colocaba una mano sobre su hombro, señal de un gesto reconfortante.

- "Hay una razón por la cual mi hermano fue secuestrado a tan temprana edad. Supongo que era inevitable, siempre había tenido esa sensación desde que nació, acerca de algo terrible. En el DigiMundo pude verlo, era mi hermano y él es el enemigo profetico, el Emperador Demonio que llevará a todos los mundos a su fin" -

- "¡Entonces Millenniummon tenía razón!" - Henry pensó en cuanto escuchó esa revelación.

- "No se lo que haría Ryo-san si estuviera en mi lugar. No se lo que haría Rika como tampoco se lo que harías tu. Ni siquiera se lo que harían Takeru o Davis... Pero yo se lo que tengo que hacer, debo acabar con la vida de mi hermano si es que quiero proteger este mundo. Sin embargo, cuando lo tenga en frente mío y llegué la hora, no se si sea capaz de cumplir con esa responsabilidad... Ojalá tenga el perdón de mis padres si llegan a saber que es lo que intento hacer, en caso que obtenga éxito. Pero no se si pueda perdonarme a mi mismo..." -

- "Tienes razón en algo. Nunca es fácil, sobre todo cuando el enemigo se trata de alguien muy preciado para ti" - Henry respondió ante eso - "Sinceramente, no se que haría si me encontrara en tus zapatos... ¿Estás seguro que es la única manera? El Takato que yo conozco me daría otra opción... Él diría. ¿Por qué no salvar el mundo y salvar a mi hermano al mismo tiempo? El enemigo debió haber tomado su cuerpo, pueda que haya un modo de liberarlo" -

- "¿Salvarlo?" - Takato preguntó, saliendo un poco de la tristeza que le provocaba tan solo mencionar el tema.

Fue como si las palabras de su amigo hubieran abierto sus ojos finalmente hacia la luz.

- "Tienes razón" - Takato dijo - "Supongo que estaba tan deprimido que no podía verlo. Si hay alguna oportunidad de lograrlo, entonces lo intentaré... Liberaré a mi hermano de esa influencia maligna" -

- "¡Ese es el Takato que yo conozco!" - Henry exclamó complacido.

- "Solo espera, Ryota" - Takato pensó con nuevas esperanzas - "Tu hermano irá para salvarte... y también salvará este mundo. Henry, muchas gracias. Eso era lo que necesitaba escuchar" -

(***)

En el castillo demoníaco de Bagramon, hubo un estudio iluminado que fue hecho específicamente para Lucemon. El ángel caído yacía sobre el centro de la habitación, levitando sobre la tierra mientras sostenía una pose de meditación y de sus diez alas emanaba un resplandor blanquesino. Dentro de su trastornada mente hasta el Señor Demonio del Orgullo era capaz de alcanzar un estado de paz interior.

Paz que se vería interrumpida por la visita de alguien inesperado, pero que había detectado hace algunos minutos.

- "Acabemos con esto" - Lucemon dijo - "¿Qué es lo que quieres, Satán?" -

- "Vaya recibimiento" - Ryota Matsuki comentó, presentándose a si mismo como una mancha negra sobre las blancas paredes del recinto - "Somos una verguenza como compañeros. De seguro los otros tamers y sus digimon se llevan mejor que nosotros" -

- "Eso es porque esos tontos se deján llevar por las habladurias de las Cuatro Bestias Sagradas. Esos digimon que predicaban el amor y la compasión. ¿De qué les sirvió al final?" - el ángel respondió con sonrisa siniestra - "No les salvó de ser aplastados por un ser superior... Ni su poder combinado podría hacer algo en mi contra" -

- "Es cierto" - el maligno dijo - "Eres un digimon extremadamente poderoso, lo que soporta el enorme orgullo que tienes. Sin embargo, debes recordar que fue esa misma sensación de superioridad la causa de tu derrota ante mi hermano y sus amigos... La amistad y el valor pueden ser armas imparables si se usan de la manera apropiada. Por lo tanto es importante que comencemos a colaborar entre nosotros. ¿No quieres volver a ser sellado, verdad?" -

- "Por supuesto que no" - Lucemon bramó, dirigiendo su mirada furiosa hacia Ryota.

