Disclaimer: Todos los personajes y situaciones que reconozcan le pertencen a Rowling, la perspectiva y comentarios son de mi imaginación.
Desde aquel viaje llamado muerte.
By Ivenus - Valens.
N/A: ¡Lectoras! Al fin he vuelto. No continué "Entre fotos y caligrafía" como había dicho, porque cuando lo leí sentí que había expresado todo lo que tenía que expresar al respecto. Aunque no descarto que en algún momento más adelante pueda volver a escribir sobre ello. Gracias a todas las que dejaron Reviews y a las que siguen el fic en silencio ¡gracias en verdad! Y especialmente a Fenixplateado21 a quien no puedo responderle su Review, así que lo hago por acá: ¡Muchas gracias por comentar! Tendré en mente el momento que me recomiendas, de hecho será uno de los próximos capítulos porque de hace tiempo que le estoy dando vueltas, ¡me gusta mucho ese momento! Saludos n.n ¡nos leemos!
Este capítulo está dedicado a CuGa, porque de alguna forma contiene un momento que ella me pidió en un Review. ¡Espero que les guste!
De los deseos de un padre.
El viento soplaba fuerte, a pesar de que la primavera ya comenzaba, los estudiantes que paseaban por el jardín se estremecían de frío y se apretujaban unos contra otros procurando mantener el calor. A James le hubiese gustado tener frío, más que cualquier otra cosa, le hubiese gustado sentir el fuerte viento en la cara al elevarse como una flecha directo hacia el cielo en su escoba, más cercano, más azul y más frío a medida que alcanzaba altura. Desde las gradas, donde se encontraba sentado, podía observar todo el estadio de Quidditch, podía escuchar las risas de los jugadores de Gryffindor mientras esperaban a su capitán, pero no podía sentir el viento golpeando su rostro. Frente a él, imponente e incólume al paso de los años se alzaba el viejo castillo, con sus torres y sus pasadizos, con sus risas traviesas y despreocupadas, con ese aire de seguridad que brinda el hogar. James Potter se quedó ensimismado observando el castillo, recordando infinitos momentos memorables que había vivido durante los siete años en Hogwarts, recordando las innumerables veces que había observado el castillo precisamente desde donde se encontraba ahora. Tantas travesuras, tantas trastadas, los emborrachamientos, los partidos de Quidditch, las escapadas a la Casa de los Gritos, las andadas nocturnas una vez al mes, su primer beso, su novia, sus primeros y únicos amigos, el Expreso de Hogwarts esperando aquella mañana de Junio para llevarlos a Londres por última vez en sus vidas. La nostalgia le embargaba completamente, pero era imposible no sonreír al recordar las locuras de aquellos años, los mejores de su vida.
Una pequeña sensación de vértigo le revolvió el estómago, podía notar en Harry ese característico cosquilleo en los miembros al subirse a una escoba que él tantas veces experimentó. Durante todo el año había observado los entrenamientos de Quidditch de Gryffindor. La nostalgia le embargaba por completo en aquellos momentos, pero la admiración que sentía por su hijo al verlo volar le llenaba el espíritu con mucha más fuerza de la necesaria para aplastar esa nostalgia. Harry en una escoba era dueño del cielo, el viento se inclinaba ante él y danzaba en su misma dirección acompañándolo; a veces James pensaba que el universo conspiraba para que en esos minutos Harry se mantuviese en su escoba sin el más mínimo esfuerzo, pero no, claro que no, sólo era producto del enorme talento que poseía su hijo; volar para él era algo innato, tal como era comer, beber, caminar o dormir.
- Un babero hasta los tobillos te queda corto –la voz fanfarrona ocultaba en aquella burla el dejo de admiración y tristeza; a James no le pasó por alto, conocía a su amigo como la palma de su mano, más que a un hermano. Sirius había aparecido de pronto y se había sentado a su lado en las gradas. Al ver que James sabía perfectamente qué estaba pensando, dejó el tono burlón.
- Es un lujo verlo volar –comentó el padre del niño que vivió, con los ojos brillantes– ¿a qué no? Quién diría que llegaría a ser el Capitán de Quidditch de Gryffindor –agregó, al borde de las lágrimas– ¿Te acuerdas cuando le regalaste su primera escoba de juguete? Cuando lo vi volar en ella, supe que sería un gran jugador –la voz se le quebró y ya no pudo seguir hablando.
- La primera vez que lo vi volando en este mismo lugar –evocó Sirius– fue como verte a ti con 12 años entrenando por primera vez en el equipo. Para los dos, era nuestro primer entrenamiento en Hogwarts.