- "Bien, entonces va siendo hora que actuemos como camaradas... Te explicaré lo que tengo en mente. Creo que tienes el conocimiento de lo que se esconde debajo del antiguo Santuario de las Bestias Sagradas" -

Lucemon abrió los ojos como platos.

- "No pensarás..." -

- "En efecto" - el demonio le interrumpió - "En ese lugar fue sellado el mayor peligro para este DigiMundo. El dragón demonio cuyo poder, se cuenta, es capaz de borrar al Mundo Digital de la existencia con solo su mera presencia. Deseo que liberes a ese digimon para mí" -

- "¿Cuál es tu objetivo?" - Lucemon le pregunta con desconfianza.

Ryota suspiró con fastidio disimulado. Hubiera preferido manipular a un digimon que no fuera tan inteligente, sin embargo solo era compatible con este Lucemon, un ángel digital bien versado en las mismas artes que él y que no caería en su juego tan fácilmente.

- "Lucemon, ambos compartimos una meta... Deseamos el fin de este universo contaminado, deseamos la creación de un nuevo mundo. Yo he hallado un método para cumplir ese sueño. ¿Tu no harías lo que fuera por ese susodicho anhelo? Para crear primero hay que destruir" -

- "De acuerdo" - Lucemon dijo - "Pero... ¿Cómo esa bestia nos ayudará en mi objetivo? Ese digimon es demasiado poderoso como para ser controlado" -

- "En eso te equivocas" - Ryota dijo - "He preparado ya el momento propicio mas por el momento te sugiero que uses esto..." - y de la nada creó una esfera brillante que emitía todos los colores del espéctro - "...con seguridad bloqueará ese poder tan dañino. Lo hará un poco más seguro" -

- "¡El Anticuerpo X!" - Lucemon exclamó con sorpresa - "¿Cómo lo conseguiste? Solo hay dos digimon que lo poseen... Es imposible, GranDracmon está muerto... lo que significa que lo obtuvo de..." -

- "Es mejor que notifiques a uno de tus generales" - y con el orbe de luz entregado, Ryota desapareció.

(***)

Mientras, en el otro extremo del DigiMundo, la zona que recibe la misma luz de Dios se encontró un gran castillo de cristal, rodeado por extensos jardines que iban más allá del horizonte. Dentro de este, hubo una sala de juntas con tres tronos mirando a un mismo punto. En el susodicho lugar se presentó un Knightmon que mostraba reverencia a sus señores.

Delante suyo se sentó el ángel digimon de armadura plateada y alas doradas, de casco azul adornado por una cruz y que vestía un faldón. Era Seraphimon, a quien se le había encargado mantener el orden y la disciplina en el DigiMundo.

A su izquierda se encontró el encargado de mantener los conocimientos y las leyendas seguras, para que estas se pudieran transmitir de generación en generación. La Bestia que fue tocada por Dios y se convirtió en uno de los Tres Grandes Ángeles, Cherubimon.

Y, por último, a la derecha se sentó la representación del amor y la vida de Dios. Vestía con una armadura azul y cubría su rostro como lo hacía Seraphimon, sin embargo eso no impedía que sus amigos y sirvientes pudieran apreciar el largo cabello dorado. Portaba un escudo y una lanza que usaba para defender lo que consideraba importante. Su nombre era Ophanimon.

Los Tres Grandes Ángeles del DigiMundo fueron compañeros de los humanos durante la última gran guerra, desde entonces se les había encomendado guiar al Mundo Digital hacia una nueva edad dorada. Pero el conflícto continuó bajo el cuidado de un nuevo enemigo, el Emperador Bagramon.

- "Salve, Grandes Arcángeles del Mundo Digital" -

- "Bienvenido, Knightmon. Por favor, perdonanos por ponerte en tal difícil circunstancia" - Ophanimon dijo con preocupación.

- "No tiene que preocuparse, mi señora" - el bravo caballero respondió - "Yo daría mi vida mil veces por su causa. Por proteger este DigiMundo que tanto la señora Ophanimon ama" -

- "Lo importante fue que regresaste sano y salvo" - Cherubimon dijo, interrumpiendo el intercambio de palabras entre ambos digimon - "Seguro habrás traido contigo información de suma importancia, ¿verdad?" -

- "Claro, lord Cherubimon" - Knightmon contestó con apuro - "Las noticias que traigo son preocupantes. Se tratan de los movimientos de nuestros enemigos" -

Los Tres Grandes Arcángeles se tensaron sobre sus asientos, expetantes ante los resultados de varios meses de infiltración entre las filas del ejército de Bagramon. Lo siguiente que escucharán podría significar un cambio de rumbo en el conflicto con el Señor Demonio.

- "El enemigo piensa romper el sello que se encuentra en el antiguo Santuario de las Bestias Sagradas. Ellos piensan partir en horas del amanecer" -

- "¡¿Estas seguro?!" - Cherubimon se exhaltó - "Lo único que hay en ese lugar es..." -

- "Debemos hacer algo" - Ophanimon dijo con susto - "No podemos permitir que liberen al odio. Terminarán por destruir no solo al Mundo Digital, sino también a todos los mundos" -

Fue entonces que Seraphimon tomó la palabra.

- "Es crucial detenerlos, a toda costa" - dijo - "Knightmon, ve directo hacia los cuarteles de los Caballeros Reales e informales de la situación. Sus fuerzas deben moverse cuanto antes. Luego regresa a las hordas de Bagramon para seguir actuando como su aliado, entonces espera instrucciones" -

- "Como ordene" - Knightmon respondió haciendo una reverencia para luego marcharse, dejando la sala del trono y a los Tres Ángeles con esta.

- "Estoy preocupada" - Ophanimon dijo - "Cada día las cosas se ponen más complicadas. Si Kari viera lo que esta sucediendo, yo no podría volver a mirar su rostro al fallar en la misión que ella me encomendó" -

- "Esto es sin duda una señal de que el verdadero enemigo ya camina entre nosotros" - Seraphimon comentó - "Debemos tener fe en que Takeru y sus amigos harán lo necesario para detenerlo. Nosotros tenemos nuestro deber, detendremos a Bagramon y sus planes a como de lugar" -

(***)

Había pasado la noche sin ningún altercado visible, la gente trabajaba a su ritmo normal en los edificios de gobierno tal como lo hacían con cada amanecer. Los ejecutivos daban ordenes sin parar, los empleados se encargaban del papeleo y demás asuntos que mantenían las cosas funcionando. El deber de Hypnos ya no era monitorear la actividad del DigiMundo, en su lugar regresaban a su antigua y vieja función secreta. Ahora Mitsuo Yamaki debía encargarse de monitorear las comunicaciones electrónicas de medio mundo para el Gobierno Japones.

Solo los mayores poderes políticos pudieron reanudar su función después de su cierre y el escándalo que hubo durante el ataque del D-Reaper.

- "¿Hay algo nuevo?" - Yamaki preguntó a sus inseparables compañeras. Riley Ootori y Tally Onodera.

- "Lo de siempre Jefe" - contestó una de ellas - "Rumores de guerras en el Oriente Medio y el alza del combustible" -

Aunque siempre mantenían un ojo sobre la influencia del DigiMundo sobre las redes, por supuesto que esta parte no era del conocimiento de los superiores.

- "Por cierto" - Riley dijo - "Confirmamos la irrupción en el DigiMundo desde una fuente externa. Hubo señales que podriamos relacionarlas con los digi-vices de los chicos, sin embargo hay una que no podemos identificar" -

- "¿Una señal entrante que no pertenece a ninguno de los niños?" - Yamaki preguntó sorprendido - "¿Cómo es eso posible?" -

- "No lo se. Pero son bastante buenos, no hemos podido encontrar su rastro. Sea lo que fuese que sucedió quieren que nadie sepa" - Tally expresó - "Señor. ¿Usted cree que esto sea una señal que anuncia una tragedía como la de hace tres y cuatro años?" -

- "Dios no lo quiera" - Yamaki respondió en forma de rechazo ante la idea - "Las perdidas humanas y materiales producto de las invasiones de Daemon y otros digimon han sido elevadas. El animo de la gente con respecto a los digimon se encuentra por el suelo y ha habido varias revueltas por esa misma causa" -

En ese instante entró Wanyu Wong al cuarto oscuro. El hombre de ascendencia china había traido consigo una caja de almuerzos para todos los presentes.