James no dijo nada, la sonrisa en su rostro era suficiente para indicar que lo recordaba. Mantuvo la vista pegada a la escoba de Harry, se imaginaba sentado en esas mismas gradas avivando al equipo y dándole consejos a su hijo para un partido, gritando un "Vamos Harry, tu puedes", abrazándolo tras ganar la primera copa de Quidditch. Su único consuelo era saber que, aunque estuviera vivo, no habría podido hacerlo, pues los adultos no pueden ir a Hogwarts a observar los partidos de sus hijos, pero el sólo hecho de imaginarse volando junto a él, jugando algún partido en los veranos o sencillamente regalándole su primera snitch, le llenaba de tristeza. Había tantas cosas que quería hacer junto a Harry y que jamás podría hacer. Un enorme desconsuelo que no había sentido en mucho tiempo le llenó el alma. Era estúpido sentir ese vacío por un simple entrenamiento de Quidditch ¡había tantas cosas más importantes en la vida de su hijo y que no había podido compartir! Pero el Quidditch es el Quidditch, y cualquier padre anhela jugar un partido con su hijo, poder aplaudirlo cuando vuela tan espectacularmente, hacerle saber lo orgulloso que está de él. En ese momento, James quiere hacerle saber a Harry de alguna forma que está muy orgulloso de él.
El estómago se le aprieta fuertemente, y un cosquilleo nervioso le recorre las manos. Es extraño, Harry acaba de pisar tierra firme y James Potter está seguro que ese cosquilleo no tiene nada que ver con la sensación de volar. Las carcajadas de los alumnos de Gryffindor hacen eco en el vacío estadio de Quidditch, y James puede notar que todos los miembros del equipo miran a una muchacha bajita y delgada que al parecer es la causa de las risas. Y entonces lo comprende. ¡Es tan claro y tan evidente! ¡Cómo no se dio cuenta antes! Qué tonto y absurdo ha sido. Todas las noches aguardando junto a la cama de Harry por las pesadillas que había tenido durante ese año ¡cuando en verdad no eran pesadillas! Bueno, tal vez para él si. Ahora todo tenía sentido, por meses James y Lily no habían podido explicarse porqué diablos Ron era el centro de las pesadillas de Harry. Y claro, la explicación era tan sencilla: la clave siempre había sido la pelirroja. En ese momento los fantasmas de Hogwarts pueden sentir al hombre de pelo negro azabache y de gafas reírse con sonoras carcajadas sobre las gradas del estadio de Quidditch, observa la práctica del entrenamiento de Gryffindor y ningún fantasma entiende qué es lo que le causa tanta gracia y diversión. Sirius si lo entiende, por supuesto.
- Hasta que al fin te diste cuenta. Yo ya pensaba que las gafas no te hacían efecto con la muerte, cuatro ojos, tu ceguera era abismante –Sirius sonreía a su lado, con ese aire de superioridad que siempre le había acompañado. De pronto desapareció, quizá para que viviera ese momento en soledad.
- Realmente he sido un estúpido –murmuró para sí mismo.
¡Pero si él mismo se lo había dicho a Lily en aquella oportunidad! "Harry sintió que algo enorme y con escamas cobraba vida en su estómago y le arañaba las entrañas; fue como si un chorro de sangre muy caliente le inundara el cerebro, le borrara todos los pensamientos y lo sustituyera por un acuciante impulso de hacerle un embrujo al muchacho y convertirlo en jalea". En ese momento James Potter no había comprendido porqué tanto odio hacia el pobre novio de la hermana de Ron. ¡Y todo por un simple beso en los pasillos! Claro, en ese instante sólo se había concentrado en qué hubiese dicho Harry si supiera las cosas que hacían él y Lily escondidos tras ese mismo tapete. Pero ¡ahora todo cobraba sentido! Y él había sido un estúpido al no darse cuenta de los sentimientos de su hijo. La emoción de descubrir que su hijo por primera vez estaba enamorado le superó, unas débiles lágrimas inundaron su rostro, pero esta vez eran lágrimas de felicidad, lágrimas de ver a su hijo tan grande, tan capaz de contener sentimientos de amor verdadero hacia una mujer. Harry Potter ya no era aquella masa pequeña y frágil que necesitaba acurrucarse entre sus brazos para dormir.