- "¡Espero que no esten muy ocupados!" - dijo este con una sonrisa - "Mi hijo vino desde los apartamentos con estos almuerzos. Ya saben, hasta donde él sabe nosotros trabajamos en manejar el ritmo de la red" -

- "¿Dónde está su hijo, señor Wong?" - Yamaki preguntó mientras tomaba una caja de almuerzo.

- "Se encuentra en los pasillos. Pronto se irá... pero, por si algo, no hagan nada imprudente frente de él" -

- "Eso lo entendemos. Bueno, es hora de comer" -

(***)

Henry miraba pensativo el cielo de la ciudad a través de las ventanas luego de haber cumplido la encomienda que le había dado su madre. Todo parecia mantenerse en calma pero una nube negra se posó encima de la ciudad. Algo no le gustaba, parecia ser un mal presagio.

- "Bueno, debo ir a la casa de Takato. Se supone que todos los muchachos irán hoy" - con eso en mente se dispuso a marcharse.

Muy a pesar de que no podría, al menos no de manera inmediata. Frente suyo se encontró quien decía ser un ángel, Uriel, observando a través de la gabardina que lo cubría.

- "Disculpa, llevo algo de prisa" - Henry dijo.

Sin embargo.

- "Tu eres Henry Wong. ¿Cierto?" -

- "Muy bien. ¿Quién eres?" - el aludido le pregunta con desconfianza. No podía actuar de otra manera por el extraño aspecto que llevaba el individuo en el edificio de Gobierno y el hecho que supiera su nombre.

- "Mi nombre es Uriel" - contestó el otro sin ningún tipo de rodeo - "Soy un ángel del Señor" -

- "¿Un ángel?" - Henry preguntó.

- "Así es. Vine a la tierra con el propósito de participar en la Guerra entre el Cielo y el Infierno. Pero, en particular, quiero conversar contigo" -

- "¿Sobre qué?" -

- "Sobre el señor Adán" - Uriel respondió - "Veo que eres uno de los más cercanos a él... Tu, un simple humano" -

Henry logró detectar el escozor en las palabras del ángel, lo cual le molestó. Si recordaba bien, durante su batalla contra los Siete Señores Demonio digimon hubo varias ocasiones en que sus enemigos llamaban a Takato por el nombre de Adán o, por simpleza, como el Primero. En consecuencia, Uriel debía estarse refiriendo a Takato.

- "Yo no soy su hermano, primo o algún pariente lejano pero" - Henry dijo con cierto orgullo - "Él es mi mejor amigo" -

- "¿Un amigo, dices?" - Uriel preguntó.

El ángel se detuvo un momento en observar al muchacho, a quien superaba en estatura, con detenimiento.

- "Aunque hayas dicho eso, aun no veo nada en especial que te haga merecedor de hablarle" -

- "¿Este quién es?" - Henry pensó con cierto fastidio. ¿Quién era para juzgar su amistad con Takato? - "Probablemente si le hubiese dicho eso a Rika, ya hubiera perdido un diente o dos" -

- "Seguro lo dices porque yo soy un humano y él es la encarnación de un ángel" - Henry dijo - "No creo que sea un impedimento" -

- "Eso crees tu" - Uriel dijo con voz desapacionada. Sin embargo la emoción brotaba desde el interior al recordar aquellos días, días de otra época muy lejana pero que para él apenas era ayer.

En el trono luminoso del gran regente. Un joven Uriel se presentaba ante el llamado de Metatron, quien yacía envuelto por una luz que hacia imposible observar su rostro o cualquier detalle de su cuerpo. Apenas si podía apreciarse una silueta de algo parecido a un hombre con doce grandes alas.

Por razones desconocidas, los ángeles fueron muy parecidos en aspecto a los hombres, los cuales evolucionarían mucho tiempo después. Uriel parecía un hombre de 20 o 25 años, de cabello blanco y ojos azules. En la actualidad, si alguien lo viese, dirían que tenía una nacionalidad europea. El único distintivo con los hombres era un par de alas brillantes en su espalda.

No tenía nada puesto, los ángeles no necesitaban de tales cosas.

- "Has llegado, Uriel. Siempre diligente" -

- "Mi señor" - este respondió - "Vine tan rápido como pude. Que es lo que desea, cualquier cosa yo lo cumpliré" -

- "Me alegra escuchar esa respuesta" - Metatron dijo - "Quiero que conozcas a alguien. Puedes pasar" -

Respondiendo al llamado, se mostró ante Uriel una de las obras más perfectas de la Entidad Superior.

Parecía un niño de doce años por mucho, de cabello negro y ojos rojos, la piel del ángel era como la de Uriel. El pequeño se mostró tímido ante la mirada del ejemplar más grande, por lo cual dirigió la suya hacia el suelo.

- "Su nombre es Adam Kadmon. No lo parece, pero es mucho más antiguo que nosotros, la primera creación de nuestro padre" - Metatron dijo - "Sin embargo, hasta ahora a podido manifestarse de manera apropiada" -

Uriel se quedó maravillado por el aura que emanaba de aquel ángel. Era algo que no podía describirse con palabras, algo que debía experimentarse en la presencia de Dios. Y así era, Adam Kadmon fue el ser más cercano a la Entidad Superior y a través de él podía llegarse a tener idea de que era estar en presencia del Supremo.

- "Adam está destinado a gobernar desde el trono más alto pero tiene mucho que aprender todavía. Uriel, te encargo proteger a este ángel hasta el glorioso día" -

Uriel no conocía el porqué aun, mas se encontraba feliz de ejecutar su nueva misión.

- "Con gusto, mi señor. No se arrepentirá" -

- "Pueden marcharse. Solo tengan cuidado con ese lugar" - y sin más, el trono y Metatron desaparecieron del lugar. Dejando solos a Uriel y un joven Adam Kadmon.

- "Tu eres Adán. ¿Verdad?" - Uriel se dirigió hacia el ángel más pequeño - "Es un bonito nombre" -

Algo que no dejaba pasar desapercibido era la cantidad de alas que llevaba sobre su espalda, un cantidad de cinco pares de grandes y majestuosas alas.

- "Mi nombre es Uriel. Yo te cuidaré a partir de ahora y juró que no dejaré que nada malo te pase" -

- "No puedes protegerlo" - Uriel dijo a Henry.

Henry se quedó pasmado ante la respuesta del ángel. Le hizo recordar lo sucedido hace tres años y el daño que significó para Takato. Además...

- "Henry, debo decirte algo antes de que te marches" - Takato dijo momentos antes de que Henry Wong saliera por la puerta de su habitación.

- "¿Qué es?" - preguntó.

- "No quiero que participes en las futuras batallas" - Henry se le quedó mirando de forma incrédula - "Terriermon y los demás digimon no están. Solo estarías poniendo en peligro en tu vida... No es tu guerra, además creo que ya has luchado lo suficiente. Espero que se lo comuniques a los demás, el resto es cosa mía" -

Las frías palabras de la verdad lo detuvieron de golpe. Era cierto, si se ponía a pensarlo era obvio que tarde o temprano se convertiría en una carga. Podría ser tomado como rehén y dificultar las cosas para Takato y los demás. Lo único que podía hacer era mantenerse al margen y esperar, tener fe en sus aliados. Y pensar que ahora odiaba no poder participar en las batallas.

Takato tenía razón en cuanto que las personas cambiaban.

Luego, el ambiente cambiaría de un momento para otro.

- "¿Qué es esto?" - Uriel sintió una presencia maligna aproximarse a toda velocidad. Podía hacer la analogía con un poderoso león que estaba a punto de saltar sobre su presa.

Fue entonces cuando un horrible chirrido se escuchó por todo el edificio, un canto demencial que los humanos no podían soportar.

Henry y el ángel tuvieron que cubrirse los oidos para mitigar un poco el espantoso ruido. En ese momento entró en esencia el hombre de corbata que había molestado al dios de la locura el día anterior. Su mirada se encontraba ida, sin pupila visible.