Se dedicó a observarlo durante un rato. Harry mantenía la mirada constante sobre la chica, aunque de vez en cuando la movía bruscamente, como si quisiera que alguien no lo advirtiera con la mirada sobre ella. Al poco rato James descubrió cuál era el problema: su amigo Ron. Harry evitaba la mirada de su mejor amigo, seguramente sintiéndose culpable de sentirse atraído por su hermana pequeña. Las carcajadas volvieron a resonar por todo el estadio, aunque nadie en él podía escucharlas. Recordaba las pesadillas de Harry y cómo pronunciaba dormido el nombre de Ron, e imaginaba todo lo que desfilaba por la mente de su hijo en aquellos instantes. A él le gustaba la chica, pero ella era la hermana de su mejor amigo, pero él realmente tenía buenos sentimientos hacia ella, pero eso no quitaba que fuera la hermana pequeña de su mejor amigo. James casi podía ver en la mente de Harry como un Ron más aterrador se abalanzaba sobre el chico para golpearlo.
Pobre de su hijo, si él viviera tal vez podría haberle aconsejado que no se preocupara tanto, que simplemente fuera sincero. Tal vez Harry jamás le hubiese contado nada, tal vez sí. Tal vez hubiese llevado a la chica a la casa para presentarla oficialmente, tal vez James se hubiese puesto celoso, tal vez se hubiese dado cuenta de improviso y repentinamente que su hijo ya no era un niño pequeño, tal vez se hubiese puesto a pensar si tal vez ya sería hora de dejarlo solo y no seguir protegiéndolo constantemente. No, en esa respuesta no había un tal vez, definitivamente aún era tiempo de protegerlo.
Se dedicó a observar a Ginny y a Harry para quitarse esos pensamientos de la mente. ¡La chica era pelirroja! Definitivamente los Potter tenían una debilidad por las pelirrojas, pensó James, recordando sus andanzas tras Lily en sus años de colegio. Harry la miraba medio embobado, feliz, claramente admirado, seguramente pensando en cómo podía hacer para estar con ella a solas.
En ese momento la chica abandonó el campo de Quidditch, y Harry se disponía a seguirla cuando Ron le retuvo, quería enseñarle unas jugadas nuevas que había estado practicando. No pedo evitar ver el pesar en los ojos de su hijo, distinguir esa incomodidad al no poder decirle a su amigo lo que sentía por su hermana pequeña, y una vez más, el sin número de interrogantes desfiló por la mente de James.
Porque si él viviera, tal vez Harry tendría un padre a quien pedir consejo, tal vez Harry tendría un ejemplo varonil y no sería tan vergonzoso con las mujeres o tal vez no, tal vez sería tan constante como James lo había sido con Lily, o tal vez no le habrían llamado la atención las pelirrojas. Pero una sola cosa era segura, si James Potter viviera, Harry no estaría pasando por todo esto solo, al menos, tendría un hombro en quien apoyarse para lamentarse y entenderlo, aún sin decir nada ni esperar nada a cambio, alguien que lo acompañara en su transición de niño a hombre, un faro para guiarlo cuando estuviera a punto de quedar a la deriva, aún en sus problemas más sencillos como estar enamorado de la hermana pequeña de su mejor amigo. Porque un padre no está sólo para los momentos de vida o muerte, no está solo para protegerlo en su vida, un padre está en cada momento de su existencia, en cada circunstancia de su vida, por más ínfima o trascendental que esta sea. Y James Potter, más que nada en la vida, quería ser ese padre que lo acompañara en cada minuto de la existencia. No podía en vida, claro está, pero desde la muerte no abandonaría nunca su rol de padre, por más grande o adulto que su hijo fuera.
N/A: Es un capítulo extraño, lo sé. Al principio quería escribir sobre Harry cuando veía a Dean y Ginny besándose, pero luego quise ir más allá y también describir ese momento en que Harry ya se da cuenta que le gusta la chica, y en el libro se asocia a un entrenamiento de Quidditch. Y bueno, ¡es James en un entrenamiento de Quidditch! No podía evitar divagar un poco por sus sentimientos de ver a Harry jugando el deporte preferido de ambos :B
Aún así espero que les haya gustado.
¿Ya vieron la película? Yo lloré a mares. No les adelantaré nada por si no la han visto, pero hay un momento en que no pude evitar acordarme de este fic, asociado a la piedra de la resurrección. Ya me dirán ustedes si les pasó lo mismo. Claramente, en ese momento también estaba llorando xD. En fin ¿qué les pareció la peli en general?
¡Recuerden que sus Reviews alegran en exceso a Lily y James! y a Sirius!
Saludos n.n