Frente a Henry y Uriel ocurrió una transformación de pesadilla, el cuerpo de aquel sujeto se convulsionó de manera violenta mientras se escuchaba el tronar de los huesos. El chaleco y la camisa blanca se rompieron a causa de la aparición de protuberancias y apéndices, pedazos de extremidades carnosas emergieron con tonos rojos y grisaceos. Lo que tenían a plena vista ya no podía considerarse un hombre en absoluto, en su lugar hubo un horror producido por el cosmos.

Uriel no tardó en ver el peligro que representaba, lo quisiera o no tendría que proteger a los humanos que pudiera.

- "Henry. ¿Verdad?" - dijo - "Mantente detrás de mi, yo me ocupo de esta cosa" -

- "¿Sabes lo que es?" - Henry le preguntó mientras atacaba las instrucciones del ángel.

- "Lo siento pero no... Solo has lo que te digo" - y la batalla entre los dos comenzó.

El monstruo fue el primero en atacar usando una proyección, un tentáculo que surgió del vientre de aquel hombre y que iba directo hacia Uriel. Este, por su parte, dio un salto logrando esquivar exitosamente a su adversario. Justo sobre el suelo, Uriel hizo una serie de símbolos con sus manos y con una velocidad veritiginosa una llamarada emergió con un simple soplido.

Las llamas rojas golpearon a la criatura, tumbandola hacia atrás y estampándola contra el suelo.

Sin embargo, el monstruo no iba a ser derrotado con tanta facilidad. Lo cual los ojos azules de Uriel pudieron comprobar al ver como la bestia se ponía de nuevo de pie.

Por el estruendo, Mitsuo Yamaki y Wanyu Wong salieron con prisa de la cámara oscura hacia el pasillo, donde se encontraba ocurriendo toda la acción.

- "¡Regresen y no salgan de ahí!" -

Tan solo para recibir el grito de Henry, quien se encontraba al otro lado. Pronto supieron la causa de la urgencia, a unos cuantros metros de ellos la horrible criatura se levantaba. Captando el mensaje no tuvieron de otra que volver a la cámara oscura y aguardar que todo fuera más seguro para poder escapar. Mientras la batalla continuaba y nuevas pronto surgirián.

(***)

- "¿Qué es lo que esta sucediendo en ese edificio?" - Justo cuando iba directo al hogar de Takato, que por circunstancias de la vida ahora tenía fácil acceso, no pudo evitar posar su mirada sobre el edificio de gobierno y entonces ocurría una explosión dentro de este.

Una ventana había explotado sin previo aviso, dejando una estela de espeso humo y con el, gritos de gente aterrorizada que simplemente no sabían que era lo que estaba sucediendo. Takeru ya lo había decidido, Takato tenía que ser paciente y esperar un poco más, había algo urgente que resolver. Aunque, conociendo a ese muchacho, sabía que también se dirigia corriendo directo al edificio de gobierno. Era imposible no captar el gran malestar que había surgido en unos instantes, al estilo de una erupción volcánica.

- "¡T.K.!" - Davis lo llamó por detrás, poniéndose al día con él. - "¿También lo sentiste?" -

- "Así es, fue imposible no hacerlo" - Takeru le respondió - "No son demonios, pero tengo la certeza de que es tan malo como ellos" -

- "¡Entonces hay que darse prisa!" -

Ya estaban a tan sólo una cuadra de poder cruzar la puerta principal del edificio. Todas las demás personas corrían en dirección contraria, no queriendo saber lo que sucedía y teniendo en sus recuerdos la invasión de digimon hace tres años, ni siquiera notaron a los dos jovenes que no iban con la corriente.

- "Los esperaba" -

Entonces el dios de la locura apareció frente a ellos. El mismísimo Nyarlathothep.

- "¿Tu eres?" - Takeru preguntó ante su horrible presencia, aunque ya se daba una idea de quien era.

- "Takeru. ¿Quién es este tipo?" - Davis también preguntó lo mismo.

- "¿Será Él? Esto es malo. ¿Qué hace uno de los Dioses Exteriores en un lugar como este?" - el aludido pensó con algo de temor, era imposible no sentirlo.

Era lo único que inspiraba el panteón de los horrores cósmicos.

- "Llegaron en tiempo record" - el dios de la locura dijo con voz divertida - "Yog-Sothoth es bastante inteligente, todo esta ocurriendo como ese infeliz lo planeó" -

- "¡Esto es malo, Davis!" - Takeru exclamó - "Son los Dioses Exteriores, las entidades que esparcen el mal por todo el Universo. Peores que cualquier demonio que hallamos enfrentado en vidas pasadas" -

- "¿La espada de exorcismo funcionará?" - Davis le preguntó.

- "No lo se" -

- "Pues hay que intentarlo" -

Davis se preparó para la batalla. El poder que se le confería como el arcángel Rafael le permitió hacer cosas que ha simples humanos les sería imposible realizar. Separó su brazo izquierdo, el cual se convirtió en una enorme espada que sujetó con su mano derecha. Luego, de un salto, se enfrentó a Nyarlathotep quien yacía levitando sobre ellos, atacando con el arma forjada con su cuerpo.

El dios de la locura contrarrestó el movimiento sujetando con una mano el arma.

- "No soy uno de esos simples demonios, ¿sabes?" - Nyarlathothep dijo - "Deberás hacer algo mejor para detenerme" -

Luego creó una bola de energía en una de sus manos, impactándola contra la gran espada que Davis sostenía. La reencarnación del arcángel Rafael salió disparado hacia el suelo a causa de poder puro, hubiera sufrido un doloroso impacto si Takeru no hubiera sujetado su espalda.

- "¿Cuántas veces tengo que decirte que no se trata de un oponente ordinario?" - Takeru le pregunta con enojo - "Es un dios con el cual estamos luchando" -

- "Lo siento, pero no voy a quedarme de brazos cruzados viendo como este infeliz acaba con todo" - Davis respondió de la misma forma.

- "Que sujetos tan tercos" - Nyarlathotep pensó mientras estos tenían su discusión, no tenía prisa por terminar con todo de todas formas - "No me extraña, después de todo son los soldados de Dios, no espero que se rindan con facilidad... En ese caso" -

Nyarlathotep creó nuevamente dos esferas de energía, mucho más grandes que la última que utilizó y sin demasiados miramientos las lanzó. Bastó con un par de miradas para que Davis se cubriera detrás de su amigo, dejandole a él la técnica del enemigo.

Takeru, como el arcángel Sandalphon, tuvo un don especial que muy pocos ángeles tenían. Con los ojos cerrados llamó los poderes de otra dimensión, cuando lo hizo un vortice apareció frente a las enormes esferas de energía, consumiéndolas como si de agujeros negros se tratasen y cerrándose después de ello.

- "Esas habilidades... Por su forma de luchar me doy cuenta de que son los arcángeles Rafael y Sandalphon. ¿Quién diría que me toparía con estos dos primero?" - Nyarlathotep pensó - "Sandalphon puede manipular el espacio y entrar a cualquier dimensión, en cuanto a Rafael, este tiene la capacidad de transformar cualquier parte de su cuerpo en un arma por medio de la alquimia. Al parecer tuvieron práctica de sobra, sin embargo, no estan a la altura de sus contrapartes mitológicas" -

- "Muy bien. ¿Cómo le vencemos?" - Davis preguntó.

- "Tengo una idea" - Takeru dijo - "Necesito que lo distraigas, para esto necesito recolectar mucho ki*" -

- "¡Como digas!" - exclamó el aludido.

Al ver que la espada era inefectiva, esta simplemente regresó a su brazo. Davis probó su suerte al intentar ataques de distancia media, el brazo no volvió a su forma original, en cambio se transformó en una especie de cañón que disparó rafagas, disparos de energía pura que fueron una tras otra.

Nyarlathothep comenzó a esquivarlas o repelerlas con sus diferentes poderes divinos. Un disparo en especial creo una nube de humo cuando impactó en los brazos del dios, bloqueando por un instante su visión. Fue tiempo suficiente para un ataque físico por parte del arcángel, una patada que vino del cielo y que lo mandó al suelo. No demoró mucho tiempo para que el dios de la locura se colocara de pie.

Sin embargo.

- "¿Qué es esto?" - Preguntó al darse cuenta que ya no podía moverse más.

- "Esto es un sello" - Takeru respondió - "Pienso separar tu alma y tu cuerpo y enviarlos a dos lugares muy distintos" -

Debajo de los pies de Nyarlathotep se encontró un circulo de transmutación enorme, lleno de signos arcanos y representaciones al cuerpo y al alma. Ya estaba activo, en teoría debía funcionar y con ello la victoria estaba a la vuelta de la esquina. El Dios Exterior estaba medianamente sorprendido por la rápidez con la cual fue creado ese sello.

- "¡Bien hecho, Davis! Ya lo tenemos" - Takeru exclamó - "Tan solo debo golpear el circulo de transmutación con la palma de mis manos. Debo dar gracias a la experiencia que tuve cuando batallamos en contra de los Siete Señores Demonio. Sin esa experiencia no podría hacer ni la mitad de lo que puedo ahora" -

- "Fue más fácil de lo que pensé" - Davis comentó.

Mas el júbilo no duraría mucho, no con la risa psicótica del Dios Exterior.

- "Bien hecho" - Nyarlathothep les elogió - "Todo debería salir a la perfección de no ser por un detalle. Este no es mi cuerpo verdadero, mi alma se encuentra en un lugar que ustedes jamás podrán alcanzar" -

- "Entonces, eso significa que..." - Takeru dijo, viendose interrumpido por el dios.

- "Todos sus esfuerzos son inútiles. El Universo ya nos pertenecía desde hace mucho antes de que ustedes aparecieran, lo que vamos a hacer es reclamar lo que por derecho nos pertenece" -

El cuerpo que había estado usando Nyarlathothep se desfiguró de manera monstruosa, al poco rato ya parecía un enorme manojo de carne que se retorcía y expulsaba fluidos desconocidos en todas direcciones. Por suerte ni Davis ni Takeru habían almorzado todavía, de seguro habrían devuelto todo por ver tal imagen.

Frente de ellos, el cuerpo se dividió en cuatro partes y tres de estas salieron volando en distintas direcciones.

Delante de los muchachos la parte restante adopta una nueva forma, una gran columna negra con ocho tentáculos y varias raíces. Los colores de estos tentáculos oscilaban continuamente entre los colores rojo y dorado. Una monstruosidad que emitía gruñidos y que había venido desde las estrellas hace muchos años.

- "Esto apenas empieza" - Takeru pensó - "al menos ya no podría empeorar más la situación" -

(***)

En otra dimensión que no era el DigiMundo ni el Mundo Humano, cientos, tal vez miles, de demonios representados por sombras de hombres famélicos con rasgos bestiales rugían y se contoneaban. Algunos otros sujetaban con enormes cadenas a una entidad monstruosa, siendo arrastrada fuera de su escondite por las legiones del Infierno.

- "Hermano. Se que has esperado mucho tiempo" - de las sombras, la voz del mísmo Satán resonó por todo el Hades.

La entidad que arrastraban de pronto detuvo el forcejeo cuando escuchó la voz del demonio. El terrible ángel caído solo obedecería al Emperador Demonio, a nadie más.

- "Es cuestion de tiempo, pronto llegarás al mundo de los mortales. Ahí podrás desatar todo el poder del Infierno y nuestros enemigos se verán aplastados por una fuerza superior" -

El ángel maligno cambió de forma, una más humanoide con cuatro alas de dragón sobre su espalda. Aun en la oscuridad, una sonrisa petrificadora fue visible. Era una expresión que comunicaba la impaciencia por destruir todo lo que estuviese a su paso.

Fin del Capitulo

* En este capitulo hace su entrada las semillas de Yog, los hijos del Dios Exterior Yog-Sothoth, por lo cual decidí llamar el capítulo de esa manera. Aun no he leído el cuento donde se escriben sobre estos, por tanto pueda que la descripción y habilidades no sean tan fidedignas como los pensó el autor original. Por otro lado, esto es un fic y no tiene que ser tan exacto en ciertos aspectos.

* De pronto hable sobre el "nivel de poder" como ki, o cosmo o incluso chakra, todo dependerá del contexto. Además durante el fic haré referencias a animes como FullMetal Alchemist, D-Gray Man, Naruto y Saint Seiya, esto es porque son algunos de mis favoritos.